Denmark Street es una histórica calle del centro de Londres entre Tottenham Court Road y Leicester Square (si siempre que escuchas el nombre de esa plaza te acuerdas de la canción de Jethro Tull nos llevaremos bien) que durante el siglo pasado supuso una especie de epicentro underground de la música británica. David Bowie vivió en una caravana en su acera, Bob Marley o Scott Gorham (Thin Lizzy) compraron allí su primera guitarra, Elton John trabajó como chico de los recados en una tienda musical, Sex Pistols frecuentaban el “Gianconda Café” y otras tantas anécdotas.

Black Sabbath - O2 Arena London (Inglaterra) - 29/01/2017

Black Sabbath – O2 Arena London (Inglaterra) – 29/01/2017

A día de hoy, es una estrecha y discreta calle repleta de tiendas musicales y cafés ambientados en la época, y entre todos esos locales se encuentran los “Regent Sounds Studios”, lugar donde hace 48 años Black Sabbath entraban a grabar su grandioso debut, el cual recogió pinceladas de Cream, Hendrix y el blues más oscuro y las pasó por las tullidas yemas de los dedos de Frank Anthony Iommi, germinando el género más influyente de los últimos 40 años. 6 años antes en el mismo habitáculo, The Rolling Stones harían lo propio con su álbum debut, y 7 años después, los cuatro jinetes de Birmingham volvían para registrar su plástico más vendido hasta la fecha: “Paranoid”. Hablamos pues de un lugar mítico para el Rock, un emplazamiento de obligada visita para meternos en situación de lo que sería un día histórico. Y es que, divisando la rústica fachada de los Regent Studios, uno se iba haciendo a la ídea de que la aventura que empezó en ese edificio llegaría a su desenlace a escasos 15km en una imponente Arena rodeada por las frías aguas del Támesis y ante 20.000 almas.

Black Sabbath decía adiós en una gira cuanto menos polémica por la ausencia de un pilar básico como Bill Ward (y el que diga que no miente, aunque me apiadaré de él por su inocente ignorancia) pero a la vez bien organizada y sincera, planificada al milímetro. Una oportunidad que si dejabas perder te arrepentirías toda la vida, no habría marcha atrás.

Tras recorrer Estados Unidos en profundidad (donde realmente son grandes), Sudamérica (gran detalle, no todos pasan por allí a decir “adiós”), Europa (¿España?, no saldría rentable, no os engañéis) y por último su casa: Gran Bretaña.

Inglaterra en particular me parecía un lugar místico y nostálgico donde despedirme de la banda más grande e influyente de la historia del Metal. Respirando ese aire nostálgico de sus primeros años, tocando libras, codo con codo con padres de familia y abuelos que participaron en la explosión del Rock británico setentero y más tarde en la New Wave of British Heavy Metal.

A eso de las 19:15 horas y tras más de una hora de espera, ya en las gradas del O2 Arena London y tras escuchar casi tres veces el “Powerage” de AC/DC por megafonía, las luces se apagaron para recibir los entrantes: los californianos Rival Sons, los teloneros más afortunados en mucho tiempo y que pasarán a la historia por haber participado en esta gira. Debo decir que en principio no me desagradaba del todo la idea aunque hubiese preferido cientos de bandas en su lugar, pero quedó claro que toda la escena de Revival Classic Rock no está hecha para mí. Y es que solo veo burdas copias, grupos sin alma y mucha repetición.

Su propuesta excesivamente Zeppeliana es interesante, no lo voy a negar. Su vocalista es un portento, su batería goza de una gran pegada, pero las canciones suceden una tras otra sin chispa, con buenas intenciones pero sin trasfondo ni personalidad, un simple homenaje a otros tiempos aunque afortunadamente bien presentado. “The future of Rock´n´Roll” decían algunos ingleses…bueno, hace tiempo que dejé de mirar al futuro como para preocuparme por ello. Agradables.

Debo decir que durante ambas esperas y cada cierto tiempo en las pantallas del estadio emitían un anuncio publicitario sobre el EP “The End” de Black Sabbath, que se vendería exclusivamente en el puesto de merchandise, con 4 temas inéditos y otros 4 en directo de la gira de “13”. Cada vez que el video salía reflejado y se escuchaban por los altavoces temas como “Cry all night” (inédito) o “God is dead?” un gusanillo se apoderaba de mi estómago y los nervios se encarecían a ritmo vertiginoso. Sonaban poderosos, imponentes e impregnaban de miel los labios sobre lo que podría ser la actuación real.

Black Sabbath - O2 Arena London (Inglaterra) - 29/01/2017

Black Sabbath – O2 Arena London (Inglaterra) – 29/01/2017

Con todo ello a las 20:15 horas viviría uno de los momentos más emotivos y especiales de mi carrera como aficionado al Rock y el Metal, la salida de Black Sabbath. Un video fantasioso en el que una ciudad en ruinas era incinerada y destruida por un demonio que tras reducirlo todo a cenizas, el único recuerdo que deja de nuestra humanidad es el logo ardiente de la banda, daba inicio al apocalipsis. Sonidos de lluvia y truenos rompían el silencio del O2 Arena. No hacía falta ser un genio para reconocer esa ambientación…era lo mismo que paralizó los corazones de millones de fanáticos en todo el mundo en 1970. La introducción del tema más oscuro y tenebroso que se haya escrito jamás, el mismo que daba nombre a su locura. El telón desaparece al compás del primer acorde de guitarra y nos muestra un escenario en llamas, con Ozzy petrificado ante el micrófono, Iommi imponente con las piernas abiertas y su característica pose. “What is this….that stand before me…figure in black, wich points on me…” El estadio completamente en silencio, y la cámara hace un primer plano de un Ozzy que se santigua y grita el clásico: “Oh, please, God, help me!” que hace estallar la canción y nos trae de vuelta a la realidad. Es el momento en el que me doy cuenta de dónde estoy y a qué he venido, todo mi vello corporal está erizado, y los ojos envueltos en lágrimas. Por fin estaba allí, esa canción era real, ese momento que tantas veces había soñado, esa canción que lo resumía todo. 48 años de historia.

No lo voy a negar, probablemente haya sido la ocasión en que más estáticos y fríos he visto a Ozzy, Butler e Iommi, ya sea con la propia banda de Osbourne o con Black Sabbath Heaven and Hell. Los instrumentistas no es que hayan sido nunca muy expresivos en sus actuaciones en vivo, pero Ozzy si, y siempre intentaba abarcar el lado festivo y divertido del asunto, pero la edad no perdona, y los saltos, gesticulaciones y ánimos al respetable ya brillan por su ausencia. No les culpo, ya han demostrado bastante y precisamente su presencia y portento escénico se ve acrecentado por ese aura de seriedad y tecnicismo. Sobran las palabras y los gestos con una banda así, la música es la que habla.

God bless you all”, “I can´t fucking hear you”, “I can´t see your hands” o “We love you” fueron las consignas más escuchadas durante la noche, las ya míticas frases del Prince of Darkness tan reconocibles y a la altura del “Scream for me…” o el “We´re Motörhead and we play Rock´n´Roll”. Mientras tanto se sucedía un set list plenamente clásico, con gran representación de “Paranoid” con 5 temas. Agradecí encontrarme con sorpresas para mi inesperadas como “Under the Sun/Every day comes and go” o “Dirty Women” ese gran tema rescatado del peor álbum de la formación clásica que siempre me encantó, sobre todo por la melódica parte final que años después Ozzy y Rhandy simularían en el puente de “I don´t know” (de “Blizzard of Ozz” primer álbum de Ozzy en solitario)

Por cuestiones técnicas y sobre todo vocales estaba claro que mi disco favorito de la banda durante muchos años: “Sabotage” quedaba apartado del set. “Sabbath Bloody Sabbath” también salvo por unos segundos.

Sin duda los momentos álgidos del evento junto con el oscuro inicio partieron del triplete “Into the Void” (asignatura obligatoria para el que quiera formar una banda de Doom) “After Forever” y Snowblind”, que sonaron potentes y ensordecedoras como nunca, donde Iommi y Butler daban una muestra de potencia, técnica y feeling a la altura de músicos Cum Laude en Rock duro. ¿Butler muy serio? por favor, ¿quién le mira a la cara mientras manipula sus 4 cuerdas de esa manera y con tanta soltura? Que se lo digan a su fan nº1: Peter Steele, que en paz descanse.

“War Pigs” es una pieza que no solo no podía faltar, es que es imposible no triunfar en directo con ella. Tema escrito por y para darle vida en un escenario en todos los sentidos. Palmas acompañando, estrofas compartidas con el público y un riff capaz de revivir cadáveres. No tiré al suelo al espectador que estaba delante de mí por muy poco. Imposible contenerse.

Ozzy aprovecha entonces para presentarnos a la banda por si todavía había alguien en ese recinto que no los conociera (y que acto después sería expulsado del local y del país).

El doble amago de Iommi en tocar “Supernaut” y “Sabbath Bloddy Sabbath” nos proporcionó un coitus-interruptus que dio paso al potente solo de batería del invitado Tommy Cufletos. Y aquí daré dos datos importantes: no me gustó NADA que durante el inicio del mismo se emitieran imágenes de la época clásica de la banda tocando en directo y parte del comienzo del solo coincidiera con imágenes de Bill Ward haciendo lo propio. Fueron solo unos segundos sí, pero si prescinden de él que sea para todo. Muchos estuvimos y estamos dolidos por su ausencia y tener que ver fotos promocionales donde solo aparecen tres miembros, algo lastimoso e incoherente.

En cuanto a la demostración de Cufletos, decir que lo alargó demasiado (entendible teniendo en cuenta que sus padrinos tenían que descansar), pero mostró una pegada potente y poderosa haciendo retumbar los cimientos del recinto con cada golpe.

Aprovecho esto para hacer referencia al sonido, el cual fue muy bueno en líneas generales, pero precisamente la agresividad de Cufletos en los parches a veces taponaba un poco el resto de instrumentos. Idem para la voz de Ozzy en algunos temas, la cual estaba demasiado alta y él mismo se ocupo de pedir que la bajaran en un par de ocasiones.

Primer bis con la popular “Iron Man”, de las que más reclamo causó entre el público evidentemente, con un gran final de Iommi luciéndose en el solo que cierra el tema, la ya mencionada “Dirty Women” y “Children of the Grave”, con todo el estadio en pié mientras el escenario se llenaba de calaveras digitales que reforzaban más si cabe la contundencia y agresividad del tema. !Que riff! cómo te penetra los tímpanos, ¿qué insensible se quedaría sentado ante esos acordes que tantas y tantas bandas han copiado una y otra vez queriendo parecer tipos duros?

La noche no podía acabar de otra manera que con su archiconocido y denostado por mi “Paranoid”, mientras una lluvia de confeti impregnaba el escenario y sobre nuestras cabezas caía una lluvia de globos púrpuras y negros. Con ahora si, todo el estadio completamente de pie y bailando costaba ver lo que ocurría en el escenario entre el humo, el confeti y los globos que ya invadían medio recinto. Una auténtica fiesta.

 Así se dio paso a una pantalla que simplemente indicaba: “THE END”, con  Iommi repartiendo púas entre las primeras filas y un foco iluminando a los 3+1 diciendo adiós para siempre a gran parte de Inglaterra, Reino Unido y el mundo en general (presencia de Griegos, Sudamericanos, Orientales, Españoles, Italianos y un largo etc).

Al llegar a casa constaté que llevaron el mismo set list para toda la gira salvo un detalle que me llamó la atención: “Hand of Doom”, presente en todos los conciertos recientes excepto éste. Desconozco la razón, grave error y un tema menos para la colección.

No había mucho más que añadir. En esta misma Arena le dije “hasta otra” a Ronnie James Dio sin saber que nunca más volvería a verlo. En aquella ocasión también acompañado de Tony Iommi y Geezer Butler en la otra encarnación clásica de Black Sabbath. Hoy si estoy más seguro que mientras sonaba por las altavoces “Zeitgeist” y la banda se retiraba por separado a sus reservados, era un adiós verdadero y consciente, acompañado de un hasta siempre.

Pero aún hay motivos para no estar tristes y abandonar el negocio. Black Sabbath es mucho más. Muchos grandes músicos han pasado por las filas de la banda de Tony Iommi (si, la banda de Tony Iommi, no de ningún otro). El futuro puede dar pie a jugar con todo ese árbol genealógico que los de Birmingham han ido creando a lo largo de su historia. Ya vimos un ejemplo con Heaven & Hell así que…¿por qué no soñar con una reunión con Tony Martín?. Muchas voces incluida la del propio Iommi se han hecho eco de ese deseo a lo largo de los últimos años y recientemente ¿Qué tal una gira bajo el nombre de Headless Cross? Vale, tal vez no llenase más allá de salas de aforo medio (siendo generoso), pero los que amamos la religión Sabbathica lo disfrutaríamos muchísimo. Porque Black Sabbath es mucho más que Ozzy, Butler, Ward, Dio, Gillan, Appice o Martin. Es una reliquia atemporal e infinita de la que siempre podremos disfrutar, aunque su encarnación original y el cuarteto más grande todos los tiempos nos haya abandonado para siempre.

GRACIAS POR TANTO.

  • Crónica: Alexis Rubio
  • Fotos: Zaneta Gotowalska

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