Tras su paso por el RockFest de Barcelona, Deep Purple venían a despedirse a Madrid acompañados por Airbourne, a quienes han catalogado como los nuevos AC/DC.

Deep Purple – Wizink Center (Madrid)

Deep Purple – Wizink Center (Madrid)

El evento recibió una muy acogida para ser lunes, no estaba lleno pero sí que habría 5000 personas dispuestas a disfrutar de las leyendas británicas. La media de edad del público era más alta como cabe esperar de un concierto de Deep Purple, muchas personas fueron con sus hijos, constatando el carácter multi generacional y atemporal que tiene la música.

Airbourne – Wizink Center (Madrid)

Airbourne – Wizink Center (Madrid)

La velada comenzó con Airbourne, a quienes también vimos en el RockFest (podéis leer la crónica aquí) y dieron básicamente el mismo show de siempre, eso no significa que sea malo, el grupo es dinamita pura sobre el escenario, su propuesta old school con sus muros de Marshall y sus canciones simples y machaconas funcionan muy bien y encina tenemos al hiperactivo Joel O’Keeffe , que salta cual canguro en incluso se baja del escenario y se pasea por el público mientas puntea al mus puro estilo Angus Young.

Su repertorio abarcó la totalidad de sus discos a excepción de “No Guts, No Glory” que fue dejado de lado para dar más protagonismo a su último plástico “Breaki´n Outta Hell”. Joel nos alumbró con un foco portátil hacia el final del concierto y su hermano Ryan activó una sirena para alertarnos del final, nada menos que “Running Wild”.

Deep Purple – Wizink Center (Madrid)

Deep Purple – Wizink Center (Madrid)

En poco más de media hora teníamos el escenario de Deep Purple preparado, que simulaba un glaciar. En la enorme pantalla situada en la parte posterior del escenario aparecían los rostros de los componentes esculpidos sobre un enorme iceberg conceptualizando el nuevo disco de la banda y recordándonos también a la portada del disco “In Rock” pasada por hielo).

La formación que presentaba su vigésimo álbum, “Infinite” es la misma que lleva funcionando desde el 2002 con Ian Gillan a las voces, Steve Morse a la guitarra, Roger Glover al bajo, Ian Paice a la batería y Don Airey a los teclados. Arrancaron con el tema nuevo “Time For Bedlam, muy bien recibido para ser desconocido, y prosiguieron con “Fireball” que la gente identificó enseguida y donde el duelo entre el bajo de Roger Glover y Don Airey resultó espectacular (no sería ni el primero ni el último de toda la noche).

Ian Gillan se mostró muy comunicativo con el público a pesar de que apenas nadie pudo   entender sus largos speeches ente canción y canción. Obviamente se nota que el tiempo ha hecho mella en su voz y que ya no llega a los registros de antaño, solo así se explicaría la ausencia de temas fuera de su alcance como Highway Star”, “Burn” o “Child In Time”.

Esto significa que no tocaran clásicos, “Space Truckin”, “Strange Kind Of Woman”, y “Smoke On The Water” entro otros sonaron inmaculados y fueron lo mejor de la noche.

También destacaría la calidad de sus nuevos temas que no tienen nada que envidiar a los antiguos.“Infinite” es sin duda un muy buen punto y final de la carrera del grupo y temas como la inicial “Time For Bedlam”, “The Surprising” o “ Birds Of Pray” sonaron potentes y cañeros y nos entretuvieron bastante.

El gran protagonismo de la noche recayó en el teclista Don Airey, quien repartió dosis de psicodelia a diestro y siniestro con sus solos de teclados presentes en casi todas las canciones, el teclista incluso se atrevió con un fragmento de los himnos del Real Madrid y del Atlético de Madrid que fue coreado por una parte de los asistentes (en el Rock Fest de Barcelona tocó “Els Segadors). Sus solos, aunque divertidos fueron excesivos y podrían haber metido algún tema más entre medias.

Ian Paice, Roger Glover y Steve Morse estuvieron también a un altísimo nivel, daba gusto escuchar sus pasajes instrumentales. Morse rompió una cuerda de su guitarra durante “ Johhny´s Band” y siguió como si nada, todo un maestro.

La puesta en escena también fue brutal, con unos espectaculares juegos de luces, varios bloques de hielo que hacían referencia a la portada de su último disco y varias pantallas con proyecciones diferentes para cada canción.

El concierto finalizó con “Black Night” y sus míticos riffs de guitarra y teclado que coreamos hasta la saciedad. Aunque hubo demasiados solos y echamos de menos más de un clásico, no olvidaremos a la mancha morada jamás.

Hasta siempre amigos.

  • Crónica y fotos: Fernando Lafora

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