La primera jornada del Rock Fest Barcelona empezaba el jueves a mediodía. Aún no era mucho el público que se acercó al Parc Can Zam de Santa Coloma.
Buen tiempo, pero sin ser agobiante. Sol y una temperatura acorde para vivir una gran jornada de conciertos.
Los encargados de abrir el festival eran Born In Exile, una banda de Metal con toques Progresivos de Barcelona encabezados por la activa vocalista Kris Vega que nos mostraron bastantes buenas maneras para ser la primera banda del festival.
Sobre una base de Metal sólida destacó la entrega y la forma en la que Kris Vega se comía los monitores para motivar a la gente con su actuación, mientras tanto sus compañeros en un segundo plano la dejaron suelta y fue sin duda la imagen de la banda y lo que cautivo a un público que se mantuvo expectante en su concierto. Temas largos y bien estructurados, como la progresiva “Revenant” donde destacan las bases de guitarra o el “Fields On Fire” que con una base melódica contagiosa se convierte en un tema cargado de fuerza y expresión.
Born In Exile gustó al público que nos congregamos para verles, en parte sobre todo por la entrega de Kris Vega, pero muy bien secundada por sus compañeros en la parte instrumental.
Con poco tiempo de espera no eran otros que los suecos Amaranthe los que tomaban el Stage Rock.
Sin mucha dilación sonó “Maximize”, el tema que también abre su último álbum hasta la fecha “Maximalism”, con una híper actividad en el escenario, con sus tres vocalistas Henrik, Nils y sobre todo Elize Ryd, con una chaqueta de cuero roja y una falda blanca atraía las miradas de la mayoría del público.
Fuertes y pegadizas melodías, sobre unas bases de guitarra contundentes, tres voces y una base melódica electrónica el show de Amaranthe es muy dinámico y no hay momento de tregua. El Metal Melódico de los suecos te atrapa y cada vez tiene más seguidores.
Temas como “Digital World”, el contagioso “1.000.000 lightyears” o la dulce “Amaranthine” de su álbum homónimo formaron parte de su set que fue cantado por sus seguidores que ocupaban con pasión las primeras filas.
Gustaron mucho a sus fans, que les despidieron con una gran ovación por el show y el espectáculo que dieron, pero realmente el que este tipo de bandas siempre suenen tan bien no me hace más que pensar que las bases grabadas son muchas y pierden algo de naturalidad. Es un recurso que utilizan muchas bandas, pero hay poco lugar a la improvisación.
Cambiando totalmente de tercio, nos desplazamos al Stage Fest para vivir en primera persona el show de los Thraser cerveceros alemanes Tankard, que nos iban a ofrecer un interesante y dinámico concierto.
Los alemanes han vuelta a la actualidad musical a golpe de buenos conciertos y en Barcelona fuimos testigo de ello. Da gusto ver a músicos que llevan tras de si una larga trayectoria y ver como se lo pasan genial encima de un escenario.
La figura visible es su vocalista Gerre, más delgado que la última vez que le vimos, pero Frank el bajista se lo pasó como un niño por el escenario, Olaf a la batería y Andy más serios, pero igualmente participaron de una fiesta del Thrash Metal, que es de lo que va Tankard. Temas rápidos y con historias divertidas sobre la figura de la cerveza, como buenos alemanes.
Escuchamos temas recientes como la inicial “One Foot in the Grave” o su single de “Pay To Pray”, pero su set se basó principalmente en sus temas más conocidos y festivos. Pudimos escuchar “Zombie Attack” con Gerre muy en forma y bien de voz, “R.I.B. (Rest In Beer)”, siempre el tema recurrente de la cerveza, que por cierto apareció en más de una ocasión a pesar que ahora se cuidan antes de los concierto, en manos de los protagonistas y callo por su cuerpo para regocijo de sus fans. Para el final temas tan conocidos y movidos como sus “A Girl Called Cerveza” y “(Empty) Tankard”, que levantaron tímidamente algún pogo y que puso de manifiesto porque gustan los alemanes.
Thrash Metal sin concesiones y muy festivo de Tankard que hizo muy rápido y divertido su show.
Sin mucho tiempo para ir al servicio o un mínimo descanso volvemos al Stage Rock para volver a ver a los suecos Eclipse de Erik Mårtensson.
Los suecos se están convirtiendo en fijos en el festival catalán ya que el año pasado también participaron con una actuación en la carpa. Eclipse querían agradecer y demostrar ante un entregado público que Barcelona es importante para ello. Entre el público pudimos ver suficientes camisetas de Eclipse como para considerar que ya mueven pasiones entre determinado tipo de fans, sobre todo en los seguidores del Hard Rock más melódico, que han seguido la evolución de los suecos en nuestros escenarios.
Con un set basado principalmente en su último lanzamiento de estudio llamado “Monumentum”, los de Erik Mårtensson, como es habitual por otra parte, lo dieron todo sobre el escenario, con una figura clara en el propio vocalista, pero a destacar el notable trabajo de su guitarrista Magnus Henriksson, siempre más serio y elegante, pero una pieza clave en el sonido de los suecos. Guiño para el público del batería de Eclipse que se enfundó la camiseta de Messi del Barça, en una clara referencia futbolera, ahora que estamos en pleno Mundial de Fútbol.
Erik no paró un segundo quieto, con su soporte de micro rosa siempre en las manos nos regaló temas tan pegadizos como la más actual “Never Look Back” que rápidamente conectó con un público que se sabía las canciones y fueron cantando con los suecos, sobre todo con los temas más conocidos y clásicos como el “Wake Me Up” o la acústica “Battlegrounds”, que fue sin duda uno de los momentos más emotivos de su concierto.
Los coros pegadizos, las bonitas melodías invadieron el Parc Can Zam, con Erik de director de orquesta de un público entregado que cantó hasta el final las canciones de Eclipse como la contagiosa “I Don’t Wanna Say I’m Sorry”, con un final de fiesta con el “Runaways”, que cantó buena parte del festival.
Gustaron por su entrega, dinamismo y canciones tan pegadizas, pero como todo este tipo de grupos levantó algún resquemor entre los más puristas por su excesivo uso de las partes grabadas en coros, segunda guitarra que hacen perder algo de naturalidad y veracidad al show.
La cosa se iba calentando y llegaban los platos fuertes de la jornada. El primero de ellos no era nada más y menos que el Señor Dee Snider de Twisted Sister con su proyecto en solitario sobre el Stage Fest.
Podemos calificar el show del frontman norteamericano como desigual, o al menos recibido en partes desiguales con un trato diferente del público ante los temas nuevos, alguno de su próximo álbum de estudio “For the Love of Metal”, pero la audiencia siempre lo que quiere escuchar son temas de Twisted Sister, que convierten el recinto en una verdadera fiesta.
Un primer ataque con “You Can’t Stop Rock N’ Roll” levantó al personal, pero sobre todo Dee Snider, menos activo que otras veces, levantó a la gente con su “We’re Nor Gonna Take It” o “Huevos con Aceite”, como tanto le gusta deleitarse con la gente. Es cierto que Twisted Sister se ha sostenido por estos grandes temas y no es menos cierto, que la gente demanda a Dee Snider estas canciones.
El bueno de Dee Snider se ha rodeado de una banda de buenos músicos, pero que dan poca vida sobre el escenario, ni con el archi conocido “I Wanna Rock” se vio una especial emoción en los músicos del cantante americanos y eso aunque no quieras, se contagia a la gente. Aún así, cuando llegan estos temas, la gente quiere fiesta y es lo que hay cuando suenan por las PAs.
No se puede decir para nada que fue un concierto malo, pero Dee Snider seguro que no llegó a trasmitir y contagiar ese rollo positivo que otras veces si ha hecho.
Con un pequeño descanso con Uriah Heep, que toda la tarde una persona sola no para tanto. Momentos para buscar una sombra y reponer fuerzas para lo que nos quedaba la noche. Una pena no poder disfrutar de una banda tan mítica, pero las limitaciones corporales son las que son.
La noche empezaba a caer y se notaba que la afluencia de público iba creciendo. De nuevo en Stage Fest preparado con todo el montaje de los alemanes Accept, con los que nos reencontrábamos después de quince días que les habíamos visto en el Graspop Metal Meeting y los precedentes eran muy buenos, como cumplieron en Barcelona aunque con un show algo más corto.
Es curioso cómo han sabido reinventarse los de Wolf Hoffmann con la incorporación de sabía nueva como el batería Christopher Williams o el bajista Uwe Lulis, pero está muy claro que desde la incorporación del vocalista Mark Tornillo, los Accept han vuelto a subir para arriba. Es cierto que Mark no tiene la voz tan rota como Udo, ni quizá su carisma, pero tiene otras cosas como la naturalidad y la entrega que hacen que los grandes temas de los teutones no pierdan su fuera original.
Peter Baltes al bajo muy protagonista durante todo el concierto, pero la figura de Accept sin duda es Wolf Hoffmann, guitarrista y líder indiscutible de la banda, con una figura que a medida que avanza el show va creciendo, no solo a golpe de los míticos riffs de guitarra que todos conocemos de temas como “Princess of the Dawn” o “Midnight Mover”, si no con unos solos de guitarra de autentico lujo y con un sonido e iluminación de primeras.
El show, corto, pero cargado de clásicos como “Up to the Limit”, “Fast as a Shark”, “Metal Heart” o “Teutonic Terror” que todos cantamos al unísono con Mark Tornillo. Para el final, como no podía ser de otra manera, “Balls to the Wall”, épico y grandioso, como sonó, con media Barcelona cantando al ritmo de los alemanes.
Sin duda Accept cumplieron con un set sobre todo basado en grandes clásicos que cantamos todos, de lo más grande de la noche. Se nos hizo muy corto su concierto, el año que viene los queremos de cabezas con un show extendido.
Bueno, bueno, llegaban los Judas Priest. Era la cuarta vez que los veía en un mes (Sweden Rock Fest, Graspop y Bec de Barakaldo), así que tenía material para poder comparar shows recientes. Una conclusión rápida es que Judas Priest está creciendo a medida que van pasando los conciertos, con un Rob Halford que está rejuveneciendo a medida que da conciertos y con una figura emergente en los británicos como el guitarrista Richie Faulkner, que es el que ahora atrae todas las miradas en los shows de los británicos.
Un recinto abarrotado, esperando la salida de los británicos, que con su Gira de presentación de su nuevo álbum “Firepower” está recorriendo buena parte de la geografía española.
Con una puesta en escena similar, con los tridentes marcas de la casa, la enorme pantalla de fondo, no falto un detalle de la iconografía tradicional de los Judas Priest. Rob Halford se cambia de chaqueta casi todas las canciones, las motos, los tridentes, el fuego y mucho Heavy Metal, lo que es Judas Priest.
El set list de la Gira Firepower ha variado de los tradicionales. Obviamente han metido temas nuevos del nuevo trabojo estudio. A parte de abrir con la propia “Firepower”, los británicos meten temas como “Lightning Strike” o “Rising From Ruins”, que es la encargada de abrir la última parte del show de Judas.
La voz de Halford no es la de antaño, pero cumple con creces con los temas. Siempre se habla del “Painkiller”, pero con algún efectillo que otro lo salva con dignidad. También las miradas se centraban por el discreto pero efectivo guitarrista Andy Sneap, que ha tenido el dificilísimo papel de suplir al mítico Glenn Tipton. Andy cumple bien con su papel de guitarra rítmico e incluso tiene partes solistas que salva con nota.
Ni que decir tiene que Scott Travis a la batería, como Ian Hill al bajo cumplen con su papel en la parte rítmica, siempre en un segundo plano cediendo todo el protagonismo a Rob Halford y sobre todo a Richie Faulkner.
Como en los otros conciertos que les hemos visto, el show va de menos a más, no solo por las imágenes y efectos sobre el escenario, si no por la acertada elección del set list. Siempre echaremos en falta algún clásico de la banda, lo que es inevitable al tener un tiempo tan limitado y tan extensa discografía. Pero desde el recuperado “Saints In Hell” y el “Turbo Lover”, la sucesión de clásicos es casi continua y temas como “Freewheel Burning”, “You’ve Got Another Thing Comin’”, “Hell Bent for Leather” nos devuelven a los gloriosos tiempos de los Judas que todos recordamos.
La prueba del algodón llega con el “Painkiller”, como si todos esperásemos a este tema para ver el estado de la banda, que lo salvan con nota, bueno, vamos a ser quisquillosos, la voz de Halford tiene sus efectos y el solo del señor Faulkner se puede clavar algo más, pero sigue siendo un tema grandioso.
Pero aún quedaba más, los bises, donde como en el resto de la Gira llega el momento emotivo con la salida al escenario de un desmejorado Glenn Tipton, que tiene un mérito tremendo por querer estar con su banda y regalarnos tres temazos como el “Metal Gods”, “Breaking the Law” y “Living After Midnight” que pusieron el broche a un gran concierto de Heavy Metal, una nueva lección de los Judas Priest, una de las bandas más grandes del planeta, por su trayectoria y su discografía, que por lo que vimos aún les queda cuerda para rato y mientras Rob Halford aguante, habrá Judas para rato.
Despues de la traca de los británicos Judas Priest, de nuevo para el Stage Fest y vivir en directo lo que posiblemente sea una de las últimas veces que veamos a Ozzy Osbourne sobre un escenario, esta vez con su propia banda a la que da nombre.
Como es tradicional, la voz de Ozzy se escucha antes que la banda salga al escenario, pidiendo que la gente grite. Con un escenario algo menos austero de lo que acostumbra Ozzy Osbourne y eso si, muchas cruces, la banda del singular vocalista británico se disponía a descargar sobre el abarrotado recinto del Rock Fest Barcelona.
Pero el protagonismo no era solo para Ozzy Osbourne, ya que la vuelta Zakk Wylde a la guitarra junto al vocalista británico, da un aliciente más al concierto, ya que el guitarra americano tiene tendencia a acaparar muchas miradas.
Con su particular estampa de los últimos tiempos y esa forma de moverse en el escenario a saltitos Ozzy Osbourne empezó con clásicos como el “Bark at the Moon” con el primer solo de Zakk de momento de duración pasable o el “Mr. Crowley”, antes de repasar un tema básico de su historia en solitario como el “I Don’t Know”, siempre con un Tommy Clufetos a la batería espectacular.
Se intercalaba la época de Black Sabbath como “Fairies Wear Boots” con temas de la época en solitario como “Suicide Solution” o su más “actual” “No More Tears”, siempre grandioso y uno de sus temas más actuales. La voz de Ozzy estaba aceptable, pero cada vez los solos iban tomando más protagonismo, como en el extenso solo de “War Pigs”, que aburrió a más de uno, entre los que me encuentro.
Pero los solos no iban a terminar, ya que tras el medley de “Miracle Man / Crazy Babies / Desire / Perry Mason”, en esta ocasión era Tommy Clufetos quien nos deleitaba con otro extenso solo de batería, todo muy espectacular y técnico, pero entre uno y otro perdimos de escuchar dos o tres temas de Ozzy Osbourne.
El final del show nos reservaron otra buena tanda de temas históricos del Heavy Metal como “Shot in the Dark”, una irreconocible de inicio “Crazy Train”, que no hizo honor a la contribución inicial de Randy Rhoads.
No podía faltar la balada, “Mama, I’m Coming Home”, con la que en giras anteriores terminaba sus shows, pero aún nos quedaba el “Paranoid” de Black Sabbath , que cerró el show, que podía haber sido bueno, pero que la extensión de los solos restó magia.
Las luces se apagaron para vivir el concierto de los suecos H.E.A.T., como si la iluminación fuera un cuarto de la mitad de lo que habíamos visto con los grupos anteriores, pero lejos de amedrentarse, los suecos salieron a darlo todo, apoyados en un show potente, con la ayuda de pirotecnia y sobre todo por la electricidad en el escenario de un Erik Grönwall, que es un verdadero vendaval sobre las tablas.
Los suecos son un valor seguro, con uno Hard Rock melódico que cada vez tiene más seguidores en nuestro país, lo que se demostró en el Rock Fest Barcelona, que aún lograron retener una gran cantidad de público frente a su concierto.
Hubo momento para escuchar temas de su controvertido último álbum “Into the Great Unknown”, como “Bastard of Society” o “Redefined”, pero el bueno de Erik no dio un instante de tregua y era capaz de captar la atención sobre su híper activa actuación, centrando la mayoría de las miradas sobre el.
Pero temas como “Mannequin Show” caldearon más el ambiente por su melodía y toque más accesible con un Dave Dalone a la guitarra que entró en calor y daba aún más calidad a las canciones de los suecos. Hubo guiño AC/DC durante el tema “Beg Beg Beg”, como clara alusión a las influencias musicales de los suecos.
El grupo había entrado en calor y nos regalaron cortes tan pegadizos como “Tearing Down the Walls” o “Emergency” ya con apoyo de pirotecnia que dio más color al show. El final apoteósico con “Living on the Run” y su ya clásico “A Shot At Redemption”, que puso de manifiesto que H.E.A.T son una apuesta segura, que Erik Grönwall atrae todas las miradas, pero la banda forma un gran pack y están preparados para cotas mayores.
Con la entrega de los suecos nuestro cuerpo dijo que hasta aquí habíamos llegado y nos recogimos a nuestros aposentos, con un gran sabor de boca por lo que habíamos vivido la primera noche del festival.
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- Crónica y fotos: javier@metaltrip.com
- Foto: Rock Fest Barcelona


















































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