Por fin llegó para sus fans, la tan deseada noche en la que Mägo de Oz iban a reproducir su Diabulus in Opera en Madrid, y el lugar elegido era el antiguo Palacio de los Deportes de la Comunidad, desde hace un tiempo, llamado Winzik Center, un lugar, que lo cierto es que se les quedó grande, pero tampoco había muchas más opciones en la ciudad para meter un montaje de ese calibre.
Reconozco que no he visto el DVD que se editó para conmemorar el concierto que esta noche se iba a reproducir, que alguien me eche a la hoguera por ello, con lo que iba “virgen” al concierto. Reconozco también que es muy complicado a todos los niveles movilizar todo lo que hay que movilizar tanto a nivel humano como logístico para poner en marcha un concierto de estas dimensiones, y por ello hay que quitarse el sombrero ante la banda por echarle los bemoles suficientes hacer realidad su sueño. Pero también reconozco que Madrid no es México Df, donde la banda es muy grande, y Mägo de Oz, con el aliciente de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Politécnica de la Capital, no tuvieron el poder de convocatoria necesario para poder decir que a nivel de público fuera un gran éxito. Pues algo más de cuatro mil personas se dieron cita en el recinto. Habrá quien lo considere un éxito, sin embargo, para mi el éxito de este concierto ha sido el hecho de haberlo podido llevar a cabo, que en este país ya se sabe a lo que se juega.
El escenario estaba dividido en dos partes, por un lado, la orquesta de 80 personas en la parte de arriba, y en la de abajo, Mägo de Oz, por donde desfilarían tanto los músicos como los diferentes invitados que saldrían acompañando los diferentes temas. Todo ello rodeado de un marco que remarcaba, valga la redundancia, la actuación, además de tres pantallas de vídeo de muy buena calidad.
Con un cuarto de hora de retraso sobre el horario previsto, la intro comenzó a sonar, y tras esta, cayó el telón que tapaba el escenario y la fiesta para los fans comenzó con Dies Irae, durante la cual los nueve componentes de la formación empezaron a habituarse al escenario, ocupando cada uno sus posiciones dejando a Zeta la labor de ir a un lado para otro, que es lo suyo como frontman que es.
No tardaron en llamar al primer invitado de la noche, tampoco podían retrasarlo más, pues la lista de invitados era bastante jugosa al menos en cantidad. Así, Carlos Escobedo se unió a Mägo para interpretar Diabulus in música. El de Sober fue recibido con una tremenda ovación, notándose una perfecta comunión con la banda, donde los tres cantantes, Zeta, Patricia y Carlos, se acercaron al provocador y disfrutaron de lo lindo estos minutos.
Sin tiempo casi ni para decir adiós, Escobedo fue sustituido por Rubén Kelsen de Débler, el cual fue introducido por Zeta para cantar Alma. Vocalmente no se podía poner pega a Zeta, pues cantar el hombre canta y canta bien, pero un frontman es algo más, y por mucho que me lo quieran vender, hay que reconocer que cuando nació, la sal no es algo calara en su adn. Qué le vamos a hacer.
Llegó el turno de Manuel Seoane para interpretar la canción dedicada al alzheimer, Sueños dormidos, que en su día Txus compuso para su abuelo, y que hoy dedicaban a su madre. Con la acústica de Seoane presidiendo, apareció también una bailadora o bailaora de flamenco dándole ese aire del sur característico en el tema. Patricia empezó a tomar protagonismo en esta canción y bien que se notó, para bien. Tras despedir a Ana, la bailaora, Zeta con su eterna presentación del tema Siempre, “cuánto quiere Madrid a Mägo de Oz, cuánto os quiere Mägo de Oz a vosotros”, en la que Zeta hizo un gran trabajo.
Es evidente que cuando hay que coordinar un concierto de una banda de rock con una orquesta, entre tema y tema se pueden producir parones, pero es algo que no se puede evitar. Tras esta breve pausa, Patricia cogió los mandos y dio paso a Anono a la batería, ésta dio un puñetazo en la mesa, o mejor dicho, en el escenario, pues Patricia derrochó energía, vitalidad y sobre todo voz. Cuando terminó No pares de oír rock & roll, el público no paró de jalearla, y es que habiendo sal, el guiso sale mejor.
Tras otro pequeño parón, Moha con su violín y Jose Manuel Pizarro con su flauta iniciaron A costa da morte al tiempo que se iban uniendo los demás miembros de la banda para luego dejar de nuevo a Patricia Tapia al frente, que, exprimiendo su voz, nos deleitó con un trocito de la ópera Turandot, concretamente el Nessum Dorma, incluyendo pirotecnia al final. Reconozco que fue una gozada. Tomó el relevo Javi Díez con un solo de teclado en el que incluyó parte de la banda sonora de Piratas del Caribe acompañándole Txus desde su batería.
El escenario lo volvió a ocupar Zeta, esta vez disfrazado con un mono de naranja cual preso de Guantánamo o similar para seguir con Gaia, donde el público se volvió literalmente loco. Al final del tema, Zeta fue escoltado por un cura y una policía mientras soltada un agudo que se quedó a medias. Después continuaron con un parón en el que aprovecharon y a través de las pantallas de vídeo fueron emitiendo imágenes con su música correspondiente, de todas sus épocas, que no de todos sus miembros.
Llegaba el turno de Ilusia, para la cual, la cabeza enorme de un payaso, ocupó el lateral del escenario, y por ella salió Moha y su violín, ocupando Manu Reyes de Sober el lugar de Txus, y de nuevo con una Patricia como gran protagonista cada vez que intervenía. El líder de la banda nos deleitó con su limitada capacidad vocal junto con Zeta en La rosa de los vientos, pero ole él que se atreve a cantar pese a que él mismo reconoce que no lo hace bien. Fernando Mainer aquí tuvo su distinción al cambiar su instrumento por un contrabajo.
Tras presentar a Jose Luiz López Antón, el director de la orquesta, Zeta dio paso a Ari Malikian, que impresionó a todo el mundo con su dominio del violín. Para quitarse el sombrero, y además, totalmente recomendable asistir a uno de sus conciertos, disfrutando tanto escuchándole, como entre tema y tema. Pero Ari Malikian no estaba allí para hacer únicamente un solo, que también, sino para acompañar a Mägo en Molinos de viento. De lo mejor de la noche.
Una olla en la pantalla era el previo a Hechizos, pócimas y brujería, siguiendo después con su tema más largo, La cantata del diablo, en el que colaboró Leo Jiménez a la voz y creo que era Nelson el batería de Débler sustituyendo a Txus, además de una “lucha” entre un ángel blanco y uno negro. Leo estuvo presente durante toda la canción y se le vio cortado en movimiento para lo que es él, además, su voz se escuchó bastante poco. A mitad de tema, ya sin los ángeles, al escenario también subieron doce de los componentes del grupo de gaiteros Lume de Biqueira. El tema finalizó con el particular padrenuestro que más de uno debería poner en práctica.
Carlitos y Frank con el escenario para ellos fueron los protagonistas del siguiente momento, pues con una tarta en el escenario e interpretando la música de cumpleaños feliz, salieron todos los componentes, y parte de los invitados a regalar merchandising a las primeras filas. Hasta la bruja de Mägo. Con el escenario de nuevo para Patricia, llegó el momento de Revolución, tema propio, la cual vocalmente sonó fatal, quizá por un exceso de entrega de la cantante.
Niko del Hierro y Tete Novoa salieron para La costa del silencio, y aunque Niko lo hizo bien, la voz de Tete no encajaba con el tema. Moha micrófono en mano anunció que ya solo quedaba una, y esa solamente podía ser Fiesta pagana, en la cuál, además de toda la banda y buena parte de los invitados, incluyendo a “súper polla” o “súper miembro viril” para los más finos, pusieron el punto final al concierto provocando la locura en la audiencia en mitad de cañones de confeti. Después abandonaron el escenario excesivamente rápido, yo esperaba un poquito más de comunión con la gente a la hora del adiós, pero no se produjo.
En total dos horas y media de concierto, que se dice pronto en un espectáculo que aunque estuvo bien, le faltó, para mi gusto, algo más de dinamismo en algún momento, si bien puedo entender esos parones entre tema y tema para acoplar a tantas personas. En cualquier caso, los fans de Mägo de Oz salieron contentos, que al fin y al cabo, de eso se trataba.
Por cierto, es la primera vez que a la hora de hacer fotografías (los tres primeros temas), el tema que sirvió de introducción contó como tema, es decir, realmente se tuvieron dos canciones para hacer fotografías, pues durante la intro, las luces estaban apagadas. Qué le vamos a hacer.
Set list Mägo de Oz:
Intro. Sinfonia
- Dies Irae
- Diabulus in música
- Alma
- Sueños dormidos
- Siempre (Adiós Dulcinea – Parte II)
- No pares (De oír rock & roll)
- A costa da morte
- Nessum Dorma (Turandot)
- Solo Teclado B.s.o. Piratas del caribe
- Gaia
- Ilussia
- La rosa de los vientos
- Molinos de viento
- Hechizos, pócimas y brujería
- La cantata del diablo
- Revolución
- La costa del silencio
- Fiesta Pagana
Crónica y fotos: Fernando Leal Vielsa













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