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Crónica: 2º Día Rock Imperivm (Jueves)
Conciertos Crónicas

Crónica: 2º Día Rock Imperivm (Jueves)

17/07/2024 0 Comments
2 años atrás
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Qart Hadasht fue el faro ibérico hasta la conquista romana, donde el gran Imperio le otorgó el título de Cartago Nova. Arrebatada a los cartagineses en las guerras púnicas, se convirtió en una de las capitales más bellas, prolíficas e ilustrativas del viejo continente. En la actualidad, su legado cultural ha fusionado las líneas temporales en un vórtice inaudito. La arena deja de teñirse de sangre, la música resuena en las paredes, las bandas desfilan en carruajes de gloria y el público clama a sus ídolos pidiendo diversión social en todo su esplendor. En el Parque del Batel, el Coliseo musical se alza ante el imponente Mare Nostrum, quien observa en silencio. Las batallas por el honor y la calidad interpretativa se dan cita en el magnánimo Rock Imperivm, donde cuatro días de música metal/rock vuelven a escribir una triunfante página en el libro de la Humanidad con el sello de Madness Live!

 

Celtian


Después de una apertura repleta de fuertes sensaciones, el verano siguió dando una tregua templada para la siguiente jornada, la cual fue abierta por la banda madrileña Celtian y su creativo folk metal. Con una Xana Lavey bastante ocupada por sus colaboraciones con Mago de oz y fuera del país, nos ofreció un hueco para deleitarnos con su calidad laríngea en la interpretación de las pocas canciones que conformaron el setlist en base al nuevo disco, «Secretos de Amor y Muerte». A pesar de la carencia de gente debido a las horas de comer y la llegada de afluencia recién salida del trabajo, Celtian se acomodó en el escenario para seguir encantando a los fans y oyentes novicios a través de sus melodías suaves, sonido nivelado y la rápida conexión social gracias al carisma de Xana, quien siempre estuvo al frente del grupo animando el ambiente y ensalzando el valor del apoyo humano, encandilando durante toda la actuación.


Aunque sólo fueron siete los temas ejecutados en directo, Celtian se ganó a los presentes con su poder musical, estando siempre atentos a realizar un trabajo memorable. Nos hicieron saltar en «Sueños de Cristal», corear al unísono en «Niamh» o sentir la magia y fantasía con «En Tierra de Hadas». Aparte de Xana, el resto de integrantes también se unión en el fragor del disfrute personal. Sergio y Raúl escudaron a la cantante con la guitarra y el bajo, conformando una dualidad cordófona excelente y que ganó un atributo de presencia bastante notable. Por otro lado, la adornación instrumental vino a cargo del expresivo flautista Diego y el sereno violinista Txus. Sin ellos, la música de Celtian no destacaría por encima de otras bandas, ¡y ellos lo saben! Al fondo del escenario y a la sombra de Xana por su posición central, David realizó su labor de sostén estructural en la percusión mediante un recital de redobles y golpes acordes al estilo grupal. La gran sorpresa fue la colaboración de la soprano Rosalía Sairem (Therion) formando un dueto único junto a Xana que nos sorprendió gratamente en el concepto vocal. Como llevan realizando desde hace años, Celtian se despidió del público con «El Hijo del Ayer», la canción que aunó el bello espíritu del Coliseo y lo engalanó de grandeza nada más comenzar.


 

Xandria


Hace dos años, vimos a la cantante helénica Ambre estrenarse con Xandria en un éxito sin precedentes. Bien sabemos que la banda sinfónica alemana ha resistido a la adversidad gracias a la constancia de Marco, guitarrista fundador, pero tras una reforma total y puesta a punto, Xandria ha retomado su actividad con más vivacidad que nunca. Después de lanzar el nuevo álbum «The Wonders Still Awaiting», el grupo se lanzó a la conquista de su legado por toda Europa, y el Rock Imperivm les acogió como una oportunidad exclusiva en España. Con sólo poco más de media hora de actuación, es necesario reconocer la tremenda actitud social de los artistas hacia el creciente público. Mucho más adaptada a su importante rol y sin perder la sonrisa, Ambre levantó suspiros de admiración con la ejecución laríngea que impresionó en todo el show. Incluso sin sus compañeros, era capaz de hacer vibrar al público y unir los sentimientos e ilusiones en un frenesí sinfónico poco visto en la actualidad.


Xandria es de esas bandas que, cuando actúan menos de una hora, elegir el setlist es una completa odisea. Sin faltar a los clásicos más icónicos como la conocida y versionada «Nightfall» o la emotiva terminación con «Valentine», Marco repartió su alegre alma por las melodías de las canciones, al igual que Rob, quien do dudó en levantar las melenas al viento de los asistentes y dar salida a un intenso headbanging. Lo bien que mantuvieron la entereza Tim y Dimitrios en la base musical fue una de las principales causas que hicieron triunfar a Xandria. Los graves complementaron a la percusión sin solaparse ninguno de ellos en la mezcla sonora general. Otra prueba del buen estado que goza la banda fue la presentación del nuevo single «Universal» que tuvo una acogida excelente al comienzo de la tarde. Finalmente, Ambre se mostró cómoda en el fantástico ambiente que la rodeaba, fuera ejecutando su registro vocal sin fallos, interactuando con los compañeros o llevando la batuta de los coros. Tal fue la experiencia vivida con Xandria que se echó de menos (¡más de la cuenta!) haber podido disfrutar un poquito más de la nueva etapa del quinteto germánico.


 

Cirith Ungol


El hecho más insólito que pudimos contemplar en el festival fue, sin duda alguna y con un consenso unánime, la primera y última actuación de la banda heavy/doom Cirith Ungol. A pesar de los asistentes más críticos, una hora fue más que suficiente para que el público viera una de las bandas más representativas del metal/rock extremo ofreciendo todo su arsenal en España. Con sólo dos miembros originales, la banda californiana supo ganarse el favor del Coliseo con el único aspecto de us sonido original que, a día de hoy, todavía sigue siendo todo un deleite épico digno de la literatura de J.R.R. Tolkien. Debido a problemas del guitarrista Greg, la sustitución cayó en Armand, quien junto al bajista Jarvis, veríamos más tarde en Night Demon. A pesar del calor circundante sin nubes en el cielo, el verdadero ardor vino del interior cuando la banda salió al escenario con la interpretación del combo «I’m Alive» y «Frost and Fire», los dos primeros temas del álbum debut y el mejor de toda la discografía, según la opinión de los expertos musicales.


Dispuesto a dar lo mejor de sí, Tim se dejó la voz en el micrófono para que los fans se sintieran como en los años ochenta. En un sonido puro y nítido envuelto en la pesadez propia de la banda, tanto Jarvis como Armand interpretaron los temas con una actitud especial y emocionante, haciendo que cada ritmo o solo cobrase la importancia necesaria. De igual manera, el repaso a la discografía se convirtió en el valor seguro que provocó oleadas de vítores, así como el establecimiento de escuetos moshpits. Por detrás y comandado por un enorme gong, Robert no soltó las baquetas ni en los breaks o interludios de descanso. Su trabajo baterista fue tan impecable que, junto a Tim, cogió la fama y el amor del dedicado público. El protagonismo absoluto, referente a los discos, se lo llevó «King of Dead» y también hubo un pequeño hueco para la modernidad con «Looking Glass» del reciente álbum «Dark Parade». Emocionado y más que agradecido, Tim recibió las muestras de cariño y apoyo, atesorándolas como un recuerdo inolvidable que el Rock Imperivm le regaló. Satisfechos a tope, «Blood & Iron» finalizó la actuación, pero no sin ser antecedida por el mítico himno «Join the Legion». Las lágrimas saltaban de los ojos y la fidelidad de los fans quedó plasmada en el unísono coral que, esperamos de verdad, hiciera replantear a Cirith Ungol la decisión de retirarse y seguir en activo varios años más.


 

Arwen


Ya tocaba ir solapando bandas entre los escenarios grandes y el pequeño, así que antes de Kadavar, subimos las escaleras del parque (¡se nota la artrosis adulta!) para ver y disfrutar de una banda nacional en alza, los madrileños Arwen y su fabuloso estilo power metal que, desde hacía tiempo, queríamos ver en directo. Con tres álbumes de estudio y otro en camino, el quinteto desplegó su puesta en escena para que el público presente sintiese la verdadera música compuesta mediante el corazón y el alma. Esto se pudo comprobar en la alegría que los artistas mostraron durante el tiempo que les observamos. En especial, el carisma desbordante de José y su voz, envolvente en todo el recinto. Aunque nos hubiera gustado quedarnos todo el show, podemos decir que los cinco temas a los que asistimos fueron suficientes para establecer una éxito rotundo de Arwen en el Coliseo.


Con un público muy decente y el lugar bastante atestado, el despliegue sonoro fue genial en todo momento. Los instrumentos se oían de sobra, el cuidadoso aspecto técnico no tuvo problemas apreciables y la banda aprovechó la ocasión a través de su variado elenco de artistas. A las guitarras, Gonzalo y Álex se repartieron los ritmos y solos con solvencia en un ambiente nivelado y constante. Daniel tocaba su bajo con seriedad y buen hacer, concentrado en ser una figura clave de la estructura teórica del concierto por su importantes graves. Al fondo, el teclado de David siempre estaba en la sombra, pero sin perder la calidad atmosférica de la puesta en escena. De la misma manera, Nacho (Adventus) golpeaba los platillos y bombos en una lección de maestría percusionista adecuada en el estilo de la banda. Enclavado al pie del cañón y contagiando su ilusión vocal por doquier, José interactuó con el público en la petición de coros y fuerza social, lo cual fue correspondido para dar más vida a las líricas y los estribillos de los temas. De verdad que nos hubiera gustado ver más, así que lo poco observado nos convenció del poder musical y compositivo de Arwen, sin olvidar su voluntad de ejecutar un concierto digno para el Rock Imperivm.


 

Kadavar


Corriendo como un poseso, los alemanes Kadavar habían comenzado su actuación a hora punta. El Parque del Batel no estaba lleno ni a la mitad y la tarde se cernió con el estilo psicodélico e hipnótico de una banda que convenció a medias tintas. Puede que seamos algo crueles, pero daba la sensación de que los integrantes se hallaban muy lejos de la realidad; o quizás inmersos en su propio mundo. El punto a favor fue, sin duda, la experiencia nostálgica de un música que recordaba a bandas como Pink Floyd y a otras muy dispares en comparación como Black Sabbath. La puesta en escena aprovechó la pantalla digital con el logo bien visible, envolviendo al público en una sensación enigmática y cierta tendencia a la aprensión debido al uso de ritmos con base de acordes menores y disonantes. Incluso hubo efluvios del casi extinto grunge cuando el sonido se diluía por los monitores y penetraba en la mente, abriendo camino hacia los tiempos pasados.


El hecho que más impactó, para quienes conocíamos a Kadavar, era la desaparición de las melenas que los músicos lucían desde hacía años. Ver al baterista Tiger calvo nos dejó locos, aunque no fue motivo de quitarle su alegría y tremendo jolgorio detrás del kit percusionista. ¡Sin duda, fue quien más disfrutó tocando ante los asistentes! Por delante, el tocayo Lupus no dejó su guitarra Gibson amarilla ni por un segundo, pues con ella, encendió la mecha de la psicodelia con los temas escogidos para el setlist. Su facilidad musical llamaba mucho la atención, tanto que algunos espectadores no le quitaron el ojo de encima. Como apoyo cordófono mientras Lupus tocaba los solos y zonas armónicas, Jascha vivía un sueño en directo con el éxtasis que se le veía a grandes rasgos. La ambientación teclista también corrió a su cargo sin perder su toque mágico de enganche, como fue el caso de la genial canción «Die Baby Die». Por último, y siendo la prueba más clara de la ensoñación grupal, Dragon soltaba graves mientras su intensa mirada atravesaba los muros y paredes del Coliseo. Sus continuos cambios faciales y las posturas de interpretación daban a entender que su afán por Kadavar no era entendible por el resto de la gente. Sin llegar a la decena de temas, los germánicos revivieron sus raíces con el cierre de «All Our Thoughts» y «Creature of the Demon» pertenecientes a su álbum debut homónimo y que reactivo el lado más surrealista del público.


Richie Kotzen


Richie Kotzen es de esos artistas virtuosos que con chasquear los dedos, llena salas y locales al instante. Algo parecido ocurrió en el Rock Imperivm a pesar de la injerencia atomsférica natural de la ciudad. Uno de nosotros estuvo todo el show para dar testigo de prensa mientras que otro, tras hacer las fotos al señorial artista, se dirigió a ver a Shores of Null y poder pillar sitio después para TNT. Hay que mencionar el hecho de que el escaso decorado y puesta en escena fue imprescindible para que Kotzen se luciera como una estrella brillante capaz de hacernos olvidar el leve bochorno solar de la tarde. Después de haber girado por España en dos fechas y acompañado a Extreme en Madrid, el guitarrista no quiso perder la oportunidad de volver al Coliseo, pues ya lo hizo el año pasado con The Winery Dogs. Ante todo, decir también que el público, sin ser muy fanático de él, le arropó con el derroche de calidad que inundó el ambiente y no se perdió el interés artístico.


Con una hora de actuación y una valiosa discografía de más de veinte discos en solitario, Kotzen nos regaló un espectáculo donde él era la figura central, tanto en la guitarra como en la voz, así como su excelente sonido general que no decayó ni queriendo. Comenzando con temas como «Losin’ my Mind» y «Fooled Again» resultó muy curioso la visión de que Richie tocase tan rápido sin usar una púa. ¡Cualquiera diría que nació con una guitarra bajo el brazo! Manteniendo al público en vilo con sus dotes técnicas, «Bad Situation» nos erizó el cabello para que «Fear» rompiese el aire con multitud de palmas y vítores que clamaban la admiración general por Kotzen. «Remember» y «Help Me» dejaron más sitio al bajo y la batería que le acompañaban, aunque no consiguieron ponerse a su altura en el directo. Entusiasmado con la recepción social, el músico interpretó la versión «Shapes of Things» de la banda The Yardbirds como terminación de un concierto que el Coliseo agradeció una vez más.


 

Shores of Null


Sinceramente, nos encanta descubrir nuevas bandas y expandir el conocimiento musical más allá de lo comercial. Los más fanáticos de la oscuridad y del enigma de la realidad estábamos un paso más cerca de la comprensión vital cuando los italianos Shores of Null confirmaron su asistencia al Rock Imperivm. Con los artistas perennes desde su fundación hace poco más de diez años, el quinteto romano vino a tierras hispanas para la presentación de su nuevo álbum «The Loss of Beauty». Sin embargo, las expectativas cayeron en saco roto cuando la banda decidió hacernos un recital basado en el contraste del pasado y el presentes. En otras palabras, pusieron su debut «Quiescence» de 2014 frente al nuevo disco y todo el repertorio se movió por ahí, hecho que nos quebró los esquemas y dio el punto de originalidad que nadie se esperaba. Fue un acto de lo más personal por parte de Shores of Null y un regalo más que perfecto, porque así se veía la evolución que ha tenido de la banda en pleno directo.


Mediante un sonido bastante crudo y muy pesado que incitaba a sumergirse en la oscuridad para siempre, el quinteto mostró su lado más cercano al público, permitiendo coros al vuelo, por ejemplo. De forma teórica, Shores of Null realizó el show en base a una estructura de tipo rondó con el cifrado 3-2-3, o así se analizó. En primer lugar, tres temas del nuevo disco, que pusieron a tono al público y le engatusaron un sentimiento de tristeza propio del doom metal con tintes blackers. Tras ver el estilo compositivo actual con todo lujo de detalles, «Ruins Alive» y «Quiescence» llamaron al pasado con la actitud nostálgica de Gabrielle y Raffaele, cuyas guitarras lloraban los ritmos junto a los coros grupales. Empatizando con la banda y solventando el sufrimiento de la existencia, otro trío de nuevas canciones evocó la pregunta al aire: “¿Qué os ha gustado más, el pasado o el presente musical?” La respuesta que se dio a Davide le obligó a rendirse al público del Coliseo de rodillas, pero no será expuesta aquí. Si alguien quiere hallarla, deberá ir a un concierto de Shores of Null, ¡y esperamos que vuelvan a España muy pronto!


 

TNT


Cogiendo sitio a duras penas, el sol se descubrió en el cielo con toda la furia térmica para achicharrarnos sin piedad, ¡pero mereció la pena! Siendo un show exclusivo, la expectación no dejó de crecer para ver a la histórica banda noruega TNT en la gira de cuarenta aniversario. La gran mayoría de los asistentes tenían un sentimiento mutuo, disfrutar del mejor glam metal/rock con la vuelta del querido cantante Tony Harnell. Bajo una épica introducción clásica, el cuarteto salió a escena entre emotivos aplausos y silbidos, pues el Rock Imperivm abrió su corazón y alma a TNT durante toda la actuación. Está claro que la banda es un claro ejemplo de cómo dos vertientes de la música extrema pueden combinarse de una manera magistral y hacer al público saltar con sólo un par de ritmos pegadizos. Por suerte, los noruegos no quisieron quedarse en un simple concierto, sino que desplegaron su arsenal sonoro como si les fuera la vida en ello. Lo malo de querer la perfección fue que ésta se les volvió en contra, especialmente al guitarrista Ronni, quien sufrió una debacle musical que, sin inmutarse, acabó perjudicando a la percepción ótica del público.


Mencionado antes, TNT venía celebrando cuatro décadas rompiendo récords de éxitos, así que el Coliseo no se quedó atrás en esa conquista a pesar del continuo fallo técnico en la guitarra. Cual hermoso rockero, Tony agarró el micrófono y logró que su voz se convirtiese en un símbolo de calidad imperecedera. Nada ha envejecido su laringe, ni siquiera contando con el apoyo coral dual de Bente y Chelsea, las cuales adornaron la estética de la banda relegadas a un plano secundario. Evitando repetir el desastre sonoro, Ronni se llevó una multitud de ovaciones al ejecutar los míticos riffs y solos de temas como «Invisible Noise», «My Religion» o «Downhill Racer». Su técnica sigue siendo una referencia en las bandas modernas, así que nadie le quitaba ojo en su rol musical. Presentando más arrugas y canas, Sid demostró que las cuerdas de us bajo no han perdido su potencia, pues su interpretación en «Desperate Night» e «Intuition» casi provocaron una jovial explosión repleta de energía. Para que la estructura teórica de los temas no cayese en desgracia, Diesel activó el retumbar de Cartago Nova con su percusión, rompiendo las barreras del sonido y asegurando el éxito de la base musical. La gente sabía que TNT no iba a cometer el sacrilegio de olvidarse de su álbum más reconocido, así que Tony complació la ansiedad general cuando las tres últimas canciones del repertorio fueron del álbum «Knights of the Thunder». Las melenas se movían solas, las voces coreaban al unísono y la banda se despidió por todo lo alto, generando un ambiente tan caldeado que superó a la atmósfera solar. En pocas palabras, TNT es historia del rock y el metal, música que nos ha acompañado toda la vida y lo seguirá haciendo hasta el fin.


 

Night Demon


Queríamos haber asistido a Night Demon mucho antes, pero es que TNT merecía verlo de principio a fin. Se decía que la banda californiana era una máquina de mover masas a su alrededor, lo cual comprobamos al llegar y anunciar que quedaban tres canciones más. Antes de todo, decir que Night Demon forma parte, en los conciertos en vivo, de Cirith Ungol. De ahí que volver a ver a Jarvis y Armand delante del público no se nos hizo raro. Eso sí, algo cambió en ambos shows. Aparte del estilo musical puramente heavy con muchos toques de speed/thrash, la actitud de ambos mencionados cambió radicalmente. Mucho más furiosos y agresivos que con Cirith Ungol, el trío varonil poseía una personalidad tan directa que la gente sólo podía engendrar moshpits e incitar a una espiral de violencia mutua inaudita. Tal fue el resultado que Jarvis y Armand, durante el último tema, se codearon con los asistentes con motivo de la algarabía musical expelida durante la actuación.


Sin dudas ni errores, Night Demon reventó el pequeño escenario gracias a varios factores fundamentales que les llevó a un noble reconocimiento del Rock Imperivm. El primero fue la calidad técnica del sonido escogido, siendo muy crudo, pesado y notorio del estilo old school americano. Después, la arraigada personalidad de los artistas y el fuerte vínculo social que no se rompía ni queriendo. Por último, el setlist escogido que se balanceó por toda la discografía, incluyendo el primer EP homónimo, que fue lo último que se interpretó con motivo de explotar la burbuja ambiental. Sí, nos arrepentimos mucho de no haber visto el concierto completo, pero si con tres temas lograron que servidor se metiese en un moshpit con cámara en mano, la evidencia canta por sí sola. Y no hay que olvidar al joven baterista Brian, el cual remató la estructura musical con unos redobles salvajes y envalentonados por una rabia intrínseca desproporcionada. Verle agarrar las baquetas nos hacía rechinar los dientes y mordernos la lengua, porque su energía se notaba en cualquier rincón del recinto.


 

Glenn Hughes


Vuelta hacia abajo y con las piernas pidiendo un breve descanso, omitimos la vasodilatación para dar testigo de otro importante acontecimiento en el Rock Imperivm. El año pasado, la legendaria banda Deep Purple exaltó los ánimos por toda España, pero algo le faltaba cuando interpretaban temas de la etapa MK III. Todos nos acordamos de los discos «Burn», «Stormbringer» y «Come Taste the Band», ¿verdad? Pues el trío discográfico cobró vida durante una hora media de la mano del genial bajista Glenn Hughes, quien dio su beneplácito para actuar el festival cartaginés tocando temas de esos álbumes. Con más de setenta años y en plena forma, Glenn se rodeó de su increíbles compañeros de banda para que la gente reviviera la nostalgia de un pasado glorioso que, a pesar de los continuos problemas y causas personales, sigue vigente como un pilar fundamental de la música actual. Verle sonreír, tocar y moverse como un chaval veinteañero nos hizo replantearnos el sentido de la vida, porque los treinta y pico años de servidor ya pesan para la jubilación, ¡y eso que no soy músico!


La historia de Glenn es un cúmulo de éxitos e infortunios que equilibran la experiencia recabada durante décadas de composición. Con la ejecución de temas como «Sail Away» o «Mistreated» pudimos comprobar que su espíritu continúa siendo libre cual ave sin rumbo y un destino incierto. Ni siquiera el seguido medley de himnos de Deep Purple calmó al público, ya que todos querían más y más. El sonido de la guitarra no sólo dio pie al marcado estilo funk propio de Glenn, también acometió los ritmos y solos de una forma soberbia que nos hizo levantar el puño a favor de la banda. Dueño de los graves y haciéndolos bailar a su alrededor, el reputado artista no dudó en asomarse a la juventud con bromas, chistes, movimientos ágiles y algún que otro paso de baile. Está más que claro que Glenn fue el artífice del tremendo éxito de la Mark III, y es que verlo en directo levantó un sentimiento de unidad histórico. La gente lloraba en «You Keep on Moving», gritó de júbilo con «Burn» y pidió bises a un icono del rock británico que, de haber querido, no hubiera vacilado en regalar su tiempo en favor de la mejor música que ha habido en la década de los 70’.


 

Plini


De vuelta hacia arriba con un bocadillo en mano y la cámara colgando del cuello, pusimos rumbo a comprobar unas sentencia que se repetía por el público del tercer escenario. ¿De verdad era tan bueno el susodicho Plini? Por nuestra parte, sabíamos que era un respetado guitarrista australiano que se ganó el favor de grandes figuras como Steve Vai. Tenía dos álbumes de estudio y había colaborado con cientos de bandas de estilo progresivo. Llegando tarde (de nuevo) por el solapamiento festivalero, al doblar la esquina del punto violeta, un sinfín de extravagantes ritmos y raros solos atravesaron los tímpanos. Sin embargo, en vez de perderse por la inmensidad coclear, activaron la corteza cerebral en el área de Heschl, intentado analizar aquella música salida de Plini. ¿Qué escala utilizaba? ¿Serían acordes de séptima o disminuidos mayores? La mente no daba una respuesta lógica, así que ver al artista frente a frente nos despejó las dudas de inmediato.


No importó qué canción tocaba, pues Plini se conformó como un ente profesional que regaló su música, a veces improvisada, a quien se abriese a percibir nuevas experiencias. Sólo su mano derecha podía verse rasgar las cuerdas, porque la izquierda igualaba la velocidad de la luz por los trastes de su singular guitarra. No estaba solo, evidentemente, sino que otra guitarra le acompañaba en los diversos ritmos de los temas, sin olvidar el bajo y las líneas graves que nos imbuían, aún más, en el surrealista mundo de Plini. La única opción era cerrar los ojos y dejar volar la imaginación. Nuevos horizontes, universos desconocidos, catarsis de las ondas sonoras… Y él seguía sereno, concentrado en ejecutar su prolífica labor solista. De vez en cuando, alguna risa o gesto se le escapaba de la musculatura facial, pero sus ojos estaban fijos en el mástil de la guitarra. El público no le quitaba la mirada, y como muchos asistentes dijeron, extasiados por el recital vivido: “Esto es música para entendidos, ¡nada más!” A diferencia de esa opinión tan generalista y mediocre, nosotros quisimos apostar por alegar una sentencia más analítica: “Esto es música teórica para quien desee comprender el arte más puro de la misma”.

 


 

Avantasia


Rogando por unas escaleras mecánicas para las siguientes ediciones del Rock Imperivm, no tuvimos que pelear con los asistentes para estar bastante cerca del inminente show de Avantasia. Servidor vio a Tobias y compañía una semana antes en el Z! Live de Zamora, así que optamos por volver a dividir la prensa no sin antes hacer las pertinentes fotos a la banda germánica. Era más que evidente que el setlist sería el mismo que en el anterior festival, el decorado igual, los colaborades idénticos… ¿Y el sonido? Es lo único de lo que hablaré, pues no quiero tener todo el protagonismo periodístico del segundo cabeza de cartel del Coliseo. Saliendo al escenario con su habitual carisma y derroche personal, Tobias celebró la segunda vuelta a un show de España arropado por la legión de artistas propios y asociados que, en un aspecto técnico bueno y nítido, las canciones que gozaron de mi atención realzaron su valor musical sin pérdida de calidad ni injerencias internas. Uno no puede aburrirse con Tobias, pero repitiendo todo lo acontecido días previos en el norte nacional, el heavy metal sajón clásico esperaba en la otra punta del Parque del Batel. No, Avantasia, no me fui por desidia ni detracción a tu carrera profesional, sino por la imperiosa necesidad de descubrir nuevas bandas y realizar una cobertura total del Rock Imperivm; con esto, damos paso a la opinión del fan que sí vio el concierto al completo y nos deja su alegato.


El jueves nos dió un día lleno de buena música metal/rock, ritmos increíbles, espectáculo sin fin. Aunque no fue el cierre del día y podría haberlo sido por todo lo alto, Avantasia se llevó la noche cartaginense a otro nivel de musicalidad. Tobias no es sólo un gran artista que puede llevar el grupo de la misma manera que al público, lo cual demostró con creces. Una de sus mayores particularidades es la amistad que posee con un variado elenco de artistas con una potencia vocal y presencia escénica que hacen que la experiencia en vivo sea plenamente satisfactoria y versátil. Con todo lo dicho, el power metal/rock con toques sinfónicos de Avantasia se desplegó en un escenario precioso, repleto de ornamentaciones y decoros épicos que redondearon a un espectáculo audiovisual digno de los dioses. El cúmulo de la música y el teatro hizo que el concierto, durando dos horas justas, se sintiese corto. Tobias sabe congeniar con el público, igual que la sonrisa de un infante cuando ve a uno de sus ídolos. Tal era su apego a España que incluso nos daba la información del partido de la Roja en la Eurocopa que se retransmitía a la vez (¡menos mal que no jugábamos contra Alemania!). Los artistas que acompañaron a Mr. Sammet fueron Adrienne Cowan (Seven Spires) y su talento vocal, Herbie Langhans (Firewind) y sus dotes laríngeas, Chiara Tricarico (Moonlight Haze) y el apoyo coral de soprano, el inmortal Bob Catley (Magnum), la portentosa figura de Ralph Scheepers (Primal Fear) y el hermoso Tommy Karevik (Kamelot). A su vez, el dúo guitarrista volvió a ser la genial combinación de Sascha y Arne, el bajo quedó a cargo de un exaltado Dirk (Gamma Ray), la batería fue regida por las ociosas manos de Felix mientras que la orquestación y la génesis ambiental estuvo controlada por el creativo Miro y su facilidad de hacernos sentir parte de Avantasia en todo momento.


 

Praying Mantis


Aquel día, deseé ser un asesino en las sombras para escalar paredes y hacer parkour por los tejados. Reventado en los pies y cambiando la batería fotográfica, Avantasia me acompañó hasta llegar a la veteranía musical de Praying Mantis. Volvemos a repetir el arraigado gusto por Tobias y su estilo sinfónico, pero la historia sajona nos llamaba la atención de los hermanos Troy. ¿Sabíais que Praying Mantis fue, junto a Judas Priest, líderes de la NWOBHM antes que Iron Maiden? A mediados de la década de los 70’ sí, pero la suerte no les sonrió a la Mantis Religiosa, quien no pudo devorar la cabeza de sus rivales. Con un legado que roza el medio siglo, la banda salió al escenario con toda la ilusión de volver a España décadas después. Creíamos que Praying Mantis se centraría en presentar su nuevo álbum «Defiance» y contra todo pronóstico, le dio la vuelta a la tortilla con la ejecución de seis temas pertenecientes al primer trío de disco clásicos. Este gesto fue, sin duda, lo que hizo que el público se volcase hacia una muerte segura en la reproducción natural de la Mantis Religiosa. Suerte que hablamos en sentido literal, porque si no, ¡ni gota de sangre quedaría intacta!


Tanto Tino como Chris demostraron su afán de seguir siendo unos chavales de instituto con ese espíritu de tocar los instrumentos con una técnica que se movía por muchos estilos variantes del heavy metal. La voz y los coros, ayudados por el público que se sabían los temas al dedillo, comandó el sonido con una nivelización adecuada. La música se distinguía claramente por los altavoces y la percusión de Hans, dotada de un plus de fuerza, ganó la partida al regimiento de la estructura base del concierto. A través de un juego de iluminación colorido y vivaz donde predominaron los tonos azules y verdes, Praying Mantis desarrolló su puesta en escena bajo la imponente silueta de la Mantis Religiosa. Como símbolo e icono de la banda, el quinteto sajón recreó un ambiente misterioso durante algunas ocasiones, como si estuvieran al acecho de su presa. Muchos no creyeron haber presenciado la versión de «Simple Man» de Lynyrd Skynyrd y sí, la tocaron sin que nadie se diese cuenta. Todo ello, junto a la energía desprendida del show, marcó un éxito sin precedentes de la NWOBHM que, si no fuera por la simultaneidad con Avantasia, habría batido otro récord del insecto metalero/rockero más clásico de la familia de los Mantidae.


 

Kamelot


Dos bandas más y terminaría un jueves espectacular, aunque eso sí, el momento cumbre llegaría cuando el aloe vera solventase los espasmos de las fascias plantares. La difícil decisión venía en plan: “¿Power Metal o Black Metal?” “¿Kamelot o Marduk?”. En Metaltrip lo teníamos muy claro… ¡Ambos! Para ser más exactos, primero Kamelot y luego, a darlo todo con Marduk en el escenario pequeño. Cuando la obertura de la banda americana dio comienzo y la penumbra acompañó a las toneladas de humo sin pizca de viento, la gran mayoría de los asistentes nos preguntábamos como haría Thomas para seguir cohesionando Kamelot durante más de treinta años. La vuelta de Sean al bajo, la salida de Roy Khan y de Casey, la ardua tarea de encontrar a un nuevo vocalista que diera la talla… ¡Merece una estatua de santo! La iluminación fue bastante pobre durante el show, y cierto también es que el sonido no era el más adecuado. Quizás fue un fallo imprevisto, pero que no se solucionase hasta la subida hacia Marduk dio que pensar. Hablando de los artistas, Tommy ha madurado mucho desde que le vimos en el Metal Lorca hace más de una década. Con un tono consolidado en el soprano y tintes tenores, ejecutó las líricas de los temas sin dificultad, siempre acompañado de los coros y la puesta en escena. Si no hubiera sido por el denso humo artificial, habríamos visto mejor a la querida Melissa (Ad Infinitum) colaborar con Kamelot en los duetos vocales.


Las potentes melodías de Thomas se unieron a los graves de Sean para que temas como «Rule the World» y «When the Lights are Down» se sintiesen en todo su esplendor. El público animaba a la banda durante las escenificaciones y es que, sino fuera la oscuridad circundante y la ausencia de luz frontal, estaríamos ante el mejor show reciente de Kamelot en España. Quien más salió ganando de la actuación, al igual que Tommy, fue el teclado de Oliver. En una posición privilegiada, se hizo notar su presencia al máximo. Está claro que Kamelot, sin decoros pianísticos, pierde la fuerza en un segundo y ese pilar fundamental se mantuvo a flote. Aun así, la adversidad no impidió que la banda realizase una recorrido especial a través de su discografía a partir del año 2001. Kamelot, de verdad, ¿por qué no tocasteis «The Fourth Legacy»? Sabéis la tralla y caña que meten las canciones clásicas, ¡y no recuperasteis ninguna! Al menos, vimos «Karma» antes de subir a Marduk, y según escuché de fondo, también hubo hueco para «March of Mephisto» y «Forever». No fue un concierto nefasto, más por el hecho de no verlo entero, pero se podía hacer mejor para terminar una segunda jornada perfecta de cabo a rabo, ¡casi! ¡Y todavía nos queda hablar de la salvajería blacker del tercer escenario!


 

Marduk


El último esfuerzo en subir la cuesta y llegar a Marduk no fue realizada por voluntad propia. Unas manos etéreas nos agarraron los pies y como marionetas, nos guiaron los pasos hacia el toque blacker más rudo y crudo que pudo invadir el Rock Imperivm. A la llegada, los corpsepaints y los moshpits dieron la primera impresión de lo que nos esperaba con la banda sueca. ¡Aquí iba a haber hostias como panes! Tuvimos cierta suerte de que la gente respetase la labor periodística, pero alguna noción de temor nos invadió cuando Mortuus descendió sus guturales al mismísimo infierno. Pensar en Marduk es idear una condena eterna donde el sufrimiento es lo más tranquilo que nos puede pasar. A contraluz total y las llamas azules superiores, el cuarteto extremo arrolló al público con un sonido tan chirriante y tosco que incitaba a la violencia continuamente. La música, guiada por un amplio paseo por la discografía de Marduk, no fue la única responsable de la extenuación humana. Si Mortuus veía a alguien quieto, lo señalaba como blanco de moshpit, al igual que la actitud directa de Morgan, baluarte fijo de la guitarra y el estilo compositivo. Nadie salió intacto del salvaje headbanging social, menos si contamos la brutalidad que se vivía a cada tema. Adalides de ser una de las bandas blackers con mayor constancia, nos quedamos con el abrupto final de «Wolves» y «Panzer Division Marduk». Ambos Simones, bajo y batería, no llegaron a romper sus instrumentos de milagro, porque la rabia ambiental y la insana recepción de los espectadores obligaban a controlar el concierto por si acaso. No obstante, servidor olvidó su algia plantar y cuando guardó la asténica cámara, no vaciló en unirse al clamor mortal de unos bises más en el honor de tener una banda mítica del mejor black metal sueco. Lo pedía el cuerpo, la mente, el alma, el corazón… Así que Marduk cerró el jueves en el Coliseo sin dar tregua ni descanso al cuerpo; más bien, destrucción y enérgico caos incontrolable.


 

Crónica y Fotografía realizada por Redacción MetalTrip

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