Una partida no tiene por qué acabar con su típico «Game Over». Mientras unos corren por pasarse el juego y ser los primeros en las listas de los logros de la prensa y la crítica especializada, otros exploran el mundo de entretenimiento que se les ofrece y tratan de no dejarse ni un punto atrás en el objetivo del 100%. Desde Cartagena, un conocido cuarteto thrasher revalida su estilo musical que, sin ser un extra añadido o DLC de contenido especial, hace que el público extremo coja los cascos, enchufe el micrófono y se acomode en un caldeado moshpit íntimo. La pantalla de inicio muestra una sutil imagen de violencia gratuita con el título «Endless Scorn». Al más puro efluvio de Doom, las armas se ponen a disposición del jugador y con esa imponente BSO de Injector, el objetivo de aniquilar enemigos es simple y claro. Sin embargo, algo raro hay en este reto virtual. ¿Por qué matar monstruos en el papel de los humanos si es más divertido del revés? Fácil es la respuesta si se atiende a la música de fondo…
En el universo, donde el espacio es tan infinito como la razón de la vida, los arpegios cinemáticos y teclistas de «Engelante» se conforman como la mejor introducción de suspense al pelotazo thrasher de la guerra bélica. Con un potente riff veloz donde las notas se pegan entre ellas, «Path of the Wrathgod» resalta el valor de la batería y su incipiente rol como pilar determinante en la estructura de base. La voz de Dani se nota mucho más belicosa, incluso en el desdoble coral, sintiendo la tremenda rudeza de una banda que realiza su arte sin seguir doctrina alguna. No podían faltar los breaks sincopados que Mafy utiliza como patio de ejercicio de sus graves (¡y de seguro que no falla ni queriendo!) Si queremos solos de diversos matices old school, ambos Danis presentan argumentos old school y armoniosos que evidencian las múltiples influencias grupales. De más rapidez y una técnica impecable en los rasgueos de las cuerdas, «Warning Blast» incrementa la intensidad musical a través de esa puesta compositiva que domina la calidad agresiva en contraposición de las geniales melodías que acompañan a la progresión de acordes. Entre tanta thrashería, la acústica medial se antepone a una afilada armonización solista que deriva en una suavización del tema que no consigue decaer la atención del análisis. En directo, los moshpits no tardan en salir cuando suena este trallazo y la prueba se ha comprobado varias veces. Al más puro estilo groovy y con un bajo tan sobresaliente como especial, «Resetting Time» es un guiño acérrimo al álbum predecesor, «Hunt of the Rawhead». Con ciertos toques blues y un uso más notorio de teoría, la canción se deja el alma en unir los coros y dar vida a la lírica. Ese sonido oscuro y potente deja claro que Injector no se guarda las sorpresas para el final de sus obras artísticas. El radical cambio estructural ensalza un duelo guitarrista cuyo solo se asemeja a una estética old school pero mucho más preparada y ensayada, al igual que la conjunción dual que repite la coda hacia el estribillo.
Cuando se trata de enseñar la pureza de los graves, sea cual sea el instrumento, la banda hace gala de su constancia en «The Executioner’s Song». Rodeado de un surtido elenco de matices que moldean los ritmos, el tema hace honor a su duración en contra del relativo tedio que podría suponer para los novicios en el mundo del metal/rock extremo. En un tono más limpio que incita al pensamiento crítico de la sociedad, la voz de Dani se queda arraigada a ser un apoyo de la ambientación hasta que la distorsión regresa en un acto solista que vuelve a emitir efluvios clásicos parecidos a bandas como Megadeth o Testament. En una partida virtual, entrar al núcleo de la argumentación significa encontrar la esencia de todo el bien/mal ideado. Debido a ello, «Never Enter the Core» juega con la diversificación de los tempos mientras las escalas y notas aisladas se suceden como una línea de disparos en un campo de batalla enemigo. Mientras el salvajismo utópico se hace realidad, ambos Danis reparten dosis de thrashería que merece un respeto nacional. ¡Ojalá fuera por su perfecta sincronización, sino más por ese dueto acústico a los ojos de la batería y los graves de Mafy! Entre solos se entienden ellos, aunque la velocidad no se les quita ni a palos. Para deleitar, aun más si cabe, la calidad interpretativa, «Crawling One» se presenta con esos riffs llenos de angulaciones que dan pie al uso de escalas y una peculiar visión moderna del old school que, hace años, nadie le prestaba interés cuando se combinaba la audacia con la técnica. Estas cosas son las que hacen que una banda muestre su arte al público, pues no todo es ser rápido e ir a saco.

Injector no suele hacer baladas (¡o eso parece!) aunque «Drag Me to the Void» podría pasar por una misma. Tempos relajados, ritmos galopantes con acordes terminales, toques suaves de batería sin mucha distorsión general… Que no engañen estos cartagineses, porque dentro de su concepción thrasher, cualquier melodía o tono vocal es capaz de levantar una densa polvareda de moshpits mediante esa actitud directa que transmiten a cada palabra que se expresa por las cuatro laringes. Algo de rapidez se echa en falta; no se puede obviar esa dualidad guitarrera en el área de la coda, ¡absolutamente genial! En vez de escuchar las peticiones del mundo thrasher, la banda continúa explorando otros mundos posibles en «The End of Eternity». De una delgada línea de belleza instrumental, la audaz explosión se hace patente esos galopes desbocados y llenos de graves que el público necesita para desatar la locura interior. Con sólo dos minutos y medio de old school penetrante, además de fuertes cambios en la estructura de base que dan paso al último corte, «Mindcrusher». Juntando el análisis del disco, múltiples ritmos de heavy/speed se interpretan en una cruda actuación de Mafy, artífice de unos headbangings mientras los breaks van rompiendo la concepción de una posible concordancia musical. El simple toque alternante es la antesala del mejor solo escuchado hasta el momento, al igual que la novedosa compartición melódica que se conforma como el ítem a destacar del álbum. ¿A qué están esperando, los desarrolladores de videojuegos, para encargar a Injector una BSO que sumerja a los gamers en la acción extrema? Si no lo hacen ellos, ya se encargará el mundo literario de Espécimen, ¡porque la inspiración es mutua! Encontraron su sonido, lo exploraron al máximo y sólo les queda grabar su marca en la prominente escena thrasher española, ¡desde el podio!
TrackList
- Engelante
- Path of the Wrathgod
- Warning Blast
- Resetting Time
- The Executioner’s Song
- Never Enter the Core
- Crawling One
- Drag Me to the Void
- The End of Eternity
- Mindcrusher
Nota Final = 10/10
Reseña realizada por Redacción MetalTrip

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