Con un pie en el rock, otro en el flamenco y el corazón abierto a los sonidos del Magreb, Luis Massot, cantante, multiinstrumentista y líder de Taifa, vuelve a sorprender con el lanzamiento de “Herejías Sonoras”, un disco que rompe moldes y consolida la esencia mestiza de la banda. Concebido entre Mallorca, Andalucía y Marruecos, este trabajo es un viaje sonoro que desafía etiquetas y reivindica la libertad creativa, integrando instrumentos como el laúd, el saz o el guembri en un diálogo natural con guitarras eléctricas y voces cargadas de emoción. Aprovechamos la ocasión para mantener una conversación, donde Luis Massot comparte el origen de un título nacido en sueños, la visión de lo que significa ser un “hereje” en la música actual, la experiencia de trabajar con músicos de distintas culturas y la madurez alcanzada tras años de exploración artística. También nos adelanta cómo planean llevar esta herejía musical al directo y cuáles son los nuevos puentes que está construyendo entre literatura, técnica vocal y composición.
Metaltrip: ¿Cómo surgió el título Herejías Sonoras?
Luis Massot: En un sueño. Al despertarme, esa frase se me había quedado grabada y comprendí que resumía a la perfección lo que este trabajo significaba para nosotros: Una herejía musical que desafía lo establecido. A raíz de ello, tuvimos que cambiar la portada y el diseño del cd, pero todo empezó a encajar y nos dimos cuenta que el concepto del disco no podía haber sido de otra manera, era como si tuviera personalidad propia.
MT: ¿Qué significa para ti ser “hereje” en el contexto musical?
LM: Yo siempre creí que el rock era un grito de rebelión, de libertad, de poder hacer lo contrario a lo establecido. Actualmente el panorama musical es muy rígido, tienes que estar etiquetado en un estilo concreto y seguir dentro de sus normas. Nosotros nos sentimos herejes tanto del rock, como del flamenco como de la música étnica, aunque bebamos de todos ellos.
En este nuevo trabajo nos permitimos hacer temas largos, cambios de tempo y armonía, sin importarnos si gustarían o no. Simplemente dejamos que saliera lo que llevábamos dentro y lo más sorprendente es que al público le está encantando. Quiero pensar que empiezan a haber ganas de nuevas sonoridades.
MT: ¿Cómo fue el proceso de composición y grabación entre Mallorca, Andalucía y Marruecos?
LM: Más largo de lo que esperábamos. Cada canción es resultado de una vivencia, de una historia, y a veces tiene que pasar un tiempo para que esa vivencia ocurra y la puedas contar. Pero vistos los resultados, ha valido la pena.
Referente a la grabación, decidimos grabarlo todo, a excepción de las baterías, en la intimidad de nuestras casas, y eso hizo que pudiéramos desarrollar nuestra creatividad sin las prisas de un estudio. Para las grabaciones de Andalucía y Marruecos, gracias a la tecnología ya no hizo falta que nos desplazáramos, mandábamos los temas y los colaboradores nos reenviaban su instrumento grabado.
Pero realmente lo que más preocupados nos tenía era encontrar quien mezclara y masterizara todo aquello. Piensa que había temas con cincuenta pistas o más, entre los instrumentos de la banda, voces e instrumentos étnicos. Al final Jordi Álvarez de Sa Grava estudis asumió el reto y mezcló todo aquello, siendo Mateu Picornell quien puso la guinda de la masterización. Ha sido una suerte tenerlos, ya que hemos conseguido el sonido que mejor se identifica ahora mismo con Taifa.
MT: ¿Qué papel jugaron los instrumentos como laúd, saz o guembri en tu concepto musical?
LM: El hecho de que esos instrumentos étnicos formen parte de la composición, te lleva a unas sonoridades diferentes a las habituales de una guitarra eléctrica o un piano. Dichas sonoridades te dan el privilegio de poder sumergirte en caminos musicales poco transitados, donde solo tú pones los límites. Ya no son solo instrumentos de acompañamiento de una banda de rock, sino que a veces, tienen un protagonismo sin el cual algunas canciones no existirían.
MT: ¿De qué forma el libro MaROCK influyó en la creación musical de Herejías Sonoras?
LM: Si te refieres a la parte emocional, el revivir aquellas experiencias mientras las escribía, hizo que recuperara el espíritu aventurero y “hereje” de aquellos primeros años con la banda. Por otro lado, el hecho de presentar yo solo, con el laúd árabe y la guitarra, el libro por diversos escenarios, me dio una perspectiva que ha influido positivamente tanto en las composiciones como en mi canto. Cantar sin el apoyo de una banda hizo que necesitara expresar más las letras y hacer más sentida mi voz. Eso lo llevé a la grabación de “Herejías Sonoras”, y tanto las letras como la voz misma han tomado más protagonismo que en otros trabajos de Taifa.

MT: ¿Hay canciones que evoquen directamente momentos narrados en el libro?
LM: Más bien son experiencias y vivencias actuales, pero fruto de aquellas vivencias. Taifa no sería lo que es musicalmente y personalmente sin lo que cuento en el libro. Han pasado ya veinte años, y mirando atrás, ha sido para mí una de las experiencias más enriquecedora como músico. Desde entonces he tocado con muchos músicos en ese país (Marruecos) que puedo llamar amigos, me han enseñado a tocar instrumentos que nunca imaginé que haría sonar, me he enriquecido con su música y me he sentido uno más. Es un regalo que forma parte de las composiciones de Taifa.
MT: ¿Qué significó colaborar con músicos como Juan Delola, Amin Chaachoo o Yasser el Attar?
LM: El placer de poder compartir mis composiciones con otros músicos que nada tienen que ver con nuestro estilo. Simplemente les mandábamos las canciones y ellos tenían la libertad de tocar lo que les inspiraba. Amín es mi profesor de música andalusí. Su violín en “Inmemoriam” ha sido tan genial que ha unido a la perfección lo más puro de su estilo con un tema de rock. Juan Delola es un clásico en nuestros trabajos, su toque de guitarra flamenca forma ya parte del sonido de Taifa. Y Yasser el Attar, Enric Gayá y Zouhir Miftah han colaborado con nosotros por primera vez y han enriquecido nuestro sonido todavía más.
MT: ¿Cómo integraste esa diversidad de estilos en la identidad de Taifa?
LM: Con mucho respeto a las músicas de cada cultura, aprendiendo de ellas, estudiándolas. No basta con poner un violín que suena oriental, hay que saber los modos donde se mueve. Tienes que empaparte tanto teóricamente como culturalmente, y hacer que encajen en tu composición. Cuando más aprendes de esas músicas, más puntos en común encuentras entre ellas, y a base de escucharlas se convierten en fuente de inspiración.
MT: ¿Qué reflexiones personales o sociales querías transmitir a través de este disco?
LM: Nunca he pretendo dar lecciones o consejos con mis composiciones. Espero que se lleven al ámbito personal del oyente y cada uno le dé el significado que sienta en ese momento. Cada canción cuenta una historia, una vivencia. Hay temas como «La danzante del espejo” que cuenta la experiencia real de una chica que se tomó unos hongos alucinógenos y estuvo bailando toda la noche delante un espejo, para luego decirnos a los miembros de Taifa que había visto nuestras almas. Hasta “Alas de sirena”, que cuenta como igual que las sirenas, que perdieron sus alas por miedo a usarlas, a veces nosotros perdemos nuestros sueños.
MT: ¿Qué nivel de libertad buscabas alcanzar en este trabajo?
LM: La de poder sentarme a solas con mi instrumento y dejar que el alma hablara hasta que surgieran las composiciones más sentidas. Y a la hora de la grabación, parar el tiempo y que ese momento fuera tan mágico que cada vez que escuchara “Herejías sonoras” me sintiera orgulloso de haber dado lo mejor de mí. Sin olvidar el increíble trabajo de todos los que han hecho posible este trabajo. No tengo duda alguna de que esos deseos se han cumplido.
MT: ¿En qué se diferencia “Herejías Sonoras” de proyectos como “Embrujo” o “Despertando el silencio”?
LM: Por una parte en la madurez tanto compositiva como técnica, y por otra en el sentimiento de rebeldía que impregna este trabajo. Se suele decir siempre que el último trabajo es siempre el mejor, pero en este caso no se trata de un cliché, es totalmente verídico. Basta con escucharlo para darse cuenta que las composiciones y la banda han dado un salto cualitativo con respecto a anteriores trabajos.
MT: ¿Notas una evolución en tu forma de fusionar culturas y géneros?
LM: Definitivamente si, Son ya muchos años viajando y mezclándome con músicos de diferentes culturas. Eso te lleva a crecer como músico y a ver las composiciones de otra manera. Antes me preguntaba si aquello sería bien recibido o no, en este trabajo me propuse escuchar tan solo lo que el corazón y el oído me dictaban, sin importarme el qué dirán. Incluso como cantante me propuse traspasar fronteras del estilo que antes no me atrevía. También hay que decir que hemos sido muy cuidadosos a la hora de mezclar los diferentes instrumentos étnicos con la banda. Ya no se trata de rellenos para darle cierta sonoridad, en este trabajo cada instrumento tiene voz propia.
MT: ¿Qué planes tienen para vivir Herejías Sonoras en directo?
LM: Nuestro guitarrista Miguel Maya propuso que dejáramos aparcado el antiguo repertorio de Taifa y tocáramos el nuevo disco integro. Nos pareció una propuesta arriesgada y aceptamos el desafío de llevar todo este complejo trabajo al directo. La mayoría de bandas simplemente incorpora algunos temas nuevos a su set, nosotros tuvimos que preparar todo un repertorio nuevo. Unos Taifa renovados.

MT: ¿Hay fechas o giras previstas?
LM: Tenemos pendiente una gira por Marruecos a principios del 2026, y estamos barajando algunas fechas en España. Por el momento ya tuvimos una presentación en primicia en el Carbosur fest de Granada y el público quedó encantado con el nuevo set.
MT: ¿Consideras seguir entrelazando literatura y música en futuros proyectos?
LM: Tras el éxito que ha significado “MaROCK”, estoy preparando junto con la profesora Renata Parusell del “Método funcional de la voz”, un libro sobre técnica vocal para los cantantes de rock. Toda una aventura, ya que uniremos los conocimientos de Renata, que viene del mundo de la música clásica, y mi experiencia como cantante de rock.
MT: ¿Qué descubres sobre ti mismo a medida que exploras esos «puentes culturales»?
LM: Que a veces los límites nos los ponemos nosotros mismos. Si me hubieran dicho hace años que estaría en una banda componiendo y cantando armonías ajenas al rock, tocando el bajo, el laúd, el gembri y otros instrumentos étnicos; simplemente no lo habría creído. Mis viajes y el conocer gente de esas culturas, que con toda normalidad me animaban a tomar ese rumbo, es la mejor inversión que he hecho como músico y como persona.
MT: ¿Crees que la fusión de estilos es una forma de reivindicar la identidad?
LM: En nuestro caso sí. Taifa es una banda con un sonido genuino, fruto de la experiencia de esa fusión. Es nuestro sello personal.
Y hasta aquí culmina nuestra conversación con Luis Massot y Taifa, un diálogo que ha sentido de cerca el latido mismo de “Herejías Sonoras” Con el disco ya publicado, la banda se prepara para dar el salto al directo con una gira que cruzará fronteras, España y Marruecos están entre los destinos confirmados para 2026. Esta aventura escénica será la oportunidad de ver en vivo cómo esas “herejías musicales” toman forma ante el público, armando un repertorio íntegro donde lo nuevo manda y dejando atrás viejos guiones. Sea donde sea que los escuches, lo prometido es un espectáculo valiente, emotivo y audaz: un cierre que, en realidad, anuncia un nuevo comienzo para Taifa.
Entrevista realizada por geles@metaltrip.com




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