El pasado viernes 23 de enero de 2026, el Teatro Eslava de Madrid se transformó en una cápsula del tiempo que transportó al público al corazón más oscuro y vibrante de la Movida Madrileña. Ana Curra, figura indispensable de aquella vanguardia, lideró un viaje emocional que conectó el presente con el legado imperecedero de su etapa en Parálisis Permanente. Y es que hay noches en las que la música deja de ser un espectáculo para convertirse en un rito de paso, un puente tendido entre lo que fuimos y lo que está por venir. El concierto de Ana Curra no fue solo una cita con el post-punk de años atrás; fue una invocación a la nostalgia y un relevo generacional necesario; y donde el espíritu de Eduardo Benavente se hizo presente a través de himnos que definieron a toda una generación. Ana Curra, aún con el corazón encogido por la reciente pérdida de su padre, se subió al escenario transformando el duelo en una descarga de emociones crudas, haciendo de la vulnerabilidad su mayor fuerza.
Tras una primera parte centrada en su etapa en solitario, con canciones como “Pájaros de mal agüero”, “Afrodita la monarca” o “Activista de la idiotez”, el ambiente cambió cuando empezaron a sonar los ecos de Parálisis Permanente. Y para la ocasión Ana Curra se hizo acompañar de grandes músicos, y amigos, todos integrantes en algún momento de la mítica banda. Ver reunidos a Scappa a la batería, Rafa Balmaseda al bajo, y Antonio Moreno “Battaglio” y Manolo Uvi a las guitarras, volver a interpretar temas como “El acto” o “Esa extraña sonrisa”, fue como retroceder en el tiempo; y en mi caso, volver a una época donde cada sábado el programa “La Bola de cristal” era la banda sonora de muchos. Fue un viaje en el tiempo que alcanzó su punto álgido al sonar el tema “Quiero ser Santa”. En ese momento se abrió un bloque de clásicos donde la reina del afterpunk se rodeó de savia nueva, demostrando que su legado no está guardado en un cajón, sino vivo en las manos de las nuevas generaciones. Así canciones como “Nacidos para dominar”, “Héroes” en su adaptación del clásico de David Bowie , o “Unidos”, fueron interpretados por jóvenes talentos como Ares Nueve D., Diego La Plata, o Álvaro Biznaga, entre otros.
La pausa necesaria, a esta cascada de emociones, llegó al inicio de los bises, introducidos por la solemnidad de la música de Bach, que dio un respiro para procesar una noche cargada de recuerdos, un momento que fue sobrecogedor donde Ana Curra pidió al público que aguardará en silencio durante treinta segundos como homenaje a todas personas que físicamente ya no están. Con la imagen de Eduardo Benavente presidiendo las pantallas y solo el sonido del órgano de la carismática artista como único protagonista. Así hasta irse sumando poco a poco el resto de la banda que la lleva acompañado en este último tiempo, una banda que equilibra veteranía y juventud. Luis, a la guitarra, aportó la energía del que empieza; Pilar Román, al bajo, se confirmó como la pieza fundamental que sostiene todo el engranaje; e Iván Santana, desde la batería, daba el toque a ese estallido final que recordó a todos que, aunque los cuerpos se vayan, el espíritu del punk es eterno.
Para el cierre de este concierto, la energía se desbordó en una euforia colectiva que borró definitivamente las fronteras entre el escenario y la pista del Teatro Eslava. La artista y pionera de post-punk en España, volvería a rodearse del talento joven para interpretar sus clásicos, y otra vez sentiríamos ese espíritu de rebeldía y de inconformismo de otras épocas. Así el público volvió a vibrar con canciones como “Adictos a la lujuria”, “Autosuficiencia” y “Texas”, interpretadas a dúo con Anxela Bala, Diosito La Élite, y Anna y Skifer, de Sistema de Entretenimiento , donde la barrera generacional quedaba rota por completo. Los que en su tiempo vivieron estás canciones, pudiendo resucitar ese espíritu rebelde de su adolescencia, y fusionarse con la multitud de gente joven que disfrutaron de temas que ya son eternos. Para el final Ana Curra se despidió no solo como la superviviente de una era, sino como la musa de un movimiento que se niega a ser domesticado, demostrando que su piano y su voz siguen siendo el motor de una resistencia cultural incombustible de un movimiento, que aún con sus luces y sus sombras, permanece en la memoria colectiva.
Setlist
- En Esta Tarde Gris
- Envuelta en Ron
- Pájaros de Mal Agüero
- Afrodita la Monarca
- Ghost Rider
- Activista de la Idiotez
- Intro Requiem (Instrumental)
- El Acto
- Esa Extraña Sonrisa
- Te Gustará
- Quiero Ser Santa
- Nacidos para Dominar
- Sangre
- Héroes
- Tengo un Pasajero
- Quiero Ser tu Perro
- Unidos
- Bach (Instrumental)
- Adictos a la Lujuria
- Autosuficiencia
- Texas
Crónica y Fotografía realizada por Geles M.R.













1 comentario
Sindelar
Corrección: los músicos de la Bola de Cristal fueron: Manolo UVI al bajo; César Scappa y José Battaglio a las guitarras y Rafa Le Doc a la batería y nunca formaron parte de Parálisis. En 2012/13 estuvieron tocando con Curra en la gira ‘Ana Curra presenta El Acto’.
Por otro lado me hubiera gustado leer algo acerca de la actitud de los chavales que subieron al escenario; quiero creer que emocionados por la ocasión, en algún momento aquello pareció más un festival de colegio que un concierto profesional. Aun así, estuvo bien el concierto.