Celebrar la Semana Santa posee una significancia especial para la sociedad mundial, más cuando aparece la fiesta de la Pascua. Muchos eventos heavys aprovechan la oportunidad para dar salida a festivales de diversa índole temática. En el centro de la histórica Münich, el Dark Easter es la cara más oculta y antirreligiosa que, desde hace más de una década, atrae a los fans y acérrimos de las vertientes más extremas del metal/rock. Multitud de bandas han dado conciertos y shows cualitativos a lo largo de los años, hasta hacer que el Dark Easter se cambie su ámbito de evento nacional a europeo. Multitud de personas de la diversa geografía del viejo continente se dieron cita, en los días terminales de la Pascua, en el precioso recinto del Backstage, donde cada uno de sus escenarios (Werk, Halle y Club) albergarían las distintas propuestas musicales que conformaban el brutal y variado cartel del Dark Easter en 2026.
Con muchas ganas de descubrir otro festival aparte de los macroeventos de verano, Metaltrip decidió embarcarse en la aventura para dar testamento de cómo se vivió una doble velada de metal/rock en todo lujo de detalles literarios y material visual. Merchandising por doquier, puestos de artesanía y orfebrería con un amplia oferta de enseres muy interesantes, intercambio de discos y vestuario propio, exposiciones fotográficas, así como arte de múltiples manifestaciones… ¡La música metal/rock no lo es todo si no se apoya en su característica cultura social! Aunque algunas actuaciones no se pudieron contemplar por distintos motivos, el ánimo por volver a disfrutar del ambiente heavy fuera de España era algo demasiado gustoso que Wesker os mostrará para que os animéis a ir en futuras ediciones.
Lik
Después de una visita rápida por el centro de Münich, en la mañana, aparte de degustar algunos manjares típicos de la zona, volver al Backstage dibujó una sonrisa plena que se compartió entre los cientos de asistentes que ya querían música extrema a tope. Una desavenencia no se tuvo en cuenta antes de salir del hotel, que condenaría la pérdida de algunos shows más adelante. El primer bocado de pura brutalidad, en el escenario principal del Werk, estuvo a cargo de los suecos Lik. Bajo una estética cadavérica propia de una funeraria y la actitud por las nubes, el cuarteto decidió que reventar al público era la única opción de mostrar el auténtico poder del death metal/rock sueco moderno. Con una discografía de cuatro álbumes de estudio y variando el setlist escogido entre ellos, la maquinaria del cuarteto no tuvo piedad en repartir tralla sonora mediante una distorsión desmedida similar a un camposanto despierto en el crepúsculo. Quizás, algunos abruptos se podrían criticar por la nivelación sónica; ¡nada que afectase a la calidad acústica general!
La gente supo que Lik no venía a hacer un concierto de picnic para colegiales, así que los moshpits se armaron al instante en que “War Praise”, “Morgue Rat” o “Decay” infundieron los sentimientos necesarios para la violencia social. Los músicos, llenos de satisfacción al ver el panorama que causaba su estilo artístico, decidieron participar también en la acometida dentro del Werk. Aunque Tomas no se separaba mucho del micrófono por su rol de vocalista, los pocos puentes y solos fueron el aliciente perfecto para interactuar con sus compañeros, más en especial con Niklas (Katatonia) en el reparto de la tarea cordófona. Después de “Ghoul”, la banda quiso frenar un poco la salvajería escénica con “They”, pero la promesa cayó en saco roto con la negativa de la gente a la petición de rebajar la intensidad. Joakim se encargó de que los graves mantuvieran el fervor de base solidificado, sin olvidar la reciente incorporación a la batería, Emil (Tsjuder). Nadie dudó en afirmar que el show de Lik se sintió muy corto a pesar de la docena de cortes interpretados y finalizando con “To Kill”, dejando un regusto inicial fabuloso que daría paso a la apertura conjunta del Halle y el Club.
Thron
Quedarse con ganas de más tralla salvaje como la ofrecida por Lik era un deseo ferviente en el inicio de la segunda jornada del Dark Easter. Por ello, algo más de arsenal blacker se necesitaba en los escenarios confrontados. Aquí entró la dualidad de Thron y Schreigarm, dando la primera impresión en el interior del Halle con la actuación brutal e inesperada del quinteto Thron. Intimidantes cuales lobos en busca de presas desde el principio sin compasión alguna, los artistas desplegaron una fiereza sonora tan notable que las melenas se peinaban hacia atrás con la imponente voz del líder SAMCA al frente. No había quien se librase de notar la furia natural de una banda que supo ganarse al público sin aderezos salvo el corpsepaint que se entendía por todo el cuerpo aparte del rostro. Con algo de mejoría en la iluminación sobre el escenario, los germánicos repartieron su actitud hostil entre un público que, habiendo llenado el Halle mucho, no dudaron en mostrar más moshpits desbocados de gula desmesurada gracias a la bestial cordofonía desplegada.
Con una discografía numerosa y que ha recibido críticas muy positivas, Thron decidió dar más presencia a sus álbumes recientes, como fue el caso de “Vurias” y algunos tintes rápidos a “Dust” y “Pilgrim” (¡una pena obviar los primeros trabajos discográficos del grupo!). Combinando los elementos clásicos del black extremo y un toque old school impresionante, Thron complació a los presentes a través de su veloz propuesta y un ambiente perfecto inclinado hacia la brutalidad en la justa medida de disfrute social. La impresión propia de Metaltrip cayó en una espiral de locura incipiente que acabó por dar cabeceos sorpresivos al ritmo caótico de “Astral Materia” o “The Tyranny of I” (¡éste último quedó divino con la participación coral al unísono!). Después de acabar “The Serpent’s Path” y contemplar la exhaustividad que algunos ya palidecían del frenético show y su sorpresivo desarrollo, la algarabía volvió a crecer, en total potencial, con más ideas interesantes que a Metaltrip le hubiera gustado disfrutar en pleno éxtasis blacker. Sin duda, Thron acabó siendo un descubrimiento inaudito para los amantes férreos del old school en los tiempos modernos, ¡así que no le perdáis la pista!
Schreigarm
Es una pena que poco testimonio se puede contar del debut, en directo, del dúo ucraniano Schreigarm en el recinto del Club. A la llegada de nuestra cobertura, la banda ultimaba su concierto con la recta final de los últimos temas. Sin embargo, fue más que suficiente para comprobar que la atmósfera blacker del grupo, en el cual se incluían toques folclóricos y paganos, triunfó ante quienes se acercaron a disfrutar de una propuesta diferente donde la estética teatral era un aspecto a valorar de forma muy positiva. Siendo Schreigarm un dúo varonil de guitarristas, Ingvarr y Styrr, tuvieron la excelsa compañía femenina de Alina “Lýna” que puso su habilidad baterista a disposición del show debutante. Los pocos momentos emotivos se vivieron en plena intensidad espiritual, regalando una vivencia pagana que muchos calificaron mediante un grado de deleite muy aceptable (¡los aplausos y miradas fijas en el espectáculo lo decían todo sin hablar!)
Ataviados con ropajes dignos de una ceremonia de culto, la presencia de voces en off, toques ambientales y una representación de una destrucción de deidades, Schreigarm se volcó en que sus dos discos de estudio cobrasen vida propia. Cierto que no haberlos visto más tiempo es un error imperdonable para Metaltrip, pero se vuelve a reiterar que, ante un debut explosivo y bastante interesante del dúo ucraniano afincado en Alemania, Schreigarm volverá a ser el objeto de atención muy pronto en otros eventos locales o nacionales. Además, hay que tener en cuenta la disposición de los horarios y que moverse por ambos recintos, a pesar de la cercanía, no se puede volar encima de un público que no dejó de saturar los escenarios casi por encima de sus posibilidades de aforo (¡no es una crítica seria, para nada!)
Enthroned
Al acceder al Werk para disfrutar de otra descarga blacker inaudita con Enthroned, la emoción se disipó cuando la cámara dio el primer aviso de batería baja. Eso significaba que una carga debía realizarse justo después de la documentación visual con Enthroned. Se sacrificaría la cobertura dual de Décembre Noir y Vollmondprozession, pues una disculpa por la ausencia de consciencia antes de llegar al evento no suple las disculpas hacia ambas bandas y el festival del Dark Easter. No obstante, energía hubo suficiente con motivo de dar visibilidad al black metal/rock de Enthroned, banda adalid del género en Bélgica. Con la figura central de Nornagest repartiendo guturales a destajo, el resto de miembros le siguieron en la frenética actitud de rabia y hostilidad hacia los presentes. Entre gestos satánicos y un ambiente infernal gracias a la cálida iluminación, Enthroned retomó la tarea extrema de Lik, dentro del Werk, con un aumento de la distorsión en el sonido técnico y mucha más furia escénica. Aquí no se podía huir de la bestialidad internacional, sólo unirse al culto diabólico y ser un sacrificio en favor del old school en la actualidad.
Nornagest, como miembro más antiguo del grupo, se encargó de ser el director de orquesta que lideró el triunfo de Enthroned ante la expectación social. Repartiendo el protagonismo entre los compañeros de sesión, fue el ojo del huracán durante toda la actuación. Unas guitarras afiladas, en manos de T. Kaos y J. Goat, lograron que los salvajes cabeceos de cada riff extinguiesen la voluntad mental de los fans y acérrimos. En una dinámica bastante exagerada sin tregua a la calma espontánea, el rostro de VSC no fue visible detrás de la frondosa melena, la cual parecía tocar el bajo en lugar de las manos. Dentro de su quietud, la potente acústica grave puso a tono los rincones del Werk, devolviendo el espíritu a los moshpits centrales. Detrás de la mesa técnica, la gente tampoco escondió sus ganas de estallar al ritmo de temas como “Deathmoor” o “Hosanna Satana”. Gran parte del repertorio se guió por el último álbum de Enthroned, “Ashspawn”, pero hubo guiños repartidos a la extensa discografía que evitaron el enclavado perenne al mismo. Una decisión acertada para que los novicios contemplaran la versatilidad del arsenal blacker y se estableciera un gusto afín a la industria extrema en directo.
Thyrfing
Bastante se pudo conseguir cargar la cámara, al menos, para aguantar la embestida nórdica que iba a suceder con la llegada de Thyrfing. En las primeras filas del público, multitud de maquillajes faciales con runas e inscripciones recibieron, con orgullo y pasión, la enérgica descarga musical de una banda sueca dispuesta a mostrar el Valhalla en su hábitat natural. Con muchas ganas de ver material nuevo de Thyrfing en estudio, el grupo supo reivindicar su conjugado legado blacker y vikingo mediante un repaso a su discografía donde sólo se pudo recriminar la ausencia de cortes o guiños al álbum homónimo debut. No fue ningún condicionante en la disminución de la calidad escénica, ya que Thyrfing también dio salida al uso de la pantalla digital trasera para ambientar sus temas con diapositivas e infundir la emoción necesaria al público que apoyaba la causa en pleno éxtasis. Es digno de admirar cómo el único miembro original, Patrik, a expensas de su genial labor guitarrista y creatividad ilimitada, ha mantenido viva la llama del grupo a lo largo de los años, evitando dar punto y final a un proyecto fiel a sus raíces musicales incluso en los tiempos modernos.
La dinámica del show siguió una línea creciente de disfrute en función de la experiencia surrealista del Valhalla. La iluminación varió bastante según cada tema ejecutado, a la vez que una niebla escénica ocultó el contenido multimedia trasero. Un aspecto negativo que pudo haberse solventado, aunque más tarde se intensificó cerca del final. El sonido general estuvo bien nivelado, notando cierta distorsión áspera que ensombreció algunos puentes y estructuras folclóricas que daban una estética más fiestera entre tanto black/viking. Patrik regaló una auténtica lección de maestría cordófona junto al Fredrik, artífices de ritmos increíbles y unos solos perfectos. La recién llegada de Karl al bajo supuso un cambio rudo en la presencia de los graves, sin obviar el tremendo apoyo coral en las líricas. A la vez que Dennis controló la batería en un uso comedido del kit percusionista, el azogue huracanado fue feudo absoluto de Jens, el cantante que se llevó el mérito social debido a la alta tasa de interacción con el público. Apremiando siempre a la intervención externa al show, aunó al Dark Easter bajo una misma bandera en los últimos cortes. Su fácil conexión carismática se llevó el triunfo que hizo a Thyrfing despedirse entre laureles y ovaciones generales, así como una incesante petición de bises extras.
Ruïm
Al igual que sucedió el día anterior entre Todomal y Schammasch el primer día, una imperiosa necesidad de dividirse y acudir una cita doble en el Halle y el Club. Con la cámara más recargada de batería y solventando la saciedad con algunos aperitivos locales de rescate a costa de perder la actuación simultánea Vollmondprozession y Décembre Noir, tras Thyrfing hubo que decidirse por Ruïm en primer lugar. Aunque el naciente proyecto es de origen portugués, es imposible obviar el reconocimiento del mítico guitarrista de Mayhem, Blasphemer, actual figura también en Aura Noir. Es una estética mística y esotérica rodeada de elementos simbólicos de diferentes culturas, Ruïm no se conformó con dar salida a su álbum debut, sino que transformó el Halle en un auténtico infierno de iluminación cromática muy intensa (¡una proeza que gustó bastante!). Llegando incluso a cegar algunos pasajes musicales, la escénica le vino genial al grupo con motivo de ensalzar el valor surrealista de la vida actual.
A pesar de la estática grupal y la carencia de movimiento general sobre el escenario, los artistas de Ruïm sí que se doblegaron al azogue personal, siendo seguidos de las masas sociales y la génesis de moshpits a la orden de Blasphemer. Cual director de un culto sectario, su presencia tras la simbología frontal le hizo ser la figura absoluta de la atención mediática, la cual también se compartió con los compañeros cordófonos de sesión. Más tarde, después de acabar “Evig Dissonans” en un desarrollo musical potente y repleto de exabruptos técnicos (muchos pero sin apenas interferencia con la calidad sonora) la retirada de Metaltrip hacia el Club estuvo a punto de ser frenada cuando Ruïm decidió hacer honores al legado de Mayhem con la presencia inesperada de Nornagest (Enthoned) a las líricas que se avecinaban. La tentación de quedarse era muy fuerte, pero Cwfen también merecía su espacio mediático obligatorio. Con mucho dolor por no disfrutar de las versiones de Mayhem, hay que lanzar un órdago a favor de Ruïm, demostrando que el proyecto de Blasphemer está consolidado y listo para devolver el espíritu clásico de la blackería más radical.
Cwfen
Justo al entrar en el balcón del Club, la tremenda cordofonía que reverberaba por el recinto dejó al descubierto el desastre que se había cebado con la banda escocesa Cwfen. ¡Una verdadera lástima, en especial, por no poder distinguir el dulce tono vocal de la cautivadora Agnes Alder! Si los manchegos Todomal pusieron el toque doom/gothic en el Dark Easter, Cwfen cogió el relevo con mucha honra y disposición. Por desgracia, la gente de las inmediaciones pedía, a gritos y súplicas, que se mejorase el sonido de Cwfen de una vez. No sabemos si las peticiones llegaron al equipo técnico, aunque la fatalidad estaba servida ya de antemano. La parte emotiva era que, dentro del caos sonoro, la banda aparentaba una sobresaliente contraposición a los obstáculos continuos. Es decir, Agnes y compañía sabían lo que sucedía y decidieron seguir adelante en el compromiso de que su álbum debut “Sorrows” tuviese el estreno que se merecía, incluso en la presente niebla sónica adversa.
Hablar de Cwfen es llevar el interés hacia la única fémina del grupo, Agnes Alder. Contemplando la actuación desde balcón, los breaks y las rupturas melódicas se convirtieron en los baluartes de la escucha acústica sobre ella. Al más puro estilo laríngeo de artistas similares, como la reputada A.A. Williams, Agnes contrastó su belleza lírica junto a las dotes de la guitarra rítmica. La música percibida de los escoceses abría el alma y le infundía vida más allá de la agónica realidad, lo cual marcó a gran parte de los asistentes. Apoyada por una banda que la hacía brillar en pleno éxtasis divino, la interpretación del trío final del show con “Penance”, “Embers” y “Rite” consiguió que, dentro de los problemas sonoros, la gente se volcase con Cwfen en pleno apoyo mutuo. En vez de buscar culpables y criticar a destajo, hubo una antítesis a todo eso que jamás se esperaría en un show que, en otros escenarios (¡en los españoles no habría pasado!) hizo que Agnes se arrodillase en plenas lágrimas de empatía. ¡De verdad que se deseó una repetición completa de Cwfen en el Dark Easter, y ojalá así sea en futuras ediciones!
1914
El mundo del heavy no es ajeno a lo que sucede en el exterior, ya sean conflictos bélicos, hambrunas o catástrofes naturales. Un poco de sensatez y empatía era lo que se necesitaba en la actuación de los ucranianos 1914, uno de los ejemplos más claros de altavoz heavy para los sucesos que acontecen en la absurda disputa que hay entre Rusia y Ucrania. Se les quería ver, en acción, al quinteto dejándose el alma con las geniales lecciones históricas sobre la Gran Guerra y su impacto en Europa del Este. Por desgracia, la irrupción de la guerra en su tierra natal les obligó a cancelar muchas fechas ya concertadas, en la cuales darían salida a su reciente álbum “Viribus Unitis”. El dolor y el horror constante de Ucrania se contempló en los músicos, quienes dentro de la penumbra iluminativa en el Werk, pudieron desarrollar su show ante la emotiva compasión de un público receptivo y concienciado con la causa a favor de un pueblo atosigado por una guerra de desgaste. La falta de luz frontal al escenario no mostró la cara más tierna de 1914, donde su propio cantante, Dmytro, acabó llorando (varias veces) al recordar las masacres perpetradas contra el pueblo ucraniano. No hay derecho a realizar tal maldad, ¡ni deber que lo justifique!
Seis canciones, bien escogidas de la discografía en menos de una hora de concierto, bastaron para describir, en perfecta sincronización con la temática bélica. La prioridad recaía en “Viribus Unitis”, aunque el momento álgido fue el final con “Passchenhell”. Dmytro no era capaz de contener las ganas de repulsa y denuncia hacia la desgracia cebada sobre su nación, al igual que la doble cordofonía de Oleksa y Vitaliy. Ambas guitarras expelían sus rasgueos como llantos de niños huérfanos, mientras que el bajo de Armen, bastante estático, resistía la tentación de aumentar su potencia para que el rugido de los graves rompiese las barreras de la sensibilidad mundial. No era sólo hablar de la Gran Guerra y poco más, sino que el contraste unido de ambas guerras, separadas por más de un siglo de tiempo, poseían la misma crudeza humana. Quizás por ello, 1914 se labró un ferviente apoyo en el Dark Easter, pues no siempre se tiene la oportunidad de reivindicar la paz a través del arte extremo. Aunque la cultura debería quedarse neutral en la medida que sea posible ante estos aspectos, hay excepciones claras y posicionamientos como la experiencia vivida con 1914 enfrente del multitudinario público del Dark Easter.
Triptykon
Ocurrió en el Eindhoven MM de 2025 y ahora sucedería de nuevo para Metaltrip. Cierto que Whoredom Rife y Ponte del Diavolo sirvieron de cena justo al acabar 1914 y la cobertura no se pudo realizar; ¡retomar fuerzas para Triptykon es una excusa de peso refutada! Volver a tener al maestro Tom G. Warrior mostrando el legado de Celtic Frost junto a los clásicos de Triptykon es una cita obligada como catedral musical que continúa sirviendo de fuente inspirativa para el culto del metal/rock actual, incluyendo las vertientes old school. Disfrutar el estilo escénico de Triptykon, en total indiferencia a la interpretación, resulta fundamental entender el contexto que supone experimentar una multitud de sensaciones sobre el sentido de la vida y la filosofía de la realidad. Al contrario del Eindhoven MM, el show de Triptykon en el Dark Easter tendría, como dogma central, el vigésimo aniversario de esa joya ignorada que es el álbum “Monotheist” de Celtic Frost, aunque sin desmerecer el respeto a himnos como son “Goetia” o “Aurorae”. ¡Hubo de todo en poco más de una hora, y aun así, la gente no podía dejar de agradecer en el final instrumental! El Werk estaba lleno, ¡no cabía ni una hoja de papel!
Apartado el telón, la sorpresa lumínica hizo que el cuarteto suizo fuese el agraciado de la escenografía más perfecta de todo el festival germánico. Los músicos siguen siendo idénticos a la última vez vistos en Países Bajos, pero las sorpresas no se hicieron esperar con el inicio del trío de temas que abre el venerado álbum, “Progeny”, “Ground” y “A Dying God Coming Into Human Flesh”. La gente ya enloqueció con el debut, en vivo, de “Progeny” bajo la estética de Triptykon, más sucedió con el desarrollo posterior de la actuación. Modulando la iluminación en función de las sensaciones a experimentar, Triptykon también dio la sorpresa con “Domain of Decay”, que también se interpretaba por primera vez, para acabar con ese hito extremo tan coreado y reputado como es “Synagoga Satanae”. Para el atónito público que recibía las inesperadas sorpresas, lo importante fue centrar el interés en realizar los coros a cada rato, mantener el entusiasmado candente y formar parte de un espectáculo que no decepcionó ni al más crítico o insensible. Esa imagen de ver a una prolífica banda ejecutando su maravilloso concierto en un ambiente que irradiaba conocimiento… ¡Celtic Frost es la sabiduría del metal/rock en su época old school y Triptykon, el medio para predicarla al mundo!
Es difícil ver a Tom G. Warrior dando la nota en algún show, pues su metodología vital se resume en: “Mente sana en cuerpo sano”. Feliz de ver la respuesta al aniversario del “Monotheist” y portando su habitual carisma que tanto gustó, volvió a ser un adonis humano a través de una ejecución guitarrista perfecta y muy profesional; ¡qué desglose vocal tan sombrío y bello a la vez!. Su dinámica mutaba en función de las emociones a transmitir por las líricas, pero sin perder las habituales muecas de aprobación. Su compañero de cordofonía, Victor, era la cara visible del espiritualismo que envuelve al estilo musical de Triptykon. En absoluto contraste a Tom G. Warrior, el rostro de Victor reflejaba cada uno de los estados mentales que las canciones evocaban, aunque con un plus extrovertido muy satisfactorio. Catatonia introspectiva, sumisión psicológica, tristeza existencialista, humanismo filosófico… Un acorde menor y/o disminuido de una determinada progresión le provocaba un éxtasis emocional que se contagiaba por cada rincón del Werk. No se yerra al decir que Victor hizo la competencia a Tom G. Warrior en el reparto guitarrista, ¡aunque desde una estética de rivalidad mutua que resultaba formidable!
Ya que ambas guitarras se conformaban como una línea armónica y melódica dual, ¿quién daba la potencia al show? ¡Aquí entra la base estructural de los graves y la batería! Vanja jamás dejará de ser, desde hace casi dos décadas, la faceta más ruda de metal/rock extremo. Mirada hostil, muecas agresivas, crudeza sonora a cada golpe al bajo… No será la bajista más reputada ni la más conocida en la actualidad, pero en el mundo underground, ¡no hay nadie con tanta calidad interpretativa como ella! ¡Justo ahí radica su importancia especial dentro de Triptykon! Un simple toque abría los corazones para dejar escapar el alma del interior, haciendo que “Altar of Deceit” o la icónica “Circle of Tyrants” provocasen un aluvión ambiental propio de evento único e irrepetible. En similitud, Johannes repicó su kit baterista en concordancia al desarrollo del show. Si era necesario bajar el tono o suavizar la cara emocional, ¡ahí estaba el primero! La génesis de una atmósfera adecuada a la actuación estuvo a su cargo, ¡y qué labor más perfecta hizo! Veinte años antes, después o futuros, Triptykon ofreció hizo brillar al Dark Easter en una plena redención al “Monotheist” abriendo un sendero de contraste atemporal que la gente no cesó de agradecer desde el comienzo hasta la sentida despedida; ¡se hizo muy dura tanto como emotiva de la felicidad general!
Darkher
El sermón de los maestros legendarios suizos podría haber sido suficiente para descansar la mente hasta la llegada final con Grave, pero la incipiente curiosidad en las últimas propuestas del Halle y el Club impidió el descanso musical. Un ambiente místico y esotérico emanaba de la entrada a los escenarios gemelos, más en especial, del Halle. La última banda que saldría ante los presentes sería el proyecto unipersonal de la artista británica Jayn Maiven “Darkher”. No habría ningún aburrimiento ni desidia, pues toda la gente que había en el interior del recinto era la prueba fiel de la importancia del show. En una oscuridad suave y apartada del foco iluminativo, la artista se desveló tras el telón como una figura etérea que, portando su guitarra, cautivó al Dark Easter mediante su grácil y delicada voz.
Celebrando el décimo aniversario de su disco debut “Realms” y varios cortes del segundo, Darkher impresionó al público del festival de principio a fin con una actitud tierra y maternal, recitando nanas envueltas en un doom/gothic atmosférico, casi similar al estilo shoegaze de su compatriota A.A. Williams. No obstante, Darkher va más allá de explorar dimensiones ocultas y realidades paralelas. La experiencia en directo se inclinaba hacia una explicación natural de la existencia, fluyendo la música cual canto a la vida desde una perspectiva distinta a la habitual. Tal fue la catatonia mental que apartar los ojos de ella sólo se permitía en favor de contemplar la contraparte percusionista de Christopher, único apoyo de retaguardia para Darkher, quien hizo una labor excelente en su rol baterista sin fallos ni excesos técnicos. Si no hubiera sido por el interludio que hubo al final de “Wars” y “Lowly Weep”, el Club se habría quedado sin un último vistazo por parte de Metaltrip, dando un aplauso fuerte a la multitud de sensaciones indescriptibles que Darkher despertó en quienes se acercaron a disfrutar de su sombrío y especial espectáculo introspectivo.
Hail Spirit Noir
Suerte hubo de ver a Hail Spirit Noir en el Club, pues la seducción musical de Darkher era tan intensa cual veneración de una diosa descendida entre los mortales. Al entrar en el recinto, la primera impresión de la banda helénica recordó al día anterior con Todomal. Un poco de doom por aquí, toques progresivos por allá… Ante una fuerte influencia lumínica colorada, empezar “Fossil Gardens” para terminar, (entre aplausos y bises) con “Haire Pneuma Skoteino” mostró que seis artistas en el escenario eran más que multitud. Bastante apretujados y sin posibilidad moverse, el grupo enseñó que la rutina predecible no es posible a través de una música ecléctica y donde los breaks eran el toque especial de la casa griega. La reciente incorporación del cantante Arne ni se notó (¡parecía que llevaba en el grupo desde el principio!).
Aunque había poca gente en las inmediaciones por la inminente llegada de Grave al Werk, Hail Spirit Noir fue el colocón final perfecto que, en palabras del público, mereció tener más representación (¡opinión ecuánime!). Según se pudo averiguar, el setlist de la actuación fue un repaso a la discografía grupal, aunque con mayor prioridad a los últimos trabajos. Se siente el haber llegado tan tarde a Hail Spirit Noir; ¡el solapaje con Darkher no permite que servidor de Metaltrip se desdoble por la mitad! Eso no quita a que la breve visión musical de Hail Spirit Noir tuviese un componente de interés mediático, pues de seguro, ¡habrá una oportunidad de disfrutar el show al completo!
Grave
El Dark Easter, después de tantos shows brutales, tenía el campo de batalla desperdigado de cuerpos exhaustos esperando la última estocada musical. Para ello, había una solución muy evidente, coger los cadáveres y enterrarlos en la tumba. En otras palabras muy resumidas: “Corpses to the Grave”. Invocado el lema, la legendaria maquinaria sueca de Grave, liderada por ese portento fúnebre que es Ola Lindgren, hizo acto de aparición con la excavadora sonora lista para dar inicio al complejo musical que machacó el restante raciocinio del Werk. Con un setlist de puro old school que se centraría en los primeros álbumes de la banda, “Into the Grave” y “You’ll Never See” de principios de los noventa, Grave mostró su faceta más cruda y pesada con una gran ausencia al frente que se lamentó muchísimo. La voz de Jörgen rompió esquemas con Firespawn el día anterior; ¡hubiera estado genial que el cantante original hubiese otorgado su presencia laríngea junto a Ola! No se puede tener todo en la vida, pero ese deseo quedó patente durante todo el show.
Aun así, en contra de esa carencia, hubo un suceso que caló muy hondo en los fans a mitad del concierto. No sólo se interpretó un setlist enérgico y fuera de sí, pues también hubo tiempo de ejecutar, al completo, la demo “Black Dawn” que sirvió como antesala al grupo definitivo y que se editó cuando la banda se llamaba Corpse. Si eso no es una proeza histórica a reivindicar en el metal/rock actual, ¡que vengan los “críticos especialistas” a argumentar lo contrario! La gente flipó, en colores y sangre, de oír la unión atemporal, pues casi nunca ocurren estos momentos especiales que han marcado generaciones e inspirado a grupos consolidados de la escena extrema; ¡más en el mundo underground! Ahí radicó la tremenda sensación de old school que envolvió al show y le hizo romper la expectación social en unos bestiales moshpits azuzados por la insanidad mental. Las leyendas como Grave no permiten que la estática reine en sus espectáculos, menos cuando el sonido clásico acompañó a los artistas en una calidad suprema de acústica en directo. No falló nada, ni siquiera la luz general que volvió a deleitar su encanto como ocurrió en Triptykon.
Hay quien dirá que los artistas de Grave son viejas glorias del milenio pasado; por desgracia para esa idea perversa, el espíritu juvenil de rebeldía y vivencia al límite es lo que más se notó en el cuarteto varonil sueco. Con edades que rondan por la madurez adulta tardía, la fiereza escénica tuvo un descomunal propósito respecto a la instrumentación. No sólo se trataba de tocar temas y envalentonar el ambiente, también había que imponer presencia con una actitud hostil y agresividad gesticular. Ahí estuvieron los suecos siempre, haciendo que el show se sintiese cual ardor muscular y rotura ósea. Sin apenas separarse del micrófono pero en una dinámica de azogue personal, Ola recrudeció su laringe al estilo de Jörgen para ejecutar unos tonos guturales de intenso arraigo emocional. Cual autopsia en directo, las líricas expelidas de su boca cercenaban la estima social en una distinción guitarrista perfecta. Una sola orden bastaba con motivo de estallar la expectación social y que los salvajes cabeceos fueran el trasfondo de la actuación. Añadiendo la frenética actitud de Jonas con la segunda guitarra, las canciones obtuvieron un extra de emoción nostálgica. Debido a asuntos de la rutina diaria, su ida y vuelta en el grupo se ha convertido el algo usual que arroja cierto suspense en los fans de Grave. No obstante, ¡verle tocar es una delicia al alcance de ocasiones muy especiales!
Otro regreso fue el de Tobias (Darkened, Necrophobic) que ya militó en las filas del grupo hasta hace unos años. Portando su bajo cual juguete al aire, su inicial postureo se transformó en la guía perfecta de los movimientos en masa por el recinto. Los graves que rasgueaba del bajo eran muy diferentes de su personalidad simpática y muy cercana. Es decir, él sonreía por doquier mientras sus líneas bajistas destrozaban los oídos en una distorsión capaz de quebrar el hormigón armado. Mucha gracia era verlo saltar de un lado a otro y la gente, frente a él, hacer lo mismo en corrillos de sangre. El colocón estructural de la apisonadora sueca estaba en la retaguardia, donde el miembro original de Grave junto a Ola, Jensa, realizó un trabajo baterista tan inaudito como verle destrozar los pares de baquetas a cada rato. Detrás de esa faceta seria y casi amenzante, la bestia percusionista no tuvo piedad en regalar unos redobles sádicos hacia todo el recinto general del Backstage. La gente del exterior sufría arritmias de sentir el poder del doble bombo, los vasos se agrietaban y algunas botellas de las barras acabaron explotando de la fuerza sonora que expelía Jensa. La redundancia de “Corpses to the Grave” volvió a cobrar sentido con el festín terminal en “And Here I Die”, quedando un regusto de old school notorio en un Dark Easter exterminado por completo. ¿Se repetirá el año que viene? Esta edición no, pero una similar, ¡vaya que sí; Metaltrip ahí estará!
Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S.












































































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