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Crónica: ¡Una noche de leyendas de Thrash Metal, junto a Megadeth, Angelus Apatrida y Crisix en Barakaldo.!
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Crónica: ¡Una noche de leyendas de Thrash Metal, junto a Megadeth, Angelus Apatrida y Crisix en Barakaldo.!

03/06/2026 0 Comments
2 meses atrás
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La expectación era máxima en los alrededores del Bizkaia Arena BEC! de Barakaldo, y el destino final de nuestro viaje por carretera desde Madrid, emprendido con el único propósito de ser testigos de un hito histórico. La gira de despedida «This Was Our Life (The Megadeth Final Tour)» de Megadeth, tras el lanzamiento de su último álbum, lanzado en enero de 2026. Con este concierto de despedida, vienen a mí memoria, el recuerdo de la primera vez que tuve la oportunidad de ver a Megadeth, durante la gira 2018, que formó parte del “Dystopia”, cuando en esa ocasión venían de teloneros de KISS. Así con la adrenalina propia de un viaje de varios de kilómetros, llegamos hasta Barakaldo, en lo que prometía ser una de las citas más especiales del año -y con la esperanza de vivir muchas más-. Con los nervios de una fecha importante para mí, pronto llegaría hasta los alrededores del recinto. En el ambiente a la entrada del Bizkaia Arena, ya se respiraba una mezcla entre nostalgia y admiración, reuniendo a miles de fans, de distintas generaciones, con ganas de ser testigos de el testamento definitivo de la banda, liderada por Dave Mustaine, acompañado para la ocasión, por los dos de las mejores bandas del thrash metal nacional, Crisix y Angelus Apatrida.

Crisix


Puntuales a una cita de tal envergadura, los catalanes Crisix irrumpieron en el escenario del imponente pabellón de Barakaldo con la clara y absoluta misión de caldear el ambiente desde el primer segundo. Tras el inesperado parón en su actividad musical, y recientemente de vuelta al mercado discográfico, la formación barcelonesa demostró encontrarse en un estado de forma físico y musical envidiable, saltando al escenario a toda velocidad, impulsada por una dosis masiva de energía desbordante, y un contagioso sentido de la diversión. Inmediatamente, su característico y afilado sonido, se apoderó de las miles de almas congregadas en el recinto, derribando cualquier atisbo de frialdad inicial mediante la brutal descarga rítmica de “The Many Licit Paths”. La respuesta del público no se hizo esperar ante semejante despliegue de decibelios: la velocidad de su melodía, y la precisión milimétrica de su interpretación, desataron masivos e instantáneos mosh pits entre un público entregado por completo al torbellino sonoro. Juli y los suyos ratificaron con creces por qué su su nombre está en lo más alto del panorama del metal extremo, exhibiendo una complicidad envidiable entre sus miembros, y un dinamismo escénico, junto un carisma  que resultan sencillamente imbatibles en la escena contemporánea actual. Aprovechando la la oportunidad que les brindaba el momento, la banda lo utilizaría para la presentar en directo su nuevo single, “Fast Music”, un tema que ha generado reacciones encontradas, al ser amada por unos, y percibida como un tanto extraña por los seguidores más tradicionales del grupo; no obstante, en del directo, el tema reclamo su lugar, y yo sentí que no perdió ni un ápice de la rapidez tan característica del sonido de Crisix, aportando una refrescante dosis de originalidad, al fusionar de manera audaz sus dinámicas pesadas, con contagiosos e hipnóticos ritmos de la herencia makinera.


El clímax a su actuación se alcanzó cuando la banda, haciendo gala de una solidez instrumental inquebrantable, se sumergió al público en unas curiosas interpretaciones, concebido específicamente para afianzar la complicidad con la audiencia de Barakaldo. A través de curiosas versiones, que encadenaron con maestría e irreverencia clásicos atemporales como “Fight For Your Right” de Beastie Boys, “Walk” de Pantera y “Antisocial” de Anthrax, todas ellas reformuladas bajo el tamiz abrasivo de su identidad thrasher, y cantadas a pleno pulmón por una marea humana, sumida en una auténtica fiesta del metal. Lejos de ser un mero divertimento, este bloque sirvió para constatar el virtuosismo técnico del grupo, y su innata capacidad para el espectáculo y el desenfreno escénico. Con las pulsaciones al límite, y la temperatura ambiental subiendo de forma exponencial, en claro contraste con la temperatura del exterior del recinto, la arrolladora actuación continuó devorando minutos a un ritmo vertiginoso, sostenida por una batería que tronaba de manera endiablada, veloz y demoledora. Para el desenlace de esta memorable apertura, con los rostros cubiertos de sudor, y los cuerpos exhaustos de un público completamente hipnotizado, Crisix clausuró su intervención de manera magistral recurriendo a la velocidad de sus ritmos de unos de sus himnos más aclamados, por excelencia, “Ultra Thrash”, un tema cuya intensidad extrema terminó por disparar la adrenalina colectiva hasta las nubes. De este modo, consolidaron una actuación perfecta que serviría de calentamiento a una noche, que poco a poco se vestiría con aromas de fiesta.


1. The Many Licit Paths

2. Leech Breeder

3. Bring ‘em to the Pit

4. Full HD

5. Get Out of My Head

6. G.M.M.

7. Perseverance

8. Fast Music

9. Ultra Thrash

Angelus Apatrida


El relevo fue tomado de inmediato por la apisonadora sonora de Albacete, Angelus Apatrida, quienes saltaron al escenario precedidos por la oscura atmósfera de su introducción, para sepultar el Bizkaia Arena bajo una densa capa de puro y técnico thrash metal contemporáneo. Los manchegos salieron con la elegancia de quienes ya lideran el podio del género en el mercado nacional, desplegando una potencia inicial, que desgranó lo mejor de su discografía desde los primeros acordes de “Indoctrinate”. Esta apertura despiadada, enlazó de inmediato con la crudeza rítmica de “Cold” —pieza imprescindible de su último trabajo “Aftermath”—, desatando una furia y rabia incontenibles entre el público allí congregado. Guillermo Izquierdo lideró a la formación con una autoridad vocal e instrumental arrolladora, dejándose la voz en cada tema. Con la mirada puesta en su próximo asalto veraniego al mítico festival alemán Wacken Open Air, la banda ofrecería un repertorio milimetrado que rescató piezas brutales como “Of Men and Tyrants” y “We Stand Alone”, provocando un torbellino humano incesante en la pista del recinto. La precisión musical de la batería de Víctor Valera, combinada con los vertiginosos solos de guitarra de David Álvarez, demostró que el grupo se encuentra en el mejor estado de forma de toda su trayectoria, y aunque en la sombra, el bajo de José Izquierdo, era quien mantenía la base a la melodía. Todos ellos sonaron compactos, y con una madurez escénica que reafirma su estatus como la auténtica punta de lanza del metal extremo en España.


La locura colectiva alcanzó su punto álgido con la clásica y combativa “Give ‘Em War”, momento en el que se desató un mosh pit de grandes proporciones donde, a pesar de la intensidad y los golpes, prevaleció el espíritu de hermandad y diversión que caracteriza a sus seguidores. Como bien advirtió Guillermo desde el escenario,  en una regla bastante clara: si alguien caía, se le ayudaba a levantarse de inmediato. Tras este despliegue de energía, la banda se encaminó hacia el tramo final de su actuación mediante una introducción con melodías que ya son como música clásica, y que sirvió de elegante antesala para muchos de sus fans. Melodía que se enlazaría magistralmente con la brutal “Sharpen the Guillotine”, una de las canciones más celebradas y cantadas de su actuación. El cierre definitivo llegaría de la mano de “You Are Next”, interpretada con tal agresividad técnica, que dejó el ambiente perfectamente caldeado y listo para recibir a la leyenda de Dave Mustaine. Con miles de gargantas rugiendo al unísono, Angelus Apatrida consolidaría un directo impecable y rabioso, demostrando que el thrash nacional posee una factura técnica y una capacidad de convocatoria, que no tiene absolutamente nada que envidiar a otras bandas del género. El cuarteto abandonó el escenario entre una ovación cerrada, dejando tras de sí un pabellón sudoroso y extasiado, que había sido testigo de una ejecución perfecta, donde la madurez de sus composiciones y la entrega física de sus miembros, volvieron a elevar el listón de la noche a una altura estratosférica.


1. Indoctrinate

2. Cold

3. We Stand Alone

4. Violent Down

5. Give ‘Em War

6. Sharpen the Guillotine

7. You Are Next

Megadeth


Pronto se acercaría el momento deseado por mucha gente. La tensión contenida explotó en un clamor ensordecedor cuando las luces del Bizkaia Arena de Barakaldo se apagaron por completo para recibir, por última vez a la leyenda de Megadeth. Dave Mustaine apareció sobre el escenario levantando su mítica guitarra Flying V, exhibiendo su característica cabellera pelirroja y su habitual semblante serio, pero visiblemente conmovido por la atronadora ovación de un pabellón entregado desde el primer instante. Arrancando la noche de forma valiente con el nuevo y potente sencillo «Tipping Point«, e inmediatamente después llegaría «Hangar 18«, donde el virtuoso guitarrista finlandés Teemu Mäntysaari demostraría una precisión milimétrica, recreando los históricos solos de guitarra con tal fidelidad que reviviría la era dorada de la banda. Sin parar ni un segundo, también pudimos ver a James LoMenzo al bajo, ejecutando las bases rítmicas de cada una de las melodías, a la vez que intercambiaba sonrisas y caras con el público, e implacablea velocidad brutal de Dirk Verbeuren tras la batería, aportando a clásicos de la talla de «Skin o’ My Teeth» una energía sonora potente, así como al resto de canciones. El cuarteto funcionaba en directo como una maquinaria perfecta, equilibrando con maestría la frescura de su material reciente con la nostalgia de himnos que han definido al metal global durante los últimos cuarenta años, logrando que las viejas generaciones de fanáticos viajaran de inmediato en el tiempo, recordando aquellos años cuando vieron a la banda por primera vez en vivo, mientras el público actual continuaba cantando cada corte con la misma ilusión y pasión de la primera vez. El público de Barakaldo, respondía con emoción con puños en alto y saltosa cada cambio sonoro. Era evidente que no estábamos ante un concierto más de una gira rutinaria, sino ante una auténtica celebración del thrash metal. Cada nota ejecutada parecía un tributo a la perseverancia de un grupo que ha sabido reinventarse a lo largo de todo este tiempo.


El concierto continuó ganando en intensidad, y aumentado en energía, momento que Dave Mustaine aprovecharía para presentar «I Don’t Care«, tema de su reciente y último trabajo, el cual encajaría de manera fluida, junto al resto de canciones clásicas de la banda. Los más fieles seguidores del thrash más clásico encontraron su momento de gloria absoluta con piezas brutales como «This Was My Life» y «Dread and the Fugitive Mind«, que sirvieron como antesala idónea para la velocidad de «Let There Be Shred«, demostrando las mismas energías como al principio de su carrera, allá por 1983. Y pronto llegarían los momentos de auténtica celebración. Con la interpretación de “Countdown to Extinction«, el recinto de Barakaldo, se convertiría en todo un clamor, conectando la banda, a un nivel más emocional con el público, y seguro que a muchas de las personas que asistieron, haciéndoles viajar años atrás hasta su primera vez en un concierto de Megadeth. Inmediatamente después, la banda pisaría el acelerador a fondo con una rabiosa ejecución de «Mechanix«, un tema de la vieja escuela que desató un miles de mosh pit entre la gente, y sin saberlo, preparándonos, inconscientemente, para el momento que vendría después. Fue entonces cuando las notas iniciales de «Ride the Lightning«, que resonaron con fuerza en el recinto, haciendo que la gente empezará a cantar la canción desde sus primeros acordes. Con esta canción Dave Mustaine reclamaba su lugar en la autoría de la canción, durante su breve estancia en Metallica, cerrando así un ciclo de más de cuatro décadas, y dejando, atrás polémicas que deberían quedarse en simples anécdotas. El asombro ante semejante regalo histórico provocó que muchos de los presentes, se miraran entre sí con incredulidad y lágrimas en los ojos. La ejecución de este clásico inmortal fue ejecutada con una madurez técnica que superó cualquier expectativa nostálgica de los allí reunidos. Mäntysaari asumió la responsabilidad de los icónicos punteos con una soltura increíble, ganándose el respeto definitivo de los seguidores más fieles. El Bizkaia Arena se transformó en un hervidero de emociones encontradas, donde el pasado y el presente se fusionaron en un solo acorde. La voz de Mustaine, seguía teniendo ese tono tan personal y característico, que escupía las letras con una convicción que demostraba su vigencia absoluta. La transición entre la crudeza de sus primeros años y la complejidad de sus composiciones posteriores, se realizó de forma magistral. Aquello no era solo música, era la demostración palpable de cómo un hombre puede moldear el sonido de toda una cultura.


Sin dar tiempo para recuperarse de semejante impacto emocional, el grupo encadenó la monumental «Tornado of Souls«, donde ya Teemu Mäntysaari se consagró definitivamente ante la exigente audiencia firmando uno de los solos más perfectos del concierto. Lamentablemente nos íbamos acercando al final, y a partir de ”Peace Sells”, Dave Mustaine nos dispararía directamente al corazón, en un ataque de nostalgia. Momento en el que hizo su aparición estelar sobre el escenario el personaje de Vic Rattlehead, elegantemente vestido con un traje negro impecable tal como la situación lo requería. Dave Mustaine aprovecharía cualquier momento, desde su posición privilegiada, para saludar a sus seguidores, así como, también para introducir sus temas más emblemáticos. Tras los primeros acordes de «Symphony of Destruction«, cuya letra fue cantada de nuevo por público, expolotando en un estallido de júbilo que hizo retumbar los cimientos mismos de la estructura del pabellón. Terminada tán clásico tema, la banda se retiró momentáneamente del escenario bajo una lluvia de aplausos, dejando el ambiente cargado de la tensión propia del final. Unos angustiosos minutos donde la gente a gritos, pedía el regreso del carismático líder, deseando que nada de esa noche terminase. Los cánticos al unisono de «¡Megadeth, Megadeth!» retumbaban en cada rincón del recinto. La oscuridad del escenario solo era rota, por los miles de pantallas de teléfonos móviles que brillaban como luciérnagas. Nadie en el recinto se movía de su sitio; la expectación crecía por momentos, alimentada por el deseo de exprimir hasta la última gota de una noche que ya se sentía de leyenda. Las conversaciones cruzadas entre el público llenaba un vacío con ganas de continuar, y con una sensación de estar siendo testigo de un acontecimiento que será recordada durante tiempo. La impaciencia generalizada se transformó en un aplauso rítmico que buscaba forzar el regreso inmediato de la banda.


Megadeth, a su vuelta del momentáneo descanso, aún guardaba una sorpresa más, y el cierre definitivo a esa noche, «Holy Wars… The Punishment Due«. Con este último tema, la banda se despidió del público español celebrando con todos ellos una vida entera dedicada a la música, desplegando su virtuoso sonido, una última vez sobre el escenario. A mitad de la canción, como si se quisiera hacer ese momento eterno, Dave Mustaine aprovechó para presentar formalmente a cada uno de los músicos que lo acompañaban en esta travesía, y visiblemente emocionado, y profundamente agradecido por el cariño brindado a lo largo de las décadas, se acercó al micrófono para pronunciar sus últimas palabras: «… Gracias Bilbao good night«, despidiéndose así de público con una reverencia. Una actuación que pondría fin a la breve gira por España, a la espera de si actuación en Barcelona en el próximo festival Rockfest. Mientras las luces del pabellón se encendían lentamente, desvelando rostros exhaustos llenos de felicidad, el eco de las últimas sonidos seguía vibrando. Los músicos se quedaron unos minutos más sobre el escenario, repartiendo púas, y saludando con la mano a los sectores más lejanos.  Musteine se tomó un instante extra en el centro del escenario, contemplando el mar de seguidores que se negaba a abandonar el recinto. Aquella estampa final reflejaba la victoria absoluta de un artista que ha superado, toda clase de adversidades personales y profesionales. La gente comenzó a desfilar hacia la salida, comentando entusiasmada los mejores momentos. Quizá muchos ya planeando revivir la experiencia en la próxima cita de la banda. La noche se cerraba así como una de las citas musicales más potentes y emotivas del año.

1. Tipping Point
2. Hangar 18
3. This Was My Life
4. Skin o’ My Teeth
5. Dread and the Fugitive Mind
6. I Don’t Care
7. Sweating Bullets
8. Let There Be Shred
9. Angry Again
10. She-Wolf
11. Mechanix
12. Ride the Lightning (Metallica cover)
13. Countdown to Extinction
14. Tornado of Souls
15. Peace Sells
16. Symphony of Destruction
17. Holy Wars… The Punishment Due

A la mañana siguiente, solo nos quedaba emprender el viaje de regreso hacia Madrid. Aún sonaba en los oídos la música del concierto, y la intensidad emocional del momento todavía perduraba en la memoria; fue, sin duda, la confirmación absoluta de que la travesía había valido cada kilómetro recorrido. Lo vivido en el Bizkaia Arena de Barakaldo no fue un concierto más, sino una página que quedará escrita en la historia del thrash metal que difícilmente volverá a repetirse en nuestro territorio. Desde la frescura festiva con la vuelta musical de Crisix, hasta la madurez del sonido de Angelus Apatrida, sirviendo como los guardianes perfectos para la última gran noche de Dave Mustaine. Megadeth se despide de España dejando un vacío imposible de llenar en los escenarios, pero firmando un adiós con la dignidad, la potencia y la clase técnica que siempre los diferenciaron.

Fotografía y Crónica de Geles M.R.

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