Habiendo cruzado las diez ediciones y con un extenso palmarés de éxitos que se superan a cada año, el Z! Live quedó consagrado como el “Templo del Metal/Rock” de los festivales extremos nacionales. Después de adversidades ambientales, lucha por la supervivencia en mitad la situación económica actual y ofreciendo una variedad creciente de actividades, aparte de la música, han moldeado a un macroevento digno de la historia festivalera española. Mediante un explosivo cartel que ha ido solventando problemas de diversa índole, como la inesperada caída de la banda suprema, Twisted Sister o cambios de casi última hora, el recinto del IFEZA volvió a convertirse en el principal atractivo de interés, con el Z! Live, para la mítica ciudad de Zamora, símbolo de resistencia al Canovismo tradicional, puerta vecinal al Reino de Portugal y urbe surcada por el imponente Río Duero.
El Z! Live tiene claro que su trascendencia en España ha superado las barreras de la excelencia, así que no hay más camino que seguir hacia el estrellato de la fama veraniega en Europa con la cabeza bien alta. Con casi una treintena de apuestas musicales con estilos muy variopintos, la mejoría del festival no deja de crecer, aunque este año ha habido ciertas cuestiones que se podrían mejorar de cara al futuro. En especial, el reparto de la zona de compraventa y/o mercado social, que quedó en un segundo plano y afectó a la extensa oferta de abundantes e interesantes artículos de todo el bazar disponible. Tratar de obviar estos aspectos es un acto de indiferencia que no puede dejarse de lado, aunque respecto a los shows, la calidad escénica sigue coronando la organización intrínseca del Z! Live, que continúa haciendo historia en el arte más creativo y compositivo musical extremo.
El calor castellano es legendario a las puertas del verano, y a pesar de los intentos de suavizar las temperaturas por parte de la flora zamorana, la gente consiguió que el intenso Sol no arruinase los conciertos a primera hora de la tarde. En dirección al Z! Live y con algunos leves percances relacionados con caídas involuntarias, empachos de croquetas y el cansancio laboral acumulado, la oportunidad de volver a cubrir el Z! Live y ofrecer una visión lo más general posible es un motivo prioritario para Metaltrip. Dispuestos a no perder el principio ni el fin de cada actuación, el doblete de reporteros regresa a Zamora con un único objetivo en mente. Para todos, esto es el Z! Live 2026 y, en Metaltrip, ¡Wesker y Geles os lo cuentan en escritura y fotografía con todo lujo de detalles y más!
Headon
Tras atravesar la puerta que daba acceso al festival ZLive, pronto observaríamos que la banda murciana Headon ya estaba sobre el escenario. Los primeros valientes en el público ya se agolpaban en las primeras filas, aunque solo fuera para aprovechar la sombra que daba la estructura metálica; aun así, la gente tenía ganas de música, y el calor no iba a impedir el poder disfrutar de todo lo que nos tendría preparado el festival en su jornada inaugural. Headon, como buenos anfitriones, desplegaron todo su talento en forma de muy buenos himnos, haciendo un repaso a su corta, aunque prolífica, discografía. Así pudimos disfrutar de la gran capacidad vocal de Andy Martínez al interpretar temas como «Liberate«, «Asphyxia» o «Sombras«. Pero su actuación fue bien aprovechada, añadiendo más calor al show a pesar de lo calentita que ya estaba la tarde, y Headon nos regaló el directo de sus más recientes singles para este 2026, donde los temas «Dogma» y «Un Nuevo Sol» fueron altamente celebrados, y cantados como si ya fueran himnos imprescindibles de la joven banda murciana. Para el final, con todo el público que se acercó a verlos, acabaron aclamándoles, y la banda, decidió cerrar su actuación con una muy particular versión del clásico de Mägo de Oz, “Fiesta Pagana”, que, aunque no quedaría perfecta, hizo su función de caldear una actuación que abriría la jornada del jueves de una manera más o menos buena.
Noah Histeria
Inmediatamente después, y aún con los sonidos metálicos de la banda anterior, con una puesta en escena más minimalista, tocaría el momento de disfrutar del talento musical de Noah Histeria. La verdad que fue un cambio brusco en el sonido para las primeras horas de la tarde. La banda valenciana se acercaba hasta el recinto del ZLive para inundar Zamora, en su primera vez en el festival, de sonidos del rock progresivo más virtuoso. Una música emocionalmente profunda, creando una atmósfera mágica para la tarde del jueves. Sin duda fue una de las sorpresas por la elegancia en cada una de sus interpretaciones, donde con temas como «Hautefaye» y «Bailemos«, mucha gente del público, nos dejamos envolver con la voz de su cantante Juan Giner, además de contagiarnos del ritmo de sus virtuosas guitarras. Sin duda asistimos a una actuación diferente desde el inicio, aunque viendo cómo sucedería el resto del día, el show de Noah Histeria dejó muy buenas sensaciones en la gente que se acercaría a verles, que, en verdad, fue bastante numeroso, mostrando una fiel entrega, a su propuesta musical. El magnetismo de sus composiciones complejas logró capturar la atención de los presentes, demostrando que la variedad estilística enriqueció sin duda las primeras horas del festival. Con un sonido perfecto, y una ejecución técnica impecable, la formación consiguió que los acordes instrumentales más densos cobraran una belleza singular bajo el calor de la tarde. El aplauso unánime de la gente al concluir su tiempo sobre el escenario, confirmó que el riesgo de programar actuaciones de este estilo, fue todo un acierto.
Serious Black
La línea solar terrestre siguió avanzando hacia las mesas técnicas, pero no con la suficiente rapidez que tanto deseaba el público. La gente seguía llegando al IFEZA y el turno de las bandas internacionales dio su salida con el ansiado show de Serious Black. El combo europeo está siendo toda una revelación musical de lo que es el power metal/rock clásico que revive en la actualidad. Seguir con la presentación del reciente (¡dos años ya! Quizás se venga un álbum nuevo muy pronto, “Keeper of the Light”) “Rise of Akhenaton” es un valor seguro que, en combinación con temas icónicos del glorioso pasado que ostenta Serious Black desde su fundación, hace que el concierto de los germánicos posea una significancia especial. Muy atento el público al desarrollo de la actuación y mediante una actitud loable que poco envidia a los grandes nombres del género, una sorpresa negativa hubo para los fans. Debido a cuestiones personales, el líder y fundador grupal, el bajista Mario Lochert, se ausentó de la cita en directo (¡cómo echamos en falta su energía y potencia musical!). Sustituido por pistas pregrabadas influyó en el concierto, pero no en calidad musical, sino en el aporte escénico que Mario sabe bien interpretar.
Una simple hora de actuación se convirtió en un frenesí de ritmos encaminados a romper las barreras del disfrute en la calurosa tarde. La imponente presencia frontal de Nicola, cuya laringe es mucho más que un altavoz sónico, rebosa de esperanza en cuestión de calidad personal. Dispuesto a ganarse al público en todo momento, guió los coros con absoluta entereza, así como aunando la admiración y respeto de los presentes. Escuderos del mismo y baluartes de unas guitarras enfundadas de suave distorsión y ejecución sublime, Dominik y Bob dinamizaron la situación a través de contagiosa personalidad alegre y muy cercana. Deleitando con unos tremendos solos y en mutuo apoyo rítmico, lograron que las canciones gozasen de una excelente acústica y percepción general. A vista de todos y garantizando una labor baterista perfecta, Maurus volvió a mostrar que su llegada al grupo revolucionó la estructura base compositiva. Sin dar tregua al aburrimiento ni perdiendo el tiempo, Serious Black reventó los límites de la expectación social con un show enérgico, fácil de seguir y, ante todo, disfrutable en cualquier ámbito. Porque aún quedaba mucho por ofrecer en el primer día del Z! pero la calidad expelida en la tarde ya se notaba de forma gloriosa.
Evil Invaders
Tras la caída inesperada de Crematory y AMH, dos bandas acudieron al rescate del Z! Live de inmediato. Haciendo honor a ese término que es “velocidad”, la maquinaria belga de Evil Invaders decidió que la gente sintiese el auténtico significado del vocablo mencionado en la descendiente trayecto solar. Después de unas dosis de power metal/rock, el público quería dar rienda suelta al frenetismo orgánico y metal propio de un festival extremo. ¡No se hable más! Con el reciente “Shattering Reflection” (¿se vienen cositas pronto?) y algunos cortes selectivos de la prolífica discografía, Joe (¡qué loquillo está hecho!) y compañía cumplieron los deseos de quien no podía contener la locura más. Exponiendo un sonido afilado como cuchillas y una actitud desbocada de puro frenetismo espiritual, el cuarteto belga exprimió su tiempo de actuación para convertirse en un huracán que guió los moshpits y cabeceos hacia límites insospechados de aguante humano. No cabe duda que Serious Black fue un descubrimiento para los novicios al festival o para quienes buscaban nuevas sensaciones, pero Evil Invaders quebró el interés social con motivo de centrar la mirada de unos músicos más rápidos que un AVE.
Muchos ya sabían a qué atenerse en un directo de los belgas; ¡en saco roto cayeron esas ideas a priori! Equilibrando el repertorio por el palmarés discográfico, la banda no vaciló en sacar su mejor arsenal sonoro que hiciese olvidar a Crematory y/o AMH. Tocando la guitarra de la misma manera que vocaliza, Joe se dejó el cuerpo y la mente en ir más rápido que el procesamiento del público a los versos. Como decía Lobato en la F1: “¡Cierra los ojos un segundo y te lo perderás!”. La mejor definición del show de Evil Invaders, pues algunos ya se sostenían los ojos en aras de comprender cómo la doble cordofonía no se rompía de tan rabiosos rasgueos. Joe y Max están hechos el uno para el otro, tanto en pareja musical al igual que compositiva. Hermanos artísticos de la guitarra eléctrica, se ganaron el favor de los fans y devotos del género speed/thrash. Algo secundado a ellos, pero sin perder su importancia grave, Joeri también gozó de sus momentos de protagonismo repartiendo líneas bajistas en una solvencia singular. Feliz al máximo, Senne no quiso perderse la oportunidad de mostrar su ruda faceta en la percusión, instigando a la lucha social con ese dominio baterista que tanto gusta ver en directo y oír en estudio. Ni en los breaks ni en los términos finales del show, Evil Invaders bajó la intensidad del concierto, escribiendo un capítulo veloz en el Z! Live que se siguió recordando incluso después de acabar el festival días después.
Bury Tomorrow
Nadie debería negar que, incluso a expensas del cabeza de cartel del primer día del festival, el premio gordo se llevó el combo británico de Bury Tomorrow. Veteranos del old school, fans del metal/rock moderno, infantes de la ludoteca… ¡Todo el mundo saltando a las órdenes de un metalcore innovador! El éxito que siempre acompaña al grupo está ligado a la vanguardia musical al cual el metalcore se adapta. Zonas muy melódicas y casi acústicas pasando por guturales salvajes capaces de espantar a las bestias más aguerridas… Sin duda, Bury Tomorrow supo lo que la gente quería después de las actuaciones previas.
Algo más fresco el ambiente y con la noche acercándose poco a poco, los británicos agarraron el fervor social que había por el recinto y provocó unas mareas de headbanging insólitas de fiereza, devoción y mucha fidelidad al estilo musical. Muchos coincidieron en que el combo debió haber gozado de más tiempo de actuación, lo cual hubiera venido genial en afianzar el clamor al unísono. Además, hay que tener nueve canciones fueron muy pocas en referencia al show desplegado, pero la respuesta del público a las peticiones extrínsecas equilibró el desarrollo escénico. Momentos hubo para todos los gustos, desde tralla a destajo hasta coros limpios y una actitud cercana que encandiló a los presentes.
El dúo Winter-Bates se llevó gran parte del protagonismo en el show de Bury Tomorrow, aunque las miradas quedaron enclavadas en el portento físico y vocal que es Daniel, líder absoluto de los británicos. Realizando una increíble modulación laríngea en función de las líricas y el contrapunto cordófono, se convirtió en el artista más laureado. Tanto Ed como Kristan, cambiando laterales a conveniencia, lograron que sus guitarras desencadenasen unos violentos moshpits en “Let’s Go” sin olvidar el excelente trabajo de respetar los reputados breaks y cambios rítmicos propios del metalcore. El plus extra de sonido y furia festivalera tuvo su origen en el bajo de Davyd y Tom, adalides del radical caos que gobierna la fórmula compositiva actual de Bury Tomorrow.
Aunque Tom llegó al grupo hace pocos años, se ha convertido en una pieza imprescindible a la hora de ambientar las canciones con sus dotes teclistas y percusión accesoria. De ahí que el repertorio se encasillase en los últimos trabajos de estudio, aunque hubo hueco para cortes como el explosivo inicio con “Choke” o el sentido final de “Black Flame” junto a “DEATH (Ever Colder)”. A través de una mezcla externa de sonido limpio y muy perceptible con elementos electrónicos, el grupo sajón consiguió su objetivo de levantar a los asistentes con una genial inyección de adrenalina muy heavy y que no dejó de sorprender por doquier. ¡Ojalá vengan más por España, porque las ganas de seguir disfrutando a Bury Tomorrow continúan a día de hoy!
Emperor
Si Bury Tomorrow convenció al Z! Live sin apenas esfuerzo, lo que se vino después con la oscura descarga de Emperor tuvo también su particular repercusión social. Al igual que la edición anterior con Dark Funeral, el black metal/rock corrió a cargo de la leyenda noruega de Ihsahn, ídolo blacker cuya influencia musical no deja de crecer incluso en la actualidad. La gran mayoría de los presentes creían que Emperor sería el salvajismo crudo de las artes oscuras del metal/rock extremo, pero esa visión está muy lejos de lo que es Emperor en realidad.
En vez de corpsepaints, evocaciones infernales y otros tópicos de la blackeria escandinava, la gente se encontró con la épica y perfecta majestuosidad de un grupo que, dentro de su estilo musical, mantiene su corona intacta después de varias décadas de ausencia, obstáculos diversos y la imperiosa necesidad de nuevas canciones y trabajos en estudio. Bajo ese manto de expectación, el combo noruego dio inicio al show sin apenas tregua a la preparación mental previa.
El show de Emperor no resultó ser una enérgica puesta en escena (que lo fue) sino que hubo sorpresas de todo tipo. Realizando una escueta selección de los mejores temas de la discografía con predilección en la primera época grupal, un aspecto a valorar, a priori, fue el sonido técnico de carácter ambiental. Es fácil reconocer los violentos trémolos y líneas que conforman las progresiones de acordes en su sostén estructural de la temática lírica, aunque todo ello se rodeó de una clara acústica capaz de hacer brotar sentimientos muy dispares.
Entre gulturales y voces rasgadas de Ihsahn, sin olvidar los coros del resto de artistas, se engendró un misticismo que atrajo la atención social hacia un enganche absoluto. Puede que Emperor no fuera del gusto para ciertos asiduos del festival, pero en la variedad se propuestas en directo, se encuentra la belleza. En este caso, tan enfermiza que era imposible no rendirse a los pies de Ihsahn y su compañía grupal.
Divino en todo su esplendor, Ihsahn no podía borrar la sonrisa de ver el inmenso gozo al ejecutar su filosofía musical en vivo. La respuesta del apoyo social hacia él tuvo un componente muy importante en la búsqueda de la introspección escénica que caracteriza un show de Emperor. De ahí que Ihsanh no pudiera ocultar su satisfacción al lograr ese objetivo que muchas otras bandas intentan. En comparación con el concierto de Emperor en el Rock Imperivm de 2024, Samoth estaba algo más apagado, aunque sin disminuir la precisión técnica de cordofonía. Es decir, en Cartagena se le vio más dinámico y en éxtasis, fluyendo la blackería por su alma. En esta ocasión, se contempló una impresión mucho más estática en él; ¡apenas afectó a la calidad sonora! Por detrás y realizando una labor baterista del máximo nivel, Trym supo dar los redobles necesarios (¡y más!) para quebrar el raciocinio general y establecer una sólida base estructural.
Con la melena de un lado a otro y provocando cervicalgias por doquier, Secthdamon exprimió su bajo a la extenuación, potenciando el sonido en personalidad y ruda solvencia. Incluso cuando la sorpresa llegó con la aparición de miembros previos como Faust y Mortiis, no cesó en su actitud desbocada. No sólo eran triunfos el setlist variado y la escenografía de Emperor, sino que la implicación de Faust y Mortiis en la segunda mitad del show rompió el fervor social en un estallido de aplausos y loas hacia ellos. Bien merecido les vino el reconocimiento, pues no siempre se tiene la oportunidad de contemplar el glorioso contrastando con los tiempos actuales. Por supuesto, como pieza muy importante del engranaje noruego, Jorgen hizo que su teclado otorgase el mejor clima sinfónico, llevándose una responsabilidad enorme más allá de adornar las canciones. Según algunas opiniones, Jorgen e Ihsanh fueron los protagonistas absolutos de la velada blacker, ¡y vaya si coincidimos en tal sentencia! Al final del show en el Z! Live, Emperor demostró que su regreso sigue construyendo una filosofía extrema que jamás debió detenerse, portando con los pecados del metal/rock en su interior.
Opeth
Ya con la noche en el recinto, llegaría el turno de la actuación clave de este día. Una actuación a la que le tenía muchas ganas, y aunque ya había visto al grupo hace tiempo, en bandas de este tipo de género, siempre tienes que ir con la intención de que te sorprendan, pues cada show, suele ser diferente, aunque mucha gente no sepa apreciar esos pequeños matices. Así, Los suecos Opeth, hicieron acto de presencia bajo el cielo de Zamora; la banda liderada por el magnético Mikael Åkerfeldt se mostraba en muy buena forma y con un buen sentido del humor, desplegando una complicidad innegable con un público deseoso de envolverse en su música progresiva de alta factura.
Con un sonido excelente, lo que muchos vivimos esa noche de jueves serviría a la banda para certificar la vigencia de su gira, la cual evocará a los grandes Pink Floyd, en su concierto en Pompeya, el 10 de julio. Pero ese día en Zamora, el público viviría un viaje en el tiempo donde el pasado extremo de su música, se fundiría con el presente más vanguardista. Con una escenografía cuidada al detalle, donde el juego de luces iba ilustrando cada una de las canciones, de un setlist que recorrería toda su discografía. Con un público que disfrutó de los enigmáticos temas de su último trabajo, «The Last Will and Testament». Tiempo en el que también hubo para recordar la colaboración del genial y caótico artista Jethro Tull, hacia quien solo tuvieron palabras de agradecimiento. Opeth llegó al ZLive para reescribir las reglas de la música progresiva, demostrando una precisión casi obsesiva en la ejecución de cada composición, y dejando sin palabras a todo el mundo, tanto a los seguidores de la banda, como a quienes simplemente descansaban en la zona de restauración.
El eje de su actuación estuvo articulado en torno a los diversos contrastes sonoros, y a esa variada esquizofrenia musical tan característica de su sonido. A pesar de que sus complejas estructuras, que se estiran en longitud, a quienes nos dejamos enganchar por ellas, en ningún momento se nos hizo largo, pues su propuesta convive en perfecta armonía entre la violencia sonora más agresiva, y la delicadeza acústica de los pasajes más melódicos. El sonido de la banda navegó virtuosamente entre riffs de guitarra pesados y paisajes líricos, dominados por toques de órgano de ambiente melancólico; melodías cargadas de oscuridad y progresiones sonoras, que a veces jugaban a la improvisación. La formación sueca sonó como una máquina perfectamente engrasada o, coloquialmente hablando, como un reloj suizo, donde cada músico aportaba su talento para que los temas fluyeran en constante evolución, pasando de las últimas canciones como «§7«, «§3«, hasta las más relevantes de su historia, como «Godhead’s Lament» a «Deliverance«, de manera natural y orgánica, sin apenas rupturas en la melodía global.
Todo esto no habría sido posible sin la figura de Mikael Åkerfeldt, o «Miguelito», como él mismo se autobautizó esa noche. El frontman sueco, en estado de gracia absoluta, hizo gala de un gran sentido del humor, y de una total complicidad con un público que asistía asombrado a su sobrecogedora cualidad vocal, capaz de transitar de voces guturales profundas, a tonos limpios y cálidos que evocaban la fragilidad de los versos. Hacia el final de la actuación, la atmósfera del concierto se llenó de un misticismo que transportó a todo el festival ZLive a la época dorada del rock progresivo, envolviendo a los asistentes en una bruma de sonidos que alcanzaba lo psicodélico. Para cuando las últimas notas se desvanecieron, en el aire quedó la certeza de haber presenciado un gran concierto, donde el público más fiel se dejó atrapar por la música. Opeth demostró, esa noche, que su sonido sigue en constante evolución, firmando un magnífico arranque para la jornada inaugural del festival.
DelAlma
La noche seguía avanzando, y pronto volveríamos a la música del mejor heavy metal en español. En esta ocasión le tocaría el turno del proyecto musical del guitarrista Manuel Seoane, DelAlma. El grupo, que tras atravesar cambios en su formación, y en tiempos pasados, momentos de incertidumbre, se presentaba ante el público de Zamora, con renovadas ilusiones, y nuevo disco, «Santa» y «Compaña«, junto a dos grandes voces en su interpretación Ronnie Romero y José Andrea. Una actuación, que dejó constancia de las ganas de sacar adelante al grupo. Tengo que destacar la gran escenografía que llevaban, que hizo más impresionantes las interpretaciones, como cuando vimos aparecer a Ronnie Romero tras los acordes de “Compaña”, y seguidamente después, escuchar el tema de “Néboa”, a la voz de José Andrea.
Pero DelAlma lejos de llevarnos al misticismo y a las leyendas de su último trabajo, también hizo una mirada atrás a sus anteriores discos. Donde pudimos volver a escuchar himnos de su primer álbum, como «Mañana Vuelve a Oscurecer» y «El Mirlo«, en las distintas voces de esa noche, alternándose en las actuaciones dentro del show. Aquí tengo que hacer un inciso, y es que aunque Ronnie Romero, y José Andrea, estuvieron bien en sus papeles, en lo personal eché de menos la voz de Ramón Lage. Pero volvamos al presente, y es cierto que el público celebró mucho el paso de DelAlma por el festival, bailando, saltando, y cantando cada una de las canciones de esa noche. Lo mejor llegó al final, cuando en el tema «Cárcel de Cristal«, que cerraría el show de DelAlma. Con los dos cantantes saliendo al escenario, sumándose Andy Martínez de Headon a cantar, y con toda la gente haciendo los coros. Así, a pesar de las comparaciones, DelAlma supo salir adelante frente a un público con ganas de pasarlo bien, donde el grupo supo añadir un poco más de fuego a esa hoguera, que ya se inició horas antes, con miras de aguantar dos días más.
Dragony
Para cerrar el primer día, la épica fiesta con fantasía, dragones y aventuras ilimitadas de Dragony casi llegó a ser perfecta si no hubiera sido por la espantada social después de DelAlma. Un par de centenas de personas (los valientes de la madrugada tardía) obtuvieron un imponente actuación de alegría y jolgorio por parte de una banda que trata de conquistar España sin conseguir el suficiente apoyo que bien requiere. Habiendo debutado en territorio ibérico el año pasado en una desapercibida gira de capitales, Siegfried y compañía obviaron el hecho de la marcada ausencia general (¡de nuevo!) que hubo en el tramo final del Z! Live (prensa también, por desgracia…) para ofrecer un espectáculo digno de quienes verían sus sueños hacerse realidad a través de una música original y muy sorpresiva. Además, Dragony acudía con un nuevo miembro en sus filas, la cantante eslava Maria Nesh, todo un acierto para complementar a Siegfried en el registro vocal y enfatizar los duetos compartidos. Aunque una hora se hizo muy corta en relación a la intensidad del disfrute vivido con el combo austríaco, el clamor de satisfacción quedó patente en el éxito del primer día.
Con un reparto de temas entre “Hic Svnt Draconis” y “Viribus Unitis” con guiños al resto de la discografía, el grupo desplegó su mejor arsenal musical sin reparos ni cartas escondidas. Manteniendo un tono vocal excelso, Siegfried volvió a mostrar su triunfal fórmula de combinación laríngea y dinámica al frente, siendo un valor seguro de fascinación general. Justo a su lado, Maria no sólo complementó la tarea vocal, sino que le infundió una textura femenina increíble cual fichaje estelar de Dragony. ¡Muy difícil sería escoger a uno de los dos! La ausencia de Herbert en el bajo volvió a recordar a la de Mario en Serious Black, pero con pistas accesorias, ¡se amenizó como pudo la falta personal en directo! A cada lado del escenario, el doblete cordófono de Simon y Matvei repartió ritmos y solos con una elegancia real insólita, aunando el interés social y favoreciendo un clima sonoro bien cuidado en términos técnicos. La juventud de Chris repercutió en la perfecta percusión que sostenía la estructura base, sin olvidar la ambientación teclista de Manuel. Portando su instrumento cual juguete infantil, amenizó la velada con sus geniales coqueteos hacia el entregado público restante del Z! Live. Las altas horas de la noche no impidieron que el concierto de Dragony hiciese saltar los últimos ánimos por los aires (¡faltó el confeti!) y, esperamos que a la tercera vez, mucha más gente sea conquistada por una banda dispuesta a que la fantasía se expanda por el metal/rock mundial.
Crónica y Fotografía realizada por A. Wesker y Geles M.R.
























































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