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Crónica: Wacken 2026 – 2º Parte (Viernes)
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Crónica: Wacken 2026 – 2º Parte (Viernes)

12/09/2026 0 Comments
1 hora atrás
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Con un poquito de calor ambiental, el tercer día del Wacken comenzó bastante potente con la apertura del Headbanger gracias al grupo galo de Ten56. Describiendo una feroz actitud debido a su marcado estilo deathcore sin paliativos, el grupo levantó al madrugador público entre salvajes moshpits comandados por su líder vocal, Aaron.


Nivelando el setlist por la discografía existente y una mayor presencia del trabajo debut “Downer”, el quinteto agarró el incipiente mediodía del festival y lo aprovechó con todo su despliegue sonoro. Potencia en calidad, cordofonía al alza y una base estructural que hizo temblar los cimientos de la Bull City más allá de los límites de la voluntad humana. Ten56 mostró una ruda faceta artística, la cual puso de acuerdo a cientos de asistentes en la inauguración de un nueva jornada en el suelo sagrado del metal/rock mundial.


Gutalax


Amanece el viernes en festival de Wacken, y el caos desternillante y festivo del goregrind escatológico de Gutalax desataría la auténtica locura en las primeras horas. Con el público perfectamente vestido para el surrealista espectáculo, con trajes de protección biológica, papel higiénico volando por los aires y portando escobillas de baño es las manos, la banda checa convirtió aquel espacio el algo difícil de describir, al menos con palabras, Sus ritmo lleno de riffs de guitarras rápidos y voces que no sabría como definirlas, que en mi opinión de difícil ejecución, desataron una sucesión de multitudinarias reacciones entre el público, y que mucha gente hiciera crowsurfing para intentar llegar hasta el borde del escenario. La actitud desenfadada de la banda, y atrevida, haciendo una defensa de lo absurdo, hizo de su show, una fiesta desenfrenada donde la única premisa era pasarlo bien, y ya después sería otra cosa.


La gente disfrutó escuchando muchos de sus temas más populares como “Diarrhero”, “Fart and Furious” y “Vaginapocalypse”, dejando de lado sus inhibiciones, y a cada acorde, sintiéndose un poco más libres, pues grupos como estos has de escucharlos más allá de los convencionalismos morales de las sociedad actual. Entre explosiones de confeti y moshpits gigantes, demostraron que la diversión no está peleada con la explosión sonora más pesada. Gutalax firmaría un concierto icónico que quedará para el recuerdo de mucha de la gente que no quiso perderse el show.


Employed to Serve


De nuevo en la Bull City, por las inmediaciones del escenario del WET, otro grupo de metalcore se hizo fuerte ante un público entregado a la vanguardia radical moderna. Desde hace casi quince años, la escena británica encontró un referente del género con Employed to Serve, un combo de temprana adultez liderado por la bestia vocal que es Justine. Teniendo a los artistas dispuestos a comerse al creciente público de las inmediaciones, el show se desarrolló cual torbellino de melodías pegadizas y una actitud encaminada a la servitud social. Los coros saltaban por sí solos, la dos guitarras de Sammy y Richard rugían a un nivel fuera de sí, Jamie hacía tronar su bajo al frente de sus compañeros cordófonos… ¡Nadie le quitaba el ojo de encima a Justine!

De un lado a otro y desplegando una genial tarea laríngea, la modulación vocal de ella se convirtió en uno de los principales atractivos de Employed to Serve. Tan pronto podía soltar un estruendoso alarido como encandilar a los presentes mediante una fluida línea lírica. El grupo en sí no es ella, pero una parte muy importante, ¡vaya que sí! Haciendo las delicias sociales con “Force Fed”, “Treachery” o el nuevo sencillo de “Dead Reckoning”, los británicos se laurearon en Wacken con la promesa de volver, ¡pues un afán de bises se quedó en el aire durante un tiempo!


Vreid


Para tratarse de una banda que lidera las huestes de las olas modernas del black metal/rock noruego, Vreid abrió el Harder de una forma imprevisible. Bien es sabido el arraigo de Vreid hacia la música oscura, más si se incluye la estética bélica referente a la cultura nórdica. Así es lo que se vivió durante el show hasta un par de momentos que cambiaron toda la percepción escénica en completa radicalidad. Presentando su último álbum “The Skies Turn Black” junto a un sentido homenaje hacia el legendario Ozzy Osbourne, el combo noruego estableció una política de agónica nostalgia con un decoro sombrío y muy tétrico, propio de una percepción optimista de la realidad.

La comandancia vocal de Sture, a la vez que su serio porte al frente, fue recibida cual compendio de órdenes junto a la tarea lírica. A su lado, la cordofonía secundaria de Strom sirvió de buen hacer en la fortaleza solista. Sin duda, un claro ganador de la velada de Vreid fue el sonido general, que consiguió establecer al mejor atmósfera artística con muchos guiños al old school de la industria extrema noruega.


Muy dinámico y apelante de cualquier reacción social, Hváll puso su bajo al mismo nivel de la algarabía frente a él. ¡Los graves se asemejaban a una inmensidad abismal de almas clamando por una salvación inexistente! A esa percepción se la incluyó una portentosa base estructural, donde Steingrim realizó un extensión baterista capaz de enternecer a las almas más sensibles del Infield.

Todo fue impresionante con Vreid hasta que la escénica se adueñó de la música con la aparición de la pirotecnia y dos colaboraciones especiales en el tema “Loving the Dead”. Ante una expectación sobresaliente, la cantante noruega Agnete (Djerv) aportó su brutal tono laríngeo en las líricas y el humorista americano Chris Pontius, de Jackass, otorgó su divertido (¡aunque muy prescindible!) y varonil arte de topless. Justo al finalizar la interpretación del corte, “Into the Mountains” y “From These Woods” hicieron brillar los artificios flameantes en un cierre apoteósico que consiguió elevar a Vreid cual leyenda escandinava de la blackería actual.


Future Palace


Muchas son las voces críticas hacia la vanguardia del metal/rock, más en especial con el estilo metalcore y las casi inexistentes similitudes entre las bandas de ahora. En Alemania, el trío de Future Palace irrumpió, con mucha impacto, en el panorama local del 2019. Estrenando su debut discográfico poco después con “Escape”, el proyecto liderado por la versátil Maria ha logrado abrirse un hueco en el mundo del metal/rock moderno.

La juvenil edad media que había por las inmediaciones del Louder eran una prueba clarísima de que Future Palace está sirviendo de puerta en la enseñanza de la música heavy en la actualidad. No sólo por ello Future Palace triunfó en el Wacken, sino también por el fresco estilo que se gasta la banda, intentando no abusar de los elementos propios del metalcore. Aunque el escenario les quedó un poco grande (¡es lo que tienen los tríos artísticos!) y la batería relegada casi a un rincón lateral, no se vacilar en lanzar un alegato a favor del show vivido en directo.


Algo que caracteriza, y mucho, a Future Palace es el diverso decoro del escenario que se despliega durante los conciertos. Maria es una forofa de la moda, pues no suele repetir el vestuario incluso en shows seguidos de un día a otro (si se va a criticar esta apreciación, por favor, que se atiendan también a otros artículos sobre Future Palace, ¡GRACIAS!). De un aspecto minimalista pero bien repartido por el Louder, los detalles digitales supusieron un acierto muy cualitativo en la expresión de los temas. Mucho toque azul intenso para la apertura con “Deep Blue”, cambio a tonalidades rojas en “Cyclone” o “Dead Inside”… Future Palace demostró que la música metal/rock está vacía si no se le dota de una personalidad especial con otros elementos artísticos.

Sosteniendo la guitarra al igual que la entereza, Manuel repicó los rasgueos cordófonos en una mayor sonorización mientras las pistas pregrabadas del bajo se controlaban por la mano percusionista de Johannes. Con un setlist repartido por la discografía sin guiños al primer álbum, el trío germánico se conformó cual promesa futurista de lo que es metal/rock moderno. ¡Además, pronto se volverá a disfrutar de su estilo vanguardista en el venidero Summer Breeze!


Metaklapa


Un poco de descanso de las grandes actuaciones, y me dispuse a explorar los diferentes espacios que en festival alemán puedes encontrar. Es ahí, que la sorpresa coral y épica del festival llegó con Metaklapa, una innovadora banda croata que interpreta clásicos del heavy metal a cappella mediante un brillante canto polifónico y sin ningún tipo de instrumentos musicales, quienes llevaron al escenario de Warkinger su asombrosa fusión de canto tradicional con el espíritu del heavy metal. El público, lejos de pasar desaparecido ante el show, quedó atónito ante semejante virtuosismo vocal, con admiración ante el show, que rápidamente se transformaría en aplausos al terminar cada tema.


Así el público disfrutaría con grandes versiones de bandas del metal como Iron Maiden y System of a Down. Las complejas armonías y la fuerza emotiva de cada uno de sus miembros, demostraron que la música extrema puede adquirir dimensiones artísticas insospechadas. Su concierto supuso un soplo de aire fresco, un contrapunto lleno de elegancia y misticismo en medio de las descargas más agresivas del día. Metaklapa conquistó al festival con una propuesta única, original y profundamente conmovedora.

Paradise Lost


¡Por fin, llegó el momento de la redención que tanto esperaba servidor con Paradise Lost! Artífice del género doom death junto a My Dying Bride y Anathema, ¡a la tercera vez fue la vencida en el Wacken! Después de haber visto el show de los británicos en los festivales españoles del Z! Live y el Sun & Thunder, la grandeza de Paradise Lost se desplegó en las miles de personas que deseaban disfrutar de una música cautivadora, introspectiva y sobre todo, repleta de infinitas sensaciones. ¿Dónde quedaron esos álbumes de «Icon» y «Gothic»? Realizando un repaso discográfico, se podrían haber quedado en el tinterio, aunque sonó «Embers Fire» cerca del final del concierto y el guiño clásico de «As I Die» tras los primeros términos. ¡Con eso ya valdría para decir que la actuación de Paradise Lost fue memorable!

El cambio continuo de baterías a lo largo de los años no ha afectado a la banda, pero sí es un factor de la observable inclinación de Paradise Lost hacia vertientes más ligeras y tranquilas sin abandonar sus temáticas personales y cierto oscurantismo. Además, se les veía, a los artistas, muy cómodos en el escenario, a la vez que el sonido fue uno de los claros protagonistas en la velada festivalera.


Muy claro quedó que armar violencia mutua y moshpits en Paradise Lost es difícil; ¡tampoco era necesario llegar a esos niveles! El protagonismo lo tuvo, sin duda alguna, el guitarrista Greg, quien tuvo momentos de gloria en su ejecución inversa de su singular estilo de práctica. Lo mismo se objeta de Aaron, quien dentro de su nube catatónica, fue un ilustre sostén rítmico. Los pocos solos que Greg ofreció al público dejaron constancia de que la banda doom/gothic le quedan muchos años por delante, tanto en estudio como en directo. Imitando la actitud de Aaron con cierta decencia artística, Steve reguló los graves con una permanencia perenne a la hora de los ánimos en los fans y envalentonando los coros al unísono. Nick no se movía del centro con el pie de micrófono, pues no le quedaba otra opción.

Algunos ya conocemos a Nick en Bloodbath, donde su voz da bien el pego en el death metal sueco; Al contrario que las previas ocasiones, se le vio muy motivado y no sólo centrado en cantar, pues repartió la escenificación por el resto de la banda mientras los efluvios señoriales le rodeaban cual aristócrata del metal/rock. Que la gente obedeciese el show con “One Second”, “The Enemy” y “Ghosts” evidenció un increíble arraigo hacia Paradise Lost en el Wacken, consagrando a los artistas cuales fuentes de inspiración más allá de la realidad que hay en su música.


Dead by April


Es difícil entender cómo se sostiene, después de un pasado repleto de cambios y muchas desavenencias, la genial maquinaria sueca de metalcore que es Dead by April. Con casi dos décadas de carrera profesional y unos álbumes que han redefinido el sonido extremo en Suecia, el cuarteto que carga Pontus Hjelm parece que ha encontrado la estabilidad que los fans tanto ansiaban. En el Wacken, era el momento idóneo de comprobar si todo estaba bien engrasado y dispuesto a romper la escena social una vez más para mucha gente. El último álbum, “The Affliction”, ha sido una grata sorpresa tras la entrada de Christopher en las voces guturales, de modo que el show no iba a decepcionar aunque ésa fuera la intención (¡no lo fue!).

Con el ambiente perfecto debido a las actuaciones previas en la Bull City, Dead by April saltó al escenario con la actitud solvente de un grupo que dio, a los presentes, ¡lo se quería y mucho más! Pontus sigue siendo un músico muy versátil, el cual es capaz de llevar varios instrumentos simultáneos sin inmutarse. Eso incluye también su rol de cantante lírico, apoyado por los brutales ladridos de Christopher, quien realizó una labor gutural sublime a pesar de estar relegado a un segundo plano. Cuando se trata de potencia grave ilimitada, Marcus estableció las bases de los moshpits al mismo tiempo que los redobles bateristas de la reciente incorporación de Richard. Sí, Dead by April hizo estallar las inmediaciones con un sonido particular del panorama sueco, ¡reivindicando que su música sigue muy viva!


Trold


Después de una visita obligada al Wackinger en el día previo, el jueves empezó fuerte con Metaklapa para seguir con el combo danés de Trold. De vuelta a un ambiente místico y natural, el folclore escandinavo volvió a adueñarse de quienes deseaban danzar al son de la cultura musical en el metal/rock. Al término de algunos cambios en la formación y cierto intercambio de roles instrumentales, Trold enseñó que disfrutar, beber y saltar eran acciones que podían hacerse a la vez con una sonrisa abierta. Ejecutando un setlist repartido por los dos álbumes de su discografía, los daneses no podían ocultar su inmensa alegría de tocar en el suelo sagrado del Wacken.

En un azogue de célebre personalidad, Allan dejó los graves para centrarse en un despliegue vocal de júbilo mientras la cordofonía le rodeaba en un sinfín de ritmos corales. La iluminación, entre verde y azul, ayudó a recrear una frondosa naturaleza musical, donde nadie podía escapar del jolgorio general. En el momento en que apareció la mandolina por la retaguardia, la explosión de folclore llegó a su punto álgido. Trold no era una banda más en el Wackinger, sino cualquier aspecto del mismo. Árboles meciéndose al son de las canciones, la tierra sonriendo de la alegría percusionista, las nubes congregándose para contemplar la algarabía social… ¡Dinamarca acertó, de lleno, al ofrecer su mejor arte cultural en el Wacken! Tal fue la experiencia vivida que, de camino al Infield, ¡tararear las líricas y las melodías de Trold se volvió un acto involuntario!


Danko Jones


El viernes sin duda se caracterizaría por las actuaciones de grandes bandas del heavy y hard rock internacional. La máquina de hard rock canadiense liderada por Danko Jones saltó al escenario para impartir un auténtico máster de actitud, volumen y distorsión. Tan solo su única presencia, ante un escenario  minimalista al extremo, bastaría para construir una actuación que resultaría arrolladora. Solo con su inconfundible testimonio, entre canción y canción, Danko guió a sus seguidores a través de una descarga sonora cargada de virtuosismo y de mucho groove.


El sonido de las guitarras hizo temblar el suelo con temas diseñados para cantar a pleno pulmón, canciones como “Everyday is Saturday Night”, y “You Are My Woman”, se convirtieron en la tarde viernes en los grandes himnos del festival, hasta el momento. La complicidad con el público fue inmediata, logrando que miles de manos se alzarán al compás de cada riff lanzado directo al pecho de cada persona. Sin necesidad de escenografías complejas ni artificios, Danko Jones, y los músicos que le acompañan, demostrarían que su entrega en el escenario fue suficiente para caldear un gran recinto. Fue una exhibición de puro poder rockero.


Luna Kills


Uno de los shows que provocaron el éxtasis social por el área del Wasteland fue, en opinión unánime, el de los fineses Luna Kills. Cómo un cuarteto dominó un concierto de principio a fin con el público en volantas es algo que todavía es imposible de asimilar. Claro es que la banda se valió de varios ases con una garantía de calidad suprema, usando esas bazas durante todo el desarrollo escénico. Con sólo un álbum de estudio y la mirada puesta en uno venidero con múltiples sencillos ya disponibles, Luna Kills aprovechó su tiempo de actuación para que una persona acabase llevándose la algarabía de aplausos y ovaciones, su increíble cantante y líder grupal, Lotta. Desplegando una personalidad carismática y sin apartarse del borde de seguridad, ella se conformó como el eje artístico que provocó moshpits por doquier, aupó los puños en alto y generó un ambiente de pura e insana emoción en vivo.

La cordofonía que le acompañaba también significó un acreciente continuo de fervor general, pero el interés del público no se distanciaba de Lotta. La corta discografía no es un obstáculo para decir que el estilo de Luna Kills es inclasificable, porque de ritmos pegadizos y poperos de suave distorsión hacia un asombroso ejercicio de death/core imprevisto, ¡no hay casi diferencia! Quizás ahí radicase la desmesurada respuesta de la gente al show de los fineses, los cuales se valieron de la sorpresa como un factor de aptitud singular y especial. Más allá de la enérgica descarga de Luna Kills en el Wacken y su colosal impacto, reseñar que Lotta y compañía no vacilaron en codearse con los fans al finalizar el show, sabiendo que la gente también es una parte trascendental en el arte musical extremo.


Black Label Society


La temperatura iba subiendo en el Wacken, además de las previsiones meteorológicas que para ese año daba despejado. Llegaría el momento en el que Infield iba a recibir una de las actuaciones del día que más ganas tenía de ver. La banda de Black Label Society, con el virtuoso y carismático Zakk Wylde, líder de la banda. Sobran las palabras para describir la maestría a seis cuerdas del legendario guitarrista, el cual tomó el control absoluto del Wacken durante un par de horas. El escenario  con su habitual muralla de amplificadores, y como telón de fondo la portada de su último trabajo, “Engines of Demolition”, la formación norteamericana desplegó su recital de buen rock and roll, con toques country y blues,  y añadiendo a cada tempo una buena dosis de potente heavy metal pesado.


 Aquí, y discúlpenme, me tengo que poner subjetiva, y es que ver a Zakk Wylde tocar eternos solos de guitarra fue un placer, un placer que hizo que una gran parte del público no pudiéramos  apartar la mirada con absoluta admiración. Las canciones, con la voz cavernosa de Zakk sonaría con una fuerza imponente, que también es cierto que con la aportación instrumental del resto de la banda, resultaría una experiencia doblemente buena, y satisfactoria. Uno de los momentos más emotivos de la actuación llegaría con el homenaje a la figura de Ozzy Osbourne. Con un Zakk Wylde visiblemente emocionado, cuando sonaron los primeros acordes de “No more Tears”, el público empezó a cantar en una sola voz. Estoy segura que a la cabeza del Zakk, vinieron en ese momento miles de imágenes de recuerdo compartidos con el gran Ozzy. Pronto llegaría el final de su show,  aún con la nostalgia en mucha de la gente, con las primeras notas de “Stillborn” volveríamos  a hard rock de carretera para poner rumbo al final del camino.


Cruachan


El Wackinger nunca se queda corto a la hora de traer bandas que incrementen el nivel sociocultural del Wacken. Desde Irlanda y con la mentalidad puesta en danzar e instigar la saciedad cervecera, el cuarteto de Cruachan apareció en el escenario con un enérgico derroche de lo que es folk metal/rock de verdad. Ya se contempló el poder de Cruachan por el Leyendas del Rock español, pero el caso del show en el Wacken tuvo un componente de arraigo sensacional. Al ritmo de canciones del último álbum “The Living and The Dead” y múltiples guiños al resto de la discografía, la gente adquirió un poder corista bastante apreciable, más sabiendo el alto nivel profesional de los integrantes grupales.

Fieros guerreros musicales, Keith y Joe dominaron la épica artística con un excelso dominio de la cordofonía, regando el área de un sonido heavy pero muy suave a la escucha. Marcados con signos bélicos faciales, fueron una de las piezas clave en la genial visión holística de Cruachan. Recién llegado a la banda, Sterling puso su portentoso manejo baterista al frente, realzando la sólida base del concierto. Más que un adorno o floritura escénica, gran parte de la belleza interpretativa corrió a cargo de Audrey, la prolífica violinista y artífice de los bailes sociales. Tras su semblante serio, la felicidad campaba por las delicadas manos que susurraban historias de fantasía y aventura. Porque había prisa por dar más cobertura mediática; ¡qué gusto fue gozar con Cruachan en el Wackinger!


Paleface Swiss


Había muchísimas ganas de volver a ver la locura social que se desata en un show de Paleface Swiss. En el Copenhell, se pudo formar parte de uno de los moshpits más salvajes vistos en directo. Tal hazaña no se repitió en el Wacken, pero sí que hubo otros hechos que demostraron la grandeza del combo suizo. Paleface Swiss no es una banda que dosifique los ánimos en función a sus canciones o el repertorio, sino que empieza fuerte, se mantiene igual y acaba estallando en una algarabía de violencia mutua inaudita.

Llegando casi a mitad de concierto y con la gente subida en hombros, “Withering Flower” y “The Orphan” se expresaron a toda potencia ante las miles de voces que chillaban en favor de los músicos. Nadie quería apartar los ojos del frenético Marc “Zelli”, quien se erigió como el líder absoluto de la inmensa jauría frente a él. Desplegando un versátil elenco de tonos vocales entre agudos y graves, el esfuerzo personal era más la espiritualidad de alguien digno del metal/rock moderno. Una figura que comanda masas sociales en una simple orden y cuya obediencia es fiel en independencia al término artístico.


No fue sólo Marc “Zelli” el único arrendatario cualitativo de la casa suiza. Por mucha actitud solvente, él no es el único que había dando guerra en directo. Yannick y Tommy llevan respaldando la maquinaria compositiva desde los inicios, erigiendo unos breaks y caos melódicos capaces de incitar una ferviente respuesta por delante de la imaginación. Raudos en la ejecución cordófona y sin dejar caer los ánimos, rompieron los esquemas mentales de quienes buscaban algo de lógica en la dinámica escénica.

Aunque la permanencia del baterista es un asunto pendiente para Paleface Swiss, la reciente llegada de Luigi a la percusión ha supuesto un extra de incitación en la retaguardia. Más que estar sentado frente al kit de bombos y platillos, siempre se le vio alzado y visualizando el efecto de un metalcore/deathcore brutal. Con tres discos en estudio y un par de EPs, el repaso discográfico estuvo muy acertado desde el inicio hasta el fin con el éxito de “Let Me Sleep” y el clásico inmortal de “Please End Me”. Todo un frenesí para los más exigentes y buscadores de tendencias en el metal/rock extremo.


Saxon


El regreso de Saxon, una de las leyendas británicas del heavy metal, a la tierra de Wacken marcaría las ondas sonoras durante un par de horas. La banda británica, con el incombustible Biff Byford al frente,  presumiendo de chorro de voz y de esa presencia que solo se consigue con años de éxito,  saltaría al escenario del Faster para repasar cuatro décadas de himnos inmortales. Desde los primeros acordes, sus más fieles seguidores,  se entregaron al poder de la música, convirtiendo el recinto en un mar de puños en alto alzadas al cielo, ¿Puede haber algo más heavy?. Las guitarras resonaron con potencia, esculpiendo pasajes cargados de ese sonido clásico de la NWOBHM que aún sigue haciendo temblar los cimientos de cualquier festival.


Clásicos indiscutibles como “Denim and Leather”, “Wheels of Steel” o “Princess of the Night” fueron cantados a una sola voz, por decenas de miles de almas totalmente entregadas. La química de la veterana banda sobre el escenario, fueron una muestra fiel de que el tiempo no pasa por ellos, y que aún con las limitaciones de la edad, Saxon siguen levantando esa pasión por el metal como al principio de su carrera, y haciendo un show, que para muchos resultaría épico, y para otros quizá lo sientan como que hayan dejado de arriesgar.


Insanity Alert


Cuando se trata de combinar thrash/crossover de la vieja escuela con una faceta divertida y muy singular, Austria tiene al mejor grupo de tales especificaciones, Insanity Alert. Por mucho que las canciones sean veloces, frenéticas y sin apenas descanso en el show, es imposible apartar el aspecto gracioso de la temática y la puesta en escena que el ídolo Heavy Kevy y su compañía dan en el espectáculo. Llegando el atardecer al Wacken, el terreno del Wasteland tembló cuando el grupo austríaco pisó fuerte con varios trallazos de energía imprevista.

Entre los bestiales duetos de guitarra, un bajo fuera de sí y la percusión quebrada, el sonido general se asimilaba a un torbellino de almas gritando dentro de un juego de recreo. Muchas risas por la indumentaria y las bromas de Heavy Kevy, pero no se puede negar que su azogue y apelación social estuvieron a la altura con motivo de ambientar una ocasión de puro y hormigonado metal/rock clásico. Tal fue la audacia y el interés por Insanity Alert en el Wacken que, sin apenas darse cuenta la gente, el tiempo se sucedió volando cuando la banda ya anunciaba el final de su fiesta con “Desinfektor” y “Run to the Pit”. Pocos fueron quienes rehusaron irse de las inmediaciones del Wasteland durante la despedida, aunque con el estado de bienestar grupal que gozan los austríacos… ¡Pronto estarán más de gira por Europa!


Eläkeläiset


Tengo que reconocer que el espacio vikingo del Wacken, la tarde noche del viernes, me atraparía por completo, y me dejé enganchar por todo que ofrecía, y sobre todo en su aspecto musical. Tras las armonías vocales de Metaklapa, llegaría el turno de descubrir los sonidos que llegaron desde Finlandia de la mano de la banda Eläkeläiset, grupo de música humppa fundado en 1993. Su música se adueñó del espacio, transformando el concierto en una fiesta con un sonido diferente. La banda, con un look semejante a una orquesta de feria, nos llevaría de viaje por la mejor música de su amplia discografía,  además de convertir grandes éxitos del rock y el metal, en frenéticos ritmos donde sonidos de acordeón eran los protagonistas.


Los nórdicos desataron bailes desenfrenados entre el público, que con la sonrisa en sus caras, solo quería disfrutar de ese momento. Su humor irreverente y su actitud relajada contagiaron la alegría, que unió a  la gente, venidas de todos los rincones, en un gran abrazo multitudinario. Sin duda hay que destacar dominio musical, introduciendo instrumentos poco comunes en un festival donde el metal y el rock lo dominan todo. Eläkeläiset regaló una de las horas más divertidas, alocadas e inolvidables de todo el fin de semana.

Hatebreed


Una dosis del mejor hardcore americano siempre viene bien, al menos, como entrante de lo que se venía en el Infield antes de la llegada de In Flames. El deseo quedó plasmado con la irrupción del arrollador show de Hatebreed. Si en el Leyendas del Rock de 2025 la gente voló por encima de las cabezas, ¡ahora iba a ser de una forma mucho más salvaje! El combo de Connecticut estaba preparado para que la gente luchase mediante el auténtico poder de la violencia musical. Por ello, Jamey y su séquito agarraron los instrumentos con toda la voluntad posible, salieron al Louder entre ovaciones y, bajo la amenazante escénica trasera, dieron comienzo a una actuación que se podría describir cual “¡bomba atómica en tu cara!”.

Los moshpits se incendiaron ante un público desatado al son de “I Will Be Heard” y “Kill Count Increase”, no se podía evitar la locura interior con “Destroy Everything” y el propio grupo entró en éxtasis al ejecutar algunos cortes clásicos, mencionando esa “Last Breath” del álbum debut. El sonido, a pesar de haber ciertos fallos en el monitoreo, no mermó la calidad del directo de Hatebreed. Ni un estallido en los amplificadores o la rotura de otros enseres hubiera sido capaz de detener el salvaje frenesí que los americanos desarrollaron en el Wacken.


Jamey es, a pesar de las críticas y las polémicas a su alrededor, una fiera vocal del más alto nivel. En pleno azogue de un lado hacia otro, envalentonó a las masas con su insana actitud. Las inteligentes líricas, obras propias de Jamey, no dejan de revelar las incómodas verdades de un mundo corrupto y destruido gracias a una podredumbre moral. La gente entendió los mensajes vocales, que bien algodonados estaban con la intensa cordofonía de Wayne y Frank. Aunque el primero estaba más centrado en su tarea guitarrista y el apoyo corista, Frank sí que ofreció una imagen alocada con un dominio instrumental preciso y sin fallos apreciables.

Todavía no se entiende la abrupta salida del bajista Chris hace un par de años, y por mucho que el sustituto Carl le haga justicia al manejo grave, se le sigue echando de menos al frente. Por el contrario, Matt continúa brillando en la retaguardia percusionista, manteniendo la entereza estructural del motor americano. Rodeados de moshpits de diversa índole, bien claro quedó Hatebreed se comió al Wacken al más puro estilo occidental, sin dejar prisioneros y con la idea de volver por Europa en breve.


In Flames


Pioneros del death metal/rock melódico en Suecia junto a Dark Tranquility y At the Gates, la trayectoria de In Flames se podría describir como una extraña sucesión de éxitos y fracasos a lo largo del tiempo. Sin miembros originales y con el dúo de Anders y Björn como capitanes del barco sueco, cualquier cosa se podría esperar de la leyenda musical en su directo del Wacken. Por desgracia para los críticos y detractores, In Flames se presentó en el escenario del Faster con la mirada puesta en un único objetivo, realizar el mejor show de su gira europea veraniega ante decenas de miles de fans. Así salió el quinteto, así triunfó durante la actuación y así lo vivió el suelo sagrado al comienzo del atardecer.

Los fuegos y la pirotecnia poco pudieron caldear el ambiente social, pues ya de por sí se incrementó gracias a un sonido increíble que repicó en cualquier rincón del Infield y más allá. El último álbum “Foregone” fue el regreso de la banda a sus orígenes, dejando la experimentación creativa a un lado. Por ello, abrir con “Colony” y seguir con “Deliver Us” acabó siendo un especial regalo de contraste temporal. Nada de presentar nuevos temas o encauzarse sobre una época concreta; la gente necesitaba comprobar si la maquinaria sueca era capaz de dar la talla con la inmensidad de temas que conforman el virtuoso palmarés… ¡Vaya si se cumplieron las expectativas, imposible negarlo!


Todavía maravillado por la inmejorable puesta en escena y la multitud de elementos digitales en la pantalla y la iluminación general, el público no dejó de cabecear mientras In Flames representó su historia en una simple hora y media de show. De vuelta al comienzo, Anders mostró que su laringe es algo más que un tesoro nacional sueco. Líneas líricas intrincadas ejecutadas a la perfección, transmisión de emociones entre suaves alaridos, ciertos guturales de fuerza salvaje… ¡Calidad inigualable! Björn es un gran guitarrista y compositor, pero sin la compañía de otro sostén cordófono en vivo, no podría dar la grandeza necesaria que los ritmos y solos de In Flames requieren. Esa tarea le compete al reputado Chris Broderick (Jag Panzer, Megadeth…) quien demostró que su habilidad ha dado un nuevo rumbo al grupo en el regreso sónico que tanto se pedía en voz alta. Lo mismo se alega de la estructura base, donde Liam y Jon cimentaron los pilares de una algarabía que estalló en moshpits y otras muestras de fidelidad heavy.

Un poco de decoro ambiental también quedó bastante bien con la ayuda teclista de Niels, aunque en un grupo de death metal/rock melódico no es algo que sea del todo necesario; ¡eso no significa que sea prescindible! Además, Niels aportó una labor trascendental en los momentos de máxima energía, haciendo destacar a otros compañeros. Dentro de la expresión musical repartida por la discografía, In Flames no se olvidó de los hitos que aún siguen marcando generaciones, como “Only for the Weak” y “Artifacts of the Black Rain”. Entre tantas dudas al aire sobre cómo estaría In Flames en pleno 2026, las incógnitas se despejaron con un puñetazo en toda la cara y sangrando las injurias de quienes perdieron la fe en la referencia sueca de la industria extrema.


Dubioza Kolektiv


Ya he comentado anteriormente que el festival de Wacken, es un crisol de muchos estilos musicales. Así que la noche del viernes, yo acabaría inundándome de festivos sonidos, donde los ritmos de punk y ska serían la nota diferente. Dichos ritmos vendrían de la mano del vendaval balcánico de Dubioza Kolektiv, que irrumpió en el escenario del Warkinger, del Wacken con una explosión de energía, color y reivindicación que puso a bailar hasta a la persona poco, o nada, dada a esos sonidos. Su arrolladora mezcla de ritmos, en fusión con el folclore de su Bosnia natal, y el metal, convirtió aquel espacio en un auténtica fiesta de reivindicación.


Con cada uno de sus componentes uniformados de amarillo y negro, los bosnios no dejaron de saltar y correr por el escenario, contagiando al público su vitalidad. La gente respondería positivamente, participando en bailes, sin distinción de edades, al ritmo de sus pegadizos estribillos. Entre ritmos festivos y mensajes directos impregnados de ironía, la banda estableció una conexión con el público sencillamente brillante. Su actuación fue una inyección de pura adrenalina y fiesta multicultural que demostró que en el Wacken la actitud y la energía están por encima de cualquier etiqueta musical.

Blood Fire Death


Quien diga que el metal/rock extremo no tiene un referente claro en Escandinavia, es porque no conoce al legendario compositor Tomas “Quorthon” Forsberg. Si encima se desconoce al proyecto de black/viking Bathory, ¡apaga y vámonos! El verano de 2004 siempre será recordado por el inicio de la eternidad para Quorthon, aunque su legado e influencia no dejan de crecer conforme pasan el tiempo y la gente descubre la labor tan ardua y constante del multiinstrumentalista. Con la idea de honrar su memoria y todo el épico material artístico, muchos de los músicos que trabajaron su él decidieron crear el tributo ideal que le hiciera justicia, Blood Fire Death (título del cuarto álbum de Bathory y el más reconocido de la discografía).

¿Un tributo en el Wacken? No tardarían en salir los detractores debajo de las piedras, pero claro está… ¿Hubo alguno que se atreviera a criticar el show que hizo erizar el cabello de escuchar himnos heavies de la historia extrema? ¡Pocos o ninguno! A pesar de las inclemencias iniciales con ciertos aspectos técnicos que no lograron acortaron el setlist, Blood Fire Death tuvo una apertura excelsa con la inclusión del mítico Ihsahn (Emperor) como maestro ceremonial en “A Fine Day to Die”.


A partir de ahí, un selecto compendio de diez temas se desarrolló con una elegancia radical propia del mismísimo Quorthon. Guitarras con un buen sonido de distorsión comedida, un bajo férreo y demoledor, batería central con la ganancia justa sin solapaje técnico… Todo perfecto y eso que la sorpresa de los coros aún resuena en la memoria audiovisual de los presentes. Miles de personas coreando “Call From the Grave”, cabezas y puños alzados en “Raise the Dead”, antorchas y llamas para “Sacrifice”… Se entiende que hay mucha controversia con los tributos y hasta qué punto son necesarios, pero el caso de Blood Fire Death es un trascendental respeto hacia un hombre y su banda que cambiaron la percepción del metal/rock clásico.

Gustaría a unos, no tanto a otros… La cuestión es que la mutua cordialidad en el recuerdo de Quorthon guió el show de principio a fin, infundiendo una dosis de maestría imperecedera. No se vio en el Infield, pero de seguro que los brotes florales se tiñeron de luto durante la actuación de Blood Fire Death. ¡Eso sí, con la sonrisa circundante de Quorthon en el horizonte!


Pronto iba a tocar Judas Priest como referente de cabeza de cartel de la tercera jornada en el Wacken, pero debido a la multitud de gente apiñada en el Infield y las restricciones fotográficas, desde Metaltrip se optó por dar visibilidad mediática a otros proyectos de metal/rock menos conocidos con motivo de expandir la cultura heavy aparte de los clásicos de siempre.

Crematory


La caída inesperada de Crematory fue un duro golpe en el Z! Live español, de modo que el show del cuarteto gótico era una obligación. En el Bull City, el escenario del WET iba a ser testigo de un hecho sin precedentes, el cual llevaba la exclusividad de Crematory a un concierto de aniversario. En más exactitud todavía, treinta y cinco años de actividad casi ininterrumpida para el grupo germánico. La fortuna volvió a trastocar los planes una vez más, pues una hora de tiempo no es suficiente para realizar un repaso completo a la discografía.

Hubo un poco de falsedad en el setlist al no interpretar temas de los primeros álbumes, “Transmigraton” y “…Just Dreaming”. Algo imperdonable, pero que cayó en el olvido después de un emotivo show donde cada artista se desvivió por que el público abriese su alma a una música sensible y muy cautivadora. Aparte de la intensa iluminación que se equilibró en el contraste de azul y rojo, la tenue oscuridad escénica quedó de lujo en la recreación de un ambiente tétrico pero muy llamativo a la vez.


El cerebro compositivo sigue estando en un estado formidable, ya que la voz de Felix continúa inmutable al paso del tiempo, al igual que la destreza de la pareja Jüllich, Markus y Katrin. Juntar la percusión con el teclado es una combinación arriesgada en el metal/rock, pero los años han demostrado lo contrario en el caso de Crematory. Aún resulta curioso que, luego de un tortuoso camino hacia la estabilidad cordófona, Rolf pusiese orden en la guitarra y, hace poco tiempo, el bajo siguiera el camino con la llegada de Oliver.

Algo trivial, pero fundamental para que Crematory recuperase la grandeza que, más tarde, reuniría a miles de fans, al unísono, en temas como “Tears of Time” y “Höllenbrand”. Cierto es que un poco menos de charla y palabrería habría dado paso a un par de temas en calidad de bises; ¡no todo va a ser tocar y ya está! Justo al acabar “Tick Tack”, el camino hacia el Wackinger quedó muy ameno con “Rise and Fall” y el clamor general de benevolencia hacia Crematory y su particular visión del metal/rock gótico que difícilmente defrauda.

Faun


Judas Priest había comenzado sus primeros pasos en su show del Infield, pero en el área cultural del Wackinger, una increíble banda se convirtió en una joya en bruto oculta por el brillo esplendoroso del Metal God. El año pasado, los patrios Schandmaul se convirtieron en los protagonistas absolutos del Wackinger, y ahora le tocaba el turno a Faun. A pesar de los múltiples cambios en el pasado, el folclore de matices paganos sigue muy vivo en el estilo compositivo del grupo, al igual que la férrea imposición de utilizar instrumentos acústicos salvo los sintetizadores de Niel.

Ese arraigo hacia la música cultural sin amplificación intrínseca ni distorsión modular es una genialidad que Faun ejecutó en una remarcable hipnosis histórica. Aunque la iluminación se quedó en una relativa oscuridad frontal, es meritorio dar un voto de favor a la variación cromática, la cual ofreció las texturas adecuadas en la transmisión emocional de la música. Realizando un variado repertorio de la extensa discografía, Faun se valió de su carisma y dominio acústico para generar un ambiente fiestero digno de una comuna natural.


Lo más impresionante de Faun era la seguridad y el dominio que mostraban los artistas en directo. ¡Verlos interpretar las canciones era un lujo para los presentes! La claridad de Oliver se mezclaba con los coros de Laura y Adaya en un telar vocal que llevaba la polifonía laríngea a niveles singulares de registros actuales. Atrás no estuvo la forma en que combinaban las voces con la ejecución instrumental, ya fueran liras, gaitas, arpas… ¡Nada de distorsión ni amplificación externa! A cada lado del escenario, los adornos y arreglos musicales acudieron con la venia de Stephan y Rüdiger.

Entre la zanfoña y las flautas, Stephan contagió su perenne sonrisa al público como agradecimiento al esplendoroso abrazo mutuo. Lo mismo ocurrió con Rüdiger, la propia personificación de la percusión universal. Cualquier instrumento que requiriese un golpeteo, él sería su maestro eterno. Aunque Niel estuviera en la retaguardia con la única carga electrónica, el quinteto frontal hizo que el tiempo se detuviese en la noche germánica en favor de una música muy natural, hecha con el corazón y encaminada a reivindicar la esencia de la cultura humana en cualquiera de sus vertientes. La presteza por acudir a la Bull City no emborronó la considerable admiración hacia Faun, dejando un precedente de calidad que todos deberían disfrutar una vez en la vida.

The Haunted


El éxtasis por el maravilloso show de Faun casi hizo olvidarnos de que, en la Bull City, la maquinaria sueca de The Haunted estaba ofreciendo su pertinente concierto. Dejar de lado a la banda hermanada de At the Gates hubiera sido un delito bastante grave; a paso ligero, se llegó a tiempo de ver la segunda mitad de la apisonadora musical. Marco y compañía saben bien lo que la gente quiere escuchar en directo y con un público más que entregado a la causa de la violencia musical, un repaso discográfico fue lo idóneo para consagrar un éxito en el Wacken.

Con la formación estable desde hace una década y sin alternancias entre los músicos, The Haunted mostró una faceta hostil y muy agresiva con la interpretación de cortes clásicos como “In Vein” o “Hollow Ground” a la vez que otros más recientes. Por desgracia, la premisa por disfrutar de Running Wild en exclusividad del Infield estimó que la visión de The Haunted fuera de unos quince minutos aproximados.


Sin embargo, lo poco disfrutado con The Haunted en el escenario fue suficiente para dar un sobresaliente excelso a los artistas. Entre toques guturales y envuelto en sombras de contraluz, Marco mantuvo los ánimos aupados con su genial carisma. El azogue personal de Jonas no obstaculizó sus potentes graves, haciendo temblar el recinto a cada rasgueo del bajo. La doble cordofonía sigue siendo uno de los puntos más férreos del motor sueco, donde Ola es la imagen social de la creatividad compositiva grupal. A su lado, Victor (Firespawn) hizo los honores en la sentida ausencia de Patrik.

Bajo una intensa iluminación blaugrana y una consiguiente tenacidad sombría, The Haunted enseñó que el tiempo del metal/rock extremo clásico no está en decadencia, sino que continúa rompiendo moldes mientras la gente así quiera que sea. De verdad que el final nos hubiera gustado redactar, pues de camino al escenario del Faster, corear “Hate Song” es algo que cualquier metalhead haría.

Running Wild


Nadie, en su sano juicio, se cree que la mente más piratesca del metal/rock deje de saquear a los fans el mayor tesoro heavy, la devoción y el respeto por la cultura extrema. ¿De verdad que Running Wild va a dejar los escenarios aunque siga componiendo música? No se sabe con total certeza, pero el despliegue que hizo Rolf y compañía en el Wacken dio a entender que la evidencia canta por sí sola. Un decorado más que perfecto para una ocasión exclusiva, un sonido general sublime y que dejó los oídos extasiados, los músicos en un estado de forma excelente incluso con cierta edad… ¿Retirarse de los espectáculos, de improviso, cuando Running Wild dio el concierto de su vida?

Rolf, haz caso a las muchedumbres y recula un poquito, que el barco pirata tiene muchos horizontes que cruzar, islas que visitar, tabernas donde clavar la bandera de Adrian… Se interpretan temas nunca antes tocados en vivo como “Men in Black” y “Dead Man’s Road”, regresan los hitos de “Sinister Eyes” y “Genghis Khan”… No se pretende desarrollar la crónica de este modo, pero la gente confió en que Rolf se tiró un farol al decir lo del cese de conciertos en directo. Con un espectáculo singular que convenció a decenas de miles de personas, ¿qué necesidad hay de hacer sufrir con la ausencia de la banda para siempre? Una opinión respetable, sí, debatible también…


Nuestro querido Rolf es un puto hortera respecto a la temática piratesca; ¡nos encanta así! Verlo con esa actitud divertida y cercana con el público, bromeando y jugando con las líricas… ¡Es el tipo ideal de una locura encaminada a glorificar el metal/rock clásico! Bien se le acercó Peter en el dominio guitarrista y Ole al bajo; ¡no se podía alejar el interés de Rolf! Cuales torres de valor incalculable, coparon los laterales para que la figura central siempre fuera Rolf, aunque también sus momentos de gloria solista. Guiando a las masas en “Bad to the Bone” y “Riding the Storm”, la felicidad de la reputado artista desbordaba la expectación del Wacken.

Ayudando a la escénica del Faster, la iluminación se moduló en un intenso abordaje de vivos colores, al igual que los focos frontales para el deleite visual de Running Wild. El solo de batería de Michael, a mitad del repertorio, quedó divino como interludio de calidad, aunque se podría haber utilizado para rescatar temas de más álbumes del palmarés profesional, como “Victory” o “Shadowmaker”. No obstante, Rolf es consciente de que su discografía es una catedral de éxitos, así que los bises de “Stick to Your Guns” y “Raise Your Fist” dieron paso a un frenesí general con el cierre de “Conquistadores”. Una despedida amarga tras un show rotundo, más de lo que se piensa al vivir una experiencia irrepetible con Running Wild. Por ahora, sólo queda la esperanza en que Rolf diga, algún día y pronto: ¡Adrian nunca se fue, ni nosotros tampoco!


Skynd


La originalidad musical de Australia volvía al Wacken con el regreso de la villana más querida del metal/rock actual, la artista Skynd. Escenario minimalista, oscuridad por doquier, variedad cromática para dar más vida a los temas del repertorio… ¿Uno más en la banda con una batería en lateral? Así fue, pues Skynd es un proyecto que no deja de crecer a cada nuevo lanzamiento de sencillo. Father no podía faltar a la cita con su dualidad bajista y ambiental, pero el público volvía a centrarse en la perfecta ejecución coreógrafa de Skynd. A diferencia del año pasado, donde su actuación en el Wackinger estuvo empañada, tanto a nivel social como mediático (Metaltrip fue el único medio de comunicación que relató la experiencia del debut de Skynd en suelo sagrado) la atención hacia ella se incrementó mucho en la actualidad. Bien es sabido que Skynd nutre sus canciones con relatos de asesinatos y homicidios y le infunde un estilo electrónico vinculado al heavy moderno.


Títere de su propio personaje creado, Skynd realizó un show ecléctico que transmitía una extraña sensación de virtud y apego en la maldad humana. Mucho se dinamizó el desarrollo musical hacia Skynd, cuyos movimientos simulaban el entramado mental de algunos delitos, ya fueran “Columbine”, “Jimmy Savile”, “Tamara Samsonova” o “Aileen Wuornos”. Las coreografías eran tan exactas como puñaladas certeras en el corazón, al igual que sincronizadas con los toques de Father y la reciente incorporación percusionista. El público, muy atento a la actuación, siguió de cerca a Skynd, tratando de interactuar en los coros, ¡si acaso los había en los breaks! Acabar con el trío de temas que hizo famosa a Skynd fue un regalo a los asistentes, cuya emoción les hizo derramar lágrimas sanguíneas como devolución mutua. En el sensacional ambiente que se engendró por el WET, Skynd se ganó otro merecido reconocimiento de cómo hacer metal/rock moderno alejado de lo convencional y con una sólida apuesta que volvió a convencer a los presentes en esa única combinación de música y teatralidad.

Subway to Sally


La pregunta más difícil para acabar el tercer día en el Wacken era: ¿Thrashear al estilo de la vieja escuela con la despedida de Sepultura o danzar al ritmo germánico que siempre envuelve a Subway to Sally? ¡A gustos, colores! Tras haber visto a Sepultura despedirse en el Z! Live de España y en el Copenhell de Dinamarca, la inclinación hacia el deleite folclórico estuvo fundada en la cobertura mediática del Louder. Por mucho que se diga en las críticas y otras demandas distintivas en el metal/rock, el Wacken es un festival donde se acude a pasárselo bien de las múltiples maneras que se ofrecen. ¿Por qué no bailar, una última vez, al son de un combo musical que mantiene el estrellato cultural de Alemania junto a Schandmaul, Faun…? ¡No se diga más!

Subway to Sally es un historia viva de cómo rockear cuerpos con una claro sentimiento de ilusión e influencia histórica nacional. Si se añade que el repertorio se guió por toda la discografía e incluyendo medleys que la gente mucho apreció, la respuesta a la pregunta inicial es un rotundo e innegable vector prioritario hacia Subway to Sally. El show prometía ser épico, divertido y repleto de sorpresas, lo cual se cumplió en mayor medida de lo previsto con artificios varios, pirotecnia al gusto del consumidor y esa devota alegría que no podía desaparecer de las inmediaciones.


Ni la edad es capaz de hacer estragos en el grupo germánico, pues el espíritu juvenil se evidenciaba en cada músico. Con el cabello corto y en black absoluto, Eric mostró que la diversión lírica también necesita un poco de teatro mímico. Brazos alzados en vaivén, coros al unísono… La gente intuyó las órdenes y otorgó el placer de un movimiento social digno de la emoción festivalera. La cordofonía tuvo un protagonismo bastante variado respecto a la abundancia instrumental, encontrando distorsiones acústicas, melodías tradicionales, una guitarra de tres mástiles (¡sí, tres!)… La cortesía de los músicos se entregó a un cierre sonoro espectacular, ¡el más alto para el Wacken!

Sin duda, la carga sentimental que estalló al igual que Eric en los arreglos de índole cultural, corrieron a cargo de la increíble Ally, violinista de Subway to Sally desde hace una década. De un carisma desbordante y una actitud dichosa, Ally puso los mejores detalles de una actuación que no tuvo reparos en dar lo mejor de sí con todo el arsenal disponible. Desde el reciente álbum “Post Mortem” hasta los inicios con “MCMXCV”, Subway to Sally desgranó un compendio de temas excelsos e interpretados a la perfección. “Eisblumen”, “Kleid aus Rosen”, “Krähenfrass”… ¡Qué gran final se expresó con “Grausame Schwester” y “Julia und die Räuber”! Con las bebidas en la mano, un sentimiento de unidad patrio se expelió, a pleno pulmón, a favor de la culturalidad europea gracias a Subway to Sally y su creativa concepción musical de lo que es el folk metal/rock.


Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S. y Geles M.R.

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