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Crónica: Wacken 2026 – 3º Parte (Sábado)
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Crónica: Wacken 2026 – 3º Parte (Sábado)

17/09/2026 0 Comments
5 días atrás
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Último día en el festival de Wacken, que arrancaría con unas de las actuaciones que más esperaba. Un simpático espectáculo, y multitudinario, para todas las edades de la mano de Heavysaurus. Una banda de dinosaurios venida del jurásico, desde Finlandia que a ritmo del mejor power metal,  hicieron rugir a la marea de diminutos festivaleros, con su original puesta en escena, su contagiosa propuesta llena de diversión y mucho color.


Un show donde familias enteras, con los niños, como los máximos protagonistas, se unieron en una gran familia, para saltar al ritmo de sus himnos enérgicos. Himnos clásicos de la banda como “Heavysaurus Rex”,  “Dino-Disko” y “Rarrr!”, fueron cantadas por miles de voces infantiles creando cantera dentro del heavy metal. Fue un arranque perfecto para el sábado, reafirmando que la pasión por el sonido pesado se transmite de generación en generación.


Focus


Cambio drástico para una intensa jornada de sábado en el Wacken, la banda alemana Focus, también conocida como Focuspunkt, llegaría al escenario dispuesta a demoler cualquier tipo de expectativa con un vibrante y combativo punk rock. La formación procedente de Riesa irrumpieron con la velocidad al máximo y una frescura desenfrenada que contagió al instante a la marea de público que temprano se encontraba disfrutando del último día de festival. Enmarcado dentro de su gira “Sternhagelvoll 2026” y respaldados por el lanzamiento de su flamante nuevo álbum, el grupo disparó una ráfaga ininterrumpida de ritmos frenéticos, junto a líricas cargadas de fina ironía, llena de actitud contestataria frente al vacío de la escena comercial. Con una ejecución  libre de artificios, la banda demostró que la diversión del punk germano está en plena forma, dejando una huella en muchos de nosotros.


Kim Dracula


El Infield fue abierto, en el Harder, por Heavysaurus y ahora tocaba el momento de que el hermano gemelo tuviese su dosis de metal/rock extremo. Con mucho público juvenil en las primeras filas que desafió el incipiente calor del mediodía, el artista australiano Kim Dracula salió a escena entre vítores y aplausos. Es complicado definir el estilo musical que desarrolla Kim Dracula desde que se desveló en el mundo de las RRSS. No obstante, el súbito impacto que tuvo a posteriori le ha valido un título de divinidad en quienes buscan algo diferente y original en las vertientes modernas.

Más extraño es observar que el fenómeno desencadenado por el australiano sigue creciendo a cada concierto que ofrece, así que su actuación en el Wacken abrió el catálogo musical incluso a los más cerrados y/o metalheads clásicos. Embebido el grupo en una estética formal capitaneada por el propio Kim Dracula, una hora de show fue más que perfecta para disfrutar de una singular experiencia a cargo de una consagrada promesa del metal/rock alternativo.


Hay algo que caracteriza mucho al artista austral, aparte de su visión conceptual de lo que es la industria extrema. El aspecto extravagante en la mímica y la gesticulación es uno de sus fuertes, al igual que la modulación laríngea en función de la carga emocional lírica. Ese equilibrio, emitido en cada canción, cautivó el interés social en una espiral de apoyo mutuo incondicional hacia él. Por supuesto, Kim Dracula no venía solo a su cita germánica, sino que le acompañaba un excelso grupo de compañeros que dieron una imagen instrumental notable y muy dinámica. ¡Hasta el saxofón estuvo a la altura sonora de la cordofonía!

De naturaleza corta y muy intenso, el repertorio también se vistió de gala con algunos covers de figuras míticas, ya fueran de Pearl Jam, Lady Gaga o Parkway Drive. Esa facilidad de adaptar otros géneros a la cultura extrema se convirtió en un absoluto atractivo de Kim Dracula, quien demostró que su impacto mediático tendrá un futuro glorioso.


Blood Command


No todo va a ser heavy y metal/rock moderno en la tierra sagrada, pues las variaciones del punk también tienen su cabida para los fans extremos. En el Bull City, mucha gente se congregó en el WET con motivo de la llegada del combo Blood Command. La banda noruega es un pilar fundamental dentro de la escena punkarra desde hace unos quince años. Las expectativas, a priori, hablaban muy bien del grupo, en especial, de la nueva cantante Nikki Brumen.

No se tardaría en comprobarlo, porque Blood Command salió al escenario en una actitud frenética de indiferencia legislativa. Es decir, la banda quería comerse al Wacken sin importar el precio; ¡bien lo consiguió! Bajo el amparo del gigante logotipo en la retaguardia, el cuarteto noruego repasó su discografía con una selección de los mejores temas para que el público comprobase que el punk no está muerto. Al menos, no mientras haya artistas dispuestos a reivindicar la importancia del mismo en la historia musical extrema.


Las subculturas urbanas estuvieron muy bien representadas con la estética grupal, portando un estilo juvenil que captó la atención de los curiosos y novicios. Cuales chiquillos rebeldes de la época millennial, Yngve y Snorre hicieron las delicias del espectáculo con su idea personal de cómo disfrutar de un concierto punkarra en estos tiempos actuales. La facilidad en el dominio de los cordófonos quedó al gusto de los presentes, quienes no dejaron de moverse al igual que los propios artistas por el escenario. No obstante, el interés se centró en el huracán femenino que fue Nikki, la personificación de la locura punk/rock en su mayor expresión.

De un lado a otro, interactuando con todo lo que pillaba, rompiendo esquemas sin previsión alguna… ¡En pocas palabras, una vivaz niña encerrada en el cuerpo de una mujer muy dinámica! Ganándose al público e instaurando un jolgorio de apoyo mutuo, Nikki desnudó el alma de Blood Command y se erigió cual reina absoluta del show. Los vítores volaban por sí solos, la gente se agolpaba en las vallas y ella no tardó en unirse al fragor de los moshpits un rato también. Si alguien hubiera dicho que Blood Command iba a montar una panacea así días antes, nadie lo habría creído. La sorpresa de los noruegos no será única, pues con tal experiencia, ¡se volverá a repetir la ocasión de la fiesta punkarra en el Summer Breeze!

Minotaurus


La primera visita al Wackinger del último día, aparte de ingerir algunos de los deliciosos aperitivos del área, sería con el grupo germánico de Minotaurus. En el folclore céltico local, la épica visión de Oliver ha estado muy subestimada a lo largo de los años, y los cambios en la formación han sido muy continuos. Justo este año, Minotaurus se ha vuelto a reformar y primaba saber si se habían encontrado las teclas adecuadas para realzar el legado musical de la leyenda del Minotauro. Aunque no lo pareciese a ojos de muchos de los presentes, Minotaurus no es una banda nueva, sino que ya lleva tres décadas a sus espaldas. La constancia siempre resulta ganadora y viendo cómo se gestó parte del show en el Wacken, la gente se rindió a los pies de la figura cretense, la cual veló por los músicos en directo.

Con un disco reciente, “Memories in the Haze”, el grupo germánico le dio algo más de prioridad en el repertorio sin olvidar unos dedicados guiños a los anteriores trabajos de los años previos. Todo un acierto con motivo de mostrar el palmarés que posee Minotaurus. Oliver continúa teniendo un tono arraigado a la cultura celta, pues entre las rimas líricas y la versatilidad vocal, apenas tuvo que forzar el vínculo social de favor general. A su lado y manteniendo el enigma estético, Clarissa perfeccionó los arreglos laríngeos sin perder la sonrisa hacia los fans frente a ella. El resto de la banda ejerció sus roles instrumentales en una calidad sublime.


Recién llegados a Minotaurus, los músicos de la cordofonía y la percusión impresionaron mucho en el buen hacer de las canciones, obsequiando unas líneas melódicas y adornos armónicos que se percibían en plena claridad y nitidez. Quizás ahí se podría haber mejorado el aspecto sonoro, pues las voces quedaron secundadas por la instrumentación (¡más tarde se solventó el pequeño problema!) Hubiera sido genial haber presenciado el show completo, pero Kittie aguardaba en el Louder. No obstante, se otorga un voto sobresaliente a Minotaurus, de modo que una gira europea próxima… ¡Sería ideal!

Kittie


Todavía es imposible de creer que una de las bandas que revolucionó el metal/rock extremo femenino como es el combo canadiense de Kittie, pisase la mayor catedral heavy mundial por primera vez. Era una ocasión especial y solemne, como una gala de cine o una auditoría de estrellas artísticas. Desde finales de siglo, las hermanas Lander han sido un símbolo feminista de la industria extrema, aunque su fama ha sufrido algunos soterrados por parte de varias facciones desconocidas.

No obstante, el cuarteto canadiense no se ha rendido en el empeño de mostrar su particular estilo groove/nu que tanto explosionó en la sociedad heavy. Con el escenario de Louder repleto de gente para presenciar el insólito fenómeno, Kittie apareció con la contundencia sonora propia de una leyenda musical. Las chicas han pasado de todo desde hace años, pasando de jóvenes entusiastas a unas mujeres empoderadas que hacen al mundo rendirse a sus pies. Por supuesto, el recuerdo de la bajista Trish sigue muy vigente en los presentes, quien falleció en 2017 y marcó un punto de inflexión en la trayectoria de Kittie.


Con el reciente “Fire” y la creatividad personal trabajando en nuevos temas, Kittie se negó a presentar su nuevo álbum. Todo un acierto, pues así se aprovecharía el tiempo de actuación en un despliegue más amplio de la discografía. De temas icónicos como “Brackish”, “Ugly” y “Cut Throat” hasta pelotazos alternativos como “Eyes Wide Open” y “Vultures”… Kittie no defraudó a los fans y novicios con la actitud propia de unas felinas salvajes que no dudan en desgarrar la historia heavy. Transgrediendo cualquier concepción de old school, las hermanas Lander siguen gozando de un singular bienestar que muchos envidiarían al verlas tocar en directo.

De gala, Morgan lideró las huestes frontales con una destreza guitarrista inaudita y equilibrando el rol instrumental con una fiereza vocal brutal. No muy detrás quedó Tara, adalid del frenesí armónico y solista que bien demostraba su gusto escénico entre gestos de catatonia y éxtasis psicológico. Mercedes es una apisonadora baterista que destroza todo lo que pilla a su paso, aplastando al público sin piedad. Al igual que ella, la conexión de Ivy por los graves repercutió en un temblor generalizado por el recinto, grabando las huellas felinas de Kittie en el Wacken para siempre. Pocos fueron quienes evitaron los zarpazos canadienses; ¡qué desgracia para ellos! El resto sí que tuvimos el honor de ser partícipes de la jauría de Kittie; ¿cuándo volverán por Europa?


Doc Burner


El sábado nos encontraríamos de esas actuaciones raras que parecen descartes, pero que acaban siendo un soplo de aire a un ambiente tan marcado, musicalmente, como es el festival alemán. La banda española de hard rock y rock garage Doc Burner ofreció una actuación de apenas cuarenta y cinco minutos, en el escenario del Wasteland, donde al final un buen número de asistentes se dejó arrastrar por la fresca ola sonora.


La formación presentó una selección de sus temas más representativos, caracterizados por ritmos acelerados, riffs de guitarra de gran calidad y una marcada estética de rock de influencias clásicas del rock de garage. Un repertorio de temas que fijó la pauta sonora del concierto con una sección rítmica contundente y a un volumen elevado. A lo largo del show, el grupo mantuvo una ejecución musical precisa y sin pausas prolongadas entre canciones, logrando mantener la atención de los asistentes en la zona del escenario.

Nevermore


Hubo muchísimas lágrimas por la desaparición de Nevermore en 2011; también por el inesperado fallecimiento del mítico Warrel Dane años después. Luego de disputas grupales y otras cuestiones personales, el acuerdo que abanderaba la reunión de la leyenda americana en 2024 con Jeff Loomis y Van Williams fue todo un bombazo mediático que culminó en el anuncio del fichaje de la discográfica a cargo de Reigning Phoenix y un nuevo disco en camino. El reclutamiento de nuevos miembros fue una tarea muy laboriosa, la cual se completó de manera exitosa y ahora tocaba comprobar si el motor funcionaría en directo.

Para desgracia para los escépticos, Nevermore no sólo cumplió las expectativas del show, sino que el regreso fue un espectáculo de primera con una actitud digna de reconocimiento. Incluso algunos se atrevieron a calificar el concierto del “mejor” que hubo en el último día del Wacken, a la altura de los cabezas de cartel. Un único fallo se le podría reprender a Nevermore, siendo la mayor presencia de “Dead Heart in a Dead World” en contra del resto de discos, obviando los primeros trabajos de fin de milenio.


Obviando ese aspecto, el grupo desarrolló una actuación loable que siempre tuvo, en el punto de mira, a los músicos que conforman Nevermore. La cordofonía siempre ha sido el dominio absoluto del legendario Jeff Loomis, quien no deja de mostrar su pulida técnica de ensayos constantes. Entre una amplia variedad de melodías y armonías increíbles, él mismo escogió a su escudero guitarrista en Nevermore, el joven Jack. Observando la alta tasa de sincronización entre Jeff y Jack, no se duda en lanzar un voto a favor de la joven promesa guitarrista.

La oscuridad escénica quedó divina con el portento bajista de Semir, quien también fue un gran apoyo moral hacia los compañeros y la apelación social. Añadir la versátil voz de Berzan al grupo fue un notable aire fresco a las líricas, recreando un arraigo corista de los fans devotos. Van Williams es incapaz de defraudar en su rol percusionista, dejando claro que el concierto de Nevermore no era un simple reunión casual, sino el comienzo de una trayectoria renovada y lista para seguir engrandeciendo el metal/rock mundial. Una hora del mejor metal/rock americano maravilló al Wacken, aunque un poco más de tiempo extra habría hecho saltar el furor por encima del límite festivalero.


Dieter «Maschine» Birr


Dentro del circuito musical alemán, la escena del rock cuenta con leyendas vivas fundamentales, y el festival Wacken Open Air es el  escaparate para proyectarlas hacia un público más amplio e internacional. Así el sábado pudimos ver, la actuación de Dieter “Maschine” Birr, que se subiría al escenario del Wackinger,  acompañado por su banda, “Maschine und seine Landstreicher”, para reunir a muchos de sus seguidores, en una actuación memorable. Durante el show, el mítico músico ofreció un recorrido impecable por la historia del rock germano, combinando grandes éxitos de su etapa al frente de los legendarios Puhdys, con composiciones destacadas de su trayectoria en solitario. El público disfrutó de un repertorio equilibrado y lleno de nostalgia. La energía fue en aumento a cada minuto que pasaba de la actuación, y lo reconozco, ver a miles de personas, de esa llamada vieja guardia del metal, cantar con emoción y respeto, cada una de las canciones, fue emocionante.


Lamb of God


Cambio de logotipo, nuevo disco lanzado este año… Un radical lavado de cara ha tenido la reputada apisonadora de Lamb of God en los últimos tiempos. Con la formación intacta salvo por esa sentida salida del baterista Chris en 2019, el combo americano regresaba al Wacken con un objetivo en mente, destrozar al festival a base de hitos con la mezcla atemporal de su discografía. Aquí no existían reglas ni condiciones para el público, sólo un simple “sálvese quien y como pueda”. Los violentos moshpits engullían personas que acababan escupidas en brazos de la seguridad, los fuegos escénicos caldeaban el ambiente en el inicio de la sombra por el Harder y el incipiente sonido general cargó contra los miles de fans que gritaban el nombre grupal en un clamor singular.

En Metaltrip, teníamos cierta indiferencia a Lamb of God hasta que la convicción final llegó con la aprobación del show en un sobresaliente bien conseguido. Abrir con “Ruin” y “Last to Rest” en plena satisfacción artística, comprobar el poder compositivo de “512” seguido de “Walk With Me in Hell”, acabar la tarea con ese himno groovy extremo que es “Redneck”… Podrá gustar o no el estilo que desarrolla el grupo yanqui, pero es innegable la trascendencia generacional que ha marcado Lamb of God en el metal/rock moderno, ¡característica muy notable!


A pesar de las polémicas y algunos asuntos personales que le rodean, Randy es el cantante idóneo que muchas bandas desearían tener entre sus filas. Actitud desafiante en una dinámica frenética de la tarea vocal, agresividad facial junto a la satisfacción anímica… ¡Pocos artistas de índole laríngea pueden igualarse a él! El núcleo cordófono continúa siendo implacable a la hora de mostrar la destreza técnica. Willie y Mark no dejan de sorprender a los fans y novicios mediante unos punteos y rasgueos excelsos. La carencia de movimiento escénico, por su parte, no tuvo ni una sola crítica, pues ese aspecto estaba (¡más que cubierto!) por Randy. Más concentrados en dar la talla en sus respectivos roles, ambos hicieron que la gente se matase por verlos lo más cerca posible.

En el apoyo corista y llevando su bajo cual infante con un juguete, John se consagró cual padre de la estructura base, rellenando los breaks y fortaleciendo la armonía solista. Su sonrisa era un símbolo perenne en la devota respuesta social, pues muchas ganas tenían los asistentes de dejarse la vida al ritmo de Lamb of God. La llegada de Art Cruz a la batería ha sido un golpe de aire fresco al grupo, aunque los efluvios del compañero anterior no se olvidan tan fácilmente. Ejecutando una labor percusionista igualitaria a la que haría Chris, ayudó a que Lamb of God lograse, en el Wacken, otro récord simbólico de fidelidad en el metal/rock actual difícil de superar.


Airbourne


El derroche de adrenalina, sudor y puro hard rock australiano llegó al punto de ebullición con la arrolladora presentación de Airbourne. Joel O’Keeffe y el resto  de la banda salieron a romper el escenario sin guardarse nada, convirtiendo la explanada en un maremágnum de riffs filosos y latas de cerveza volando por el escenario. Sin duda el terreno del festival está preparado para el rock, como bien dice el tema con el que abrieron su tiempo, “Ready to Rock”. Nadie pone en duda la energía con la que salen al escenario el grupo australiano, con su vocalista corriendo de un lado a otro del escenario animando a todo el mundo, mientras las canciones sonaban unas detrás de otras, “Too Much, Too Young, Too Fast” y “Runnin’ Wild”, hicieron temblar el suelo.


El público respondió con una entrega salvaje, saltando sin control ante el ritmo endiabladamente rápido, y durante cantando cada uno de los estribillos pegadizos. La actuación de Airbourne se sintió a toda velocidad, casi como un suspiro, de esos shows que tienes que estar pendiente, porque si no te lo pierdes. Pero así es el rock and roll.


Hardline


Alguna decepción debía de haber en la Bull City, hecho que llegó con la leyenda americana del hard rock Hardline. El tiempo de estar en el foso con las labores fotográficas fue la mitad del show, así que ya se intuye de dónde viene la cuestión del chasco. Johnny Gioeli es un cantante sublime, aparte de ser fácilmente reconocible a priori. Los compañeros que le asisten en el mantenimiento de Hardline poseen una calidad excepcional, tanto en estudio como en directo. Un sonido brutal y muy nítido durante su show, la gente bailando y saltando al ritmo de canciones repletas de efluvios clásicos, un par de versiones con mucha alegría circundante… Ya está.

Podría parecer muy sosa la descripción, pero no hay demasiado donde rascar en una actuación que fue muy disfrutable, pero tremendamente breve y que dejó al público a la espera. Cierto es que 45 minutos es muy poco tiempo de interpretación musical; si se finaliza el show antes incluso… Que sí, Hardline es un combo supremo que emana hard rock a raudales, ¡eso no se niega! El problema reside en tocar siete temas y la carencia de satisfacción por mucho arraigo social y coros que se levantaban entre el público. En resumen, Hardline pasó por el escenario del WET en la tarde, expresó su arte musical de la mejor manera posible y se retiró con cierta prisa del Wacken. ¿Qué razones hubo para ello? No se sabe, aunque la siguiente vez, puede que Hardline desarrolle su show con el esplendor característico de su trayectoria profesional.


Municipal Waste


El descalabro de Hardline por su breve show se iba a remediar a los pocos minutos con una intensa dosis de thrash/crossover justo al lado, en el escenario del Headbanger. El público más ansioso de dar rienda suelta a la locura interior vio satisfecha la intencionalidad cuando el combo americano de Municipal Waste apareció entre gritos de admiración, moshpits al alza y un ambiente frenético del que nadie se salvó. No cabe duda que los artistas son una piña en directo, pues pocas veces (¡por no decir ninguna!) se vio a alguno de ellos ir en solitario por el escenario.

Además, el azogue de Tony hizo que la gente acabase por los suelos de tanto deleite lírico más veloz que un avión militar. Si no fuera por los solos y la ligera concentración rítmica, pillar a Ryan y Nick quietos era jugar a la mecánica cuántica. No era fácil predecir cuál sería sus siguientes movimientos, pero sí dar probabilidades que llevasen a una unión dual de ambos. ¡Hasta los graves de Land y la batería de Dave dejaron un rastro ruinoso de cadáveres sonrientes con la arrolladora estructura base!


A decir verdad, el show se desarrolló con tanta presteza y técnica que casi no dio tiempo a pestañear. Ni la Fórmula 1 se iguala a la necesaria experiencia de tener a Municipal Waste rompiendo cráneos y desangrando corazones sin una previsión de detención lógica. Cualquier tema valía para establecer una política anárquica, aunque se obvió una de las canciones élite, “Mind Eraser”. A diferencia de los shows previos en el último día en el Wacken, el Bull City estalló por los aires con la gente surfeando bajo la satisfactoria mirada de Municpal Waste y el impacto áureo que envuelve a los americanos.

Apenas se notó el calor circundante, pues las mareas humanas no dejaron de guerrear ni siquiera en el final, haciendo que los artistas obtuviesen un logrado éxito. Eso sí, el protagonista absoluto de la velada tardía con Municipal Waste fue el sonido general, el cual estuvo muy cuidado y apenas irritaba la acústica ótica por mucha distorsión o amplificación técnica.

Ad Infinitum


Desde hace unos años, la suiza Melissa Bonny está considerada como una de las sensaciones femeninas en el metal/rock mundial. En el Wacken, se presentaba otra oportunidad de verla en acción un par de años después de ver a Ad Infinitum acompañar a Kamelot en la península ibérica. Joven y jovial cual inocente niña de primaria, su carismática personalidad fue la causa de miles de aluviones de aplausos, ovaciones y muestras de cariño por parte de un público que la tiene en muy alta estima (¡servidor se incluye también!).

Con la presentación del nuevo álbum «Abyss», el cuarteto activó su maquinaria al sol tardío para que la voz, guitarra y bajo fuesen los protagonistas absolutos bajo la atenta mirada de Niklas y su toque baterista. La principal diferencia de «Abyss» con sus predecesores es la beneficencia de la tonalidad soprano de Melissa, así que poco se vio, en directo, de los profundos guturales que ella se marca en algunos versos y estribillos; ¡hubo unos pocos, por supuesto, acompañados de mucha pirotecnia!


Casi todo el repertorio estuvo encaminado en dar salida al reciente disco, aunque Ad Infinitum sabe que hay reglas que no deben ser olvidadas. Por ejemplo, comenzar saltando en «Upside Down» y ejercitar las caderas cual rutina física en un gimnasio. Los sutiles movimientos de Melissa eran seguidos por la algarabía, quien no paraba de corear su nombre y apoyarla cual estrella musical que es. No se niega que Melissa es la figura central de la banda, pero también hay más artistas que merecen un reconocimiento a su labor musical.

A la guitarra, Adrian no quitó la vista del mástil, pero no por concentración o parecido. Su afán por la perfección le llevó a ser tipificado cual ser sobrenatural. Más que fallar ritmos o solos, los adornaba aún más, creando una atmósfera que estallaba a voluntad para que el público se lanzase a las mareas de los moshpits. Directo a recrudecer éstos, Korbinian sacó toda la potencia a su bajo, casi llegando a partirlo por la mitad de los slaps y brutales toques manuales. Tanto «Animals» como «Unstoppable» rompieron las barreras del sonido por debajo del umbral de un tenor. En unión a Niklas, la sólida estructura de base que tuvo Ad Infinitum cimentó otro éxito de altura («My Halo» fue el tema preferido por la gran mayoría) para una cuarteto que no deja de crecer en números de ventas, fans… ¡Y a saber qué más!

The Other


Sin abandonar el escenario del Wasteland. La penumbra, el terror y el horror punk tuvieron su espacio reservado, donde mucha gente esperaba para disfrutar de la potente actuación de The Other. Con su maquillaje cadavérico y una escenografía gótica cuidada, los alemanes llenaron el espacio de sonidos oscuros. Una propuesta, influenciada por bandas clásicas  del gothic rock como HIM o Type of Negative, que puso a bailar a los amantes de las atmósferas tétricas. Su vocalista Rod Usher, como maestro de ceremonia, dominó el show con su cavernosa voz, que atrapó de inmediato la atención del público. También ayudaría la elección de un setlist, donde los estribillos fueron  altamente pegadizos, lo que facilitó que el público enseguida se sintiera inmerso en la actuación.


Arch Enemy


Se sabía que iba a funcionar la nueva era (¡cuarta, para ser exactos!) por mucho que el ámbito mediático, famosos detractores y muchos fans empezasen con las comparaciones. Para todos ellos, se siente alegar, de forma muy favorable, que Lauren Hart ha demostrado, con creces, ser la perfecta representante de Arch Enemy en la tarea vocal. Todos querían ver a la artillería sueca dar un espectáculo de primera, vivir los himnos guturales cuales historia de la música extrema, sentir el poder magnánimo de una muerte melódica a flor de piel… Claro que se nota la ausencia de Alyssa, ¡al igual que la de Angela y el primigenio John! El problema son las múltiples opiniones que tratan de sobreponerse en la calidad laríngea que ha ido gobernando Arch Enemy a lo largo de los años. Lo que no parece entenderse, o es la sensación percibida, es que la importancia debe radicar en el apoyo a la banda y los primeros pasos con la llegada de Lauren Hart. ¿No hubo haters hacia Alyssa? Ahora parece que no, ¿verdad?

Cambiando el foco de atención hacia el show del Wacken, Arch Enemy prometió lo que la gente quería disfrutar, un setlist variado donde la permanencia de temas clásicos iluminó el camino del estrellato para la recién llegada vocalista. Vientos de cambio en un horizonte de gloria con la vista puesta en un nuevo disco… Quizás por ello, el grupo sueco abrió la actuación con “Yesterday is Dead and Gone” para continuar con “The World is Yours”. ¿Un mensaje encubierto, quizás? Sin conspiraciones de por medio, la gente se entregó a la causa de un repertorio bien selecto, donde hubo joyas rescatadas como “We Will Rise”, “Blood on Your Hands” y los típicos trallazos exitosos que nunca faltan, mencionando el dúo de “My Apocalypse” y “Nemesis”.


Mucho setlist por aquí y por allá, pero la verdadera esencia recae en el desarrollo escénico que tuvo la actuación. La cordofonía, liderada por el reputado Michael Amott, es un valor seguro de calidad que jamás se oxida, al igual que su compañía mutua, Joey Conception. La repartición de ritmos y solos es una delicia que nadie, quiera o no, criticaría jamás. Dando el punto más bestia a los graves, Sharlee es un huracán de potencia que escudó la estructura base mientras Daniel impregnaba la batería de una furia singular a la vez que mantenía los moshpits activos gracias al doble bombo continuo. Por supuesto, el interés social apenas se movió de Lauren, quien demostró equilibrar la faceta gutural con la cercanía social. Si el público participaba en las canciones, Lauren no vacilaba en unirse a los coros cual líder laboral.

Ahí reside un secreto muy importante que la gente notó en el show de Arch Enemy; Lauren siempre estaba al servicio de las algarabías, ¡no por encima! (Un jefe comanda al equipo por delante, un líder está con el equipo hacia delante). Quien notase ese fundamento, seguro que coincidirá con la opinión de Metaltrip: “La cuarta era de la banda sueca, con Lauren en la voz, enseñó que nadie está por encima de nadie”. Un hecho que puede crear heridas o abrir cicatrices, pues tal hecho se vio con las dotes vocales John y Angela al frente. ¿Cómo seguirá Arch Enemy en el futuro que se viene? Otra muestra de show en directo se observará en el venidero Summer Breeze y con mucha más percepción, pues la sensación épica de Castle Rat esperaba en el área del Wasteland en la segunda mitad de Arch Enemy.


Castle Rat


La banda neoyorquina Castle Rat confirmó en el escenario Wasteland, del Wacken, por qué se ha convertido en el fenómeno del doom metal del que todo el mundo habla. Con una propuesta visual fascinante donde la estética medieval y elementos de magia son sus grandes puntos fuertes, la formación convirtió su pase en una oscura fábula digna de la tradición de los cuentos clásicos de la literatura infantil alemana. Al frente del ritual, la deslumbrante voz y presencia escénica de su cantante, Riley Pinkerton, encarnando a The Rat Queen, lanzó un hechizo hipnótico sobre el público desde los primeros acordes. La banda desplegó su sonido pesado, junto a una imaginería teatral haciendo de su repertorio una historia que quedará grabada en el tiempo, embrujando al público, que no apartaba la mirada, ni por un instante.


Finsterfrost


La curiosidad por descubrir proyectos más allá de lo común en el glorioso devenir del metal/rock llevó el interés mediático al Wackinger. El atardecer fue un componente muy importante para el super combo germánico de Finsterforst. Después de haber escuchado el último álbum “Still” y el fuerte arraigo que emana el grupo hacia el folk/viking, hay que dar una alegato no muy favorable al recinto. Es decir, el Wackinger es un escenario enorme al igual que el resto del Outfield, pero ver a los integrantes de Finsterforst apiñados al frente con la batería en la retaguardia apoya a la infundada sensación expuesta.

Eso no quitó calidad al show, pues la estética minera e industrial gustó bastante al público presente. Además, la persistencia de los coros y la participación grupal continua son puntos muy favorables a destacar de Finsterforst. Gracias a esos aspectos, la extensa duración de las canciones se hizo muy amena, aparte de comprobar la excelsa interpretación de instrumentos atípicos, como el acordeón y el teclado trasero.


Ambientación perfecta, sonido algo elevado en el monitoreo, una actitud “pesimista” mediante la emocional carga lírica… Puede que el combo pareciera algo estrafalario a ojos de los puristas y el metal/rock clásico; en la modernidad vanguardista, Finsterforst fue todo un descubrimiento que no tardó en añadirse a la playlist de Winamp. Quizás una pequeña recomendación sea necesaria para los germánicos, siendo una mayor diversificación del repertorio junto a la presentación de “Still”.

Con más tiempo de actuación de por medio, seguro que esa petición se cumplirá y se verá mucha más calidad escénica de Finsterforst. No obstante, antes de salir en camino hacia Powerwolf, era inevitable echar la vista hacia atrás con los continuos evoques folclóricos que escapaban del Wackinger por parte de una banda que debería tener más reconocimiento en el panorama extremo europeo.

Powerwolf


Cuando alguien mencione instituciones heavies que han escrito un capítulo destacado en la historia del metal/rock, Powerwolf no puede faltar en el listado. Dos décadas de éxitos sin precedentes, fuertes creencias ideológicas en la industria extrema, una estética eclesiástica bajo el amparo de la luna… Raro es encontrar a alguien que no sea capaz de tararear ritmos como “Armata Strigoi”, “Amen & Attack”, “Demons Are a Girl’s Best Friend”… Más difícil es obivar el importante arraigo europeo que levanta Powerwolf allá donde va, ya sea el Wacken o una gira conjunta. El referente licántropo de la música prometió un show memorable en la catedral mundial, lo cual se vivió de una forma tan impresionante como exclusiva.

Cierto es que los repertorios del quinteto apenas suelen variar de un festival a otro, pero sí que hubo un tema que impresionó a Metaltrip de verlo en directo, “Joan of Arc”. La fiel representación de la figura femenina histórica les quedó divina, al igual que la quema inquisitoria en “1589”, la supremacía de “Stossgebet” y la continua pirotecnia proveniente de cualquier rincón del Faster. Hay que reconocer que la banda no estima en gastos para complacer a los fans y establecer una dinámica audiovisual magnánima. En pocas palabras, Powerwolf sabe cómo ejecutar una actuación que convenza incluso a los detractores más resistentes. Con un sonido perfecto a la altura de su posición como cabeza de cartel, junto a Sabaton, del último día, los germánicos desplegaron su cotidiana actitud a la vez que un brillante aura en el atardecer.


Aunque apenas se separó de su cetro vocal, Attila conserva su característico humor que se entrelaza con las múltiples texturas tonales de las líricas. Su estática es entendible debido a la carga de liderazgo que porta en sus hombros, así que no es un aspecto que se pueda criticar. No obstante, un poquito más de presencia en la cercanía social, al menos durante los temas, ¡habría venido genial! Uno de los “hermanos” artísticos Greywolf, Matthew, todavía no se había recuperado de su afección patológica, así que la sustitución por Dom (Northgard) continuaba activa. Tal y como actuaba el guitarrista en directo, parecía ser un hermanastro de Charles, un lujo que se compartió en la tarea rítmica. La costumbre de obviar un bajo con pistas programadas es algo habitual en Powerwolf, aunque todavía se critica ese aspecto. Por detrás, Roel demostró su tremenda pericia en el control percusionista sin relegarse a él en absoluto. Si había que incrementar el fragor social, no dudó en interactuar cual maestro ceremonial.

El mismo rol adoptó el querido y respetado Falk Maria, cuyas dotes teclistas e inmensa sabiduría de praxis organista desarrolló cual erudito de la composición clásica. Entre juegos mímicos y una felicidad desbordante, conformó emocionantes duetos con Attila, llegando más allá de una mera actuación teatral en ciertas ocasiones. El buen rollo y fabuloso ambiente que Powerwolf emana en la ejecución musical es un lujo que miles de asistentes aplaudieron sin cesar, al igual que el implacable vínculo de disfrute mutuo. Por supuesto, disfrutar a Powerwolf siempre es un placer, ya sea en espectáculo, sonido, setlist… Sin embargo, describir un show de los germánicos que se ha repetido a lo largo de este verano no es de buen gusto cuando hay otras bandas que también requieren su espacio mediático.


Corrosion of Conformity


Una leyenda americana del metal/rock clásico iba a tocar en el Bull City, de modo que el culto religioso se cambió por los sonidos sucios y countries de Corrosion of Conformity. Después de tantos cambios en la formación y una trayectoria que abarca más cuatro décadas, el público más fiel a las raíces extremas se atornilló en el WET. La edad media de los asistentes era considerable, rozando la jubilación laboral. No fue ningún impedimento para cabecear al son de unas melodías catatónicas que incitaban a la introspección personal. Por supuesto, bien sonorizadas con la distorsión justa que traía efluvios groovies de unas épocas stoner/sludge bastante notorios. Mencionar a C.O.C. es dar un merecido aplauso a Woody, quien ha sabido mantener al grupo constante y no perder ese toque histórico que mucha gente sigue apreciando hoy en día. Él ya no es un chaval de instituto, lo cual no significa que disfrute a tope de tocar su guitarra.


Algo relegado a los coros, la tarea vocal principal es el dominio de Pepper (Down), quien fue un maestro de conmocionar el estado mental de los presentes en la genial combinación de rudeza y suavidad interpretativa. Tan pronto como susurraba en el micrófono, ¡el cabello se le erizaba al instante! Más sosegados y con cierta altura escénica, las recientes incorporaciones de Bobby y Nick establecieron una sólida base grupal. Aunque el bajo poseía ciertas desavenencias técnicas en el monitoreo, los fuertes dedos de Bobby conseguían sobrellevar el apuro sonoro y mezclarse en la tarea percusionista para dar una imagen de profesionalidad más allá de los duetos guitarristas.

Seleccionar un grupo de temas adecuado para el Wacken es imposible con motivo de hacer justicia discográfica a C.O.C. así que se optó por una vía mejor. Enseñar el contraste temporal frente al espejo y que la gente alternase el clásico “Deliverance” con el reciente “Good God/Baad Man”. Arriesgada fórmula que acabó elevando a C.O.C. en su estado de leyenda americana gracias a una ecuánime opinión positiva al finalizar su show.

Guilt Trip


Sin apenas moverme del lugar, la cuota de agresividad del sábado, llegaría de la mano de los británicos Guilt Trip, quienes hicieron saltar por los aires los cimientos del escenario del Wasteland. La banda saltó al escenario dispuesta a arrasar el área, desatando una tormenta de breakdowns devastadores y riffs rítmicos de extrema violencia sonora.


La banda  al completo contagió su energía de salida a la gente, animando al público a perderse en los mosh pits que firmaron desde el principio  del show. Una respuesta de la multitud fue salvaje e inmediata, al sonido decía banda, una cuidada mezcla de hardcore  y thrash moderno, convirtiendo el espacio en un auténtico torbellino de polvo. La actuación de Guilt Trip resultó musicalmente aplastante, dejando exhaustos y eufóricos a la gente que se acercó, para disfrutar de una última dosis de metal extremo.

Einherjer


La última visita al área cultural del Wackinger se convirtió en una lucha por la supremacía vikinga en el metal/rock escandinavo. Con las últimas remodelaciones en la cordofonía, los noruegos de Einherjer ensombrecieron al Wacken con un despliegue de contraluz cromático muy intenso a la vez que demoledor. Los altos niveles sonoros eran bastante chirriantes en la apreciación ótica, aunque se podían distinguir las líneas musicales sin problema. Además, la gente reaccionó a la pobre visualización nocturna con un fervoroso apoyo con moshpits y propia actitud bélica. Sin duda, Ole y Tom son un dúo guitarrista imponente, pues copando los laterales escénicos, se visualizaba la hostilidad facial al ejecutar su rol interpretativo. Cuando se juntaban al frente, la inmensidad capilar de sus melenas brillaba cual supernova en mitad del vacío universal.


Por otro lado, dominando las líricas con un aguerrido tono gutural, Frode aporreó su bajo en plena instigación social. La hegemonía vikinga no cederá al olvido en el metal/rock extremo, así que mantener una estética cultural es primordial a la hora de mostrar el impacto mundial de las primeras civilizaciones. Ésa fue la sensación vivida con Einherjer, experimentar la verdadera esencia nórdica a través de un música potente. Un repaso a la discografía también ayudó a la causa grupal de imponer sus reglas en el Wackinger, como la presentación de “Gone” en vivo. Justo aquí, la cobertura mediática tuvo que ausentarse del show debido a la inminente llegada de Triptykon al Louder y la salida de Sabaton, aunque no sin embravecerse con el impresivo espectáculo de Einherjer.

Triptykon


Somos muy fans de Triptykon, Celtic Frost y el maestro Tom G. Warrior en Metaltrip, ¡no lo podemos remediar! Eindhoven MM, Dark Easter MM… Ahora, tercer vez que ser vería a Triptykon tocar en directo en menos de un año. Volver a tener al maestro Tom G. Warrior mostrando el legado de Celtic Frost junto a los clásicos de Triptykon es una cita obligada como catedral musical que continúa sirviendo de fuente inspirativa para el culto del metal/rock actual, incluyendo las vertientes del old school. Disfrutar el estilo escénico de Triptykon, en total indiferencia a la interpretación, resulta fundamental entender el contexto que supone experimentar una multitud de sensaciones sobre el sentido de la vida y la filosofía de la realidad.

En el Dark Easter MM, Triptykon venía celebrando el aniversario del “Monotheist” de Celtic Frost. Por otro lado, en el Wacken, se prometían estrenos de temas nunca tocados antes en directo. ¡Hubo de todo en poco más de una hora, y aun así, la gente no podía dejar de agradecer cuando se desvelaron los temas de “Shatter” y “Demon Pact”! Además, es muy importante resaltar el valor escénico que se desplegó en directo, con un decoro solemne de llamas, diapositivas digitales y un uso adecuado del humo artificial. El show tenía que ser perfecto; ¿cómo se podría entender lo contrario con Triptykon delante?


Para el atónito público que recibía las inesperadas sorpresas, lo importante fue centrar el interés en realizar los coros a cada rato, mantener el entusiasmado candente y formar parte de un espectáculo que no decepcionó ni al más crítico o insensible. Esa imagen de ver a una prolífica banda ejecutando su maravilloso concierto en un ambiente que irradiaba conocimiento… ¡Celtic Frost es la sabiduría del metal/rock en su época old school y Triptykon, el medio para predicarla al mundo! Es difícil ver a Tom G. Warrior dando la nota en algún show, pues su metodología vital se resume en: “Mente sana en cuerpo sano”. Feliz de ver la respuesta social a los debuts de los temas, volvió a ser un adonis humano a través de una ejecución guitarrista perfecta y muy profesional; ¡qué desglose vocal tan sombrío y bello a la vez!. Su dinámica mutaba en función de las emociones a transmitir por las líricas, pero sin perder las habituales muecas de aprobación.

Su compañero de cordofonía, Victor, era la cara visible del espiritualismo que envuelve al estilo musical de Triptykon. En absoluto contraste a Tom G. Warrior, el rostro de Victor reflejaba cada uno de los estados mentales que las canciones evocaban, aunque con un plus extrovertido muy satisfactorio. Catatonia introspectiva, sumisión psicológica, tristeza existencialista, humanismo filosófico… Un acorde menor y/o disminuido de una determinada progresión le provocaba un éxtasis emocional que se contagiaba por cada rincón del Louder. No se yerra al decir que Victor hizo la competencia a Tom G. Warrior en el reparto guitarrista, ¡aunque desde una estética de rivalidad mutua que resultaba formidable!


Ya que ambas guitarras se conformaban como una línea armónica y melódica dual, ¿quién daba la potencia al show? ¡Aquí entra la base estructural de los graves y la batería! Vanja jamás dejará de ser, desde hace casi dos décadas, la faceta más ruda de metal/rock extremo. Mirada hostil, muecas agresivas, crudeza sonora a cada golpe al bajo… No será la bajista más reputada ni la más conocida en la actualidad, pero en el mundo underground, ¡no hay nadie con tanta calidad interpretativa como ella! ¡Justo ahí radica su importancia especial dentro de Triptykon! Un simple toque abría los corazones para dejar escapar el alma del interior, haciendo que la brutalidad de “Progeny”, la icónica “Circle of Tyrants” y el clásico “Messiah” provocasen un aluvión ambiental propio de evento único e irrepetible.

En similitud, Johannes repicó su kit baterista en concordancia al desarrollo del show. Si era necesario bajar el tono o suavizar la cara emocional, ¡ahí estaba el primero! La génesis de una atmósfera adecuada a la actuación estuvo a su cargo, ¡y qué labor más perfecta hizo! Triptykon hizo sacar la oscuridad más nostálgica y brillante del Wacken, recordando cuáles son las raíces del metal/rock en un sendero de contraste atemporal que la gente no cesó de agradecer desde el comienzo hasta la sentida despedida; ¡se hizo muy dura tanto como emotiva de la felicidad general!

Sabaton


Y llega uno de los momentos más especiales, para muchos, el Harder se convertiría en una recreación de un campo de batalla de guerra. El famoso tanque de Sabaton ya ocupaba una gran parte del escenario para ofrecer el ya característico show de la banda. Un espectáculo con un marcado tinte épico, lleno de pirotecnia y con un despliegue audiovisual verdaderamente colosal. Joakim Brodén, su vocalista, al frente de la banda fue el perfecto capitán de armada en la conquista de tierras alemanas, mientras miles de personas abarrotaban el recinto para cantar a pleno pulmón cada uno de los himnos dedicados a las grandes batallas de la historia.


Todo mientras las explosiones, las llamaradas de fuego sobre el escenario y fuerza del power metal de sus canciones creaban recuerdo entre sus seguidores. Ver el espectáculo de Sabaton, es cierto que de primeras impresiona, pero también, y hay canciones con las que te dejas la garganta, pero hay que reconocer cuando su vocalista se excede en los discursos, se corre el riesgo, de que lo que empezó con energía, acaba convirtiéndose en algo sumamente pesado. Quizá a lo mejor en cansancio acumulado de cuatro días, empezó a manifestarse, pero en ciertos momentos, deseé que la actuación hubiera ido a un poco más de velocidad.


Fit for an Autopsy


Todavía quedaban muchas bandas por dar sus shows en el Bull City. No obstante, la alta oferta musical pudo con los últimos esfuerzos de Metaltrip, pues el cierre de los escenarios gemelos fue con la brutal descarga de los americanos Fit for an Autopsy. La gente más extrema rehusaba irse del Wacken sin haber dado el máximo delante de una banda que poseía un objetivo bien claro, evitar la estática social a toda costa. A través de un repertorio englobado en los recientes trabajos de estudio y los nuevos temas de un próximo álbum, la radical maquinaria de deathcore concedió los deseos de quienes querían revolcarse en unos salvajes moshpits con un fiero sonido similar a una carnicería musical. Con la ausencia de un tercer guitarrista en el concierto, el combo provocó unas violentas sensaciones espirituales mediante temas caóticos como “Lower Purpose”, “Head Will Hang” y “The Wretch”.


Acatadas cuales órdenes de resistencia al cansancio, la gente no cesó el desenfreno en vivo ni siquiera en los breves interludios y breaks ambientales, donde el bajo se ganó unos momentos de pura pasión en solitario. A veces costaba distinguir la voz de Joe, a pesar de que los alaridos guturales estaban bien sonorizados. Sin embargo, la lucha mutua de Fit for an Autopsy reventó el Bull City como bien se requería en el término final del Wacken, dejando que el dúo de “Pandora” y “Far From Heaven” rematasen una faena que no tuvo intención de disminuir ni un solo instante en la actuación. No es que el fanatismo del metal/rock moderno sea del todo complaciente en Metaltrip, pero Fit for an Autopsy es un valor seguro de dinámica radical en el futuro de la industria extrema.

Alestorm


Y poco a poco nos íbamos acercando al cierre del festival, y poner fin a cuatro días de vivir un sueño, de esos de los que quieres que vuelva a repetirse. La gente emocionada ya sabía que la actuación que vendría a continuación iba a ser la gran fiesta final. Para cuando los escoceses Alestorm saltaron al escenario,  acompañados de su icónico pato de goma gigante en todo el centro todo el público del Wacken que aguantaría hasta esas horas, explotaría en unos gritos de júbilo. La banda reina del “pirate metal” nos ofrecería su característico sonido de ritmos acelerados, estribillos contagiosos y un humor absurdo.


Christopher Bowes lideró la fiesta final, animando a sus seguidores a cantar y saltar por cada rincón del Infield, y a bailar al ritmo de sus clásicos temas como “P.A.R.T.Y” y “Fuck You”. Sin duda con Alestorm quedaría demostrado, que al margen de la calidad musical, la banda es un valor seguro para transformar cualquier gran recinto en la fiesta más salvaje.


Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S. y Geles M.R.

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