De sobra, si nombramos a la banda de rock alternativo Muse, todo el mundo conoce su extensa trayectoria, llena de éxitos, lo que le ha valido el convertirse en una figura fija en casi la mayoría de festivales, junto a nombres tan relevantes como Radiohead o Massive Attack. Lejos queda atrás sus primeros años, a mediados de los noventa, cuando Matt Bellamy, Chris Wolstenholme y Dominic Howard, decidieron formar una de los grupos que mejor ha sabido fusionar la épica clásica, la electrónica futurista, la ciencia ficción y los desarrollos guitarrísticos más pesados; todo ello complementado con shows en directo reconocidos mundialmente por su despliegue tecnológico y visual.
Por eso me llena de alegría poder dar mi opinión sobre el último trabajo de la banda británica, que una parte de su música fue banda sonora en mi adolescencia. Publicado el 13 de marzo, “The Wow! Signal”, toma su nombre del famoso e enigmático evento de radioastronomía de 1977 que captó una señal anómala del espacio exterior, de tan solo 72 segundos, y que pretendía profundizar en la búsqueda de vida inteligente en el cosmos. Por lo que este trabajo marca una síntesis perfecta entre su vertiente más virtuosa y sus complejas texturas musicales, para profundizar sobre la soledad tecnológica de la humanidad y la creciente tensión entre la simulación artificial y la conciencia orgánica.

Algo hay que reconocer sobre Muse, y es que es cierto, que su sonido está lleno de la más moderna vanguardia musical, algo que está muy presente en este disco, mostrando sonidos de alta factura tecnológica, pero también con un cierto aire de nostalgia por lo retro. Desde el principio, canciones como “The Dark Forest” y “Nightshift Superstar”, Muse lanza estás canciones como señales al cosmos. Ambos temas cargados de mucha energía, canciones que fusiona magistralmente sonidos del rock más alternativo con otros más electrónicos y conceptuales, e incluso se atreven jugar con el género del disco de finales de los 70. Tras energía vital de los temas anteriores, “Shimmering Scars”, el grupo nos lleva hacia un rock más melódico, recuperando sonidos de la época de sus inicios, cuando comenzaron a estar en boca de todos. Con los primeros acordes del tema siguiente, “Cryogen”, empezamos a sentir como si el sonido se hubiera congelado. De esta canción destacaría el sonido rabioso de las guitarras, y la característica voz de su cantante, Matt Bellamy, haciendo recordarnos temas míticos de la banda como de “Time is Running”.
Sin darnos cuenta hemos llegado al ecuador del disco. Aún en estado de hibernación, por el frio del espacio, “Be With you”, mezcla magistralmente melodías y coros gospel, con otros sonidos, que van desde la electrónica más puntera, y el rock y el heavy más épico, progresivo y conceptual. Tres minutos de canción de la que disfrutamos cada acorde, y de esas que repites su escucha para que cada vez encuentres más matices diferentes. Los sonidos progresivos del tema anterior, son los que nos lleva al siguiente tema. “Hexagons”, es quizá el que más experimentación sonora lleva, donde las guitarras se funden con melodías electrónicas. Yo no sé querido lector que sentimientos te podría despertar está canción cuando la escuches. Para mi, Muse, ha jugado muy bien al despiste, pues a veces puedes estar creyendo escuchar el característico sonido de la banda, y segundo después, escuchar las clásicas melodía del genio de la electrónica Jean Michel Jarre. Un notable cambio de ritmo da la apertura al siguiente tema. En “The sickness in You & I” volvemos a recoger de nuevo el sonido más clásico de la banda. Una melodía cargada de una energía oscura en sus instrumentos, y que nos sirve para enlazar, sin apenas pausa con la siguiente canción. “Unravelling”, es de esas joyas musicales que nos llevan a un sonido más conceptual y experimental, sin perder la distorsión del rock característico del género. Quizá en este tema es donde más claramente se ve la evolución de la banda musicalmente. Siguiendo esa tendencia anterior, pronto nos vamos acercando al final de la escucha. En “Hush” seguimos en ese clima de introspección. Una melodía con una base electrónica, sobre en la que va montándose ese sonido de rabia personal del grupo, certificando que estamos ante un nuevo sonido. Cerrando el disco tenemos “Space Debris”, que es como esa respuesta cósmica a las señales enviadas, tal como el nombre del proyecto, el cual da título al disco. Aunque su inicio pudiera resultar musicalmente denso, refleja perfectamente ese vacío del espacio. Es una canción que a lo mejor para la persona que descubra por primera la vez la banda, quizá la escuché extrañada, para el seguidor con un poco de mente abierta, descubra una obra de la cual no se canse de escuchar una y otra vez, en la búsqueda, con cada escucha, de un sentimiento distinto.
El disco en su conjunto, se podría definir como un viaje sónico que va desde una sucesión de melodías más bailable, pasando por otros sonidos de carácter conceptual, para acabar en en una evolución musical hacia terrenos progresivos, consolidando su estatus como uno de los cabezas del rock conceptual del siglo XXI.
Tracklist:
- The Dark Forest
- Nightshift Superstar
- Shimmering Scars
- Cryogen
- Be With you
- Hexagons
- The sickness in You & I
- Unravelling
- Hush
- Space Debris
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