Se acaba el año tanto natural como concertil y uno de los últimos coletazos era una cita de las buenas. La última fecha de la presentación del último trabajo del señor Rosendo Mercado, “De Escalde y Trinchera”, y además en su ciudad Madrid.
Con las entradas agotadas desde hace varias semanas, sino meses, la expectación era máxima, si bien, el público se tomó su tiempo para entrar en la sala, un público además, de lo más variopinto, pues se juntaban gente de muy diversas edades con el único fin de disfrutar de las bofetadas en forma de canción que ofrece el señor Mercado.
Sin banda telonera a modo de calentamiento, y un concierto anunciado para las nueve de la noche, dio tiempo a pasearse por el puesto de merchadising, donde una gran variedad de camisetas estaban disponibles para los interesados. Aún así, Rosendo y los suyos se hicieron de rogar, y hasta pasadas las nueve y veinte, no se apagaron las luces para el comienzo del concierto.
Tras una intro con diferentes juegos de luces, se nos dio paso a los fotógrafos acreditados, que sinceramente, debido a las luces, nos las vimos y deseamos para sacar alguna foto en condiciones, pero qué le vamos a hacer…
El trío, con Mariano Montero a un lado del escenario con su batería con un curioso y elegante parche decorado a modo de reloj, Rafa J. Vegas al bajo y el propio Rosendo a la cabeza, salieron a las tablas con un escenario por completo desnudo, arrancando directamente con Aguanta el tipo seguida de Cuando, esperándome yo grandes ovaciones por parte del personal, pero que se mantuvo más a la expectativa de lo que yo esperaba.
La cosa empezó a animarse con Mala tiña, con un Rosendo que, sin ser muy comunicativo como siempre, si que tenía en su rostro una pícara, que no constante, sonrisa de satisfacción, continuando con el primer guiño a su último disco con El botillo y la pringá, con su mensaje que viene ni al pelo en estos tiempos, enlazada con Muela la muela, sin que pase de moda nunca. Al acabar ésta, primera comunicación con el público de Rosendo al gritar todos “viva la revolución”, y Rosendo responder “eso lo habéis dicho ustedes, gracias”.
Salto a 1987 con De nada más y luego una celebrada versión de No dudaría, que sinceramente, a mi me deja frío, pero que a parte del público, todo lo contrario. Presentó Soy, de las pocas a las que le hizo el honor, siendo también muy bien recibida, si bien Cúrame de espantos fue la más celebrada de su nuevo disco, siendo además bien merecido ese entusiasmo, pues es muy grande.
La cosa seguía p’alante, pero no veía yo al público totalmente entregado, si bien el trío de músicos estuvo a gran altura desde el primero momento, y es que por lo que fuera, Rosendo parecía tener más feeling que en anteriores ocasiones, si bien es cierto que siempre que le he visto, nunca ha fallado.
Sufrido, Tu que… yo que, fueron el previo para que Rosendo “por ser estas fechas señaladas”, diera paso en el escenario a su hijo Rodrigo Mercado, que haciéndose dueño del micrófono, cantó el medio tiempo A remar, siendo esta una de las notas importantes de la noche.
La sala se vino abajo con … Y dale! Para luego seguir con una de las letras con las que más me identifico en su último disco, Que si vengo que si voy. La vacilona Cosita hizo botar a todo el mundo para ponerse más serios con Vergüenza torera, y es que, qué asco dan todos los políticos…
Amaina tempestad que no para de envolverte, llevó al primer guiño para Leño con Qué desilusión, siendo esta más que coreada. Estaba claro que ya estábamos llegando al final cuando escuchas la grandísima Flojos de pantalón, dando las gracias al final de su interpretación. Poesía pura con Masculino singular, que les quedó de fábula con el público coreándola de principio a fin, qué maravilla, cerrándose la noche con Pan de higo y Navegando.
Evidentemente, aún faltaban los bises, y estos fueron para Agradecido y la imprescindible Maneras de vivir, habíamos llegado al final de la noche, pero aún así, después de despedirse y retirarse una ya cumplido el tiempo, aún tuvieron la suerte de salir unos minutillos más y regalarnos La fina en un segundo y último bis.
En resumen, hora y tres cuartos de concierto con un Rosendo que sin ser más comunicativo que otras veces, si que se le veía con una comunión especial con el público, su público, y es que este poeta de Carabanchel, pese a sus sesenta y tres años, pese a quien pese, está de lo más presente. Muy grande Rosendo. Muchas gracias por seguir ahí “repartiendo” con tus canciones.
- Aguanta el tipo
- Cuando
- Mala tiña
- El botillo y la pringá
- Muela la muela
- De nada más
- No dudaría
- Soy
- Cúrame de espantos
- Sufrido
- Tú que… yo que
- A remar
- …Y dale!
- Que si vengo que si voy
- Cosita (La prima Elena)
- Vergüenza torera
- Amaina tempestad
- Qué desilusión
- Flojos de pantalón
- Masculino singular
- Pan de higo
- Navegando
Bises:
- Agradecido
- Maneras de vivir
Bises:
- La fina
Crónica y fotos: Fernando Leal Vielsa





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