20/02/2013
Si hay algo que pudiera definir un concierto de Saurom es fiesta, pero lo que nos ofrecieron los gaditanos el pasado 16 de febrero fue algo más que eso, fue música con mayúsculas, con su fiesta por supuesto, pero también caña, melodía, sentimiento, espectáculo y saber hacer sobre las tablas. Me atrevería a decir que es uno de los conciertos donde más he disfrutado en los últimos años, y he estado en muchos y muy buenos, pero estos chicos no hacen más que crecer, prueba de ello es el espectacular álbum que se han sacado de la manga, que no es un paso adelante en su carrera, yo diría que son diez.
Por supuesto, esto conlleva una mayor asistencia a sus conciertos, y si la última vez que nos visitaron consiguieron una media entrada en la Fanatic, esta vez han aumentado su público y más de tres cuartas partes de la sala se ocuparon con sus fans, unas 200 personas calculo.
Puntuales salieron con una pequeña introducción y los primeros compases de “Nostradamus”. Muchas ganas tenia la gente de verlos y los recibieron con una gran ovación, sobre todo a su vocalista Miguel Ángel Franco, ya que es de por aquí y había muchos amigos entre el público. Con “Irae dei” casi tenían al público en el bolsillo y con “La leyenda de Gambrinus” ya nos tenían ganados. Pocas pausas hubo entre las canciones, algún que otro comentario imaginativo de Migue (aunque esta vez falto el tradicional chiste), pero prácticamente la primera parte del show fue un no parar. “La ley de las hadas” y la muy celebrada “La batalla de los cueros de vino” continuaron con el concierto y con la fiesta y la caña, que marcaron los primeros temas. Tras “Dioses eternos”, se celebro la presentación de “La noche de Halloween”, uno de los temas de su último álbum. “El laberinto de los secretos” nos transportó a aquel magnífico “Once romances desde Al –Ándalus” y con “El saltimbanqui” nos llevaron a sus primeros tiempos más “juglares”.
Tras una primera parte de concierto donde primó la fiesta y la caña, iniciaron un bloque donde fueron alternando algún tema algo más tranquilo y menos fiestero, lo cual no hizo que nos viniéramos abajo, todo lo contrario, supieron alternar estos temas relajados con otros más animados, y precisamente este es uno de los argumentos que me llevan a afirmar el crecimiento de este grupo. Sin abandonar su estilo folclórico han sabido añadir algo de seriedad y pasión a sus temas y a sus directos, y además han logrado que sus fans acepten este cambio y se amolden a él, aparte de añadir nuevos seguidores.
El nuevo tramo lo iniciaron con el tema que le da nombre al nuevo disco, “Vida”, un tema comercial y con mucho sentimiento, pero de una gran calidad, y que todos coreamos. Con “El hada y la luna” algunos y algunas hasta se pusieron tiern@s. Pero el contrapunto llego con “Cambia el mundo”, el primer tema que adelantaron de su nuevo álbum, la típica canción “cantad conmigo”, como las denomina un buen amigo. “Aquel paseo sin retorno” de su álbum “Maryam” y la larga “El monte de las ánimas” del “romances” nos devolvieron el lado más serio del grupo y al mismo tiempo más cañero, y con “Íntimos recuerdos” y “La musa y el espíritu” volvieron a bajar las revoluciones. Pero el momento más intimo llego cuando Migue con una guitarra acústica nos interpretó “El príncipe”, una verdadera delicia, que además sirvió para que el genial vocalista nos recordara sus tiempos como guitarrista y que como él se encargo de informar, celebrar sus 20 años como músico. “La poetisa”, con dedicatoria especial a una amiga del grupo, “Romance de la luna, luna” y “Mírame” concluyó, el por decirlo de alguna manera, segundo tramo, algo más tranquilo y pasar a la recta final con sus temas más fiesteros y celebrados.
“Acertijos en las tinieblas” dio el pistoletazo de salida a esta última parte, continuando con el último tema presentado de su nuevo álbum, “Ángeles”, y con “El arquero del rey” ya fue un no parar de saltar. “La posada del poni pisador” nos llevó a la tierra media y aquel gran álbum “Sombras del Este” que nos contaba la primera parte del señor de los anillos (¿nos brindarán algún día las otras dos?). “Dracum nocte” la cantaron con los coros del público, y por supuesto no podía faltar “Historias de juglar” con la cual se despidieron por primera vez.
Para sorpresa de todos, los bises comenzaron con cada uno en un puesto que no les pertenecía, Migue se sentó en la batería, Narci con el bajo, Raúl en los teclados, José y Antonio con las guitarras y Santi, enfundado en unas mallas de leopardo, a la voz nos divirtieron con una parodia haciéndose llamar ¿Dragonlamberth? Un momento muy divertido, donde por supuesto lo único que sonó original fue la voz de Santi. Pero la fiesta no podía acabar sin precisamente “Fiesta” y por supuesto “La taberna”, ya con cada uno con su instrumento correspondiente. Casi tres horas de concierto, donde se dejaron el alma y más de uno, encima y debajo del escenario, se dejo algún que otro kilo.
No me gustaría olvidarme de recordar el gran trabajo de cada uno sobre el escenario, Antonio Ruiz contundente en los parches, Santi Carrasco con un gran trabajo en los teclados y en los coros, José Gallaro en el bajo que no paro en todo el concierto de arriba abajo, Raúl Rueda en la guitarra con el peso de los solos y de muchas partes rítmicas en solitario ya que el señor Narci Lara es un portento de músico y la mayor parte de los temas deja a un lado la guitarra para utilizar la gaita, la flauta, el whistle y el violín, además de ayudar con los coros, el alma compositiva del grupo, y por supuesto la grandísima voz y el carisma de Miguel Ángel Franco, el "panaero" del metal, como se presento a sí mismo, y que no aflojo en los tonos durante todo el concierto.
Posiblemente este año asista a muchos conciertos de gran nivel, y con los cuales disfrutare mucho, pero me atrevo a aventurar que van a tener difícil igualar al que han ofrecido los Saurom, espectacular. Solo espero que sigan manteniendo este nivel y que sigan creciendo, algo que por lo visto el sábado no les debería costar.
Hemos publicado más fotos del concierto de Saurom en Sevilla en nuestra página de Facebook.
Crónica y fotos: Augusto Arevalo y Manuel Reyes
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