31/10/2013
Las noches de los viernes siempre hay muchos conciertos en Madrid, y esta vez me decanté por un cartel muy interesante, en un nuevo mini festival que nace desde la ilusión y el trabajo. El Acid Forest Fest nos traía un cartel realmente interesante, con Downfall of Gaia como cabezas de cartel y Zatokrev, Galvano y From The Bogs of Aughiska como invitados de lujo.
En la céntrica sala Wurlitzer, con la gente saliendo del teatro, y a cuatro pasos de la Gran vía, el escenario inicial pudo parecer desesperanzador, con apenas tres personas esperando en la puerta. Pero a medida que pasaba la noche, la sala presentó una entrada bastante buena, aunque para iniciativas como esta no estaría de más una mejor respuesta del público, pues luego nos quejamos que las bandas no vienen a nuestro país.
From The Bogs of Aughiska
El primer grupo, con la sala casi vacía, sobraba por todos lados. Encapuchados de negro, con traje y corbata, se plantaron durante media hora en el escenario, produciendo ruidos con un mini teclado y una guitarra que sólo distorsionaba.
Todo el público se miraba como esperando que eso sólo fuera la introducción, y para nuestra sorpresa, eso fue el concierto. Una cosa es Doom Metal ambiental y otra es Doom Metal vacileo, porque cobrar por hacer eso es tener la cara muy dura.
Galvano
Con un sabor extraño en la boca, Galvano salieron al escenario para dejarnos con la boca abierta. Con un Stoner Metal muy contundente, dos tíos sobre el escenario y dos instrumentos tan básicos como la guitarra y la batería, dieron un recital que el público supo agradecer con una enorme ovación.
Su mezcla de Doom Metal con un sonido más sureño de la América profunda, desembocó en la creación de un ambiente muy auténtico, que convenció, motivó y gustó. No todo va a ser Power Metal y Hard Rock en Suecia, y muestra de ello son unos Galvano que ofrecen una propuesta muy auténtica, llena de personalidad y que a mí personalmente me gustaron mucho.
Se despidieron dejando a todos con cara de buenos amigos, sudados hasta el ombligo y sonando en todo momento muy contundentes y haciendo temblar los cimientos de la capital.
Zatokrev
Sin duda, la banda de la noche. Con un sonido Doom más actual y moderno, Zatokrev son un cuarteto que con unas influencias muy nórdicas, han sabido combinar el Thrash más moderno con un sonido muy balcánico. Son de Suiza y suenan bestiales.
Fue el grupo que mejor sonó de la noche, siempre desde una perspectiva personal, y quizás ese estilo menos denso de Doom fue el que me conquistó. Las partes instrumentales eran muy trabajadas, y el vocalista/guitarrista estuvo muy activo todo el concierto, compartiendo con el público y chapurreando agradecimientos en español.
Temas como “Medium” o “The bat” están llenos de técnica, riffs duros y muy distorsionados, que te meten en una realidad donde tu mente fluye a través de las notas y tu cuerpo se contagia de un balanceo constante, coreografiado por los miembros del grupo, que no paraban de hacer headbanging sin cesar.
Con este panorama y no llegando a la hora de actuación, se despidieron Zatokrev, dejando al público cocido y servido para unos Downfall of Gaia que se enfrentaban a un pabellón muy alto.
Downfall of Gaia
Sin miedos y ante un público que en su mayoría había asistido al evento por ellos, los alemanes Downfall of Gaia dieron un auténtico conciertazo. En apenas 7 temas y una hora de duración, crearon un ambiente lúgubre y oscuro, llegando a un nivel de densidad que ya quisieran My Dying Bride.
Temas muy largos, pero llenos de matices y cambios de ritmo, en los cuales las voces se iban turnando, y demostrando que no les faltan tablas, pues sonaban totalmente cohesionados, sin errores, e intercambiando los coros y las estrofas en a la perfección, donde las voces más guturales las hacía el guitarrista, y las más rasgadas el vocalista.
En un momento dado, el nivel técnico subió de tal manera, que aquello parecía más un concierto de Progresivo que de Doom Metal, mezclando ambos estilos y llamando a las puertas de la cocina del infierno. La respuesta del público no se hizo esperar, y entregados totalmente, ojos cerrados y mente despejada, parecía una marea que besaba la playa. Una sensación única este concierto, pues se experimentó una verdadera comunión entre el público, el grupo, y la música.
Gran festival, y se agradecen iniciativas como esta, pues pocas son las oportunidades de ver grupos como estos en la capital, así que ya sabéis, para la segunda edición, una respuesta más masiva.
Crónica y fotos: yalinku@metaltrip.com
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