Stratovarius volvían a Madrid y la expectación era máxima. El lugar elegido fue la sala BUT de Madrid, y aunque finalmente la sala estuvo a tope, lo cierto es que seguramente se debió a la bajada de precio de las entradas. El IVA de la cultura tiene que bajar ya, es algo necesario, al igual que el hecho de que los menores de 18 años puedan acceder a este tipo de conciertos. Esa quizás sea una de las maneras de salvar la escena musical del Heavy en España.
Los finlandeses no venían solos, pues con ellos estaban invitados los australianos Divine Ascension y los sorprendentes Gloryhammer. Con puntualidad británica, la sala abrió puertas y quince minutos después empezaron los australianos.
- Divine Ascension
El grupo que abría la noche era la propuesta inicial para una noche que terminó siendo muy grande. Con un estilo melódico y recordando mucho a grupos que han ido surgiendo de la escuela Nightwish, lo cierto es que no despertaron mucho interés por parte del público, a pesar de que le pusieron muchas ganas. Otra cosa no, pero sobre el escenario se lo pasaron muy bien.
El grupo lleva en activo desde 2007, y el pasado año sacaron su segundo disco “Liberator”,, centrando su actuación en este. Entre otros temas, sonaron “Stronger” y el que da nombre al álbum, y la verdad es que le pusieron muchas ganas y sobre todo buen rollo. No sonaron demasiado bien, pues la batería apenas se oía y la vocalista estaba obligada a subir el tono cada dos por tres, con un sonido que fue de menos a más, pero que no terminó de estabilizarse en ningún momento.
Su actuación fue corta, pero hubo tiempo para dejar claro que no estaban ahí como simples comparsas. Sonriendo todo el rato, se intercambiaban posiciones constantemente, siendo Jennifer, la frontwoman, la que llevaba casi todo el peso de la actuación. Lo cierto es que el teclista, David, también tuvo sus momentos de protagonismo. Entre que variaba entre el teclado estático y el portátil, que iba sin camiseta y que estuvo muy cercano con las primeras filas, se ganó al público. Más aún cuando hizo un amago de “The Final Countdown”, que quedó en eso, en un amago.
Se despidieron de la gente agradeciendo el seguimiento que tuvieron, pues cada vez que pidieron el coreo del público, los asistentes respondieron. Con una sonrisa en el rostro, se hicieron la clásica foto con la gente detrás y rápidamente desmontaron su parte del escenario para dar paso a los locos de la noche, Gloryhammer. Buen aperitivo para una velada que terminó siendo un banquete musical.






