Siguiendo la misma línea al inicio de la segunda jornada, un par de bandas hubo que omitir por priorización del descanso nocturno. Sin embargo, se llegó a tiempo para ver a la brutal maquinaria española de Wormed en acción. Bien se conoce el estilo técnico del quinteto madrileño, pero el público internacional del Party San quedó sorprendido con la inaudita descarga que se vivió durante el show. Guturales más allá de la ultratumba gracias al increíble Phlegeton, sonidos aguerridos de índole muy distorsionada (¡perceptibles, por supuesto!) en ambas guitarras…
La gente flipó (¡de lo lindo!) con Wormed al toparse, de bruces, con una apisonadora impía que no quiso dejar ni los restos cadavéricos del público al finalizar su actuación. De principio a fin, la mortal banda demostró que el metal/rock extremo español no está en caída libre, sino que no deja de crecer para deleite de quienes buscan propuestas nuevas. La absoluta veteranía de Wormed rompió esquemas en el festival germánico, recreando lo que la gente quería, violencia salvaje mediante una técnica impecable de ejecución sublime.
Jungle Rot
¿Por qué traer algo diferente a continuación de Wormed cuando la gente ha decidido que el death metal/rock viene bien a la hora de comer? La dosis de old school clásico cambió de continente con el show de los americanos Jungle Rot, ¡una increíble novedad veraniega que la gente recibió con los brazos abiertos! A pesar de que la banda, en su repertorio, se centró en dar salida a los recientes trabajos del nuevo milenio, la actitud hostil con la consiguiente respuesta social obtuvo una dimensión especial de éxtasis extremo que nadie previó a priori. Sin tregua a los moshpits y cargando su estilo musical hacia un machaque total, el cuarteto se valió del ambiente creciente en el Party San y le cosió su particular visión de lo que es reventar un directo a base de hostias.
Manteniendo el fuerte impoluto con su voz desarraigada, Dave decidió dar salida a su incesante azogue, pues si la gente cabeceaba los pesados ritmos, ¡él más! Sargento de la artillería grupal, no dudó en apoyase en sus compañeros cordófonos en mutua cordialidad. De ahí que James y Geoff copasen los laterales e infundieran un sentimiento de agresividad muy palpable. Hasta Spenser, cuyas dotes bateristas son de relativa incorporación reciente, cargó la estructura base de una potencia inaudita. Quizás el sonido estuviera algo desequilibrado en algunos temas y/o pasajes musicales, pero ello no impidió el tremendo deleite que era dejarse llevar por el clasicismo de la industria extrema proveniente de tierras americanas. Con el regusto saciado y algún que otro hematoma naciente, Jungle Rot atravesó el Party San cual tornado necesario para dar más razones de libertinaje salvaje.
Afsky
De origen danés, Afsky es el proyecto personal de Ole Pedersen Luk, un habilidoso guitarrista dispuesto a enseñas las doctrinas del black metal/rock clásico con un toque moderno. Rodeado de compañeros de sesión y con un interés frontal hacia lo que se podía ofrecer en directo, Ole y el resto hicieron brillar a Afsky como una revolución a tener en cuenta dentro del panorama actual. Sin tocar el aspecto gutural, los gritos de las líricas no chirriaron desde los altavoces; al revés, imprimieron una personalidad especial a la percepción acústica de Afsky.
Omitiendo solos en favor de los tremolos y acordes menores, las canciones poseían un efluvio de clara inclinación hacia el death metal/rock, lo que llevó a la génesis de moshpits entre quienes se entregaron a la inesperada calidad sonora del inesperado show. Con una escueta escénica circundante, la actitud personal se convirtió en un factor muy importante de vínculo social en total independencia del repertorio. Hasta la gente que descansaba en el camping o aprovechaba el tiempo en otros menesteres no reprimió el interés que generaba la presencia de Afsky en el Party San. Casi nunca se encuentran proyectos que gusten tanto a primera impresión; el grupo danés fue una de las joyas extremas que se llevó una muy buena crítica al finalizar el concierto. Al acabar la jornada, ¡Ole y compañía seguían siendo la comidilla en el repaso de las actuaciones!
Deceased
Un trío de grupos americanos se adueñó de la tarde en el Party San con diferentes propuestas musicales extremas. El primer bocado fue cortesía de los clásicos Deceased, quienes hicieron honor a tal término con un show tan genial como divertido (¡en cierto sentido!). Cuando hay que hacer thrasherías y coqueteos duales con el crossover y el death, ¡lo mejor es ir directo al grano y sin rodeos! Ése fue el mantra central de la actuación del quinteto yanqui, hacer gozar al público desde el principio hasta el fin. Con más de cuatro décadas en activo y un buen puñado de álbumes de estudio, Deceased optó por una acertada guía de recrear clásicos de sus primeros discos, hecho que cobró especial importancia en el público de entrada edad y adultos maduros. Bajo un sonido de completa suciedad, crudeza y pesadez, nadie se salvó de ser engullido por un huracán musical que arrasó el Party San sin piedad.
De un lado a otro y a través de gestos y muecas, el volumen vocal de Kingsley se ganó un absoluto interés por su fabuloso rol de líder grupal. Escapar de su acreción personal era imposible, al igual que omitir los perfectos rasgueos y punteos de la cordofonía perteneciente a Mike y Shane. Enclavados en sus posiciones laterales, el azogue intrínseco no les causaba ni un solo momento de calma, siendo los artífices de las imitaciones sociales en referencia a los moshpits. Entre riffs veloces y la intensidad de los breves solos, causaron una desolación acústica digna de mencionar. Como apoyo laríngeo a Kingsley (¡si acaso le hacía falta!) Les compartió sus dotes bajistas con el encauzamiento de las líricas mientras el cantante recibía el apoyo general. Algo muy positivo y que la gente percibió fue el alto grado de cohesión grupal entre los miembros, quienes ofrecieron una sólida imagen de arraigo al metal/rock en directo. Desde esa perspectiva y el espectáculo ofrecido, Deceased patentó un show singular que gustó por doquier.
Wolves in the Throne Room
Mucho tiempo se lleva hablando del extraño fenómeno que ha causado Wolves in the Throne Room dentro del mundo underground americano. Black metal/rock atmosférico con canciones de notable larga duración, mucha cercanía a la cultura doom/dark, el paganismo musical de la temática, la escénica que se trae la banda en directo… ¡Demasiados factores de interés como para perderse el concierto en el Party San! Además, resultó increíble la forma en que la banda mantuvo la atención social centrada en ella a cada momento, ya fuera en pasajes melódicos, breaks ambientales… Gente habría que tales elementos los tildaría de fútiles o sin sentido en la industria extrema, pero no fue ésa la impresión que se generó durante el transcurso del show de Wolves in the Throne Room.
El misticismo y oscurantismo que rodeó la actuación, más allá del humo artificial y el inicio del atardecer, encontró un lugar especial para el público que no quitaba el ojo del escenario. Con sólo cinco canciones en el repertorio (¡a pesar de la rica discografía grupal!) el cuarteto se labró una perfecta sintonía general en el festival. Entre cortes instrumentales y un desglose vocal con evocaciones naturales a lo desconocido, se decidió dejar, a un lado, la brutalidad sónica y el caos escénico en favor de la calma acústica, idealismo ambiental y una descripción artística de la concepción natural del metal/rock extremo. Por ello, los hermanos Weaver no excedieron el aspecto técnico, sino que lo cuidaron, junto al resto de compañeros. Dentro de lo que es la cultura extrema, Wolves in the Throne Room realizó una actuación sobresaliente en cualquier aspecto que, más tarde, se volvería a repetir con Alcest, aunque no con tanta magnificencia.
Sacred Reich
Un poquito más de thrashería en el Party San era necesaria en la caída del sol, así que la venida de los veteranos Sacred Reich fue la respuesta más adecuada. Consagrada como una de las bandas más grandes de Arizona junto a Flotsam & Jetsam, Sacred Reich ofreció un tremendo concierto que rompió los corazones de los thrashers más nostálgicos, incluyendo el público novicio. El cuarteto underground cogió el relevo del fervor social y lo engrandeció aún más, donde no se salvó ni el más crítico hacia la belleza de la velocidad compositiva. No aparecieron grietas en las paredes, pero si apretabas la cerveza, acababas pidiéndote otra y cogiendo la fregona. Divertidos, ilusionados y con muchas ganas de tocar, la banda apenas descansó durante el show, salvo ciertas bromas y juegos de palabras. En 2019, Sacred Reich volvió a la carga de estudio con una reforma en sus integrantes, cuyo resultado fue un nuevo álbum en el verano del mismo año, «Awakening». Después de haberlo presentado en directo durante varios años, un selecto repaso a la discografía fue una idea estupenda como guía del repertorio.
Quizás no sea tan pesado y crudo como el de otras bandas similares, pero el caso thrasher de Sacred Reich radica en el uso de un old school liviano que resulta impresionante a la escucha. El sonido expelido por los monitores no sólo hacía vibrar al público, sino también gestar una alegría desbordante de tintes irónicos. Tanto Phil como Wiley, miembros originales perennes, no conseguían borrar la sonrisa de sus rostros al contemplar el clamoroso apoyo de los presentes, coreándose los estribillos o recitando las líricas al mismo tiempo de la ejecución. La tristeza también se vivió en el recuerdo del querido Jason, quien falleció antes de la Covid19, con el recuerdo inmortal de “Death Squad” vigente. Por supuesto que no faltaron los clásicos, pero ése fue de especial importancia para todos. Alguien que bien se lució fue Joey, quien es la parte más juvenil del grupo. Con su guitarra en volantas y demostrando una habilidad excelsa, se ha convertido en la reencarnación de Jason. Algo parecido se notó con Eduardo, cuya reciente incorporación a la batería hizo que la base musical obtuviese una solidez notable. El problema para muchos fue, de nuevo, el poco tiempo de show, que dejó muchas ganas de continuar la fiesta thrasher americana.
Asagraum
Perderse la revelación del back metal/rock femenino que es Asagraum hubiera sido una condena absoluta, pues volver a disfrutar de la radicalidad que desprenden Obscura y compañía siempre es un honor para el público extremo. Sin embargo, la escasa (por no decir nula) iluminación y el exceso de humo artificial empañaron la visualización de una banda que sigue incrementado su popularidad por el mundo underground. Con muchas discrepancias y opiniones diversas por los alrededores, el aspecto compositivo y el old school del cuarteto acabó decantando la balanza social a su favor. A través de cierta actitud estática, Obscura dirigió el show de forma elegante cual directora de orquesta impasible. No quedó atrás Morthaemer, la brutal baterista quien arrasó su instrumento sin piedad alguna a pesar de no distinguirse en la retaguardia.
A cada lado cuales torreones impasibles, la cordofonía secundaria de Gyda y los potentes graves de Makhashanah hicieron las delicias protagonistas en un subidón sonoro que chirriaba al límite. En vez de presentar su último álbum, Asagraum decidió recrear un paseo discográfico de siete temas que encandiló a los asistentes para entregar las almas a la oscuridad impía del momento. Mostrando una faceta más imponente que en otras ocasiones pasadas, Asagraum sigue creciendo en su reivindicación del black metal/rock como fuente de la verdadera naturaleza extrema.
Alcest
¡No todo puede ser del gusto personal; ojalá así fuera! El Post metal/rock, así como otras vertientes como el Shoegaze, es difícil de comprender según la visión que cada artista o grupo adapta al estilo en sí. El proyecto galo de Alcest, comandando por el risueño Stéphane “Neige”, ha llegado a un punto de no retorno dentro del estrellato musical. No hay vuelta atrás, sólo seguir hacia delante y crear música diferente a todo lo existente en la industria extrema. Para servidor, el abuso de la psicodelia y la relativa nulidad con el metal/rock hicieron que Alcest se contemplase desde atrás, cenando en total tranquilidad. A diferencia de otros grupos como A.A. Williams o Sylvaine que se centran más en la introspección y realidades alternativas sin perder las corrientes heavies, la música de Alcest trata de alcanzar un nivel (aún más alejado) de las dimensiones musicales habituales en contra de los estándares de la industria extrema.
Esto no significa que el show de Alcest fuese anodino y/o tedioso, ¡justo lo contrario! La gente disfrutó bastante con la descarga del setlist escogido, pero en cuestión personal, los temas quedaron muy dilatados y con demasiado tacto espiritual. Es decir, parecían composiciones dirigidas a seres sobrenaturales, obviando la realidad actual. Mientras Neige repartía su catatonia psicológica por el Party San, el resto de artistas realizaron una labor encomiable, ya fueran Zero e Indria controlando la cordofonía o Winterhalter suavizando los toques bateristas según la carga emocional. En resumen, Alcest desplegó su mejor arsenal sonoro y escénico en el festival, creando una atmósfera muy especial, aunque no cautivó a servidor en el estilo compositivo y la continua estática, lo cual no afectó, en gran parte, a los presentes. Quizás la heavicidad de las actuaciones previas radicalizó la percepción de algo muy distinto…
Dark Funeral
La llamada del black metal/rock no acabó con Asagraum en el segundo día del Party San, sino que la banda femenina fue el entrante a la legendaria maquinaria sueca de Dark Funeral. Haber presenciado al icónico Lord Ahriman con el resto de integrantes varias veces antes es un privilegio, pues con la formación consolida desde hace un década, Dark Funeral recuperó su prestigio como referentes del género oscuro. Al igual que siempre, mucho corpsepaint e indumentarias infernales típicas de la moda blacker, pero no se logró distraer al público de lo que verdaderamente importaba en el show, la perfecta conjunción escénica y musical.
Utilizando la batería alzada sobre los presentes y en un contraluz intenso con una viva cromática, Dark Funeral desplegó su mejor arsenal musical para ofrecer el espectáculo que merecían los fans presentes. El liderazgo del icónico guitarrista Lord Ahriman sigue vigente cual único miembro original, aunque el esfuerzo por triunfar, en conjunto grupal, no se limitó a tocar y poco más. La banda agarró los artificios y el despliegue flameante con motivo de recrear un espectáculo sublime. El Party San dejó de ser un festival para convertirse en un auténtico infierno de almas en pena que buscan la salvación o aceptan el castigo ante la omnipresencia de Dark Funeral.
No todo iba a ser old school, pues Dark Funeral tiene una rica trayectoria profesional que no debe obviarse ante otros contemporáneos. Una decena de temas quedó muy bien para no sobresaturar al público ni dejarlo corto de algarabía. Desde la introducción ambiental e interludios instrumentales, cada artista puso su mejor condición de habilidad. Cuando Heljarmadr llegó a la banda hace más de diez años, pocos creían que ser convertiría en una pieza fundamental en la oscuridad vocal. Su porte templado y serio era una razón de respeto y de escucha absoluta, pues cada vez que cantaba, sólo en los coros se le podía acompañar. Lo mismo se puede decir de Adra-Melek y Jalomaah, cuyos gestos y fuerza física rompieron el bajo y la batería de la potencia que les imprimían. Al último poco se le veía por la altura del kit percusionista; ¡de seguro que no falló ni un toque!
Algo más dinámicos ante los asistentes sin salirse de los laterales, Lord Ahriman y Chaq Mol se intercambiaban la técnica rítmica, ensalzando un sonido afilado que no poseía mucha nitidez a primera escucha, pero se distinguía en la compresión musical. Hablar de solos en Dark Funeral es dar vida a unas melodías salvajes que evocan el infierno terrenal, llevándose Lord Ahriman el protagonismo; Chaq Mol no se quedó atrás, quien interactuó más con el público en gestos y actitud. No faltaron, (¡claro está!) la génesis de moshpits y headbangings, lo cual fue otra muestra del arraigo social hacia la banda. Entre agradecimientos y una empatía mutua, Dark Funeral se despidió entre vítores, aplausos y la necesidad de algún bis que hubiera supuesto la destrucción total del recinto.
Amorphis
La traca final de la jornada, después de una intensa sucesión de shows repletos de diversidad musical extrema, acabó cual sorpresa inesperada en gran parte de la gente. Habiendo abandonado el estilo radical con el cual comenzó y retomando esa senda en función de las necesidades creativas, Amorphis es uno de los símbolos más puros del metal/rock finés. Con la formación estable en su núcleo creativo al igual que una férrea devoción temática respecto a su cultura propia, Amorphis llegó al Party San para triunfar de una forma absoluta, impecable y a la altura de las expectativas. Teniendo muy reciente el estreno de “Borderland” que tanto ha dado que hablar sobre su línea melódica libre de exabruptos, el reputado combo despejó parte de las dudas que afirmaban un abandono gradual del metal/rock a través de un espectáculo asombroso y repleto de sorpresas.
La escenografía, tan simple en un variado juego iluminativo y la clara referencia al nuevo disco, ayudó a establecer una genial textura audiovisual donde cada artista se vislumbraba perfectamente; ¡el humo también fue una parte protagonista a la hora de generar unas interesantes sombras y siluetas! Poco más de una hora no es suficiente para contemplar todo el poder musical de Amorphis, más sabiendo la extensa discografía que posee el grupo desde hace treinta y cinco años. No obstante, cuando se hace una selección minuciosa de una docena de temas, lo importancia recae en ofrecer lo mejor que exista en el palmarés; ¡bien se consiguió, a expensas de un par de cortes clásicos! Unos quedaron conformes, otros no tanto… Aun así, las opiniones fueron ecuánimes en dar un voto muy positivo a la actuación de Amorphis, ya fuera en cercanía social, sonido general, puesta en escena u otras características a tener en cuenta.
Cada asistente tendrá su preferencia vocal entre el clásico Pasi y la entrada de Tomi hace dos décadas; ¡el segundo por exclusividad! Demostrando una actitud personal fuerte y sin perder el cautivador toque laríngeo, Tomi balanceó el tono entre agudos y graves en función de las líricas a transmitir. Tan pronto podía soltar un desgarrador alarido de ultratumba como tocar el alma cual elegante soprano de orquesta. El interés se lo llevó desde su posición frontal, aunque hubo reparto de momentos gloriosos para el resto de músicos. La legendaria cordofonía de Esa y Tomi es un conjunto de doble engranaje vital, ¡no pueden subsistir el uno sin el otro! Un incipiente solo por aquí, ritmo trasero de apoyo al instante. Si hay que fortalecer la armonía y generar contrapunto, allá van ambos cuales hermanos. Verlos actuar hacía erizar el cabello de la perfección interpretativa, recreando la atmósfera adecuada por cada canción sin olvidar la interactuación con la gente del Party San. “Bones”, “Wrong Direction” o “Sampo” fueron auténticos feudos cordófonos, añadiendo la brutalidad sonora de la mítica “Black Winter Day”.
Ya que se ha mencionado el aspecto de adornar melodías e infundir un espíritu, la tarea teclista de Santeri es digna de mencionar aparte. Desde la retaguardia, observaba el panorama del disfrute social, generando un estado de plena satisfacción en él a cada acorde o progresión que instauraba. Lo mismo sucedía con Olli-Pekka, cuyo bajo sufría una catatonia especial en la emoción límbica. Sus dedos rozaban las gruesas cuerdas mientras su dinámica, enclavada al lado de Tomi, le impedía evadirse de la realidad musical que le tenía sometido. Por el contrario, la percusión de Jan recorrió todas las rutas posibles de matices técnicos. Un doble bombo suave, golpeteo simple de platillos… Una dulzura baterista que también otorgó su faceta bestial en las zonas más rudas del repertorio. Una pena fue anunciar el final del show con “House of Sleep” y “The Bee”, hecho que puso en pie a los miles de asistentes en un clamor de bises bien justificado. Por desgracia, la petición cayó en el olvido, dejando un cierre maravilloso por parte de Amorphis y su influencia en el metal/rock mundial.
Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S.


































































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