Último día en el Summer Breeze y la ola de calor no daba tregua ni a primera hora de la mañana, pues algunas personas empezaban a recoger el camping y preparando el viaje de vuelta a casa. Con todas las ganas de cerrar un festival de la misma forma que empezó, la amplia oferta de grupos musicales se dirigió hacia el T-Stage. Un trío de bandas con claras influencias del death/metal competían, en aforo, con el Main Stage. El primer estadio se inauguró con la actuación de los germánicos Soulbound, una agrupación que mostró el poder gótico del steampunk. Con una estética victoriana futurista, los artistas se marcaron un show bastante pesado y crudo, ya que el sonido general evidenció una distorsión acusada de afinaciones disminuidas.
Con más de quince años de trayectoria, Soulbound supuso una sorpresa para la gente que ansiaba mover el cuerpo en base a unas fieras rítmicas envueltas de un aura especial. Con la imponente presencia de Johnny en la voz y su contagioso carisma, el resto de músicos desafiaron a las altas temperaturas en una continua interacción social que no les afectó en su rol interpretativo. Soulbound bien aprovechó su tiempo en el Summer Breeze con una variedad discográfica que incitó los primeros coros del área y una dosis de buen metal/rock moderno muy interesante. Para servidor, uno de los descubrimientos del mediodía que debió merecer más audiencia a expensas del tórrido ambiente de los alrededores.
Sanguisugabogg – “Una enfermiza percepción infernal que aupó las nubes de arena…”
Una buena dosis de death metal/rock americano bestial y sin concesiones terminó creando la primera oleada de moshpits. El público más radical y dispuesto a reventar el T-Stage no pudo esperar a que Sanguisugabogg apareciese en el escenario. Conforme los artistas salían al escenario, el terreno empezó a humear como señal previa del grind/slam que caracteriza al estilo musical del grupo. Mediante canciones cortas repletas de multitud de breakdowns y caos armónico, el grupo desplegó una hostilidad sónica tan brutal que incluso atrajo más gente de otras áreas cercanas. Fuera de sí en todo momento, el tono gutural de Devin retumbó por los oídos, impregnado una enfermiza percepción que aupó las nubes de arena por el T-Stage.
Por el suelo, los fans más extremos disfrutaron de una velada corta y muy intensa, donde la pesadez cordófona se ganó un merecido reconocimiento. Aún dentro del desorden melódico expuesto, cada músico de Sanguisugabogg demostró tener la suficiente entereza artística de controlar los continuos exabruptos que se escapaban de la potencia escénica. La contundencia de su enrevesada música no supuso un desafío perceptivo como sí era entender el logo que se exhibía en la retaguardia. Ante la enérgica descarga de los americanos, el festival terminó desperdigado entre sudor y tierra delante de un grupo que impactó a los asistentes cual bola de demolición desbocada. ¡No hubo mejor forma de dar tralla a la altura en mitad del comienzo del cénit diurno!
Bloodred Hourglass – “La sincronización perfecta del elenco guitarrista y la repartición consecuente…”
El último show del T-Stage cubierto por Metaltrip previo a la primera visita hacia el Main Stage fue con Bloodred Hourglass. Después de una intensa dosis de metal/rock brutal con Sanguisugabogg, el death melódico finés supuso un interludio muy bien recibido en la hora de comer. La gente no quería perderse la oportunidad de comprobar un hecho insólito, el cual también fue motivo de visualizar el concierto de la banda casi al completo. Tres guitarras a la vez no es algo exclusivo de Iron Maiden, sino que cuando se encuentra un punto intermedio de armonía, la polifonía cordófona puede otorgar una riqueza muy extraordinaria en directo. Ahí radicó la grandeza de Bloodred Hourglass, la sincronización perfecta del elenco guitarrista y la repartición consecuente de la tarea rítmica y solista. A través de melodías pegadizas y fáciles de seguir, la banda repasó la mitad de su último álbum junto a cortes de trabajos previos y guiños clásicos.
En vez de repartir tralla sin piedad, los fineses impresionaron al público del festival en un despliegue sencillo bastante físico y bien controlado en el sonido general. La agresiva dinámica no se comprometió en ningún momento, sino que obtuvo pluses de intensidad graduales en función de las cargas líricas o necesidades sociales. Incluso el telón de fondo con el enorme logotipo quedó perfecto en un decorado bastante minimalista que no quitó el interés central de la triple cordofonía. Además, hay que tener en cuenta que la banda mantiene intacto su núcleo compositivo, siendo las guitarras quienes han ido variando en la formación. Debido a ello, Bloodred Hourglass consiguió la estabilidad necesaria que ya mostró en el Summer Breeze de 2023 y la ha consolidado años después, marcándose un show que la gente disfrutó muchísimo como antesala a los renombres posteriores.
Kadavar – “La fiel imagen clásica de una música que se creía extinta en la actualidad…”
Corriendo cual poseso hacia el Main Stage, Metaltrip llegó a tiempo de comenzar los locales Kadavar. La gente ya empezaba a abarrotar las inmediaciones por la próxima cercanía de leyendas musicales, así que el cuarteto psicodélico gozó de una gran presencia de público que no le hizo asco al estilo hipnótico expresado por la banda. Puede que la crueldad sea algo recíproca, pero daba la sensación de que los integrantes se hallaban muy lejos de la realidad; o quizás inmersos en su propio mundo.
El punto a favor fue, sin duda, la experiencia nostálgica de un música que recordaba a bandas como Pink Floyd y a otras muy dispares en comparación como Black Sabbath. La puesta en escena aprovechó la pantalla digital con el logo bien visible, envolviendo al público en una sensación enigmática y cierta tendencia a la aprensión debido al uso de ritmos con base de acordes menores y disonantes. Incluso hubo efluvios del casi extinto grunge cuando el sonido se diluía por los monitores y penetraba en la mente, abriendo camino hacia los tiempos pasados. De vuelta con el característico cabello largo que alienta a las décadas progresivas, Kadavar representó la fiel imagen musical de una música que se creía extinta en la actualidad.
Volver a ver al baterista Tiger es un símbolo de calidad perenne, aunque su alegría es motivo de tremendo jolgorio en la retaguardia. ¡Sin duda, fue quien más disfrutó tocando ante los asistentes! Por delante, el tocayo Lupus no dejó su guitarra Gibson amarilla ni por un segundo, pues con ella, encendió la mecha de la psicodelia con los temas escogidos para el setlist. Su facilidad musical llamaba mucho la atención, tanto que algunos espectadores no le quitaron el ojo de encima. Como apoyo cordófono mientras Lupus tocaba los solos y zonas armónicas, Jascha vivía un sueño en directo con el éxtasis que se le veía a grandes rasgos.
La ambientación teclista también corrió a su cargo sin perder su toque mágico de enganche, como fue el caso de la genial canción «Die Baby Die». Por último, y siendo la prueba más clara de la ensoñación grupal, Dragon soltaba graves mientras su intensa mirada atravesaba el Summer Breeze. Sus continuos cambios faciales y las posturas de interpretación daban a entender que su afán por Kadavar no era entendible por el resto de la gente. Con sólo seis temas en menos de una hora, los germánicos revivieron el espíritu clásico del estilo psicodélico y que reactivó el lado más surrealista del público.
Municipal Waste – “La gente surfeando bajo la satisfactoria mirada grupal…”
Había que llegar a Municipal Waste a toda costa, incluso después de haber comprobado la locura musical que fue su show en el Wacken. Una intensa dosis de thrash/crossover no se omite bajo ningún precepto, de modo que el público más ansioso de dar rienda suelta a la locura interior vio satisfecha la intencionalidad cuando el combo americano apareció entre gritos de admiración, moshpits al alza y un ambiente frenético del que nadie se salvó. No cabe duda que los artistas son una piña en directo, pues pocas veces (¡por no decir ninguna!) se vio a alguno de ellos ir en solitario por el escenario. Además, el azogue de Tony hizo que la gente acabase por los suelos de tanto deleite lírico más veloz que un avión militar. Si no fuera por los solos y la ligera concentración rítmica, pillar a Ryan y Nick quietos era jugar a la mecánica cuántica. No era fácil predecir cuál sería sus siguientes movimientos, pero sí dar probabilidades que llevasen a una unión dual de ambos. ¡Hasta los graves de Land y la batería de Dave dejaron un rastro ruinoso de cadáveres sonrientes con la arrolladora estructura base!
A decir verdad, el show se desarrolló con tanta presteza y técnica que casi no dio tiempo a pestañear. Ni la Fórmula 1 se iguala a la necesaria experiencia de tener a Municipal Waste rompiendo cráneos y desangrando corazones sin una previsión de detención lógica. Cualquier tema valía para establecer una política anárquica, aunque se obvió una de las canciones élite, “Mind Eraser”. A diferencia de los shows previos en otros festivales, el setlist no fue tan variado, aunque no faltó la gente surfeando bajo la satisfactoria mirada de Municipal Waste y el impacto áureo que envuelve a los americanos. Apenas se notó el calor circundante, pues las mareas humanas no dejaron de guerrear ni siquiera en el final, haciendo que los artistas obtuviesen un logrado éxito. Eso sí, el protagonista absoluto de la velada tardía con Municipal Waste fue el sonido general, el cual estuvo muy cuidado y apenas irritaba la acústica ótica por mucha distorsión o amplificación técnica.
Orbit Culture – “La respuesta del público fue una de las más efusivas en la tarde…”
Debido a los solapes de actuaciones en el Wacken, se omitió la experiencia musical de la banda sueca Orbit Culture. Todo el mundo hablaba muy bien del cuarteto de groove/death melódico, así que la curiosidad de Metaltrip se sació en el Main Stage. Al comienzo de la tarde y sin aflojar el tórrido calor circundante, la banda escogió un majestuoso decorado dedicado a la intriga visual que caracteriza al estilo compositivo. Cual nave nodriza de una entidad muy superior y avanzada que la Humanidad, el Summer Breeze contempló un show impresionante de calidad que no se dejó intimidar ante los inminentes cabezas de cartel diarios.
Dando más prioridad a su último lanzamiento de estudio “Death Above Life”, Orbit Culture desplegó una política sonora encaminada a sorprender al público de forma continua y mantener el interés fijo en los artistas que componen el grupo. Sin disminuir la potencia escénica, el cuarteto combinó el moshing y el headbanging en un balanceo de temas sin prisa ni pausa. Los pocos breaks e interludios no dieron tregua a una enérgica descarga que la gente bien necesitaba en contra de la estática calorífica.
Una característica muy notoria estuvo presente durante el desarrollo melódico de Orbit Culture, siendo un factor clave del éxito, la atmósfera oscura generada por el repertorio. A diferencia de otras bandas que moldeaban la dinámica en función de las necesidades sociales o la carga lírica, el grupo sueco mantuvo una estática situacional que no generó una experiencia tediosa. Más bien, de fuerza cohesionada en base a la fórmula creativa propia de la banda. Además, sabiendo que la siguiente el show iba a ser un peso pesado del thrash metal/rock americano, Orbit Culture allanó el terreno como inicio de una sucesión de acontecimientos extremos dignos del Summer Breeze.
A expensas de la quietud artística, cada músico se doblegó al fuerte sonido que obligó a mover el cuerpo en contra de la propia voluntad. La cercanía social del líder Niklas y la sumisión al rol vocal, la rauda velocidad guitarrista de Richard, los agresivos punteos con la férrea mímica de Fredrik, el dominio baterista ilimitado de Christopher… ¡Bien se entiende que la respuesta del público fuese una de las más efusivas en la tarde! Orbit Culture enseñó que la brutalidad no es un simple matiz único de percepción, sino un complejo entramado de directrices encaminadas a revolver el raciocinio desde los abismos mentales.
Thundermother – «La gente se quedó impresionada de la notoria devoción que las artistas muestran…»
Demasiados grupos varoniles en el abanico del Summer Breeze, al igual que ligeras pinceladas de mujeres rompiendo los estándares de igualdad… Uno de los momentos más rockeros explosionó en el T-Stage cuando el reputado combo sueco de Thundermother irrumpió con la mirada puesta en derribar las barreras de género en la música extrema. Desde la renovación total de la formación por parte de la guitarrista Filippa, el cuarteto ha vuelto a recuperar la voluntad de patear traseros con botas de acero. Con la mirada puesta en un futuro álbum de estudio y dando los coletazos finales al “Live N’ Alive Tour”, las rudas chicas dejaron claro que la hegemonía musical es una competición constante donde no hay un segundo puesto que sirva de consuelo en la meta. A través de un fluido hard rock directo y muy participativo con el público presente, Thundermother realizó un selectivo repaso a su discografía que embelesó a los fans y a quienes se acercaron para comprobar el poder femenino dentro de las propuestas del Summer Breeze. Dentro de la última jornada, el grupo sueco fue quien recabó más interés a lo largo de la tarde.
Mencionar a Thundermother es debatir sobre cómo el sexo femenino es capaz de igualar las hazañas del género opuesto, ¡e incluso superarlas! Utilizando un sonido moderno con una producción sublime, la gente se quedó impresionada de la notoria devoción que las artistas muestran hacia la industria extrema. Desde su llegada al grupo hace unos años, Linnea y Majsan no se han dedicado a continuar el legado de las formaciones previas, sino que han ayudado a fortalecer una nueva etapa en la historia de Thundermother. Realizando una tarea vocal y cordófona a la altura de las expectativas, ambas eclipsaron a la propia líder, Filippa, quien supo dosificar su protagonismo y no ser siempre el foco de atención. Las sonrisas eran perennes en los rostros al comprobar la algarabía que bailaba y saltaba frente al escenario, olvidando la violenta ola de calor externa y entregándose a la causa musical del área festivalera. Coreando las líricas y los estribillos siempre que se podía, las chicas instigaron al fervor social gracias la variada mínima y el lenguaje corporal. Sin duda, el medley de hitos realizado cerca del final de la actuación significó un punto de inflexión para terminar de convencer a la gente cuando Filippa y Majsan se codearon en la fogosa multitud durante la ejecución interpretativa. Si lo de Thundermother fue una actuación arrolladora en opinión general, ¡bien se trabajó el laureado triunfo!
Testament – “Debió ser un cabeza de cartel de la última jornada y bien lo demostró…”
El lanzamiento del reciente “Parabellum” ha vuelto a poner a Testament como un líder indiscutible de la thrashería americana. A cada álbum y/o concierto que el grupo otorga, la reputación no deja de incrementarse como un polvorín que no encuentra su momento de mantenerse en la línea o disminuir su calidad artística. Da igual que se trate de Chuck, Alex, Eric o Steve o el joven Chris, cada músico es una máquina imbatible capaz de levantar al público con sus excelsos roles. En el Summer Breeze, Testament debió ser un cabeza de cartel de la última jornada y bien demostró por qué tal decisión decidió tomarse con motivo de ir cerrando un festival brutal y más sólido que el hormigón armado.
Nadie vaciló en ceder la voluntad al frenético ritmo de los americanos y ese despliegue escénico propio de una leyenda viva de la industria extrema. Mezclando un contraste atemporal de temas clásicos con la presentación de “Parabellum”, Testament se hizo fuerte en tierras germánicas con esa actitud cercana hacia el público a la vez que la habilidosa destreza musical se repartió cual motor de unos moshpits salvajes. El tiempo de actuación quedó demasiado corto para los fans, pero no tiene ni punto de comparación con disfrutar de temas inolvidables que han hecho historia en el metal/rock.
Es imposible apartar los ojos de cómo se las gastan Alex y Eric en su labor guitarrista. Más que tocar, ¡parecía que los instrumentos se movían por propia voluntad! Realizando unas técnicas impecables y siempre conformando un dúo espectacular de calidad suprema, se convirtieron en el foco de atención de los laterales escénicos. Ya fuera manteniendo la pesadez sonora o sacando su lado más creativo, Alex y Eric expusieron el genial estado de forma del núcleo compositivo de Testament, hecho que se vivió con especial fervor en el festival. Lo mismo se dice de la reciente incorporación de Chris a la batería, pues desde su salida de Seven Spires y posterior entrada oficial al grupo thrasher, ha evidenciado el alto grado de maestría que nada envidia a nombres que han pasado antes, como Dave Lombardo o Paul Bostaph. Un potente chaval que, aparte de traer aire fresco a la retaguardia, impresiona ¡comprobar sus dotes bateristas en directo!
Cuando se trata de hacer vibrar los corazones mediante graves del más alto nivel, ahí está el portento personal de Steve, cuya posesión espiritual se contagiaba a los presentes. Con motivo de realzar el valor de la estructura base, expelió una imagen solvente y casi catatónica de lo que es ser un bajista único y original. En esa misma tesitura, no se puede criticar la imagen que ofrece el gran Chuck Billy, cuya voz es en símbolo de resistencia a la inevitable caída biológica. Manteniendo una actitud ruda que derrochaba una inmensa alegría bastante notable, guió las líricas con ese tono laríngeo tan perfecto como especial. Nadie podía quitar el interés hacia Testament, ni siquiera en el sentido final dual que se interpretó del álbum debut, reduciendo al Summer Breeze a un cúmulo thrasher digno del old school mundial. Se hubieran necesitado un par de cortes más para los fieles devotos de Testament, aunque después de tal espectáculo extremo, ¡nada que objetar!
Decapitated – “Mucha gente acabó pidiendo bises desde la más absoluta extenuación posible…”
Cayendo miembros en la masacre celestial dentro del T-Stage a la llegada de Metaltrip, el cuarteto Decapitated no vaciló al afirmar que iba a correr mucha sangre por las tierras alemanas. Después de haber realizado varios shows especiales con la recién llegada vocal de Eemeli, la banda polaca decidió que sus actuaciones veraniegas iban a ser una carnicería social donde la indiferencia del repertorio sería lo de menos. Arropados por el éxito abrumador del nuevo trabajo de estudio, “Cancer Culture”, el cual les devolvió a lo más alto de la repercusión musical extrema, no hubo ni un sólo segundo de tregua en los minutos que el grupo estuvo al frente de un público que deseaba el placer de ser degollado a lo salvaje. Casi una docena de temas supieron a poco, pues mucha gente acabó pidiendo bises desde la más absoluta extenuación posible. Cualquier herramienta serviría para ello, aunque la preferida fue la decapitación por la brutal presión de un sonido chirriante similar a unas cuerdas alrededor del cuello mientras Eemeli recitaba saetas guturales al oído.
Sabiendo la de penurias que ha pasado Decapitated en el pasado, como fallecimientos, cambios de formación y otras circunstancias, el show cobró una significancia trascendental para aquellos que conocían la trayectoria de los polacos. Aunque Waclaw se deshacía en romper oídos y cabezas con el pesado y crudo sonido de su guitarra, el núcleo salvaje de la banda fue, sin duda alguna, la excelsa batería de James en su labor trasera y el poder grave de Pawel. La reverberación del bajo tenía la capacidad de romper los altavoces, pero no importó mientras los corazones explotasen al unísono. La precisión cordófona y su frialdad ejecutora reventaron la percepción auditiva, creando un ambiente hostil muy intenso y carente de salvación referente a los moshpits. Agarrando el micrófono con ganas de partirlo por la mitad de la rabia vocal expelida, Eemeli retorció al público más allá del límite, provocando una extenuación en los moshpits palpable. Cual guía de la muerte, ejecutó su tono laríngeo de forma sorpresiva hasta el punto de hacer retroceder al aire. Si hubiera habido más tiempo, el repaso a la discografía serviría como razón de peso en la alabanza a Decapitated. Eso sí, no faltaron cortes clásicos como nuevos, enseñando la doble cara del pasado y el presente grupal.
Manntra – “Una perfecta combinación de la tradición balcánica con la cruda pesadez del mundo heavy…”
A la vez que el Summer Breeze saltaba con Alestorm de fondo en el Main Stage, el interés de Metaltrip se dirigió hacia la primera visita en el Tool Rebel. La sensación croata más folclórica iba a ofrecer su espectáculo entre una multitud curiosa de comprobar el por qué Manntra está batiendo récords de calidad en directo. Resurgida la banda de las cenizas del extinto grupo industrial y gótico Omega Lithium, la gente no tardó en comprender la razón del particular gusto por una dosis híbrida de metal/rock potente con muchos tintes de la rica variedad cultural balcánica. A través de una escénica muy variopinta con una iluminación modular según caía la tarde, Manntra agarró el interés común del público y le infundió un sentimiento festivalero muy diferente a la radicalidad sonora de los shows previos. Se podría decir que Alestorm y Manntra compartían un mismo estilo musical, aunque la formación croata utilizaba un matiz más alternativo y menos humorístico como la banda británica. Es decir, los croatas optaron por una perfecta combinación de la tradición balcánica con la cruda pesadez del mundo heavy.
Añadiendo un toque muy épico a las composiciones junto a la variada estética y el vestuario, es fácil alegar que la gente quedó muy a gusto de un repertorio que obtuvo una personalidad labrada y dispuesta a ser tomada en serio más allá de la extravagancia a priori. Presentando sus recientes discos y llevando a los artistas a codearse entre las fervorosas algarabías, Manntra estableció un cromático show de fabulosas sensaciones que oscilaban entre la brutalidad sónica y la reivindicación del área balcánica. La forma de hibridar ambos conceptos supuso un éxito musical que, en total indiferencia hacia Alestorm, logró obtener un reconocimiento entre aplausos, petición de bises y un ambiente radiante de felicidad. Sin duda, Manntra se convirtió en una insólita vivencia que muchos ya habrán añadido a sus playlists o adquirido algún merchandising.
Soulfly – “Alrededor de una pira y con la gente atenta a la lección de sabiduría ancestral…”
¿Qué festival veraniego no estaría completo sin la presencia de la familia Cavalera entre el elenco de bandas? Sin ser Sepultura, hay muchos proyectos donde encontrar al legado brasileño que tanto ha influido en el metal/rock actual; ¡lo sigue haciendo! Tras la sorpresa de la experiencia con Manntra, tocaba regresar a las inmediaciones del T-Stage donde un ritual tribal iba a sucederse en la oscuridad naciente. Alrededor de una pira y con la gente atenta a la lección de sabiduría ancestral, Soulfly apareció con un repertorio de elegancia exclusiva, la interpretación de temas de la primera etapa de la formación, abarcando el cambio de milenio y la cercanía de la salida de Sepultura por parte de los hermanos Cavalera.
Un lujo al alcance de pocos, donde se pudo contemplar la grandeza de Max y su hijo Zyon, en compañía de más artistas, cuales adalides de las enseñanzas de la cultura amazónica con un toque muy heavy. El “Tribal Technology Tour” de Soulfly no es sólo un setlist enclavado en las raíces primigenias del proyecto musical, sino toda una muestra de que la familia Cavalera sigue teniendo un estado de bienestar increíble al igual que durante el show de Cavalera Conspiracy en el Rock Fest condal.
Aunque después vendría la sensación helvética de Paleface Swiss, la riqueza cultural de Soulfly no sentó un precedente de calidad en el T-Stage ni tampoco se relegó a tocar cual compromiso contractual en el Summer Breeze. Max y Zyon sacaron su lado más patriótico en cada tema interpretado, desplegando efluvios tribales a cada armonía ejecutada por unos instrumentos escogidos selectivamente para la ocasión de la gira europea. El sonido no era el cúmulo propio de la industria extrema, sino que emitía una clase magistral de control técnico excelso, llegando a notarse cada acorde cual flameante instrucción de sabiduría compositiva. Aunque una leve percepción de anodinia en la sucesión de temas en vivo, Soulfly no dejó de interactuar con el público y otorgar un lenguaje corporal que desarrolló algunos moshpits en los momentos más intensos de la velada.
Ni siquiera faltó la versión de los Deftones, “Headup”, un claro homenaje al fallecido hijo de Max, Dana, en un fatídico accidente automovilístico. Además, el resto de miembros acompañantes no vacilaron en impregnarse de la notable emoción general, donde el caso más llamativo fue Mike y su azogue personal que apenas le permitía un segundo de descanso. El público deseaba la salida del combo suizo, pero los fans más nostálgicos de los tiempos clásicos contemplaron una vía de escape en la actualidad con la destreza y gloria honorífica de Soulfly y parte de la familia Cavalera.
200 Stab Wounds – “Una banda pequeña sea capaz de disputar el terreno mediático a un mastodonte europeo…”
La segunda aparición en el Tool Rebel quedó en una redención hacia el death metal/rock más clásico con un factor muy importante a tener en cuenta. En el festival previo del Party San, Metaltrip no pudo acudir a la descarga musical de 200 Stab Wounds, un incipiente cuarteto americano cuya fama radica en la recuperación de la particular composición indiferente y radical de bandas como Cannibal Corpse y allegados. Mediante un despliegue sonoro contundente similar al final de milenio, el grupo aprovechó el fragor nocturno para crear una política escénica basada en la génesis de moshpits y mucho movimiento social. La violencia rítmica no tenía la intención de desaparecer ni en los breves interludios de la hostilidad creativa, lo cual se notó en la efusiva respuesta de la gente más fanática a los estilos extremos. En total independencia al setlist interpretado, cada canción imitaba un compendio de chirriantes motosierras experimentando con los distintos tipos de carne presente en el mundo bajo una férrea solidez estructural.
En el Main Stage, Helloween tenía el recinto a tope de presencia social, pero 200 Stab Wounds no se quedó atrás, lo cual fue un hecho bastante reseñable a favor de los americanos. Ése justo es el factor mencionado antes, que una banda pequeña sea capaz de disputar el terreno mediático a un mastodonte del power metal/rock europeo no es algo cotidiano en la actualidad. Sin apenas decoros y mediante una puesta minimalista salvo el logotipo trasero, la intensa iluminación aderezó una velada muy física junto a la pared gutural de un Steve imbatible al frente. Cada ritmo o línea melódica necesitaba una base cordófona potente que derrumbase los pilares del recinto, así que 200 Stab Wounds cambió la percepción general en una clara desviación hacia dimensiones grotescas donde la muerte es lo mínimo que se espera. Tal fue la inmensa energía mostrada por el cuarteto americano que el ambiente atmosférico del Summer Breeze tuvo que soltar un breve diluvio que relajase la enorme carga artística y que casi arruinó el fin de una velada apoteósica.
Thy Art is Murder – «El combo australiano se presentaba en su gira de festivales europeos con una sorpresa inesperada…»
Nadie quería que la leyenda del power metal/rock Helloween terminase su actuación en el Main Stage, lo cual supuso un despliegue de lágrimas y llantos mucho mayor que la ligera lluvia caída durante el show. El refranero “Después de la Tempestad Viene la Calma” no tuvo ninguna aplicación en el Summer Breeze, pues un tornado australiano azotó ante el público más acérrimo al estilo core en sus vertientes más despiadadas. Para ser un grupo que ha celebrado su vigésimo aniversario en 2026 y uno de los líderes del deathcore mundial, Thy Art is Murder es un ejemplo de superación ante la adversidad más inminente.
Después de los turbulentos años con la imponente voz de CJ y el cambio posterior con Tyler, el combo australiano se presentaba en su gira de festivales europeos con una sorpresa inesperada, la llegada de Jerry Chard al mando laríngeo. Después de debutar en el mítico Wacken por todo lo alto, Jerry impuso una sobresaliente labor vocal que ha engrandecido la historia de Thy Art is Murder en su aniversario especial. Para la gente novicia y/o joven, el estilo deathcore era la expresión actual idónea que necesitaba el Summer Breeze como cierre definitivo del festival.
Entre ritmos desbocados de afinación muy grave, breakdowns a mansalva y una batería audaz, el grupo dio tanta tralla al inicio que tuvo que interrumpir su show durante “Death Squad Anthem” por un percance entre el público que se solucionó, de forma satisfactoria, gracias a la excelente intervención de los servicios sociosanitarios. Quizás se trató de la prueba definitiva de la intensidad que estaba empezando a desarrollar el show, lo cual no sufrió ningún cambio salvo una creciente dinámica imposible de parar. Mediante una actitud impasible y de índole indiferente, Thy Art is Murder agarró los últimos deseos del público e infundió un espíritu insano capaz de demoler los muros más férreos del lugar. A través del perfecto manejo cordófono y la genial estructura base, los australianos enseñaron que la trayectoria profesional grupal sigue imbatible, incluso sin interpretar ningún tema del álbum debut.
A diferencia de otras propuestas musicales, como la que vendría con la progresía melódica de Soen, Thy Art is Murder expelió un concierto agresivo al gusto de los más radicales presentes, quienes respondieron a la llamada final del festival. Además, es importante reconocer que la escénica, dominada por el logotipo envuelto en llamas y una iluminación infernal, crearon una atmósfera ideal que acabó resultando en un éxito bien logrado de Thy Art is Murder. Una gira europea cuando haya más material musical será una opción a tener cuenta, porque habiendo presenciado el inmenso espectáculo audiovisual de Thy Art is Murder, ¿qué más se puede pedir?
Soen – “Cada intérprete demostró su habilidad en sutiles solos que marcaron a los asistentes…”
Había que cerrar el Summer Breeze a lo grande y después de la descarga que ofrecieron los australianos Thy Art is Murder, la mejor forma recayó en la progresía sueca de Soen. Después de varios shows de calidad como el ofrecido en el Rock Imperivm de 2023 y la gira europea de presentación del álbum “Memorial”, el grupo se hizo fuerte en el T-Stage con un show directo a mostrar la multitud de emociones que se transmiten a través de una música que no tuvo mucha expectación, aunque sí una fuerza sonora que atrajo a los renegados del festival. Con la bandera de su nuevo álbum “Reliance” por delante y el recuerdo de “Memorial”, el quinteto progresivo salió con todo su arsenal musical, ambiental y escenográfico disponible. Con un telón de fondo enorme representando al logotipo y un juego iluminativo de lo más variado y cromático, Soen dio a un show que, para algunos, se hizo muy corto debido a lo emotivo que fue. Absolutamente todos, desde el vocalista Joel hasta el batería Martín, dejaron huella con un sonido tan nítido que cualquier acorde o melodía podían verse en el aire y flotar con gracilidad. A través de una pericia instrumental, cada intérprete demostró su habilidad en sutiles solos que marcaron a los asistentes. Es de mencionar cómo Lars podía manejar el teclado y la guitarra a la vez, como si fueran hijos suyos, sin quitar mérito a las dotes laríngeas del sensible cantante.
Apenas tuvieron trabajo los técnicos de mesa, pues todo estaba controlado al detalle. Ni un sólo fallo se notó durante el repertorio, pues la banda sueca quería dar el mayor espectáculo, ¡y vaya si lo consiguieron con la pirotecnia a tope! Obviando que Soen presentaba su último disco, hubo lugar para que el público pudiera disfrutar de las mejores canciones de la banda, aunque el setlist se centró en los recientes álbumes y ciertos contrastes temporales. Siempre brotaban los coros al unísono, más en especial al final con ese himno que es “Unbreakable”, el cual se consagró a estar fijo en todo concierto de la banda con un intro de Lars que resultó épica. De “Lotus” se escogió el tema homónimo, al igual que un guiño muy especial al álbum debut con “Fraccions”. Realzando el valor de un show donde el público era una pieza fundamental del show, Soen clavó su bandera en el Summer Breeze como el cierre absoluto de una edición festivalera digna del metal/rock mundial, a su vez que dejando constancia de su triunfo en la noche germánica y evidenciando un posible regreso en el futuro.
Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S.

















































































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