Debía ser una velada encantadora donde el metal/rock iba a dominar al público de la capital nacional con tres citas imperdibles en directo. El infortunio ferroviario ocurrido el día previo, por tierras toledanas, consternó al país entero, así que el triunvirato heavy de Madrid se envolvió de un aura empática encaminada al recuerdo eterno de las víctimas que se cobró el catastrófico incidente de RENFE. En la Sala Copérnico, Messa y The Eternal Night iban a dar un toque muy doom/dark en el barrio de Moncloa. La leyenda vocal de Hanoi Rocks, Michael Monroe, asumiría la ardua tarea de rockear el área urbana de Vicálvaro por los Estudios Revi Rock.
La última cita quedó justo enfrente de Atocha, el origen de la fatalidad ferroviaria debido a un combo de fallos imperdonables. La bodega germánica más thrasher, Tankard, aterrizaba en la capital para mostrar que la Cerveza es mucho más que una simple bebida alcohólica, sino una fuente de inspiración heavy en cualquiera de sus aspectos. Con la compañía de las bandas Hidden y Retador, el show más caótico y fiestero triunfó en la noche a pesar del ambiente pesimista y de luto por el inesperado accidente. Entre vítores y mucha felicidad circundante, Tankard no se olvidó de realizar un merecido homenaje (¡muy sentido de pésame!) a las víctimas y honrar una memoria reciente entre brindis musicales.
Hidden – «El desarrollo del show se volvió hacia dirección frenética de cabeceos y mucha actitud al frente…»
Para abrir la gira con toda la fuerza y potencia posible, un grupo condal empezó la noche dando mucha guerra ante el poco público que rondaba por las inmediaciones de la Sala Independance. Con una corta trayectoria que se centra en un par de EPs, Hidden mostró una calidad inaudita donde nadie se salvaba de la enérgica descarga musical. Dando una ligera impresión de inexperiencia en directo debido a la estática escénica, las dudas no tardaron en despejarse cuando el desarrollo del show se volvió hacia dirección frenética de cabeceos y mucha actitud al frente. A través de una buena sincronización guitarrista y un trabajo cordófono bastante perceptible, Hidden imprimió una personalidad propia a sus temas durante el breve tiempo de actuación, recreando coros al unísono y ganándose el favor de la creciente presencia de gentío.
Entre todas las menciones que podrían hacerse hacia los artistas, hay dos que destacaron por encima del resto, aunque no de forma absoluta. Los graves de Uri estaban perfectos en el monitoreo, recreando una base estructural muy sólida que pocas bandas han demostrado en vivo. Además de su temple y la sorpresa del arraigo mutuo, el bajo conectó con la doble cordofonía en una recreación ótica muy sorpresiva. El otro protagonista relativo fue la imponente voz de Xavier, quien supo dar el toque adecuado de agresividad a las líricas. Sin dejar de apoyarse en los compañeros y los coros, azuzó una hostilidad vocal intensa que estuvo a la altura de las expectativas. A pesar de la brevedad del show, no se niega que Hidden demostró ser una apisonadora thrasher que causó una gran sensación y que hay que seguir muy de cerca en el futuro.
Aparte de la fatalidad ferroviaria del día de antes, los efluvios del desastre también quisieron aparecer durante la gira por la capital. La desgracia logística se cernió con los thrashers Retador, el grupo malagueño que no tuvo más remedio que cancelar su actuación por un insalvable problema con los enseres de sonido en los amplificadores. La gente tenía muchas ganas de ver al combo en acción, incluyendo los rumores infundados de su fiereza interpretativa; ¡la mala suerte no quiso desaparecer de la Sala Independance, llegando incluso a especular con la afectación posterior al concierto de Tankard! No fue así, aunque después del legado de desavenencias seguidas, ¡cualquier cosa se podría esperar! No obstante, Retador prometió volver a Madrid lo antes posible y viendo la sentida respuesta del público; ¡antes de acabe el año, seguro! Justo a partir de ahí, el recinto empezó a acoger una llegada masiva de espectadores, dejando entrever que el fanatismo por Tankard había llegado a unos niveles de audiencia dignos de una leyenda thrasher.
Tankard – «Gerre y compañía agarraban su característico thrash metal patrio de la vieja escuela…»
Lamentando mucho la ausencia de Retador, el público se agolpó a lo bestia por contemplar, lo más cerca posible, a los únicos e inconfundibles maestros cerveceros del metal/rock mundial, Tankard. Convirtiendo el escenario en una barra improvisada donde los tercios de Mahou creaban una aurora muy especial al incidir la iluminación, el cuarteto decidió dar inicio a su show con “Seek and Destroy” de Metallica cual homenaje a las raíces más primigenias del género musical extremo. A partir de ahí, la locura se cernió sobre los asistentes cual rubio velo espumoso en la ejecución de los primeros temas, “One Foot in the Grave” y “The Morning After”. Tankard es muy ducho en adivinar el fanatismo de la gente, de modo que realizar una diverso repertorio de la discografía convirtió la pista en un hervidero de moshpits salvajes y oleadas humanas de violencia comedida. Si alguien estaba un poquito deshidratado o le faltaba algo de meneo para la ruina corporal absoluta, Gerre y compañía agarraban su característico thrash metal patrio de la vieja escuela, lo enchufaban en las venas, ¡y alegría macarena!
No cabe duda que después de más de cuatro décadas chupando del grifo de la barra, Guerre y Frank tienen un estado de forma envidiable, haciendo que los elogios y piropos no cesasen durante el show. Aunque la iluminación del lugar no estuvo muy acertada durante el transcurso del show, sí que se enfatizó lo suficiente para denostar la importancia de los estribillos, como el fue el caso de “Ex-Fluencer”, “Rules for Fools” o las clásicos himnos de “Chemical Invasion” y “Zombie Attack”. Además, hay que dar un mérito exclusivo al control del sonido, el cual no defraudó en la percepción acústica y la repartición del entorno. A pesar de estar Andy cual único guitarrista, no hubo problema en el sostén de la tarea solista, ya que Frank se encargó de emular un apoyo agudo con su bajo al máximo de monitoreo. De ahí la importancia que se evidenció en el concierto de Tankard, el pasárselo bien y mostrar una compenetración mutua carente en la gran mayoría de las bandas actuales.
Realizando un show divertido y repleto de energía musical que no decaía ni en los interludios, Tankard volvió a erigirse como una catedral inagotable de thrashería europea. El cuarteto poseía una dinamismo tan especial que la gente no podía parar de reír, celebrar y disfrutar en total independencia del raciocinio. ¡Bromas, chistes, gracias varias y mucho cachondeo al son del baile del vientre propio de Gerre! De un lado a otro y sin detener el azogue biopsicosocial, guió los coros de un público extasiado y sobrado de marcha propia. Guerre nunca faltó a la tarea de incitar a la locura social, invitando a la gente al escenario, compartiendo momentos de cordialidad y siempre dejando que la gente sintiese el poder festivo de Tankard. Si no fuera por la imagen holística, se podría alegar que el grupo alemán estaba asistiendo a un show de decenas de personas en la sala. En pocas palabras, el concierto poseía un espíritu clásico de finales de milenio que contrasta con la actual escena, en vivo, del metal/rock. ¡Vivir el presente con una actitud del pasado!
Ya mencionado antes, es de admirar la resistencia de Frank y Andy al paso del tiempo y los cambios biológicos. El núcleo cordófono de Tankard logró dejarse el alma en los roles instrumentales, aunque también eran presa de una dinámica huracanada, al igual que la multitud de tercios ingeridos en la actuación. ¡Un refrigerio siempre viene bien para recuperar fuerzas! Más allá de una mera competición de egos o superioridad artística, se les vio muy unidos en la fraternidad familiar, uniéndose a la causa social del frenesí general. Era difícil distinguir quién se lo pasaba mejor durante la actuación, si los germánicos o la gente, no querían dejar de moverse ni induciendo una parálisis motora. Hasta Gerd, quien llevaba en la labor percusionista al entrar en Tankard desde la disolución de Holy Moses, no conseguía reprimir la felicidad que le embargaba de ver el arraigo de Madrid a la leyenda musical cervecera. Después de una breve despedida donde el público coreó su fanatismo por Tankard hasta la saciedad, el cuarteto cumplió su promesa de un espectáculo memorable con el final dual de “Rest in Beer” y la imperecedera “(Empty) Tankard” con ese riff galopante capaz de hacer botar al universo entero. ¿Se necesitó un Sold Out en aquella ocasión? Sí, aunque tras una experiencia brutal que nada envidia a los grandes nombres del metal/rock, ¡mejor así cual celebración inédita entre thrasherías, cervezas y mucha fiesta old school!
Setlist
- One Foot in the Grave
- The Morning After
- Rapid Fire
- Ex-Fluencer
- Need Money for Beer
- Rectifier
- Rules for Fools
- Time Warp
- Beerbarians
- Die With a Beer in Your Hand
- Octane Warriors
- A Girl Called Cerveza
- Chemical Invasion
- Zombie Attack
- Rest in Beer (R.I.B.)
- (Empty) Tankard
Fotografía y Crónica de A. Wesker V.S.
















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