Tras nueve años, Madrid se ponía de gala para recibir a una de las mayores leyendas del rock and roll con mayúsculas, pues el señor Furnier, de nombre Vincent, y conocido con Alice Cooper, regresaba a la capital con su nueva gira Ol’ Black Eyes Is Back. El público iba entrando con calma, pues la apertura de puertas se anunció con bastante antelación con respecto al comienzo de los shows.
Eso permitió echar un vistazo más cómodo al merchandising, lugar al que cada vez es más prohibitivo acercarse. Al menos, de momento, mirar es gratis, porque lo de 50€, cincuenta euros, lo pongo también en letra, por cinco púas y una foto del guitarra de turno con su “maragato”, ya me diréis si no es de atraco a mano armada. En fin, siempre habrá alguien que lo compre, y ese es el verdadero problema. El resto de los artículos tampoco era ninguna ganga, así es que la cartera de muchos se quedó cerrada.
Para abrir la noche, los americanos de Kentucky, concretamente de Edmonton, Black Stone Cherry, que si alguien no les conocía, viendo su show seguro que se fue con buen sabor de boca con esa mezcla de Hard Rock con Southern Rock que practican.
El cuarteto con Chris Robertson a las voces y guitarra salió derrochando energía desde el primer acorde en un escenario cubierto con un telón con el logo de la banda, atacando de primeras con Burnin’ de su último disco Family tree. No tenían mucho tiempo y no se anduvieron por las ramas. Lo suyo era tocar y no perder el tiempo en charlas inocuas. Me and Mary Jane desató al guitarra Ben Wells, si es que no estaba desatado ya. Menudo ejemplar a las seis cuerdas sin parar ni un momento en el escenario.
Gracias al buen hacer de los americanos, el público no tardó en entrar en el concierto mientras estos seguían desgranando su discografía dando ahora un salto en el tiempo para llegar al 2008 y tocar Blind man. A esas alturas salieron como acompañamiento un percusionista y un teclista a cada lado del escenario. Siguieron dándole protagonismo a su celebrado álbum Between the devil & the deep blue sea con In my blood, Blame it on the boom boom y White trash millionaire.
Lo que estaba claro es que Robertson y los suyos, con el bajista ligeramente más contenido Jon Lawhon y una máquina a la batería como es John Fred Young, estaban disfrutando sobre las tablas demostrando que lo suyo es ser una banda de directo más que cualquier otra cosa.
Su única pieza de su primera obra, fue Lonely train teniendo ya para entonces al graderío en el bolsillo. El repaso de su discografía continuó y como último tema cerraron con el título de su último disco, Family tree, lo que indica toda una declaración de intenciones. Cuarenta y cinco minutos de buen rock and roll y sobre todo actitud en el escenario.
Set list Black Stone Cherry:
- Burning
- Me and Mary Jane
- Blind man
- In my blood
- Blame it on the boom boom
- White trash millionaire
- Lonely train
- Cheaper to drink alone
- Like I roll
- Family tree
Se iniciaba la cuenta atrás para lo que de verdad la gente quería ver, y sin que sirva de precedente, a pesar de la edad del señor Furnier, setenta y uno… no se oían los típicos comentarios de qué nos podíamos encontrar, si aguantaría, si cantaría bien, y blá, blá, blá. Todos dábamos por sentado que lo que íbamos a ver y escuchar iba a estar a la altura del nombre del artista.
Con las dos intros que lleva Alice Cooper, el telón que cubría el escenario que nos vigilaba con dos grandes ojos, caía y quedaba al descubierto una pequeña fortaleza, con una torre, pasarela con escaleras y otros artefactos que convertían el escenario en una visión medieval de lo más siniestro.
Los músicos que acompañan a Alice Cooper ocuparon sus puestos, con Glen Sobel a la batería, Chuck Garrick al bajo y la tripleta de guitarras compuesta por Ryan Roxie, Tommy Henriksen y Nita Strauss, e instantes después el público rugió cuando el maestro de ceremonias salió al escenario enfundado en cuero con sombrero de copa negro y su particular bastón para comenzar con Feed My Frankenstein. Fuerte comienzo en el que salió por primera vez el particular Frankenstein que le acompaña gira tras gira.
No more Mr. Nice Guy y Bed of nails hicieron las delicias de todos los presentes. El que no conociera el set podría perfectamente imaginar que se iba a componer de hit tras hit, y encima con un sonido realmente bueno. Sin embargo, tras Bed of nails, Raped and Freezin’ provocó un pequeño chasco en el público, al igual que el único guiño de su último disco, Fallen in love.
En cambio, la cosa fue in crescendo con Muscle of love, I’m eighteen con Cooper con su clásico bastón y la explosión de billetes en Billion dollar babies. Pronto sonaban esos míticos temas, cosa que también es normal, pues gira tras gira, algo ha de cambiarse en el setlist. Lo que estaba claro, es que Alice Cooper está acompañado por unos músicos como la copa de un pino, que además de tocar, cumplen sobradamente a los coros. Aquello era una delicia de ver y oír.
La locura general se desató con Poison. Seguro que hay alguno que paga la entrada únicamente para ver este tema desdeñando el resto de la discografía de Alice Cooper. El caso es que todos la disfrutamos. Aquí se cerró digamos que una primera parte del show, y para enlazar con la segunda parte más digamos… teatral. Nita Strauss con la cabeza cubierta, salió y nos deleitó con un breve solo y la performance que es un concierto de Alice Cooper continuó.
Y la cosa siguió con Roses on White lace, canción que yo no había visto en la vida del gran Rise your fist and Yell. Para el tema, salió una novia medio cadáver con una ramo de rosas rojas y un lazo blanco (si no me equivoco era Calico Cooper, hija del artista y que le lleva acompañando ya muchos años en sus giras), que cae en los brazos de un Alice Cooper, el cual, daga en mano ya se había limpiado la sangre en el hombro de su blanca camisa. No voy a decir que fuera una sorpresa pues el set estaba a la vista de aquel que lo quisiera conocer antes de ir al concierto, pero que se haga realidad la interpretación del tema, te deja esbozando una estupenda sonrisa.
A partir de ahí, el show se centró en un repertorio prácticamente setentero iniciado con My stars en la que de nuevo se cambió de vestuario, ahora con una guerrera negra con tintes dorados y que se enlazó con Devil’s food, en la que ya no estaba Alice Cooper. El resto de la banda presentó Black Widow Jam con solo de batería incluido a manos de un genial Sobel.
Acompañado de un par de sujetos que se hacían pasar bebés de considerable tamaño, Alice Cooper volvió al escenario enfundado en una camisa de fuerza para la interpretación de Steven mientras aparecían imágenes de terroríficos bebés en la parte superior del escenario. Quién ha visto ya a Alice Cooper, sabe bien lo que va a partir de ahora.
Dead babies, la guillotina con la sádica enfermera a cargo de su propia hija y los esbirros de bebé que salieron anteriormente, la exhibición de la cabeza de Alice, y como novedad la entrada a un bebé gigante que jugaba con ella como si fuera su particular peluche con los acordes de I love the dead.
Alice Cooper volvería al escenario con Escape, trajeado ahora con un abrigo – cazadora – guardapolvos rojo y se cerró el show con Teenage Frankenstein y Alice sacando a pasear cadena en mano a su personal monstruo de Frankenstein. Todo perfectamente calculado sin que nada fallara. Un show estupendo.
No tardaron en regresar todos al escenario para los bises que se compusieron de dos temas, Under my wheels ya con un Alice Cooper ataviado de negro por completo y el gran fin de fiesta que supuso School’s out, con su chaqueta blanca, su sombrero de copa de igual color y también su bastón, llenando el escenario de globos con confeti que pronto acabaron en el público para ser explotados por el propio Alice y el resto de la banda. Como curiosidad, a mitad de tema se incluyeron fragmentos de Another brick in the wall y se presentó a la banda. Terminaron el tema y tras finalizar éste el concierto, con todo el grupo frente al escenario despidiéndose, llegó a su fin.
Apenas habían sido ochenta y cinco minutos, pero se pasaron en un plis y todos nos fuimos con la sensación de máximo disfrute, con un gran espectáculo, un gran sonido, un grupo más que acoplado que hizo las delicias de todo. Y eso, que el set había sido diferente a lo que muchos hubieran deseado.
Un lujo este Alice Cooper que mantiene una forma física y vocal estupenda. Y que le dure para nuestro deleite.
Set Alice Cooper:
Years ago (Intro 1)
Nightmare castle (Intro 2)
- Feed my Frankenstein
- No more Mr. Nice Guy
- Bed of nails
- Raped and freezin’
- Fallen in love
- Muscle of love
- I’m eighteen
- Billion dólar babies
- Poison
- Solo guitarra (Nita Strauss)
- Roses on White lace
- My stars
- Devil’s food
- Black widow jam
- Steven
- Dead babies
- I love the dead
- Escape
- Teenage Frankenstein
- Bises:
- Under my wheels
- School’s out
Crónica y fotos: Fernando Leal Vielsa










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