Mítica fecha la del once de enero de este año. Para un servidor empezaba el año concertil y qué mejor hacerlo que con las dos bandas más grandes que ha dado y que dará este país. Joda a quien joda, como diría Óscar de Lujuria. Las dos bandas, Barón Rojo y Obus en un mismo escenario de una Sala, como en los fratricidas duelos de hace treinta años. Las dos con dos únicos miembros originales en sus filas. Las dos con treinta y muchos años de carrera, con sus altibajos correspondientes, pero aún vivas a pesar de los más de sesenta años de algunos de sus miembros.
No se puede negar que el que más y el que menos tenía serias dudas sobre el estado de forma de uno y otro, siendo aquí el perjudicado Barón Rojo. Y aunque me duela decirlo, yo también iba con miedo por el estado de forma de Carlos de Castro. Más aún cuando este mismo cartel lo pude ver hace unos meses en Alcobendas y Carlos de Castro dejó mucho que desear en aquella ocasión.
Pero aquello fue en mayo, y desde entonces, han pasado unos cuantos meses en los había que darle la vuelta a la tortilla para, si bien no lograr el nivel de los años ochenta (esto nadie lo pretende, y el que lo pretenda, ya sabemos de qué pie cojea), si hacer un concierto cuanto menos digno. Y si, si que le dieron la vuelta a la tortilla. Y fue mucho más que digno.
Del merchandising a estas alturas de ambas bandas, no vamos a descubrir nada nuevo, poca variedad en diseño, las nuevas púas de Barón para este año y precios no precisamente de rebajas.
Con diez minutos de retraso sobre el horario previsto, las luces se apagaban y se iluminaban las tres pantallas que en esta ocasión había en La Riviera, una central y dos laterales, más laterales que de costumbre entiendo que con el fin de evitar las engorrosas palmeras de la sala.
No se anduvieron con intros, charlas o parones innecesarios. Obús salieron a comérselo todo desde el segundo cero, no diría yo que sabiendo lo que se jugaban, pues a decir verdad, el que más y el que menos de los que hemos visto a Obús recientemente, sabemos lo que dan en el escenario y no defraudan, pero si con la intención de seguir dando con el puño en la mesa para reivindicar su estatus.
Empezaron con Juego sucio, su comienzo desde hace ya bastante tiempo y el público se entregó a ellos sin dudarlo al tiempo que aparecían juegos de imágenes con el logo de la banda. Como he dicho, no hubo charlas, y enlazaron inmediatamente con Necesito más y la primera pregunta de si estamos cansados, para después seguir de inmediato con La raya ocupando la pantalla unos candelabros con velas encendidas. La imagen de Paco y Fortu en la pantalla que puedes ver en su web durante Te visitará la muerte al tiempo que Carlos Mirat hacía malabarismos con sus baquetas y esa peineta clásica a la muerte que Fortu dedica al final.
El sonido estaba siendo potente, demasiado incluso, tapando en ocasiones el bajo de Luisma Hernández. Por cierto, un Luisma Hernández que desconozco si es miembro oficial de la banda o es un sustituto temporal de Fernando Montesinos. En cualquier caso, es un bajista que responde en cualquier banda que esté y esta noche lo hizo muy bien. Por supuesto, la actuación de Fructuoso Sánchez y Paco Laguna sobre el escenario poca discusión tiene. Cumplen muy bien su papel. Uno como buen frontman y el otro como el alma de la banda con su guitarra, la cual, dependiendo de donde te encontraras, no sonó muy bien que se diga. Yo en la derecha del escenario no percibí excesivos problemas, pero en otros puntos de la sala, las opiniones fueron diferentes. Carlos Mirat también está fuera de toda duda, y es todo un espectáculo.
“¿Estáis preparados?” “¿Estáis preparados?” “¿Estáis preparados?”. Tres veces repitió Fortu la frase para hacer de intro para la declaración de intenciones que es Que te jodan, la cual fue coreada por todo el mundo, pero la que siguió, El que más, fue aún más el que más. Como sonó esta canción. Para mi “la canción” de Obús.
Seis canciones habían pasado y llegó el momento en el que Fortu saludó al personal con un “Buenas noches” para a continuación hacer referencia al puñetero show televisivo en el que participa, para decir que “lo mismo estoy aquí que en Guadalix”, que a mi ni me va ni me viene, pues como el mismo Fortu dice, es algo de su vida privada, y pienso que por eso mismo, no debe llevarlo al escenario… en fin, luego dice que le dicen…
Jaleando al público arrancó Autopista, la cual a mitad de tema cantó literalmente de rodillas sobre el escenario, muy al estilo Halford cuando da hasta lo que no tiene y reclamando al público con su “no se os oye” y su primera “me la pone morcillona” cuando obtuvo respuesta. A pesar de lo festivo del tema, Corre Mamón, fue menos festiva que en anteriores ocasiones. Pero la fiesta llegó con Dinero, Dinero, y mucho más cuando a mitad de tema, a Fortu se le ocurrió dividir al público en dos. “Una mierda” coreaba la parte derecha, y “Oh, Oh, Oh” la izquierda. Pese a que esto se llevó unos minutos en los que bien encajaría otro tema, esto es parte de un concierto de Obús, dejando clara su comunión con el público.
Continuaron con Esta ronda la paga Obús y para seguir solo en el escenario Paco Laguna y ese inicio más que clásico que no importa las veces que escuches, siempre te gustará. Después, con Fortu pidiendo palmas, fue presentado a los miembros de la banda, con un Luisma presentado como el bajo de Obús, lo cual quizá aclare las dudas que expresé anteriormente, que se marcó un pequeño solo, y después a un excelente Carlos Mirat, que fue sustituido a la batería por el mismísimo Fortu, y Mirat en el centro del escenario se dedicó a su particular solo con una escalera. Paco Laguna también tuvo su momento con la sincera presentación que de él hace Fortu, y es que no se concibe el uno sin el otro. Momento para el pino de Fortu durante el solo de Paco y acabaron con un Vamos muy bien que siempre es fiesta segura, en el que al final del mismo volvió a hacer referencia al concursito. Insisto Fortu, no necesitas esto en los conciertos. Quitando esta espinilla, los ochenta minutos de Obús convencieron al personal, si bien es cierto que arriesgan muy poco en su setlist. Quizá es cierto que era una noche poco propicia para ello, pero con el público de cara, y lo tenían muy de cara, podrían haberlo hecho.
Setlist Obús:
- Juego sucio
- Necesito más
- La raya
- Te visitará la muerte
- Que te jodan
- El que más
- Autopista
- Corre mamón
- Dinero, dinero
- Esta ronda la paga Obús
- Va a estallar el obús
- Vamos muy bien
Vista la hora en la que terminó Obús, estaba claro que el horario de La Riviera se atrasaría para lo que estamos acostumbrados y así poder disfrutar de su set completo, y así, cinco minutos antes de su hora prevista, sin ningún alarde, los cuatro miembros de la banda salieron al escenario y directamente arrancaron con Los desertores del rock, con Carlos de Castro al micro y el Barón Rojo volando sobre las pantallas de la sala al tiempo que veíamos cómo Rafa Díaz estaba “enjaulado” delante de unas pantallas que rodeaban su batería. Desconozco el efecto sonoro que puede causar esto, pero su batería sonó correctamente.
Al igual que Obús, Barón Rojo tampoco se enredaron en discursos ni vanas charlas, e Incomunicación ocupó el lugar de la primera canción con un Carlos que no estaba del todo fino, pero que no era el desastre de otras ocasiones ni mucho menos. Es más, me estaba sorprendiendo para bien. La armónica marcó el final de la canción y de nuevo con Carlos a las voces, arriesgaron con Noches de Rock and Roll, que no es precisamente uno de sus clásicos, pero es lo bueno que tiene Barón Rojo. No dan de lado a sus álbumes “post-formación clásica”, a pesar de saber que no son precisamente populares.
La calma llegó con la instrumental Efluvios, donde Armando de Castro dejó patente su clase y su maestría a las cuatro cuerdas. Por su parte, Rafa Díaz volvió a demostrar que, con permiso de Hermes Calabria, su lugar es esa batería (y alguna más de cuyo nombre SI quiero acordarme… esos Easy Rider), y me sorprendió gratamente Javier Rodríguez al bajo, que sin ningún alarde, cumplió, y a un nivel muy alto su papel.
Está claro que Carlos de Castro no se puede decir que tenga un gran feeling con el público, y si hay algo que decir, por poco que sea, ahí está su hermano Armando, que si que lo tiene, para presentar un tema de 1989, Seguimos vivos, que al igual que el Que te jodan de Obús, es la declaración de intenciones de que aún siguen aquí. No comparo los temas, pero si el fondo.
Con Carlos de Castro cambiando de guitarra, llegamos al año 1982 con Armando a las voces y una estupenda Hermano del rock and roll con imágenes antiguas de la banda de sus años dorados incluso en Inglaterra, sin descartar a sus antiguos miembros, lo cual es muy loable. El tema fue muy coreado por el público, el cual tras los temas digamos “menos populares”, necesitaba una dosis de clásico, y estos no tardaron en llegar y a raudales, pues con Armando de nuevo a las voces, Caso perdido le encumbró, y así lo entendió el público. Oe oe oe de Armando sirvió como intro para, en mi modesta opinión, el tema más grande del heavy español, Cuerdas de acero. Los cuatro músicos consiguieron que se me pusiera el vello de punta pensando siempre que Ojalá el tiempo no logre romper todos los lazos que ME unen al rock.
Llegó uno de los puntos álgidos de la noche. Tanto para bien como para mal. Llegaba la hora de Hijos de Caín y reconozco que tragué saliva. Tragué saliva porque es un honor escucharla, y tragué saliva porque en mayo fue ciertamente lamentable. Esta noche, el pendón del tema pudo lucir orgulloso, pues Carlos hizo una soberbia interpretación del mismo, y la gran ovación que se llevaron al final del mismo, fue testigo de ello.
El inconfundible solo de Armando en el inicio de Botas Sucias, volvió a emocionarme, y con él mismo a las voces, hizo disfrutar y de qué manera a todos. A mitad de tema, presentó a Javier Rodríguez, el último miembro de la familia Barón, el cual se marcó un pequeño solo que sirvió como pequeña introducción para que Armando metiera retazos de Born To Be Wild. Al acabar el tema, Carlos volvió a hacerse con los mandos vocales y cerraron su concierto antes de los bises con la grandiosa Los rockeros van al infierno.
Llegó el tiempo de los bises y empezaron con Barón Rojo, siguiendo con la clarividente Son como hormigas, repasar la letra si alguien cree que miento. Luces apagadas y la imagen de Malcolm Young en la pantalla y un Forever Young sobre su cabeza. Llegaba el momento de Concierto para ellos, ese soberbio e imprescindible tema que por desgracia te deja un pequeño mal sabor de boca por lo que significa. Pero para contrarrestarlo, ahí estaba Resistiré, iniciándola Armando y continuando Carlos, reventaron la sala para finalizar, ahora si, con la maravillosa, dulce y emotiva Siempre estás allí, ¿quién no se ha emocionado con esta canción alguna vez en directo?
Cien minutos de bolo. De muy buen bolo, muchísimo mejor de lo esperado y que hizo que saliéramos todos de allí con una gran sonrisa en la boca, tanto con una banda como con la otra, y mucho más contentos con Barón. No sé si repetirán un cartel de nuevo juntos, pero si tenéis ocasión, juntos o por separado, ir a verles, pues lo vais a disfrutar. Al menos esta noche, los que allí estábamos los disfrutamos.
Larga vida a Obús.
Larga vida a Barón.
Setlist Barón Rojo:
- Los desertores del rock
- Incomunicación
- Noches de Rock and Roll
- Efluvios
- Seguimos vivos
- Hermano del rock and roll
- Caso perdido
- Cuerdas de acero
- Hijos de Caín
- Botas sucias
- Los rockeros van al infierno
Bises:
- Barón Rojo
- Son como hormigas
- Concierto para ellos
- Resistiré
- Siempre estás allí
Crónica: Fernando Leal Vielsa
Fotos: gema@metaltrip.com














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