Sala Nazca
, viernes 3 de junio, 8 de le tarde en Madrid. Todo comenzó con Reeper.
¿Quiénes son ellos? Si me preguntaseis minutos antes no tendría la menor idea, pero en cuanto salieron al escenario la cosa cambio ya que de repente vi que al bajo se encontraba Alberto Marín, a las voces Erik Cruz y a la batería Matt de Vallejo. Al único que no conocía era a su guitarrista, Elías Andrada.
Con este plantel os podéis imaginar que aunque Reeper no tenga una gran trayectoria, los años sobre los escenarios se notan y aunque el movimiento en los que éramos en la sala en aquellos momentos era escaso, lo que es por mi parte, mi cuello y mis pies no pararon quietos durante sus ocho canciones, que se pasaron en un suspiro. Puedo entender que si por lo que sea has vivido en una cueva y no conoces a ninguno de los músicos mencionados tu cuerpo tarde más en reaccionar, pero no llego a comprender a los que se quedaron parados durante su actuación.
El relevo lo dieron Killus y de antemano tengo que decirlo, desde la primera que los vi pienso que tienen el mejor directo de España, y otra vez me lo confirmaron. Son auténticamente salvajes, dando más que todo. Hay algo visceral, primitivo, en su forma de dar un concierto. Algo que viene muy de dentro. Se abren las entrañas y las desparraman sobre el público, sobre ellos mismos, sobre todas las cosas.
Daba igual que sonaran temas nuevos como “El péndulo” o clásicos como “Feel the monster”. Lo que antes eran movimientos de cuello tornaron en dislocaciones. Movimientos de pie pasaron a saltos. Decir locura es quedarse corto. En un escenario pequeño el movimiento fue constante, acompañado de una intensidad, unas expresiones faciales sacadas de la peor de tus pesadillas, o sueños húmedos, allá cada cual, con una conexión con el público extraordinaria que además se volcó de lleno durante todo el tiempo que estuvieron allí. No suelo dar este tipo de consejos porque no soy nadie para ello, pero a Killus hay que verlos al menos una vez en esta vida.
Y llegó, pasadas las 10 de la noche, Bloodhunter a Nazca con nuevo disco bajo el brazo, “Knowledge Was the Price”, y su primer concierto tras el comienzo de la pandemia. Por si había dudas, no, no se les echó en falta rodaje.
Tampoco era la primera vez que veía a Bloodhunter en directo y en las anteriores mencionaba lo mismo, su vocalista, Diva Satánica, es una bestia, pero el resto de la banda no suele ni acercarse en cuanto a fuerza, quedando muy en segundo plano. Esta ocasión fue muy diferente.
Venían con un papelón detrás, y es seguir el ritmo tras la descarga de Killus, y aunque al principio parecía una misión complicada porque el micrófono de Diva no quería responder correctamente, cumplieron solidamente. Aunque su intensidad no era la misma que la de la banda anterior, en parte porque al ser uno más, su espacio para moverse era menor, jugaron otras cartas que también les dieron mano ganadora. Para empezar el público, que en su mayoría iba a verles a ellos. También dos performances que sucedieron durante sus canciones por parte de Sady Owens, y dos colaboraciones, Rubén Kelsen de Débler Aternia y Clau Violette de Astray Valley, combinando a la perfección con Diva pese a las diferencias.
Además, como he comentado, esta vez el concierto no fue de Diva Satánica y los demás, sino que cada uno de sus componentes, incluso pudiéndose mover muy poco, supo transmitir mucha energía desde su sitio haciendo que, una vez más, yo no parara y tampoco nadie a mi alrededor, formándose hasta algún que otro mosh pit.
A estas alturas me voy a repetir. ¿Qué digo ya que no haya comentado antes? Tres conciertazos, con tres bandas en un estado de forma… Seguro que podéis encontrar la palabra sin que la escriba yo, pero aunque sea un tópico fue cierto. No todas las noches son tan redondas, no son raros los altibajos, pero esta vez no pasó. Velada perfecta de principio a fin.
- Crónica y fotos: Alejandro Sanz







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