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Crónica: ¡1º Día del Dark Easter MM – Sorpresas Blackers y Regresos Triunfales!
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Crónica: ¡1º Día del Dark Easter MM – Sorpresas Blackers y Regresos Triunfales!

07/05/2026 0 Comments
4 meses atrás
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Celebrar la Semana Santa posee una significancia especial para la sociedad mundial, más cuando aparece la fiesta de la Pascua. Muchos eventos heavys aprovechan la oportunidad para dar salida a festivales de diversa índole temática. En el centro de la histórica Münich, el Dark Easter es la cara más oculta y antirreligiosa que, desde hace más de una década, atrae a los fans y acérrimos de las vertientes más extremas del metal/rock. Multitud de bandas han dado conciertos y shows cualitativos a lo largo de los años, hasta hacer que el Dark Easter se cambie su ámbito de evento nacional a europeo. Multitud de personas de la diversa geografía del viejo continente se dieron cita, en los días terminales de la Pascua, en el precioso recinto del Backstage, donde cada uno de sus escenarios (Werk, Halle y Club) albergarían las distintas propuestas musicales que conformaban el brutal y variado cartel del Dark Easter en 2026.

Con muchas ganas de descubrir otro festival aparte de los macroeventos de verano, Metaltrip decidió embarcarse en la aventura para dar testamento de cómo se vivió una doble velada de metal/rock en todo lujo de detalles literarios y material visual. Merchandising por doquier, puestos de artesanía y orfebrería con un amplia oferta de enseres muy interesantes, intercambio de discos y vestuario propio, exposiciones fotográficas, así como arte de múltiples manifestaciones… ¡La música metal/rock no lo es todo si no se apoya en su característica cultura social! Aunque algunas actuaciones no se pudieron contemplar por distintos motivos, el ánimo por volver a disfrutar del ambiente heavy fuera de España era algo demasiado gustoso que Wesker os mostrará para que os animéis a ir en futuras ediciones.

 

Urgehal

 


Debido a los retrasos aeronáuticos, perderse la actuación de Severoth y Kyi en los escenarios pequeños era inevitable, al igual que la apertura del festival con Koldbrann. De seguro que sus conciertos fueron increíbles, y así lo corroboró la gente con la cual Metaltrip conversó en los interludios de descanso. Casi pasó lo mismo con los noruegos Urgehal, pero aquí si dio tiempo a llegar, a pesar de no poder realizar una cobertura fotográfica cercana (¡tampoco fue ningún impedimento a tener en cuenta!). La gente apenas había dejado huecos en el centro de la pista del Werk, lo cual otorgó una idea clara de que el show exclusivo de Urgehal no era uno más del festival. De ahí, se pudo comprobar el fuerte sentimiento extremo del público circundante, muy fiel a las tradiciones del old school. Casi nadie quitaba el ojo del escenario, ya fuera desde cualquier distancia, con una bebida en mano  o teniendo una conversación entre amistades.


Acudir a mitad del concierto de Urgehal podría considerarse una blasfemia imperdonable si no se tienen en cuenta los antecedentes descritos anteriormente. Omitir la trascendencia del combo noruego es imposible, pues el impacto en la escena escandinava (como muchas otras bandas) y la triste noticia del fallecimiento, en 2012, del vocalista Trondr Nefas hizo que Urgehal se convirtiese en un símbolo del más puro estilo satánico en el metal/rock extremo. El vigésimo aniversario del álbum “Goatcraft Torment”, su interpretación al completo salvo el último corte y la brutal actitud hostil propia de tiempos pasados se convirtieron en los dogmas principales de Urgehal en el Dark Easter. Su éxito no sólo radicó ahí, sino también en la presencia de miembros originales. Embutido en arneses de cuero y una estética cenobita, el guitarrista Enzifer se dejó todo su ser en plasmar el clasicismo blacker del show, al igual que la percusión de Uruz, quien siempre estuvo atento en el mantenimiento de la retaguardia estructural. Aunque Metaltrip llegó al comienzo de ese himno oscurantista que es “Nefastus Nex Necis”, la integración de miembros de sesión colegas, como una cordofonía dual perteneciente a Svarttjern, puso el listón muy alto para que Urgehal se luciese en su actual reunión y sentando un precedente de disfrute total.


 

Sakis Tolis


Venerar a los hermanos helénicos Tolis es un hecho irrefutable, porque Rotting Christ sigue marcando tendencia dentro de las polémicas derivadas del mundo extremo. Lo que mucha gente desconoce es que Sakis, el hermano mayor, tiene un proyecto paralelo propio desde hace un par de años, en el cual se imbuye dentro de la cultura gótica. Con esa premisa, la curiosidad de ver a la familia Tolis hacer algo diferente fue motivo suficiente para visitar el escenario del Halle. En una oscuridad bastante acuciante embebida en una iluminación selectiva e intensa, el escenario no tardó en llenarse de una atmósfera pesimista que explosionó al salir el reputado artista rodeado de sus compañeros de sesión. Aunque se esperaba una presentación total de la discografía, hubo cortes de Rotting Christ que mucho se celebraron entre moshpits y actitudes desbocadas de un público extasiado.


Bajo un suave y cuidadoso sonido técnico, Sakis propició un éxito absoluto de su show mediante una actitud social cercana junto a esa personalidad que tanto llama la atención. Incluso el resto de la banda, la mayoría perteneciente al naciente grupo de H2Ocean, no consiguieron robarle protagonismo a pesar de su buen hacer instrumental (¡se marcaron un trabajo muy reconocido!). La acuciante necesidad de descubrir más bandas provocó que nuestra despedida se realizase en el tema de “Welcome to my Party”, donde una cierta fiesta goda se dejó entrever por los asistentes. Sin duda, Sakis Tolis es la otra cara de la moneda respecto a Rotting Christ, pero sin perder el toque rudo y blasfemo que rodea la familia Tolis.


Miserere Luminis


El solapaje de bandas, al menos, en los escenarios confrontantes, no dejaba mucho tiempo de visita entre proyectos que daban su espectáculo ante un público más que creciente. Desde Canadá y con un anonimato moderado, el cuarteto de Miserere Luminis otorgó un punto extra de ambiente blacker sin separarse de la crudeza sonora propia del estilo extremo. Sin apenas iluminación que no fuera un juego azulado bastante intenso, la banda ya estaba a mitad del show a nuestra llegada. Sin embargo, no fue ningún impedimento para notar la inmensa creatividad surrealista que emanaba de su ejecución melódica. El público atendía, en plena motivación espiritual, a las líricas de unas canciones directas a explorar horizontes nuevos en la realidad actual. Aunque a ojos de novicios parecieran un grupo sin interés alguno, hay que tener en cuenta la amplia trayectoria de Miserere Luminis, la cual se remonta a 2008.


Por lo que se pudo averiguar, los canadienses diversificaron su setlist por el trío de álbumes que conforma su discografía, llegando Metaltrip a la mitad de “Ciel Tragique”, el único corte de su álbum debut homónimo. La dualidad cordófona entre Annatar y Neptune resultó exquisita, como si fueran hermanos compositivos desde el nacimiento. No dejaban de apoyarse en mutua cordialidad, siempre bajo la atenta mirada percusionista de Icare, todo un portento baterista que se ganó un reconocimiento aparte gracias a su actitud templada y nada exacerbada. En los compases finales de “Noir Fauve”, Miserere Luminis se despidió del festival entre laureles, prometiendo una vuelta próxima y dejando constancia que su black metal/rock atmosférico no está dispuesto a caer en el olvido.


Vinterland


Dos demos y un disco de estudio a mitad de los noventa es lo que posee el grupo sueco de Vinterland, el cual tuvo su actividad profesional durante un lustro justo. ¿Con esa trayectoria se podría considerar a Vinterland cual leyenda del black metal/rock melódico? ¡Pues sí, sin excusas! Realizando shows exclusivos desde 2011, una ocasión perfecta se venía en el festival germánico coincidiendo con el trigésimo aniversario de su único álbum, “Welcome to my Last Chapter”. Su íntegra ejecución fue una de las causas de la avalancha social que se intentó controlar en el Werk, pues incluso había gente que quería colarse o acceder al recinto entre llantos, súplicas y otras formas de negociación con el equipo de seguridad. El fervor era tan palpable que la gente se empujaba, lo suficiente, para poder disfrutar del show lo más cerca posible. La iluminación quedó enclavada en un tenue azulado gélido, similar a caminar por un bosque escandinavo al atardecer mientras la muerte acecha de cerca. Un poco de luz frontal habría venido genial en una mejor apreciación de los artistas grupales, hecho que se omitió al del criterio personal cuando el show dio comienzo entre vítores y la pertinente explosión de felicidad general.


Saberse los temas en su completa ejecución, después de más de treinta años de su composición y grabación, es un hito que el dúo cordófono sorprendió a los fans. Dispuesto a dar un concierto de calidad donde la gente sintiese la crudeza y pesadez del old school, Vinterland trató de sacar el mejor arsenal sonoro, el cual tuvo sus altibajos en la nivelización aguda. No obstante, las expectativas sociales se cumplieron en el mínimo común, ensalzando el valor histórico grupal. Al frente de las líricas y sin aparte del borde escénico en la rítmica guitarrera, Daniel supo ganarse el favor general a través de un juego artístico amenzante de suave dinámica. Bien podía parecer un lobo feroz en busca de presas que un cánido doméstico en los compases más armónicos. A su lado, Pehr no ocultó su gozo personal bajo su ligero anonimato de vestuario. Realizó una excelente labor a las seis cuerdas, llevándose un gran puñado de elogios que agradeció entre sonrisas abiertas, al igual que el baterista Andreas. Modulando la percusión en función de las necesidades ambientales, se ganó un merecido reconocimiento en la solidez estructural a la vez que los graves de Jimmy, único miembro de sesión en vivo que no quedó ensombrecido, ¡ni tampoco quería serlo! En la despedida, Vinterland lanzó una promesa que todos queremos ver hecha realidad… ¡Más shows por el mundo, aunque no haya un regreso oficial!


Audn


La única palabra que puede definir la actuación de los islandeses Audn, entre todas las opiniones del público, es “Elegancia” (¡no sólo por la estética señorial!). Con sólo tres álbumes en su palmarés discográfico y un estilo inclinado hacia el black metal/rock atmosférico, la gente no dudó en llenar el escenario del Halle casi al máximo de capacidad total. Sin apenas aire para respirar y las miradas centradas al frente, el reputado sexteto decidió que su show iba a ser lo más apoteósico que sucedería en la primera jornada del festival, aparte de las experiencias sonoras del tablado en el Werk. Si algo caracteriza la música de Audn es esa capacidad de enganchar al oyente y llevárselo a través de un viaje de texturas armónicas dispares a expensas de una varianza progresiva. Es decir, nadie podía resistir la hipnosis que causaban unos ritmos eclécticos a la vez que Hjalti imprimía unas líricas especiales mediante su tono barítono que coqueteaba con la técnica gutural (¡qué empeño vocal le ponía cada palabra!)


A pesar de la relativa oscuridad en ciertos pasajes estructurales, contagiarse de la catatonia espiritual de los músicos era una tarea obligada para cualquier asistente. La multitud de sensaciones que se desgranaban en temas como “Drepsótt” o “Eldborg” no causaban moshpits o cabeceos heavys, sino que incitaban a la introspección personal y la búsqueda del sentido vital. Los novicios que presenciaron el show de Audn lo describieron cual migración mental de ámbito filosófico, contemplando las notas y acordes como teorías de la realidad. La cordofonía general poseía una sonido nítido y muy singular, pues no se volvió a escuchar en todo el Dark Easter MM con el resto de grupos, ¡ni siquiera al siguiente día! (quizás con Darkher…) De verdad que a Metaltrip le hubiera gustado quedarse más tiempo con la experiencia sensorial de Audn, aunque lo que se vivió con el grupo islandés es digno de rememorar su visita a España en 2017 en calidad de telonear a Gaahl’s Wyrd; ¡con material nuevo, a poder ser!


Nornír


Ya tuvimos la ocasión de ver al cuarteto germánico Nornír arrollando al público neerlandés del Eindhoven MM a finales del 2025. Hubiera gustado disfrutar más de Audn, aunque la ansiedad por volver a gozar de un black metal/rock crudo y sin tabúes, ¡como en los viejos tiempos! En la vuelta al escenario del Club, el abarrotado público ya estaba dejándose la vida en los moshpits delante de una banda que bien los incitaba a través de sus melodías, oscuras y muy desgarradoras. Liderado por la imponente figura femenina de Lethian, el grupo movía masas de una forma tan salvaje como impresionante en el moshpit central del recinto. Igual de ruda que meses previos en su actuación neerlandesa, Lethian se bastaba sola para que la gente se rindiese a sus pies, al igual que al resto de compañeros, quienes no vacilaron en recrudecer el ambiente a un nivel insospechado.


Aunque la presencia de Metaltrip llegó en la segunda mitad tardía del setlist, reconocer temas como “Isvinden I Nord” y “Valr” fue toda una elegía de calidad suprema directa a dominar la escena underground blacker germánica. Con el cuarteto rompiendo a la gente en directo, no valían las ambigüedades de gustos; ¡el favor social era más que merecido! La cantidad de camisetas con el logo grupal que se veían entre los presentes y los coros al unísono demostraron el arraigo que había en el ambiente, incluyendo al servidor propio. El sentimiento más bruto del alma pululó en quién descubrió al grupo, ¡que pocos no fueron! Entre gritos guturales y llamadas al averno extremo, Nornír se volvió a convertir en la mejor calidad blacker que el old school engendró en la actualidad, ¡ojalá se vea por España!


Firespawn


Han pasado seis años y todavía no se pueden olvidar los titulares que mostraban la inesperada noticia del fallecimiento del cantante L-G Petrov por un raro proceso oncológico biliar. ¡La vida no es justa, al menos, con quien la merece! La memoria del querido artista sueco quedó representada con la emotiva actuación de Firespawn, proyecto en el que trabajó L-G desde el inicio hasta su caída en brazos de la eternidad al mismo tiempo que Entombed AD. La misma formación se ha mantenido en silencio desde el prematuro adiós de L-G hasta el año pasado, donde se decidió que Firespawn volvería a la escena musical con el perenne recuerdo siempre vivo. Fiel a sus raíces y con la comandancia vocal de Jörgen (The Project Hate MCMXCIX y Ex-Grave) el grupo convirtió el recinto del Werk en un hervidero de odio y furia social que hiciese honor al compañero ausente. El público así respondió, recreando violentos moshpits y algún que otro surfeo sobre las cabezas. Llevando el intenso contraluz por una diversidad cromática, la escénica quedó copada por la imagen de L-G en el telón trasero y la posterior exhibición de su chaqueta de parches; ¡recuerdo inmortal de su trascendencia en el mundo extremo!


Diez canciones se repartieron por la tríada de álbumes de estudio que hay en el palmarés de Firespawn, aunque se notó cierto énfasis en temas del debut discográfico con “Shadow Realms”. La gente coreó “Full of Hate” entre hostias mutuas, se experimentó la decadencia social en “Ruination”, nadie escapó de la influencia de “Heathen Blood”… ¡Un repertorio digno de una ocasión especial! Entre bromas y chascarrillos, Jörgen no falló en su emulación vocal de L-G, sintiendo los guturales del mismo partir el cuerpo y agrietar el alma. El resto de integrantes de Firespawn ensalzaron el show a través de un despliegue sonoro brutal, ya fuera la cordofonía dual de Victor y Fredrik (¡qué coordinación más perfecta!) en la ejecución solista y el intercambio armónico, los rudos graves de Alexander que se retumbaban por las paredes o la impecable labor baterista de Matte, un portento varonil dispuesto a envalentonar las masas sociales más allá del límite de su capacidad. Cualquier motivación musical entró en una espiral de violencia escénica que casi nadie fue capaz de prever ni al principio ni al fin. Desvanecido y exhausto, el público no pudo hacer más que dar su favor a Firespawn con la despedida de “All Hail” y “Lucifer Has Spoken”, desterrando esa idea de “tributo” por el continuo recuerdo a L-G Petrov. Se vienen nuevos tiempos para el quinteto sueco, así que su actuación en el Dark Easter es una declaración de lo que se avecina en un futuro próximo.


Schammasch


Es fácil coger el gusto a las bandas que presentan un cierto anonimato, y el caso de los suizos Schammasch no es una excepción para Metaltrip. La gente no tardó en abarrotar (¡hasta el límite!) el escenario del Halle después de Firespawn; al menos, quien siguiera vivo de la masacre previa. Mediante un ostentoso decorado y una imagen escénica bastante mística, los integrantes de Schammasch salieron ante los fans y acérrimos envueltos en su particular vestuario pagánico. Muy precioso a primeras, demasiado vistoso y con interferencias para realizar una labor musical decente; algunos miembros se quitaron algunas honras durante el desarrollo del show; en especial, las máscaras venecianas. Pocos creyeron que Schammasch diese un repertorio tan corto que pudiese resumirse en cinco canciones, pero de duración media de diez minutos cada una. Una decisión algo condenable, pues dos cortes ya habían consumido casi media hora de misa. ¿Dónde quedó “Image of the Infinite” con ese estribillo tan coreable o “Father’s Breath” que mucha gente pedía a la banda desde el inicio? Tocar más del “Triangle” habría sido una gran opción, sabiendo que cumple 10 años de aniversario…


Enfrente, otra banda iba a la par con Schammasch, así que quedarse todo el show no fue posible para Metaltrip. Eso sí, el tiempo invertido en la actuación de los suizos fue suficiente para observar varios aciertos que sorprendieron a los presentes. Por primera vez, al menos en el Halle, la iluminación frontal apareció con motivo de dar visibilidad a Schammasch. Gracias a ella, se contempló la calma y disfrute con el cual se ejecutaban los ritmos y piezas musicales. La cordofonía gozó de una solvencia adecuada, aunque la estática sónica general hizo que el ambiente adoptase una estética algo monótona que el público supo diversificar en función de la continuidad interpretativa. La dualidad guitarrista y vocal de CSR estuvo a la altura sin quitar la mirada del horizonte, apoyado por los encomiables JB y MA a cada lado del escenario. Sin quitar mérito a los graves de la reciente incorporación PD, el trabajo percusionista de BAW casi dejó boquiabiertos a los iniciados fans de Schammasch. Entre suavidad musical y una honrosa actuación que podría haber sido más intensa, salir del Halle estuvo complicado, ¡pero tampoco habría importado quedarse todo el show!


Todomal


Sería de mala educación (¡pero mucha!) que Metaltrip no hubiera estado presente en el show de la única banda que representó a España en el Dark Easter. Originarios de Castilla La-Mancha y empezando su andadura en 2020, el dúo de Wildman y Mile que conforma Todomal (junto a varios músicos de sesión) está ganando mucha popularidad entre los adeptos al doom clásico con influencias atmosféricas. La mala noticia es que Todomal no obtuvo una gran asistencia en el recinto del Club, más en especial por la resaca que causó Firespawn y el interés desmesurado por ver al proyecto blacker americano de Blackbraid. Si se suma el solapaje con Schammasch justo al lado… Más que realizar quejas por doquier, mejor será explicar la corta experiencia que hubo con Todomal y el porqué la gente se perdió un concierto inverosímil dentro de la estética extrema castellana.


Cierto que Metaltrip acudió a la cita con Todomal a mitad del concierto, pues ya estaban empezando con “Infero Tristi” (¡más vale tarde que nunca!). No obstante, ningún obstáculo impidió que el limpio y nítido sonido de la banda manchega inundase el recinto por completo. La poca gente presente se nutrió de unos ritmos y acordes repletos de sensaciones que se balanceaban por una delgada línea de dolor y disfrute personal. Los susurros de Wildman ayudaron a entender el significado de la existencia, envueltos por la aura teclista de Cecilia, la joya destacada de la banda (¡y la más oculta por la iluminación general!). Aunque la percusión se notaba excedida en algunos pasajes, al igual que instantes de graves al alza, los problemas se solvetaron al momento. Mientras se sentía la ilusión vital en “Coalescence”, se pudo contemplar la comunión social con el aprobado de “Antichrist of Love” y el aplaudido final de “Born of the Earth”, dejando constancia del triunfo que Todomal se labró en el festival germánico y que sólo unos afortunados pudieron compartir en directo.


Blackbraid


Hay fenómenos que merecen una mención aparte en el mundo del metal/rock extremo. Muchos géneros se reinventan en una constante adaptación a la evolución de los tiempos culturales, pero no por ello, pierden su esencia primigenia. El Dark Easter presenció uno con la llegada de Blackbraid, el brutal proyecto blacker americano del artista Jon S. Krieger “Sgah’gahsowáh”. Si el Werk no superó el aforo permitido durante su actuación, ¡poco le faltó! La gente no iba a perderse la oportunidad de comprobar si merecía tanto la reputación obtenida, en tan poco tiempo, de Blackbraid y por qué llama tanto la atención una música black metal/rock que difiere de lo cotidiano. Al acabar el show, la respuesta unánime quedó evidenciada en el tremendo apoyo que Jon S. Krieger y compañía obtuvieron de cientos de fans en una completa adicción insana.

¿Quién es Jon S. Krieger? Intentado no desvelar muchos detalles de él, se puede comentar que es un artista arraigado a las artes oscuras de la realidad con una ascendencia mexicana. Con esto, ya se puede saber la razón principal del éxito absoluto que tiene Blackbraid allá donde interpreta sus canciones. Hay mucha blackería salvaje y de rudeza inaudita, pero el motivo de interés se esconde en la cultura social; indígena por así decirlo. Blackbraid no invoca a Satanás, demonios y otras formas infernales, sino que interpela al lado natural de la realidad. En vez de sentir la inspiración en una creencia distinta o religiosa, se nutre del arraigo al ámbito natural y las prácticas primigenias de la humanidad. ¿Qué atractivo tendría una flauta nativa en un show más heavy que una pedrada en la cabeza? ¿Por qué la gente atendía, en silencio, a la llamada musical de las fuerzas naturales que Blackbraid invocaba? Esa respuesta se halló en la férrea conexión que tiene el ser humano con el origen y el fin de la existencia.


Todos quedaron extasiados de la crudeza, pesadez y furia desbocada en los temas ejecutados de la corta y prolífica discografía de Blackbraid. Sin embargo, otras personas (¡pocas, creemos!) quisieron mirar más allá de la fachada que los artistas mostraron en general. Dinámica hostil y muy agresiva, fiereza musical donde los moshpits ya no tenían control alguno, un azogue de voluntad capaz de desgarrar cuerpos… ¡No cabe duda que Blackbraid es violencia pura tan sorprendente como original! La cordofonía guitarrista, ataviada en maquillajes indígenas, no sólo se postureó en la magnificencia, sino que ejecutó su rol en completo apoyo de la gente gracias a ese sonido nítido de índole distorsionada. Lo mismo se podía decir del bajo y la batería, protagonistas especiales de los breaks y los añadidos ambientales. “The Spirit Returns” o “Sacadanga” atrajeron algo menos por la diversificación cultural en la riqueza armónica, pero nadie se atrevió a criticar el setlist de una banda que calló bocas y asesinó a haters con una escénica brutal y repleta de sorpresas.

Más que un concierto heavy, algunos tenían la sensación de estar presenciando un culto pagánico mediado en la actualidad moderna. Justo ese contraste, en opinión de Metaltrip, era lo que hacía a Blackbraid ser uno de los cabezas de cartel del festival junto a Unleashed el primer día de jornada. Al acabar el show, los artistas del grupo cumplieron la petición de los bises con una pieza extra que sentó cual plena satisfacción de haber vivido el mejor concierto del año. Alguien habrá que critique la actuación, ¡por supuesto! Eso sí, nadie pululaba el Halle o el Club, sino que la cercanía al Werk ya decía mucho del interés por la propuesta musical. Si alguien pregunta porqué Blackbraid mueve masas sociales de forma inmediata, quizás esta crónica sea una respuesta relevadora, o en caso negativo, que acuda a un show en directo con la previa escucha de la discografía pertinente. Es muy posible que el fanatismo por la blackería natural se desarrolle cual río que nace en la montaña, llega al océano y continúe por un horizonte eterno.


Secrets of the Moon


No se niega que la descarga blacker de Blackbraid reventó al público del Dark Easter, pero otra sorpresa musical no tardó en aparecer en el escenario del Halle. Poco se conocía al grupo germánico de Secrets of the Moon por parte de Metaltrip; ¡ya nunca más! La gente que empezó a llenar el recinto no dejaba de comentar grandezas sobre el grupo, así como el descubrimiento de que el show estaría encaminado a la celebración del vigésimo aniversario del álbum “Antithesis”. Un extra de curiosidad hizo captar más nuestra atención y nos llevó a sufrir una catatonia exclusiva que casi hizo olvidar que la banda checa Hypnos tocaba justo al lado, en el Club. De nuevo, la escasez de iluminación frontal obstaculizó (un poco) la distinción total de los miembros grupales, pero no lo suficiente para escapar del ojo crítico de la fotografía en directo. Secrets of the Moon se separó en 2022 para desgracia de muchos adeptos, pero después de un parón indefinido, la sorpresa de su vuelta hace muy poco sorprendió al mundo del black/gothic que bien ejecuta en su estilo artístico.


Tocar el repertorio, entero y en orden, de “Antithesis” fue toda una experiencia musical que la gente percibió como algo único y especial. La forma de enganchar con cada riff, solo o base estructural producía un éxtasis acústico que retorcía la realidad más allá de los límites espirituales. Bajo un sonido muy cuidadoso donde la potencia instrumental se convirtió en el principal atractivo, los artistas ocultaron su disfrute personal en un manto de distintos gestos de satisfacción y escuetos semblantes faciales. Sin apenas moverse de sus respectivos sitios, la dinámica del show se desarrolló con una atmósfera preciosa y misteriosa a la vez, simulando el lado oculto de la Luna que casi nunca se contempla en el firmamento. La gente quedó encantada de la intensidad exhibida en la magnificencia artística, llegando a un punto de desconexión de la realidad bastante evidenciable. Al final de “Ghost”, Secrets of the Moon dio una pequeña pausa que despertó la conciencia de Metaltrip, recordando que Hypnos tenía su show simultáneo junto a los exitosos germánicos. Quedarse con Secrets of the Moon hubiera sido un espectáculo perfecto, más sabiendo que al final, se invitó a CSR de Schammasch a interactuar con la banda en el final con “Lucifer Speaks”, pero ese momento cayó en ausencia para dar visibilidad a Hypnos en calidad de cobertura mediática.


Hypnos


El tiempo se iba volando con Secrets of the Moon, así que Metaltrip estuvo a punto de perderse la última actuación de la primera jornada en el escenario del Club. Desde Chequia, el proyecto del legendario Bronislav Bruno, bajista y cantante de los míticos Krabathor, se encargó de repartir las últimas dosis de tralla y violencia musical. Mediante un marcado estilo death metal/rock, el old school se hizo patente durante las tres últimas canciones que se presenciaron al llegar a la terraza del escenario. Rodeada de una completa iluminación colorada sangrienta perenne, la banda allanó el camino para que la gente sintiese la crudeza y pesadez sonora lo más cerca posible a expensas de la traca final con Unleashed. Para Hypnos, aquel concierto era muy especial, pues significaba la vuelta de los checos después de su actuación en 2023, lo cual se evidenció en la multitud de sonrisas y apreciaciones de Bruno y compañía hacia el público que había por las inmediaciones.


La gente ya había dejado gran parte de su voluntad en seguir los impulsivos compases de Hypnos. Las canciones eran un compendio de melodías y armonías para oídos exigentes que aún tienen la esperanza en el contraste atemporal del metal/rock extremo europeo. Ahí es donde radica parte de la culpabilidad de Metaltrip por no haber acudido antes a la cita con la banda checa, aunque tampoco hay arrepentimiento de haberse inspirado con Secrets of the Moon. Justo antes de la despedida, Bruno y el resto hicieron gala de su gratitud con un cierre brutal que Canni y Vlasa (Six Degrees of Separation) arroparon al bajista con una actitud guitarrista inaudita. El reparto solista fue un bombazo que dinamitó al público al último moshpit y dejó el listo elevadísimo, junto a Secrets of the Moon, para lo que venía al día siguiente en los escenarios del Halle y el Club.


Unleashed


Más de treinta y cinco años han pasado desde que Johnny Hedlund decidió crear su propio proyecto de metal/rock extremo, Unleashed; ¡no hay quien le pare los pies! Con la misma personalidad abierta y simpática que caracteriza al grupo en su totalidad, el tiempo no discurre por Unleashed en clara calidad de referencia del death sueco clásico junto a Grave y otros nombres más. Sin variar la formación desde 1995 con la entrada de Fredrik a la segunda guitarra (¿alguien sabe cómo demonios puede estar en Unleashed, Firespawn, Dead Kosmonaut y Hellbutcher a la vez o saberse todas las canciones mejor que un abecedario?) el cuarteto ha sabido mantenerse en activo con un gran puñado de álbumes que supera la quincena (¡y lo que queda todavía!). Sin embargo, lo más importante es esa constancia fiel en un mismo género y consolidar un trono que nadie es capaz de disputar.

Como última banda que cerraría la primera jornada del Dark Easter dentro del Werk, la gente hizo un esfuerzo extra en quedarse a disfrutar del atropello definitivo previo al descanso (¡u otras opciones a valorar!). Se notaba el cansancio general y aunque muchos desertaron en favor de reponer fuerzas, Unleashed no tuvo compasión de quienes decidieron entregarse a la extenuación total de un death metal/rock arrasador. Si Johnny se partió la pierna hace una semana y luego se le vio pegando saltos por el escenario principal junto a su impresionante bajo, ¿qué excusa tiene el público? ¡Hacer lo mismo, hasta romperse los huesos como él y seguir dentro de los moshpits! Corear las líricas, levantar los puños en alto, reír con los chistes de Johnny en los interludios… Ya hubiera sido Unleashed o Blackbraid, la clausura apoteósica del día iba a suceder de cualquiera manera. Siempre es preferible dejar la tralla como rescate de los rezagados, y se evidenció que Unleashed lo consiguió fácilmente gracias a su genial concierto repleto de sorpresas.


Más de una docena de temas, adecuadamente seleccionados del extenso palmarés discográfico que poseen los suecos, fue suficiente para que la abrumadora satisfacción campase entre los presentes al show. Con una gran mejoría en la iluminación escénica, Johnny y compañía jugaron con la instrumentación para que la gente viviera distintas sensaciones del old school embebido de matices temáticos muy dispares. Desde la mitología nórdica con “To Asgaard We Fly” y “To my Only Son” hasta himnos extremos como “The Immortals” y el dueto del álbum debut “The Dark One” e “Into Glory Ride”. Hubo álbumes que cayeron el olvido del directo, como fue el caso del exitoso “Odalheim” (¡no hay que culpar a primeras, que es difícil hacer una revisión total en una hora de actuación!) La expectación quedó muy completa al ver la fidelidad de los fans uniéndose a Johnny en el rol vocal, así como tararear los riffs más reconocibles que la cordofonía emitía en una distorsión muy cuidada por la zona técnica. No cabe la duda de que Unleashed quería hacer un concierto para el recuerdo del festival, ¡así que los fallos extrínsecos debían quedarse fuera a toda costa!

¡No es coña lo mencionado sobre el percance accidental de Johnny semanas previas al Dark Easter! No se le vio molesto durante el concierto, aunque tampoco pegó tantos saltos como bien se quería. En lugar de ello, se centró más en que su bajo compitiese contra los rivales de seis cuerdas. Hubo momentos en que lo consiguió, porque Johnny sabe imponerse en potencia por mucha armonía guitarrera a cada lado. Tomas y Fredrik son la pareja ideal en el núcleo compositivo de Unleashed. Ritmos para uno, solos para otro; ¡viceversa! Como si fuera un ajedrez, las piezas de acordes se movían por el tablero con la moderación externa de Johnny. Fredrik impresiona con un despliegue solista supremo, no tarda Tomas en rebatir la propuesta con una exposición rítmica casi imposible de emular. Esa rivalidad amistosa mantuvo el vilo en la gente, pues no se podía inclinar la victoria hacia a alguno de ambos. Añadir el punto extra de cercanía social provocó que los moshpits terminales adquiriesen la rudeza necesaria que Johnny ensalzó en loas de inmensa gratitud. ¿Cómo se va a dejar a Anders fuera de la ecuación sueca si lleva desde el inicio grupal? Sin una batería a la altura y el kit pertinente, Unleashed no habría alcanzado la fama que posee en la actualidad. Por eso, Anders remarcó el valor de la sólida base estructural con un rol percusionista excelso para que “Death Metal Victory” diese punto y final al Dark Easter entre vítores que se escucharon por toda la ciudad germánica en un retumbar titánico de la apisonadora que es Unleashed.


 

Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S.

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