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Crónica: 2º Día del Eindhoven Metal Meeting
Conciertos Crónicas

Crónica: 2º Día del Eindhoven Metal Meeting

23/12/2025 0 Comments
7 meses atrás
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Pedir un descanso a los festivales europeos del metal/rock es un acto deplorable, pues sería negar la trascendencia que poseen en la génesis, desarrollo y mantenimiento de la cultura heavy. Desde la catedral germánica del Wacken al recién estrenado Sun & Thunder español, la amplia oferta de macro eventos dedicados a la música extrema casi roza un perfecto ideal para el metal/rock mundial. En los Países Bajos, el honor festivalero recae en la mítica ciudad de Eindhoven, donde su propio evento, el Eindhoven Metal Meeting, celebrado en el Effenaar durante tres días, continúa siendo una opción prioritaria de conciertos a las puertas del inminente invierno europeo.

Siempre apostando por la vanguardia moderna, las canteras underground y el old school clásico, hay que dar un mérito especial a la tierra de los molinos, los tulipanes y la cuna de múltiples filosofías humanistas. En Metaltrip, no podíamos perdernos la oportunidad de volver al Eindhoven Metal Meeting una vez más, de modo que una cobertura total del festival se viene de parte de Wesker, quien os lo contará con todo lujo de detalles literarios y material visual!

 

High Parasite


El segundo día del Eindhoven comenzaría fuerte con una visita a la ciudad por parte de nuestro equipo de prensa y fotografía, al igual que la fascinación por el arte y la cultura neerlandesa. Por ello, la apertura de la jornada con la banda local Abrupt Demise fue imposible de cubrir por el gusto al centro urbano. Justo a tiempo se llegó para disfrutar de un grupo británico que sorprendió bastante, High Parasite. Creada por el icónico Aaron Stainthorpe, ex-cantante de My Dying Bride, su estilo gótico de alta influencia moderna supuso un aluvión de asombro en el público más joven del Effenaar. Bajo una estética misteriosa que incluía pintura facial y máscaras en el caso del bajista Tombs, el quinteto ofreció un espectáculo singular basado en la presentación íntegra de disco debut, “Forever We Burn”.


Aunque la banda define su estilo como “death-pop”, es imposible negar la alta influencia de las corrientes suburbanas góticas y emo, todavía vigentes en la actualidad. Sin tocar referencias del darkwave y el post-punk, High Parasite mostró su faceta musical más melódica dentro de una ambientación tétrica que incitaba a la introspección personal. Mientras Aaron deleitaba al público con un increíble despliegue vocal, el resto de la banda mantuvo un sonido etéreo y muy íntimo, levantando pasiones en quienes abrían sus sentidos a unos ritmos y armonías muy emotivas. Con Jonny y Sam haciendo un trabajo cordófono impecable y repleto de satisfacción personal, mucha atención se quedó enclavada en el bajista Tombs. En el completo anonimato facial, la curiosidad le valió un extra de interés, sin quitar mérito a su dominio absoluto de los graves junto a la sólida percusión de Dan. El sensacional show de High Parasite se sintió muy corto debido al inmenso gozo social y el intenso juego iluminativo; ¡algunos bises habrían venido genial para la emotiva despedida!


Alvader


Luciendo una sonrisa tras la actuación de High Parasite, bajar al piso inferior fue una buena opción para descubrir otro gran proyecto musical, Alvader. El desconocimiento fue disipado al saber que su cantante y líder, Joris, fue uno de los miembros originales del grupo folk/viking Heidevolk, junto a otros miembros como el dúo guitarrista Reamon y Kevin. Portando un particular estilo épico ligado a la naturaleza cultural de las sociedad europea, Alvader mostró que el su música está arraigada a una percepción pagánica que aún sigue vigente en nuestros días. En el amparo de una iluminación anaranjada con mucho contraluz, la banda desplegó un sonido repleto de fantasía surrealista con un dominio bajista muy marcado, pues Ernstjan también apoyaba las labores corales en un tono bastante rudo.

Al igual que otras bandas con una trayectoria naciente, Alvader interpretó su primer álbum al completo, “Hereniging”, incluyendo guiños a Heidevolk con las versiones de “Krijsvolk” y “Ostara”. La banda no se sintió incómodo, ¡justo todo lo contrario! Conforme la gente apremiaba y pedía más espectáculo, Joris y compañía complacieron el deseo mediante un cambio en la interacción social en función de la temática expuesta. Esa dinámica escénica resultó crucial en el éxito que obtuvo Alvader al acabar el show, sin olvidar el empeño escénico continuo de los músicos. Por ello, entre vítores y la gente agolpándose en la primera fila, entusiasmados de la experiencia pagánica vivida, Joris se rindió de rodillas al fervor fraguado en el escenario pequeño del Effenaar. ¡Una pasada que ojalá se pudiera revivir en tierras ibéricas!


En este punto del festival, es de bien pedir disculpas por nuestro equipo de prensa y consideración debido al gusto personal del metal/rock, pues desde la actuación de Alvader, no se acudió al escenario pequeño del recinto hasta la terminación de Batushka. Estamos convencidos que las bandas que tocaron en el piso inferior durante el tiempo de ausencia de cobertura, Pessimist, Nightfall, Happy Days, Furia y Sinister, dieron unos grandes shows y que la gente disfrutó con ellas a un nivel inimaginable de pasión y fervor social. Todo sea por que dar voz y que se sepa que no todo son grandes nombres grupales, sino que el mundo underground tiene cabida como cantera del futuro glorioso que se forjará en la industria extrema musical.

Tribulation


El ámbito gótico de High Parasite no fue el único que se expresó en el festival neerlandés, pues Tribulation lo rescató ante un público ansioso por disfrutar de más música original. Con un vestuario victoriano y de tintes románticos, el cuarteto sueco utilizó la mejor estética lumínica para realzar el valor de su espectáculo escénico. Aunque el grupo comenzó su andadura profesional en el death metal/rock hace un par de décadas, no tardó en mutarse hacia la vertiente gótica que, más allá de las habladurías y detracciones, sigue aunando el interés junto a la temática propia de la corriente sociocultural vigente. Hace un par de años, Tribulation sacó su álbum “Sub Rosa in Aeternum” y la mayor parte del setlist se encauzó en su presentación. No obstante, el rescate de algunos cortes del resto de la discografía, salteándolos por el repertorio, ayudó a mantener la atmósfera candente que aprisionaba los corazones del público en un enjambre de rosas espinadas, derramando lágrimas de emoción ante la inmensidad abismal que evocaban las líricas que tan sutilmente se recitaban.


Siendo el núcleo compositivo de Tribulation, casi toda la atención de los asistentes se dirigió hacia Johannes y Adam, adalides del show y cuya magnificencia provocó desmayos espirituales por el derroche de carisma y profesionalidad que irradiaban. Mientras la belleza y el talento interpretativo de Adam se deslizaba entre florecidos acordes y melodías oscuras cuales rosas azabache, Johannes susurraba los versos en un tono sosegado, casi llegando al término de sugerente. En pleno contraluz, los golpes a su bajo hacían que la gente notase el gélido calor de una realidad alternativa donde la muerte es un estado más de la vida. La fuerza percusionista de Oscar no lograba enrarecer el ambiente, sino que lo complementaba gracias a un juego baterista liviano en adorno estructural. Envuelto en las sombras, Joseph se convirtió en la personificación del azogue radical en contraste al resto de compañeros. Su incesante dinámica y disfrute personal le hacían ser la faceta insana del grupo, aunque no desentonó en el show, ¡lo contrario! Además, el público colaboró mucho en los coros, recreando unos momentos emotivos en “Nightbound”, “Hamartia” y el dúo de cortes del célebre álbum “The Children of the Night” que culminó en una sentida despedida que supo muy amarga, ya que la gente adoró la actuación de Tribulation como si no hubiera un mañana en Eindhoven.


Terrorizer


Suerte hubo de no perder al equipo de prensa y fotografía en el brutal concierto de Terrorizer, ¡porque bien podría haber sucedido! La violencia social experimentada durante la enérgica descarga musical del legendario cuarteto americano sería impensable en estos tiempos modernos. Sin apenas tregua a mediados de la tarde, la historia recordó, al público, cómo se fraguó el verdadero death metal/rock de mediados de los ochenta. No hay nadie que no sepa la tortuosa carrera profesional de Terrorizer, pero eso no quita mérito a su importancia dentro del establecimiento de las bases cimentadas del metal/rock extremo.

Además, en Eindhoven se contempló un hito que el festival neerlandés puede presumir ante otros eventos similares. Terrorizer construyó un álbum debut que rompió cualquier estándar de crítica social, “World Downfall”. ¡Sí, fuimos testigos de cómo el grupo lo tocó íntegro en un show repleto de brutalidad sónica e insana actitud! Unos lo llamarían locura, otros acuñarían más hacia la resistencia… En opinión personal, se conformó como un hito irrepetible que se disfrutó más allá de los límites sensoriales. Una hora de show justa, nada de tonterías ni discursos peleles, ¡sólo moshpits y old school del mejor!


Un miembro original queda en Terrorizer cuya trascendencia le hizo ser el principal foco de interés, aunque compartido, ¡claro está! Cuando se trata de hablar de bateristas que han destrozado kits percusionistas sin piedad alguna, podríamos mencionar a Gene Hoglan, Dave Lombardo… No se puede olvidar a Pete Sandoval, quien grabó su excelsitud en Morbid Angel y antes formó Terrorizer junto al icónico guitarrista Jesse Pintado (Ex-Napalm Death). Ya hace veinte años que Jesse falleció a causa de un fallo hepático, pero su memoria sigue más viva que nunca. Los homenajes a su memoria no faltaron durante el show, al igual que su espíritu invadió a Richie (Mindscar). Sin apenas estar quieto y disfrutando como un infante ante un público enloquecido, realizó una labor cordófona digna de honores.

Lo mismo ocurrió con David, segundo miembro longevo cuyo bajo reventó oídos en una acústica potente y que agrietó el recinto violentamente. Bajo su faceta seria, se escondía un huracán dispuesto a arrasar con aquello que estuviese frente a él. Buscar una voz que impartiera justicia en Terrorizer fue difícil, pero viendo cómo Brian Werner incitaba los moshpits en un actitud antisocial radical, ¡más no se puede pedir! Los moshpits encontraron su lugar dentro del caos social, provocando fracturas, hematomas… Ni siquiera el final con “Crematorium” y “Nightmares”, regalos de discos posteriores, relajó la frenética actividad que había en el Effenaar. Terrorizer destrozó Eindhoven de un chasquido, nadie quedó impune en cuerpo y/o mente, así como regalar un momento de música extrema tan efímero como histórico para la posteridad.


Possessed


Terrorizer fue el primer bocado de old school clásico que hizo aparición en una justificación magnánima del pasado glorioso del metal/rock mundial; ¡Possessed no tardó en seguirle los pasos! Hablar del cuarteto californiano es tener en cuenta dos aspectos fundamentales. El primero es que Possessed se puede considerar como la banda pionera del death/thrash, mientras que el segundo es la resiliencia de uno de los cantantes más admirados de la escena underground, Jeff Becerra. Divino en personalidad y cuya voz no envejece ni a lo largo de los años, su reputada minusvalía le ha convertido en un símbolo de empoderamiento frente a la adversidad.

Recibir un tiro en 1989 y quedarse en silla de ruedas no le supuso ningún impedimento para frenar su pasión por el metal/rock extremo, ¡porque una voluntad como la de Jeff es un ejemplo a venerar! Después de reformar la banda en función de las necesidades y siempre buscando la perfección absoluta que la gente desea escuchar de manera atemporal, Jeff y sus compañeros decidieron que Eindhoven fuese testigo de un hecho histórico similar al ejecutado por Terorrizer previamente. Siempre iluminado al frente y dominando el escenario de un lado a otro, Jeff acaparó todas la miradas a cualquier movimiento y la gente no cesó en el afán de elevarle a Olimpo del estrellato musical.


Comienza el show con “The Eyes of Horror” y la gente enloquece de felicidad en unos comedidos moshpits de intensidad variable. Se forma el infierno lumínico mientras Possessed continúa el repertorio con el himno de “Tribulation” seguido de la reciente “Demon”.. Y justo a partir de ahí, Jeff pronuncia las palabras que quedarían grabadas en los asistentes: “¿Os gusta “Seven Churches”? ¿Y si lo tocamos entero?” Silencio absoluto, nadie movió un músculo y cuando ambas guitarras dieron los primeros y veloces galopes de “The Exorcist”… ¡Imposible todavía creer que el álbum se interpretase al completo! Ser partícipes, en coros y líricas, de temas como “Evil Warrior” o “Holy Hell”… ¿Por qué Possessed regaló una ocasión tan especial en pleno 2025? ¡Tan simple como la celebración del cuarenta aniversario del álbum!

Un sonido increíble que no perdió calidad alguna en estética de old school, una dinámica escénica que emocionaba más allá de la satisfacción, el público dándolo todo sin razón ni lógica salvo vivir el momento, cordofonía en su punto justo junto a sólida base de graves y percusión… Después de una bestial interpretación que no decepcionó ni queriendo, Jeff se quiso despedir, entre bises y un unísono de negación rotunda, en la mítica “Death Metal”, pero su silla de ruedas acabó empapada de unas lágrimas más pesadas y crudas que el sonido que retumbó durante la actuación. La experiencia extrema que Possessed regaló en el Eindhoven MM trascendió las barreras del metal/rock atemporal. ¿Habrá una segunda oportunidad para quien se perdió aquel hito artístico? ¡Que vuelva a repetirse, cueste lo que cueste!


Triptykon


Cumplir un sueño como es tener al maestro Tom G. Warrior enseñando los pilares más básicos del metal/rock justo enfrente es un placer que todos deberían tener al alcance una vez en la vida. ¿Peina canas? Sí. ¿Continúa tocando como un dios? Sí. ¿Reivindica el legado de HellHammer y Celtic Frost siempre que puede? ¡Vaya que sí! En el Eindhoven MM, Triptykon se volvió a presentar como una majestuosa catedral de culto musical donde los moshpits quedaron prohibidos (¡más o menos!) y se obligó a expandir los sentidos al máximo. Disfrutar el estilo escénico de Triptykon, en total indiferencia de lo que se interprete, resulta fundamental entender el contexto que supone experimentar una multitud de sensaciones sobre el sentido de la vida y la filosofía de la realidad. El show de Triptykon tendría, por guía, un repaso a los grandes éxitos de Celtic Frost, pero sin olvidar algunos de los himnos modernos del proyecto contemporáneo como son “Goetia” o “Aurorae”.

¿Que el grupo toca temas muy pesados con una duración excesiva? ¡Mejor callar la boca y atender a lo que se expresa en ellos, porque quizás se aprenda más de lo que parece a priori! Por supuesto, no faltaron esos himnos inmortales como “Circle of the Tyrants” y “Dethroned Emperor”, así como varios guiños al subestimado disco “Monotheist”. Coros al alza a cada rato, público entusiasmado de ver a un prolífico compositor rodeado, un ambiente elegante que irradiaba conocimiento… ¡Celtic Frost es la sabiduría del metal/rock en su época old school y Triptykon, el medio para predicarla al mundo!


Es difícil ver a Tom G. Warrior dando la nota en algún show, pues su metodología vital se resume en: “Mente sana en cuerpo sano”. Feliz de volver a los escenarios y portando su habitual carisma y simpatía hacia el público, volvió a ser un adonis humano a través de una ejecución guitarrista perfecta y muy profesional. Su dinámica mutaba en función de las emociones a transmitir por las líricas, pero sin perder las habituales muecas de satisfacción. Su compañero de cordofonía, Victor, era la cara visible del espiritualismo que envuelve al estilo musical de Triptykon. En absoluto contraste a Tom G. Warrior, el rostro de Victor reflejaba cada uno de los estados mentales que las canciones evocaban al público. Catatonia introspectiva, sumisión psicológica, tristeza existencialista, humanismo filosófico… Un acorde menor y/o disminuido de determinada tonalidad le provocaba un éxtasis emocional que se contagiaba por cada rincón del Effenaar.

Ya que ambas guitarras se conformaban como una línea armónica y melódica dual, ¿quién daba potencia al show? ¡Aquí entra la base estructural de los graves y la batería! Vanja es, desde hace casi dos décadas, la faceta más ruda de metal/rock extremo. Mirada hostil, muecas agresivas, crudeza sonora a cada golpe grave… No será la bajista más reputada ni la más conocida en la actualidad, pero en el mundo underground, ¡no hay nadie con tanta calidad interpretativa como ella! ¡Un simple toque a su instrumento y los corazones presentes estallaban de inmediato! En similitud, Johannes repicaba su kit baterista en concordancia al desarrollo del show. Si era necesario bajar el tono o suavizar el ambiente, ¡ahí estaba el primero! La génesis de una atmósfera adecuada a la actuación estuvo a su cargo, ¡y qué labor más perfecta hizo! Si se añaden elementos escénicos extras, como la diversa iluminación y el humo trasero, no hay equivocación al decir que Triptykon ofreció un concierto memorable y que se volverá a repetir en otras ocasiones por más sitios del mundo.


Nargaroth


La noche se tornó bastante fría en la ciudad neerlandesa después de la despedida de Triptykon. El momento de caldear el ambiente, una vez más, encontró su lugar gracias a la llegada de inesperado show de Nargaroth. Fácil es reconocer al artista Ash (antes conocido como Kanwulf) por diversos motivos, ya sea por su particular visión cruda del black metal/rock, ciertas polémicas que ha tenido en el pasado y otros asuntos que no conciernen en esta crónica. No obstante, la gente quería mucho jaleo en el Effenaar, y Ash no es de esos que salen a tocar y ya está, ¡asunto cumplido! Justo al contrario, la inmensa batería se iluminó de repente, los focos quemaron el escenario y los colores primarios aparecieron al instante, emulando una estética infernal a la vivida con Gorgoroth.

Cuando ambas guitarras ocuparon sus respectivos sitios, la masacre acústica dio comienzo con la salida del artista germánico y las múltiples miradas que le adoraban cual símbolo de nihilismo social ganando incluso a la violencia física sin compasión mutua. Establa claro que sucederían eventos similares, como un headbanging radical, gritos desgarradores al unísono y una fidelidad musical que pocas bandas pueden presumir de ella, menos si se tratan de proyectos unipersonales.


Los clásicos nunca se olvidan, ni para Nargaroth ni para los fans más adeptos del metal/rock extremo. Los dos primeros álbumes son una joya oculta que siempre guardan más sorpresas que misterios, hecho que Ash utilizó para que el público se rompiese el cuerpo al ritmo de temas como “Karmageddon” o “Black Metal ist Krieg”. Utilizando un sonido muy afilado, propio de una metalurgia clásica, la modernidad tecnológica se sustituyó por un estilo old school que iba más allá de lo esperado. Una orden melódica, dentro de la brutalidad sónica, se convertía en un motivo de agonía que el público expresaba en una violencia inaudita. Nadie podía escapar a la intensidad armónica de un repertorio, que siendo breve con una hora de actuación, hizo que a la gente postrarse de rodillas ante Ash.

En su maquillado rostro, cualquier sonrisa se entendía como una incitación contranatura, de vivir al límite sin ley y con la bandera de la libertad por delante. Nargaroth enseñó, de forma simple, que en no existen reglas, ética ni moral en su música, sea en directo o en estudio. Lo importante es doblegar la voluntad a las artes oscuras y ser fiel a las convicciones personales sin importar el resto. Quizás el show de Nargaroth fuera una completa salvajada escénica, pero la reacción social al mismo dejó clara la postura de que la experiencia mereció la pena, ¡y mucho!


Batushka


Aunque fue Endstille la banda que ofició el cierre del Eindhoven MM, nuestro personal enviado al evento finalizó su cobertura mediática con la actuación de la banda polaca Batushka. A pesar del debate que todavía hay por la pertenencia de los derechos de autor, el gusto por la música ortodoxa y su comunión al ámbito del black metal/rock es un aliciente de interés que sigue atrayendo feligreses al espectáculo eclesiástico. Después de haber visto a Batushka dando una lección de maestría escénica en el Sun & Thunder español, era imposible ver al combo polaco defraudando a un público que se agolpaba para ser partícipes de la obra artística en directo. Amparado en el aura mística y de sutil sectarismo, el liderazgo de Krzysztof volvió a gobernar una actuación que tuvo ciertos fallos en el sonido técnico, aunque no lo suficiente para arruinar la percepción social. Los coros quedaron increíbles y la ambientación accesoria estuvo en su punto adecuado, incluyendo un extra con aparición de un fondo digital animado. ¡Hasta el humo de artificio ayudó a dar más decoro escénico!


Con una discografía corta pero muy prolífica de críticas muy positivas, volver a interpretar el primer álbum al completo y varios cortes del segundo se convirtió en un valor seguro para Batushka. Cada artista, desde diversas posiciones repartidas y sin taparse mutuamente, ejecutó su rol artístico en un estado de penitencia absoluta. El acto litúrgico estuvo rodeado de una iluminación tenue que siempre enfocaba a cada uno de los músicos, incluyendo a los coristas. Con las manos en el pecho o rezando, el acto musical estuvo plagado de emotivos cánticos gregorianos, así como el uso de guturales y matices tonales en función de las líricas y los mensajes a transmitir. A decir verdad, tanta atención en el show de Batushka hizo que la gente, sin apenas darse cuenta, se le pasase el tiempo volando. Corto e intenso, llamativo y original… Muchos significados tuvo el paso del combo polaco por tierras neerlandesas, pero casi nadie tuvo críticas negativas o detracciones hacia él. Algo de añadido extra habría sido un regalo de cierre al festival; ¡la gente deseaba más comulgaciones surrealistas! Entre aplausos generales hacia Batushka, el Eindhoven MM cerró su festival para la mayoría de los asistentes; muchos tuvieron el aguante y el ardiente deseo de extenuarse con Endstille, no en el caso de nuestro equipo de prensa y fotografía, ¡bien hubiera querido si el sueño y el cansancio no fueran tan patentes!


Suicidal Angels


Justo cuando Nargaroth encauzó la recta final del show con la inminente despedida y su último ladrido de metal/rock extremo, pasos rápidos se guiaron hacia el escenario pequeño del piso inferior. Había poco tiempo en el interludio de montaje para Batushka, así que un poco de thrashería vendría bien como colocón final después de la infernalidad vivida por parte de Ash y compañía. Tras la caída repentina, del cartel, de la banda americana Massacre con el imparable Kam Lee al frente, la sustitución corrió a cargo de los veteranos Suicidal Angels y su maquinaria thrasher helénica. Ya se dio fe del perfecto espectáculo que el grupo ofreció en la octava edición del CastellHell de Cataluña, ¡pero era prioritario volver a sentir el poder del old school una vez más! Aunque el concierto ya había comenzado a la llegada, no supuso impedimento alguno para revivir una experiencia repleta de rapidez, técnica y muchos moshpits a mansalva.

Con un setlist más corto del otorgado en el festival catalán, las ganas de violentar al público con “Bloodbath” y “Apokathilosis” es una orden ineludible para el cuarteto griego. Nada cambia en el grupo que no sea la voluntad de reventar a los asistentes a través de unas melodías frenéticas envueltas de un aura hostial muy personal. Pocos no fueron quienes armaron moshpits por el recinto, volando incluso algunos por los aires. Nick no deja de ser un rudo guitarrista cuya voz recita unas líricas muy directas y sin medias tintas. Dispuesto a todo, no vaciló en ofrecer la tralla que se necesitaba para evitar que el ambiente festivalero decayese al término final de la jornada. Bien apoyado estuvo por Stamatis, quien demuestra que el estilo solista, en unión a su simpático carisma, le vale un puesto fijo en el glorioso presente y futuro de Suicidal Angels. Mientras Aggelos y Orpheas retumbaban los pilares entre graves de pura nitidez y unos redobles potentes, el show se desarrolló ante un público que no dejó de sentir una apisonadora thrasher sobre ellos y dar su beneplácito a un grupo que les otorgó el placer de desfogar la locura interior en plena libertad extrema.


Después de unas actuaciones increíbles por parte de bandas soberbias, un disfrute máximo a cad rato y unas gratificantes sensaciones sobre el buen estado del metal/rock actual y el mundo underground, ¡os aseguramos que Metaltrip regresará en 2026, a Eindhoven y esperamos que mucha gente de España se anime a acompañarnos! Hay más sorpresas más allá de las fronteras ibéricas y Países Bajos también posee un fuerte arraigo a la música extrema, ¡así que no dudéis en acudir si os presenta la oportunidad!

 

Fotografía y Crónica de A. Wesker V.S

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