Mediante la misma metodología de los días previos y con el gran pesar del inminente fin del Party San, la tercera jornada se abrió con grandes bandas, llegando al momento de comenzar la brutal actuación de Internal Bleeding. Desplegando un particular estilo de brutal slam que puso a tono los alrededores, el quinteto americano impregnó su música a un público que dio salida a unos moshpits violentos bastante imprevistos. El tono gutural de Theo, recién llegado a la formación, otorgó la fuerza laríngea necesaria para dar vida a unas líricas que resonaban en lo más profundo de los abismos espirituales.
Con Chris al cuadrado realizando una tarea cordófona bastante ruda y un bajo potente en exceso, Internal Bleeding consiguió movilizar masas a cada toque rítmico o break estructural. Quizás no sea el estilo favorito de muchos asistentes que querían clásicos o música no tan saturada, aunque se debe reconocer el mérito de que la atención social no se perdiese entre tanto despliegue bruto de calidad moderna con un repertorio variado de intensidad fija.
Hexvessel
Para tratar de mantener el interés centrado en las actuaciones del Party San, el místico show de los fineses Hexvessel supuso un encuentro paralelo a otras dimensiones de la realidad. Surgidos, los artistas, de una comunión espiritual en la naturaleza, tomaron el escenario y desplegaron una serenidad creativa que se balanceó entre el ámbito atmosférico y tintes black/doom. Cualquiera diría que la banda era una secta en sí, pero apartando los tópicos y prejuicios sin sentido, hay que dar un merecido reconocimiento a Hexvessel y su forma de entender el metal/rock desde hace más de quince años, así como su interpretación en directo. Con una discografía extensa y los recientes “Polar Veil” y “Nocturne”, el cuarteto utilizó un sonido general muy liviano y de distorsión controlada, evitando reveses técnicos que dieran pie a una ruina escénica. Además, la estética de relativo anonimato estuvo muy de acorde a la implementación del setlist, el cual se guió por una selección de cortes variados sin preferencia de épocas o lanzamientos nuevos.
La calma que se transmitía de los músicos ayudó a reponer fuerzas de la intensidad previa al inicio de la jornada. Entre los sutiles movimientos y el desarrollo dinámico de la actuación, la cordofonía de Mathew encontró su lugar de gloria al mismo tiempo que la expresión vocal. Al otro lado, Kimmo dominó los adornos instrumentales en una perfecta sintonía guitarrista y teclista. Sin verse agobiado ni abrumado de las tareas pertinentes, ofreció una calidad inigualable para un deleite exótico. Mientras Jukka golpeaba la batería según las necesidades de base estructural, la atención también tuvo su personificación en Ville, la faceta excéntrica de Hexvessel. Su llegada al bajo es mucho más que puntear los graves, sino que realizó una serie de gestos y evocaciones físicas en una catatonia artística sorprendente. Se podría considerar exagerada su actitud, pero resultó exquisita en la forma de ambientar los temas e infundir un sentimiento de posesión intrínseca. Corta para muchos asistentes, la actuación de Hexvessel significó un punto de inflexión en la ruta extrema del Party San.
Acranius
Casi de la misma manera que Internal Bleeding aunque sin demasiado parecer en la actitud escénica, la banda local de Acranius quiso que la gente volviera a sentir el poder salvaje de una música original y muy moderna. Sin ninguna compasión por la ótica general, el slam/death de los americanos se cambió por unas dosis de deathcore en un huracán de ritmos desbocados, sonidos inusuales y un escueto despliegue artístico traducido mucha hostilidad instrumental a la vez que personal. El guitarrista Björn, reformando la banda en 2020, ha dado con las teclas adecuadas en el futuro de Acranius, conformando una imagen solvente con la llegada de Jonas al bajo.
Debajo de esa faceta repleta de tatuajes y dilataciones, se esconde un portentoso dominio de graves que se complementó, demasiado bien, con la percusión de Nico. No se obvia la violencia laríngea de Marcus, artífice de la expresión lírica que demostró ser un cúmulo de órdenes de índole diversa. Dando más presencia al nuevo álbum “Whiteout” junto al repaso discográfico, Acranius dejó una fuerte huella del poder del metal/rock extremo moderno en el Party San, obligando al público a pedir algunos cortes extras que habrían sido la extenuación total.
In the Woods…
Después de unas descargas brutales previas y el público al borde de la desolación orgánica, una cierta regeneración hizo florecer la esperanza musical con la actuación de la mítica banda noruega In the Woods. Las lluvias del año pasado en el Wacken impidieron el disfrute del sexteto en todo su esplendor, así que el Party San era la ocasión ideal para redimir la oportunidad y contemplar ese estilo progresivo rodeado de elementos góticos y blackers. La interferencia de la humareda artificial no quedó del todo bien para la escénica, aunque fue un aspecto menor a obviar. Uno mucho más importante fue el breve setlist que se ejecutó en directo, que tuvo su guía en el último álbum “Otra” con dos cortes clásicos. Media docena escasa que tuvieron la suficiente liquidez de belleza y creatividad artística a través de una admirable ejecución. La estabilidad de la formación, desde la llegada de Bernt a la voz, ha resultado en un éxito total para In the Woods, sin olvidar los arreglos teclistas del compositor Svenn-Aksel. Esa renovación se notó mucho a la hora de la interpretación en directo, pues la gente no debía quedarse defraudada ante una banda que hizo historia en Noruega a mediados de la década de los noventa.
Seis temas no son (¡para nada!) suficientes con motivo de describir la inmensa creatividad que In the Woods ha desplegado durante años. No obstante, el show vivido en el Party San dejó una opinión ecuánime muy positiva entre el público. Aunque la voz de Bernt difiere mucho con la del resto de cantantes anteriores, es capaz de hacer brotar lágrimas de emoción y sentir las líricas como palabras de verdad absoluta. Además, su arraigo social en los coros le valió un tremendo aplauso general. Manteniendo una atmósfera sonora nivelada, la cordofonía de Bernt y Kare interpretó el sinfín de ritmos y solos en una sincronización perfecta de reparto de roles, cayendo presa del éxtasis artístico. La amenzante faceta de Nils acabó sustituida por un dominio excelso de graves que siempre apoyó a Bernt en la tarea vocal accesoria. Aunque le faltó dinámica personal, ¡su presencia escénica estaba más que obligada! ¿Qué otra manera existiría de embellecer las canciones que no fuera con la maestría de Svenn-Aksel? Las líneas de retaguardia, tanto en progresiones de acordes y otros elementos teóricos, realzó la calidad sonora grupal, al igual que la constancia baterista de Anders, único miembro clásico y líder del motor noruego. De verdad que hubiera hecho falta más tiempo de actuación, porque In The Woods entregó su mejor show a un Party San entregado hacia él.
Firespawn
Han pasado cinco años y todavía no se pueden olvidar los titulares que mostraban la inesperada noticia del fallecimiento del cantante L-G Petrov por un raro proceso oncológico biliar. ¡La vida no es justa, al menos, con quien la merece! La memoria del querido artista sueco quedó representada con la emotiva actuación de Firespawn, proyecto en el que trabajó L-G desde el inicio hasta su caída en brazos de la eternidad al mismo tiempo que Entombed AD. La misma formación se ha mantenido en silencio desde el prematuro adiós de L-G hasta el año pasado, donde se decidió que Firespawn volvería a la escena musical con el perenne recuerdo siempre vivo. Fiel a sus raíces y con la comandancia vocal de Jörgen (The Project Hate MCMXCIX y Ex-Grave) el grupo convirtió el aeródromo de Obermehler en un hervidero de odio y furia social que hiciese honor al compañero ausente. El público respondió recreando violentos moshpits y algún que otro surfeó sobre entre los cabeceos. A plena luz de la tarde con mucha iluminación cromática, la escénica quedó copada por la imagen de L-G en el telón trasero y la posterior exhibición de su chaqueta de parches cual homenaje grupal eterno; ¡un recuerdo inmortal de su trascendencia en el mundo extremo!
Casi diez canciones se repartieron por la tríada de álbumes de estudio que hay en el palmarés de Firespawn, aunque se notó cierto énfasis en temas del último disco “Abominate”. La gente coreó “Full of Hate” entre hostias mutuas, se experimentó la decadencia social en “The Hunter”, nadie escapó de la influencia de “Heathen Blood”… ¡Un repertorio digno de una ocasión especial! Entre bromas y chascarrillos, Jörgen no falló en su emulación vocal de L-G, sintiendo los guturales del mismo partir el cuerpo y agrietar el alma. El resto de integrantes de Firespawn ensalzaron el show a través de un despliegue sonoro brutal, ya fuera la cordofonía dual de Gustav y Fredrik (¡qué coordinación más perfecta!) en la ejecución solista y el intercambio armónico, los rudos graves de Alexander que se retumbaban por las paredes o la impecable labor baterista de Matte, un portento varonil dispuesto a envalentonar las masas sociales más allá del límite de su capacidad. Cualquier motivación musical entró en una espiral de violencia escénica que casi nadie fue capaz de prever ni al principio ni al fin. Desvanecido y exhausto, el público no pudo hacer más que dar su favor a Firespawn con la despedida de “All Hail” y “Lucifer Has Spoken”, desterrando esa idea de “tributo” por el continuo recuerdo a L-G Petrov.
Groza
El paso por España de Groza, gracias a la promotora de Kivents, pudimos contemplar hace un par de años con la actuación en el Dark Easter de primavera, dejando unas sensaciones tremendamente buenas para el público que asistió a las mencionadas citas. Pocas bandas de black metal/rock moderno son capaces de transmitir tantas emociones dispares con unas canciones cuya duración suele superar los cinco minutos. A mitad de 2024, Groza sacó su tercer álbum “Nadir” y, a través de unas críticas positivas con éxitos de ventas, su interpretación al completo fue la guía del show que dieron en el Party San. Bajo la tétrica y oculta apariencia encapuchada que otorga su punto de misterio y curiosidad, el cuarteto varonil volvió a sacar las mejores bazas para dar un espectáculo digno de los cientos de fans que se agolpaban para ver tralla a mansalva.
El aura musical tétrica de Groza, que resulta en un éxito en directo, se resume en tres puntos fundamentales que volvimos a ver una vez más. La disposición de la banda, en cuanto se trata de visión global, es una estática que representa el cuarteto cardinal sin apenas cambios. Mientras P.G. se encargaba de dominar el potente bajo y la voz principal en el centro, las guitarras de U.A. y S.R. se repartían la labor cordófona junto al apoyo coral en total sincronización. Seguros de sí mismos y denotando un calma fuera de la realidad, sus rostros inexpresivos no ocultaban el placer de ver al público apremiándoles. Después, la adecuación del setlist sin saturar el tiempo de actuación. Es decir, mezclando temas largos con cortes breves y dejando espacio a la interacción social. Por último, jugar con escénica y toques flameantes, utilizándolos a su favor según los mensajes líricos y la multitud de breaks ambientales. Todo ello condujo al éxito de Groza en tierras alemanas, consolidándose como una apuesta de metal/rock extremo sólida y sin fisuras.
Murder Squad
Suerte que el death metal/rock old school continúa muy activo en la actualidad, aunque hay algunos proyectos que no tienen tanta suerte. La actividad de los suecos Dismember siempre ha estado rodeada de polémica, fuera por temáticas, declaraciones en directo, elementos escénicos… Una de las exclusividades del trigésimo aniversario del Party San era la reunión del proyecto de dos miembros de Dismember, Matti y Richard, quienes conformaron Murder Squad a principios de los noventa y cuyo palmarés se ostenta en dos álbumes de estudio y un EP. Quizás se debiera por el fanatismo y la leyenda de Dismember, pues lo que prometía ser un concierto único y especial, casi acabó dando una imagen de verbena urbana. Murder Squad se presentó en el escenario desplegando un sonido bastante pesado y crudo, un hecho muy positivo, lo cual repercutió en el éxito musical.
La cuestión de crítica estuvo mantenida en el pobre dinamismo que se mostró ante el público, siendo Matti y Richard quienes dieron el espectáculo de violencia que tanto se requería en aquella ansiada ocasión. Matti sigue dando un tono gutural maduro y hostil, al igual que la actitud frenética de Richard incrementó la potencia de su bajo. El tedio quedó representado por la cordofonía principal de Ulf, cuya impresión era la de tocar por obligación. Se le veía cómodo, sí, aunque ni se acercó al fervor que desprendían el resto de compañeros, relegándose a un lateral donde rasguear la guitarra. Todo el repertorio se construyó en base a un equilibrio entre ambos álbumes, dando más énfasis a las canciones de mayor envergadura temática. La gente no dudó en dar lo mejor de sí con los habituales moshpits y muchos cabeceos insanos, dejando de lado la objetividad descrita. ¿Se esperaba mucho más de Murder Squad? En sonido y show no, pero de ciertas cualidades en directo, algunas mejoras no hubieran venido mal con motivo de enseñar un concierto más aguerrido.
Wolfbrigade
Suecia se encargó de la segunda parte en el tercer y último día del Party San, ¡y ya había comenzado el adiós con Murder Squad! El siguiente bocado, el cual dio paso a la noche germánica, se manchó de sangre con la actuación de Wolfbrigade. Las milicias del hardcore punk/crust ordenaron filas frente a la banda, recreando una lucha campal por la supremacía sonora. Sin orden alguno y mostrando una faceta caótica, la banda supuso una increíble revelación de lo que es ofrecer un espectáculo potente de calidad imbatible. Haciendo un repaso discográfico a la vez que la inclusión de cortes de su previa etapa como Wolfpack, la gente se quebró, en mil pedazos, al ser golpeada por una música veloz, férrea y dispuesta a grabar una huella imborrable en el Party San. Más allá de las concepciones típicas del metal/rock y las etiquetas de géneros, Wolfbrigade es un agregado de estilos que con “Nail Bomb”, “Kallocain” o “Ways to Die”, ¡no hay quien se libre de gritar al comprobar el poder de tres décadas de vicio personal! En confesión de servidor, ¡el vuelo de regreso a Madrid fue amenizado con una playlist selecta de Wolfbrigade!
Siempre al frente y líder de las huestes sociales bajo su portentosa voz desarraigada, Mikael no dejó que la gente tuviera un instante de descanso. Moshpits al alza, hostilidad mutua… Mucho fue lo que pidió Mikael a la gente y en demasía se le respondió, aparte de la compañía coral en las líricas. Las guitarras de Jocke y Erik, enclavadas en los laterales, gozaron de una anárquica actitud que no impidió una acústica notable donde la nitidez de los ritmos no se vio afectada en la pesada distorsión técnica. Cuales torres del tablero, ejercieron su brutal rol ante el éxtasis general que provocaban. Sin quedarse atrás de ellos, Johan aporreó su bajo en favor de explosionar las bombas humanas del festival. Los pilares y cables del escenario fueron sacudidos por unos crueles graves que se acompañaron de la saña percusionista expelida por Tommy. ¡Nada de sutilezas o parecido en la batería, impecable tralla de la buena! La juerga extrema que se desarrolló con Wolfbrigade sobre el escenario no se puede describir sin verlos en directo, así que quien tenga la oportunidad, ¡que no lo piense y caiga rendido a los pies de un batallón radical!
Marduk
El Party San debía finalizar con unas actuaciones bestiales que no diesen tregua a los asistentes, ni siquiera para ir al baño o tomar una cena rápida. Si Wolfbrigade abrió el camino de la brutalidad despiadada, las mayores blasfemias ideológicas no se hicieron esperar con la aparición del cuarteto sueco de Marduk. Dark Funeral realizó un show impresionante el día anterior, aunque Marduk incrementó la violencia escénica más allá de lo que se espera de una leyenda blacker escandinava. La insólita rudeza, mezclada con la crudeza sonora, evidenció el alto grado de ansiedad por dar rienda suelta a la algarabía social. ¡Hostias como panes por todos lados ni previsión de las mismas hubo con Marduk! Es una tontería pensar que habría cierta calma en Marduk, ya que con Mortuus es la personificación de la condena eterna donde el sufrimiento es lo más liviano que puede pasarle a un alma descarriada.
A diferencia de otras ocasiones donde Marduk utilizaba el contraluz en su favor y una cromática bien notable, el Party San se convirtió en un campo de guerra donde el cuarteto extremo arrolló al público con un sonido tan chirriante y tosco que destrozaba lo que se interponía en su camino. La bestial música, guiada por un amplio paseo por la discografía de Marduk, no fue la única responsable de la extenuación humana. Hubo cortes para todos los gustos, tanto en velocidad rítmica, agresividad compositiva o fiera ejecución insana. El completo arsenal de los suecos se desplegó sin reservas, incluyendo llamaradas frontales, apelaciones “malsonantes” y un claro sentimiento blacker de nostalgia por los tiempos de la gloria extrema. El brioso y desatado show de Marduk no dejó indiferente a nadie; ¡era lo que necesitaba desde el comienzo del día!
Nadie salió intacto del salvaje headbanging social, menos si contamos la brutalidad que se vivía a cada tema. Adalides de ser una de las bandas blackers con mayor constancia, hubo muchos momentos a destacar en la mutua cordialidad holística. El abrupto inicio con “Werwolf” y “Baptism of Fire”, la resistencia old school de “Infernal Eternal”, el bucle unitario de “Panzer Division Marduk” y “Wolves” que cerró el show… Mucha salvajería sonora que no resultó molesta, ¡más bien lo contrario! Detrás de los artificios, el libertinaje absoluto de los artistas intimidó a la gran mayoría de los asistentes, superando las expectativas de los novicios y fans. Si Mortuus veía a alguien quieto, lo señalaba como blanco de moshpit, al igual que la actitud directa de Morgan, baluarte fijo de la guitarra y el estilo del núcleo compositivo. Ambos eran la viva imagen de la locura satánica, hecho que va más allá de los típicos corpsepaints y vestuarios rasgados. Por ello, su importancia en el escenario era un atractivo que no decayó ni queriendo la propia banda.
Ambos Simones, líderes de la estructura base con el bajo y la batería, no llegaron a romper sus instrumentos de milagro, porque la rabia ambiental y la insana recepción de los espectadores obligaban a controlar el concierto por si acaso. Envueltos en fuego y cenizas, mantuvieron la mirada fija en envalentonar al público entre punteos graves saturados y una dosis percusionista que explotó mentes y corazones por doquier. Si una persona quería ser arrollada por Marduk, ¡deseo cumplido! Impíos los artistas en cada canción interpretada, el combo sueco fue el auténtico lobo líder de un rebaño de fieles que se convirtieron a la ruda utopía de un mundo muerto y ruinoso. Una hora tuvo Marduk para desatar la locura musical y, viendo la respuesta social, ¡de sobra! El infierno está al alcance de cualquiera, ¡y Marduk lo abrió en el festival germánico de la forma más exagerada posible!
Hypocrisy
Nadie podrá quejarse de la visita alienígena que se presentó cual colocón terminal del Party San, porque incluso antes de la salida del mítico proyecto musical de Peter Tagtgren, Hypocrisy, la invasión de marcianos y otras formas extraterrestres era más que notable. La ocasión lo merecía, pues volver a disfrutar de un guitarrista legendario cuya creatividad no tienes límites universales es un placer eterno. Sin la batería alzada como en anteriores ocasiones, el show de Peter y compañía hubiera sido una absoluta decepción en ausencia de otros elementos escénicos muy importantes como pantallas digitales y diapositivas de referencias temáticas. Una hora y cuarto de actuación junto a un perfecto repaso a la discografía, sin olvidar lo clásicos inmortales, supuso un éxito tremendo para Hypocrisy.
Está claro que Peter Tagtgren es un maestro compositor en el metal/rock extremo, pero demostrarlo a cada momento, cada riff, cada interacción social, cada alarido emocional.. ¡no tiene valor! Si a eso se añade el puro sonido general que se mantuvo en el show y el fervoroso apoyo de un público dedicado hacia la banda, ¡lo mejor de lo mejor en el Party San! Motivado al máximo y aunque el rol vocalista apenas le permitió dar mucha interacción social, las muestras de apoyo del público no le impidieron expresar ciertos momentos de cercanía y cordialidad mutua. No sólo fue él, sino que también los compañeros estuvieron muy pendientes del desarrollo general que instauraba Hypocrisy en el ambiente. Cuidando hasta el mínimo detalle, es difícil alegar alguna crítica hacia la increíble abducción musical vivida en los alrededores. ¡Nadie quería perderse el último show del festival!
Describir la actuación de Hypocrisy en función de los laureles que hubo de principio a fin es tan fácil como reconocer los hechos que llevaron a ello. Desde una intensa iluminación variada donde hubo contraluz y mucha cromática, al igual que una tenue oscuridad, Hypocrisy consiguió que los temas interpretados obtuvieran un aliciente emocional visual, haciendo que el público reaccionase en adecuación a la experiencia percibida. La única desavenencia del espectáculo fue el continuo exceso de humo sobre el escenario, que impedía la visualización de la banda en el centro; es decir, al propio Peter. Para la artística iluminativa quedó divino, pero en contraste perceptivo, arruinó las ganas de contemplar al guitarrista en muchos momentos álgidos de las líricas o solos compartidos. Además, el aspecto sonoro se descuidó en la propia monitorización de la voz. En los tonos agudos, distinguir las palabras de Peter resultaba bastante difícil, hecho que no ocurrió en el pasado Eindhoven MM.
No está de más recordar que Hypocrisy no es la imagen única de Peter Tagtgren y sus dotes guitarristas, sino también la compañía de los integrantes de sesión que posee a su lado. Mikael y su bajo extenuaron al público con unas potentes dosis de graves a la vez que una actitud desbocada y encaminada a generar moshpits continuos. Lo mismo se podría decir de Tomas, quién le robó parte del protagonismo a Peter en el aspecto cordófono. Entre ambos hubo una conexión guitarrista de férrea sincronización, llevándose la admiración de los presentes en las armonías duales. En esta show no estuvo Sebastian, el hijo de Peter, a la batería, sino el incombustible Henrik. Desde atrás y oculto por la agobiante neblina, aporreó el kit percusionista con motivo de hostigar el recinto y abducir las mentes a un movimiento de masas inédito que seguía las órdenes de Peter en total fidelidad. En el final con “Roswell 47”, Hypocrisy no quería despedirse del escenario; entre vítores y aplausos, el cuarteto prometió regresar en un futuro; ¡ojalá en España también!
Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S.




































































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