Qart Hadasht fue el faro ibérico hasta la conquista romana, donde el gran Imperio le otorgó el título de Cartago Nova. Arrebatada a los cartagineses en las guerras púnicas, se convirtió en una de las capitales más bellas, prolíficas e ilustrativas del viejo continente. En la actualidad, su legado cultural ha fusionado las líneas temporales en un vórtice inaudito. La arena deja de teñirse de sangre, la música resuena en las paredes, las bandas desfilan en carruajes de gloria y el público clama a sus ídolos pidiendo diversión social en todo su esplendor. En el Parque del Batel, el Coliseo musical se alza ante el imponente Mare Nostrum, quien observa en silencio. Las batallas por el honor y la calidad interpretativa se dan cita en el magnánimo Rock Imperivm, donde cuatro días de música metal/rock vuelven a escribir una triunfante página en el libro de la Humanidad con el sello de Madness Live!








Rainover
Si no fuera por el aloe vera nocturno en los pies, reconoceríamos que ir al tercer escenario habría sido todo un suplicio. Con las fuerzas renovadas del descanso en el hotel, el regreso al Rock Imperivm abrió la tercera jornada a las puertas del fin de semana. La desgracia se cebó con Diabulus in Musica, quienes tuvieron que cancelar su actuación semanas antes del evento, siendo reemplazados por el cuarteto gótico Rainover, quienes repetían su presencia en el evento subiendo un escalón de popularidad muy notoria. Con el sol algo más suave que en días anteriores, la banda deleitó a los pocos presentes con su genial puesta en escena y la ilusión de los artistas, en especial, de Andrea, cuyo porte y tono vocal impresionó en demasía. Como figura central del quinteto, fue ella quien más conectó con el público, estableciendo los coros de las canciones al unísono y dando espacio a que la gente fuese partícipe del show, marcando unos momentos muy especiales y emotivos.
Después de haber sacado su segundo álbum de estudio, «Nox», Rainover no desaprovechó la ocasión de hacer brillar los mejores temas de su discografía. Cumplimentados con un sonido claro y apenas distorsionado, «Lobo» «Vértigo» y «Cycles» demostraron que el metal/rock nacional está muy vivo si la gente apoya a las nuevas bandas, sean del estilo que sean. Estrenando una nueva formación para este año, Rainover contó con la ambientación teclista de Alain, quien logró que los temas cobrasen vida propia además de la voz de Andrea y su sosegada técnica laríngea. Mediados por la batería de Quini y sus redobles suaves, Antonio y Alex realizaron la tarea instrumental en una actitud loable y movediza, haciendo que los asistentes meneásemos la cabeza y ondeasen las melenas al viento. El bajo no siempre estuvo disponible en la escucha del monitoreo, pero nadie pareció darse cuenta. No contó como fallo, así que Rainover recogió el testigo de abrir el Coliseo a través de su visión gótica de la realidad, llevándose un multitudinario recital de vítores y aplausos.
Phantom Excaliver
Luego de la caída de los legendarios Anthem, el primer bocado nipón del Rock Imperivm tuvo poca repercusión social para el tremendo concierto que se marcó Phantom Excaliver. La hora de la comida es sagrada al igual que el posterior reposo en el sur nacional, pero el escaso público que presenció la fiesta desplegada por el cuarteto de Tokyo no fue suficiente. Ver a Phantom Excaliver desplegar todo su ánimo, empeño y carisma sobre el escenario fue un acto que les valió el respeto del festival de principio a fin. La facilidad de conexión social que tuvo Kacchang en todo momento le convirtió en un ídolo de masas. Como un auténtico super saiyajin del universo, su calidad vocal hizo desaparecer cualquier rastro de haters cuando la banda nos regaló el mágico momento de versionar «Cha-La Head-Cha-La», del BSO original de la serie Dragon Ball Z. Las manos juntamos a la vez, la alzamos al cielo y tronó al máximo: ¡Kame… Hame… HA! Si esto no es dar un show épico y especial, también mencionamos la algarabía unísona con el tema «Yassasa» donde el corto estribillo provocó un terremoto de saltos y el derrumbe de las vallas sonoras.
Kacchang no era el único protagonista absoluto de Phantom Excaliver, pues sus tres compañeros dieron los puntos de éxito instrumentales. Matsu ejecutó los ritmos y solos del repertorio sin tregua al descanso. A la vez, su sonido técnico se distinguía en la lejanía, de modo que los transeúntes del Parque del Batel, de seguro, prestaron atención a lo que vivía en aquel momento. A falta de sake, la cerveza cobró mucha importancia en «Kanpai» y el regreso de los coros. Expresando una alegría desmesurada y contagiosa, Tomo-P nos enseñó su habilidad en el bajo con una ejecución impecable en las líneas graves. De igual manera y resaltando la simbología del sol naciente, Yusaku aporreó la batería como si se tratase de su último concierto antes de morir. La amplia gama de estilos, fuera melodic death metal, power o metalcore habló sobre la genial creatividad de los nipones, quienes no pudimos ver terminar por la necesidad de subir al escenario pequeño. Sin embargo, estamos convencidos que Phantom Excaliver se despidió del Coliseo poniendo a Cartagena patas arriba, ¡porque era lo que se necesitaba!
Invicti
Sevilla tiene mucho arte musical; más si se trata de reivindicar a Al-Andalus como antaño. El imperio romano le dio el nombre de “Hispalis” a la ciudad que se convirtió en el centro neurálgico de la baja iberia, así que el Rock Imperivm acogió a Invicti entre sus filas para continuar la conquista de todo el territorio nacional. Rodeados de un estilo musical fuertemente arraigado al heavy metal clásico con influencias del old school, la banda sevillana realizó un concierto sublime y enérgico para poner a tono al público presente. Con el cambio de Josemi (a quien echamos mucho de menos en directo) por Nono a la guitarra, el álbum «Songs of Conquest» hizo honor a su título en un despliegue sonoro muy potente, tanto que parecía ser la viva imagen de una conquista real. Lo malo que, de nuevo por el solapamiento organizativo, llegamos justo al comienzo del cuarto tema. Nos perdimos la que, convencidos del todo, fue una versión estupenda de «Hall of the Mountain King» de Savatage.
Guiando a la banda hacia la victoria absoluta como un líder indiscutible, Víctor Manuel no cesó en su carisma social para que la gente se uniese a darlo todo en un show prometedor. Actuando cual cantante de alto renombre, su don vocal nos hacía sentirnos poderosos ante los dioses de la música extrema; ¡no tanto como él, claro está! No se quedó atrás José María, cuyo semblante serio y decidido imponía respeto junto a los graves que expelía mediante su bajo y el portentoso toque del mismo. Cualquiera se sentiría pequeño ante la grandeza grupal que se mostró durante la actuación, ¡y apenas llevan dos años de trayectoria profesional! Nono cogió el testigo de Josemi con toda la esencia del antecesor, recreando las ritmos de las canciones en una sonoridad bastante nivelada. Su disfrute quedó plasmado en los gestos y voces que daba en el éxtasis artístico. Por detrás y baterista de cañón, Marta ejecutó los pasos de los ejércitos con sus golpes a los platillos y kits con celeridad, marcando los tempos y estructura base ante un público que no le quitaba el ojo de encima. Acabando con «Midnight Resistance», Invicti se labró su fértil destino en directo realzando el valor del heavy metal puro en el Coliseo.
Tete Novoa
Reconocemos que Saratoga es un referente de la música nacional y ha inspirado a la génesis grupal desde sus inicios (¡aquí somos del team Leo Jiménez!). Que Tete Novoa acudiese en solitario al Coliseo no convenció mucho al público y la crítica en general a pesar de su elaborada y bien ejecutada performance. Canta bien, tiene porte presencial, establece vínculos sociales en directo… ¿Coreografías de bailarinas en el mundo del metal/rock? Para dar un poco de vida durante un periodo de tiempo se puede aceptar, pero todo el concierto no, ¡de ninguna manera! No tenemos nada en contra de Tete y su adoración al culto físico (esa musculatura lleva su trabajo y esfuerzo) así que, quitando el aspecto exhibicionista que no venía a cuento, la gente quería escucharle cantar sus canciones propias. Este hecho se cumplió con su nuevo disco «Historias que Cantar», lo cual dio algo de juego vocal y la admiración por el extenso registro laríngeo que Tete posee. Por desgracia, el canto quedó opacado por el espectáculo visual, que restó mérito a la actuación a favor del artificio y decoros de la escenificación.
Nadie niega que Tete tiene mucho nivel tonal y carisma de sobra. Su sintonía en la ejecución de canciones como «A tu Luz» y «Fuego Cruzado» levantaron pasiones en la gente y los fans, abriendo todo un abanico de posibilidades a explotar. No obstante, Tete quiso marcarse algunas versiones para elevarse un poquito más en el Rock Imperivm. El problema fue que no le quedaron muy al gusto de los presentes. «We Will Rock You» la clavó entera (a su manera) y se agradeció bastante, pero «The Trooper» tiró por tierra lo conseguido en el directo. Teniendo un sonido notable y distinguido en la base instrumental, su voz no es la de Dickinson, de modo que mejor no decir más. «Maldito Sea tu Nombre» sí fue un gesto acertado en la tarde, al igual que acabar su show con «Evil Machine» y «Somos». Este dúo de temas recuperó el estilo más heavy y rockero de Tete a la vez que los coros le despidieron de la musicalidad entre aplausos y muchos silbidos lascivos. Finalmente, el fondo de «The Don’t Care About Us» de Michael Jackson arropó al madrileño en el cálido adiós del Coliseo, aunque sin pena ni gloria. Un concierto normal con poca naturalidad y recargado de adornos excesivos, sin mencionar el prescindible elenco de figurantes femeninas, por muy bien que hicieran su escenificación.
Nestor
Sacar el primer disco tras treinta años después de fundar la banda es para pensarse mucho el tema de componer las canciones. También puede ser que la vida no haya sonreído junto a la suerte, inclemencias personales… De todo le ha pasado a Nestor, incluso su caída del cartel del año pasado en el Rock Imperivm. No obstante, la promesa del retorno quedó firmada y el grupo sueco, al fin, deleitó a los miles de seguidores que esperaban, con mucha ansia, disfrutar del hard rock moderno de un quinteto que, para tener dos discos de estudio, está petando las listas de ventas (¡nos lo debían!). Pocos perdonaron los quince minutos de retraso en empezar el show, ¡pero valió la pena esperar! Durante una hora exacta, Nestor puso en pie al Coliseo mediante ritmos ochenteros y noventeros, una distorsión justa sin altibajos, graves en su salsa, percusión al alza sonora y lo más importante de todo, el dúo teclista y vocal que supuso el éxito total gracias a la simpatía personal de cada artista. Fue un concierto memorable, ¡y eso que la banda no desplegó todo su arsenal!
Con el reciente lanzamiento de «Teenage Rebel» suponíamos que Nestor presentaría el álbum entero. A diferencia de todo pronóstico, el comienzo con «Kids in a Ghost Town» y «These Days» hizo retumbar a los espectadores con el setlist centrado en darle vida a su trabajo debut. Quizás se trató de una promesa realizada el año pasado en compensación por la ausencia; la cuestión es que fue la sorpresa más notoria del show. El palmarés carismático se lo llevaron Johnny con su feliz guitarra y Tobias, un impresionante cantante que posee un registro de voz auténtico de la década de los 80’. Daba gusto oírle y sentirnos en un sueño… Conducir un descapotable por las costas playeras, junto a una mujer, con el viento en la cara y el atardecer templado… La mayoría emuló el surrealismo con temas como «Victorious» «Caroline» y «On the Run». El puro sonido nos evocaba a bailar en una discoteca mientras la ambientación teclista de Martin rodeaba el recinto en un frescor musical novedoso. La sentida despedida al terminar «Firesign» y «1989» (año en que se fundó la banda) se llenó de gritos y peticiones de bises, demostrando que lo bueno se hace esperar, ¡hasta décadas!
Astray Valley
Poco antes de terminar Nestor, servidor se dirigió, de inmediato, al escenario pequeño para seguir dando voz a las jóvenes bandas del panorama estatal. En el melodic death metal hay dos jefes musicales sobresalientes con presencia femenina, Bloodhunter (Diva Satánica) y Death & Legacy (Hynphernia). Si nos vamos a los estilos modernos, también encontramos otro dúo referente al Metalcore, Astray Valley (Clau) y Ancient Settlers (Argen). Siendo la primera quien respondió a la llamada del Rock Imperivm, el quinteto condal dio un repaso brutal al público que les observó durante todo el repertorio. Nos hubiera gustado quedarnos todo el tiempo, pero sólo media hora nos permitimos para después ver a Igorrr. Fue tiempo más que suficiente el que estuvimos viendo, bien sorprendidos, a Clau Violette y el resto dando una lección de metal/rock extremo que casi petó el material circundante, tanto altavoces, amplificadores y tímpanos.
El nuevo álbum «Midnight Sun» fue la guía del setlist, comenzando con «Darkest Times» y «Neon Misery». Clau no se cortó lo más mínimo en mostrarse con total naturalidad, pues el tono gutural escapaba de su laringe en libertad absoluta. Si le sumamos el temple y la imponente figura escénica que es ella, la gente le obedeció cualquier orden, fueran moshpits salvajes, headbanging salvaje o saltar al son de la música. Nadie puede negar que Clau se ganó el favor del Coliseo sin apenas esfuerzo, pero también hubo reparto instrumental que la aupó al estrellato. A cada lado del espectáculo y ejecutando la labor guitarrista en excelencia, Adri y Joan se codearon en un sonido increíble que no se solapaba ni queriendo. Los graves pusieron a tono la ambición de la banda en su espectáculo de tintes old school mientras que Unai repartía redobles en su kit baterista sin torcer el gesto y muy concentrado. Mención aparte requiere el maquillaje utilizado por los artistas, simulando una suciedad espiritual y crudeza relativa que les vino perfecto para el espectáculo, así como la intención de cautivar a los asistentes con una actitud directa y feroz. Ojalá nos hubiéramos quedado más con Astray Valley, pero tras «Singularity», el deber de prensa nos llamaba a los escenarios principales.
Igorrr
Describir la experiencia vivida con Igorrr en mitad del calor ambiental fue como visitar el Museo del Prado sin aire acondicionado. Admirar y debatir sobre miles de obras de arte en un calor sofocante. De la misma manera, definir el estilo musical de Igorrr sólo tiene una vertiente artística, o al menos se podría decir así. ¡Metal/rock vanguardista! La originalidad de la banda radica en la amplitud de estilos y fusiones que utiliza, desde el insólito hip-hop hasta el black metal más extremo existente. En este raro cúmulo compositivo, la presencia de artistas de diversa índole artística, como la soprano Martha Alexandre o el enigmático JB Le Bail supuso una locura tan difícil de entender que el atractivo hablaba por sí solo. De primeras, decir que Igorrr no pareció ser del agrado del público festivalero, pero conforme los temas se iban desarrollando, la actitud desinteresada cesó y se transformó en un continuo apoyo moral que la banda aprovechó cual tesoro de gran valor. Las rarezas tocadas en directo nos abrían la cabeza de una manera tan radical que siempre acabábamos perdidos entre tanto break y cambio musical repentino. Sin embargo, ese hecho también reiteró el fuerte arraigo del Rock Imperivm hacia el exitoso proyecto del galo Serre, moviendo masas por doquier.
La hora de actuación de Igorrr se repartió equitativamente por los últimos trabajos de estudio de la banda, «Savaged Sinusoid» y «Spirituality & Distortion». Sin apenas moverse de su zona de confort profesional, Gerre avivó las llamas del Coliseo con su aparataje, fuera guitarras, teclados, sintetizadores… Cualquier cosa le servía para que la gente se rindiese al azogue del momento. Al frente y baluartes de la conexión social, Martha Alexandre y JB Le Bail impusieron su toque tonal de una manera brutal y sin reparos. En la guitarra y haciendo escuetos coros, Martyn nos convenció de ser la contraparte de Gerre, pues sus melodías distorsionadas y sucias adornaron el repertorio gracias su animosidad musical que no dejó indiferente a nadie. A falta de un bajo, Rémi otorgó la estructura teórica mediante una labor percusionista novedosa y, ante todo, sorprendente por la adaptación a los cambios de estilo. Hubo de todo en el show, y lo mejor es que combinó con el headbanging y los moshpits a la perfección. Melodías de flamenco, orquestaciones clásicas, bailes de vals… Eso sí, con la base metal/rock presente a cada instante, dejando unas extrañas sensaciones de felicidad mental y dolor corporal al público que lo dio todo por Igorrr.
Beast in Black
Ahora me toca a mí hablar un poquito, ¡que ya era hora! Con Beast in Black hay que ser claro desde el principio, ¡hay que darles el espacio que se merecen cono estrellas musicales consolidadas! Con un show único en España y una expectación máxima, el quinteto dio su show en una puesta de escena brillante y adornada con el decoro de su último disco, «Dark Connection», ¡y ya empiezan a verse los indicios de un nuevo disco! Emulando a Lordi en la anterior edición del Rock Imperivm con el sol dando los últimos coletazos de calor insoportable, es primordial agradecer al personal de seguridad el hecho de repartir agua en la necesaria hidratación corporal. Da gusto ver lo bien que se llevan los artistas de la banda finesa, pues siempre estaban juntos, aunque fuera de dos en dos o más. Si Atte hubiera tenido una batería portátil, ¡el combo móvil estaría completo! Beast in Black, allá donde va, demuestra que puro espectáculo, sea cantando hitos como «Born Again» y «Sweet True Lies», vibrando los pilares del Coliseo en «Die by the Blade» o «Eternal Fire» y bailando con las melodías tecnócratas de «Blind and Frozen» y «One Night in Tokyo». Se dejaron toda la mejor esencia grupal en que el público se sintiera especial, ¡y así fue!
El estilo tonal de Yannis Papadopoulos recorrió los rincones y oídos del festival, erizando el cabello de su fina voz. El registro que posee se extendió por la pólvora, realzando los unísonos a tope. El calor cartaginés le obligó a tomarse ciertas ausencias de frescor, pero no él no dudaba en unirse a sus compañeros en el disfrute. El impecable dúo de Anton y Kasperi es una delicia de amor al arte, ya que la técnica rítmica y solista les hacía elevarse al nivel de dioses. No hay que omitir las sonrisas perennes y gestos faciales; ¡un derroche carismático! Sin quedarse solo en ningún momento, Máté sonreía más que sujetar su bajo, el cual se tocaba solo mientras él animaba al público y éste le respondía con más fuerza. Como si fuera un concierto para infantes y Beast in Black los profesores, Yannis se recorrió el escenario todo el rato logrando una comunión social mágica, tanto que ninguna banda del Coliseo fue capaz de acercarse a tal hazaña; ¡omitiendo a Judas Priest, por supuesto! La captación de atención fue tal que, a mitad del concierto, nadie estaba esperando en las vallas del otro lado a los teutones Accept. La hora y cuarto de actuación se nos quedó cortísima, de modo que «End of the World» nos despidió de unos ídolos musicales que (¡por favor!) esperamos ver más en España repartiendo ese genial estilo metal/rock que no tiene parangón.
Accept
La tremenda energía de Beast in Black no pasó desapercibida minutos después de su despedida, sino que la legendaria banda Accept la cogió a su favor. Con un nuevo álbum bajo el brazo, «Humanoid», Hoffman y Tornillo desplegaron toda la artillería germánica en un show repleto de sorpresas, dedicatorias y un brutal repaso a la trayectoria profesional. Sin duda, lo que más impresionó al público fue el hecho de ver tres guitarras en el escenario; ¡sí, tres! ¿Hacían falta tantas? Pues la respuesta es muy simple en la mayoría de las opiniones, no. Hoffman es un artista virtuoso en todos los ámbitos rítmicos y solistas sin obviar su creatividad, Uwe igual desde que entró hace casi una década. Así que, sin desmerecer el trabajo realizado por Hoekstra y su alegría en directo, tanto sonido distorsionado (bien nivelado) nos privó de otros placeres culpables, como oír la natural voz de Tornillo con sus 70 años bien puestos o la genial aptitud bajista de Motnik, todo un descubrimiento a los graves. Por lo demás, el decorado hizo honor al último álbum, la gente recibió a la banda cuales dioses y el Rock Imperivm se vio involucrado en un frenesí musical duro y potente.
Abriendo con «The Reckoning», el sexteto no dudó en intercalar el pasado y el presente con los mejores éxitos de dos de sus álbumes fetiche, siendo «Restless & Wild» y «Metal Heart». El resto de las canciones estuvieron salteadas a través de la nueva etapa de reunión de Accept, como fue el caso de «Shadow Soldiers» o el genial dúo de «Pandemic» y «Teutonic Terror» donde la gente vibró en un éxtasis musical perceptible desde la puerta del Coliseo. Es remarcable que Tornillo siga siendo un altavoz de masas, pues los coros sociales no le hacían ni sombra cuando cantaba por encima de su rango vocal. Algo apartado del resto, Uwe ejecutó su técnica guitarrista de forma magistral, aunque quedó eclipsado por un Hoffman desatado en una furia musical y arropado por Hoekstra en todo momento. Por detrás de la banda y bien visible entre todo el decorado, Christopher se dejó el alma en dar unos redobles y estilo percusionista tan impecable que obtuvo el protagonismo compartido con Tornillo. Ya en el final, como suele hacer Accept en su exaltación personal, «Fast as a Shark» y «Balls to the Wall» retumbaron en el recinto gracias al épico unísono de los asistentes, pues nadie se resistió a cantar esos estribillos tan pegadizos e inolvidables. Es imposible quejarse de la actuación de los germánicos, pero de vuelta al inicio, la tercera guitarra sobraba en el directo.
Saxon
El águila británica del metal/rock sajón se posó en el Rock Imperivm, alzó la cabeza con todo el orgullo posible y extendió sus plumas doradas para dar paso a los veteranos Saxon, liderados por el incombustible Biff Byford y su particular voz eterna. Antes de pasar el testigo a un verdadero fan de Saxon, servidor quiere decir que el concierto fue genial y lleno de sentimientos mezcladas en el tiempo, pero no agotar todo el tiempo establecido de actuación, en el cual se hubieran tocado unas tres canciones… Se puede perdonar y a la vez, no (los fanáticos más aguerridos y clásicos, ¡de seguro que no! Lo que no se discute es el tremendo espectáculo que se marcó el combo sajón, demostrando la grandeza que rodea al águila legendaria del metal/rock mundial. Y ahora sí, ¡damos paso a quien explica el concierto mejor que servidor! No habíamos todavía terminado de saborear el show que Accept nos había dado en un sobresaliente concierto cuando todavía quedaba otro plato principal. La veteranía de Saxon y su música que nos ha acompañado toda una vida, pues durante medio siglo han creado música que ha revolucionado la industria musical. Con las temperaturas más llevaderas en la entrada nocturna, la gente todavía tenía bastante fuego en el cuerpo y ansias de mas buen heavy metal clásico. Saliendo todos los artistas intrumentales a la vez, Biff Byford nos llevó de la mano cuando empezó a cantar el nuevo tema «Hell, Fire and Damnation».
Apenas habíamos visto en acción a la banda cuando la pantalla digital nos mostró diapositivas antiquísimas de motocicletas, así que «Motorcycle Man» retumbó mediante un ambiente sonoro envolvente y donde se distinguían a los integrantes sin problemas. Ambos guitarristas, Doug y Brian estuvieron gran parte del concierto juntos, demostrando la alta sintonía entre ellos, así como la repartición de solos. No le quitamos hierro a Brian, quien aparte de ser el fundador de Diamond Head, ha supuesto un azote de buena voluntad y energía a Saxon, la cual se veía en sus sonrisas y fácil interpretación del repertorio. En el centro y posando como una divinidad, Biff no eludió su rol social con el entregado público, realizando autógrafos, incitando al unísono coral e incluso, llevando la chaqueta de un afortunado espectador. ¡Es un hombre que sabe ganarse al público! Realizando un repaso a la discografía, Saxon nos ofreció un elenco de canciones que trató de complacer a los presentes más exigentes. «Strong Arm of the Law» fue una fiesta de libertad, «Heavy Metal Thunder» nos quería hacer conducir bajo la luna, «Denim and Leather» casi nos hace cambiar el vestuario o «Wheels of Steel» que, antes de anunciar el fin del concierto en una velocidad inaudita, se convirtió en un duelo por el protagonismo guitarrero. Por suerte, el encore nos dio dos canciones más, la mítica y coreada «Crusader» y «Princess of the Night». Nigel no permitió que sus baquetas quedasen intactas, al igual que su batería elevada sobre el escenario. No olvidamos la complicidad del bajista Nibbs, quien se convirtió en el principal valedor de las estructuras musicales con su personalidad ruda e imponente. Tal vez Biff no sea el cantante más enérgico del mundo ni se moverá por el escenario como otros artistas, pero su presencia basta para que todos los asistentes plantemos nuestra mirada en él y su herencia en mundo de heavy metal/rock. ¡Larga vida a Saxon!
Emperor
Marduk nos deleitó con una lección magistral de black metal sueco el día anterior, y con ganas de volver a revivir esa sensación oscura de nuestra alama descendiendo al infierno, los añorados Emperor noruegos pusieron un broche de azabache al Rock Imperivm rodeado de férreas cadenas. Por si alguien no se ha coscado, Ihsahn es mucho más que un simple guitarrista de Satanás y las leyes ocultas de la naturaleza. Su facilidad compositiva e ilimitada creatividad hicieron que Emperor dominase la escena blacker escandinava en la década de los 90’ y su repercusión aún se sigue notando en la actualidad. Debido a ello, la expectación en el último concierto de los escenarios grandes se quedó muy cerca de igualar a Saxon. Con sólo cuatro discos de estudio y varios EPs, el conjunto extremo salió al escenario dispuesto a complacer a los miles de fans cuyos cuellos aún querían headbangear más. Cuales señores de alta alcurnia, la tenue y colorida iluminación otorgó el punto ambiental necesario para que la introducción se sintiese en las profundades espirituales.
Emperor nos otorgó un setlist que se centró en dos discos de trascendental importancia para la música extrema, «Anthems to the Welkin at Dusk» e «In the Nightshade Eclipse». Arraigados a lo que se vivía, el público se entregó, en cuerpo y alma, a dar voz a los temas mientras la banda impuso un sonido crudo, estridente y lo mejor en sí, directo a rematar las ideas modernas en favor del old school blacker. Tocando sus guitarras con celeridad, elegancia y en actitud mística respecto a los enigmáticos acordes, Ihsahn y Samoth revivieron sus años jóvenes de cuando los moshpits estaban en pleno apogeo. Casi se les podía ver llorar de emoción en algunos instantes que el Coliseo los vitoreaba al alza. Ofreciendo su carisma errático, Secthamon exprimió su bajo para que los graves derribasen la moral de los detractores y se uniesen al elenco de esclavos a su servicio. No menos fueron Jorgen y Trym, quienes dejaron constancia de cómo se mezcla un teclado y una batería con motivo de recrear una escena que sea tétrica e interesante a la vez. Ver a Emperor en su totalidad fue un sueño hecho realidad, tanto que la gente seguía sin creérselo, ni vuestro propio servidor. Justo al comenzar «Inno a Satana» nos dirigimos a cubrir a The Raven Age; eso sí, cantando el estribillo evocador del himno a pleno pulmón.
The Raven Age
El final del Jueves en el Rock Imperivm, aparte de Emperor, tuvo un toque bastante familiar y cercano. En el escenario chico, nos encontramos con la banda The Raven Age, aunque llegamos muy cerca del final (quedaban unos tres o cuatro temas más). Quizás mucha gente no lo sepa, pero esta banda es el proyecto de George Harris, hijo del mítico bajista Steve Harris (Iron Maiden). Añadiendo un par de cuerdas más a su instrumento, George acompañó su padre en las giras europeas de Iron Maiden, y ahora le tocaba volar solo hacia el éxito con motivo de igualarle. En cierto modo lo consiguió en el festival, pero no tanto como él hubiera deseado. Presentando su último álbum «Blood Omen», cierto es que el estilo groove/modern metal de The Raven Age llamó mucho la atención en el público, en particular, la juventud presente. La fatalidad cayó en el sonido y el poco dinamismo en el escenario, lo cual contrastó en la comparación con su padre e Iron Maiden. No estuvo mal el concierto, pero no llegó a convencer del todo y vamos a decir por qué (también influye el no haberlo visto desde el principio, por si acaso).
Sin dar importancia al setlist, el cual se repartió por toda la discografía con más presencia en «Blood Omen» según pudimos averiguar. George hizo un trabajo excelente como figura principal de la banda, pues estuvo a la altura del legado que carga a sus espaldas. Envuelto en un sonido pesado y nítido, conmovió a la vista a través de su seriedad artística y los pocos gestos faciales salvo alguna sorpresa. Aupando los moshpits y en un estado emocional cercano al estallido, el segundo protagonista fue el vocalista Matt, cuya actitud potente nos hacía sentir su tono en lo más adentro de la mente. Tanto empeño le ponía a su rol artístico que podía haber donado un poquito al resto de integrantes. Cox y Gentry ayudaron mucho en la estructura rítmica de los temas, pero se le veía algo desganados (o puede que cansados) y aunque trataban de disimularlo, las muecas lo decían todo. Lo que alcanzamos a ver de Jai detrás del intenso contraluz y brillantez iluminativa resultó en un increíble juego baterista que no le hizo fatigar ni en las zonas melódicas más potentes. Daba unos golpes a la percusión dignos del estilo metal/rock moderno, el hecho artífice de los cientos de unísonos en el headbanging. Para servidor, el tema final «Fleur de Lis» fue todo un descubrimiento de metalcore que ni siquiera bandas como Avenged Sevenfold o Bullet for my Valentine podrían igualar, llegando a ser la mejor despedida de la jornada al otro lado del Coliseo.
Crónica y Fotografía realizada por Redacción MetalTrip











































































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