En 2023, las intensas lluvias y diluvios veraniegos estropearon gran parte del Z! Live. Sin ánimo de rendirse a la adversidad y compensando muchos elementos que el público pidió para el futuro, el templo del metal nacional decidió recuperarse del duro contratiempo sufrido y generar una nueva edición que, tras vivirla en directo y de primera mano, ha vuelto a superarse en asistencia, calidad musical y organización. Con motivo de realzar el estilo metal/rock de un país que vuelve a apostar por un elenco de bandas dispuestas a ser recordadas durante años, Zamora se erige como la provincia que acoge al lado más creativo y compositivo del arte musical extremo. Esto es el Z! Live 2024 y en Metaltrip, ¡Wesker te lo cuenta en escritura y fotografía con todo lujo de detalles y más!








Atomic Megalodon
La banda local Atomic Megalodon no pudo actuar en el primer día del Z! Live 2023 y su actuación se trasladó a la apertura de la próxima edición. Con su particular estilo moderno que combina el rockabilly con hard rock fresco, dieron un breve show que el escaso público disfrutó en la calurosa tarde. Mediante la presentación de sus nuevos trabajos de estudio, el contrabajo fue el principal protagonista gracias a su genial ejecución. Mantener la atención de los asistentes es difícil cuando hay injerencias ambientales, pero el poderoso trío zamorano se impuso a la adversidad dando un repertorio encaminado a hacer bailar las caderas y sentir el duro tono vocal en las carnes. El sonido general les favoreció bastante, pues por los monitores, cualquier cambio de ritmo o actitud solista se distinguía a la perfección. Quizás el poco tiempo de actuación no les dejó explotar todo su potencia musical, lo cual podría habernos ayudado más a disfrutar de Atomic Megalodon. Sin embargo, está claro que el trío varonil va a seguir triunfando poco a poco, porque está destinados a ello.
Ars Amandi
Seguir la dinámica de los conciertos en vivo ha cobrado mucha importancia tras el parón y cambio radical provocado por la pandemia de la Covid19. Para la banda abulense Ars Amandi, la oportunidad de volver a los escenarios se había convertido en un batalla sin cuartel ante la adversidad, de modo que su actuación tuvo un toque especial de atención en el folclore extremo nacional. Podría ser la habilidosa técnica de ambos Danis a las flautas y el violín, la calidad suprema de los ritmos tocados por el dúo guitarrista, el bajo de David aflorando en su rol de potencia solista, la mirada ilusionante que Oscar sacaba cuando su batería hacía saltar a la gente… El perfecto sonido que los acompañó en la breve e intensa actuación logró una aglomeración tremenda, pues el apoyo a las bandas nacionales (a veces) resulta ser todo un huracán de aplausos, coros y bailes al son de unas canciones que mezclan la historia con la cultura popular castellana. Después de haber presenciado el triunfo absoluto de Ars Amandi en tierras conquenses (Liruprint Fest) su show en Zamora debió ser más largo, porque la ocasión lo pedía por sí sola. No hay que ser pesimista, porque se puede disfrutar de la original música de Ávila en un futuro próximo; eso no quita a que el gigante zamorano debió dar algo más de tiempo para ser testigos del reciente álbum «En Tierra de Castillos» y la gira del XXV aniversario del exitoso y aclamado grupo.
Opera Magna
La geografía levantina tuvo doble sesión de metal/rock en la última jornada del Z! Live, quedando la primera en manos del grupo sinfónico Opera Magna. Consolidados como una de las bandas a tener muy en cuenta dentro del panorama nacional gracias a su prolífica trayectoria musical, ya les tocaba volver a saltar a los escenarios grandes después de acompañar la gira de Angra en la primavera de este año. De nuevo (sin aprender la lección) el imponente festival dio la espalda (un poco) a los fans y público que quería disfrutar de otra banda española en todo su esplendor. El ajustado tiempo y brevedad del mismo levantaron los ánimos valencianos cual titán que no desea abandonar el mundo escénico. Con un álbum nuevo álbum y presentación en trazas de directo, «Heroica», Opera Magna no nos dejó sin temas de su saga «Del Amor y Otros Demonios» que demostraron ser un marea coral al unísono. El quinteto, envuelto en una repentina y clara ventaja sonora (ojalá la hubieran tenido en la gira previa) se envalentonó por doquier, haciendo que su música se notase por cualquier rincón del recinto. El mérito, aparte de ser compartido entre todos los artistas, tuvo su centralidad en JV Broseta, cuya actitud emocional se vinculó a la sensibilidad social, realzando la calidad interpretativa del pasado y el presente. Siempre amparado en los estribillos y líricas, también dejó espacio para que ambos guitarras diesen riffs y solos increíbles a destajo, sin olvidar la ambientación de Nacho, cuyo teclado fundamentó el éxito de la banda en directo haciendo que la actuación fuese muy amena y agradable ante el calor circundante, así como captando la atención y el interés general hacia Opera Magna. ¡Qué lástima no haber tenido más tiempo para ellos, porque se lo merecían y mucho!
Persefone
Como vecinos nuestros en los Pirineos y única banda de Andorra (que sepamos) Persefone se acogió a su derecho de reventar Zamora en un show extremo que enrevesó las ideas de quienes no habían escuchado al sexteto anteriormente. Después de dar salida a su EP «Lingua Ignota I» durante la primavera (¡bolazo se marcaron en Madrid!) y posterior recorrido por lugares de renombre como América y Japón, los amantes del metal/rock extremo querían que Persefone diera la talla como teloneros de Decapitated, cuyo show se intuía que iba a ser algo fuera de lugar. A favor de toda apuesta arriesgada, se cumplieron las expectativas salvo ciertos puntos que se desviaron de la lógica inicial. A pesar de la conocida (pero poco criticada) duración de las canciones del conjunto andorrano, los moshpits no se hicieron esperar cuando Daniel agarró a los asistentes y los hizo moverse hasta la extenuación debido a la trabajada conexión social que se ganó con esos guturales rotos y agudos que harían temblar a un psiquiátrico. A la vez, el azogue corporal que no le dejaba quieto, emulando la actitud cualquier que cayese en la hipnosis progresiva que caracteriza a Persefone.
Con casi una hora de actuación, explayarse no era un asunto a destacar, así que la banda optó por un setlist breve (¡que no soso ni patético!) encauzado en sus recientes trabajos y el recorrido por el magnánimo «Spiritual Migration» puesto que la situación apremiaba la llegada del ámbito internacional en el Z! Live. Sin quitar el estilo enigmático de su sonido a la par que sus líricas, cada artista no se centró en dar lo mejor de sí; ¡al contrario! Cual cúmulo bien afianzado en la industria moderna, las guitarras de Carlos y Filipe se hicieron de oro cuando la multitud trataba de seguirles el ritmo (¡o el caos solista tan certero!). En la trasera y como segunda voz de apoyo, Miguel continúa dando que hablar cuando se trata de ambientar un concierto gracias a su emotivo carisma repleto de energía. Cambiando la crítica, el bajista Toni se llevó la equis del show, ya que apenas se acercó al público, dando una impresión de ir a lo suyo en su mundo interior. Sus graves no fallaron en su rol artístico, pero se necesitó algo más de dinamismo por parte de uno de los pilares básicos junto al toque incesante y potente del kit baterista de Sergi. Los que conocemos a Persefone, no tocar «Merkabah» supuso un varapalo bastante notable, pero a falta de tiempo, la completa ganancia sonora y la sensación old school nos hicieron obviar los deseos y quedarnos a gusto con una banda que sigue rompiendo los límites de la imaginación.
Decapitated
Un extranjero se coló en el Z! Live previo al concierto del reputado Leo Jiménez. Cayendo cabezas del cielo en una singular masacre, el cuarteto Decapitated no nos vaciló al afirmar que iba a correr la sangre por las tierras zamoranas. Después de haber realizado fechas especiales con el aniversario del álbum «Nihility» (¡una maldita obra maestra del death metal clásico!) la banda polaca sabe que España es un nicho de muerte donde triunfa haga lo que haga. Arropados por el éxito abrumador del nuevo trabajo de estudio «Cancer Culture» que les ha devuelto a lo más alto de la repercusión musical, no hubo ni un solo segundo de tregua en los minutos que Decapitated estuvo al frente de un público que deseaba el placer de ser degollado a lo salvaje. Aunque las ocho canciones supieron a poco (a ojo de servidor) por las inclemencias organizativas, no cabe duda que mucha gente cayó rendida a los pies de Rafal pidiendo la terminación de su agonía personal. Cualquier herramienta serviría para ello, aunque la preferida fue la decapitación por la brutal presión de las rastas del cantante alrededor del cuello mientras él nos recitaba saetas al oído en guturales bien reconocibles.
Sabiendo la de penurias que ha pasado Decapitated en el pasado, como fallecimientos, cambios de formación y otras circunstancias, el show cobró una significancia trascendental para aquellos que conocíamos la trayectoria de los polacos. Aunque Waclaw se deshacía en romper oídos y cabezas con el pesado y crudo sonido de su guitarra, el núcleo salvaje de la banda fue, sin duda alguna, la excelsa batería de James en su labor trasera y el poder grave de Matteo. La reverberación del bajo tenía la capacidad de romper los altavoces, pero no importó mientras los corazones explotasen al unísono. Agarrando el micrófono con ganas de partirlo por la mitad de la rabia vocal expelida, Rafal retorció al público más allá del límite, provocando una extenuación en los moshpits palpable. Cual guía de la muerte, ejecutó su tono laríngeo de forma sorpresiva hasta el punto de hacer retroceder al aire. Si hubiera habido más tiempo, el repaso a la discografía serviría como razón de peso en la alabanza a Decapitated. Eso sí, no faltaron cortes clásicos como la tríada de «Babylon’s Pride», «Spheres of Madness» y «Lying & Weak» que la gente coreó en mitad del suelo y con el revolcón generando dolor y hematomas de locura social.
Leo Jiménez
Parece mentira que hayan pasado treinta años desde que un jovencito llamado Juan Daniel “Leo” Jiménez comenzase a cantar con sólo 15 años. Después, perteneció a la legendaria banda Saratoga en su pleno apogeo en el cambio de milenio, fundó su proyecto 037 y siguió con Stravaganzza… Y desde hace una década, continúa dando guerra de múltiples formas, sea con colaboraciones, discos en solitario, apariciones estelares o giras de renombre. A punto de cumplir cuarenta y cinco tacos, el versátil y querido cantante fuenlabreño decidió enseñar que sigue en plena forma en el Z! Live junto a un elenco de artistas invitados bien conocido. Realizando todo un despliegue sonoro que le hiciese honor, Leo no abandonó al público en la conexión social, siendo uno más del mismo en los coros y en las líricas. Miles de pulmones retumbaron al son de melodías originales, siendo el caso de «Mesías» o el nuevo sencillo «Cielo e Infierno». Sin embargo, la gente quería ver estrellas deslumbrar por el escenario mientras las versiones ganaban terreno, así que se obedeció la directriz a raja tabla. Aunque el sol pegaba fuerte en la tarde, el sudor laríngeo mereció mucho la pena en favor de un show único repleto de sorpresas por doquier. A cámara lenta, no podríamos ver dos fotogramas idénticos en la hora de concierto.
Aparte de escuchar las versiones más clásicas y célebres de Leo Jiménez, la banda que le acompaña también requiere su punto de atención general. La combinación de Rufo y Cristian sigue poseyendo un toque ganador para el primero, porque a pesar de su elegancia (la de Francia) y desbordante alegría, Cristian no termina de convencer a servidor; mucho tuvo que ver la “supuesta” grandeza que se le dio a la banda novel Dawn of Extinction por el hecho de haber girado con Blind Guardian. Aun así, su trabajo artístico no defraudó en dar sostén a los ritmos mientras Rufo se lucía en la actitud solista. Viejo conocido de Leo, el recién llegado Patricio volvió a enseñar que la música de su bajo y los potentes graves no entienden de razas, porque como él, ¡no hay nadie de calidad similar! Lo mismo ocurrió con Carlos, un portento baterista que deslumbró durante los temas icónicos de Saratoga, «Vientos de Guerra» y «Perro Traidor» (¡Lo siento, Tete, aquí somos Team Leo forever!). Por supuesto, cerca del final, no podía faltar el hito de Mecano, «Hijo de la Luna» donde Leo cedió la voz a un entregado público que se encargó de dar vida a la música española por excelencia. ¡Y sí, claro que hubo grandes figuras al lado del cantante! Apareciendo a la vez con mucha expectación, Patricia Tapia y Zeta envalentonaron a los asistentes para azuzar el disfrute a un nivel superior. Hay que saber rodearse de lo mejor para dar un show especial, y Leo estuvo muy acertado ahí. La varianza vocal, la actitud en directo, los matices sonoros… La algarabía, al contrario de la idea a priori, adornó todo el repertorio y le infundió la emoción que se necesitaba para reivindicar el metal/rock español.
Paradise Lost
En la vuelta al hospital, enseñé el setlist de Paradise Lost a un compañero que es fanático de ellos. Tras la rápida ojeada, arrugó el papel y lo tiró a la basura. Un poco bruto, ¿verdad? Puede que sí, pero en algo coincido con él. Tocar casi la mitad de «Draconian Times» en directo es un lujo que no está al alcance de todos… ¿Dónde quedaron esos álbumes de «Icon» y «Gothic» adalides del doom metal británico? Vale, sonó «Embers Fire» al final del concierto y el guiño clásico de «As I Die» tras los primeros términos. Con eso ya nos valdría para decir que la actuación fue memorable. El resto sería entrar en palabras serias casi a modo de regañina severa, porque servidor quedó algo disgustado de ver el pobre concierto que se marcó una de las tres leyendas del género musical (junto a My Dying Bride y Anathema). El cambio continuo de baterías a lo largo de los años no ha afectado a la banda, pero sí es un factor de la observable inclinación de Paradise Lost hacia vertientes más ligeras y tranquilas sin abandonar sus temáticas personales y cierto oscurantismo. Además, hay que decir que se les veía cómodos en el escenario, quizás tanto que se nos hizo aburrido en ciertos momentos. Sólo faltaba darles un sillón de cuero y que tocasen sentados, porque los bostezos del público se contagiaban más rápido que la gripe. Suerte que el sonido era de los pocos puntos de interés a tener en cuenta al atardecer.
Muy claro quedó que armar violencia mutua y moshpits en Paradise Lost es difícil; tampoco era necesario llegar a esos niveles de fiesta. El protagonismo lo tuvo, sin duda alguna, el guitarrista Greg, quien sí tuvo momentos de gloria en su ejecución inversa de su singular estilo de práctica. A diferencia de Aaron, quien estaba en su propia nube o dimensión personal fuera de la realidad en el sostén rítmico, los pocos solos que Greg ofreció al público dejaron constancia de que la banda doom/gothic le quedan muchos años por delante, tanto en estudio como en directo. Imitando la actitud de Aaron con cierta decencia artística, Steve reguló los graves en un sinfín de altibajos. O le escuchábamos muy fuerte o más débil, pero siempre estaba ahí, levantando los ánimos en los fans y envalentonando los coros al unísono. No debió su ser su papel en el escenario, pero viendo que Nick no se movía del centro con el pie de micrófono, no le quedó otra opción. Algunos ya conocemos a Nick en Bloodbath, donde su voz da bien el pego en el death metal sueco; ¡ojalá hubiese pasado lo mismo en Z! Live! No muy motivado y sólo centrado en cantar, repartió la escenificación por el resto de la banda mientras los efluvios señoriales le rodeaban cual aristócrata del metal/rock. La falta de cercanía social supuso un declive en el ambiente, y por mucho que intentasen remediarlo con un setlist (más o menos) completo, hay que reconocer que servidor acabó decepcionado con Paradise Lost. ¡Esperemos que su vuelta por España sea algo más épica y clásica!
KK’s Priest
No era casualidad que aquel viernes, Judas Priest tocase en Pamplona mientras que en Zamora, uno de los fundadores, KK Downing, estuviera sirviendo una dosis igualitaria ante una expectación máxima. Así es, el supergrupo de estrellas musicales KK’s Priest llegó al Z! Live para ofrecer un show tan precioso como emotivo. Con más de 70 años, KK Downing demostró que la edad es sólo un número al verle ejecutar su estilo guitarrista con una calidad más juvenil que propia del envejecimiento general. El público sabía que los tiempos clásicos de Judas Priest iban a hacer su aparición, pues la ocasión era más que meritoria. Envueltos en un sonido tan limpio y nítido como el agua cristalina de un potente arroyo de montaña, el quinteto fue el alma de la actuación, incluyendo la pirotécnica y los efectos especiales de ambientación. Creíamos que KK’s Priest con Tim “Ripper” Owens sólo interpretaría temas de la etapa del famoso en el conjunto británico, pero nada más lejos de la realidad, nos llevamos una grata sorpresa, en la ejecución de las versiones, que elevó (si cabe aún más) el respeto y reputación del único artista que ha sido capaz de hacer sombra al señor Rob Halford. Cualquier cosa que hacía la banda en directo, los aplausos y ovaciones demolían un pedazo de los pilares del recinto.
Los temas propios de KK’s Priest no son un cero a la izquierda comparados con Judas Priest, pero tampoco son algo de otro mundo. Comenzando con un tres canciones de los álbumes que posee en su seno moderno, no tardó KK Downing en dar salida al old school musical con «The Ripper» y «Night Crawler». La gente ya estaba perdida en un caos de éxtasis, los coros crecieron de forma exponencial y Tim no era consciente de que su vínculo social explotó en cuestión de segundos. No es de bien obviar al resto de integrantes de KK’s Priest, ya que, por ejemplo, Tony puso el toque carismático y alegre en una actuación que no paraba en el ascenso al éxito. Lo mismo sucedía con Sean, cuya portentosa batería dio el sostén ideal para que «Beyond the Realms of Death» y «Hell Patrol» rivalizasen con el propio Scott Travis (Judas Priest) en un duelo estelar. Cada baquetazo suyo era un nacimiento de chipas con un solo propósito, hacer vibrar al público como si fuera uno con el grupo. No hay que quitarle el ojo al más joven de todos, Andy, cuya guitarra fue mucho más que un simple apoyo para KK Downing, sino otra personalidad que, en mutuo acuerdo, rivalizó con el legendario artista en el dominio de las míticas «Breaking the Law» y «Victim of Changes». Si no fuera por Avantasia y el ansia que había de ver al señor Tobias Sammet reivindicando el mundo del metal/rock sinfónico, podríamos decir que KK’s Priest fueron los vencedores absolutos de la última jornada del Z! Live, porque KK Downing se coronó como maestro de maestros en un directo inolvidable.
Avantasia
Aguantar dos horas con Avantasia puede ser duro para alguien primerizo que contempla el inmenso espectáculo que Tobias Sammet es capaz de organizar. En cambio, los veteranos y fanáticos del singular proyecto del cantante germánico, ese tiempo de actuación es muy breve a más no poder (¡y eso sin contar el conocimiento del repertorio!). Desde comienzos de milenio con el dúo «The Metal Opera» Tobias se ha ganado, a pico y pala, la confianza y el respeto del mundo metal/rock con esa actitud amigable, humilde y enternecedora que muestra cada verso, ritmo o material musical que lanza. Todavía estamos a la espera de noticias sobre Edguy, pero viendo cómo avanza Avantasia de forma imparable, ¡ya ni nos interesa! Como cabeza indiscutible del Z! Live junto a Kreator y Europe, algunos pensarían que veríamos un show diferente a lo que nos tiene acostumbrados el virtuoso artista. En cierto modo sí, y también no. Está muy evidenciado que Avantasia, aparte de su emocionante música sinfónica y elementos escénicos de eminente calidad, el valor de la banda recae mucho en el amplio abanico de cantantes que acompañan a Tobias según los matices que éste desea impregnar a sus interpretaciones en vivo. Para este año, el elenco artístico se sirvió de incipientes figuras que están revolucionando el metal/rock moderno, como la joven y talentosa Adrienne Cowan (Seven Spires) o la bella milanesa Chiara Tricarico (Moonlight Haze). También hubo sitio de sobra para conocidas glorias y su participación, mencionando al ducho Bob Catley (Magnum) o el regio patriota Ralph Scheepers (Primal Fear). Hubo más, pero ya con esos nombres, las canciones del setlist obtuvieron su plus de vivaz energía para que el público se regocijase de otro sublime concierto de Avantasia, siendo indiferente la duración de los temas o la textura percibida (power metal clásico, baladas, juegos de unísono…)
La discografía de Avantasia fue representada mediante un exquisito surtido de canciones que consiguieron unir el pasado y el presente. Gracias a la ambientación teclista de Miro, cuyo trabajo supuso el pilar principal de la precisa influencia teatral de Avantasia, el resto de instrumentos siguieron sus líneas interpretativas con vivacidad y excelente habilidad técnica. Siguiendo a Tobias desde los inicios de Edguy, Felix marcó los ritmos y estructuras musicales a través de las directrices de su batería, regalando su virtuoso don al animoso público. De la misma manera, la reciente llegada de los graves de Dirk (Gamma Ray) rompieron las barreras del sonido para que Sascha se pasease por el escenario con la cabeza bien alta, ya que su guitarra tuvo ciertos problemas a lo largo del show; ¡nada importante que impidiese gustar sus solos! Del afamado cantante poco podemos decir que no sepáis ya, salvo que su voz continúa inspirando a vivir en plenitud y armonía. Por ejemplo, «Reach Out the Light» es una canción imposible de aburrir al más duro e insensible del planeta (los vibrantes once minutos de «The Scarecrow» son un asunto… peliagudo de entender XD) Igual ocurre con ese hito que, si hubiese llegado a Eurovisión (mejor llevar tías desnudas con más cuerpo que voz y cerebro juntos, ¿no?) habría revalidado la importancia del metal/rock mundial, «Mystery of a Blood Red Rose» (¡servidor siempre ha llorado al oírla!). El dúo clásico de «Avantasia» y «Farewell» nos amagó una (poco creíble) retirada, porque lo mejor tenía que llegar. Dejarse la voz en emular las líricas de «Lost in Space» y «Lucifer» retumbó por todo Zamora, puesto que los taxistas y transeúntes se unieron a los coros desde el exterior del recinto. En un sentido adiós de pañuelos y lamentos, Tobias realizó el medley final ante los miles de asistentes que clamaban por un bis extra. Estas cosas sólo se ven anualmente, de modo que seas fan o detractor de la banda, negar la grandeza de Avantasia… ¡No tiene perdón!
The Halo Effect
Tras el bombazo teatral que Avantasia reventó en las tierras zamoranas, aún quedaban refugios mentales donde inyectar una buena dosis de música extrema, por ejemplo, melodic death metal sueco de la vieja escuela. La caída de At the Gates (¡cómo nos dolió!) del cartel tenía que ser sustituida por alguien que estuviese a la altura; ¿pero quién? Pues no hubo que buscar mucho, porque The Halo Effect se incorporaron para que la gente siguiese dándolo todo en el Z! Live. Bajo un manto de tenue iluminación y contraluz que le vino genial, la banda fue entrando en el escenario con, de nuevo, la ausencia del célebre guitarrista Jesper Strömblad (con tantos proyectos que tiene, ¡normal que no estuviera!) Sin embargo, las miradas recaían en el hermoso y virtuoso cantante Mikael Stanne (Dark Tranquility) cuyo rol vocal volvió a dejarnos boquiabiertos (¡no falla ni una!). Elegantes tonos agudos discretos, brillantes guturales por doquier, actitud de torbellino cuyo movimiento hipnotizaba… Es que no se le puede criticar por mucho que se intente. Junto al fundador Niclas, el núcleo sueco se sustentó en la presentación de su álbum debut «Days of the Lost» gracias a un buen trabajo en equipo. El quinteto, cual ente único, provocó que los moshpits volvieran entre los asistentes y las melenas quebrasen los cuellos. Para una simple hora de show, se nos hizo muy corto el espectáculo que The Halo Effect enseñó en el festival.
Con un inminente álbum a la vista, dos sencillos recientes tuvieron su lugar para que la gente se hiciese una idea de lo que se avecina, siendo «Become Surrender» y «The Defiant One». No estuvieron nada mal dentro de lo que es la esencia mística y brutal de The Halo Effect; no rivalizaron con otros cortes más conocidos, «Feel What I Believe» o «Conditional». ¡Hablemos claro! La banda tocó el disco entero, lo hizo de puta madre y el público lo sintió en cada hueso y carne corporal. Stanne recitó las líricas con su particular voz reconocible en cualquier sitio junto a la humildad y carisma que le rodea, Niclas se compenetró (en ritmos y solos) con la compañía de Patrik (The Haunted, Witchery) quien no vaciló en reventar los amplificadores y hacerse fuerte en su labor dual. La potencia de los graves que metió Iwers en el concierto reventó oídos sin piedad, aparte de su porte intimidante y serio (¡es un cacho de pan!). Sin él, The halo Effect sería una banda más del montón sin nada que ofrecer al mundo de la industria extrema. Por último, no menos importante, Daniel observaba la algarabía social desde una posición ventajosa en las alturas, resquebrando el bombo y los accesorios de su batería nivelada y preparada para dar lo mejor de sí. Ya en los compases finales, la opción de retirada se fue consolidando mientras Mikael se quebró en agradecer la asistencia al evento. Aún quedaba el broche final con denominación de origen nacional; muchas opiniones dirían (y estaríamos de acuerdo) que The Halo Effect bajó el telón musical de forma espléndida mediante un show digno de ser recordado en metal/rock actual.
Gigatron
El Z! Live fue demasiado bueno como para no tener un final “atopemente” bestial. Existen miles de bandas que podrían haber cerrado la edición, pero si fiesta quería la gente, la hubo de sobra con el precioso y grandioso show de los dioses del metal/rock nacionales, Gigatron. El frío castellano arreciaba después de la madrugada, el público sacaba la manga larga con su conciencia loquita y la gran mayoría de la prensa y fotografía, después de hacer las fotos pertinentes, se largaron corriendo a hacer los reportajes en la inmediata avalancha de visitas, peleas por las RRSS… Servidor no, pues la prioridad de cubrir hasta el último momento del festival era obligatoria y cumplir con el deber periodístico. Cuando Charly sale a escena vestido de sus mejores galas, se le escucha atentamente y se le respeta cual macho alfa es. Los mandatos se acatan de inmediato y todo el jolgorio interior cobra vida en quien dedica su voluntad a disfrutar de la música embebida de risas, teatro y mucha, ¡mucha alegría nocturna! Esto es Gigatron y nadie (puedo asegurarlo con la mano en el pecho) de prensa os puede contar qué pasó con los dioses artísticos salvo Metaltrip y servidor fanático de los mismos.
Nadie puede negar que un festival, que cuenta con Gigatron en su elenco de bandas, es garantía de éxito. Dispuestos a hacer una auténtica fiesta al más puro estilo americano con desenfreno total, el quinteto valenciano nos hizo retroceder en el tiempo para que sus mejores hitos se inmortalizasen en el poco público que quería adorar a sus divinidades musicales. No se mencionará ninguna canción en especial, porque todas lograron congregar el interés social y mezclarlo con la inmensa alegría y risa que rodea al grupo. De igual manera, ese sonido tan mítico no se puede olvidar ni después de mil borracheras juntas. La gente saltando sin parar, Charly desbocado y dando un espectáculo increíble en cualquier aspecto de voz, Mike y Dave regalándonos unos ritmos y solos tan geniales como emotivos… Es que hasta Kike (Opera Magna) cayó en la suerte de los graves con una sonrisa imperecedera. Por mucho que la sátira y el cachondeo sean tema de crítica y detracción, los verdaderos heavies españoles sabemos que ver a Gigatron en vivo es un acto de honor, ¡y queremos que sea así durante mucho tiempo! En opinión personal, cualquier concierto, sea Leyendas del Rock, Resurrection Fest o Rock Imperivm, debería atender a lo que se disfrutó en el Z! Live con Gigatron y repetir
Crónica y Fotografía realizada por Redacción MetalTrip
































































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