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Crónica: Bestial fue el VIII CastelHell vivido en Reus (Tarragona)
Conciertos Crónicas

Crónica: Bestial fue el VIII CastelHell vivido en Reus (Tarragona)

05/01/2026 0 Comments
6 meses atrás
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Ir de conciertos y festivales al mismo sitio casi sería una rutina algo anodina a lo largo del tiempo, ya sea por ver al público habitual, promotoras y agencias… Lo que suele cambiar son las bandas y el estilo musical de sonido variable. Arraigados a la escena de la capital nacional, un poco de aire fresco provino de tierras catalanas, más en especial, de Tarragona y cercanías. En la ciudad de CastellVell del Camp, justo al lado de la mítica Reus, la asociación cultural CastellHell Reborns organizó su propio evento, siendo la octava edición en 2025.

Con una amplia diversidad de grupos que han otorgado su música extrema en el festival años atrás, la ambición por reivindicar el metal/rock con denominación de origen y más allá de las fronteras ha provocado que el CastellHell diese el salto definitivo para que el público ibérico contemple la grandeza que se gesta en el resto del país. Aunque la gente de Barcelona no quiso acudir en masa (algo poco entendible) sí que la propia Tarragona y provincias aledañas, como Castellón o Valencia, sin olvidar presencias aragonesas, estuvieron en total apoyo al festival. Sin duda, el CastellHell fue un descubrimiento para Metaltrip, ¡pues de seguro que volveremos siempre que el cuerpo y la mente nos otorgue ese placer!

 

Machete Law


Por cuestiones de logística y transporte, nos perdimos el inicio de la primera jornada con Neguit, una de las bandas locales de Reus que ofrecían un poderoso grindcore similar a Napalm Death. Sin embargo, a tiempo se llegó para observar a Machete Law, un increíble y joven quinteto de varones dispuestos a reventar el escenario y a la gente que ya ocupaba sus sitios en la pista del polideportivo y las gradas. Con sólo un EP y algunos temas dispersos, el grupo consiguió que su media hora de actuación engendrase los primeros moshpits de la velada, así como una extenuación social a base de muchos apremios, coros y guturales al alza.

Por desgracia, el sonido no acompañó del todo a los instrumentos, pues bastante se denotaban los fallos técnicos (¡apenas interfirieron con la calidad escénica!). Ambas guitarras, afiladas como cuchillas, dejaron claro que el crossover no está muerto en España, ejecutando unos ritmos quebrados que el bajo sostuvo en excelencia. Al frente, la voz de Gabi (Execution) puso el toque más thrasher, llevándose una admiración general por el fuerte vínculo con el público y su tonalidad laríngea. Supo a poco el show de Machete Law, y habría que esperar hasta el día siguiente para que la furia desatada volviese a cautivar a la gente.


Devorate the Universe


Otro bocado de las tierras condales se sucedió con la salida del forma grupo de chavales que conforma Devorate The Universe. A falta de corbatas y algún que otro par de mocasines, la agitada descarga de deathcore/metalcore que se expresó en su show fue una declaración de intenciones en favor del metal/rock moderno. Al igual que los antecesores, un EP y varios sencillos conformaron un setlist de pura brutalidad que casi rompió los pilares del recinto en pedazos ruinosos. Un bajo potente en unas manos de firme habilidad, una guitarra versátil cuya incapacidad de mantener una línea melódica provocaba roturas vertebrales gracias a los múltiples breaks… La locura nos voló el raciocinio cuando varios cantantes fueron cogiendo el testigo vocal, mostrando unos matices tonales de lo más variopintos. Guturales salvajes sin piedad ótica, líricas suaves en relativa calma, actitud desafiante contra el público…

Sin duda, Devorate the Universe logró el éxito propio gracias a todos aquellos que cogieron el micrófono (¡sin menospreciar a los artistas instrumentales, por favor!). Quizás, algo menos de saturación en los niveles sonoros habría ayudado en la distinción armónica, porque mucha brutalidad se agradece, al igual que una nitidez sónica. No obstante, el metal/rock moderno es así y el show del grupo condal estuvo a la altura de las expectativas, haciendo que el público les pidiese bises en la despedida.


Iniquitous Savagery


El primer grupo internacional no se hizo esperar, ya que el CastellHell estaba con el ánimo muy caldeado gracias a las actuaciones previas. Directos al corazón y con ganas de partir cráneos a la vieja usanza, el cuarteto británico Iniquitous Savagery decidió prescindir de los amplificadores; se los cargaron, ¡en pocas palabras! A través de una música enclavada en el brutal death metal/rock y dando salida a sus álbumes de estudio, cada artista se encargó de enseñar el poder creativo de lo más profundo de su alma. Mientras la cordofonía iba desgarrando ritmos en base a una percusión desbocada, el protagonismo recayó en los guturales de ultratumba que Liam fue expresando por su ancha laringe. Emulando al icónico Corpsegrinder, el cantante agarró el fervor social por los pies y, bocabajo, obligó a los presentes a organizar un moshpit central continuo. Lo pedía el cuerpo, la mente y cualquier espíritu que estuviese por los alrededores.


Cuales cánticos de los muertos vivientes en plena agonía, nadie se salvó de una bestial descarga de metal/rock tan extremo cuyo listón fue muy difícil de superar. Repitiendo conciertos en España, la experiencia vivida con Iniquitous Savagery fue de historia para el festival. El amor al arte se sustituyó por una salvajería sonora que, dentro de la repulsión generada en la gran mayoría de la sociedad, los asistentes al evento pudimos reconocer en calidad suprema que sorprendió de grata manera. A decir verdad, el grupo sajón pudo haber destrozado el lugar (¡no hubiera sido mala idea!).


Kraanium


Hay bandas que, desde sus comienzos hasta la actualidad, han marcado una huella imborrable en el metal/rock mundial. El caso de Kraanium es una sucesión de éxitos que, a pesar de la inesperada pérdida de uno de los gemelos Funderud en 2017, no ha dejado de crecer y explosionar allá donde se necesite. Siendo su único show en España, el combo europeo con origen noruego no iba a dejar pasar la oportunidad de ofrecer un show tan brutal como divertido.

Muchos querrán saber el repertorio del concierto, lo cual no tiene trascendencia después de presenciar la tremenda respuesta social al despliegue sonoro de Kraanium. Entre hachas de goma, mucho beat/slam y un emotivo Mats con la vista puesta en el cielo en memoria de su hermano gemelo, el disfrute estuvo encaminado en un huracán de moshpits y golpes a destajo.


Cierto fue que a Mats se le veía muy sensible a los ritmos que expelía por su guitarra, pues no estaba Martin para adornarlos con su especial técnica gutural. Por suerte, el espíritu del fallecido artista está dentro de los cantantes que han ido dando su apoyo al grupo en calidad de músicos de sesión. Esta vez, la labor laríngea recayó en Robin, un portentoso armario corporal que no necesitó tragarse el micrófono con tal de expresar una voz capaz de invocar al mal en sí. Su descarada actitud y la incitación a la insanidad social le valió una mención aparte, llegando incluso a ser una figura hostil sobre el escenario (¡en el buen sentido!). A cada lado, Jason y Mika exprimieron sus dotes cordófonas (¡una destreza sorprendente de control!) con motivo de endurecer la furia melódica de Mats.

Suerte que las hachas eran de juguete, porque las cuerdas de las guitarras bien habrían servido de guía autolítica. En la retaguardia, Tobias cumplió su promesa de romper la batería en siniestro total, recalcando que los breaks son su especialidad. Con sólo una hora de show, Kraanium respondió al porqué vinieron a España una única vez en 2025. Perderse la ocasión de romper con todo con la música extrema del famoso grupo le pesaría a cualquier fan ibérico, de modo que la suerte estuvo a nuestro lado en cualquier aspecto.


 

Hideous Divinity


Entre tanto moshpit y locura social en el CastellHell, tener un equipo sanitario habría sido una buena opción de seguridad. La cuestión perdió su lógica cuando Hideous Divinity salió al escenario para cerrar la primera jornada del festival. Ya tuvimos la ocasión de deleitarnos con el death metal/rock técnico del grupo italiano en la gira ibérica de Nile en 2024, pero se echaba de menos mover la cabeza y los miembros al ritmo de “The Numinous One” o la célebre “Cobra Verde” que siempre clausura los shows. La presentación del último álbum, “Unextinct”, volvía a ser prioritaria, pero sin desmerecer los guiños y otros cortes de trabajos previos.

En pocas palabras, un setlist parecido (por no decir idéntico) al de Madrid como teloneros de Nile. Por supuesto, lo expresado al principio sobre un equipo médico tiene su fundamento; el cantante de Hideous Divinity, Enrico di Lorenzo, es especialista en cirugía otorrinolaringológica (¡decidlo bien sin que se trabe la lengua!). Sin duda, el mejor experto para enseñar el arte gutural en contraste a la tonalidad limpia de la capacidad laríngea.


Aún cuesta distinguir a ambos Enrico (¡una odisea para quien no conozca al grupo!) pero los roles artísticos les delatan. Siempre fiel a ser uno con el público, Hideous Divinity puso su mejor sonido a disposición de la gente que yacía tirada por el suelo o tambaleándose debido al show de Kraanium. Ejecutando un aspecto teatral que siempre da un especial interés a la función musical, Enrico se labró una merecida atención, regalando versos por doquier. A su doble vera, su tocayo guitarrista no quitaba la vista de los trastes en los temas nuevos. La precisión milimétrica a la hora de realizar los solos o un simple armónico era una delgada línea de triunfo personal. No obstante, no faltaron los gestos y muecas de favor hacia los fans, que no dejaron de aplaudirle a cada momento de paz que poco tuvo.

Stefano apenas mostraba su rostro tras la lisa melena; sólo sus manos recorriendo un bajo que expelía chispas de potencia grave mientras Edoardo seguía demostrando su excelsa habilidad adquirida como alumno aventajado de George Kollias (Nile). Sonriente en una rabia interior palpable, terminó de romper la batería mientras el resto de los compañeros hizo lo mismo con el material técnico en “Cobra Verde”, despidiendo una jornada del CastellHell sin precedentes.


Indar


El segundo día del CastellHell tuvo muchas más sorpresas de las expectativas a priori, ¡quizás demasiadas! No tiene excusa alguna que nos perdiéramos la apertura con God’s Funeral, pues reponer fuerzas tuvo un exceso de sueño en servidor. No obstante, a tiempo se llegó para presenciar la actuación del cuarteto Indar. Originario de la capital condal, la actuación del grupo acalló la boca de quien empezaba a protestar por la falta de feminismo musical. ¿Queríais mujeres dando tralla de manera singular? ¡Indar es tu grupo! Salvo por la ausencia de la baterista Nana que fue sustituida por una presencia varonil, el imponente trío de jóvenes hizo temblar los cimientos de la ciudad y alrededores. Con un estilo post/doom metal, la aparición de elementos progresivos y la clara influencia de leyendas musicales evidenció el alto grado creativo que Indar posee en sus composiciones.


Meses antes, el grupo había lanzado su debut discográfico, “Anlage”, el cual fue el centro del repertorio. La atención no se podía apartar de cada artista, pues cada chica tenía una esencia única. La voz de Sara, por mucha cólera que infundiese en las líricas, denotaba un trasfondo enigmático, cual espejo quebrado que muestra la belleza en cada trozo de cristal. La fiereza de Marta al bajo no reprimía el poder de unas melodías escuetas que Carmen se encargaba de armonizar en una guitarra de sonido suave. No se necesitaba distorsión o programación accesoria, pues Indar logró que el público se rindiese a sus pies en poco más de media hora de show. Por supuesto, decir que es un grupo a tener muy en cuenta en el futuro, ¡no os las perdáis!


Peace After Pain


El tremendo crossover de Machete Law siguió rondando en el festival con la actuación de la banda condal Peace After Pain a la mitad de la tarde, cuyos artistas ya pudimos contemplar en su incesante azogue durante el Palacio Metal Fest sevillano. ¿Nos esperaría algo diferente ahora que el grupo jugaba en casa (más o menos)? La respuesta sería que no; de Peace After Pain, ¡nos podemos esperar cualquier cosa! El show fue bastante parecido al que nos deleitaron en Andalucía, aunque ciertos hechos fueron todo un espectáculo de locura social. Hubo temas nuevos en el corto repertorio (como en todos los conciertos de crossover) y en el caso de ambos cordófonos, Mark y Oskar, se les veía muy complacidos de tocar cerca de su hogar.


Dispuestos a complacer a un público exigente que Indar se encargó de preparar para el asalto final, el cuarteto condal no vaciló en romper los esquemas sónicos en contra de su alocada actitud. Hubo moshpits a las órdenes líricas de Arnau, las melodías de Mark bailaban a su voluntad de rupturas estructurales, Oskar no quiso estarse quieto en su posición de bajista y por detrás, Kiba aprovechó la ocasión del doble bombo para marcarse un protagonismo baterista fuera de sí. Algunos fallos técnicos no consiguieron arruinar el show, pero sí pulularon a sus anchas hasta el final. Por suerte, Peace After Pain evitó la obcecación con ellos y la soltura escénica les despidió del CastellHell por todo lo alto.


Game Over


El ánimo del festival estaba en su punto álgido justo cuando arrimaba una verdadera apisonadora thrasher europea. La venida de Game Over a España era un hecho tan ansiado que cuando el grupo italiano apareció ante el público circundante, nadie estaba preparado ante lo que se avecinaba. Atronadores riffs de velocidad vertiginosa, actitud directa con un toque de divertido descaro, muy buen rollo perceptible en la distancia… Incluso la reciente llegada de Danny a la voz, en sustitución de Renato “Reno”, puso en claro que Game Over no se iba a contentar con dar un show adecuado y nada más.

Sin dejar de moverse por todo el escenario, los artistas consiguieron que su hora de actuación tuviese un significado especial para los amantes del metal/rock extremo y el old school clásico. El sonido moderno se imbuyó de una clara influencia de nombres legendarios, evidenciando el objetivo principal del grupo; ¡reivindicar el arte musical de verdad! Debido a ello, el concierto se hizo cortísimo para algunos fans; servidor también, pues demasiado disfrute había en el recinto.


El quinteto italiano quiso dar prioridad a la presentación de su último álbum, “Face the End”, al igual que unos remarcables cortes de “Hellframes”. Con una amplia discografía que se acerca a las dos décadas, no faltaron los guiños a himnos de Game Over, aunque gran parte de la atención social se la llevó el increíble despliegue de compañerismo. Sanso y Ziro comandaban los laterales, pero siempre hallaban la manera de entrelazar sus cuerdas en una habilidad solista y rítmica singular. Leonardo no dejó de aporrear su bajo en aras de incitar a los asistentes, realzando el valor de los moshpits.

De manera similar, la nitidez percusionista de Vender complementó las áreas instrumentales mientras las líricas eran comandadas por Danny en total versatilidad. No le hicieron falta guturales, sólo una portentosa rabia interior que la gente recibía cual orden de locura corporal. Las multitudes muecas y gestos ayudaron a dar un sentido de jolgorio thrasher, llegando a un éxtasis que no desapareció en el final musical. Acudiendo todos en masa a la zona de merchandising, ¡Game Over acabó triunfando en el CastellHell en mayor medida de lo que cualquiera se esperaría!


Vidres a la Sang


Después de Game Over, se agradeció algo de calma cuando el grupo condal Vidres a la Sang tomó el relevo del metal/rock nacional en el evento. Quizás muchos se fueran a cenar o tomar algo durante su actuación; ¡nada de desidia! El problema es que Vidres a la Sang es de esas bandas que puedes ver en Cataluña cada cierto tiempo, así que la gente daba un poco más fe a los grupos extranjeros. Aun así, hubo mucho público que no quiso perderse la actuación de Eloi y compañía, expresando su particular death/doom con denominación de origen condal.

Cantar en idioma nativo siempre es una especialidad que demuestra el fuerte arraigo cultural, hecho que se demostró en el cúmulo de cánticos y coros al aire. Bajo el amparo de la noche temprana, Vidres a la Sang no trató de alcanzar el listón dejado por Game Over, sino que se limitó a dar un show de calidad que hiciese honor a la extensa carrera profesional del grupo, que a punto está de llegar a los veinticinco años. Por ello, dar salida al nuevo álbum “Virtut del Desendís” eclipsó, un poco, al resto de trabajos musicales.


Eloi sigue gozando de un estado de forma envidiable, pues verle comandar las líricas en una amplia versatilidad tonal según las emociones melódicas no está al alcance de cualquiera. Fue la figura central de todo el show, incluso cuando los solos corrían a cargo de Albert o él se apartaba en un segundo plano. Sin duda, ambos forman un dúo cordófono mágico, capaz de sumir a las mentes en una espiral filosófica fácil de entender y difícil de superar. Al lado derecho de frente, Cristian deshizo su alma en que el bajo estuviese a la altura de los compañeros de filas, añadiendo una potencia extra al sonido general.

No menos corto quedó Jordi, evidenciando el arte baterista con un buen hacer digno de los mejores artistas. Una formación condal espectacular que ayudó, en base a su visión musical del mundo, a dispersar la insanidad social recluida de los shows previos. De este modo, Vidres a la Sang reinició el festival para dar inicio a la última parte de tres conciertos que iban a romper las estadísticas del mejor metal/rock posible en la noche tardía.


Avulsed


No es una crítica negativa (o así queremos que se entienda) pero algo de hartura hay de los múltiples cambios recientes en Avulsed cada dos por tres. Una banda tan importante en la escena del metal/rock y que ha sido el gran referente del underground lleva un tiempo que no encuentra la estabilidad en la formación (¡ahora parece que sí!). Dentro de lo bueno en la remodelación grupal, se halla ese nuevo “Phoenix Cryptobiosis” que tantas críticas positivas ha recabado, incluida la de propio servidor. Después de la debacle y deserción de algunos miembros, tocaba ver cómo funcionaba la maquinaria que Dave Rotten había reunido.

Por suerte para los fans y el público general, el cantante pudo encontrar unos compañeros brutales que llevan dando todo lo mejor de sí (¡o más!) desde hace poco, al igual que en el show del CastellHell. Aparte de Dave Rotten y su reconocible tono gutural que no deja de sorprender conforme pasa el tiempo, hubo dos protagonistas que se llevaron gran parte del interés social, así como la admiración musical. La doble guitarra de Alex Lobo y Mike al bajo, quien venía en sustitución de los compromisos de Alek, provocaron un aluvión de pasmo al verlos tocar en una facilidad técnica sorprendente. ¡Eso sí que es fidelidad al metal/rock extremo de verdad!


Algo sí podemos reprochar a Dave Rotten (¡y derecho hay de hacerlo!). Con una hora de actuación, un reciente álbum exitoso y un tremendo historial de himnos en el death metal/rock, ¿eran necesarias las charlas del cantante que rozaban una pérdida de tiempo considerable en calidad de más temas a tocar? No lo eran, pero sí el teatro sangriento y desglose pintoresco de la sangre por los músicos. Está claro que Avulsed no sale de su temática putrefacta, lo cual es todo un hito de libertad de expresión en estos tiempos (“Breaking Hymens” no parece afectar a las nuevas corrientes sociales de Igualdad…).

Así es como se vivió el show, enseñando lo que es la brutalidad sonora sin grietas y una base sólida de percusión cimentada en la llegada del joven Julián (¿Qué pasó con GoG, Dave?) que se ganó un reconocido mérito tanto en la ejecución baterista como el aprendizaje de las canciones en un periodo muy corto. Alex Lobo enseñó que una guitarra de doble mástil no es un problema para él; ¡sólo le queda utilizar los dedos de los pies también! Fue toda una revelación musical en directo, al igual que la Víctor, cuya cordofonía tampoco faltó a la fiesta de Avulsed. Nadie puede menospreciar el poder de la banda en la actualidad, y si la permanencia de los miembros queda intacta, Avulsed seguirá engrandeciendo la historia del metal/rock nacional (¡como siempre ha hecho y así seguirá!).


Master


Tocaba el momento de regañar al público del CastellHell (¡mucho, la verdad!) porque cuando una leyenda mundial viene en calidad de cabeza de cartel, lo único que se pide es darles el respeto que se merece y atender a su show sin excusas. Celebrando sus cuarenta años desde la fundación en Chicago, Master es un digno referente del death metal/rock que aún lleva el old school por bandera (¡nadie se la quita!) Paul ya peina canas en el pelo y la barba, y aún así, es un bajista de la talla de Lemmy (Motorhead). ¿Una comparación exagerada, quizás? Para lo que se presenció en el festival, ¡volvemos a reivindicar lo dicho!

Mientras parte de la gente daba la espalda al show de Master, los fans más devotos del metal/rock extremo no quitamos la vista de un trío que nos puso a tono en un despliegue sonoro tan clásico que casi nos hizo retroceder en el tiempo. Nos hubiera gustado ver un repertorio variado de la genial discografía disponible, pero con el aniversario por delante, lo importante era enseñar cómo la muerte inspiraba a los primeros proyectos radicales yanquis en los ochenta y los noventa.


Loable era ver cómo Master daba un espectáculo increíble a la vez que los asistentes (no todos) no prestaban mucho interés (¡ellos a lo suyo y la banda, lo mismo!) Ese espíritu de indiferencia es lo que hace que una leyenda sea lo que es. Aquí no importan los gustos o la preferencia; más bien, hacer música extrema en plena discordancia de las opiniones. Ahí radicó el éxito de Master en el CastellHell, donde los tres artistas se dedicaron a hacer lo que mejor saben sin dar explicaciones ni suplicar un poquito de atención (¡como otros harían!). Paul se pateó el escenario por los micrófonos, expeliendo su desarraigada voz mientras sacaba unas notas graves del bajo tan perfectas cual maestro cordófono. Estar a las puertas de la jubilación no es un impedimento cuando se trata de mostrar una actitud desafiante y repleta de agresividad, a pesar de la relativa calma que se le veía en directo.

El dominio de la guitarra estuvo a cargo de Alex, compañero inseparable de Paul que mostró un clásico sonido de guitarra crudo y pesado. Se conocía las canciones como su propia familia, siendo un valor añadido de excelencia al show. Por detrás, Ruston resquebrajó la batería, más en especial, el doble bombo. No hubo baquetas intactas al terminar el concierto, pues hasta él se tambaleó un poco en la escueta despedida de Master del escenario. Dio mucho de sí, ¡al igual que el resto! A pesar de la actuación, casi nadie se acercó al puesto de Master, donde Paul estuvo a disposición de los presentes. No fue el caso de servidor, quien sí tuvo unas gratas palabras con él y, de regalo, un parche del grupo que se necesitaba, con urgencia, ¡en la bata médica!


Suicidal Angels


Ya que la gente no estuvo muy atenta a Master, el error se corrigió en el último show del CastellHell, pues la thrashería helénica de Suicidal Angels es motivo de desenfreno total. Con la triste notica de la salida del guitarrista Gus, su relevo fue a cargo de Stamatis (Shadowmass), un loquillo a la guitarrista solista que se marcó un festín de halagos durante el concierto. Empezando por el principio, Suicidal Angels jamás defrauda en sus shows, ya sea rompiendo al público en mil pedazos, expeliendo un sonido afilado cuales espadas Schiavonas o ejecutando temas tan míticos como “Bloodbath” o “Apokathilosis”.

El último disco, “Profane Prayer”, no acaparó el foco del setlist (¡menos mal!), pues hubo una repartición selecta de temas que terminó de extenuar a los presentes. Ante una fuerte iluminación e intensa selección cromática de tenue luz blanca, el fundador Nick y compañía no vacilaron en ofrecer la versión más bestia de Suicidal Angels contemplada, después de la pandemia, en España. Su concierto en el CastellHell era una fecha exclusiva en el territorio ibérico, así que más motivo había para estar allí. Lo malo fue la brevedad del tiempo disponible, pues una hora de inmenso thrash metal/rock europeo no dio tiempo a que el cuello se quebrase entero.


Podrán pasar los años o las décadas; Suicidal Angels jamás caerá en la adversidad biológica o sucumbirá a las enfermedades. Después de casi veinticinco años, Nick continúa siendo una máquina implacable de crear riffs veloces e intrincados. Las facilidades no son lo suyo, menos viendo cómo se manejaba a la hora de machacar la guitarra sin sufrir en la dualidad de cantar a la vez. Como tío que impone las reglas thrashers, se obedecieron los moshpits a sus órdenes mientras él se unía a la algarabía en un headbanging intenso. Como buen loquillo que no dejaba de sonreír y gozar a lo grande, Stamatis expelió su arte cordófono en total plenitud, regalando unos solos increíbles que se corearon al unísono, como el caso de “When the Lions Die”. Fue el artífice de la emoción social cuando los clásicos acudieron a la llamada del show, sin olvidar la base del rudo Aggelos.

Sosteniendo su bajo en una fuerza muscular contenida, rasgueó las gruesas cuerdas en un pulso mutuo contra el público. No estuvo desamparado en la solidez estructural, ya que no faltó la destreza baterista de Orpheas. Entre mucho doble bombo y el kit percusionista, los platillos se hicieron innecesarios con motivo de provocar una aguerrida pelea social. Nadie se salvó del enérgico show de Suicidal Angels, donde el nítido sonido no sufrió debacle alguna y se pudieron distinguir los temas sin problema. Algo de compresión sí se notó, pero nada importante que impidiese que el CastellHell cerrase su octava edición entre vítores, aplausos, ovaciones y un sentimiento de metal/rock en éxtasis del cual muchos se arrepentirán de haber ido (¡por las razones que sean!).


Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S.

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