Todo aquel que en los noventa disfrutó de las noches de locales como el 666 y el mítico Heaven, el sábado 12 de septiembre tenía una cita ineludible en Madrid con los sonidos electrónicos de la ola más oscura del underground musical.
Siva Six.
La velada arrancó con la energía desbordante de la formación ateniense Siva Six, un proyecto liderado por George Z (ex-Septicflesh) que saltó al escenario con la misión de encender los ánimos y transformar la atmósfera desde el primer instante en una experiencia inmersiva y perturbadora. Enmarcados en la vertiente más oscura e industrial de la escena europea, los griegos desplegaron un sonido fundamentado en secuencias electrónicas envolventes, que retumbaron con fuerza sobre la sala. Su vocalista y cerebro creativo dominó el centro de la escena con una presencia imponente y teatral, ejerciendo de maestro de ceremonias de un ritual oscuro que incluyó temas tan contundentes como “Alpha”, “Omega”, “Superstition”, y “See the Six”. La interpretación vocal, cargada de agresividad, distorsión y un dramatismo rasgado, actuó como la punta de lanza de un espectáculo que no buscó la comodidad del espectador, sino sumergirlo por completo en un universo opresivo pero hipnótico.
Siva Six demostró sobre el escenario madrileño por qué es una de las bandas más respetadas del circuito electro-industrial mediterráneo tras años de rodaje internacional. La interacción del grupo con las primeras filas fue constante, a pesar de la poca gente que en un principio se concentró en la sala Nazca, aprovechando al máximo los juegos de luces estroboscópicas y las brumas para enfatizar el carácter siniestro de su propuesta, haciendo que la transición entre la frialdad sintética de los sintetizadores fluyera de forma normal y corriente, sin perder la fuerza en la interpretación. Hacia el final de su actuación, los primeros acordes de “Blade Runner (Stardust)”, desataron una euforia que se mantendría durante el resto de la noche. Su papel como teloneros resultó impecable y un acierto rotundo.
Das Ich.
El legendario grupo alemán Das Ich desembarcó en el escenario de Madrid como lo que son, auténticos arquitectos pioneros de la Neue Deutsche Todeskunst y referentes absolutos de la música gótica e industrial a nivel mundial. Desde el segundo en que las luces se atenuaron y las primeras notas de sus sobrecogedoras orquestaciones sintéticas empezaron a sonar, la atmósfera de la sala se transformó por completo en un teatro de sombras, misticismo y vanguardia sonora que dejó sin aliento a todos los presentes. Stefan Ackermann irrumpió en escena luciendo su inconfundible caracterización, encarnando a ese personaje maquiavélico y perturbador que lo ha definido durante décadas mientras interpretaban piezas de su afilado repertorio como “Kannibale”. A su lado, Bruno Kramm manejó los teclados, controladores y la arquitectura sonora desde su icónico estandarte con una sobriedad magistral, dirigiendo los cimientos de un espectáculo que funcionó tanto como una lección magistral de historia de la música electrónica oscura como una demostración de vigencia artística incontestable. Una presencia escénica de la banda simplemente hipnótica, que devoró cada centímetro del escenario repleta de movimientos espasmódicos, miradas desafiantes a la gente y una mímica grotesca y expresiva que convirtió la actuación en un espectáculo teatral .
Vocalmente, demostraron conservar una potencia impresionante, capaz de alternar con soltura entre declamaciones dramáticas de aire operístico, susurros cargados de veneno y guturales rasgados que atravesaron la mezcla instrumental con absoluta claridad en cortes tan celebrados como “Schwarzer Stern”, o clásicos como “Destillat”, y “Gottes Tod”, que convirtieron la pista de la sala Nazca, en un improvisado salón de baile donde la oscuridad era la temática principal. La compenetración entra cada uno de sus miembros fue perfecta, fruto de más de tres décadas de actividad sobre los escenarios de todo el planeta. El concierto se consolidó así como un despliegue total de arte multidisciplinar donde la música, la luz y la expresión corporal se fundieron para ofrecer un ritual inolvidables, que llevaron al público desde el trance hasta la euforia colectiva. Tras décadas liderando la vanguardia de la música alternativa germana, Das Ich reafirmó su condición de genios absolutos del género con una actuación rotunda, carismática y repleta de pasión que dejó claro que su propuesta sigue siendo tan rompedora, y provocadora.
Fotografía y Crónica de Geles M.R.
















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