Aquel jueves iba a estallar Madrid con la llegada de Alter Bridge después de tanto tiempo; ¡vaya que sí! Sin embargo, un aura mística muy oscura, la cual envolvía los alrededores del barrio de Embajadores y Lavapiés, también captó la atención del público más heavy de la capital nacional. La gran mayoría de la gente abarrotó el Palacio de Vistalegre con motivo de la llegada de Myles Kennedy y compañía, pero la cantautora británica A.A. Williams consiguió arrebatar, un poco, el frenetismo social por la música extrema en la Sala Villanos (¡la antigua Caracol!)
Asidua de tierras ibéricas siempre que se le presenta la oportunidad, A.A. Williams es un símbolo artístico del lado más esotérico de la música. Alter Bridge es un éxito seguro de masas, pero volver a disfrutar de una experiencia extrasensorial con una música de estética post/death gospel era algo que nos atraía mucho a Metaltrip. Nuestro eterno viaje hacia los descubrimientos y afianzamientos de bandas y grupos no sólo incluye grandes nombres, sino también dar voz, escucha y visión al mundo del metal/rock. Por ello, la cobertura y disfrute en directo de A.A. Williams se convirtió en una cita ineludible que se gozó en todo momento.
Spotlights
La Sala Villanos se fue llenando, poco a poco, durante la actuación de la banda telonera, el grupo neoyorquino Spotlights. Conformado por la pareja Quintero, Mario y Sarah, junto al baterista Chris Enriquez, Spotlights avivó las llamas de la oscuridad con una genial puesta en escena tenue y cargada de una atmósfera suave pero pendenciera a la vez. Siendo precedentes de la artista británica, se marcaron un buen concierto donde la musicalidad era el contraste de la actitud escénica. El estilo poseía una amplia fusión de géneros donde lo inesperado era una clave de sorpresa continua. La pareja Quintero, adalides de la cordofonía, supieron dar una imagen de confort que el público acogió entre vítores y fervoroso apoyo. Aunque una hora de actuación se hizo algo corta para los asistentes, no se puede negar la consistencia e intensidad del trío americano, que no dudó en sacar lo mejor de su arsenal disponible y debut en Madrid a lo grande, lo cual se evidenció, en alto grado, por el sonido técnico utilizado.
Mario era un cúmulo inaudito de emociones espontáneas sin sentido aparente. Podía susurrar bellos versos por el micrófono que, de repente, su guitarra expelía ritmos sólidos de brutal sonido con motivo de cambiarle el gesto por completo. Más sosegada y encargada de la gracilidad lírica, Sarah llevó sus dotes bajistas por encima de las expectativas, repercutiendo en una visualización especial sobre cómo dominar los graves a la perfección. Arraigado a la esquina, Chris ejecutó su rol percusionista sin altibajos, atento siempre a la dinámica musical mientras mantenía la estructura de base sin fisuras. Con una amplia discografía que abarca más de cinco discos y múltiples EPs, la única contradicción a remarcar fue la mayoría de temas que se interpretaron del álbum “Tidals” con motivo del décimo aniversario. Cinco temas de siete no fue una decisión del todo acertada, aunque acabar el show con el dúo de “Algorithmic” y “Sunset Burial”, del último trabajo en estudio, se convirtió en un regalo que despidió a Spotlights con una mirada puesta en un asegurado regreso a España en el futuro.
Setlist
- Walls
- The Grower
- Hoven
- To the End
- Joseph
- Algorithmic
- Sunset Burial
A.A. Williams
Hablar de A.A. Williams es un sinónimo de un arduo trabajo introspectivo. Cómo la cantautora ve el mundo, según sus sentidos, y expresarlo a través de su arte musical es un concepto que nadie podría comprender. Esas mismas sensaciones se vivieron con su show en Madrid junto a Kalandra y Lys Morke en 2023. Esta vez, A.A. Williams venía mucho más preparada y dispuesta a dar un show perfecto sin quedarse a la sombra de la grandeza de Alter Bridge en simultaneidad. Los dos primeros álbumes, lanzados en plena pandemia de la Covid19, le valieron un éxito garantizado ante una desolación mundial donde ella arrojaba esperanza a través de la emotividad que transmiten sus canciones. Cuando llegó “As the Moon Rests”, la británica se había convertido en guía de quienes tratan de entender el sentido de la vida por medio de un viaje irreal con íntimas influencias personales de A.A. Williams.
Muy introvertida y mujer de pocas palabras ante la audiencia, A.A. Williams no necesita ser de estética grandilocuente. Es decir, ella es una artista sencilla que, dentro de la complejidad biopsicosocial que rodea al ser humano, trata de arrojar esperanza a través de hechos irrefutables. La muerte está ahí; intenta ser optimista cuando llegue el momento… Incluso en la mayor enfermedad, siempre hay una salida después del sufrimiento… Esos mensajes y otros parecidos es lo que se expresó en directo cada vez que A.A. Williams entonaba sus dulces cantos bajo una imagen heavy y casi siniestra. Quizás no sea del agrado de todo el mundo, o la tilden de aburrida y tediosa… Excusas para no entender, o al menos percibir, un atisbo de empatía hacia la artista, que se dejó el corazón y el alma ante los asistentes del evento.
Sin apenas iluminación que no fuera el especial uso de la cromática circundante en función de las necesidades psicológicas, A.A. Williams se desveló con la apertura de “Golden”. Con sus diferentes guitarras eléctricas y una actitud férrea sin margen al error, la artista ejecutó temas de toda su discografía, incluyendo temas nuevos, como “Just a Shadow” o “Wolves”, cuyo videoclip salió hace poco días a través de Reigning Phoenix. Dentro de la desesperación musical que se desgranaba en los diversos ritmos y melodías de distorsión alternante, su voz era el toque sereno que incitaba a la filosofía espiritual. Su rostro apenas poseía muecas o gestos de satisfacción, más bien, irradiaba una concentración absoluta; no en evitar los fallos interpretativos, sino en el empeño de que la gente abriese la mente al show.
A.A. Williams no estaba sola en la tarea musical, ya que la ambientación y apoyo de sus dos compañeros era una ayuda más que considerable. Arraigado al hueco izquierdo en su rol percusionista, Wayne daba unos redobles tan finos que las baquetas apenas tenían rasguños. Seguro de sí mismo y utilizando una amplia gama de accesorios, cimentó la base estructural sin apenas esfuerzo. Al otro lado y manteniendo una versatilidad inaudita, Matt sostenía el adorno de los temas con sus dotes técnicas a la guitarra y ejecutando algunas piezas de teclado que daban una mayor sensación de ambientación ecléctica. Ambos disfrutaban del show, al igual que el público, el cual no perdía ni un ápice de atención al frente. Nadie se atrevía a beber de sus recipientes, o girar la cabeza para estornudar (¡hasta toser pudo haber sido una distracción imperdonable!).
Los cambios iluminativos, sin quitar mérito al tremendo sonido limpio y puro de los instrumentos, fueron cruciales a la hora de contemplar la hipnosis musical de A.A. Williams. Una sola palabra suya, aunque fuera un simple “¡gracias!” era motivo de un estallido de aplausos y loas hacia la cantautora, quien ya se sentía algo afligida cuando comenzó el dúo de “For Nothing” y “Melt”. De nuevo, su congoja no era de ir terminando el show, sino un oxímoron de felicidad inmensa por haber conseguido que la gente, ya fueran centenas o decenas, hubiesen dedicado tiempo a ella y entendiesen (¡más o menos!) el sentido de sus canciones. A pesar de su semblante perenne y carente de expresiones faciales, por dentro era un cúmulo de satisfacción que no pudo reprimir para mostrar más allá del recinto. Por ello, cerrar con la célebre “Evaporate” supuso un adiós muy relativo, porque nadie vacila en afirmar que A.A. Williams volverá a España muy pronto. Por ejemplo, en el festival gallego del Resurrection Fest, ¡así que animaros a ir!
Setlist
- Golden
- Just a Shadow
- Splinter
- Love and Pain
- Wolves
- Glimmer
- Dirt
- Pristine
- As the Moon Rests
- For Nothing
- Melt
- Evaporate
Fotografía y Crónica de A. Wesker V.S.














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