El pasado fin de semana, la madrileña Sala Nazca se transformó de un espacio musical, a convertirse, metafóricamente , en una taberna irlandesa, donde los clásicos sonidos de la música celta lo inundaría todo. Ya minutos antes de la apertura de puertas, se sentía el ambiente, y las ganas, de pasarlo bien. Los grandes culpables eran The Rumjacks, la icónica banda de celtic punk nacida en Sídney, Australia, en 2008. Tras forjarse un nombre en los circuitos internacionales gracias a himnos virales como «An Irish Pub Song«, y mudar su base de operaciones a Europa. Su fórmula, una perfecta fusión entre la crudeza del punk rock, y las raíces del folklore tradicional de arcodeón y mandolinas, era el ingrediente idóneo para prender la mecha. Fue una cita memorable donde la tradición se vistió de cuero, y el inconformismo se hizo melodía, dejando claro que el espíritu del rock más asilvestrado sigue latiendo con fuerza en el corazón de la capital.
Reina Roja
Pero antes le tocaría el turno al punk rock celta de Reina Roja, una formación que demostró que la música es, ante todo, un vehículo de transformación, conciencia y denuncia social. Con un despliegue sonoro vibrante, su tiempo de actuación transitó con asombrosa fluidez entre el punk más combativo, la crudeza instrumental del rock, sostenida por el sonido de guitarras, violín, la flauta, y el banjo. El dinamismo contagioso de los ritmos ska de la banda madrileña, no tardó en conectar con un público ávido de emociones fuertes. Las letras de cada canción que escucháramos esa noche, se convirtió en el grito de la calle, donde el inconfundible y evocador aroma a música celta tradicional, nos transportaría, a batallas épicas de la lucha social. Sin embargo, lejos de quedarse en un mero ejercicio de nostalgia estética, Reina Roja utilizó toda esta riqueza musical como una poderosa plataforma para armar canciones con un profundo calado e impacto crítico, diseñadas explícitamente para denunciar los prejuicios arraigados, y los dolorosos dramas sociales que asolan nuestra realidad contemporánea. La actuación se convirtió en un grito unánime de rebelión, una acción puramente anarquista y cargada de un inconformismo visceral, frente al asfixiante clima de corrupción e injusticia que rodea la actualidad de nuestros días, haciendo que temas icónicos como «Brujas de la noche«, «Johnny que ha pasado«, «Crines de fuego» o la contundente clausura con «Lo Que Nunca Fuimos» sonaran con fuerza. Esta combativa actitud sobre las tablas desató una respuesta inmediata en el público de la Sala Nazca, el cual se sumergió desde el principio en una comunión total con la propuesta de la banda, deshaciendo cualquier formalismo, para entregarse por completo a bailes desenfrenados y pogos espontáneos, que inundaron de energía pura cada rincón de la pista.
Set Reina Roja
1. Banshee
2. Fiesta
3. Brujas de la Noche
4. Camino de Vuelta
5. Johnny
6. Tensión
7. Nadie Murió Hoy
8. Solo Nos Queda Vencer
9. Crines de Fuego
10. Incendio Programado
11. Barriles de Revolución
12. Lo Que Nunca Fuimos
The Rumjacks
Tras un velo de oscuridad, por fin aparecen en el escenario de The Rumjacks, en medio de vítores de aclamación por parte del público de Madrid. La banda australiana salió dispuesta a defender su estatus como uno de los máximos exponentes del folk punk a nivel internacional, a través de un directo demoledor. Desde el instante en que hicieron suyos los micrófonos de la Sala Nazca, sus característicos sonidos celtas —que parecían recién servidos del grifo de la taberna irlandesa más auténtica— envolvieron el recinto, garantizando una fiesta absoluta donde el aburrimiento no tenía cabida posible. El público madrileño, completamente dominado por el sonido del grupo, respondió de manera unánime y literal a la propuesta escénica de los de Sídney. Los acordes de las guitarras y el silbato irlandés se entrelazaron con el sudor y la adrenalina de las primeras filas, desatando los primeros pogos de la noche. Nadie quería quedarse fuera de una fiesta, que transformó la pista de baile en un auténtico torbellino de saltos.
La gente empezó a volar por los aires, y sin parar de saltar, no paraban de cantar cada una de las canciones, e intercambiar empujones en pogos multitudinarios. La magistral interpretación de himnos como «Sainted millions«, funcionó como la dinamita definitiva que hizo que la sala explotara en un estallido de felicidad compartida por todos, provocando que cientos de gargantas unidas, cantaran a pleno pulmón cada una de sus letras. Clásicos absolutos de su repertorio como «Come Hell or High Water«, «Kirkintilloch«, «Fistful» o la rítmica «Smash them bottles» se sucedieron como auténticas ráfagas de artillería festiva, convirtiendo el centro de la pista en un torbellino constante de energía, donde el público se entregaban al desenfreno sin pensar en el cansancio. La unión instrumental del grupo, y su cercanía con la masa allí congregada, no hicieron más que avivar una llama que ya ardía con fuerza desde los primeros acordes, consolidando el camino hacia una actuación perfecta.
Un extenso repertorio, donde también hubo momentos más pausados como la emotiva y rítmica «An Irish goodbye on st Valentine’s Day«, que añadieron un momento de calma sumamente necesario. Un tema, lleno de matices acústicos y folclóricos tradicionales bien equilibrados, que sirvió de bálsamo reconfortante, y que ayudó al público a recuperar las energías, al menos por un instante, de cara a los momentos finales del concierto. Otros temas de los temas que destacaron con luz propia, fue la grandiosidad instrumental de «Across the Water«, y la mística combativa de «Hestia«, piezas que volvieron a encender instantáneamente la mecha de la pasión colectiva, y el movimiento de la gente. Muchos pudimos sentir que no queríamos que acabara su actuación, pero aun quedaba cerrar la noche por todo lo alto, y The Rumjacks optó terminar, con la emblemática y festiva «I’ll Tell Me Ma«, logrando que toda la Sala Nazca se fundiera de nuevo en un gigantesco, brutal y colosal pogo final. La mítica canción folclórica acelerada al extremo, unió a músicos y espectadores en un último baile, una apoteósica celebración que clausuró la noche en el punto más alto posible, dejando los cuerpos exhaustos, pero las almas completamente renovadas.
Fue, en definitiva, una gran fiesta, donde The Rumjacks convirtió la noche madrileña, en un brindis a la hermandad, entre hermanos de una misma música.
Set The Rumjacks
1. Come Hell or High Water
2. Kirkintilloch
3. A Fistful O’ Roses
4. Smash them bottles
5. Bullhead
6. Through these iron sights
7. Sainted millions
8. Father’s Fight
9. An Irish Pub Song
10. Lizzie Borden
11. Rhythm of her Name
12. A Irish goodbye on st Valentine’s Day
13. Across the Water
14. Hestia
15. Light In My Shadow
16. Goodnight & Make Mends
17. I’ll Tell Me Ma
Fotografía y Crónica de Geles M.R.




















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