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Crónica: ¡Extremusika 2026: 1º Día «¡Jornada inaugural marcada por el triunfo de bandas con leyenda!»
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Crónica: ¡Extremusika 2026: 1º Día «¡Jornada inaugural marcada por el triunfo de bandas con leyenda!»

26/05/2026 0 Comments
2 meses atrás
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El festival Extremusika 2026 ha vuelto a confirmar su posición como el epicentro absoluto del rock, el punk y los sonidos alternativos y urbanos, transformando una vez más el Recinto Hípico de Cáceres en un hervidero de cultura, convivencia y conexión generacional. Desde la apertura de puertas el jueves 30 de abril, hasta el 2 de junio, la atmósfera se cargó de una electricidad especial; miles de asistentes se congregaron desafiando el calor inicial para celebrar la diversidad de un cartel que ha sabido equilibrar la nostalgia de las leyendas vivas con la frescura de las bandas emergentes, que están redefiniendo el panorama nacional.

En cuanto a la organización, a pesar de unos primeros problemas de descoordinación inicial, que rápidamente fueron resueltos, el balance del resto de los días fue inmejorable. Donde destacó especialmente la gestión de accesos y la movilidad, así como el eficiente servicio de autobuses, y las facilidades de transporte hasta el recinto, desde la localidad de Cáceres, sobretodo a altas horas de la madrugada, lo que garantizó un regreso cómodo a nuestros respectivos alojamientos, que supuso un verdadero alivio para muchos de los asistentes. Estos detalles logísticos permitieron que la música fuera la única y verdadera protagonista, fluyendo de manera impecable, entre tres escenarios, Mr. Porky, Doña Cigüeña y Bellota, donde la entrega de los artistas fue absoluta.

No se trata solo de una sucesión de conciertos, sino de un ritual anual donde la tierra extremeña se reivindica como un espacio de libertad. Un ecosistema único donde los versos de los poetas del rock urbano se mezclan con los riffs del metal, y la irreverencia del punk. Extremusika 2026 no solo ha sobrevivido a las expectativas, sino que las ha superado, consolidándose como un testimonio vivo de resistencia cultural y demostrando que el rock sigue teniendo un pulso firme y una voz crítica. Un público fiel que encuentra en este festival, durante tres días de intensidad ininterrumpida, su verdadero hogar. Pero ahora echemos una mirada hacia atrás, y hablemos de lo que vivimos, y lo más importante, de su música.

La primera jornada inaugural del 30 de abril, las puertas del festival se abrirían de par en par para dar comienzo a una edición inolvidable, donde los primeros acordes y la energía del directo, marcaron el ritmo de lo que estaba por venir, donde el día, en lo personal, estuvo marcado por la nostalgia de los grandes nombres.

Dianna Keys

La encargada de bautizar uno de los escenarios principales, fue Dianna Keys, una prometedora cantante afincada entre Mallorca y Extremadura, y con un disco debut «Eternal Loving«, en su reciente historia. Una actuación que trajo consigo un pedazo del desierto americano, a través de una propuesta, que navegó con maestría entre el hard rock, el soul y el blues más visceral, fusionado por el sonido del violín, cuya presencia aportó una profundidad casi mística a las canciones. Temas como «She Wolf» e «In Flames«, la voz de Dianna, mostraría toda una versatilidad prodigiosa, capaz de pasar del susurro, al rugido más potente. Una actuación que consiguió que las primeras horas del festival, fueran un viaje sensorial de alta factura técnica. Una destreza instrumental que quedó fuera de toda duda con los acordes de «Anxiety«, cuando el guitarrista solista, poseído por el alma de Steve Vai, se apoderó del escenario para ejecutar un solo que sirvió de puente a los temas finales. Otro de los momentos a destacar, fue el giro estilístico que se produjo con «I Hold me Down now«, que nos hizo viajar desde las llanuras de Arizona, hasta los ritmos celtas y armónicos propios de la Irlanda más mística. Sin duda fuimos testigos, de una actuación, que ni el calor inicial impidió, que el público acabara bailando al ritmo de esta explosión de sonidos, que sirvió de un inmejorable inicio de festival.


Gato Ventura

Con un inicio a toda velocidad, irrumpiría en escena Gato Ventura, con la urgencia de quien tiene un mensaje que no puede esperar, desplegando un rock callejero en fusión con la mejor tradición del rock andaluz. Desde los primeros compases, el músico cordobés, demostraría una energía contagiosa, encadenando temas, como «¿Donde estarán tus pies?«, y la vibrante «Soltaré«, una canción donde las raíces flamencas se abrazan con distorsiones eléctricas, para crear un sonido, tal y como el lo definió, que formaba parte de su ADN familiar, pues resulta que su padre es el mítico guitarrista de Medina Azahara, Paco Ventura. Lo que más destacaría de su actuación fue la energía envidiable de toda la banda, defendiendo ese rock combativo, y con raíces, que busca la complicidad de la calle, y que en el festival encontró un suelo fértil donde germinar con fuerza. La actuación de Gato Ventura, estuvo llena de sonidos que añadió al ambiente, aromas de extremo positivismo, y ganas de pasarlo bien. Arrancándose a capella a ofrecer una particular versión del clásico de Joselito, «Campanera«. Para momentos después invitar al escenario a Dianna Keys, a cantarse a dúo el mítico tema de «La Llorona«, y con el público del Extremusika haciendo los coros. Gato Ventura cerró su paso por el Festival dejando el listón muy alto, despidiéndose con “Rojo oscuro”, y otra vez demostrando esa vena andaluza, confirmando el gran compositor que es. Con el eco de su guitarra, y sus letras, demostraron que el sonido del flamenco, sigue siendo un motor inagotable para rock.


Rebote

La presencia de Iñaki «Uoho» Antón en el cartel no era simplemente la de un músico más, sino la de una leyenda viva cuya arquitectura sonora ha definido de manera imborrable el rock español de las últimas cuatro décadas, a través de bandas fundamentales como Platero y Tú y Extremoduro. Con Rebote, Uoho ha conseguido algo extremadamente difícil en la industria actual: sonar fresco y completamente renovado, sin renunciar a ese timbre de guitarra, tan característico que ya es patrimonio cultural de nuestra música. Apoyándose en una banda de grandes músicos, como, Miguel Colino en el bajo, José Ignacio Cantera en la batería, Jaime Tejedor en la guitarra, Íñigo López en el piano, y Jaime Moreno en la voz y guitarra, conocido también por ser la voz de The Electry Alley. Un concierto que se convirtió desde los primeros compases, en una auténtica lección magistral del rock and roll puro, donde la elegancia, y la melancolía del blues, se mezcló a la perfección con la garra más indómita del rock callejero. La complicidad que se respiraba sobre el escenario demostró que este proyecto no es un mero capricho, sino una banda con mayúsculas. Con una demoledora base rítmica curtida en mil batallas, donde además los teclados aportaron una textura clásica, que recordaba a las grandes bandas de los setenta, junto a la voz enérgica de Jaime Moreno, que encajó como un guante en las complejas composiciones. Ver a Uoho dirigir este engranaje con su habitual presencia escénica, recordó al público, por qué es considerado el gran productor y arreglista del rock estatal. Cada solo de guitarra fue recibido con ovaciones, confirmando que su talento sigue intacto y, que la veteranía de los años, cuando se junta con el el virtuosismo de grandes músicos, es un espectáculo imbatible.


Su setlist fue un equilibrio perfecto entre el presente de la banda y los guiños necesarios a una trayectoria legendaria, que el público cacereño recibió con una nostalgia vibrante, pero nunca melancólica, celebrando cada nota como si fuera la primera vez. La actuación en el festival Extremusika despertó la memoria de aquellos años de los noventa, entrelazando temas de su actual etapa, con clásicos inolvidables, todo ello mientras en el horizonte del campo extremeño, se iba acercando el atardecer del día. Resultó especialmente emocionante escuchar el estreno del tema «Yo no sé quién te engañó, solo quiero rock and roll«, un tema que nos transportó de inmediato, al sonido más puro de Platero y Tú, demostrando, que la capacidad innata de Uoho para fabricar inolvidables riffs, sigue intacta, y más después de tantos años de carrera musical sobre los escenarios de todo el país. Así llegamos al momento, en el que las luces del festival comenzaron a fundirse con los últimos rayos de sol, creando una atmósfera mística que encajaba perfectamente, con la intensa carga emocional del concierto. Aquella actuación no solo fue un regalo para los más fieles seguidores del artista, sino una demostración de la calidad artística de sus composiciones, con la mirada puesta en el futuro. Esa transición entre la crudeza urbana de sus primeros años y otras más elaboradas de su presente, fluyó de manera natural, evidenciando un hilo conductor imborrable: la honestidad de la que Uoho, hace gala. Las miles de gargantas allí reunidas demostraron que ese rock de transgresivo no entiende de modas pasajeras, y que las canciones cocinadas a fuego lento son las únicas capaces de resistir el paso del tiempo de una forma tan digna.


El clímax de la actuación llegó cuando Rebote decidió bucear de lleno en el cancionero de Extremoduro, para interpretar piezas inmortales como «El camino de las utopías«, un momento cumbre, donde el público se transformó en un solo coro, que abrazó, metafóricamente, la figura de Uoho, y transformó la actuación, por unos minutos, en un sincero homenaje a Robe Iniesta. Pero el rock seguiría, y con temas como «Yo no estoy enfermo«, la banda cerró una actuación impecable que cuidó cada detalle sonoro para estar a la altura del mito. Al terminar, la sensación generalizada entre todos la gente, era la de haber presenciado una clase de historia viva del rock patrio, impartida magistralmente por alguien que, a pesar de haberlo ganado absolutamente todo en la música, sigue defendiendo su lugar en el escenario con la misma humildad, y la fuerza arrolladora de los más grandes. Tras el final de la actuación, pude ver las caras de satisfacción, de unos músicos que lo habían dejado todo sobre el asfalto. El público, visiblemente emocionado, despidió a la banda entre aplausos, conscientes de haber sido testigos de un concierto que tardará mucho tiempo en borrarse de la memoria colectiva. Esta parada en Cáceres no hace más que revalidar que la leyenda del guitarrista no se alimenta de recuerdos metidos en un cajón, sino de la la firme convicción de que el rock and roll sigue siendo el mejor refugio posible ante una sociedad que cada día va mas rápida.


Pedro Pastor

Pedro Pastor, y su banda Los Locos Descalzos, trajeron al Extremusika su propuesta de canción de autor, expandida hacia sonidos del mundo, mezclándolo con el folk y el funk. Demostrando que las canciones con mensaje, no están reñidas con el ritmo. Con melodías cercanas a las de una Big Band, Pedro Pastor consiguió crear un espacio de reflexión, y baile a partes iguales, interpretando temas como «Soy Escorpiano«, que sonaron con fuerza, apoyado también en una letra llena de rica ironía. Su actuación fue un oasis musical enmedio de los sonidos más eléctricos, que hasta ese momento era el predominante, creando una atmósfera íntima entre público y cantante, donde la percusión y los vientos jugaron un papel fundamental, para elevar un discurso que sigue la estela de su padre, Luis Pastor, pero con una identidad joven y renovada. El cantautor demostró una tremenda madurez escénica, manejando los tiempos del concierto con una naturalidad que conectó de inmediato con el público. Sus canciones fluyeron como un viaje sonoro que saltó fronteras geográficas, uniendo la herencia de la canción de protesta, con la calidez de los ritmos de otras latitudes.


Y para sorpresa de muchos, uno de los momentos más emotivos durante su actuación se produjo cuando Pedro invitó a su padre Luis Pastor a subir al escenario, para interpretar juntos «No olvidaré«, uniendo dos generaciones de música comprometida, situación que el público extremeño celebró con una ovación. Esa unión en el escenario, entre padre e hijo, simbolizó el relevo natural de una estirpe de creadores, que conciben el arte como un faro de dignidad y resistencia. Una actuación que fue también una celebración a la historia de la música, y que sirvió de demostración de, que la canción de autor ha evolucionado hacia formas mucho más ricas y vibrantes, sin perder un ápice de su esencia crítica. Pedro Pastor dejó claro que la belleza y la poesía pueden surgir de los dramas sociales, y que todos estos elementos pueden convivir en un mismo acorde.


Hago aquí un parón, para señalar que en el festival Extremusika, hubo cabida para todo tipo de estilos, más allá del rock, el punk, o incluso el metal. Y paralelamente a las actuaciones en los escenarios principales, un tercer espacio, el Bellota, estuvo dedicado, mayoritariamente, al sonido urbano. Donde artistas del hip hop, trap, y derivados, hacia las delicias de bastante público, sobretodo muy joven.

Reincidentes

Reincidentes llegaron a Cáceres, con los galones que otorgan más de tres décadas de ser uno de nombres imprescindibles del punk rock estatal, demostrando que su mensaje combativo, sigue siendo tan necesario hoy en día, como lo fue en sus inicios. La banda desplegó un repertorio directo al grano, conectando con un público fiel, gracias a un puñado de grandes éxitos que ya han pasado a ser auténticos himnos generacionales. Temas míticos como «Grana y oro«, «Anticristo» y «Aprendiendo a luchar«, sirvieron para recordar por qué la banda se ha convertido en una institución del rock, directo y sin censura, donde ellos siempre han sabido retratar a la sociedad, con esa fina capa de acidez en sus letras. El concierto también sirvió para reivindicar su vigencia compositiva con temas de su último trabajo, «Rebelión«, que encajaron a la perfección entre sus clásicos, demostrando que la banda sigue atenta a la realidad, para transformarla en canciones de resistencia. Este compromiso no es una pose de fin de semana; el grupo andaluz sigue dando su apoyo a diversas causas sociales, dejando claro que su altavoz va más allá de los escenarios. Eso hace que su música siga tan de plena actualidad, mostrando ese espíritu de rebeldía, que encendieron en la Sevilla de los años 80; y que sigue denunciando las injusticias con la misma fuerza. Una faceta, la de cronista social, que demuestra que Reincidentes no vive de las rentas del pasado, sino del pulso de la calle.


Fernando Madina, con su característica voz, lideró una formación que suena más compacta que nunca, disparando ráfagas de su característico sonido, y poniendo a saltar a un público entregado durante todo el show. Tras interpretar su icónico «Vicio«, la banda cerró por todo lo alto con el clásico «Jartos de aguantar«, contando con la colaboración especial de Gato Ventura, lo que resultaría, un fin de fiesta que simboliza la hermandad que existe en el rock. La actuación de Reincidentes, supuso la celebración a la constancia de esos grupos, que por muchos años que pasen, el mensaje de sus canciones, permanecen siempre actuales, quedando sus letras, como fiel reflejo de el sentir de una parte de la sociedad. La complicidad en el escenario entre Madina, Javi Chispes —cuya guitarra ha encajado a la perfección en el ADN de la banda aportando una pegada descomunal—, Juan Manuel Rodríguez Barea y Manuel J. Pizarro, evidencia que son una maquinaria perfectamente engrasada.


Reincidentes, lejos de acomodarse en la nostalgia, demostró sobre el escenario cacereño que los kilómetros no han mermado, ni un ápice de su rabia inconformista. Al termino de su actuación, aún con el eco de su música resonando, y el sudor aún latente en el público, la banda se despidió ratificando su estatus: no son un mero recuerdo del pasado, sino la banda sonora imprescindible, cruda y necesaria, de un presente que sigue exigiendo que se alce la voz. Pocas horas después del concierto, y el eco de sus canciones seguia permanente en la memoria colectiva. Podemos catalogar su actuación, como una noche donde la reivindicación por las causas sociales, en tiempos donde la censura vuelve a asomar la cabeza, es más necesaria que nunca. Y esto la banda sabe defenderlo muy bien, demostrando que el punk rock, no es solo una moda pasajera, sino una forma de vida, y que ellos defienden por encima de todo. Reincidentes abandonó Extremadura dejando una promesa implícita en el aire: mientras queden injusticias que denunciar, habrá guitarras afiladas y gargantas dispuestas a romper el silencio.


Ángelus Apátrida

La llegada de Ángelus Apátrida, al recinto del Extremusika, supuso un cambio de registro necesario hacia los sonidos más pesados del día, confirmando por qué los de Albacete son actualmente nuestra banda de metal más internacional. Con una precisión virtuosa, y una potencia sonora arrolladora, el cuarteto manchego ofreció un refugio de calidad, para todos aquellos que buscaban sonidos más allá de los acordes básicos, desplegando un thrash metal de alto nivel. La banda que sigue presentando su último trabajo, «Aftermath«, esa noche, no dudo en hacer un repaso a sus canciones más populares, y también escucharíamos otros éxitos que han hecho de su nombre, una marca de garantía absoluta en cualquier escenario, ya sea nacional o extranjero. Su capacidad para exportar su música por todo el mundo, se tradujo sobre el escenario en una solidez instrumental asombrosa, propia de quienes devoran kilómetros sin descanso. Las intrincadas estructuras de sus temas fluyeron con una naturalidad pasmosa, demostrando que la velocidad no está reñida con la nitidez, y el buen gusto musical. Cada canción fue recibida con entusiasmo, dando evidencia de el respeto ciego que se han ganado a pulso.


El dominio escénico de Guillermo Izquierdo y del resto de miembros, fue absoluto, interactuando, constantemente, con un público que respondió, en numerosos mosh pits ante la descarga de riffs vertiginosos, y baterías de ritmos incesantes. La actuación de Ángelus Apátridaa fue una reivindicación del metal como una disciplina que requiere una ejecución excepcional, y ellos lo demostraron con creces, regalando un concierto que fue una auténtica apisonadora sonora. En un cartel tan heterogéneo como era el Extremusika, su presencia fue un baluarte de intensidad y técnica necesaria, dejando claro que aún pueden llegar más lejos, y que son, sin duda alguna, los reyes en su género en nuestro país, capaces de someter a cualquier audiencia a su sonido cargado de decibelios, bien ejecutados. La complicidad entre la banda y el público, creó una comunión perfecta de sudor y adrenalina bajo el cielo extremeño. Ángelus Apátrida no dejó de alentar a las masas, desatando la locura colectiva con cada una de sus demoledoras canciones, y sus impecables solos de guitarra. Al final de la noche, el cuarteto abandonó las tablas dejando tras de sí un escenario devastado por la intensidad y la certeza de que su reinado estatal sigue siendo indiscutible.


Sons of Aguirre and Scila

La actuación de Sons of Aguirre and Scila trajo al festival esa mezcla explosiva de rap satírico, y sonidos más hardcore, que se convirtió en una de las grandes sensaciones, sobretodo, entre el público más joven, convirtiéndose en uno de los shows del día más celebrados. Herederos del espíritu incisivo de bandas como Def Con Dos, ofrecieron un espectáculo cargado de crítica social ácida, a través de temas como «Privilegiados«, «Bienvenidos a España» y «Macho Cowboy«, donde las letras no dejaban títere con cabeza, mientras el público se entregaba a un pogo colectivo. La banda sigue una línea técnica muy solvente, una mezcla de hip hop con música del metal de ritmos pesados, con el que dota a sus letras, de una fuerza bruta que estalla en cada breakdown, logrando una respuesta masiva en el público.


La puesta en escena fue dinámica y sin fisuras, destacando especialmente el cierre con «Velociraptor«. Sons of Aguirre and Scila consiguieron divertir al público, mientras lanzan mensajes profundamente incómodos, con una actuación con un ritmo de vértigo, que dejó al público exhausto, pero feliz. Sin duda, el grupo son la voz de una generación que ha encontrado en esta mezcla de géneros, la forma perfecta de canalizar su rabia, y en Cáceres demostraron que su directo es una maquinaria perfectamente engrasada para la provocación y el movimiento constante de masas. La demoledora fusión entre el fraseo de rap satírico y la contundencia del metal moderno, generó una atmósfera de catarsis colectiva difícil de igualar en el festival. Los saltos en el público se multiplicaron con cada breakdown, demostrando que esa ironía de sus letras, cala tan hondo en la gente, como la parte instrumental de sus melodías. Al terminar su actuación, la gente no quedó indiferente ante el despliegue de energía de una banda, que devoraron el escenario con una presencia magnética. Con este concierto, la formación no solo ratificó su excelente estado de forma, sino que dejó claro que la música protesta sigue viva cuando se reviste de ingenio y potencia.


Envidia Kotxina

Con Envidia Kotxina, el recinto del Extremusika, volvería a los sonidos del punk rock de la vieja escuela, demostrando que su receta de canciones directas y rápidas, sigue siendo infalible. La banda no se anduvo con rodeos, y a toda velocidad, fueron sonando las canciones. Temas como “Por qué” y “Remedio”, fluyeron con naturalidad entre la gente, haciendo gala de ese sonido crudo que es marca de la casa. Fue una actuación sin artificios, centrada en la fuerza del mensaje y en la energía de una batería, que marcaba un ritmo frenético, obligando al público a no bajar la guardia en ningún momento durante la actuación. Cada uno de los miembros de la banda, demostraron que la experiencia es un grado, manteniendo una intensidad que conectó de inmediato con el público que llenaban las primeras filas. El intercambio de voces y esa distorsión tan característica crearon un muro de sonido que nos devolvió a la esencia de los gaztetxes. No hubo espacio para el descanso, solo para una sucesión de acordes y letras que son bofetadas de realidad en cada estrofa. La banda confirmó que, aunque pasen los años, su capacidad para agitar conciencias a golpe de baqueta permanece intacta.


Envidia Kotxina, lanzaría un mensaje claro, el que el rock puede ser cronista de la sociedad. Así la banda aprovecharía para rescatar antiguas canciones, temas como “Trabajar”, que esa noche se convirtió en un himno, que lamentablemente por su letra, sigue de actualidad, y que sonó esa noche con una fuerza especial bajo la noche cacereña. Una actuación, llena de nostalgia, protagonizado por mucho de sus temas más emblemáticos, ofreciendo una actuación con una entrega total, demostrando que su sonido sigue siendo una herramienta necesaria para denunciar injusticias, en busqueda de soluciones. Su paso por el Extremusika fue una reivindicación de la vieja guardia, de esa banda que no necesita grandes producciones para hacer vibrar a un público, que todavía cree en el poder de la música, con letras cargadas de verdad. Ese espíritu inconformista se palpaba en el aire, transformando los empujones en un espacio de hermandad, y desahogo colectivo frente a lo cotidiano. Al despedirse, quedó en el ambiente el eco de un compromiso que va mucho más allá de lo musical. Envidia Kotxina no solo dio un concierto, sino que ofreció un recordatorio necesario de que la resistencia también se baila y se grita a pleno pulmón.


Afónica Naranjo

El fin de fiesta para una intensa jornada inaugural del Extremusika, corrió a cargo de Afónica Naranjo, uno de los nombres que actualmente suena con más fuerza dentro del panorama de la música alternativa española. La banda, lejos de ofrecer un concierto convencional, decidieron poner patas arriba el festival transformando el Recinto Hípico en una descomunal pista de baile, articulando su actuación a través de un viaje musical, por los grandes hits de la música pop de finales de los 90 y, especialmente, de los años 2000. Sin embargo, el verdadero secreto de su arrollador éxito radicó en su capacidad para pasar todos esos himnos generacionales por un filtro musical radicalmente acelerado, impregnándolos de la crudeza y la energía propia de ritmos clásicos del rock, y del punk más festivo. De esta manera, canciones de la radio fórmula, cobraron una nueva vida completamente distinta; donde el público enloqueció cuando sonaron los acordes revolucionados de «La raja de tu falda» de Estopa, seguidos por una versión potentísima y acelerada del «Salomé» de Chayanne, que desató los pogos más inesperados de la noche. El resultado fue una actuación sumamente divertida, gamberra y desinhibida, donde las letras cargadas de ironía, consiguieron que miles de gargantas exhaustas cantaran a pleno pulmón hasta la última nota.


Sin duda, Afónica Naranjo firmó el mejor cierre posible para este primer día, dejando el listón por las nubes y demostrando que la diversión, no está reñida con la contundencia de las guitarras.

Fotografía y Crónica de Geles M.R.

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