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Crónica: La segunda edición del Metalmaurel reivindica el éxito del estreno
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Crónica: La segunda edición del Metalmaurel reivindica el éxito del estreno

31/10/2025 0 Comments
10 meses atrás
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El Altiplano granadino siempre será una tierra rica en una amplia variedad de emociones fuertes, ya sean gastronómicas, turísticas, culturales… Y musicales, sean del tipo que sean. En 2024, la localidad de Benamaurel tuvo el inmenso honor de acoger un festival primerizo de metal/rock, el cual ya se necesitaba de nuevo, como el añorado Bastirock (¿volverá éste algún día, por favor?). En aquella ocasión, un cuarteto de bandas nacionales hizo que el estreno del Metalmaurel rompiera las expectativas, de modo que la segunda edición decidió aumentar el elenco de grupos y seguir incrementando la popularidad del festival y ser fiel a la propuesta de llevar el metal/rock a Andalucía junto a otros eventos como el Palacio Metal Fest sevillano o el Skulls of Metal jienense. Bajo una organización impecable y la sombra del Kingdom of Rock navarro que se llevó parte del público céntrico geográfico, el segundo Metalmaurel demostró su resiliencia mediante unas actuaciones de primera y un ambiente exquisito.

 

Chantrice


Como primer bocado del festival granadino y acudiendo desde tierras del bando murciano, el grupo Chantrice fue quien abrió el Metalmaurel mediante una férrea apuesta por el heavy metal clásico. Aunando artistas de bandas hermanadas de la zona levantina, como War Dogs, el quinteto salió al escenario con una energía e ilusión palpable por seguir debutando en la escena underground española. La poca asistencia inicial no tuvo reparos en dar un cálido recibimiento a Chantrice, pues la solidez compositiva de los pocos temas interpretados y el buen sonido utilizado durante la actuación consiguieron que el vínculo social no se perdiese, ni la atención y/o interés por un grupo que va dando pasos seguros y fuertes en su trayectoria. Entre todos los artistas, hay que dar un mérito especial a dos personas, pues fueron los artífices del explosivo show que demasiado poco duró para algunos presentes. En primer lugar, Miguel y su bajo, a quien ya tuvimos la ocasión de verle con Witchtower en el XVI Pounding Metal Fest. La dedicación y ganas que pone en la ejecución de los graves es digna de admirar, así como el goce espiritual que emana de su alma. Justo en esta tesitura, entra el segundo protagonista, Josedas, joven cantante que se dejó la laringe en vocalizar unos versos y líricas tan potentes como espectaculares. Poseyendo una voluntad huracanada, no dudó en ser un pilar de apoyo para sus compañeros, haciendo que los ritmos y solos de ambos guitarristas (Eduardo y José) obtuviesen un extra de ganancia. En el final, el creciente público no vaciló en otorgar su favor a Chantrice y evidenciar que las nuevas generaciones de metal/rock nacionales van a dar mucho que hablar en el futuro.


 

Intolerance


En la anterior edición del Metalmaurel, el heavy metal/rock dominó, en absoluto definición, el elenco musical salvo la thrashería desplegada por el grupo malagueño Retador. Dando más apertura a variantes extremas de la geografía ibérica, Zaragoza otorgó un inesperado toque de death metal con la actuación de Intolerance. Conformado como un rudo cuarteto varonil donde no existen reglas salvo la muerte en sí de la forma más cruda imaginable, la oscuridad se cernió sobre el recinto para que el grupo maño mostrase su talento al expectativo público. Bajo una faceta de hormigón donde las sonrisas eran repudiadas en unos gestos de malicia, el grupo aprovechó el show para dar salida a los primeros moshpits de frenética actividad. A través de unos riffs y melodías que contenían los elementos más significativos del old school, el sonido les fue directo a crear una atmósfera de enfermizo disfrute radical. Con sólo dos álbumes de estudio, Intolerance logró hacer que la salvajería humana apareciese con la actitud mostrada para artista. Ambas guitarras armaron jaleo sónico casi llegando a extenuar los amplificadores, el bajo agrietaba la mesa de mezcla y la retaguardia baterista aporreó el kit percusionista sin contemplar las consecuencias de tal hecho. Lo más importante del bestial show, aparte de la música, era ver la aptitud de los miembros grupales, los cuales formaban una apisonadora de metal/rock extremo que arrasó el Metalmaurel, dejando atónitos a la gran mayoría y apelando a ciertos bises que hubieran sido más que bienvenidos. Aun con el abrupto cierre de sopetón, Intolerance supuso una imprevista sorpresa que resultó más que adecuada en tierras granadinas.


 

Ciclón


Después de un breve interludio donde la gente ya empezaba a rellenar las primeras filas tras las vallas de seguridad (¡poco duraron intactas!) la capital nacional mostró el comodín grupal de heavy/rock que nunca falla en los festivales primerizos o de corta trayectoria. Los habremos visto cuatro o cinco veces en los últimos dos años; ¡es imposible aburrirse o criticar la música de Ciclón! El cuarteto lideraba, sin duda alguna, la escena underground madrileña hasta que su último álbum, «Magia», ha quebrado las listas de ventas y expuesto el alto índice de popularidad del cuarteto. Kike y Pablo no estaban dispuestos a que su proyecto musical se quedase en la estacada por más tiempo, de modo que el reclutamiento de Javi al bajo y la inestimable ayuda de Jorge a la batería han logrado que Ciclón vuelva a estar en el meollo de la escena musical nacional. La gira de presentación de «Magia» era prioritaria, pero eso no quitó espacio a que se pudiesen disfrutar también de los clásicos que auparon al grupo años atrás. Entre vítores, aplausos y un estallido de algarabía social, la hora de actuación superó cualquier noción a priori (¡de nuevo!) sobre Ciclón.


Hablar, sea cual sea el debate, sobre Ciclón, es dar un voto de favor obligado hacia la constancia y el arduo trabajo que ambos guitarras, Kike y Pablo, llevan a sus espaldas. Decididos a combatir a la adversidad, su afán por enseñar cómo sea hace heavy/rock al más puro estilo clásico es un aspecto que siempre llama la atención al público. Esa clave fundamental, junto al perfecto sonido técnico y el continuo carisma interpretativo, abocó a un permanente estado de felicidad circundante que se respiraba incluso fuera del recinto. La alta tasa de sincronización grupal mostró que la multitud de ensayos (a las espaldas) siempre dan sus frutos y la gente respondió a cada apelación y orden de Ciclón. No hay que olvidar que el grupo posee otro punto muy interesante a tener en cuenta, siendo la puesta en escena y el uso de enseres varios. La pirotecnia de base y en los instrumentos, así como la colorida iluminación, ayudó a dar consistencia a los coros y guiar las líricas al unísono. De la misma manera, la figuración teatral en temas como «Matar por Matar» y «Manos Siniestras» volvió a enseñar que el metal/rock va más allá de ritmos, solos y creatividad. Por ello, Ciclón no sólo consiguió que el show fuese más intenso de lo esperado, sino que incrementó el placer y el arraigo hacia un estilo cultural y social que no entiende de barreras ni limitaciones.


 

Korgull the Exterminator


En la primera edición del Metalmaurel, la ciudad condal brindó a Whirlwind y Redshark en el estreno festivalero. Por supuesto, Barcelona no iba a perder la oportunidad de personarse (¡una vez más!) en tierras sureñas, pero llevando el mejor thrash metal/rock de sus tierras. Desde esta decisión, el reputado grupo Korgull The Exterminator arrimó en el Metalmaurel dispuesto a no dejar cabeza sana, ¡ni cuellos tampoco! Al subirse al escenario, muy pronto se echó de menos a alguien muy importante en la banda, Gorth, quien por recientes operaciones quirúrgicas, tuvo que ausentarse de la actuación. El testigo cordófono recayó en el siempre virtuoso Mark Wild, quien no tuvo problemas en asumir dos roles en uno (¡está curtido ante la adversidad!). Por supuesto, no estaba solo en la tarea de hacer vibrar al público con una thrashería inaudita, porque César, quien se incorporó al bajo en 2023, demostró haberse ganado su puesto tras la salida de Javi (Graveyard). Ya le vimos debutar en el Skulls of Metal de ese mismo año y para ser un novato a los graves de Korgull, ¡dio una imagen mayor que un profesional competente!


Korgull es de esas bandas que podrían haber salido del metal/rock underground desde hacía tiempo, pero como dice el refranero: “Mejor reinar en infierno que servir en cielo”. Si encima es Lilith quien comanda la banda con su voz de ultratumba que roza la calidad gutural, ¡hasta el calor se siente frío cuando el cabello se eriza de escucharla! Justo es lo que se experimentó en el Metalmaurel al caer la noche, pues los demonios escaparon para poseer a los asistentes y obligarles a ejecutar locuras más allá de corrillos y moshpits. Las vallas no tardaron en volar por los aires, los vasos de plástico se agrietaban de los frenéticos ritmos y el interés no se quitaba de la imponente fémina que es Lilith, la cual intimida incluso a leguas de distancia. En mitad de un sonido brutal y similar a motosierras en marcha, la presentación de los nuevos álbumes copó el repertorio aunque sin quitar espacio a clásicos inmortales, como «Sado Soldiers» o «Metal Fist Destroyer» donde la gente no sentía dolor, sino ganas de romper todo lo que había por los alrededores. Salvarse de la destrucción era imposible, y no cabe duda alguna que Korgull The Exterminator demolió el Metalmaurel sin piedad. Incluso Joe, baterista único en el thrash metal/rock nacional, nos regaló un breve solo de percusión que sentó un precedente muy peligroso de emoción fuera de sí.


 

Witchtower


En mitad de los cerros de Úbeda, donde la vista se pierde entre millones de olivos en dirección a Jaén, una vieja torre aparece cada cierto tiempo. El dueño de la misma, un tal Víctor, la construyó bajo el nombre de Witchtower y cuando el metal/rock llama a las huestes cercanas de Andalucía, dueño y edificio van allá donde se les requiere. Tras la vuelta a los escenarios en el XVI Pounding del año anterior y con Víctor totalmente recuperado de ciertas afecciones sanitarias, el reputado cuarteto jienense llegó al Metalmaurel para que los seguidores y fans pudiéramos seguir aplaudiendo de escuchar un heavy metal/rock tan puro como nostálgico que provoca una oleada de ovaciones allá donde se escuche. No es posible quitarle mérito a Witchtower, pues desde que Antonio y Adam se unieran a la banda (guitarra y batería) en los últimos años, el éxito no ha dejado de incrementarse en el grupo. Tras sacar el reciente trabajo «Voyeur» y la incorporación de Dani al bajo en la ausencia de Miguel (Chantrice) la gente no ha dejado de alabar a Witchtower, hecho que se repitió, con más notabilidad, en festivales de asociaciones. Ése es el sentimiento común de los adeptos de la banda, seguirla sea donde sea y apoyar el ámbito nacional a muerte.


Cada día que pasa, más recuperado vemos a Víctor, quien es todo un símbolo de resistencia a la fatalidad. Agarrando su guitarra como si le fuera la vida en ello, ejecutó los ritmos y solos del repertorio en una magnificencia solvente. Se podría decir que tocaba con los ojos cerrados, mentalizando cada nota y acorde. Sin dejar de lado los agradecimientos y su típico humor positivo, acaparó la atención del público, aunque también repartió protagonismo a los compañeros de la banda. Fijo en la lado derecho pero con cierto azogue, Antonio sigue siendo el contraste juvenil de la banda, ya que su semblante serio y concentrado remarca la profesionalidad que Witchtower muestra en los shows. Dani sabe combinar, de la mejor manera, la alegría interior con la expresión bajista en la justa medida de potencia sin altibajos. En continuo movimiento y siendo otro conector social junto a Víctor, se llevó un mérito exclusivo como artífice de los escuetos moshpits y valedor de la locura social. Por detrás, Adam es un portento físico que no cede a la presión instrumental. Es decir, dominó el aspecto baterista sin apenas inmutarse, aunque breves sonrisas se le escapaban al contemplar el júbilo de los alrededores. Es un tío duro que posee un verdadero corazón que ama el metal/rock, al igual que sus compañeros. Este amor se expresó de principio a fin, porque acabar la actuación con «Better Run» es un placer que nadie debe privarse de escuchar. A falta del plato fuerte, es de bien decir que Witchtower se marcó otro éxito sin precedentes, ¡ojalá hubiera habido más público para evidenciar tal hecho!

(Foto)


 

Zarpa


Bandas españolas que sigan vivas de desde los años ochenta hay muy pocas en la actualidad. Mientras unas cedían a la modas culturales, otras decían adiós por temas similares, ya fuera por anodinia, falta de apoyo, poca previsión futura, carencia de tiempo… En la provincia valenciana, unas garras aparecieron en la ciudad de Mislata, grabando el nombre “Zarpa” de sopetón. Después de casi medio siglo desde aquella y desgarradora aparición en el metal/rock nacional junto a la transición y la inminente Constitución de 1978, el líder guitarrista Vicente Feijóo ha tratado, por todos los medios, mantener vivo ese proyecto que ya daba música antes que bandas de renombre, como Obús o Barón Rojo. Con más de una veintena de discos de diversa temática y originalidad sin apartarse del metal/rock, la leyenda levantina acudió al Metalmaurel por dos motivos muy importantes. El primero, honrar a un festival que va de camino al estrellato de eventos únicos andaluces y después, reivindicar la importancia de la banda como un pilar fundamental de la música extrema en España. Poco más de una hora de actuación es demasiado poco para observar la grandeza de Zarpa en directo, aunque lo vivido en el Metalmaurel fue otra muestra suficiente cuando se trata de homenajear al conjunto valenciano. Aunque las arrugas se vean en la cara y las manos no rindan tanto como antaño, el espíritu de Vicente se vale por sí solo para enseñarnos que la inminente vejez es un simple estado biopsicosocial que puede omitirse si uno se lo propone.


Resumir casi cincuenta años de trayectoria en un concierto es más que una tarea titánica, aunque hay aspectos más valiosos a tener en cuenta en el show de Zarpa. La asistencia al evento había llegado a su punto álgido (dentro de unos números aceptables) y eso se reflejó en la cantidad de coros y unísonos a los versos y estribillos de los temas. El público no tenía límite de edad ni periodos establecidos, pues se podía encontrar gente joven como veteranos de guerra; todos unidos en disfrutar de un estilo musical que se balanceaba entre un pasado glorioso y un futuro prometedor. Esa dualidad temporal también se observaba en Zarpa, habiendo un contraste en pareado. De Vicente guitarrista y cantante a Vicente bajista, la competencia más clara en sus labores artísticas se discernía entre la pasión propia y el disfrute de cara al exterior. En otras palabras, la veteranía de ambos se basaba en priorizar el ímpetu sobre la técnica. Este hecho consiguió conectar muy bien con la gente, ya que no todo es tocar a la perfección y ya está. Al otro lado de la línea, se encontraba la juventud de Marcos, reciente incorporación guitarrista. Con la mirada fija en su instrumento, realizó una labor encomiable en el sostén estructural, pero le faltó cierto dinamismo que el resto del grupo mostraba de continuo. Envuelto en un sonido nítido y nivelado en la distorsión, significó un punto inflexivo de épocas. Aun así, se bastó de sobra para dar una imagen competente que se llevó multitud de ovaciones. De la misma manera, Miquel no se quedó atrás en ser la base percusionista más conveniente que dio a Zarpa una renovada imagen de leyenda histórica. La euforia social no se contuvo en arropar al cuarteto de principio a fin, llegando al éxtasis en el final que nadie quería vivir. Entre laureles y una satisfacción excelsa, Zarpa nos dio un relativo adiós (¡volverá, seguro!) y el Metalmaurel se coronó por segunda vez consecutiva; ¡como debe ser y sucederá de nuevo!


Crónica y Fotografía realizada por Redacción MetalTrip

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