Mucha fiesta, año nuevo… La mayor necesidad del público amante del metal/rock no son festividades, sino conciertos y una actitud que otorgue el máximo placer artístico de la industria extrema. Dos semanas después de comenzar el 2026, Manguales abrió el candado de los shows, referentes al ámbito underground, con la llegada de la brutal thrashería del grupo neerlandés Legion of the Damned. Con varias fechas repartidas por la geografía nacional, se deseaba una descarga de energía capaz de llamar a las hordas fanáticas de la mejor música old school.
Por desgracia (¡una vez más!) la llamada fue algo escasa en Madrid, donde la Sala Nazca acogió una gira que pareció pasar desapercibida a nivel social (¿en serio? ¡Impensable!) [Nótese la ironía aquí]. No ocurrió lo mismo con los devotos más fieles del arte heavy, quienes no tuvimos reparos en acudir a una cita repleta de bestialidad sonora. También hubo presencia nacional naciente con las bandas Ataxia.F y Sacra, las cuales se llevaron su buen pedazo de grandeza escénica junto a la banda principal, que no permitió a la gente quedarse quieta ni un solo segundo de la velada.
Ataxia.F
Con apenas dos docenas de personas en el recinto, la banda riojana Ataxia.F se subió al escenario con todo el ánimo posible. El infortunio percusionista se cebó durante la apertura, pues el pedal de bombo falló bastante hasta que se pudo reemplazar por otro. Sin embargo, apenas supuso un impedimento de gran calibre para disfrutar de una actuación brutal que sólo careció de un aspecto de poca importancia. La banda tiene dos discos en su palmarés y se les veía muy cómodos ante la escasez social. La cuestión radicó en la estática grupal, la cual sólo se quebraba por el azogue vocal de un Iván en puro éxtasis. Aunque el sonido no acompañó, al combo riojano, del todo por cuestiones desconocidas (más o menos), es loable recalcar el empeño de Ataxia.F por dar un espectáculo que sacudiese las paredes.
El objetivo se logró a través de una actitud desafiante y múltiples intentos de vínculos sociales que, al final, tuvo su reconocimiento en la ejecución del último dúo de temas que había en el repertorio. Los asistentes tuvieron clara su decisión respecto a Ataxia.F y es que, con más gente, habría habido más intención de moshpits y que la escenografía de Iván hubiera tenido un impacto mayor. En pocas palabras, Ataxia.F abrió la gira lo mejor que pudo, y lo hicieron en honor a su nombre, provocando una increíble descoordinación corporal digna de un evento extremo.
Sacra
Un poquito más de gente llegó al evento, quizás por la noche tardía, así que Sacra tomó el relevo aumentando el listón escénico vivido con los paisanos previos. Así es, Sacra, también es un grupo perteneciente a la Comunidad de la Rioja. Con su álbum debut, «Oblivion», el quinteto puso su esfuerzo en que la gente se enganchase a un death/black melódico tan crudo y pesado como los tiempos primigenios del metal/rock extremo. Dispuestos a no dejar cabeza ni oídos cuerdos, el quinteto mejoró el sonido
La actitud grupal se recrudeció mucho más que con los antecesores, hostigando al público en la génesis de moshpits. Por primera vez en la velada, hubo una respuesta de acorde a la apelación musical. El brutal estilo de metal/rock fue encomendado a cada artista, pues el azogue espiritual no dejó quieto a nadie. Por ejemplo, ambas guitarras, estáticas en su hueco escénico, mostrando una frenética actividad mientras el bajo no disminuyó la intensidad de la base estructural. Sin problemas en la percusión y solucionado cualquier aspecto similar, Raúl sacó todo su habilidoso arsenal a la vez que Rafa hizo un trabajo vocal impecable. Se interactuó con el público todo lo que se pudo, el disco se interpretó al completo y nadie criticó la actuación de una banda riojana que va a dar mucho que hablar en el futuro.
Legion of the Damned
Mucho tardó en llenarse la Sala Nazca y le costó bastante teniendo en cuenta que las bandas teloneras nacionales dieron lo mejor de sí. Desde Holanda y con un palmarés impecable de discos brutales, Legion of the Damned es una banda que revolucionó el thrash metal desde un aspecto bastante desapercibido por parte de la prensa especializada (esa que suele criticar todo lo que puede y desprecia a raudales sin compasión por incluso compañeros de filas). Si se atiende a la estructura teórica de la gran mayoría de temas del grupo neerlandés, se utilizan figuras muy cortas a tempos medios en los ritmos, lo cual causa una sensación de ultravelocidad que podría definirse como imposible de ejecutar. Es decir, semicorcheas y grupetes irregulares similares en un estilo Andante o Allegro. Por ejemplo, casos como “Diabolist” o “Cult of the Dead” son una prueba fehaciente de ello. Había mucha curiosidad por comprobar cómo era posible lograr tal hazaña sin romper las cuerdas o dejarse los dedos en carne viva.
Aparte de lo expuesto, otro hecho se añadió a la observación empírica cordófona durante la actuación de Legion of the Damned. Quizás fuera un revés del destino, ¡lo cual se agradeció en demasía! El sonido técnico utilizado durante el show era tan nítido en la percepción acústica que decenas de asistentes nos quedamos anonadados. ¿Quién tuvo la osadía de coger la mesa de mezclas y hacer tal maravilla sonora? Podría ser cosa del quinteto, ¡pero fue un regalo divino! Un concierto con tal distinción de poderes instrumentales en una fusión sutilmente nivelada fue el acierto final que provocó un aluvión de admiración, moshpits y griteríos al alza hacia una banda que no cesó de dar tralla thrasher bajo una tenue iluminación y mucha actitud desafiante a la adversidad social.
Un repertorio variado en función de la discografía hubo, algo sin apenas importancia por la gran cantidad de himnos que la banda posee en su trayectoria profesional. Hay hechos de más calidad artística que reseñar y contar de la experiencia vivida. Lo primero, el ferviente vínculo hacia un público entregado en el orden escénico que escapaba al control de la insanidad. La gente no era capaz de resistir la tentación de aporrear el suelo para seguir los redobles y el doble bombo de Erik. En la retaguardia y dispuesto a no dejar el recinto intacto, fue la singular base de una estructura percusionista más sólida que miles toneladas de hormigón apiladas. El bajo de Harold palidecía ante él, incluso a través de una potencia grave constante y repleta de raudas líneas melódicas. Dejándose las manos en las gruesa cordofonía, otorgó el semblante serio a una actuación que tuvo variaciones gesticulares de todo tipo.
Las recientes incorporaciones guitarristas, Fabian y Ruud, demostraron estar a la altura del estudio de campo que se corroboró de inmediato: Es posible tocar a tempos medios con figuras cortas, ya sea en furiosos galopes, acordes simples o alternando riffs de vértigo. Resultaba increíble ver la serenidad ejecutoria de ambos artistas, quienes no daban muestra de cansancio o fallos apreciables después de las enérgicas descargas sonoras. Justo al revés, no dejaban de intercambiar muecas con los fans y nutrirse de los caldeados ánimos de los alrededores. No faltó, a la fiesta thrasher como líder de la banda, el alma vocal, Maurice, cuya voz se ha convertido en un símbolo que separa los mundos rasgados y guturales. No había porqué recrudecer la laringe o forzarla al límite; sólo cantar con la rabia, cólera e impotencia de unas líricas que se enmarcaron en un aura de coros y gritos sociales.
Para una hora (¡poco más!) de show, la gente quedó tan exhausta en el tremendo final que arrastrarse por el suelo de la Sala Nazca era la única salida. Por el contrario, Legion of the Damned aún tenían ganas de seguir rompiendo mentes y cuerpos por doquier, lo cual se evidenció en el inmenso agradecimiento hacia la gente que se apilaba en reunirse con el grupo en el merchandising. Ojalá fuera el fin de esta crónica periodística, pero se necesita un alegato final (en contra hacia el mundo nacional del metal/rock). Muy bien queda eso de que “hay que apoyar la escena” o “no podemos dejar que la música heavy muera”. ¿Por qué hablar en defensa de un hecho cuando quienes lo expresan son la causa de ese mismo acto? ¡Menos hablar y más acudir a conciertos, que ya nos conocemos el cuento y luego ocurren los desastres culturales!
Crónica y Fotografía realizada por A. Wesker V.S.















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