Juntar varios festivales simultáneos puede ser una buena opción con motivo de compartir gastos, ampliar la oferta de bandas… La única pérdida radica en, por desgracia, dividir al público hacia un interés específico según los variados gustos personales. En el Sureste murciano, el coliseo del Rock Imperivm, al Noroeste ibérico, el impresionante Resurrection Fest y, en el Noreste, el icónico Rock Fest Barcelona 2026 en la Ciudad Condal. Con tanta expectación a la vista, ¿cuál sería la preferencia del ámbito mediático? ¡Divide y vencerás! Hacía tiempo que el encanto barcelonés incrementaba, de forma demencial, el sentimiento heavy de la sociedad, superando incluso la escena de la capital nacional en la actualidad. Después de un intenso debate y preferencias sobre la cobertura a realizar, la brújula de Metaltrip se inclinó hacia el Rock Fest, el cual poco a poco, casi ha recuperado la grandeza de ese espíritu que siempre ha rodeado al evento, con grandes nombres que grabaron la cultura extrema en la preciosa ciudad condal.
Con tres días de intenso metal/rock nacional e internacional en el Parc de Can Zam de Santa Coloma, miles de asistentes desafiaron la incipiente ola de calor nacional en favor de la ansiada ocasión de un gozo singular. ¿Podría haber ido mucho más público? Esa respuesta se hallaría en regreso del raciocinio en organizaciones y promotoras de ocio musical. Aun así, nadie vaciló en entregarse, en cuerpo y alma, a un macro evento que siempre es garantía de calidad y éxito en tierras catalanas. Para todos, esto es el Rock Fest 2026 y, en Metaltrip, ¡Wesker te lo cuenta en escritura y fotografía con todo lujo de detalles y más!
Tankard
De vuelta al maldito sofoco ambiental permanente en el Rock Fest, la segunda jornada empezó con la banda nacional de Dunedain, la cual no fue posible contemplar debido a un percance relacionado con un golpe de calor previo a la llegada al festival. No obstante, la correspondiente hidratación quedó en manos de los maestros cerveceros Tankard. ¿Casi te desmayas? ¡Eso no es un problema! Gerre y compañía agarran el thrash metal germánico de la vieja escuela, te lo enchufan en la venas, ¡y alegría para ese cuerpo en ruinas! Realizando un show divertido y repleto de energía musical, Tankard volvió a erigirse como una catedral inagotable de thrashería europea. Cierto es que las altas temperaturas condicionaron, un poco, la actuación del grupo en directo, pues incluso al Sol ardiente, los artistas no poseían una dinamia tan especial como suelen expresar. Eso no quita que hubo bromas, risas y mucho cachondeo al son del baile del vientre propio de Gerre.
Hubo temas para dar y tomar de la discografía de Tankard, aunque el repertorio se inclinó más hacia el contraste entre los nuevos álbumes y los clásicos inmortales que unieron a los fans en unos brindis corales. Es de admirar la resistencia de Frank y Andy, núcleo cordófono, quienes lograron resistir la asfixiante tortura y entregarse a la causa social del frenesí general. A falta de hipotensiones arteriales y alguna que otra lipotimia, Tankard no se achantó ante la adversidad circundante y regaló un show increíble con una fuerte denominación de origen germánica, lo cual se agradeció mucho como entrante del ámbito internacional en el Rock Fest.
Bleed from Within
Para echar más leña al fuego musical extremo al comienzo del Rock Fest, la descarga que se experimentó con los escoceses Bleed From Within acabó siendo unas las sorpresas inesperadas para todo el público. Carentes de benevolencia e instigadores de moshpits a mansalva, el quinteto de metalcore/deathcore rompió las expectativas sociales con una enérgica propuesta musical que repasó sus tres últimes álbumes de estudio, “Fracture”, “Shrine” y “Zenith”. Bajo la imponente figura del cantante Scott, la gente se dejó la mente en un brutal frenesí de ritmos y quebrados estructurales con el único motivo de establecer una política de azogue continuo que no dejase hueco a la calma espiritual. El sonido general hacía temblar el recinto, ayudado de una escénica imponente con el uso de diapositivas traseras.
La cordofonía dual de Craig y Steven se complementó, demasiado bien, con la actitud hostil de mutua cercanía social. En la retaguardia, también se contempló que los graves de Davie y la batería de Ali eran unos baluartes cualitativos que reforzaron la solidez musical de Bleed From Within. Nadie podía dejar de prestar atención al desarrollo del concierto, pues las sorpresas acudían sin previo aviso, llegando incluso a provocar unos aluviones de coros y gritos de júbilo que se oían más allá de los límites del Parc de Can Zam. Aunque una hora no sació el hambre de locura social, los escoceses sí que estuvieron a la altura de unas dosis increíbles que sorprendieron por doquier. Si no fuera por las leyendas que vendrían después, pocos negarían que Bleed From Within se ganó un merecido primer puesto en la segunda jornada del Rock Fest.
Primal Fear
Las ganas que había der a Primal Fear en acción, con su recién renovada formación y el éxito rotundo de su nuevo álbum “Domination”… ¡Para estallar la cabeza! ¿Qué nos iban a reservar Ralf, Mattias y el resto? La respuesta en una hora de actuación fue muy contundente, un apoyo incondicional del público y una entrega grupal que desbordó las expectativas del festival sobre el combo germánico de power/speed. En total independencia de las canciones ejecutadas en el show, la gente quería comprobar el estado de bienestar en Primal Fear, llevándose una impresión solvente y más sólida que el núcleo terrestre.
El quinteto es una maquinaria bien engrasada cuyo objetivo está bien definido, mostrar el poder el old school y perpetuarlo en la actualidad en contraste a las nuevas vertientes modernas. El esfuerzo se llevó su recompensa delante de miles de asistentes, recreando unos momentos emotivos de coros y afán de fidelidad difíciles de notar en otras actuaciones. Perder el interés en Primal Fear era imposible, menos cuando se estableció una dinámica sonora holística a juego con una actitud mutua de disfrute conjunto. Incluso con el calor de la tarde remitiendo, los artistas incrementaron la sensación ambiental gracias a la potencia que se expresa en los temas escogidos del variado repertorio.
Ralf Scheepers jamás legará su increíble omnipresencia a otro cantante, pues su laringe es la prueba fehaciente de cómo su persona es una figura legendaria. Gesticulaciones de aprobación y muecas de poder, centralidad escénica… ¡Es el tipo idóneo cuando se trata de liderar un grupo hacia el estrellato y mantenerlo ahí! Las arrugas y las canas del cabello no son capaces de encerrar el heavy espíritu bajista de Mattias, pues los graves hacían temblar el escenario en una actitud estática pero envuelta de una clara diversidad facial. La llegada de André a la batería ha ayudado a dar un poco de frescor diferente más allá del marcado estilo, pero la principal garantía de calidad se encontraba en la cordofonía principal.
Magnus es un viejo conocido de cómo hacer metal/rock a la vieja usanza, pero la oposición moderna que ofrece la magnánima figura femenina de Thalia. Más dinámica que los valores de la bolsa económica, realizó una actuación suprema que centraba el interés social sólo en ella. Entre su dominio zurdo de la guitarra y la expresiva felicidad en directo, la hizo ser protagonista en compartición con Ralf. Ni Frozen Crown ni Angus McSix, su lugar es Primal Fear y es donde mejor encaja Thalia para mostrar que sus habilidades van más allá de los ensayos diarios. Transmitiendo un aura de realeza absoluta, el grupo germánico se despidió del Rock Fest entre ovaciones y súplicas de bises que habrían venido bien para afianzar el triunfo del show.
Testament
Tankard es thrash metal/rock europeo con una base humorística palpable; ¿dónde quedó, en el festival condal, un guiño a la verdadera thrashería que incita los moshpits y muestra cómo se revoluciona la escena musical? ¡No se hable más, porque aquí llega Testament! Detrás del Big Four americano, Testament es un símbolo de la escena del BayArea que nadie puede obviar debido a la trascendencia de mezclar un estilo thrasher con toques técnicos que requieren una imprescindible base teórica. Ni siquiera el calor de la tarde cohibió al grupo, agarrando las gafas solares y exhibiendo una escénica enfocada a la importancia histórica de Testament.
“Para Bellum” es un disco sobresaliente; ¿cuál no es donde estuviera militando el excelso Alex Skolnick? El público necesitaba su dosis thrasher para enfrentar la recta nocturna del segundo día en el Rock Fest, de modo que los clásicos se intercalaron con las nuevas propuestas recientes, engendrando un ambiente atemporal que nadie pudo criticar o sacarle algún hecho discutible. Comenzar a lo bestia con “Into the Pit”, reventar cabezas en “Infantice A.I.”, sentir la potente rítmica de “Electric Crown”… El derroche artístico de “Practice What You Preach” tuvo una sorpresa continua, “Sins of Omission”. ¡Qué gusto el controlar los intrincados riffs sin apenas esfuerzo! Hasta “Low” tuvo un lugar para los amantes de los graves, dejando el término final del show al habitual doblete del álbum debut, “The Legacy”.
Decirle a Chuck que module su voz hacia la melodía lírica es como pedir peras al olmo. Su laringe no entiende de tonterías salvo impregnar un tono vocal rudo y directo, como un padre educando a sus hijos. Aquí no valen las ambigüedades, sino soltar verdaderas a la cara, duelan o no. Detrás de esa ruda fachada, el alma de Chuck rebosaba alegría juvenil al comprobar que Testament no ha perdido el estatus de leyenda musical. Si Alex y Eric fallaron alguna nota o acorde en las canciones, ¡nos habríamos dado cuenta todos! Repartiendo las labores rítmicas y solistas, la unión de ambos es un huracán artístico que levanta pasiones guitarristas. Disfrutando más que la gente circundante, la cordofonía expelió un sonido fácil de notar y liviano en la distorsión.
La leve carencia en la base estructural quedó suplida por el dinámico Steve, quien no necesita indicaciones en los trastes para saber qué notas tocar o no. Sin dirigir la mirada a su bajo, se centró más en ser un apoyo continuo a los compañeros y dar motivos de azogue al frente. Para Chris, cambiar las sinfonías de Seven Spires por la thrashería de Testament le está valiendo mucho para curtirse cual baterista de excelentes aptitudes. Entre baquetazos y redobles, la sonrisa no se le borraba del joven rostro. Además, hay que tener en cuenta un elemento fundamental en el show de Testament que evidenció la tremenda descarga musical. El logo en la pantalla trasera, rodeado de colores palpitantes o surcado por tormentas eléctricas, mantuvo el fervor externo de principio a fin. Al finalizar el espectáculo extremo, el Rock Fest cayó rendido a los pies de Testament; ¡ojalá haber podido tener más tiempo extra con un par de bises clásicos!
Accept
Ya no hará más falta sacar el tema de las múltiples guitarras en el combo germánico de Accept, pues con la salida de Uwe (¡una gran pérdida!), parece que Hoffmann y compañía han encontrado el camino de la redención hacia la estabilidad que tanto se requiere en el grupo. La legendaria maquinaria teutona nunca defrauda en sus directos; menos con ese nuevo álbum que es «Humanoid». ¿Tocarán temas de los discos «Russian Roulette» o «Death Row»? Dejarán de vivir de los mismos clásicos y variarán (un poquito) el setlist? Preguntas sin respuestas que todos deseamos… ¡Se escucharon algunas plegarias con temas inéditos de la vieja escuela!
Volviendo al tema principal de Accept, en el Rock Fest, la segunda guitarra ha sido llevada, de forma definitiva, por las manos de Philip Shouse, quien es una gran guitarrista, por supuesto, al igual que una figura clave en los shows de Accept, en dúo intercambiable con Joel Hoekstra. Como líder supremo e indiscutible de la banda, Hoffmann continúa siendo un guitarrista del estrellato histórico, al igual que Mark Tornillo, cuya voz se ha igualado a Udo mediante duros ensayos y mucha fuerza de voluntad. La gran mayoría de los temas interpretados rebosaban una genial sonoridad, repicando en el suelo y embelleciendo el aire, aparte de suavizar el ambiente al comienzo de la noche.
Gustó muchísimo la actitud cercana de Accept, quienes parecían tocar en casa ante un público encantado de volver a verles de nuevo. La comunión coral de los estribillos, tanto en temas modernos como antiguos, se convirtió en el dogma central de la actuación. Ver a un peso pesado del metal/rock alemán en tal estado de bienestar biopsicosocial es de un esplendor inaudito, aparte de la alegría que se irradiaba de cada artista. Hoffmann es una cinemática de gestos donde prima la abundancia de sonrisas cada vez que su estilo manual causaba admiración en los fans. No está de más mencionar que su habilidad no envejece ni merma al ejecutar «Restless and Wild» o «Run If You Can». En el Medley de canciones que se utilizaron como recordatorio de la extensa discografía de Accept, Hoffmann demostró que el tiempo y él van por caminos separados que se unen en un punto del infinito. Al frente y dando una imagen intimidante con esas gafas de sol y chasqueando los dedos, Mark deleitó las líricas con ese tono de voz agudo que pocos jubilados pueden presumir de tener. ¡Es una maldita delicia oírle donde sea, como a Udo!
Lo mismo se expresa de Martin, cuyo dominio de los graves está a la altura de grandes nombres que han pasado por la banda. Siempre se le veía atento a los compañeros y sus líneas musicales ensombrecían a algunos solos duales, aparte de ser el protagonista en «Love Child». Hablar de clásicos de Accept para un concierto es empezar con «Princess of The Dawn» y dar la nota con dos colaboraciones imprevistas. Ralf, de Primal Fear, se unió a la icónica «Fast as a Shark» mientras que Chuck, de Testament, otorgó su vigoroso tono vocal en «Balls to the Wall». ¡Eso sí que es hacer que un show brille con luz propia! Entre acordes y ritmos legendarios, «I’m a Rebel» culminó en un nuevo trono único para Accept, quien sigue en su ascenso imparable como símbolo cualitativo en directo.
Hiraes
Tiempo siempre hay de descubrir nuevas bandas que aumentan el elenco en el metal/rock extremo. Coincidiendo con Accept en simultaneidad, la curiosidad gutural por Hiraes provocó una descubrimiento brillante en el Rock Fest. Sin cambios en la formación desde su fundación en 2020 y con dos álbumes de estudio bajo el brazo, el quinteto germánico patentó a su cantante, Britta, como una auténtica bestia de las voces de ultratumba. Detrás de esa laringe modulante hacia las cavernidades sombrías, su aspecto femenino es un completo engaño, desvelando un alma infernal dispuesta a romper vidas mediante su característico y portentoso tono vocal.
Variando el repertorio entre ambos “Solitary” y “Dormant”, Hiraes determinó que su aporte al festival condal no iba a ser música y poco más, sino darle al público la opción de vibrar y sentir su arte escénico lo más cerca posible. Por ello, la cordofonía se codeó cuales ojos centrales de los moshpits, incluyendo a la misma Britta. ¿Qué hay de malo en demoler las barreras del escenario y las vallas de seguridad? La gente necesita comprobar cómo el talento se desperdiga por todo el recinto, no quedarse aislado frente a él. Comprobando la fiereza grupal, es indudable reconocer el salvaje poder que rodea a Hiraes, cuyo sonido aúna lo mejor de la actualidad sin perder el toque clásico. Accept era una prioridad de cobertura, pero el tiempo invertido en disfrutar de Hiraes fue suficiente para defender un ferviente apoyo hacia el grupo alemán, al igual que dejarse sorprender por las altas capacidades guturales de Britta.
Helloween
¡Es imposible cansarse de ver, escuchar y/o sentir a Helloween! La maquinaria alemana de las calabazas triunfa allá donde va, por mucho que les pese a algun@s detractores o críticos “especializados” de la música extrema. A punto de alcanzar el medio siglo de actividad ininterrumpida, la leyenda del power metal/rock mundial volvió con más fuerza en 2017 con la reunión final junto a antiguos miembros, siendo el padre musical Kai Hansen y la voz divina de Kiske. El “Pumpkins United” revolucionó la escena extrema y después de dos discos de estudio, nadie vacila sobre el hecho de que Helloween alcanzó el éxtasis de la plenitud en el bienestar artístico. Aquí no valen las ambigüedades ni las preguntas retóricas, sino afirmar con la cabeza y rendirse a los pies de unos músicos que desnudan su talentosa alma ante miles y miles de fans. La edad no es un límite para saber dar un espectáculo cualitativo que haga historia en un momento determinado de la Historia, pues al ver la destreza de Weikath en los trastes, los finos rasgueos de Hansen, los golpes de Markus… Cualquier descripción palidece cuando se trata de hablar sobre siete músicos que cargan con la excelencia a un nivel inaudito de pasión y humildad.
Se prometía, como garantía de pleno éxito, un show de dos horas con temas de los primeros años y seguir con la ruta del nuevo “Giants and Monsters”. La pregunta recaía en si la banda estaría a la altura de lo que gente quería ver en directo. El dictamen fue rotundo sí, pues nadie (¡alguien habrá rajando, que mal hará!) se atrevió a decir lo contrario. Una veintena de temas podría parecer una locura de resistencia, sabiendo que se iban a interpretar temas de larga duración, como “The King for a 1000 Years” o la versátil “Halloween” (¡la tocaron al completo y cómo nos gustó¡). A todos nos encanta la duología clásica del “Keeper of the Seven Keys”, de modo que empezar con “March of Time” y “Future World” ya evidenció que Helloween iba a ganarse el favor de los asistentes mediante una mezcla atemporal de himnos. Quizás ya estén peinando algunas canas (¡los tintes ayudan XD!) Kai y Weikath, pero cuando se les veía juntos, codo con codo, ejecutando riffs y solos, no se podían reprimir las ganas de quemar las manos aplaudiendo sin quitarles el ojo de encima. La facilidad técnica de Weikath, quien acariciaba las cuerdas de grácil caballerosidad, era el contraste de Kai, cuyas virguerías guitarristas simulaban a un infante jugando en una sutil inocencia de felicidad. ¡Qué dúo de calidad musical y social, por favor!
Es un encanto visual que Markus y Sascha se compenetren con el público de una forma tan cercana, pues si fuera por ellos, se habrían bajado del escenario para estar rodeados de un cálido ambiente social. El bajo de Markus es una genialidad de la ingeniería orfebre, y oír cómo suena entre sus dedos… ¿Por qué sonreía a cada rato? ¿Se le habían pinzado los músculos faciales? Con la cantidad de loas y apremios hacia él, ¡poco fue! Temas de la época central de Helloween, como “Hey Lord!” o “Into the Sun” hicieron que Sascha se luciese al máximo, mostrando una faceta animosa de carácter serio a priori. Es el señor más joven del septeto, y se podría decir que es la cara profesional de Helloween, porque el resto casi parecían jóvenes encerrados en un bucle de juventud eterna (¿quién lo fuera de nuevo, eh?) Lo mismo se puede decir de Dani, quien extenuó la batería al azogue de sus manos. Raudo en todas la ejecuciones interpretativas, se hizo notar en el show, aparte de su altura definitoria. Ni siquiera parecía cansado después del solo que se marcó a la antesala de “I Want Out”, ¡al revés! La gente sí que no podía seguirle el ritmo de los baquetazos y el doble bombo. Es normal, porque el maestro Kai sacó su voz al ruedo con un guiño al debut grupal, “Ride the Sky” que más tarde repetiría con «Heavy Metal (Is the Law)». Cierto que su voz no rinde como antes, aunque en vez de criticar sin piedad (¡como algunos harían!) un voto de favor hacia Kai es de bien ante el esfuerzo del intento y no caer en el pánico de las ínfulas.
Mucho tardábamos en debatir sobre el frente de Helloween, es decir, los mandatarios de la voz y artífices de los increíbles coros expelidos en la velada. En vez de comenzar por uno, la dualidad es la mejor opción para mencionar el excelso trabajo laríngeo de Kiske y Deris. Kiske nos pateó el culo realizando un despliegue vocal que ojalá la gente le venerase como es, ¡un dios entre los mortales! Deris no se le queda atrás, por no decir que comparte el camino a su lado. Los duetos de versos y estribillos embellecieron la fácil compartición de la tarea frontal, recreando un ambiente de magnificencia en la tríada inolvidable de “I Want Out”, “Eagle Fly Free” y “Dr. Stein”. No vamos a negar que quedaron a un nivel superior de sonido y decoro, pero en opinión de servidor, el trofeo final se lo llevó el doblete acústico de “In the Middle of a Heartbeat” y la balada “A Tale That Wasn’t Right”. Está muy bien utilizar la distorsión de los instrumentos, el aspecto técnico nivelado y bien cuidado… Esa imagen de Kiske con la guitarra acústica y Deris a su lado, ambos cantando en continua emoción mediante una tenue iluminación, ¡jamás será borrada de la memoria! Las parejas se abrazaban, los veteranos sollozaban, los novicios no creían lo que veían; ¡eso es el alma de Helloween! Sí, también hay que mencionar los arrasadores fuegos de “We Burn” o el claro mensaje en “Power” y muchas cosas más, así como el final con la calabaza gigante colgando del techo y los petardazos de confeti y tirolinas de colores… Aquí cada uno tendrá su opinión de la vivencia (¡faltaría más!) y nos habremos dejado cosas en el tintero, pero lo importante es que Helloween tiene fuelle de sobra para el futuro.
Sabaton
Eran unos chavales con sueños extraños, donde el aspecto bélico primaba como fuente de inspiración principal… Crecieron mucho en los últimos años y, en la actualidad, se puede decir que Sabaton ha logrado el estatus de banda legendaria. Siguen trayendo el tanque, sí, pero ahora tiene un significado más allá del impresivo decoro adyacente, al igual que las llamas en columnas, los artificios explosivos, los discursos históricos… Después de tantos abruptos en el pasado, cambios en la formación, discusiones compositivas y a saber qué más, Sabaton se ha forjado un destino implacable que arrasa allá donde se presenta. En el Rock Fest, la poderosa maquinaria sueca sabía que lo que quería el público, de modo que decidió no dar esa simple satisfacción, ¡sino cuadriplicar el deseo! ¿Queréis espectáculo musical y teatral del bueno? Una taza no, dos tampoco… ¡Ocho mejor! Una taza es el tanque baterista, ¡por supuesto! Las otras siete… Pues hay mucho para describir del inmenso show que Sabaton desplegó en la noche condal. No se dirá más lo del tanque, aunque con la maestría de Hannes petardeando los misiles gracias a su habilidad percusionista; ¡quizás sí se vuelva a mencionar! Ir desgranando las sorpresas que los suecos tenían en la manga requeriría un artículo extenso, de modo que mejor acortar a los pilares fundamental del éxito musical.
Aunque se podrían haber obviado algunas teatralidades bélicas, el tiempo de comprobar las consecuencias de la guerra vino genial como ambientación de la temática lírica. Joakim, bien conocido con ese reconocible tono barítono, fue el guía de un recorrido sonoro bajo esa actitud seria que posee mucho humor detrás. Captando la atención en función al desarrollo escénico, dirigió las masas sociales con elegancia y sutilidad, siendo un maestro de ceremonias en toda regla. La facilidad de conectar al público con Sabaton es un don perenne en él, al igual que comandar los coros al unísono. No cabía duda que el setlist se encaminaría hacia los últimos trabajos de alto toque bélico, pero no se olvidaron los himnos como “Primo Victoria” o “Coat of Arms”, los cuales fueron dando renombre y fama al grupo hace ya algunos años. Sin variar la estética creativa y siempre buscando ideas nuevas de los conflictos humanos, Sabaton es una fuerte muestra de historia que quizás debería empezar a enseñarse en las escuelas y las aulas. Al menos, desde el punto de vista de conectar el arte musical y la dinámica referencial a lo largo del tiempo. Siempre fiel a la ideología grupal, Pär ofreció una clase magistral de bajo, recreando unas líneas graves capaces de estallar más que una mina. Contento al máximo y animando al favor social, resaltó su excelsa labor al frente del grupo. Junto a Joakim, comparten la membresía original que sostiene la maquinaria sueca.
Mucho hablar de Joakim por aquí, belicismo por allá… ¿Y qué pasa con la cordofonía aguda? Cortesía de Chris y el inesperado regreso de Thobbe, torreones envueltos de un sonido perfecto y sin fisuras. A cada lado del escenario, las habilidades guitarristas se expresaron en una mutua cordialidad rítmica y sonora, enfatizando los puentes y sosteniendo las líricas vocales. También hubo sitio para algunos juegos, ya fuera bromear entre los miembros o incordiar a Joakim incluso en plena acción vocal. Ése es uno de los secretos que, a pesar de las críticas y haters por doquier, gusta mucho de los shows de Sabaton. ¿Acaso el metal/rock tiene que ser bruto y austero siempre? No, la industria extrema debe tener su punto de risa y cachondeo; ¡dentro de unos límites éticos y morales! La respuesta del público, aparte de los gestos y el jolgorio grupal, no se desvió de su principal objetivo, sentir el poder musical y unirse a la causa del desarrollo artístico. Por ello, la gente estableció los moshpits en la justa medida que se necesitaban y otorgar el espíritu a la llamada del combo sueco. Otro punto muy a favor fue el inteligente uso de la pantalla digital, mostrando el carrusel visual adecuado según los temas interpretados. La efigie lateral sobrepuesta de Napoleón en “I, Emperor”, la ardiente cruz de los Caballeros Templarios en “Templars”… Mucho tanque al frente, pero no éste no podía evitar que gran parte de las miradas se dirigiesen a la multitud de diapositivas que discurrían por detrás suya.
Todo precioso y divino con Sabaton en el Rock Fest, pero el aspecto más llamativo y casi ostentoso, fue la aparición de dos coros a mitad del show. A partir de ahí, la actuación dio un giro radical que otorgó un plus de emoción pródigo. Cualquier otro aspecto carecía de importancia, pues el contrapunto vocal se convirtió en la maravilla que se recibió en un completo estallido de la algarabía. Tantos elementos en el escenario, la genial sincronización, el furor de los alrededores… Podrá gustar más o menos el estilo de Sabaton, así como los conciertos que ofrece en directo, aunque no se puede rebatir la sentencia de que es una banda que se sabe utilizar los recursos que dispone y exprimirlos en los momentos adecuados. Hasta la gente más dubitativa acabó aplaudiendo (¡con las orejas!) la magnificencia de los suecos, quienes han sabido afianzar su camino musical en la trayectoria profesional, evolucionar dentro de unos límites y optimizar la calidad creativa que les rodea. Quizás sean unas palabras complacientes que, en total independencia de gustos y colores, recalcan el valor artístico de la experiencia que Sabaton expuso en el Rock Fest. No obstante, no hay ninguna injusticia que decir sobre una actuación única y especial que cerró el segundo día con un ambiente insuperable de sonido, teatro y escenografía accesoria. ¿Volverá a venir Sabaton a España, aunque sea de gira? Antes se espera que Joakim y compañía pongan su inspiración en la Guerra Civil, ¡si acaso no lo han hecho ya!
PD. Para los «desalmados» (por no utilizar otros sinónimos más específicos y directos) que tuvieron la poca decencia de sustraer pertenencias a Helloween y Accept a las afueras de Barcelona, en las inmediaciones de la AP-7, ya fueran instrumentos o material videográfico… ¿Qué beneficio le veis al hurto más allá de la cuantía económica en el empeño o venta de los materiales? No será algo satisfactorio, quizás de necesidad… ¿Qué tal buscar un trabajo? ¿Ofrecer algo a la sociedad que no sea robar? Un voluntariado de todos los que hay… ¡Pensadlo bien!
Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S.



































































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