La sala The RockLab de Coslada se convirtió el pasado 11 de abril en el epicentro indiscutible del metal nacional con la celebración de la esperada semifinal centro de la Wacken Metal Battle 2026. En una jornada intensiva que puso a prueba la resistencia y el entusiasmo de los asistentes, diez bandas de diversos estilos se dieron cita sobre las tablas con un objetivo común, demostrar quién tiene el coraje y la calidad necesarios para representar a España en el mítico festival alemán. Desde la apertura de puertas, el ambiente estuvo cargado de una hermandad eléctrica, donde la competitividad sana no restó ni un ápice de entrega a un público que respondió con pasión desde la primera descarga sonora. La organización cuidó cada detalle para que esta batalla de bandas fuera un escaparate de la diversidad y la potencia de nuestra escena actual, transformando la sala madrileña en un hervidero de riffs pesados y ritmos frenéticos.
A lo largo de la noche, se pudo sentir la ilusión de los músicos, quienes eran conscientes de que esta era una oportunidad única para proyectar su carrera hacia Europa. El jurado tuvo la ardua tarea de analizar cada detalle técnico y escénico mientras la audiencia disfrutaba de una montaña rusa de géneros musicales que abarcó desde el groove más contundente hasta el metalcore más técnico, pasando por pasajes industriales y otros sonidos más melódicos. La entrega por parte de las bandas fue total y la respuesta de la gente mantuvo el listón muy alto, creando una atmósfera de festival grande en un formato más íntimo, pero igualmente explosivo. Nadie quiso perderse este evento, confirmando así que la cantera nacional goza de una salud envidiable y que el espíritu del Wacken Open Air, crea en los grupos una ilusión por llegar a los más alto.
Southgate
Southgate fue la banda encargada de romper el hielo, una tarea siempre compleja que afrontaron con una original mezcla de groove metal y espíritu crossover de los años noventa. La banda madrileña intentó trasladar su habitual energía y su búsqueda del impacto físico hacia el público, aunque se dejaron vencer ligeramente por los nervios propios de abrir un evento de tal envergadura. Su bajista destacó por ser el miembro con mayor actitud sobre el escenario, muy bien secundado por los guitarristas, mientras que el cantante, a pesar de ponerle mucha ilusión a la interpretación, pecó de mirar demasiado al suelo en lugar de conectar visualmente con el público. No obstante, la batería mantuvo un ritmo muy sólido que gustó a la gente, logrando poco a poco calentar a un público que todavía estaba entrando en calor. Su paso por el escenario fue una demostración de garra y de cómo la experiencia ayuda a solventar la presión inicial de un concurso tan exigente.
The Fall of Atlantis
Sin tiempo para que el sudor se enfriara, el relevo lo tomó The Fall of Atlantis, quienes saltaron a continuación demostrando por qué era una de las bandas más queridas por un gran número de gente esa noche, con un estilo que se mueve entre sonidos de metalcore y death. De su actuación hay que destacar la evidente compenetración que existe entre sus miembros, destacando especialmente la coordinación entre la voz principal y las segundas voces, que sonaron como un bloque perfectamente engrasado. La complejidad de sus guitarras y la intensidad vocal que les sirvieron para intentar romper los moldes del género en la escena nacional, ofreciendo un espectáculo técnico muy pulido. Se notó que disfrutan del escenario y que su propuesta está diseñada para sonar con una precisión milimétrica que no pasó desapercibida para nadie en la sala.
Vertebrae
Bajando ligeramente las revoluciones, pero aumentando la densidad ambiental, Vertebrae aportó una visión diferente al cartel, moviéndose con soltura entre el metal alternativo y los sonidos más densos del post-metal para crear atmósferas envolventes. Su propuesta se centró en la creación de paisajes sonoros complejos, una ejecución técnica que de entrada resultó muy precisa, y cuidada por parte de todos sus integrantes. Musicalmente sonaron más técnicos que algunos de las bandas anteriores, aportando esos matices que refrescan un evento tan intenso como es una batalla de bandas. Sin embargo, a pesar de un inicio prometedor, la actuación pareció desinflarse un poco hacia el final, perdiendo parte de esa pegada inicial que había cautivado al público. Aun así, dejaron claro que son una banda con una identidad propia muy marcada y con un nivel instrumental muy alto que les permite explorar terrenos menos convencionales dentro del metal extremo.
Bloody Kitchen
Esa experimentación técnica sirvió de preámbulo para la propuesta más teatral de la noche, donde Bloody Kitchen protagonizó uno de los momentos más singulares de la velada gracias a su original propuesta de metal industrial, al más puro estilo de la Neue Deutsche Härte, pero cantado íntegramente en español. A pesar de unos primeros segundos de confusión técnica en los que parecía que su actuación podía peligrar, el grupo supo sobreponerse con maestría y levantar el ánimo del personal de forma admirable. Resultaron ser la banda que más interactuó con la gente, buscando constantemente la complicidad de los asistentes y ofreciendo un espectáculo visual y sonoro que rompía con la tónica general de la tarde. Sus letras, que van desde la ficción hasta la crítica social, sonaron con fuerza en la sala RockLab, confirmando por qué han logrado tener repercusión internacional en emisoras de Alemania y Estados Unidos. Fueron, sin duda, los que aportaron el toque más diferente y fresco a la semifinal gracias a su carisma y su capacidad de reacción.
Scars of Oblivion
Recuperando el pulso veterano y la energía en el sonido, Scars of Oblivion hizo valer su estatus como una de las bandas madrileñas más sólidas, fusionando el death metal melódico con el deathcore de forma impecable. Su estilo incorpora pasajes muy técnicos que no sacrifican en ningún momento la brutalidad necesaria para mover a las masas, y así se demostró durante su estancia en el escenario. El grupo sonó compenetrado, demostrando una solidez instrumental que solo se consigue con años de trabajo compartido y un conocimiento profundo del género que practican. Lograron arrastrar a una gran cantidad de gente a realizar headbanging en total sincronía con sus riffs, creando una imagen de comunión metálica que fue de las más impactantes de la jornada. Su capacidad para equilibrar la melodía con la agresividad más pura les permitió mantener la intensidad en todo momento, confirmando que son una apuesta segura cuando se trata de ofrecer un directo profesional.
Badak
Tras la tempestad madrileña, llegó el turno de cruzar el mar, pues Badak llegó desde Ibiza para demostrar que en las islas también se forja metal de alta calidad, presentándose como un cuarteto de músicos experimentados con influencias que van del rock duro al metal más pesado. Su sonido fue bastante bueno y demostraron una solvencia profesional fuera de toda duda, salvando su tiempo de actuación con una seguridad propia de quienes llevan años pisando escenarios de todo tipo. No obstante, al poseer un estilo más cercano al metal alternativo y tras la descarga de energía extrema de la banda anterior, a su música le faltó quizás ese extra de sonido puramente metálico para arrancar una mayor expectación por parte del público más extremo. A pesar de que la intensidad ambiental bajó un poco durante su show, la calidad de su ejecución les permitieron ofrecer un concierto digno y técnicamente bastante bueno. Fue una propuesta honesta que enriqueció la variedad estilística de la semifinal.
Avlak
Esa calma relativa se rompió bruscamente cuando Avlak inundó de nuevo la sala con los sonidos más agresivos gracias a su mezcla de thrash y death metal de la vieja escuela, demostrando que su fundación en 2021 ha sido un acierto absoluto para la escena madrileña. Con riffs intensos y estribillos diseñados específicamente para el directo, la banda consiguió que un mar de manos se levantaran de nuevo para vibrar con su música. La energía que desprendieron sobre las tablas fue contagiosa, logrando recuperar ese pulso frenético que tanto gusta en este tipo de competiciones. Avlak se posicionó como una de las formaciones con un sonido más internacional de toda la noche, dejando una impresión de fuerza bruta y control técnico muy equilibrada.
The Blackening
Siguiendo la estela del metal más pesado y tradicional, The Blackening, procedentes de Navarra, mantuvieron la apuesta con una combinación muy efectiva de thrash y groove metal que recordaba inevitablemente a gigantes como Pantera o Slayer. Tomando su nombre de un disco emblemático de Machine Head, demostraron tener un nivel técnico muy bueno, con una base rítmica extremadamente potente que hizo retumbar los cimientos de la sala The RockLab. Si bien musicalmente no abandonaron en ningún momento la contundencia, ofreciendo un set impecable, desde el punto de vista instrumental, quizás les faltó un poco más de interacción comunicativa con el público para terminar de redondear su actuación. A pesar de esa ligera distancia escénica, los asistentes disfrutaron enormemente de su sonido. Fue una demostración de poder sonoro que confirmó que el norte sigue exportando bandas con una potente energía y una técnica envidiable.
Mind Traveller
Entrando ya en la recta final de la noche, Mind Traveller fue la formación que realmente sorprendió a todo el mundo con un enfoque musical que se mueve entre el metalcore melódico y metal moderno. Así la banda salió a romper literalmente el escenario, ofreciendo una actuación dinámica que no dio respiro al público. Su sonido fue de lo mejor de la noche, alternando con buena fluidez las voces limpias con los guturales más profundos. Se notó un hambre especial por comerse el mundo, logrando una conexión inmediata con la audiencia gracias a una puesta en escena vibrante y llena de energía. La frescura de su propuesta y la calidad de su ejecución les permitieron destacar de manera inmediata, convirtiéndose en uno de los nombres propios de la jornada por su capacidad de impacto.
Altamira A. D.
Para cerrar este despliegue de talento, Altamira A.D. tomó las tablas con una propuesta de metal también muy potente, destacando por ser el grupo que mostró una imagen más unificada y profesional en cuanto a estética y compenetración visual. Desgraciadamente, un imprevisto técnico grave con los micrófonos impidió que el público pudiera disfrutar de su show al cien por cien, lo cual supuso un reto mayúsculo para la banda en el momento culminante de la noche. Sin embargo, en lugar de venirse abajo, demostraron una profesionalidad intachable y mantuvieron la máxima de que el espectáculo debe continuar a pesar de las adversidades. Mientras se intentaba solucionar el problema sin éxito final, la batería y los teclados protagonizaron una sesión musical improvisada que dejó a todo el público boquiabiertos por su virtuosismo sonoro. Instrumentalmente sonaron muy interesantes y potentes, dejando el regusto amargo de no haber podido disfrutar del show completo, pero ganándose el respeto unánime de la sala por su actitud ante los problemas.
Una vez terminada la última actuación de las bandas candidatas, la atmósfera en la sala The RockLab se volvió densa por la expectación, con el público y los músicos pendientes de un veredicto que marcaría el destino de dos de las formaciones presentes. Tras las intensas deliberaciones del jurado, los momentos de nervios se transformaron rápidamente en una explosión de euforia cuando se proclamó finalmente a Mind Traveller y Scars of Oblivion como los grandes ganadores de esa noche. Ambas bandas se alzaron con la victoria tras demostrar una solidez y una conexión con el público que las catapultará directamente a la gran final nacional que se celebrará el próximo 6 de junio en Barcelona. Allí tendrán que volver a dar lo mejor de sí mismas para intentar conseguir el ansiado billete hacia el festival Wacken Open Air en Alemania, representando a toda la escena española. A pesar de la lógica decepción de quienes no resultaron elegidos, el sentimiento general fue de satisfacción por el alto nivel exhibido durante toda la jornada. El hecho de que las otras bandas participantes no pasaran de ronda, no implica en absoluto que no realizaran un trabajo excelente sobre el escenario; al contrario, la competencia fue tan ajustada que cualquiera de las propuestas podría haber tenido su oportunidad en otra circunstancia.
La noche terminó entre abrazos, felicitaciones y la sensación de que el metal nacional sigue muy vivo y unido, con bandas capaces de superar problemas técnicos con profesionalidad o de resurgir de sus cenizas con más fuerza que nunca. Se despidió así una semifinal centro que dejó el listón muy alto para las próximas citas, recordando a todos los participantes que el camino de la música es una carrera de fondo donde cada concierto cuenta. Solo queda desear mucha suerte a los clasificados para su próxima batalla en la final y animar al resto de las bandas a seguir trabajando con la misma pasión, pues el metal no entiende de derrotas definitivas, sino de nuevas oportunidades.
Fotografía y Crónica de Geles M.R.












































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