Un domingo cualquiera de septiembre en Madrid, donde el viento sopla del norte, va llegando el otoño con la caída de las hojas, las promotoras y agencias musicales empiezan la temporada de conciertos… ¡Cómo queríamos llegar a este punto, oiga! Como siempre hace y le gusta, Madness Live! dio el pistoletazo a su calendario con un doblete de giras muy esperadas. El chileno Ronnie Romero y los americanos itifálicos Nile recorrieron la península ibérica (en caminos separados) casi a la vez, mostrando que el metal/rock sigue muy vivo. Habiendo disfrutado de Ronnie Romero en Murcia, el Antiguo Egipto musical arrimó en la capital y allí fuimos, donde la compañía europea de Hideous Divinity, Intrepid y Monastery supuso el mejor entrante para ir despidiendo el calor veraniego. Por desgracia, el solapamiento de eventos frustró el éxito asegurado de la velada extrema, pues el guitarrista Vanderberg estuvo de simultáneo aquel día, lo que hizo que la Sala Mon se llenase (a ojo de doce dioptrías) en unos dos tercios de capacidad; suficientes para afirmar el triunfo de la gira de Nile en su final.


Monastery
Para ser un quinteto veterano de Hungría, hay que reconocer que el poco público se rindió a los pies de Monastery de principio a fin. Presentado su nuevo álbum de sello discográfico español, «From Blood» y con una actitud de lo más directa, la apertura de la brutal gira en la Sala Mon hizo que varios cuellos se quebrasen a primera instancia. En una media hora de actuación, Monastery agarró sus instrumentos con fuerza, puso a tono a los presentes y no se olvidó de ejercer como una banda revelación del país magiar. Muy breve, sí, ¡pero más intenso que una apisonadora en plena acción! Sin mucho dinamismo por el escenario, el azogue corporal se consagró a los bestiales riffs y solos del dúo Tóth, vertiendo una esencia old school poco vista en la actualidad. Rompiendo oídos y cables por doquier, Roland estableció un vínculo social vigoroso, tanto que los moshpits no tardaron en aparecer. Algo oculto por la luz escénica, Szabolcs dominó sus graves para que nos dejásemos el alma en el nuevo single «Fall Apart» o la terminación dual de «Bleed» y «Divine Damnation» que supuso un sinfín de ovaciones hacia la calidad percusionista de Róbert, una máquina de boxeo ilimitada. Aunque el sonido fue bastante caótico a la hora de distinguir los instrumentos y estructuras teóricas, ello no quita mérito a que cada artista rompió los esquemas de fans y novicios musicales. Incluso a servidor se le quedó cara de tonto al ver la enérgica voluntad del quinteto, del cual se pidieron bises para solventar el poco tiempo disponible. No obstante, sabemos que Monastery vendrá más a España, ¡y no precisamente de visita!
Setlist
- Faceless Nothing
- Fall Apart
- Pulled into Stake
- Dreadfull Thing
- Dire Warnings
- Bleed
- Divine Damnation
Intrepid
Suerte que la policía no rondaba cerca de la Sala Mon aquel domingo por la tarde, porque nadie creería que cuatro chavales (menores de edad, ¿quizás?) pondrían a decenas de personas patas arriba en una multitudinaria violencia mutua. La concepción que Estonia tiene en el metal/rock extremo quedó evidenciada con Intrepid, un quinteto varonil que no dudó en aprovechar el ambiente dejado por Monastery y recrudecerlo más aún. Con sólo seis temas de setlist y varios interludios instrumentales, el grupo se marcó una excelencia inaudita en su último concierto por tierras ibéricas. Guitarras más afiladas que navajas albaceteñas, un bajo salido del infierno sonoro que casi peta los amplificadores y monitores, la batería en manos de Madis y su pulida técnica de golpeo incesantemente en la caja sin apenas bombo… De nuevo, la escasez de asistentes (¡lo que se perdieron!) no fue un impedimento para que Intrepid subiera los decibelios en favor de la locura mental. Los ritmos, mucho más nítidos en la plena distorsión, se convirtieron en el pilar fundamental del disfrute ótico; ¡eso sí! Aldo demostró estar a la altura de Simo y su destreza solista. No obstante, la atención estaba fija en el centro del huracán, el jovencito Riako cuyas rastas eran látigos azotando a quien osase acercarse a él. El cabello fue lo de menos cuando sus ladridos y guturales peinaban melenas y otros pelos a lo bestia. Sin duda, el cantante se comió el micrófono, literalmente hablando, ¡y no dejó ni los restos! Por otro lado, quitando la genial «Mesmerism», un nuevo álbum se viene en breve y la ocasión era perfecta para que Intrepid ganase más popularidad, hecho que se consiguió en muy poco tiempo de actuación y bajo la intensidad lumínica balanceada entre rojo y azul.
Setlist
- Blood Means Nothing
- Mesmerism
- Succubian Rites
- I am the Vil
- Opiated Consumption
- Overthrone
Hideous Divinity
Después de un par de dosis de death metal europeo del este, tocaba venirse algo más cerca; por ejemplo, Italia. Madness Live! sabía que la gira no estaría exenta de rémoras sanitarias entre tantos golpes y headbanging, así que traer a Hideous Divinity fue una decisión de lo más acertada. La música del cuarteto romano nunca defrauda en directo, menos cuando tenemos un cirujano otorrinolaringólogo sobre el escenario. ¿No lo sabíais? Pues sí, Enrico no sólo presta su voz y tono gutural a la industria artística sonora, sino que ejerce en el ámbito quirúrgico. Quizás ésa fuera una de las razones por la cuales Hideous Divinity logró, de forma muy sobrada, llevarse al público de calle con una insana actitud repleta de ilusión, ganas y mucha energía. ¡Cualquiera diría que Enrico ensaya sus temas compuestos con un bisturí entre las manos! Al igual que los predecesores, la banda italiana presentó su reciente álbum «Unextinct» en un manto de perfección sonora impecable y que significó el cénit de la labor técnica en la Sala Mon. Dedicado a hacer vibrar cuerpos como si no hubiera un mañana, Enrico no paró en su rol de mantener el ambiente estable. No será el mejor frontman del mundo, ¡pero bien sabe ganarse el respeto cual profesional que es!
Sin obviar los bien recibidos guiños al resto de la discografía, Hideous Divinity nos enseñó cómo se las gasta uno de los alumnos estrella de George Kollias (Nile). Edoardo preparó el terreno percusionista a su maestro con un excelente trabajo manual que eclipsó al resto de sus compañeros, salvo a Enrico, ¡claro está! El núcleo cordófono de la banda no quiso dar mucho movimiento a su actitud escénica, aunque el rico elenco de ritmos y solos de Enrico (¡luego nos quejamos de la redundancia nacional!) también tuvo su marcado protagonismo junto a los vítores de un entregado público a la causa del metal/rock extremo, el cual coreó hitos modernos como «The Numinous One» y «Quasi-Sentient». Al otro lado, los graves de Stefano dieron un toque de atención a la poca quietud social, incitando a la fiereza de los moshpits. Muy puesto de voluntad interior, Enrico llegó a tragarse el micrófono y expeler guturales tan profundos como los lugares anatómicos que trata en la praxis diaria (¡eso sí es vocación sanitaria!) Para much@s, «Cobra Verde» sigue siendo un disco de culto con apenas diez años desde que vio la luz, así que no podía faltar un cierre al tremendo show con el tema homónimo, reventando la expectación en un cúmulo de gritos de júbilo, mareas personales y una despedida tan sentida que nadie olvidaría, ni siquiera el increíble sonido grabado en los oídos.
Setlist
- Dust Settles on Humanity
- The Numinous One
- Against the Sovereignty of Mankind
- The Deaden Room
- Quasi-Sentient
- Angel of Revolution
- Mysterium Tremendum
- Cobra Verde
Nile
Cuatro bastaron en Nile para destruir Madrid de una pasada, ¡sólo cuatro! Karl Sanders tuvo que tener antepasados egipcios, porque su afán por la prolífica y extinta cultura del Nilo le ha convertido en símbolo viviente del más allá. Tras haber sacado un súper disco de renombre y muy esperado, «The Underworld Awaits Us All», la oportunidad de presenciar a la mítica banda se conformaba como un deber ineludible. En el amparo de un juego iluminativo rojo como la sangre de innumerables batallas por el poder de los dioses, Karl y compañía regentaron la Sala Mon cuales crueles faraones que doblegaron a los esclavos mediante sonidos enigmáticos, veloces e imponentes. Tal fue la calidad técnica y la atención prestada por el público que el show de una hora se pasó volando, más que la primera dinastía del culto a Aten. Al contrario de las expectativas, Nile hizo un repaso a su singular discografía a la vez que veíamos, en acción, a los nuevos miembros que Karl reclutó en honor de los dioses más radicales. Poco había que decir de George, quien utilizó (¡casi de seguro!) varios pares de baquetas por el potente trabajo percusionista realizado. Quebrando cuellos a la vez, la batería fue la protagonista absoluta del concierto, pues nadie puede quitar mérito a la exhibición del artista helénico. Si por servidor fuera, le daríamos la medalla al mérito personal, porque entre voluntad y destreza, ¡no hay hueco para la piedad timpánica! Sin duda, el doctor Enrico (Hideous Divinity) habría tenido pacientes de otorrino a mansalva al acabar Nile. Aunque hubo ciertas discrepancias sonoras al inicio con altibajos en las voces y control de los cordófonos, el resto del concierto aniquiló la poca sensatez circundante con un despliegue escueto pero muy intenso, ¡en demasía!
Aún no sabemos cómo «To Strike With Secret Fang» desató un torbellino de moshpits, porque durando dos minutos… ¡Cerrad los ojos y os la perdéis más rápido que un giro de F1! Sin moverse de sus sitios, la frontalidad conformó un muro de voces y tonos diversos en contrapunto. Es decir, la figura principal laríngea era Dan Vadim (Morbid Angel) con su bajo, retorciendo los graves a un nivel de no retorno en la demolición escénica. A cada lado, Karl y Zach (¡qué buen fichaje éste último!) colaboraron como coristas junto a sus guitarras, teniendo momentos solistas en varios versos. Rudo cual matón escolar, Dan no dejó que los asistentes tuviesen tregua alguna, increpando a la multitud a dejarse la mente y el corazón en disfrutar tanto como él mismo, ya que «Kafir!» y «Sarcophagus» elevaron los unísonos al exterior, haciendo que los transeúntes huyeran despavoridos. Envueltos en un aura mística de enigmas y jeroglíficos, más temas se dieron cita en los envalentonados fans, fueran «Call to Destruction», «In the Name of Amun» o la radical «Black Seeds of Vengeance» que despidió el concierto entre dolores, hematomas y una hipertensión craneal palpable. Como bien mencionó Karl, la ocasión era muy especial y no había motivo para represión. Poco más de una hora supuso un triunfo histórico para Nile que, para la nulidad de prensa presente y difusión, no volverá a repetirse en mucho tiempo; al menos, en giras locales sin mencionar los grandes festivales. En opinión personal, Nile es de esas bandas que dan todo y más siempre, de modo que acudir al directo es un deber. El espíritu proyectado en la agresividad, velocidad y fiereza compositiva, unido a la genial inspiración de la cultura itifálica, ¡han coronado a Nile al otro mundo en la gloriosa eternidad de la Historia!
Setlist
- Sacrifice Unto Sebek
- Defiling the Gates of Ishtar
- To Strike With Secret Fang
- Kafir!
- Call to Destruction
- Vile Nilotic Rites
- Stelae of Vulture
- In the Name of Amun
- Lashed to the Slave Stick
- Sarcophagus
- Long Shadows of Dread
- Black Seeds of Vengeance
Crónica y Fotografía realizada por Redacción MetalTrip
























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