La noche del nueve de mayo en la sala El Sol, fue un ejercicio de nostalgia que conectó directamente con la herencia más oscura de la capital, recuperando, bajo una tarde lluviosa, el espíritu del ocio nocturno madrileño de templos míticos como el Dark Hole y el Heaven. En un día donde el sonido EBM y el synthwave reclamó su trono. Antes de la apertura de puertas, ya un buen grupo de gente hacía fila para reencontrarse con una estirpe de músicos suecos, que han sabido transformar su música en vanguardia, bajo el nombre de Priest. Músicos que llevan bajo su nombre la herencia de los antiguos «Nameless Ghouls», como exmiembros de la banda Ghost. Mercury, Salt y Sulfur llegaron a Madrid abriéndose paso más allá de historias pasadas, demostrando una sucesión de ritmos electrónicos, fusionados con la más cálida oscuridad. Fue fascinante observar cómo este trío ha logrado renacer como genios de la era digital, con una autoridad técnica que roza la perfección sonora.
Dead Lights
Pero antes, sería el dúo Dead Lights el encargado de prender la mecha a la noche, en su debut en España. Con una actitud que sorprendió gratamente, Saul y Richard desplegaron una presencia electrizante, que bebía estéticamente del glam, mezclándolo hábilmente con el post punk más actual; demostrando porque son una de las bandas revelación del circuito europeo. El público de Madrid se encontró ante una actuación que se caracterizó por una puesta en escena visualmente impactante y brillante, donde el reflejo de diminutos cristales de la máscara de su cantante, bailaban al ritmo de los sonidos de la banda. Uno de los momentos más emocionantes llegó con “Plastic Girl”, que se convirtió en una de las canciones más bailadas por un público, que se entregó a su ritmo frenético. La voz de Saul actuó como un catalizador de energía, moviéndose entre las sombras, y animando a la gente con mucha actitud. Otros de los momentos claves a destacar, fueron durante las interpretaciones de “Sinners” e “Industry”, donde pudimos dejar claro que su sonido fue la introducción perfecta a la noche, buscando ese lado oscuro de la música electrónica.
Setlist
1. Run
2. Doom Trash
3. Sinners
4. I Am Electric
5. Plastic Girl
6. Algorithm
7. Transform
8. Industry
9. Format
10. Host
Priest
Y llegaría el momento de disfrutar de la actuación principal. Cuando Priest salió al escenario, los primeros acordes de “The Pit”, dieron inicio a la actuación, envolviendo con su música a la sala en una atmósfera futurista, donde el cuero y el látex dictaban las normas estéticas. Los suecos desplegaron su imaginario cyberpunk bajo una escasa iluminación, y un exceso de humo que en algunos momentos resultó asfixiante, y en otros hacía difícil ver el escenario; pero aun así resaltaba la imagen de la banda, como entidades híbridas entre lo humano y la máquina. Desde los primeros compases, Mercury dominó el centro de la escena, con una voz, como un susurro embriagador, que nos atrapó desde el principio del concierto, sobre todo a la gente que nos encontrábamos en las primeras filas, seduciendo al público. Tengo que reconocer que el sonido de la banda resultó impecable, distinguiéndose cada una de las bases musicales, logrando un equilibrio entre la agresividad industrial, y esa parte melódica tan característica, que les ha hecho fácilmente reconocibles.
Se sentía que el grupo estaba encantado de volver a reencontrarse con el público español. Prueba de ese entusiasmo fue la euforia que desató Salt entre los presentes, cuando invadió el centro del diminuto escenario de la sala el Sol, y al mando del teclado portátil, puso a prueba la resistencia de la gente ante su ritmo intenso. Mientras Sulfur, al control de las bases electrónicas, no paraba de animar, contagiando su positiva actitud en el público; que no dejaban huecos vacíos en la sala, bailando al ritmo de la música. La gente mostró una entrega total al sonido de Priest, demostrando que el concepto musical que la banda quiere llevar al mundo, ha calado hondo en una audiencia que buscaba esa mezcla de elegancia gótica, y potencia electrónica de vanguardia. A medida que avanzaba la actuación, la banda fue elevando la intensidad de las canciones, transitando desde pasajes más atmosféricos, hasta los ritmos de baile más frenéticos de su etapa más reciente, con canciones como “Just a Game” o “Burning Love”.
Una evolución sonora hacia un sonido más agresivo y bailable se hizo patente, en la forma en que los sintetizadores cortaban el aire. Así temas como “Obey” y “Vaudeville”, el grupo creó una experiencia de inmersión que se respiraba por todos los rincones. Priest no solo ofreció una actuación de calidad, sino que también consiguió que la noche madrileña, recuperase ese espíritu de transgresión electrónica que parecía parado en el tiempo; cerrando su paso por la capital con la autoridad de quien sabe que el futuro, al igual que su música, pertenece a las máquinas, y a quienes saben dominarlas con maestría. La teatralidad de cada uno de sus miembros, elevó la propuesta a un nivel difícil de igualar en la escena actual. Cada movimiento sobre el escenario, parecía coreografiado por una inteligencia artificial diseñada para el entretenimiento más sofisticado y oscuro.
Setlist
1. The Pit
2. World on a Wire
3. My Lonely Heart
4. Neuromancer
5. The Cross
6. Blacklisted
7. Just a Game
8. Enter Your Body
9. A Signal in the Noise
10. Your Devil
11. Demon’s Call
12. Zombie Night
13. Burning Love
14. Beacon of Light
15. Obey
16. History in Black
17. Vaudeville
Terminado el concierto, salí con la sensación de que hay un renacimiento de la subcultura gótica y siniestra. Donde los sonidos de la vanguardia electrónica vuelven a poner música a una parte de la noche en Madrid, que de vez en cuando, se levanta de sus catacumbas.
Fotografía y Crónica de Geles M.R.













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