La sala Sol de Madrid se convirtió el pasado 26 de agosto en el centro del la devoción por el rock, con tintes ocultistas. Tras días después del eclipse de Sol, como si de un presagio astrológico se tratara, la velada prometía ser una inmersión absoluta en las tinieblas para todos aquellos que prefieren entrar en el lado oscuro del rock, antes que dejarse cegar por el sol veraniego.
Viaducto
Los encargados de abrir el portal hacia esa dimensión tenebrosa, recayó sobre la banda Viaducto, que saltó al escenario envuelta en un aura lúgubre y reflejando la oscuridad de sus canciones. Fieles a su propuesta llena de dramatismo, los madrileños ofrecieron un desfile de ritmos que fusionaria los ecos densos del post-punk, la envolvente psicodelia y la furia desmedida del black metal. Con una estética sombría, arrancaron su descarga con la solemne “Aequat Omnes Cinis”, seguida por el ritmo sofocante de “Exitus Letalis”, preparando al público para una ceremonia donde la muerte y la decadencia eran las absolutas protagonistas. El ambiente se volvió aún más denso con los compases de “Un Rubor” y la atmósfera ritual de “Defixiones”, para culminar con “Luto”, un tema que mostró la tensión sonora que condensa toda su visión artística y tenebrista. Su breve pero demoledor paso por el escenario sirvió como perfecta antesala de lo que estaba por venir, y constató una propuesta que supo canalizar las pasiones más oscuras a través de una puesta en escena cargada de misticismo.
Lucifer
Tras un contundente prólogo, llegaría el momento álgido de la noche, la actuación de Lucifer, banda que pisaba por primera vez los escenarios españoles dentro de una gira propia. La expectación contenida se desató en cuanto Johanna Platow hizo acto de presencia escoltada por una renovada y deslumbrante formación. Un show que arrancó con fuerza tras una intro ritual que nos preparó para lo que ocurriría a continuación, donde la banda hizo temblar las paredes con la crudeza de “Crucifix”, para enlazar rápidamente con los desarrollos magnéticos de “Ghosts”, “Reaper”, y la mágica «Abracadabra», antes de hacer estallar al público con su himno homónimo “Lucifer”. Evocando las esencias más puras del hard rock y el heavy metal de los 70, la banda demostró una gran solidez escénica, combinando el refinado bagaje de sus cinco álbumes de estudio con una energía fresca y totalmente renovada. Los riffs de guitarra hipnóticos y las melodías espectrales, se apoderaron de la sala mientras Johanna encarnaba con maestría el espíritu de la banda, la de una figura magnética cuyas letras cargadas de simbolismo, y romanticismo, convirtieron el pequeño espacio en un auténtico aquelarre de rock.
El viaje a través de su particular universo prosiguió adentrándose en pasajes todavía más sombríos con la brillante “At the Mortuary”, y el dinamismo contagioso de “California Son”. Hacia el final, la banda reservó la artillería pesada iniciando la tramo final con una particular versión de “Going Blind”, de KISS, para cerrar la velada con los acordes de “Fallen Angel”. Lejos de retirarse de forma distante, la propia Johanna Platow quiso quedarse sobre el escenario para recibir de primera mano el inmenso cariño y la devoción de un público completamente emocionado y exhausto. Un debut en España memorable que reafirma a Lucifer como una fuerza imparable y demuestra que su oscuridad, lejos de apagarse, arde hoy con más fuerza que nunca.
Fotografía y Crónica de Geles M.R.














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