Como bocado inicial del Wacken respecto a las Metal Battle, el combo magiar de Seers of Light apareció en el escenario del WET. Bajo una estética natural muy de acorde a su estilo progresivo, los tintes de la cultura folclórica tuvieron una gran aceptación social entre los crecientes fans del área. Un sonido muy nítido y distintivo de los instrumentos vino genial a la hora de comprobar el estado grupal, el cual lleva poco tiempo en activo y a la espera de sacar su primer álbum de estudio. Referente a los artistas, fue muy meritorio el esfuerzo holístico en realizar un show especial a pesar de los cuatro temas interpretados.
La calidad vocal de Alexandra estuvo apoyada, en todo momento, por sus compañeros, al igual que la fluida dinámica que se notaba en el escenario. El tiempo de actuación quedó muy corto para disfrutar de las sorpresas que Seers of Light desgranó en el Wacken; ¡ojalá escucharles muy pronto otra vez!
Broken by the Scream
Así, el miércoles, recién abiertas las puertas del festival, sería el escenario Louder el que iniciara la tormenta musical con el exótico sonido de las japonesas Broken by the Scream. Con su fusión de metal alternativo y matices de la cultura kawaii, hicieron que todos los asistentes al festival saltarán con su música a tempranas horas en la explanada del recinto. Los feroces contrastes entre voces melódicas y guturales sonarían con una nitidez demoledora, guiadas por una base instrumental técnicamente impecable, que convirtieron los alrededores del escenario, en un hervidero de moshpits, que se movían al compás de las curiosas coreografías de las cuatro cantantes, Io Nozukidaira, Tsubaki Nanaougi, Shizuku Mikogami y Yayoi Takayashiki.
Su presencia escénica, tan visual como agresiva, sirvió como el empujón de adrenalina perfecto para despertar al festival en sus primeras horas. La mezcla de cultura Idol y metal extremo demostró que en el mítico festival germano hay espacio para todo tipo de propuestas. La banda japonesa firmó una actuación fresca, y brutal que dejó una buena impresión en el público.
Visions of Atlantis
Del metal moderno, cambiaríamos a sonidos más melódicos. La marea sinfónica de Visions of Atlantis desembarcaron en el Wacken para transformarlo las tierras alemanas, en un inmenso mar embravecido. Guiados por la impecable química entre Clémentine Delauney y Michele Guaitoli, los austriacos ofrecieron un despliegue de power metal, de temática pirata, majestuoso y festivo. Miles de gargantas acompañaron cada uno de sus épicos estribillos mientras la banda desplegaba una escenografía cuidada y llena de dinamismo.
El sonido envolvió a la multitud en una atmósfera de aventura marítima, impulsada por potentes bases rítmicas y grandes solos de guitarra. El oleaje sonoro alcanzó su punto máximo cuando hicieron retumbar «Legion of the Seas«, «Monsters» y «The Land of the Free«. Entre orquestaciones épicas e himnos de alta mar, la banda cerró una singladura inolvidable que dejó grabado a fuego su espíritu marinero en el corazón del festival. La entrega del grupo sobre el escenario, fue respondida entre aplausos, consolidaron su estatus como una de los grandes nombres dentro del género sinfónico.
Human Nebula
Y seguían las batallas de la Wacken Metal Battle, los siguientes en el duelo serían los sudafricanos Human Nebula, que irrumpieron en el escenario desplegando una muralla sonora de metal alternativo y deathcore progresivo de gran nivel. Representando con orgullo a una zona del planeta, muy generalmente, con poca repercusión, la formación de Pretoria no tardó en hacerse dueños del tiempo, para desarrollar un directo con toda la potencia del metal alternativo, lleno de esa modernidad musical, que muchos seguidores demandan.
A pesar de lo breve de su actuación, su momento estuvo más que aprovechado para demostrar el talento de la banda en su conjunto, su carismático frontman Gareth Reed supo conectar de inmediato con el público, guiando a la multitud por la intensidad de las canciones, y marcando su propia marca de fuerza e identidad a la competición.
The Crescent Call
El siguiente duelo de las Metal Battle se enclavó en la tierras de la Alta Austria, dando salida a la originalidad artística de The Crescent Call. Mezclando su estilo musical con una perfecta actuación teatral, la gente dio su favor hacia un combo grupal digno del más alto nivel moderno. Con muchos tintes guturales de adorno en las zonas más rudas de las líricas, la triple presencia femenina se convirtió en el factor ganador referente a The Crescent Call. El arte escénico de Christina, coronada en directo, acomodó su voz en un espectáculo singular de percepción audiovisual, acompañada siempre del virtuosismo violinista de María.
Entre una cordofonía bien nivelada y la presentación del álbum debut “The Call”, la gran mayoría de las miradas terminaron centradas en Aylinn, dueña de la parte más expresiva del show con su ejecución del violonchelo. Tal era su labor musical que nadie de la banda era capaz de hacerle sombra, pues siempre había espacio protagonista para ella. Puede que resultase estrafalario o muy adornado el concierto para cierto público veterano; ¡no fue así hacia quien buscaba algo distinto del old school y las vertientes clásicas! El arte austríaco tiene su futuro musical asegurado con The Crescent Call, ¡así que hay que seguir a la banda muy de cerca!
Expellow
La descarga más moderna y demoledora del día corrió a cargo de Expellow, ganadores en el año 2025 de la Wacken Metal Battle, que saltaron al escenario dispuestos a revalidar su triunfo de la edición pasada. La formación suiza desplegó su sonido llenos de acordes del metalcore más actual, afilado y cargado de breakdowns que hicieron que público no parara de saltar al ritmo de su enérgica música. Su dinámica y vital cantante, Mik Dean, no paraba ni un minuto quieta, corriendo por el escenario a la vez que demostraba su talento vocal, contagiando a la multitud su espíritu enérgico, invitando a la gente a abrir los primeros circle pits bajo el sol que ya empezaba a caldear tierras alemanas.
Instrumentalmente el sonido tanto de sus guitarras, como el de su batería demostraron un nivel de musicalidad que refleja la madurez que da ya el tener una experiencia en el festival. Cuya respuesta por parte del público volvió a ser inmediata, entregándose a la violencia sonora y a la energía desbordante que emanaba la banda. Sin duda para lis neófitos del lugar fue una gran descubrimiento, del que seguro no tardaremos en saber noticias de ellos.
Thundermother
Dice una canción de Coz que «las chicas son guerreras», y la actuación de Thundermother fue puro poder femenino: de esas que vienen a comerse el mundo demostrando sus méritos, de las que no necesitan hacerse las víctimas para empoderarse. En definitiva, su show fue verdadero feminismo. Un rock ‘n’ roll directo a nuestras cabezas que retumbó con fuerza e hizo vibrar los cimientos del Wacken. Las suecas no necesitaron grandes artificios para adueñarse del público, desplegando una muralla de riffs de guitarra clásicos, a un volumen atronador. Herederas de bandas como Girlschool, desde los primeros acordes, no les faltaría actitud sobre el escenario, contagiando su energía a una multitud con ganas de sonidos potentes.
La compenetración desbordante entre cada una de las componentes, capitaneada por su cantante Linnéa Vikström, demostraron por qué son una garantía absoluta de triunfo en los grandes recintos europeos. El terremoto sonoro terminó de desatarse cuando soltaron la artillería pesada al ritmo de «Thunderous» y «Loud and Free«, dos canciones que pusieron los alrededores del escenario Louder, patas arriba. Con la velocidad al límite, el tramo final culminó en una explosión de adrenalina, con el empuje rabioso de «Driving in Style«. Con un público exhausto, Thunder Mother nos dio una lección magistral de hard rock, dejando claro que el trono del rock ‘n’ roll no entiende de géneros, sino de pura actitud sobre el escenario.
Battlecreek
El Wasteland siempre será la zona de guerra campal en el Wacken. El público que accede a él sabe lo que le espera cuando una banda toca allí, así que una gran multitud se entregó a la frenética descarga musical de Battlecreek. Con un reciente disco publicado y la mirada puesta en un futuro de thrashería singular, el cuarteto de Baviera no se cortó lo más mínimo en dar una dosis de old school sin preámbulos ni tonterías. Entre moshpits y los intensos cabeceos por doquier, las masas sociales se impregnaron de una fervorosa actuación que no dejó indiferente a nadie. A través de un repertorio muy variado y las ganas puestas en reventar el Wasteland, Battlecreek evitó que el público se quedase quieto de múltiples formas.
El azogue personal de los artistas, la precisa ejecución cordófona o la potencia de la estructura base fueron algunas de las claves del éxito. ¿Qué más se puede pedir a un grupo que lleva consolidado desde hace dos décadas? Mejor decírselo a Berne, cuya rauda voz es un símbolo de trabalenguas difícil de emular. Lo mismo se puede expresar de Chris y Andreas, artífices de unos ritmos y solos tan brutales como fáciles de seguir en la línea compositiva. El encanto del arsenal thrasher que desplegó Battlecreek en directo acabó siendo una bola de demolición muy necesaria al comienzo de la tarde.
Lovebites
Estrenar el Infield, al menos, el escenario del Harder, con la imperiosa actuación de las niponas Lovebites fue algo inaudito a lo largo de los años del Wacken. El combo femenino salió entre aplausos y sollozos de alegría bajo un lema único, “Aquí mandamos nosotras, ¡y nadie más!” Lo hicieron con todo la ilusión del mundo, ya que fueron, de sobra, la revelación de la tarde sin tener en cuenta a los cabezas del cartel. Diez años de trayectoria y casi sacadas de un manga/anime, el reputado quinteto femenil tomó las riendas del público y le llevó por un camino de frenesí y disfrute audiovisual que poco envidiaría a los shows de metal/rock japoneses.
Siendo uno de los grupos más exitosos de la industria musical asiática en la actualidad, pocos osaríamos a decir algo malo o difamador de ellas. Estrenaron su hora de concierto con un setlist de los mejores temas de su discografía, aparte de dar un poco de visibilidad a su nuevo álbum “Outstanding Power”. Embebidas en un sonido salido de una película de CGI y sin utilizar elementos especiales, Lovebites realizó una experiencia musical que se recordará, durante mucho tiempo, en el Wacken. No nos fue posible escoger a alguien que destacase en la banda, porque todas fueron un derroche de talento singular.
Desgranando el show de la bellezas niponas, Asami se encargó de liderar las letras de las canciones con una alegría inmensa que no le cabía en el pecho, pues no dejó de sonreír ni mientras su garganta mezclaba sentimientos y tonos en un cúmulo vocal capaz de hacer llorar de emoción. Escudada por dos guitarras de leve distorsión y una calidad interpretativa imposible de superar, Miyako y Midori se pasaban los testigos rítmicos y solistas como un juego de tenis. Se unían en los armónicos, exaltaban el valor de la sincronización, mantenían un porte de seriedad y satisfacción a partes iguales… Sus técnicas teóricas se adornaron de multitud de escalas y acordes fuera de lo común, lo cual convirtió el espectáculo en una masterclass para cualquier aficionado o profesional de la guitarra.
Por detrás, el espíritu curioso de Anya Forger (Spy X Family) se manifestó en Haruna, cuyo rol percusionista parecía sacado del mismo anime. Le venía genial el maquillaje, pues le dio el toque fantasioso al concierto junto a algunas piezas de su kit de batería (platillos en forma de estrella XD) Quien diga que tocar un bajo es fácil, que llame a Fami y le pregunte cuantos ensayos lleva hasta ahora, porque verla con esa cara de muñeca de porcelana (¡como todas!) y ejecutar unos insólitos graves con sus dedos surcando los trastes… Se nos caía la cara de vergüenza de ver tanta aptitud sin fallar ni una nota. Uniendo estas descripciones ante los miles de asistentes, nos queda decir una cosa hacia Lovebites… ¡Domo Arigato y volved pronto por Europa!
The Hardkiss
La guerra entre Rusia y Ucrania no parece tener un fin a corto plazo con tantos intereses políticos sobre el tablero europeo. Quizás por ello, el show del cuarteto The Hardkiss tuvo un componente emocional, bastante notable, más allá de la empatía festivalera con los pueblos que sufren el belicismo de unos pocos dirigentes ávidos de poder. Conocida la banda por su conjunción del metal/rock con elementos tecnócratas y matices pop, uno de los elementos que más sorprendió fue el ímpetu artístico de su vocalista, Julia. Aderezada cual funcionaria estatal y encadenada a un sistema socioeconómico que destruye todo lo que le rodea, su patente rechazo al panorama actual se compartió por los asistentes que prestaron su voluntad al estilo musical desplegado por The Hardkiss.
La sencilla forma de establecer un vínculo social con los coros y las líricas fue una inesperada especialidad del combo ucraniano, generando una algarabía continua de disfrute general. El escenario del Louder se convirtió en un hervidero de fusión artística gracias a la ejecución de múltiples cortes del reciente “Grey Hound” y un selecto compendio de cortes pertenecientes a la prolífica discografía. Una mención especial, aparte de Julia, también se expresa hacia la cordofonía de Val y Klym, quienes pusieron todo su ser en realzar el valor sonoro del directo a la vez que la férrea percusión de Yevhen. Muy poca gente no atendió a la llamada solidaria que The Hardkiss lanzó en el Wacken hacia Ucrania, ¡de modo que un multitudinario apoyo general siempre viene bien!
Witchlords
Desde Bélgica, los potentes Witchlords ofreciendo un despliegue de heavy y power metal épico con una personalidad arrolladora. Inspirados en el universo de los juegos de mesa y la fantasía clásica, el grupo con Kristof Dedene al frente, desató una ráfaga de galopantes riffs de guitarra y melodías épicas que evocaron las raíces más puras y tradicionales del género. Su actuación fue una demostración de ilusión, energía y dinamismo, donde la música fue un miembro más para contar historias, y donde invitaron al público unirse a la gran travesía que les había llevado a conseguir la oportunidad de tocar en un festival internacional.
Noiduin
Con la sigues actuación, la Wacken Metal Battle, abandonaría los sonidos de más rabiosa actualidad, para embarcarnos en la tradición más auténtica. Representando la vertiente más mística de la batalla desde Finlandia, Noiduin asombraría al público con una hipnótica y curiosa propuesta de pagan, dark y folk metal impregnada de historias sobre la mitología nórdica y finesa. Una cosa hay que tener en cuenta, la banda finlandesa puso cuidado, hasta el mínimo detalle la escenografía, que aunque solo llegara al vestuario e instrumentos, llegando a cambiar la típica batería, por el sonido del yunque.
Una propuesta escénica profundamente ligada al folclore antiguo, la banda combinó percusiones tribales, pasajes acústicos envolventes e instrumentos tradicionales como el jouhikko y el kantele con estallidos del metal más pesado y moderno, sin perder la tradición, y destacando la abrumadora emotividad de sus melodías vocales. Muchos nos quedamos asombrados con su directo, pues nos ofrecieron una atmósfera ritual y oscura que hicieron viajar hacia los bosques más propios de las tierras nórdicas.
The Gathering
Uno de los shows más esperados del primer día del Wacken, sin duda alguna, era la reunión del icónico grupo neerlandés The Gathering con la famosa y reputada soprano Anneke Van Giersbergen. Anneke militó en la banda durante unos doce años, consagrando la mejor época compositiva y musical de toda la trayectoria discográfica. Bajo esa premisa y con toda la atención centrada en cómo se desarrollaría el show a la vez que disfrutar de la calidad vocal de la cantante, el público se agolpaba en las primeras filas. Encauzando la apertura con “Eléanor” y “Fear the Sea”, muy claro quedó que The Gathering iba a mostrar todo el potencial de esa joya de disco que es “Mandylon” y que cumplió tres décadas el año pasado.
En contra de las expectativas y el paso del tiempo, Anneke defendió su legado lírico modulando su laringe en un deleite vocal que extasió a la gente presente. Incluso con la estática de no moverse del micrófono, ella fue la protagonista de una velada increíble que volvió a despertar los mejores sueños del doom/death progresivo. Además, la gente no dejó de apoyar a Anneke cual diosa que es, llegando ella al borde de las lágrimas en el final.
Claro está que Anneke no es la totalidad de la banda, sino una parte muy importante en sí. La maquinaria neerlandesa ha tenido muchos cambios a lo largo de su trayectoria; el núcleo creativo sigue vigente desde la reunión en 2017. Anneke parecía ser la única sorpresa especial del show, lo cual cayó en error al ver la consolidada cohesión grupal del resto de miembros. A esta sentencia se incluyó la presencia del guitarrista Jelmer, quien también volvía a The Gathering en calidad de miembro original. A imagen general, era como si el grupo hubiera retrocedido en el tiempo, ofreciendo una calidad singular de espectáculo, al igual que la iluminación accesoria y el inteligente uso de la pantalla digital trasera.
Los hermanos Rutten, capitanes de la percusión y la guitarra líder, mostraron una faceta templada a la vez que satisfactoria en su buen hacer instrumental. De una catatonia palpable, Hugo lideró los graves de su bajo en un dominio excelso que no perdió su toque cautivador en mitad de la potencia sonora. Adornando cada melodía de una belleza inusual cual nostalgia temporal, Frank no falló en su rol teclista, llevándose un aluvión de apoyo social en sus momentos álgidos de solista. Una hora se quedó muy corta para los fans, pues ver a Anneke y compañía retirarse entre laureles fue una dura despedida… ¿Cuándo se volverá a disfrutar de un show similar por parte de The Gathering? ¡Pronto, a poder ser!
Morphide
La última batalla de bandas que se contempló, por parte de Metaltrip, en los escenarios gemelos del WET y Headbangers fue cortesía de Morphide. Siendo un proyecto del núcleo marital de Jelizaveta “Eissa” y Kristians “Chris”, su irrupción en el escenario levantó los ánimos entre en el público de improviso. Con la reciente incorporación del baterista Anton cual acompañante en el viaje musical, Morphide mostró que el metal/rock moderno de la zona este de la región báltica está a la altura de las expectativas heavies de Europa.
A través de una fusión de estilos entre lo progresivo y lo alternativo con una ganancia de metalcore, Morphide aprovechó su tiempo de actuación de una manera muy contundente, otorgando una sonoridad perfecta que mucho gustó a quienes se acercaron al show o querían buscar nuevas vertientes más allá de lo habitual en el Wacken. Eissa, siempre al frente y demostrando un tono vocal bastante versátil, se ganó el favor general; también gracias a su actitud directa y sin rodeos. La cordofonía no se quedó a expensas de ella, sino que la apoyó e infundió una dosis adecuada de arte extremo como bien quería el público. Cual alegato final, expresar la admiración que hubo hacia Morphide días después, resonando su recuerdo por el festival.
Velvet Rush
Tras la actuación de Morphide y el final del primer día respecto a las Metal Battle, mucha gente abarrotó el WET con un objetivo en común. Se puede perder la visión de un cometa, omitir un eclipse, pero el caso de Velvet Rush va más allá de una mera coincidencia musical. Que una banda de hard rock germánica haya obtenido una popularidad tan bestial con sólo un año de trayectoria y un par de trabajos de estudio es un fenómeno que nadie querría perderse en directo. Con el logo grupal de estandarte bien alzado y perenne, los artistas fueron saliendo al escenario en una actitud alegre e ilusionante, pues sabían que tocar en el magnánimo Wacken es el sueño de cualquier heavy mundial. Sin embargo, el momento más álgido, el cual se mantuvo durante todo el show, fue la imponente figura femenina de Sandra, la portentosa vocalista que sustenta Velvet Rush. Envuelta de un furor social explosivo que bien aprovechó a su favor, realizó un despliegue vocal inmenso. Bien podía cantar las líricas cual ángel celestial que soltar un ladrido infernal que peinase melenas al instante.
Justo al ver a Sandra en su frenesí personal, mucha gente entendió por qué Velvet Rush está rompiendo récords de expectación en el metal/rock moderno. Nivelando el setlist por los trabajos en estudio de los que dispone el grupo germánico, cualquier canción parecía ser un hito inmortal que se coreó al unísono. ¡Una decena de cortes fueron más que suficientes con motivo de enseñar el poderío que se gasta Velvet Rush! Por supuesto, la banda no es sólo Sandra al frente, sino que también hay que atender al resto de compañeros que dan pie al estilo instrumental. La labor cordófona era cosas de dos, pues Dennis y Tim desplegaron un arsenal sonoro espectacular. Utilizando los efectos adecuados para cada ocasión, las melodías se envolvieron de un aura brillante, recordando a bandas de los 70’ y 80’ (¡las épocas doradas del hard rock mundial!). El derroche de carisma rivalizaba con Sandra, estableciendo una atmósfera de pasión musical poco vista en la actualidad. Esos mismos términos se pueden decir hacia Tom, cuyos redobles y toques bateristas ofrecían una original estética audiovisual en la fortaleza germánica. Menos de una hora en directo y todos acabaron abrumados de la experiencia vivida con Velvet Rush, una huracán de emociones que bien hace honores a la reputación que lleva cosechando desde su fundación.
Lacuna Coil
Para cerrar el escenario del Louder y dejar paso al cabeza de cartel que era Hämatom, el Wacken se vistió de ocasión con la llegada de la leyenda italiana que es Lacuna Coil. Adalides del metal/rock alternativo con matices góticos, la maquinaria milanesa se ha convertido en un demoledor huracán de masas sociales. Con la presencia de la célebre cantante Cristina Scabbia en el centro de la formación, el grupo acudía a la cita festivalera con la intención de seguir presentando su reciente álbum “Sleepless Empire” y realizar una selecto repertorio de sus trabajos anteriores. Una decisión acertada que, por desgracia, omitió algunos guiños a los primeros años de la banda. No es una decisión cuestionable, pues los fans de Lacuna Coil saben que poco se puede reprochar al estilo compositivo labrado durante tres décadas.
En opinión personal, sí que hubo algo que arruinó (en cierto modo) la actuación del grupo italiano, tratándose de la estética usada en la puesta de escena. Mucho maquillaje al frente y extravagante vestuario, dando una imagen de “circo musical”… Cada uno que cuestione tal valoración, aunque algo prescindible era; ¡en especial, hacia Cristina! No obstante, omitiendo eso, el show de Lacuna Coil fue un absoluto espectáculo audiovisual que atrajo la noche en la tierra sagrada del Wacken. Además, otorgar una hora y media de tiempo a la banda, a pesar del solapaje con Hämatom, fue un extra de motivación para el público acérrimo.
Dentro de lo que es un núcleo vocal de Lacuna Coil, los duetos de Cristina con Andrea son una delicia acústica propios de una ópera. El contraste tonal entre ambos atrajo el interés social sin posibilidad de escapar a la hipnosis laríngea. Por mucho que la cordofonía intentase rascar un poco de atención en las zonas solistas o breaks estructurales, las miradas no se apartaban del dúo vocal. Por supuesto, Marco y Daniele realizaron una labor increíble a la hora de ejecutar las líneas melódicas y armónicas, sin perder su cercanía al público. No saber por dónde se vienen las rupturas musicales o cambios en las cadencias rítmicas es una de las especialidades de Lacuna Coil. De ahí que la banda obtuviese un merecido apoyo en cuestión a la estética creativa.
Tapado por el humo artificial, la tarea percusionista de Richard también merece su respeto cual férreo sostén de los temas. No hay que olvidar que el éxito de Lacuna Coil, en directo, no sólo es música y poco más, sino la inclusión de elementos escénicos adecuados, como una genial iluminación cromática o la estética grupal (¡más o menos!). Por ello, el primer día en el Louder del Wacken se cerró con una actuación sublime de una banda que camina hacia delante sin perder el glorioso pasado que les ha llevado a su actual posición de estrellato artístico.
Kadavar
La noche se iba acercando, en pleno atardecer en Alemania, una densa y pesada nube de psicodelia y sonidos stoner rock se apoderó del festival de Wacken cuando la banda de Berlín, Kadavar, tomó el control de unos de los escenarios de los gemelos. Reconozco que para mí era una de las bandas que más ganas tenía de ver, sonidos inteligentemente elaborados, que hizo retroceder el tiempo hasta los años setenta donde la música progresiva alcanzaría su apogeo. La batería tocaba con una furia primitiva que era la que marcaría el pulso de una actuación donde la densidad de sus guitarras nos acabaría envolviendo, en melodías hipnóticas, manteniendo al público inmersos en trance.
Reconozco que el ambiente del atardecer se aliaría con la música de Kadavar, en perfecta sincronización, como si la banda controlara a la naturaleza de aquel paraje. Dando como resultado un show natural, sin apenas elementos extras, una actuación que conquistó a miles de seguidores del sonido progresivo más clásico, pero sonando moderno y actual.
The Troops of Doom
Tercera vez que se vería a The Troops of Doom en directo y de nuevo, Jairo y compañía hicieron vibrar el entorno de una forma tan bestial como bien se requiere en el suelo sagrado del Wacken. Vuelta al Wasteland y la noche caída sobre el festival, el cuarteto brasileño sacó su artillería sonora con una aparición estelar que sorprendió a cualquiera que estuviera por las cercanías. Jairo es, de por sí, una leyenda cual artífice de los primeros trabajos de Sepultura, pero ver al mítico Frank Blackfire (Sodom) en el apoyo guitarrista… ¿Qué clase de honor es éste? Algo muy diferente y fresco sobre el escenario, porque The Troops of Doom realizó el mismo show (salvo algún que otro escueto cambio) y las mismas canciones que cuando estuvieron de gira, en años previos, por España. Una decisión arriesgada, pero el show no decayó en energía, según opiniones varias.
Cierto que Jairo es todo un maestro del death/thrash que se saca riffs demoledores en simples rasgueos, al igual que los excelsos compañeros que le acompañan. La reciente salida de Marcelo y su posterior sustitución por Frank ha dejado una huella imborrable en el grupo, al igual que la ausencia de Fábio, quien ya se había acostumbrado a la formación cordófona. El delicado equilibrio entre ambas épocas de metal/rock extremo estuvo a la altura en todo momento, sin olvidar las obligadas versiones a Sepultura, como «Bestial Devastation» y el propio tema homónimo, lo cual supuso el clímax de la actuación entre la algarabía presente. Por supuesto, el crudo sonido fue un protagonista muy importante en la velada, ya que el thrash/death necesita un enfoque old school característico que The Troops of Doom dominó con facilidad (¡son unos maestros!). No se niega que la banda ofreció un concierto a la altura de lo que se requería. Quitando el perenne setlist respecto a los shows previos, el cuarteto internacional enseñó que la verdadera esencia del old school no ha desaparecido, sino que se reinventa en adaptación al desarrollo musical.
Hamatom
Que Hämatom se solapase con muchas bandas de otros escenarios, como Kadavar, Lacuna Coil o Rose Tattoo, no fue un obstáculo para que Metaltrip otorgase una atención hacia el divertido combo germánico. El repentino fallecimiento del bajista Peter “West” hace unos años es una huella imborrable en el grupo, pues Hämatom decidió que su memoria jamás sería sustituida, ¡ni en estudio ni en directo! Al revés, la incorporación de otra guitarra, Annika “Rose” bien ha convencido a los fans como baluarte de calidad compositiva. Quizás los cuatro puntos cardinales se hayan quedado descolgados en el oeste; ¡el resto continúa siendo un frenesí único y especial!
La inmensidad del Faster podría haber significado un vacío existencial en la escénica de Hämatom, ¡ni mucho menos! Colaboraciones especiales de amistades y grupos, toques de humor y gracia a cada rato, despliegue sonoro sin fallos ni altibajos apreciables… ¡Lo que se vivió en la noche del Infield iba más allá de una fiesta de metal/rock! El público se agolpaba de tal manera que llegar a mitad de la algarabía era una tarea imposible, tanto al frente como por los laterales del recinto. Más mérito tiene relatar el tremendo arraigo social hacia Hämatom; las canciones se cantaban solas, el vaivén de los brazos no necesitaba guía y el jolgorio estallaba por cada instante del show.
Una veinte de temas es una minucia de repertorio, sabiendo el palmarés que ostenta el cuarteto germánico. De igual manera, dos horas de pura actuación musical con Hämatom se sintieron muy cortas, a pesar de los múltiples covers y las participaciones extras. Si algo es digno de mencionar es la resistencia de Hämatom a dar una imagen de seriedad. ¿Qué hace al metal/rock tan especial que no sea su estilo artístico? Reír las bromas de Torsten “Nord” junto a los juegos sociales, contemplar el brillante anonimato y el flameado estético de Jacek “Ost”, la impoluta ejecución guitarrista de Annika “Rose” sin quitarle el ojo a su máscara nipona, el increíble despliegue baterista de Frank “Süd” bajo esa faceta de la muerte latina…
Sin duda, el secreto del éxito de Hämatom, allá donde esté, no reside en sus canciones, sino en la particular visión holística de hacer que el público siempre sea partícipe del show (¡en el teatro, la gente también forma parte de la actuación!). Los decoros escénicos estuvieron a la altura de las necesidades de la banda, mencionando las columnas llameantes, el humo artificial y la cromática iluminativa en función de los mensajes a transmitir. Otras bandas requerían su espacio mediático, pero en caso contrario, ¡Metaltrip habría saltado, bailado y disfrutado al mismo nivel que quienes estuvieron al pie del cañón, de principio a fin, con Hämatom!
Unzutch
Ya con la noche instalada en el festival, nos desplazaríamos hacia el escenario del Wackinger. Una zona que destaca por estar ambientada en un típico poblado vikingo, y que contrataría por la actuación de Unzucht, que nos haría bailar con sonidos más cercanos a la vanguardia del metal industrial y del Darkwave. Jugando en casa, la banda alemana desató una tormenta de ritmos electrónicos envolventes y guitarras pesadas que añadió un toque de modernidad a tal peculiar espacio. La voz de su cantante, Daniel Schulz, también conocido como «Der Schulz», supo transmitir una carga emotiva y dramática abrumadora de cada una de las letras de las canciones.
El público , contagiado por esa misteriosa aura, enseguida empezó a cantar sus contagiosos de estribillos, en complicidad con la banda. La oscuridad del ambiente, la sentimos todos los allí reunidos como cercana y placentera, ya he comentado antes, que con los primeros acordes de la música de Unzucht, su sonido invitaba a bailar toda la noche, donde las luces terminarían de crear la atmósfera mística del concierto. Sin duda, un toque musical diferente.
Rose Tattoo
De la vanguardia más moderna, terminaríamos esa noche, disfrutando de la actuación de unas leyendas del hard rock australiano. Rose Tattoo, la veterana formación liderada por el incombustible Angry Anderson, demostró ampliamente que la edad, no borra para nada el espíritu rebelde, sino que añade más experiencia a la actuación, haciendo disfrutar a la gente, que completamente emocionada, y boquiabierta, no apartaba la mirada del escenario.
El virtuoso sonido de sus guitarras, sonaron con fuerza, llenando el ambiente del festival, de un aura especial, cargada de nostalgia. Esa mística atemporal alcanzó su punto álgido cuando sonaron los primeros acordes de «Scarred for Life«, «Rock ‘n’ Roll Outlaw» y el implacable cierre con «Nice Boys«. La actuación de Rose Tattoo, fue un viaje directo a las raíces más puras del hard rock, donde el talento se demuestra a cada nota, sintiéndose como un eco vivo de una era dorada.
Sacred Steel
En estos tiempos bélicos, acabar el día en el Wasteland con la actuación de los germánicos Sacred Steel es un regalo del mejor heavy/power europeo. Delante de la épica apisonadora que celebraba sus tres décadas de trayectoria profesional, no existían tonterías ni elementos modernos, ¡sólo metal/rock del bueno, sólido y muy directo! Teniendo a la imponente figura de Gerrit ofreciendo un despliegue vocal muy potente, la banda agarró el calor nocturno del festival y le infundió un sentimiento de mutua agresividad artística. Sonido muy rudo y de estética old school, actitud dominadora, público caldeado con ciertos moshpits… Si se suma un setlist repartido por la excelsa discografía, se puede concluir que Sacred Steel fue la mejor opción con motivo de cerrar el área apocalíptica a lo grande. Porque mucha gente se fue a descansar a los campings, pero algo más de presencia social hubiera venido bien ante el derroche de calidad interpretativa por parte de Sacred Steel.
Aunque la escasa iluminación frontal impidió la completa visualización de los artistas, el despliegue escénico era una completa declaración de intenciones hacia el restante público circundante. Bajo una intensa cromática y un sonido general bien perceptible, el quinteto caldeó el Wasteland con himnos como “Battle Angel” o “Wargods of Metal”. Además, la reciente incorporación de músicos en los últimos tiempos, ya fuera Toni al bajo o Jörn a la segunda guitarra, se notó cual aire fresco a la formación en directo. La estética heavy no faltó en el concierto, pues debido a la gran mayoría de los asistentes con una media de edad adulta, el show se entendió cual férrea defensa al metal/rock clásico. Ese sentimiento de reivindicación dominó la actuación e hizo que Sacred Steel brillase en la noche del Wacken en plena actitud old school que mucho gustó ante cientos de asistentes.
Alien Ant Farm
La nostalgia del nu metal y el rock alternativo de principios de los dos mil desembarcó con fuerza en el festival de Wacken de la mano de Alien Ant Farm. La banda californiana saltó al escenario derrochando su ya clásica energía desenfadada, que enseguida se contagió a la marea de gente que se reunió frente al escenario del Lourder, a media mañana del jueves. El grupo repasó los grandes éxitos de su trayectoria, destacando, la interpretación y la sólida presencia de su vocalista Dryden Mitchell, quien conectó de forma brillante con el público entre bromas. El ritmo acelerado de sus guitarras, y la aplastante y potente batería, provocaría tempraneros moshpits y saltos de entusiasmo entre la marea humana, que por unos minutos viajarán años atrás en el tiempo.
El punto culminante de la actuación llegó tras la particular versión de “Smooth Criminal”, en un intento de fusionar el pop, con otros sonidos más extremos, quedando particularmente bien, y animada. Alien Ant Farm, demostraron que por mucho tiempo que pase, siguen manteniendo la misma energía que al principio, y que su sonido sigue siendo garantía de fiesta.
Force
La única Metal Battle a la que Metaltrip asistiría, en la segunda jornada del Wacken, sería Force, un trío chileno que, al día siguiente, se alzaría con la victoria de la WMB. Se sabía, de antemano, que Force arrasaría en el suelo sagrado del metal/rock mundial, pues competir contra un estilo musical que ha marcado generaciones, liderado listas de ventas y consagrado hitos en la industria extrema, ¡es imposible! Force es un trío de puro glam/hair, es decir, la reencarnación juvenil de grupos como Mötley Crüe, Poison, Def Leppard, Bon Jovi y otros muchos más que tuvieron al mundo a sus pies a finales del S. XX.
Descaro y desdén por el status quo, indiferencia hacia temas comunes y arraigo a las subculturas y minorías, estética extravagante y muy llamativa… ¡Es que iban a ganar la batalla de bandas con sólo aparecer ante el público! No es tan fácil hacerlo como decirlo… ¿Qué tuvo Force en el Wacken para ser un completo torbellino de sensaciones nostálgicas y una absoluta experiencia dorada del metal/rock clásico? ¡Hay que verlo entero para dar una respuesta concreta!
Siendo un simple trío, lo primero fue la actitud cercana y directa hacia la gente frente a la banda. ¿Hay que cantar los temas al unísono? ¡Vaya que sí, y más fuerte que el propio Laureano! Por muchas posturitas sensuales y un aroma de laca capilar, su facilidad vocal era un llamada al contraste temporal, siendo respondida con mucha mayor expectación de la prevista. ¿Por qué tener una segunda guitarra cuando Hans aporrea el bajo de forma magistral? Verle tocar con el viento de frente, levantando pasiones fantasiosas, hizo aplaudir con todo lo que había a mano. La última prueba se encontraba en la batería, pues Camila demostró que unas delicadas manos de porcelana también pueden agarrar unas baquetas y ejecutar una percusión perfecta de increíble deleite escénico. Ayudando en los coros y el apoyo lírico, su derroche de carisma era tal que acabó convirtiéndose en una guía de los bailes que la gente no podía evitar. A pesar de la corta actuación, las banderas de Chile se ondearon en favor del trío patriótico, el cual supo dar un show cualitativo que marcó un antes y un después en el Wacken. De forma muy encarecida, se recomienda seguir a Force, ¡pues no tardarán en liderar las nuevas oleadas glammers mundiales del futuro!
Katerfahrt
La segunda jornada del Wacken iba a ser muy especial respecto al área cultural del Wackinger, donde las bandas más folclóricas iban a ser una revelación en el descubrimiento y aumento del conocimiento musical. Katerfahrt no fue una excepción dentro de esa concepción personal, porque bajo una intensa descarga instrumental directa a provocar bailes regionales, el grupo acabó enseñando el poder de la cultura germánica. Música suave de potente sonido general, una actitud alegre que bien se contagiaba por doquier, el público entregado a la causa… Cualquiera podría alegar que Katerfahrt apartó la timidez social del Wackinger, dejando que la alegría se adueñase de los presentes.
Mediando el setlist por la discografía disponible, el grupo logró que el furor musical no se perdiese por la inmensidad del Wacken, sino que le otorgó una personalidad propia más allá de una simple actuación piratesca. El objetivo de Katerfahrt no era un simple botín, pues aunar cientos de laringes al unísono brilló mucho más que un puñado de monedas de oro. Con menos de una hora de tiempo, los músicos engalanaron la ocasión como bien querían y se deseaba por parte del público, hecho que más tarde se volvería a repetir en el festival de Summer Breeze.
Vogelfrey
Poco hubo que moverse del Wackinger, pues no tardaría en volver el ámbito folclórico con la leyenda germánica de Vogelfrey. ¿Por qué cambiar el estilo musical cuando hay pruebas evidentes del arraigo social hacia él? Abandonando el aspecto piratesco de Katerfahrt con una imagen más moderna, Vogelfrey se engalanó para regalar una actuación que tuvo un protagonista único durante toda la velada, el público. Ni artistas sobre el escenario, ni una motivación grupal más allá del jolgorio… Quien no corease los temas o danzase con las líricas, ¡se había equivocado de show y de lugar! En un repertorio variado donde hubo más presencia del último álbum y guiños al pasado, la banda no pudo evitar poner el Wackinger patas arriba entre saltos y bailes de diversa índole como compensación a la increíble respuesta social mutua. Hablar de Vogelfrey es nombrar un cúmulo de acontecimientos que poseían un cuerpo físico y un alma infinita de creatividad.
Siempre al frente, el compendio de la cordofonía no se limitó a rasguear los instrumentos de cuerda, sino que apoyó las líricas como si la vida les fuera en ello. El caso de Alex y su violín fue más allá de adornar las melodías de una suavidad orquestal, al igual que la maestría violonchelista de Johanna. La portentosa figura femenina no se apartó de Chris y su bajo, recreando las escenas más divertidas del show. La fuerza de los graves conjuntos rivalizó con sus contrapartes agudas, dando una sensación de batalla campal en la conquista social. Por detrás, la percusión de Dominik no se cansó en ofrecer unos toques sólidos a las geniales melodías, que desataron la locura en un público que no quería otra cosa salvo fiesta muy heavy. No se quería la retirada de Vogelfrey del Wackinger, pero con un show de tanta calidad escénica, un poco más de tiempo hubiera sido todo un deleite divino.
Black Tish
Corriendo, abandonamos la zona del Infield, para acercarnos al escenario del Wasteland, para llenarnos con sonidos de rock alternativo con matices oscuros, de la mano de Black Tish, que ofrecería una demostración de actitud irreverente y directa al grano. La banda irrumpió en un escenario con una decoración minimalista, tan solo el nombre del grupo en la pantalla de fondo, pero cuando hay talento, no hace falta más. Así la banda llegó dispuesta a romper esquemas, desplegando su sonido, afilado y cargado de riffs de guitarra que hipnotizaba al público, todo ello bajo una base electrónica, que de inmediato puso a bailar a todo el mundo.
Su vocalista, Bob Coecke, como perfecto maestro de ceremonia, nos guiaría por el curioso proyecto que es la banda, lleno de sonidos de música industrial y metal experimental, alternando pasajes melódicos con explosiones de distorsión. Una propuesta que lograría conquistar a los amantes de las atmósferas experimentales. Sin duda, para la que escribe, la actuación fue todo un descubrimiento, fue un concierto vibrante y lleno de personalidad, consolidándose como una de las sorpresas más auténticas, y distintas del jueves.
Therapy?
De vuelta al área del Louder, algo extraño ocurrió al disfrutar de la actuación de un trío irlandés muy peculiar. Para moverse por áreas alternativas muy rockeras, la presencia de Therapy? en el Wacken fue un descubrimiento que hizo replantearse la visión del metal/rock actual. Con una escénica muy escueta y una ilusión desmesurada por actuar en directo, Therapy? se ganó un inesperado éxito entre la gente que necesitaba ver algo diferente al típico old school o las nuevas corrientes de la vanguardia extrema. La sensación atemporal de los irlandeses fue toda una sorpresa al observar que sus canciones, cualquiera que se interpretase, no podía clasificarse en una época específica.
Interpretando gran parte de su álbum “Troublegum” y cortes repartidos por la extensa discografía, Therapy? hizo un show de lo más ecléctico, ¡pero muy llamativo a la vez! Una magia inusual poco vista en la actualidad, pues es difícil que una banda enganche a través de melodías bastante técnicas. Intentar descifrar el laureado secreto de Therapy? significaría hablar sobre el derroche de personalidad que los tres músicos tuvieron en el escenario. El fácil contagio del júbilo hacia el extasiado público, una actitud bipolar de interpretación muy interesante de contemplar…
La gente sabía que Therapy? no estaba haciendo un mero show cotidiano. Quizás la emoción de tocar en el suelo sagrado del mundo heavy tuviera parte de la culpa, pues no había quien borrase la sonrisa del líder guitarrista, Andy. Expresando un sinfín de gestos junto al despliegue vocal, no dudó en ceder al azogue espiritual. Sólo estuvo superado por Michael, cuyo bajo superó la categoría de juguete infantil con un dominio grave exquisito. Entre risas y mucho humor facial, mantuvo los ánimos caldeados incluso en la distancias lejanas del Louder.
Lo mismo sucedió con Neil, quien encadenado a su batería, también deleitó a los asistentes con sus dotes bateristas en una equilibrada balanza de suaves técnicas y rudos toques percusionistas del más alto nivel. Haber visto más a Therapy? no habría sido una mala idea, pero más bandas aguardaban por la inmensidad del Wacken. No obstante, dar una oportunidad a la música de Therapy? ¡es algo que no va a decepcionar ni queriendo!
Brunhilde
Sin abandonar el espacio post apocalíptico donde estaría ubicado en escenario del Wasteland, llegaría el turno para recrearnos con una buena dosis de sonido más underground, y cercano a la música garage. La furia incontenible de Brunhilde, banda alemana de rock, punk y metal alternativo formada en 2012, irrumpió con la fuerza de un vendaval en el escenario. Encabezados por la magnética presencia de su vocalista Caro Loy, la formación nos daría una lección magistral de lo que es un show de alto voltaje, que caldeo de inmediato a la gente que se concentró en los alrededores.
La banda no dio tregua desde el primer segundo, desde el principio asistimos a un actuación llena de teatralidad, donde otra vez, hay que destacar el papel de Caro Loy, que con un carisma arrollador, además de mostrar su talento vocal, no paraba ni un segundo de interactuar entre los demás miembros de la banda, y también con el público. Canciones como “Full of Hate” y “Death and Damnation”, desataron la euforia entre sus seguidores, y el resto personas que descubriría a la banda ese día. La actuación de Brunhilde aportaría esa dosis de rebeldía, de la que no necesita elementos extras, necesarias para levantar a la gente. La banda demostró tener la suficiente experiencia para mostrar un show escénico impecable, dejando claro que sus directos son pura dinamita, mostrándose como una de las actuaciones más potentes del día.
Sagenbringer
Entre actividades lúdicas del Wackinger y aún con la sorpresa patente de la peculiar experiencia vivida con Brunhilde, el momento de más folclore musical se hizo realidad con el show de los germánicos Sagenbringer. Katerfahrt utilizó la temática piratesca, Vogelfrey se fue épocas de contraste temporal… En el caso de Sagenbringer, la naturaleza y el paganismo se adueñaron de la escénica para recrear una atmósfera de comunión a la Madre Tierra.
Tres discos de estudio, un lustro de trayectoria profesional y el cuarteto terminó engendrando un marcado amor por la realidad más salvaje y primitiva de la Humanidad. Invocando a las fuerzas ocultas de Europa, Sagenbringer alcanzó un nivel de teatralidad que resultó en un interés social atrayente en cualquiera de sus ámbitos valorables. Mediante un repertorio disperso por los álbumes donde añadió el reciente sencillo de “Reiter Rohans”, nadie abandonó el Wackinger sin el permiso expreso de la naturaleza cultural más pura del metal/rock.
Entre runas y símbolos primitivos por doquier, la gente no quitaba el ojo a los músicos. Con todo el calor ambiental, la indumentaria animal de Haldruhir no le impidió otorgar un toque vocal sosegado a las líricas. Su presencia frontal supuso una dinámica repartida por el resto de los compañeros, dejando la tarea coral a ellos. Aupando la cordofonía cual baluarte de calidad sonora, Azaril y Skjómi se repartieron las melodías y armonías en una competición de amistosa rivalidad. Quien más fuerte evocase a los espíritus de la tierra sagrada, ¡obtendría la gloria musical
En opinión personal, la unión de ambos logró ese objetivo entre puños alzados, favores al alza y una entrega social muy palpable. Todo ello también fue acrecentado por la percusión que desarrolló Trygve. Las forzudas manos hicieron temblar el terreno, obligando a que la gente bailase al son de los ritmos expelidos en directo. De nuevo, la falta de tiempo dejó a la gente pidiendo bises entre gritos de arraigo fanático, aunque la suficiencia del show se jugó muy bien por parte de Sagenbringer. ¡Un poco de atención al grupo será del agrado de quien busque música metal/rock hecha con total naturalidad!
Firespawn
Cinco años después, todavía no se pueden olvidar los titulares que mostraban la inesperada noticia del fallecimiento del cantante L-G Petrov por un raro proceso oncológico biliar. ¡La vida no es justa, al menos, con quien la merece! La memoria del querido artista sueco quedó representada con la emotiva actuación de Firespawn, proyecto en el que trabajó L-G desde el inicio hasta su caída en brazos de la eternidad al mismo tiempo que Entombed AD. La misma formación se ha mantenido en silencio desde el prematuro adiós de L-G hasta el año pasado, donde se decidió que Firespawn volvería a la escena musical con el perenne recuerdo siempre vivo.
Fiel a sus raíces y con la comandancia vocal de Jörgen (The Project Hate MCMXCIX y Ex-Grave) el grupo convirtió el recinto del Headbanger en un hervidero de odio y furia social que hiciese honor al compañero ausente. El público respondió recreando violentos moshpits y algún que otro surfeó sobre las cabezas. Llevando el intenso contraluz por una diversidad cromática, la escénica quedó copada por la imagen de L-G en el telón trasero y la posterior exhibición de su chaqueta de parches; ¡recuerdo inmortal de su trascendencia en el mundo extremo!
Ocho canciones se repartieron por la tríada de álbumes de estudio que hay en el palmarés de Firespawn, aunque se notó cierto énfasis en temas del debut discográfico con “Shadow Realms”. La gente coreó “Full of Hate” entre hostias mutuas, se experimentó la decadencia social en “The Hunter”, nadie escapó de la influencia de “Heathen Blood”… ¡Un repertorio digno de una ocasión especial! Entre bromas y chascarrillos, Jörgen no falló en su emulación vocal de L-G, sintiendo los guturales del mismo partir el cuerpo y agrietar el alma.
El resto de integrantes de Firespawn ensalzaron el show a través de un despliegue sonoro brutal, ya fuera la cordofonía dual de Victor y Fredrik (¡qué coordinación más perfecta!) en la ejecución solista y el intercambio armónico, los rudos graves de Alexander que se retumbaban por las paredes o la impecable labor baterista de Matte, un portento varonil dispuesto a envalentonar las masas sociales más allá del límite de su capacidad. Cualquier motivación musical entró en una espiral de violencia escénica que casi nadie fue capaz de prever ni al principio ni al fin. Desvanecido y exhausto, el público no pudo hacer más que dar su favor a Firespawn con la despedida de “All Hail” y “Lucifer Has Spoken”, desterrando esa idea de “tributo” por el continuo recuerdo a L-G Petrov. Se vienen nuevos tiempos para el quinteto sueco, así que su actuación en el Wacken es una declaración de lo que se avecina en un futuro próximo.
Yngwie Malmsteen
Dicen que es un egocéntrico de mierda, un altanero que sólo mira por su propio culo cuando hay un desastre a su alrededor, la imagen de la peor divinidad musical… Esperemos que Yngwie Malmsteen no lea esta crónica por si se cabrea con nosotros, porque lo mencionado son algunas de las pruebas que se suelen expresar cuando se dice su nombre. Aquí no vamos a debatir sobre su persona, sino su música y estilo creativo. Por ello, la opinión de servidor es que vimos a una estrella guitarrista rendir otro homenaje a sí mismo. Podrá ser todo lo que quiera la gente, pero quien va a ver a Yngwie sabe que todas las miradas están centradas en él y nadie más. En cierto modo, eso es una falta de respeto hacia el resto de artistas que le acompañan.
Nick Marino es un teclista excelente y su voz ha servido de guía para muchas líneas de canciones actuales del músico sueco. Lo mismo decimos de Emi, quien se ha convertido en un maestro de los graves con esa habilidad bajista que le hace pertenecer a la élite de Yngwie. Cuando servidor veía lo bien que ofrecían su apoyo al guitarrista, no podía reprimir las ideas del por qué seguían con él a pesar del relativo trato nefasto que el guitarrista suele dar a sus compañeros de sesión. ¿Y si Yngwie es un amor a puerta cerrada o en soledad absoluta? Algún día se averiguará, pero mientras nos quedamos con el pedazo de sonido que se gastó a través de ese espectacular muro de amplificadores Marshall. Ni el escenario del Faster, con su tamaño imponente, ¡se le quedó pequeño al reputado artista!
Empezar con «Rising Force» y seguir con medleys incompletos ya nos dio una idea de cómo iba a ser el concierto, y que dos horas no duraría ni queriendo. Una réplica le haríamos al guitarrista, y es que no tocar, ni siquiera la introducción acústica de «Disciples of Hell» nos decepcionó mucho. Por otro lado, con sus dotes clásicas y uso extensivo de estilos barrocos y renacentistas, la gente aplaudió y ovacionó las versiones que hizo de «Badinerie» de J.S. Bach y el «Adagio» del cuarto movimiento del Concierto de Violín de N. Paganini. Todo un lujo en directo que el gran Yngwie, a cada día que pasa, no deja de sorprender. Puede que Yngwie se tirase todo el concierto haciendo solos y más solos, pero tocar esas bellezas es algo que no pasa desapercibido nunca.
De repente, sin tocarla entera, «Seventh Sign» tronó en los altavoces, lo cual significó el pistoletazo para otros momentos de deleite ótico con “Fire and Ice” y “Evil Eye”. Escuchar la versión «Smoke on the Water» de Deep Purple es otra joya a no menospreciar, la cual se coreó entre un público que no quitaba la atención de Yngwie, a pesar de ser como es. Nuestra opinión es obvia respecto a él y su concierto en el Wacken se puede resumir como: “Satisfizo su ego con una calidad inigualable y se le dio el crédito que merece, o insuficiente si se tiene en cuenta su influencia legendaria”.
Life of Agony
Si no se tuvo bastante con la catatonia mental que ofreció Therapy? en el Louder, la vuelta al mismo repitió la ecuación de encontrar una banda impresiva a priori. Desde los barrios de nueva York, el cuarteto de Life of Agony repartió un show muy intenso de fusión musical. Dinamizando la escénica a cada rato, la gente se empapó de una energía sonora salvaje que iba más allá de las expresiones de los artistas. El caso más apreciable era Joey, pues remató la tarea guitarrista bajo una faceta de personalidad límite. ¡Se le oía rechinar los dientes desde las últimas filas!
Ese empeño vital también lo compartió su primo Keith, figura líder de los colectivos transgéneros de América. Sin duda, el poco tiempo que se prestó atención a Life of Agony (¡otras bandas esperaban su momento mediático en Metaltrip!) se resumen en un puñado de artistas dejándose la vida en ofrecer el mejor show de su historia en el Wacken. No es algo a criticar, justo lo contrario, ¡muy loable ese continuo empeño! La gente notó ese hecho, de ahí que el apoyo se incrementase por encima del raciocinio lógico festivalero.
Resolviendo la curiosidad, Life of Agony posee un rico palmarés discográfico en su abrupta trayectoria, donde la inestabilidad percusionista parece haberse remediado para siempre. Suerte de la llegada de Veronica a la batería hace unos años, quien se llevó un interés mayoritario en el admirable despliegue por la retaguardia escénica. ¡Ni el propio Keith, delante suya, le hacía sombra con el micrófono en mano! Justo hablando de él, su voz no ha mutado en la interpretación del setlist clásico. Es decir, Life of Agony medió las canciones entre “Ugly” y “River Runs Red”, la primera época grupal y la más exitosa.
De memoria, Keith dejó que el público cantase los temas en su lugar, evidenciando el alto grado de arraigo hacia la reputación que posee el grupo. En contra del innegable tesón que mostraba Joey en su control rítmico, Alan rasgueaba el bajo en una serenidad absoluta. Sonriente y satisfecho de la respuesta social, no vaciló en recrear las líneas graves al gusto del oyente. A decir verdad, la cordofonía obtuvo un sonorización estupenda, aunque algunos exabruptos de Joey aparecían de vez en cuando. Las sensaciones que dejó Life of Agony pusieron a prueba el recuerdo del metal/rock underground, así como una feroz crítica al mundo actual con una música alternante de calidad.
Storm Seeker
¡Al abordaje, marineros de la aventura musical! La búsqueda de la originalidad escénica volvió a presentarse en el Wackinger con el show del combo germánico de Storm Seeker. Más de diez años en activo no son nada para una banda que se mucho se quería ver en directo, al menos, para los fans que necesitaban metal/rock pirata de verdad, ¡nada de Alestorm ni agrupaciones similares! Decorando el escenario cual cubierta de un barco, el quinteto salió a conquistar el mayor tesoro del área cultural, el público circundante.
Sacando la brújula sonora y señalando los mejores ases de la baraja, ¡Storm Seeker hizo saltar la expectación por los aires! Ya se realizó tal hazaña con las actuaciones previas, pero este caso fue diferente por un razón muy especial, la inmediata sensación de jolgorio que transmitieron Sean y Fabi como líderes de la tripulación artística. Cierto es que ver una zanfoña es algo inusual al igual que un arpa celta, pero el manejo que le dio Fabi la elevó como capitana del oleaje social.
Era muy difícil quitar la vista de Fabi, portase la zanfoña o ejecutase una labor flautista. De personalidad encantadora y con unos duetos vocales preciosos junto a Sean, el núcleo frontal de Storm Seeker cargó la responsabilidad de recrear unos sueños de aventura inolvidables. La ausencia de un bajo ya es muy habitual en el metal/rock con la sustitución por pistas programadas. No fue tanto el caso de Storm Seeker, ya que los artistas hallaron el modo de que los graves tuvieran su ganancia acústica. Comandando los teclados en una fabulosa ambientación accesoria, Tim moduló las progresiones en unas emotivas líneas armónicas mientras el furor personal de Paul se desbocaba en gestos de inmenso deleite.
Un poco más sonido cordófono se necesitó en ciertos momentos álgidos; ¡todo se puede solucionar! Teniendo en cuenta que fue el último en llegar a la formación folclórica, ¡dio un espectáculo de primera! Otro que también se llevó un meritorio premio fue Marius, enredando a las presas en su kit baterista. Más feliz que hallando un cofre dorado, aupó los ánimos gracias a su visible carisma y una confianza mutua. Gozando entre danzas de matices tradicionales y versiones inéditas, Storm Seeker grabó un precedente, muy peligroso, de pleitesía a la música extrema marítima.
Europe
Los maestros suecos del hard rock melódico, Europe, firmaron una de las actuaciones más elegantes, potentes y memorables de la jornada en Wacken. Liderados por la portentosa e incombustible voz de Joey Tempest y los virtuosos solos de guitarra de John Norum, desdé las primeras canciones, como “Rock the Night”, Europe ofreció un espectáculo que encandiló a varias generaciones de seguidores. Lejos de ser un mero ejercicio de nostalgia, donde la banda intercalaba con maestría sus clásicos inmortales con temas de su trabajo más reciente, “Come This Madness”, canciones todas ellas cargadas de madurez. Con un sonido nítido y arrollador que salía, como un cañón, de los altavoces del festival, envolvió a la gente en un ambiente de fiesta, donde todo el mundo se dejaría la garganta cantando los clásicos de la banda.
La compenetración de los músicos sobre el escenario demostró por qué siguen siendo uno de los grupos más sólidos del hard rock europeo. Para cuando llegó el final, con los primeros acordes de “The Final Countdown”, empezando a sonar, fue la señal de una explosión de júbilo, desatando el delirio colectivo entre el público. Sin duda, y aunque los gustos musicales son muy subjetivos, para mí, la actuación de Europe fue la gran triunfadora del día.
Blood Red Throne
Después de haber visto al brutal combo noruego de Blood Red Throne por la capital castellana, tener la oportunidad de disfrutar de un death metal/rock brutal era una tarea indispensable para Metaltrip. Es posible que Blood Red Throne no tenga tanto renombre en el área escandinava, pero el quinteto se reservaba una sorpresa para el Wacken. Dispuestos a celebrar el vigésimo aniversario de “Altered Genesis”, la guía del repertorio acabó en un desglosa adecuado para un público deseoso de quitar el freno a la violencia mutua.
Blood Red Throne es mucho más que un grupo de cinco tíos rompiendo todo lo que se les pone por delante, es una declaración jurada de ruptura de estándares sin avisos ni previa alguna. Antes de empezar, ambos guitarristas, Dod e Ivan, ya estaban envalentonando a los fans y apelando a una incipiente locura social. Sin tregua alguna, Blood Red Throne no defraudó en su tarea de que la gente desfogase sus problemas y penas en unos moshpits furiosos y al límite de la cordura general. Bajo la batuta gutural de Sindre, quien no ofreció piedad en sus dotes vocales, el sexteto de temas escogido en el repertorio se lanzó, cual lluvia de estacas, en una espiral de puro death metal/rock crudo y despiadado.
Dod tocaba la guitarra de la misma forma que sostenía la litrona, a lo loco y sin fallar en la ejecución melódica (¡extraños sucesos de naturaleza inaudita!). Al otro lado, Ivan se dejó el cuello con más ahínco que el público, haciendo resonar su cordofonía a lo bestia. La potencia bajista, unida a una batería desbocada y repleta de atronadores redobles, repicó por cada mente presente, obligando a sonreír de malicia y deseando un derramamiento de sangre inmediato. En una intensidad lumínica que no se movía del rojo más vívido, las tonalidades amarillas y naranja simulaban una masacre escénica de la que nadie se salvaba. Allí, o apuñalabas o te apuñalaban, ¡no existían más opciones!
Los clásicos “Unleashing Hell” y “Smite” fueron la apertura y el cierre de un agresivo episodio musical que tuvo un nudo narrativo enclavado en el famoso álbum de 2005. Aunque suene muy redundante, algo de tiempo extra para Red Blood Throne hubiera sido una bendición que el público podría haber recibido con gran entusiasmo y devoción. Incluso el rudo Sindre no consiguió reprimir la congoja en una despedida difícil, pidiendo un esfuerzo continuo por cada tema que se interpretaba. La importancia debía radicar en un éxtasis fuera de sí, lo cual se logró gracias a una actitud muy hostil.
Evil Jared & Krogi
Pero antes de terminar el día, nos esperaba el momento más surrealista, irreverente de la noche. El toque de locura, humor y espectáculo puramente festivo al viernes llegaría por cuenta del explosivo dúo formado por Evil Jared (bajista de la mítica Bloodhound Gang) y Krogi. Lejos de ser un concierto de metal convencional, su show en el Wacken fue un auténtico torbellino de entretenimiento, mezclas musicales disparatadas y una provocación escénica sin ningún tipo de filtro.
Desde el primer minuto, la pareja desató el caos sobre el escenario del Wasteland, interactuando constantemente con la multitud e incitando al público a participar de su extravagante espectáculo. La mezcla de temas, que abarca desde clásicos del rock hasta remezclas electrónicas y grandes éxitos de fiesta, mantuvo a la gente saltando en todo momento, logrando transformar, por unos minutos, aquel espacio en una gran fiesta, donde la única regla era pasarlo bien.
P.O.D.
Con la noche ya acercándose, y las primeras lluvias aterrizando sobre el Wacken, llegaría la actuación de una de las bandas que más ganas le tenía, y que en el pasado festival Rock in Rio, en Lisboa, no pude verla, al menos no tan de cerca. Con su música, Alemania volvería de nuevo a la energía, y a la nostalgia del nu metal, en perfecta fusión con el reggae y el hip hop, a cargo de P.O.D. Quienes desataron una ola de mensajes positivos, con canciones, la mayoría de ellas, que hablan principalmente de la fe cristiana, sobre la superación personal, la unidad social y la esperanza frente a las dificultades de la vida. Sonny Sandoval ejerció como maestro de ceremonias, y por qué no, también como predicador, guiando a la gente, al entendimiento de las canciones, y a entregarse a un caos sonoro controlado desde el primer acorde. Los pesadas guitarras, junto a las líneas de bajo, marcaba el ritmo de una gran masa de seguidores que respondía con múltiples pogos y numerosos crowd surfing sobre sus cabezas, y todos con algo en común, un clima de felicidad, y con la sonrisa bien puesta en sus caras.
A pesar de los años de experiencia, la química, y la complicidad, entre los miembros de la banda de San Diego, hizo que se contagiará con el público instantáneamente, lo que generó una atmósfera de hermandad. Himnos ya clásicos de su repertorio como “Youth of the Nation” y “Alive” sonaron con una fuerza devastadora, que fueron cantados a pleno pulmón por miles de voces entregadas a la causa. P.O.D. dejó claro en la catedral del metal, que es el festival alemán, que como banda aún siguen conservando la misma fuerza, autenticidad y pegada con la que conquistaron la escena musical mundial.
Temple of the Absurd
No siempre salen las cosas como uno bien desearía, aunque dentro de lo malo, ¡a veces se tiene suerte! Este dicho podría resumir, muy a la perfección, la actuación de la leyenda thrasher de Temple of the Absurd. El anuncio de la reunión fue todo un bombazo mediático a la vez que su inminente show en el Wasteland del Wacken. Un área ideal para lo que debió ser un auténtico show explosivo y pudo haber acabado en un fracaso absoluto. La delgada línea que separa los extremos fue la experiencia de contemplar el regreso de la leyenda underground con la icónica Sabina Classen al frente.
Después de la retirada de Holy Moses y cierre de por vida al grupo, nadie vio venir el resurgir del proyecto paralelo de la cantante. Expectativas al aire sobre cómo sonaría en vivo, qué se tocaría de los dos álbumes de estudio… Muchas incógnitas que se despejaron, aunque no del modo más adecuado. Con la tardanza de quince minutos de retraso, los problemas de sonido notables y la incipiente lluvia ligera, la maquinaria de Hamburgo rozó la ruinosa decadencia ante los cientos de fans thrashers del área apocalíptica, incluyendo al propio servidor.
A decir verdad, más que una reunión exclusiva, el show dejó una impresión bastante verbenera; ¡se podría decir que improvisada sobre la marcha! A los artistas no hay mucho que reprochar, pues la actitud fue muy buena respecto a la interacción social. Los evidentes problemas técnicos se quedaron perennes en la sonoridad general; si no puedes con el enemigo, ¡convive con él! Meritorio es el hecho de tocar canciones que cumplen tres décadas en el baúl de los recuerdos, haciendo hervir al público en los moshpits. No obstante, la pena tuvo el protagonismo en una figura central, Sabina. No se ha olvidado de su actitud agresiva; menos aún de su tono cánido a la hora de cantar.
La cuestión reticente estuvo en la expresión lírica, pues ella no apartaba los ojos del suelo. Es obvio que la cabeza no recuerda todos los temas de una banda; ¡la preparación previa y los ensayos grupales son una solución! De verdad que duele decir estas cosas, pues Sabina es una inspiración femenina en la búsqueda de voces femeninas que no han caído en el gusto gutural. Por supuesto, ella sigue teniendo un espíritu indomable de rebeldía, ¡claro está! Si se obvian la multitud de fallos externos, el sobresaliente hacia Temple of the Absurd estaba garantizado de sobra. Mentir no es lícito en una visión global de la experiencia que no llegó a ser nefasta; al menos, no fue peor…
Kupfergold
Tras los ritmos del metal más actuales, volveríamos al ambiente rural del escenario Wackinger. El ambiente festivo y la magia del folk metal germano se adueñaron por completo del terreno durante actuación de la jovial banda Kupfergold. El joven grupo alemán transformó aquel hábitat en una agradable taberna medieval a cielo abierto, combinando melodías tradicionales, con una contundente base de heavy metal. Desde los primeros acordes, de temas como “Rammlerbräu” y “Zum goldenen Rammler”, la gente de inmediato se entregó al baile, un aura de felicidad que lo inunda todo.
La vitalidad y simpatía de la banda sobre el escenario, en especial su sonriente cantante, Bonnie Banks , contagiaron el ambiente de un entusiasmo arrollador, que convirtió su show en una de las actuaciones con muy buen rollo. Sus canciones, de estribillos pegadizos, junto a ritmos con energía, fueron cantadas por un buen nutrido grupo de seguidores de la banda, entregados por completo a la fiesta. Kupfergold demostró, para lo jóvenes que son, un dominio escénico y una capacidad innata para conectar con el público.
Savatage
Venían sin Jon Oliva en los teclados (¡cosas que pasan!), la gente dispuesta a protestar por cualquier mínimo error y otras cosas similares… Y aun así, ¡la leyenda americana de Savatage volvía al Wacken por todo lo alto! Se cerraron muchas bocas cuando el quinteto salió al Faster a ofrecer un espectáculo singular y mediante un repaso discográfico digno del mundo heavy. Quizás el engranaje grupal tuviera algunos defectos en directo, en especial, el monitoreo del bajo perteneciente a Johnny. Sin embargo, el sonido general que se expelió durante la actuación de Savatage fue tan old school que provocó lágrimas entre miles de los presentes que no podían dejar de corear temas legendarios como “Jesus Saves”, “Handful of Rain” o “Sirens”.
Una pequeña crítica negativa es necesaria a la hora de reivindicar el álbum “Fight for Rock”, del cual no se interpretó ningún tema (¡hubiera sido todo un acierto para los fans más arraigados al grupo!). Los clásicos nunca suelen fallar en la ejecución artística, menos cuando hay un guitarrista increíble cual copiloto del vehículo, siendo el icónico Chris Caffery (¡que jamás se omita un recuerdo imperecedero para Criss Oliva!). Sin perder la sonrisa y muy activo en su plenitud anímica, guió la actuación a la vez que los graves de Johnny. La edad jamás podrá mellar la pulida técnica de ambos artistas, ni tampoco la de Al Pitrelli, cuya excelsa reputación habla por sí sola.
De ahí, criticar el show de Savatage es casi imposible salvo pequeños fallos que no tardaron en solventarse al inicio. Además, la emoción de ver, por las pantallas digitales, a Jon Oliva presentar el tema “Believe” en diferido hizo estallar al público en un aluvión de ovaciones al unísono. Él es alguien irrepetible, único y especial, así que su aparición estelar, aunque fuera momentánea, añadió un extra de historia al show en el Wacken. No mencionar al resto de integrantes que estuvieron dentro de la maquinaria americana es un acto deplorable que nadie haría en su sano juicio.
La laringe de Zachary es inmortal, pues cumplió con los tonos requeridos en la tarea vocal, además de su cercanía social en la apelación de los coros e instauración de un atmósfera vital que infundía esperanza en el arraigo del metal/rock clásico en los tiempos actuales. Tras una imponente batería y un kit percusionista repleto de enseres, Jeff fraguó una base estructural a través de una técnica sublime en el dominio de las baquetas, poniendo énfasis cuando se requería o suavizando la potencia según se necesitase. Por supuesto que no se omitió ese ansiado final del show con “Edge of Thorns” y el himno “Hall of the Mountain King” al son de decenas de miles de fans cantando en pleno éxtasis. Innegable es el hecho que Savatage no es un recuerdo del pasado glorioso de la cultura musical extrema, sino un presente estelar que continúa con la mirada puesta en un futuro del metal/rock.
Turbonegro
Tras abandonar rápido la zona del Wasteland, no dejariamos la actitud irreverente y las ganas de provocar. Dicha actitud se trasladó al escenario Louder. Allí, los motores del deathpunk entraron sin pedir permiso sonando con fuerza, obligando a los allí reunidos, a rendirnos ante la provocadora energía de Turbonegro. Lo primero que nos llamaría la atención, fue la puesta en escena, irreverente, como de costumbre, con cada uno de sus miembros vestidos como si hubieran salido de un local leather de ambiente. Así, jugando a la provocación, los noruegos saltaron al escenario repartiendo toneladas de arrogancia de hard rock con toques oscuros, provocación y derrochando ese humor tan ácido que los define, en cada uno de sus gestos, y canciones.
Con temas como “Hurry Up & Die” y “Get It On”, la banda ofreció una incesante cascada de riffs de guitarra cargados de glamurosos sonidos, que aún a pesar de la distorsión, convirtieron el escenario del Lourder en una multitudinaria fiesta salvaje. El carisma y la actitud desenfadada de Tony Sylvester, también conocido como “The Duke of Nothing”, si actual cantante, sobre el escenario, hizo que se mantuviera un ritmo frenético e ininterrumpido durante toda la actuación, y en total complicidad, tanto con cada uno de sus miembros, como con el público. Con una multitud completamente entregada, Turbonegro firmaría una de las actuaciones con un directo de los más divertidos, y auténticos.
Year of the Goat
Ya a punto de terminar ese día, regresamos al Wasteland, donde aquel espacio se tiñó del más refinado rock setentero, cuando los suecos Year of the Goat tomaron el control. Con una propuesta claramente melódica y donde destacaba el virtuosismo de su sonido, la banda construyó una actuación elegante donde el sonido de las guitarras, junto al teclado, nos envolvió en la magia del mejor hard rock progresivo. La voz de su cantante, Thomas Sabbathi, junto a un dúo de coristas, dotaría a cada una de las canciones, de una buena dosis de misticismo, manteniendo a la gente en un estado de admiración a lo largo de todo el show.
La sobriedad de su puesta en escena, combinada con una iluminación cálida y sombras envolventes, encajó a la perfección con la densidad de sus temas de riffs de guitarra hipnóticos. La actuación Year of the Goat resultaría ser la calma musical perfecta, para irnos a reponer fuerzas, de cara a afrontar un nuevo día en el festival
Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S. y Geles M.R.


























































































































































































































































































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