Diez ediciones de un intenso festival de música extrema no son nada para una ciudad como Zamora. Después de haber superado adversidades y obstáculos por doquier de diversa índole en el pasado, el momento de celebrar un especial aniversario decenal llegó para el templo del metal/rock nacional. El Z! Live tiene claro que su trascendencia en España ha superado las barreras de la excelencia, así que no hay más camino que seguir hacia el estrellato de la fama veraniega en Europa con la cabeza bien alta.
Reuniendo un amplio elenco de bandas de calidad excepcional y con más mejorías (¡si acaso se puede!) en la organización y una apuesta de servicios extras, el Z! Live se vuelve a coronar en Zamora para continuar haciendo historia en el arte más creativo y compositivo musical extremo. Esto es el Z! Live 2025 y en Metaltrip, ¡Wes y Geles te lo cuentan en escritura y fotografía con todo lujo de detalles y más!
1º DÍA (JUEVES)






After Lapse
Si ya de por sí es difícil hacer un concierto, abrir con tu actuación la primera jornada de un festival como el Z! Live es una aventura que puede dar vértigo, además de implicar comenzar un show ante apenas unas pocas personas que se atrevieron a acercarse al recinto del festival. Pero también dicen que solo los valientes pueden optar a la fama, y los madrileños After Lapse afrontaron el reto, pues fueron los encargados de dar la bienvenida a los primeros que quisieron disfrutar de la música desde el principio, ¡y quién sabe si descubrir nuevos sonidos y nuevas experiencias! Ilusión no le faltó a la banda. Su cantante, como buen frontman, salió con la tarea de animar al público y lo consiguió.
Aunque es cierto que tanta energía desplegada al principio le jugó una mala pasada casi al final de la actuación grupal, en las últimas canciones se notaron ciertos desequilibrios en la voz. Aun así, en ningún momento mostró debilidad, pues el show debía continuar. Quizás con la experiencia, esos pequeños problemas se vayan resolviendo. En definitiva, para ser una actuación de inicio resultó ser un soplo de aire fresco para el día, cargado de una música con cortes melódicos, donde pudimos disfrutar del talento de cada uno de los miembros de la banda. Destacando especialmente los solos de guitarra, que dejaron al público con ganas de más.
Vola
Tras la actuación de After Lapse, no abandonaríamos los sonidos con alma de heavy metal. De la mano de los daneses VOLA nos dejaríamos sumergir en su elegante música. Una sinfonía de sonidos progresivos con claras influencias de lo mejor de Pink Floyd, pero con un toque más oscuro y moderno; ¡David Gilmour estaría orgulloso!
Su propuesta es una mezcla entre el metal progresivo con matices electrónicos, atmósferas envolventes y una sensibilidad melódica cautivadora, la cual sirvió para presentar algunas de las canciones de su más reciente trabajo, «Friend of a Phantom», como la melancólica «We Will Not Disband» y la potente «Cannibal», donde se percibe esa dualidad entre lo delicado y lo agresivo que tan bien sabe manejar la banda. A pesar de actuar a plena luz del día, el público, que tímidamente se iba acercando al escenario, se mostró curioso ante la propuesta musical, y pronto comenzaron los aplausos y vítores, dejando una atmósfera cálida y de respeto hacia el grupo.
VOLA supo conectar con la audiencia a través de su precisión instrumental y la voz serena pero intensa de Asger Mygind, quien condujo al público por paisajes sonoros que iban desde lo introspectivo hasta lo poderoso. Estoy segura de que esta misma actuación, en un horario más avanzado hacia la noche, habría tenido un impacto aún mayor, envolviendo al público con su atmósfera y luces.
Por lo demás, VOLA se mostró visiblemente agradecido por la gente que quiso estar ahí acompañándolos desde bien temprano. En lo personal, esta actuación fue la perfecta calma que precedía a la tormenta: una experiencia serena y sofisticada que funcionó como un necesario respiro antes del despliegue de sonidos extremos que vendrían después.
Kissin’ Dynamite
Después de unas actuaciones memorables que trajeron las primeras oleadas de algarabía y felicidad en un público entregado a los shows, el espíritu juvenil del metal/rock explosionó con la llegada del grupo revelación Kissin’ Dynamite. Con una voluntad fiestera y muchas ganas de hacer que el público sintiese el unísono de los coros y unas melodías repletas de vivaces líneas compositivas, el quinteto alemán salió al escenario superando las expectativas de los presentes más exigentes. Embebidos en un sonido claro y que no disminuyó la intensidad ni durante las zonas corales, Kissin’ Dynamite enseñó el buen estado del que goza la formación.
Quizás muchos no sepan el secreto más oculto que corona el éxito musical, pero una pista sería que el grupo sólo ha sufrido un cambio en la retaguardia en plena pandemia. Aparte, la presentación del nuevo álbum “Back With a Bang” supuso un extraordinario punto de apoyo que hizo ganar adeptos, en vivo, de diferentes estadios de edad biológica. Mientras los infantes circundantes bailaban y ladeaban la cabeza en gestos afirmativos, la adultez otorgaba un sobrado gesto de magnificencia hacia Kissin’ Dynamite, pues conquistaron el Z! Live sin apenas esfuerzo; mejor dicho, con su personalidad natural.
Era difícil dictaminar quien rebosaba más alegría del conjunto, porque las sonrisas de los artistas no cesaron durante toda la actuación. Al frente y con su particular carisma de júbilo, Johannes interactuó con el público por encima de los límites, casi llegando a formar parte de él. Nunca perdía la oportunidad de ceder los estribillos y las líricas; en especial, de temas clásicos que siguen siendo inmortales, como «DNA» o la laureada «I Will Be King». A pesar de la carencia de más guiños al pasado, ambos guitarristas, Jim y Ande, no dudaron en enseñar lo que la experiencia los ha llevado a ser, ¡unos músicos de inaudita calidad! La fácil conexión con la gente y su cercanía les hizo ser el centro de atención junto a Johannes. Por los lados y fortaleciendo un rol de apoyo continuo en base a sus potentes graves, Steffen fue el azogue de la voluntad grupal.
Tal era su frenética actividad que la gente no podía mantener la vista fija en él por más de dos segundos. En la retaguardia percusionista, Sebastian se ha labrado su pertenencia a Kissin’ Dynamite mediante un juego baterista excelso que levantaba pasiones entre los asistentes. Entre risas y bromas, «No One Die a Virgin» sentó de maravilla en su genial interpretación, «My Monster» sacó el extremo radical del grupo y los emotivos acordes de «You Are Not Alone» consiguieron que el festival se rindiera al ilusionante final de «Raise Your Glass» para una despedida por todo lo alto que grabó un precedente para bandas futuras que pisasen el templo del metal/rock nacional.
Nile
Hace más de medio año, Nile estuvo de gira ibérica junto a Hideous Divinity y un par de bandas; ¿qué ocurrió? Una bestial devastación que trasladó el infierno de Seth y la arena del desierto a la realidad. En Zamora, los árboles y la verdosa vegetación adoptaron una tonalidad pálida y rojiza cuando el precioso telón de Nile ondeó en la tarde. El primer bocado del death metal crudo reventó los amplificadores cuando Karl y compañía aparecieron ante un público deseoso de dar rienda suelta a la agresividad propia de la civilización itifálica. Con el tremendo éxito del último álbum «The Underworld Awaits Us All», el cuarteto americano demostró que el tiempo de composición no es problema para crear obras de arte maestras.
Utilizando un sonido cortante como una espada afilada y con la inexplicable comandancia baterista de George (¡es un maldito dios de la batería!) «To Strike With Secret Fang» abrió la veda de unos moshpits que gestaron una fiel representación de un huracán de almas danzando alrededor de una pirámide a la espera del juicio final. La violencia se intensificó mucho más con «Kafir!» y «Sarcophagus». El acierto de diversificar el repertorio fue todo un éxito que se celebró entre vítores y muchas ganas de romper los alrededores.
Entre breaks inesperados, acordes de pura estética egipcia y una rudeza personal digna de hordas infernales, los miembros no podían aguantar su felicidad de ver el gozo social que sus canciones provocaban en el atardecer. Karl es una fuente inagotable de conocimiento en la cultura egipcia, lo cual demuestra en el amplio abanico de ritmos que conforman cada una de las canciones escogidas de la discografía. Si se añade la alegría de dominar su guitarra como si fuera una pieza del Senet a la vez que los guturales de ultratumba, la eternidad se le concedería sin el juicio de Maat. En todo el centro y sin moverse del micrófono, Dan Vadim continúa siendo un gran fichaje en el grupo. Agarrando su bajo en vertical, no vaciló en envalentonar a los presentes con su fiera actitud de indiferencia mientras su rol de canto se establecía en tenor. Se defendió a la perfección en «Sacrifice Unto Sebek» e hizo vibrar los cimientos del IFEZA en «In the Name of Amun».
Lo mismo se alega de Zach, la contraparte guitarrista de Karl que sostuvo la estructura rítmica en un frenesí de brutalidad exagerada. Su porte fresco y rejuvenecedor se ha convertido en un pilar fundamental que genera más rabia a las canciones, así como también quedándose con la tonalidad vocal más aguda (dentro del periodo grave). La brusca clave más notable del show fue, al unísono de opiniones, George y esa técnica tan inverosímil de tocar varios enseres a una velocidad de vértigo. Un par de baquetas y un par de brazos revientan un instrumento, pero en manos de George, ¡ni un cefalópodo le igualaría! Por ello, terminar la actuación con «Black Seeds of Vengeance» es una completa insanidad baterista que culminó en un frenesí de moshpits, locura social y el agradecimiento de una banda que no deja de impresionar allá donde va.
Exodus
Hace unos meses, se anunció que el legendario y reputado cantante Steve “Zetro” Souza compartiría caminos separados con el grupo Exodus. La banda californiana recuperaba a Rob Dukes, quien estuvo en la formación durante una década en el pasado. Era hora de ver cómo se las gastaría Gary y el resto con una renovación vocal al frente; a decir verdad, tuvo sus pros y sus contras. Antes de todo, decir que Nile había extenuado al público bastante, aunque todavía quedaba ánimo (¡más de la cuenta!) para una descarga de clásico old school que jamás pasará de moda (¡por muchos que algunos lo deseen!). La banda continúa estando en un formidable estado de bienestar, tanto que se reflejó en la férrea cohesión evidenciada durante la actuación. Los cinco miembros se apoyaron en los momentos críticos, ya fuera en coros, líricas o los solos.
Sin embargo, la figura que acaparó el centro de atención, aparte de Rob y su agresividad vocal, fue el incombustible Gary Holt, baluarte guitarrista del thrash metal americano y unificador pitagórico de técnica, velocidad, teoría y creatividad. Verle en directo es obligatorio cuando se presenta la oportunidad, ¡y nadie quiso evadir esa ley! Además, Exodus es una banda que, ya sea tocando los temas honoríficos o variando el setlist, no es capaz de cansar o aburrir ni al más crítico de los asistentes.
Estaba claro que el mítico «Bonded by Blood» iba a copar la selección musical (es una valor seguro) porque cuando se trata de tirar de clásicos, Exodus sabe bien lo que la gente quiere escuchar. Por detrás, Tom continúa teniendo una técnica impecable de baterista, pues no había quien le erradicase ese azogue manual tan magnífico. Erizando el cabello de su maestría, también hubo una dosis de experiencia y thrashería que complementó al dúo guitarrista de Lee y Gary. Adalides de las guitarras en un sonido tan claro como el acero candente, hicieron que la voluntad humana se doblegase a la hipnosis alterada en «Brain Dead» y «Fabulous Disaster». No había manera de escapar a la gloria dorada del metal/rock ochentero, pues «A Lesson in Violence» y «Piranha» no dejaron vivo a ningún individuo en los moshpits. Tampoco faltó la referencia a Slayer con una introducción de lluvia sangrienta que dio paso a la icónica «The Toxic Waltz».
Jack también puso su granito de arena en el manejo de los graves, rompiendo las barreras sónicas cuando tronó la brutal «Deathamphetamine» (¡jamás falla!) que avivó la furia social. Rob hizo un trabajo vocal estupendo; donde más destacó fue en el mencionado tema, pues por mucho empeño y hostilidad laríngea que pusiera, aún se seguía extrañando el tono de “Zetro” Souza. Aun así, dio todo lo que pudo y se notó en los múltiples halagos y el cálido abrazo del público durante el concierto, que finalizó con ese himno thrasher que es «Strike of the Beast». En pocas palabras, Exodus triunfó una vez más, pero es cuestión de tiempo volver a educarnos en el regreso de Rob, ¡lo cual ocurrirá muy pronto a través de shows similares!
Meshuggah
A mitad de la jornada y con el sol desapareciendo por el horizonte, llegaba uno de los cabezas de cartel con un misterio que se despejó en cuanto empezó el show. Pocas veces se había visto al quinteto sueco Meshuggah por tierras ibéricas; al menos, en los últimos años. La expectación era máxima, el público se abarrotaba en las filas delanteras, se respiraba un ambiente previo de extraña refriega, como una guerra fría en secreto. Las habladurías cercanas decían que Meshuggah había perdido parte de su núcleo esencial compositivo… Falacias y fruslerías que perdieron la argumentación cuando «Broken Cog» arremetió en el IFEZA con una potencia que careció del principal atractivo que posee el arsenal sueco. Bien se conoce el hecho de que el progressive metal/rock extremo, también citado como Djent, fue popularizado por la banda sueca y que muy pocos artistas han logrado igualar la inmensa creatividad que puede extraerse de un género nuevo.
Lo que no se entiende, o al menos, no se tolera mucho es que uno de los pilares fundamentales de Meshuggah, el bajo de Dick, estuviera al mismo nivel sónico que el resto de compañeros cordófonos. Es decir, los graves han sido una clave muy importante de la originalidad grupal, incrementando la actividad sonora en el estudio y los ensayos, así como convirtiendo unos ritmos básicos y simples en atroces apisonadoras de la razón. ¿Por qué no se utilizó este confiable comodín en el show del Z! Live? Una respuesta que quedará en el olvido…
Cierto que «Immutable» no deja de cosechar críticas positivas desde hace varios años (lo mismo ocurre al contrario) y aunque el público pareció dividirse, de similar forma, en el directo de la banda, la balanza se inclinó hacia un aprobado notable del show. Habiendo mencionado la acusada carencia de potencia en los graves, ese hecho se excedió en el dúo guitarrista, Fredrik y Marten, lo cual mostró una salvajería sonora que todos querían. Entre moshpits a mansalva y una actitud delirante del público, Meshuggah no rompió la estática de parecer una banda cuyo semblante sosegado les caracteriza como el orden del caos. Repicando trallazos como «Rational Gaze» o «Combustion», el setlist se coronó en la expelida de gruesos temas repletos de técnicas fuera de lo común. Oír a Jens cantar es como tener una bola de demolición rompiendo paredes mediante alaridos continuos, los cuales rozan la categoría de guturales.
Sin derecho a una recuperación parcial, la seriedad grupal fue perenne hasta que llegó el himno mundial que es «Bleed». El raciocinio cayó en desgracia, la gente estaba exhausta de la enérgica descarga musical y la única salvación era sentir el corazón explotar en unos ritmos tan destructivos como melódicos de distorsión suprema. Hablar de guitarras y el bajo es desmerecer el incansable trabajo de Tomas, cuya ensordecedora batería y técnica manual lograron que el dúo de temas final, «Swarn» y «Demiurge», remarcasen la importancia de «Koloss», un disco vanguardista que solidificó el Djent sueco. Meshuggah dejó un legado especial en el IFEZA y en Zamora, agrietando el suelo y las edificaciones, pero volver a España significa corregir algunas cosas sucedidas en el show, incluso incluir algún corte del subestimado «Chaosphere» de fin de milenio (¡por pedir!).
Dream Theater
Llegaría el turno para una de las actuaciones más esperadas del día, Dream Theater. Desde los primeros compases de «Night Terror», el público supo que estaba a punto de vivir algo especial. La banda estadounidense, auténtica referencia del metal progresivo desde hace más de cuatro décadas, desplegó un setlist diseñado no sólo para el deleite de los más acérrimos fans, sino también para atrapar al oyente casual con su mezcla de virtuosismo instrumental, estructuras complejas y sensibilidad melódica.
Fue una actuación cuidadosamente pensada, que alternó clásicos imperecederos como la conocida «Pull Me Under» con piezas más recientes y agresivas como «The Enemy Inside», demostrando que siguen en plena forma. A medida que las luces del escenario bailaban al ritmo de solos de guitarra acompañados del potente sonido de su batería, el público se dividía entre quienes cantaban cada palabra con los ojos cerrados y quienes, boquiabiertos, descubrían por primera vez la dimensión sonora de Dream Theater. Fue, sin duda, una de las actuaciones más esperadas y más celebradas de toda la jornada.
Lo que hizo aún más especial este concierto fue su capacidad para generar comunión con un público heterogéneo, el cual se unió bajo el hechizo de una narrativa musical que pasaba de la introspección más profunda, a la brutalidad en su sonido. Uno de los momentos más coreados fue «Peruvian Skies», que llegó con fragmentos de «Wish You Were Here» de Pink Floyd y «Wherever I May Roam» de Metallica, haciendo las delicias entre público.
El relativo cierre con «As I Am» fue sencillamente apoteósico, con los asistentes entregados en una ovación final que selló su paso por el Z! Live como uno de los momentos cumbre del festival. Para muchos, fue reencontrarse con sus ídolos; para otros, un descubrimiento que marcará un antes y un después en su forma de entender el metal.
Rotting Christ
La descarga progresiva de Dream tuvo muchos tintes a analizar en profundidad, ya fuera en convencimiento social o no. Sin embargo, muchos fans del metal/rock extremo jamás imaginaron que Rotting Christ ofreciese un show tan intenso de brutalidad musical en el Z! Live. Con casi cuarenta años de actividad artística y un historial tremendo de variadas polémicas (muchas de ellas relacionadas con la “relativa” libertad religiosa) el dúo liderado por los hermanos Tolis llegaba al templo nacional con la intención de reivindicar el nombre de la banda con ese black/death de tintes atmosféricos que llama la atención más allá del significado nominativo o la crudeza de las líricas. La cuestión es que la ocasión era única para que Rotting Christ se luciese por todo lo alto, y es imposible negar la grandeza que se vivió durante una hora de actuación.
Aunque ya había gente que aprovechaba el momento para comer y/o cenar, el interés por el arte extremo helénico continuó desde una posición de confort en las áreas de descanso. Aunque para muchos (otros no tanto) el concierto se pasó demasiado rápido, el insano repertorio de clásicos casi derivó en una marea de salvajismo de belleza enfermiza. Añadiendo la imperiosa necesidad más tralla con motivo de ir cerrando la primera jornada con un sobresaliente absoluto, estaba claro que Rotting Christ se conformó como la opción internacional más acertada.
Una discografía exitosa como la que posee Rotting Christ en su palmarés es un símbolo de grandeza cuando se trata de actuar en directo. Es decir, incluso tocando temas desconocidos, es fácil sentir admiración por el ingenio escénico que los cuatro integrantes muestran en directo. Siempre haciendo elegía de su arraigo a libertad de creencias, Sakis se conformó cual ídolo de masas cuando se presentó ante los presentes con su habitual carisma y derroche de alegría acompañado de su hermano Themis. Siendo el núcleo compositivo y perenne de Rotting Christ, la atención estaba fija en ambos. A través de unos temas con una calidad sonora general que rozaba la perfección técnica, los asistentes cantaron el icónico «Fire, God and Fire» con ese estribillo tan pegadizo que se rodea de unas líneas melódicas sorprendentes.
No mucho se tardó en repetir la comunión laríngea cuando sonó la reciente «Like Father, Like Son» del último álbum «Pro Xristou». Sin duda, Rotting Christ no deja de pulir su arte más allá de los límites creativos, y rodearse de músicos de gran calibre… ¡Más sería imposible! En un lado, Kostas potenciaba los graves del bajo con ese vaivén capilar que levantaba pasiones en el público, rellenando los breaks de «Elthe Kyrie» o haciendo que «Non Serviam» incrementase la algarabía circundante. De un modo similar, Kostis no se quedó atrás en ser un férreo pilar que acompañase a Sakis en envalentonar el ambiente. Su rudeza guitarrista, al igual que los gestos faciales, obligaban a una introspección espiritual donde cualquier noción de la realidad se retorcía a sí misma. Ni siquiera en el agradecido final de «Grandis Spiritus Diavolos» o la despedida en «Noctis Era» consiguieron rebajar los ánimos de un público que se rindió a Rotting Christ y pidió bises entre llantos y extenuaciones corporales.
Vita Imana
El cierre a la jornada inaugural del Z! Live llegó con la actuación de Vita Imana, un show que fue un auténtico ritual tribal bajo las estrellas de Zamora. Desde el primer golpe de batería ya sentías que la cosa iba a ir por caminos salvajes, y es que la percusión que lleva esta banda es una auténtica apisonadora. Entre la batería poderosa de Daniel García, que es pura dinamita, y los golpes tribales de Miriam Baz, aquello parecía la banda sonora de un aquelarre. Cada golpe retumbaba en el pecho de cada uno de los asistentes, marcando un pulso que te obligaba a saltar y mover la cabeza como si estuvieras poseído. Al frente de todo estaba Mero Mero, su cantante, quien salió como un chamán loco, desgañitándose sin perder ni un gramo de fuerza. Saltaba de un lado a otro del escenario, arengando a un público que se dejó la garganta como si no hubiera mañana.
Sonaron temazos como «Gondwana», «Romper con Todo» y «El Mundo a mis Pies», enlazados sin darte respiro, con un sonido tan crudo como preciso. Hubo momentos casi hipnóticos, con la gente marcando el ritmo con palmas y gritos, y otros de pura demolición sonora, con riffs virtuosos que se mezclaban con la base tribal. Si algo quedó claro es que Vita Imana en directo no sólo se escucha, ¡se siente en todo el cuerpo! Esa noche, la banda enganchó a los pocos que aún nos resistimos a abandonar el recinto de IFEZA, pues su directo, para mí, fue de los más salvajes que vi esa noche, y un redescubrimiento del grupo… lo mejor de todo es que aquello era un simple principio, ya que quedaban dos días por delante para seguir dejándonos la voz y el alma en Zamora.
2º DÍA (VIERNES)






Salduie
Amanecía y dábamos la bienvenida, de nuevo, a un nuevo día de festival en el Z! Live. Sería la banda zaragozana Salduie la que demostraría por qué es una referencia indiscutible del folk metal nacional. Desde el primer acorde de «Caraunios», el público fue arrastrado a un viaje épico por la historia y mitología celtíbera, envuelto en un torbellino de gaitas, guitarras pesadas y voces que alternaban lo melódico con lo gutural. Desde el principio de la actuación Salduie encendió literalmente al público, que no dejó de corear y levantar los puños al ritmo de sus tambores, reforzando ese vínculo místico que la banda crea en directo.
«El Agua del Tejo», de su nuevo trabajo «Dvatir», ofreció la novedad musical de la banda, siendo recibida por el público de manera satisfactoria, entre aplausos y gritos de la gente que coreaba el nombre del grupo, «¡Salduie, Salduie!». Encaminándonos hacia los momentos finales, con «Numancia» la épica alcanzó su clímax, y el cierre con «Hidromiel» fue una auténtica celebración estival, entre coros, saltos y brindis al aire. Salduie no sólo ofreció un concierto, invocó a los antiguos espíritus de Iberia y los hizo bailar entre luz natural y distorsión. Un directo potente, cuidadoso y profundamente conectado con sus raíces.
Injector
La tarde en el festival Z! Live continuaba con la actuación de Injector. Esta banda española se ha ido ganando un sólido reconocimiento en la escena nacional gracias a su energía en directo y su propuesta de thrash metal clásico. Su actuación fue una descarga implacable que puso a prueba la resistencia del público esa tarde desde bien temprano. Con un setlist que arrancó con fuerza, fueron construyendo desde el primer minuto un muro de sonido de energía atronadora, con riffs afilados y una batería meticulosamente salvaje. Pocos minutos bastaron y un par de canciones para que el público se contagiará de su buena energía, dando buena cuenta de la calidad musical que llevan, manteniendo la atención de la gente hasta el final de su show.
El grupo repasó temas de sus últimos trabajos, como «Haunt of the Rawhead» y el más reciente «Endless Scorn», dejando clara su evolución hacia una sonoridad más compleja pero sin perder su esencia directa y agresiva. Temas como «Path of the Wrathgod» y «Warning Blast» sirvieron como estandartes de esa mezcla entre crudeza y técnica que define su estilo. La banda sonó compacta y en buen sonido, lo que permitió apreciar tanto la precisión de los solos como la potencia rítmica. Injector demostró que está preparado para jugar en ligas mayores. Su paso por el festival, en lo personal, ha sido uno de los grandes descubrimientos, y me parece que no tardaré mucho en volver a disfrutar de su thrash metal.
Morphium
Entre thrasherías de la huerta murciana y toques folclóricos maños de apertura de la segunda jornada, el estilo musical cambió hacia un intenso groove/metalcore cuando el combo Morphium desafió al calor ambiental con esa puesta en escena tan directa y ruda que le caracteriza. Sin miramientos ni compasión hacia un público que desea continuar la tralla de Injector, el quinteto gironés desplegó el mejor sonido que pudieron encontrar, al igual que una actitud de cercanía social constante.
Está claro que Alex es un frontman impresionante, pues no dudó en ser aupado cuando decidió fusionarse entre fans y adeptos tras las vallas al final del show. Entre su estilo vocal que combina el abismo gutural y la potencia laríngea, no hay fronteras que le impidan ser el centro de atención. Ese dinamismo y azogue personal también se observó en sus compañeros, quienes quedaron (un poco) en segundo plano ante la imponente de Alex.
A través de un sonido de leve distorsión pero alta ganancia de graves y agudos de notable solvencia, los ritmos y solos de los temas hacía botar a los asistentes con descargas bastante coreadas, ya fueran «Parasite», «Insorcism» o el nuevo sencillo «Descending» que ha causado sensación en quienes esperaban (¡muy ansiosos!) nuevo material grupal. Aunque una hora se hizo corta para disfrutar de Morphium entre los novicios, es de bien señalar que algún tema, interpretado en español, habría venido bien, porque tocar sólo de los álbumes «The Blackout» y «The Fall» es desaprovechar los inicios grupales.
No obstante, hay que reconocer el hecho de saber combinar una estética sucia en conjunción a la visión global de la sociedad, lo cual se refleja en las acertadas líricas que inducían a una filosofía musical que pocas bandas consiguen transmitir; hecho que Morphium supo enseñar a la perfección en el Z! Live y les valió un concierto que debe repetirse, en más sitios, ¡lo antes posible!
Noctem
Continuaba el calor en la segunda jornada del festival Z! Live y ya podíamos observar que, desde las profundidades del mismo mundo de Hades, la música de los españoles Noctem estaba preparada para su descarga. A pesar de que en sus primeros minutos la banda tuvo problemas de sonido, éstos se solventaron rápidamente con un cambio de micrófono. Justo después, por fin pudimos disfrutar de su sonido de black/death metal. Pese a no ser dada yo a este tipo de género musical, he de reconocer que ya tuve oportunidad de verles en directo en una vez anterior, por lo que en esta ocasión me serviría para poder fijarme en muchísimos más detalles que me dejaron asombrada.
Lo que más me llamó la atención de la actuación de Noctem, es la cuidada escenografía que adornaba el escenario, donde iconografía de calaveras sangrantes era el aspecto que más destacaba junto con el maquillaje grotesco y fantasmagórico de cada uno de los miembros de la banda, al más puro estilo corpsepaint. Me sorprendió para bien, pese a ser un grupo donde los guturales en la voz es lo que predomina. Musicalmente sonaban bastante limpio, lo que hizo fácil distinguir cada instrumento y disfrutar del show, incluso a los que por primera vez se acercaron a verlos esa tarde.
Angelus Apatrida
La tarde se iba calentando mucho en el IFEZA, así que enfriarla sería un pecado que nadie iba a permitir. En el caso de los albaceteños Angelus Apatrida, la dosis final de thrashería nacional estaba más que servida, ya que después de cosechar éxitos sin precedentes en la industria extrema española y labrarse el nombre por el mundo, el cuarteto thrasher no dejaría pasar la oportunidad de celebrar el vigésimo-quinto aniversario con shows especiales. Con el recuerdo del increíble álbum homónimo en mitad de la Covid19 y «Aftermath» aún reciente, Angelus Apatrida decidió ofrecer un show de acorde al tiempo de actuación disponible; en pocas palabras, una docena de temas en una hora.
Tiempo insuficiente para los fans acérrimos, justo y necesario para ganar adeptos y novicios… Multitud de opiniones que poseían una ecuanimidad en el centro del espectáculo, ¡thrash a tope, como debe ser! Los artistas dieron lo mejor de sí con esa talla moral que les caracteriza y arropados con una calidad sónica digna del old school clásico que pulula por los tiempos modernos en busca de perpetuar la historia musical extrema. Cuando se trata de engendrar moshpits, florecer la insanidad mental y romper cuellos en cadena, Angelus Apatrida es un valor seguro del análisis social. Ver puños en alto, unísonos de los estribillos y agresiva violencia son indicativos de que el público no dio tregua en el Z! Live ante unos ídolos thrashers. El llenado del recinto, en el lado del concierto, era casi de un absoluto y nadie quería perderse una ocasión de un desenfreno con una banda exclusiva en ese objetivo.
Todavía cuesta perdonar al grupo por no tocar el himno que es «Clockwork» en estos últimos años, pero salvando ese deseo íntimo, el setlist se repartió por la discografía con una mayor inclinación en los últimos trabajos de la banda. Anclado al micrófono y algo estático incluso en la ejecución solista, Guille estuvo a la altura en todo momento, gritando verdades e injusticias al oído de la gente con su vigoroso tono de voz. A su lado y dinámico hasta la saciedad, Davish fue la faceta del azogue grupal. En mutua coordinación dicotómica entre la mente y las manos, dominó su guitarra como maestro cordófono que es. Los veloces ritmos de «Indoctrinate», la técnica alternante de «Vomitive», los medidos solos de «Sharpen the Guillotine»… Sólo José podía añadir unos graves tan excelsos y necesarios al dúo de Guille y Davish, dejando una estela de potencia musical fuera de sí que competía en el dominio guitarrista.
Por supuesto, no hay buena banda sin un baterista de nivel, ya que Víctor es todo un portento físico guiando el pulso cardíaco sin ayuda. Tal es su destreza que pocas baterías aguantarían los redobles que él ejecutaba en contra de las leyes físicas. Haciendo que el público fuese uno más del show, Angelus Apatrida fue interpretando temas de diversa índole temática y melódica hasta finalizar «Give ‘em War», donde la gente ya se hallaba tirada por los suelos y jadeando en hiperpnea (¡servidor incluido!) Lo mejor siempre se deja al final, porque «Serpents of Parade» agrietó el suelo del IFEZA para que el ímpetu generado de los alrededores se desbocase con esa canción inmortal que siempre será «You Are Nex!». No hay reglas o leyes que regulen el fervor de aquellos momentos de gloria y honor que Angelus Apatrida enseñó en el Z! Live y que se volverán a ver muy pronto.
Alestorm
Se dice que no se puede juzgar a un libro por la cubierta; en términos de Alestorm, un patito de goma es un símbolo de heavicidad absoluta. Que tal enunciado saliera de la boca de un borracho no tendría sentido; en el caso de la banda germánica, miles de gargantas al unísono en los estribillos y las falditas escocesas de mucha varonilidad son suficientes para tomarse en serio al grupo de folk/power (no es ironía, ¿eh?). Si un patito de goma quita credibilidad, tres en el escenario son pocos… ¿Bananas gigantes entre el público? Sí, es muy difícil el estilo piratesco que Christopher y compañía han creado a lo largo de los años, lo cual magnifica más el por qué Alestorm triunfa en cualquier concierto, gira o festival. A punto de sacar su nuevo álbum «The Thunderfist Chronicles», el particular combo volvió a ser todo un despliegue de éxtasis musical que sentó muy bien en el Z! Live, trayendo frescor melódico de la tralla anterior y poniendo un punto de felicidad entre risas, bromas y un humor personal cortesía de unos artistas que no dejaron de sonreír durante la actuación.
Más cómodos que un pirata rodeado de tesoros en su barco, el sonido adornó el toque burlón con una mayor presencia en los instrumentos atípicos, es decir, los teclados. Alestorm no es nada sin Christopher y Elliot haciendo que la ambientación y progresiones de acordes evoquen los bailes y danzas del público, ¡sin desmerecer al resto! Quizás ése es el secreto del éxito para el grupo, lo cual se vio en la alta conexión social y cómo los asistentes no perdían el hilo de las conversaciones. Entre líricas de todo tipo y una actitud que no se desligaba de la gracia personal, Alestorm realizó un setlist variado donde también hubo sitio para el inminente disco (¡«Frozen Piss 2» provocó un aluvión de saltos nunca visto!) sin olvidar los clásicos reservados para un apoteósico final del show; en verdad, cualquier tema valía con motivo de armar una fiesta improvisada de mutuo disfrute y bebida en la mano.
Casi veinte canciones habrían sido insuficientes en el objetivo de destacar sobre las bandas de la jornada si no fuera porque Alestorm se empeñó en priorizar el buen ambiente sobre cualquier otro aspecto relacionado con la música extrema. Pedir algo distinto hubiera sido como ridiculizar a la banda, algo totalmente inaceptable debido a la excelente actuación que se labraron los artistas. Ambos teclistas, Christopher y Elliot, desnudaron su alma ante un público que solicitaba un trago de cerveza fría (aquí somos más fantásticos whiskeros…) mientras «Pirate Metal Drinking Crew» y «The Sunk’n Norwegian» sonaban sobre sus cabezas. Habilitando un vínculo íntimo de júbilo y sed, concedieron los deseos bajo la imponente del patito de goma superior.
El dúo cordófono, Máté y Gareth, acompañaron la velada con la guitarra y el bajo en una buena nivelización donde cualquier ritmo o solo pintaba de verde los oídos. «Uzbekistan», «Mexico» (¡órale, wey!) o «Hangover», la versión de Taio Cruz, consiguieron endulzar la piratesca escena en una ganancia que rozaba el pleno acústico. En igualdad se sabe que si la gente quiere pasárselo bien, mucha distorsión habría arruinado los planes festivos (¡olé por los piratas!) Elevado sobre el resto y sorprendido de la acogida social de Alestorm, Peter puso sus dotes bateristas al servicio de la camaradería. Verle disfrutar, con las baquetas en mano, en «Nancy the Tavern Wench» y «Over The Seas» es un lujo que muchos quisieran emular. Justo aquí fue cuando la locura se desencadenó en cada rincón del Z! Live. Infantes bailando al melódico son de «P.A.R.T.Y.», adultos remojando el gaznate a raudales durante la ordenanza coral de «Drink!», muchos besitos y tiernos abrazos en «Fucked With an Anchor» y una algarabía puesta en pie con «Rumpelkombo»… Impresionismo y vanguardismo musical se quedan cortos cuando Alestorm se vive en directo, de modo que ceder al folclore piratesco es obligatorio; ¡nada de réplicas, por favor!
Accept
Es la segunda vez que se sacará el tema crítico de Accept en una crónica de festival, y con mucha probabilidad, habrá una tercera. La legendaria maquinaria teutona nunca defrauda en sus directos; menos con ese nuevo álbum que es «Humanoid». ¿Tocarán algún tema de los discos «Russian Roulette» o «Death Row»? Dejarán de vivir de los mismos clásicos y variarán (un poquito) el setlist? Preguntas sin respuestas que todos deseamos… Volviendo al tema principal de Accept, en el Z! Live, de nuevo aparece una tercera guitarra llevada por las manos de Philip Shouse… ¿Qué necesidad hay que no sea quitarle espacio presencial a Uwe? Philip es una gran guitarrista, por supuesto, al igual que una figura clave en los recientes shows de Accept, en dúo intercambiable con Joel Hoekstra. Lo bueno de una tercera guitarra es que hay un extra de pluralidad musical y un reparto más asequible de las tareas rítmicas y/o solistas.
Lo malo, como se ha mencionado previamente, es que alguien del trío cordófono queda eclipsado de la atención social; el cual fue, otra vez, Uwe, relegado a una esquina del escenario la mayor parte del tiempo (¡es todo un compositor de talento innato!). Como líder (supremo) indiscutible, Hoffmann continúa siendo un guitarrista del estrellato histórico, al igual que Mark Tornillo, cuya voz se ha igualado a Udo mediante duros ensayos y mucha fuerza de voluntad. Así que, después de este alegato, ¿de verdad hace falta otro guitarrista en vivo? No, Accept, no es necesario, ¡a ver cuándo queda claro! La gran mayoría de los temas interpretados rebosaban una sonoridad adecuada, repicando en el suelo y embelleciendo el aire, aunque la homogeneidad guitarrista era difícil distinguir la procedencia artificiera (¿hay que repetir lo dicho antes o qué?).
Gustó muchísimo la actitud cercana de Accept, en especial, la comunión coral de los estribillos tanto en temas modernos como antiguos. Ver a un peso pesado del metal/rock alemán en tal estado de bienestar biopsicosocial es de un esplendor inaudito, aparte de la alegría que se irradiaba de cada artista. Hoffmann es una cinemática de gestos donde prima la abundancia de sonrisas cada vez que su estilo manual causaba admiración en los fans. No está de más mencionar que su habilidad no envejece ni merma al ejecutar «Restless and Wild» o «London Leatherboys». En el Medley de canciones que se utilizaron como recordatorio de la extensa discografía de Accept, Hoffmann demostró que el tiempo y él van por caminos separados que se unen en un punto del infinito. Al frente y dando una imagen intimidante con esas gafas de sol y chasqueando los dedos, Mark deleitó las líricas con ese tono de voz agudo que pocos jubilados pueden presumir de tener. ¡Es una maldita delicia oírle donde sea, como a Udo! Lo mismo se expresa de Martin, cuyo dominio de los graves está a la altura de grandes nombres que han pasado por la banda.
Siempre se le veía atento a los compañeros y sus líneas musicales ensombrecían a algunos solos duales, aparte de ser el protagonista en «The Abyss» y «Shadow Soldiers». Hablar de clásicos de Accept para un concierto es empezar con «Princess of The Dawn» y, al fin, Uwe adoptó el mismo nivel simbólico que Philip. Mientras el interés no se movía de Hoffmann y su unió a Mark, Uwe y Philip resultaron ser imprescindibles para que «Teutonic Terror» y «Pandemic» abrieran la veda al desenfreno total de los bises. Con la continua ayuda baterista de Christopher (¡lo bordó su trabajo en una excelencia percusionista del más alto nivel!), los coros de «Fast as a Shark» ensordecieron la ciudad, los acordes progresivos de «Balls to the Wall» provocaron lágrimas de emoción y, como colocón final, «I’m a Rebel» tronó en la noche zamorana dejando un regusto musical único y especial que consiguió (hasta otra ocasión) hacer olvidar la cuestión inicial. Así que, Accept, un aplauso fuerte por una actuación maravillosa, conmovedora y que se repetirá en breve, puesto que los Dioses del Mediterráneo andaluz así lo desean muy pronto.
Saurom
Después de la actuación de Accept, vimos un claro cambio generacional. La vieja guardia, ya entrada la noche, dejó espacio para dos de las bandas españolas que por su extensa trayectoria tienen muchas historias que contar. La primera en descargar todo su talento serían los gaditanos Saurom que venían presentando su álbum «El Principito», un disco que a pesar de ser reciente, ya cuenta con himnos que para muchos son difíciles de olvidar y siempre los acabarás cantando. Canciones como «Baobabs», «Todo en mi Vida», “El Rey que no Sabía Mandar» y «El Principito» dieron buena cuenta del éxito de un gran trabajo.
Pero Saurom no se quedaron sólo con las novedades y en el concierto de Zamora, no podían faltar grandes temas como «No Seré Yo», está vez siendo Narci el encargado de cantar a dúo junto con Miguel, al igual que «La Llorona», que es ya un imprescindible en todos sus shows. Por supuesto, no se obviaron sus clásicos de siempre que son sinónimos de fiesta total. Tras escuchar las aventuras de «El Lazarillo de Tormes», la gente que ya estaba caldeada se metió de lleno en el ya mítico «El Circulo Juglar» desatando que una furia social de bailes y saltos al ritmo de su música. Con ese ritmo llegábamos al final del show con «La Taberna», reinando en el recinto un clima de felicidad y buen rollo en el ambiente.
Lujuria
Aún con la resaca de la actuación de los de Cádiz, se acercaba el cierre a la jornada del viernes. De la fiesta de juglares, pasaríamos a otra donde el rock and roll más macarra de los segovianos Lujuria llenaría el ambiente. Ya es habitual verles en esta posición de cerrar o bien un festival o bien una jornada diaria, y con ello poner la guinda al pastel para un buen fin de concierto. Esta ocasión, Lujuria no la desaprovechó y nos hicieron disfrutar con los mejores clásicos de su discografía. Temas como «No Soy Carne de Cañón», “Sin Parar de Pecar», «Cinturón de Castidad» y «Jeckyll y Ms. Hyde», fueron cantadas por un buen puñado de gente que aún resistía a abandonar el recinto a pesar del cansancio de la noche.
Pero si algo hay que destacar durante el tiempo que duró su actuación es la buena labor como líder de un carismático Óscar Sancho, animando a la gente en todo momento a cantar y dejarse llevar por la música. Así llegamos a los momentos finales, y «Viejo Rockero» fue, para mí, sin duda el cierre perfecto a la jornada del viernes, donde caminé hacia un merecido descanso para reponer fuerzas para afrontar el último día del Z! Live.
3º DÍA (SÁBADO)









Opensight
La mañana del sábado en el Z! Live despertaba con un sol peleón y un ambiente de despedida. Los encargados de abrir la jornada, y de paso poner la banda sonora a nuestro último amanecer festivalero, fueron los chicos de Opensight. Su directo fue como subirse a un coche de los 70’, poner la carretera por delante y dejarse llevar por una “road movie” con Steve McQueen al volante. Desde el primer riff de «Killer» nos invitaron a atravesar esas autopistas interminables de la América más polvorienta, mientras suenan ecos de bandas sonoras setenteras mezcladas con metal progresivo de la vieja escuela.
Sin duda, el rollo cinematográfico era más que evidente. Las guitarras parecían fotogramas de una peli de espías y los cambios de ritmo eran como giros de guión sacados de un thriller de serie B. Ivan Amaya, voz y guitarra, era el narrador perfecto a esta película. El público, que a esas horas aún se desperezaba con la cerveza en mano, pronto se enganchó a esa atmósfera de película olvidada en VHS. Sus canciones, cuidadosamente escogidas, rugieron como un Mustang en la autopista, llevándonos a un viaje sonoro a lo más clásico del metal y el rock progresivo. Para cuando llegó «Midnight Hunger», ya estábamos totalmente entregados a este sensación cinemática que olía a cuero viejo y carreteras secundarias. El tema, inspirado nada menos que en los Gremlins, cerró su actuación como una última escena post-créditos: oscura, juguetona y con ese puntito macarra tan de serie B.
Ankhara
Regresando a la época actual, musicalmente, Ankhara ya estaba preparada para mostrar todo su talento ante el público del Z! Live. La banda madrileña demostró por qué sigue siendo un referente del heavy patrio, ¡y lo hizo por partida doble! Por la mañana, calentaron motores con un acústico que fue todo un regalo para los más madrugadores. Allí, en formato íntimo, seguro que dejaron claro que la calidad no necesita electricidad para brillar. Lo bueno de verdad vino por la tarde, cuando salieron al escenario principal para darlo absolutamente todo. Con un setlist que empezó a toda pastilla con «3:40» y «Demasiado Tarde», el grupo puso a saltar a un público entregado desde el minuto uno.
Sonaron muy sólidos, potentes y con un sonido que hizo justicia a sus temas. Se notaba que estaban disfrutando de cada minuto sobre las tablas, y eso se contagió. El momento álgido llegó con los temas «No Mires Atrás» y «Acordes», himnos clásicos de la banda, que fueron coreados a pleno pulmón por toda la gente que estaba allí. El buen rollo entre los músicos se reflejó en cada riff y cada sonrisa lanzada entre ellos. Cerraron con «Hasta el Fin», un título que resume perfectamente la actitud de la banda, ir hasta el final, sin reservas y con el heavy metal por bandera. Reconozco que Ankhara hizo una actuación redonda, en la que sonaron bastante bien. Los que estuvimos allí sabemos que fue uno de esos conciertos que se quedan grabados para siempre.
Dynazty
Después de la único show español de la última jornada del Z! Live, una carencia de buen power metal/rock acuciaba las ganas de menear las melenas al viento y ofrecer algún que otro movimiento de caderas. La petición se cumplió con un doblete de reconocidas bandas internacionales dispuestas a que las masas les siguieran al son de la música. Desde Suecia y con un noveno álbum recién sacado a la venta, Dynazty fue toda una sorpresa de metal/rock moderno que causó sensación a través de su estilo que combinaba diversión creativa y seriedad escénica. Es decir, los cinco artistas del grupo no cesaron su actitud afable y sonriente, pero un atisbo de imponencia les hacía ser adorados y ovacionados a cada canción interpretada. «Game of Faces» ha obtenido muy buenas críticas en cualquiera de sus aspectos.
Con una hora de actuación y un palmarés discográfico extenso, la presentación del nuevo trabajo se relegó a un segundo plano, priorizando una variedad que supuso un acierto de pleno para ganarse al público. Por supuesto, el sonido escogido en directo también obtuvo su parte de mérito, pues fácil era distinguir los ritmos, solos y la tremenda voz que posee Nils, un galán que encendió la pasión entre la presencia femenina (¡era difícil quitar los ojos de ese rostro tallado por los dioses!) Aun así, el marcado estilo musical de Dynazty encandiló a veteranos y novicios por igual, dejando una huella imborrable en el festival.
Sin tiempo que perder y siempre devotos a la calidez social, los artistas empezaron el show con cortes recientes, incluyendo el título homónimo del nuevo álbum. Un momento álgido fue la alta sincronización en el unísono coral, haciendo que «Natural Born Killer» alzando cientos de laringes bajo la satisfacción de Dynazty. Claro quedó que había ganas de ver al combo sueco, porque incluso la banda no dejó de apelar a los asistentes a ser uno con el espectáculo. Con Nils y su arte vocal al frente, la gracia del estilismo musical logró una envergadura bastante interesante; es decir, Nils llevaba la batuta del público en las líricas, creando una inversión de roles en el concierto. Un enfoque muy interesante que resultó en un frenesí al sonar «Waterfall» o «Yours». Aunque aparecieran emotivos toques de baladas, ambos guitarristas supieron utilizar la distorsión adecuada que no fuese estridente y otorgase una acústica envolvente.
La artesanía manual de Rob Love y Mike (qué dúos de rivalidad mutua!) no era la única en dar cordofonía al IFEZA, ya que Jonathan hizo las delicias de unos graves potentes que, en su justa medida, sostuvieron las zonas solistas en un apoyo excelso. Tras acabar «Call of the Night» entre vítores, George regaló unos minutos de virtuosismo percusionista desde la retaguardia, lo cual evidenció su maestría aparte de mostrarla durante todo el repertorio. De ahí, Nils retomó el mando del show y las despedidas iban cobrando vida. El público se lo pasó bomba (¡servido incluido!) con Dynazty y al finalizar «Heartless Madness» sólo existían peticiones de bises y ovaciones hacia una banda que fue una auténtica revelación del metal/rock actual en el directo del Z! Live.
Rhapsody of Fire
Una hora de Rhapsody of Fire en un concierto de festival significa que la incógnita del setlist se viviría con aprensión desde el principio hasta el fin. ¿Tirarían de exitosos clásicos o habría un incremento de la última trilogía musical? De la banda italiana se puede esperar cualquier cosa, pues son unos verdaderos maestros de la sorpresa. Dejando aparte la ilustre discografía clásica que ostenta un inaudito historial de laureados triunfos, el virtuosos quinteto supo equilibrar el pasado y el presente mediante una actuación que engrandeció el nombre grupal (¡más si cabe!). Con Alex siendo el único miembro original y perenne a través de las décadas, Rhapsody of Fire alcanzó una dimensión desconocida de power metal/rock sinfónico que supo componer una épica saga artística con la llegada de Giacomo a la voz.
A partir de ese punto de inflexión, toda Italia vio un Renacimiento musical que no deja de impresionar al público, ya se trate de curtidos veteranos de guerra o novicios deseosos de explorar nuevas alternativas en el arte extremo. Zamora también quiso formar parte de esa visión humanista y el memorable show que Rhapsody of Fire mostró ante miles de asistentes hizo que los sentidos corporales no perdiesen la atención de la infinidad compositiva que los italianos hacen gala en sus álbumes y directos. Aunque la puesta en escena fue bastante escasa salvo la pantalla digital trasera y el logo con diversos matices, nadie perdió el hilo de lo que realmente importaba en la actuación.
El inmortal caballero Christopher Lee volvió a ser representado en «The Dark Secret» para que la banda explosionase la apertura con «Unholy Warcry» (¡temazo siempre!). La mágica y cautivadora voz de Giacomo, en completa rivalidad con su belleza, enmudeció a la presentes hasta que los coros escaparon de la prisión social. Cantar una canción de Rhapsody of Fire, sea cual sea, es un vigoroso placer que, si se añade la grácil liricidad de Giacomo de fondo, levanta el ánimo de los abismos más profundidad del espíritu. ¡Es un canto a la vida, la luz de universo, la lucha contra la adversidad…! Por eso, «Rain of Fury» y «I’ll Be Your Hero» continuaron la épica social que nadie quería perderse. Torreón fervoroso de la guitarra cuya técnica ensombrece al Sol, Roberto deleitó su maestría en unos acordes y solos de exquisita realeza. El día que haya un dueto entre Roberto y Luca, ¡el mundo se detiene! Verle ejecutar «The March of the Swordmaster» dejó boquiabierto al público por doquier, en especial, los arreglos extras que imprime en su ilimitada creatividad.
Aun siendo todo un portento artístico, una guitarra necesita su contraparte bajista, quedando Alessandro como el más fiel escudero. Capaz de igualarse a Roberto en el dominio cordófono (¡y superarlo también!), los dedos del italiano acariciaban las gruesas cuerdas haciendo retumbar los cimientos del IFEZA en un sonido hercúleo que erizaba el cabello. Las progresiones teóricas de «Chains of Destiny» y «Warrior Heart» seguían las doctrinas del célebre Alex, pues su teclado inspiraba unos efluvios que coloreaban el aire y hacían crecer la hierba junto a la esperanza del corazón y la mente. Ni siquiera las nubes eran capaces de eclipsar su figura; menos aún a Paolo, el único e indiscutible baterista que está realzando la percusión de Rhapsody of Fire por encima de las posibilidades sónicas. Para finalizar un show magnánimo que tuvo todo lo necesario de calidad, el reputado dúo «Dawn of Victory» y «Emerald Sword» puso a prueba el aguante vocal de los presentes, quedando un cierre sobresaliente de lágrimas y puños en alto por una banda de la cual es imposible aburrirse o criticar por mucho que se quiera.
Gotthard
Cuando se alzó el logo de la banda suiza Gotthard, los rótulos mediáticos de otoño de 2010 volvieron a la mente de muchos presentes. Después de 15 años, es imposible olvidar el trágico accidente que se llevó al carismático y sensible cantante Steve Lee en EEUU. Cierto que Nic ha logrado ser el doble de Steve en la banda, transmitiendo los mismos sentimientos en unas líricas y actitud similar, pero es que Steve era… ¡Era! Rondando el recuerdo por el Z! Live, una hora de show devolvió el espíritu del mejor rock europeo entre miles de sollozos, miradas al alza y unos cánticos inmortales que traspasaron las barreras del sonido. Ver a Gotthard en directo, en la actualidad o evocando el pasado, es acudir a una cita donde hay que dejar la tristeza de lado y experimentar una alegría más de allá de la imaginación o el alma.
En pocas palabras, Gotthard es pasión por la música en su esencia más pura, y ya sea acústico o distorsión, cualquier tema que se interprete de la banda hay que ponerse la mano en el pecho y dejar que el corazón hable por sí solo mediante el altavoz oral. Presentando su nuevo álbum de estudio, «Stereo Crush», el quinteto agarró la algarabía social que generó su imponente leyenda musical y la envolvió en un aura de ensueño y amor mutuo por la música extrema. Diez canciones fueron insuficientes (¡claro está!) para que Gotthard mostrase su arsenal musical al completo; al menos, los clásicos no faltaron con un apoyo sublime apoyo teclista extra, hecho que hizo a la gente postrarse de rodillas ante la versión de Joe South, «Hush» y temas como «Mountain Mama» o «Lift U Up». Mucha alegría y jolgorio se vivió en el IFEZA, tanto que las nubes se acercaron al show, reteniendo las ganas de llorar, pues en la eternidad, Steve Lee observaba al festival y a sus compañeros con una sonrisa abierta.
El fervor artístico del quinteto suizo es digno de admirar, pues no hay fenómeno, vivo o inerte, capaz de frenar el azogue escénico. Apoyándose en el público siempre que podía y sin dar tregua a sus habilidades vocales e intrumentales, Nic consagró su figura de frontman a través de una actitud muy cercana con todo lo que le rodeaba. Entre «All We Are» y «Heaven» había un vínculo social tan palpable que se respiraba felicidad en cualquier rincón. Leo continúa siendo el núcleo creativo de la composición, lo cual se reflejó en el afán guitarrista que le delata como renombrado músico junto a su imperecedera sonrisa de satisfacción. De la misma manera, Freddy jugó a los duetos cordófonos y melódicos con Leo, creando una amistosa rivalidad que invitaba a la plena fascinación. Añadir un sonido claro como un estanque donde cada nota y acorde infundía vida supuso un valor seguro al éxito de Gotthard en el Z! Live.
¿Qué sería de «Top of the World» y «Fell What I Feel» si Marc y Flavio no sostuviesen la base musical con graves y percusión del más alto nivel? La respuesta se expresó en miles de ovaciones y loas hacia bajista y baterista, quienes nunca dejarán de sorprender en sus habilidades instrumentales. El transcurso del concierto fue una declaración de cariño suiza que, cerca del final, hubiera venido bien preparar ramos de rosas para lanzarlos al escenario al sonar «Lift U Up». Nic se deshacía en sutiles sollozos, Leo se abrazaba con Freddy en los puentes sonoros y Marc miraba al cielo en los suaves toques manuales. Un etéreo Steve Lee poseía al público y los coros emitían los unísonos de una manera magistral. El único y ansiado cierre de un show que marcó un antes y un después en el Z! Live, el cual no podrá volver a disfrutar con tanta magnitud sonora y sentimental.
Lita Ford
Casi cincuenta años en pisar España por primera vez para una leyenda americana; más de cincuenta latigazos harían falta para dar educación al público del Z! Live presente cuando Lita Ford salió al escenario rodeada de su equipo de estrellas musicales, siendo ella la más brillante y reluciente. Viene una diva de The Runaways (¡ya fuera Joan Jett o Cherie Currie!) ¿y el público se va a comer o le da la espalda en base a diversos motivos de ocio? Demasiada rabia contenida que no viene a cuento (¡quizás sí!) porque Lita deleitó al templo del metal/rock con un despliegue sonoro tan bestia que consiguió elevarse por encima de las expectativas que había sobre ella días previos. Ya quisieran much@s tener el azogue y el ánimo a su edad (las arrugas son la experiencia de la vida) pues nadie diría que su estado musical no deja de elevarse conforme pasa el tiempo.
Es decir, Lita y el buen vino añejo comparten la misma sabiduría popular; mejor sabe a más entrada de edad. Lo que nadie se imaginaba era el increíble repertorio que la señorita Ford desplegó en el IFEZA, haciendo un repaso a su historia discográfica sin olvidar versiones que la tienen catapultada al estrellato artístico por siempre. Antes de todo, no olvidar que Lita Ford fue la guitarrista solista de The Runaways, así que la mítica «Cherry Bomb» no iba a faltar a la velada con esos coros tan nostálgicos y reivindicadores del hard rock femenino que marcaron generaciones en el milenio pasado. Sin embargo, estos detalles e importancia trascendental no parecieron ser del gusto de parte de los asistentes, quienes muchos la veían como “una vieja gloria” u otros apelativos de similar índole para ser expresados en esta crónica. En una simple hora de actuación, Lita se dejó la cabeza, corazón y alma en que su show obtuviese un sobresaliente en el Z! Live; ¡vaya si lo consiguió!
Lita Ford es una artista que no defrauda ni queriendo, incluso a pesar de los pequeños problemas técnicos que hubo al comienzo. De traca y sin piedad, el temazo que es «Gotta Let Go» abrió la mente de los más veteranos (¡los que de verdad saben de música!) a un espectáculo donde reinó el interés sobre ella. Siempre dispuesta a ceder las líricas mientras ejecuta su legendaria técnica guitarrista, Lita se cameló al público más afortunado en unos arrebatos de alegría como fueron «Restless» y esa versión magnífica de «The Bitch is Back» perteneciente al prolífico Elton John. Conforme pasaban las canciones y el anochecer se hacía patente, el furor iba alcanzando las cotas requeridas para venerar a Lita como quien es, ¡una titán del hard rock mundial! No sólo ella estaba al frente, pues sus compañeros la arroparon en la misma calidad descrita. Como segunda guitarra y líder rítmico, Patrick podría pasar por una pareja en sí, pues no se quedó detrás de Lita, sino que llegó a sobreponerse a ella en ciertas tareas melódicas. Algo parecido sucedió con Marten, pues detrás de su faceta seria y las gafas de sol, se esconde un espíritu ligado a la tarea bajista. Pocos breaks y puentes hubo que él no pudiera rellenar con la potencia de los graves, recreando un ambiente recio que cimentó el éxito de Lita en la estructura de base. Justo ahí, el icónico Bobby Rock demostró que su talento baterista era un completo terremoto de intenciones, lo cual se evidenció en el inesperado solo percusionista que captó la atención social mientras Lita traía otra sorpresa en sus delicadas manos para dar comienzo a la segunda parte del repertorio.
Se venían grandes versiones, porque aparte de The Runaways, otras míticas figuras han sido objeto de devoción musical por la señorita Ford. «Black Leather» de Sex Pistols (cómo se lució Marten en un guiño de la grandeza bajista del punk) y «Only Woman Bleed» de Alice Cooper (nos faltaba él, ¡claro está!). Por suerte para el Z! Live, ese dueto inolvidable con Ozzy Osbourne que fue «Close my Eyes Forever» significó el enclave que aunó todo el interés en Lita, quien junto a su maravillosa guitarra de doble mástil, logró que el unísono coral llegase a oídos del príncipe de las tinieblas. Le quedó tan bien la interpretación que el cierre con «Kiss Me Deadly» provocó una marea social de aplausos y ovaciones sobre ella, respondiendo con besos al aire y (¡de seguro!) arrepentida de no haber venido antes a España. Alguien como Lita Ford tiene que ser inmortalizada sí o sí, y a pesar de la desidia del gentío inicial, se divinizó a los ojos de la Historia una vez más.
Sepultura
Todavía resulta raro que una banda como Sepultura cumpla cuarenta años de trayectoria con su retirada artística. No obstante, más extraño es que, siendo una gira de aniversario que también tiene un cese de actividad, no haya habido una reunión con los miembros originales del grupo brasileño, es decir, los hermanos Cavalera, Max e Igor. Muchas incógnitas rodean al fenómeno generado por los rumores, como posibles logias posteriores, actos esporádicos… Quizás el adiós de Sepultura sea algo precipitado para la mayoría de los fans, pero cierto es que dando shows como el experimentado en el Z! Live, casi se entendería un descanso meritorio para el brutal cuarteto. Un juego de iluminación más intenso que el nacimiento del universo en plenitud de colores, un sonido tan crudo y pesado como si se tratase un ensayo al estilo old school, fiereza y rudeza de los artistas acorde al manejo de sus instrumentos…
Sí, Sepultura es la grandeza de la potencia musical en su máximo grado de altitud. Hubo sorpresas en cada una de las canciones del repertorio, la gente violentó los moshpits a una salvajería inaudita y cualquier noción detractora sobre la banda quedó desterrada para siempre, porque una hora y media es tiempo de sobra (y suficiente) para grabar a Sepultura en las páginas doradas de la Historia musical del metal/rock. Por ejemplo, comenzar con el dúo de «Beneath the Remains» e «Inner Self» es un honor al arsenal thrasher que cautivó al mundo entero en la década de los 90’. Si eso no es dar tralla desde el principio sin compasión por el público, ¿qué se quiere entonces de Sepultura en el final de su andadura grupal? Además, no iban a faltar los clásicos imperecederos que se fueron intercalando en una mezcla especial del pasado y el presente, aunque sin perder ni un ápice de calidad interpretativa. Un repaso a la discografía es lo mejor que se puede hacer cuando el único objetivo es realizar una despedida tan grande que destruya los alrededores sin importar nada. Debido a ello, Sepultura sacó todo su arsenal sonoro, personal y espiritual en conectar con la gente de un modo muy sencillo, otorgando lo que se desea sin tapujos ni leyes.
Aquí no hay policía ni seguridad, sino demasiada «Attitude» y «Propaganda» con un Derrick imponente cuyas manos eran símbolos de una libertad imposible de reprimir. El micrófono era un sonajero en vez de un altavoz, pues el tono del cantante golpeaba el cuerpo cual piedra sobre una lámina metálica. Las líricas entraban a lo bestia, culpabilizando un sistema mundial herido de muerte por injusticias y maldades en «Guardians of Earth». Hubo peleas amistosas, pero con «Choke» de fondo, al igual que sucedió en «Kairos», el bajo de Paulo no dejó que los asistentes tuvieran ni un momento de calma donde centrar el interés sobre el escenario. La alegría que derrocha el artista se contagió por los alrededores, pues no había sonrisa que se le escapase al ver cómo reaccionaban las masas a la música de Sepultura. Después de la enérgica descarga que fue «Escape to the Void» (¡nadie se la esperaba!) no tardó en sucederse la retahíla de himnos que reverberó en los cimientos del IFEZA y la propia Zamora. Aquí entró la técnica más veloz y agresiva de Andreas, poseedor del don guitarrista que provocó la muerte mental en esa realidad representada en «Dead Embryonic Cells».
Sabio y experimentado que nunca abandona las raíces que le infunden su voluntad de hierro, se ganó el favor social mediante una actitud de júbilo en contraposición a los frenéticos rasgueos y punteos. Infierno hostil en ese hito que es «Troops of Doom», un homenaje sincero y muy acertado a Motorhead y Lemmy con «Orgasmatron» (¡pedazo de versión en directo!), vigilancia secreta en la tremenda percusión de «Territory», el exótico baile de resistencia al son de «Refuse/Resist»… Se fue el baterista Eloy a Slipknot, pero más vigor juvenil acudió en la llegada de Greyson, un chaval tan dinámico que eclipsó a Derrick en la introducción de «Ratamahatta». Bajo la solemne bandera de Brasil y los colores patrióticos, miles de gargantas corearon los quebrados guturales de «Roots Bloody Roots» en el final de la actuación, haciendo que la despedida de Sepultura, en España, se convirtiese en un insistente clamor al metal/rock mundial. Esta experiencia en directo es otra muestra de que la industria extrema es un símbolo cultural que debe ser tenido en cuenta, pues define los valores del ser humano, en cualquier de sus variantes. Siendo sinceros, de seguro que el cuarteto brasileño tiene planes de futuro en secreto, aunque por ahora, hay que conformarse con dejar constancia de que Sepultura seguirá vigente en la memoria de los fans, ya sea con su música o mediante un show de calibre único, especial e irrepetible.
Dark Funeral
Si Noctem puso el listón muy alto en el género del black/death el viernes, los compases finales del Z! Live en el sábado corrieron a cargo de otra apuesta musical díscola de lo usual en los festivales “cotidianos” de metal/rock. De ascendencia legendaria y siendo parte de los inicios de la escena extrema sueca, el quinteto Dark Funeral acudió al IFEZA con un objetivo muy claro en mente, enseñar cómo la gloria nórdica del black metal/rock más puro sigue dando leña como antaño, ¡y quizás más!
Tras haber girado por Europa junto a Fleshgod Apocalypse y Ex Deo, donde el tour pasó por España, la hora tétrica y sombría de Dark Funeral en Zamora fue un aliciente de resistencia al cansancio general. Rodeados de una oscuridad total de contraluz y un ambiente azulado continuo, los suecos sacaron su arsenal musical en una mezcla homogénea de distorsión y producción digno del frío escandinavo. Las ráfagas de aire adoptaron una estética más friolera cuando la voz de Heljarmadr imbuyó su tonalidad desarraigada en la escenificación de «Unchain my Soul» y «My Funeral».
Exentos de cualquier atisbo de felicidad (¡la tenían en lo más profundo de sus almas, pues algo se vio en «Nosferatu»!) y una seriedad de imponencia infernal, Lord Ahriman y Chaq Mol expelieron riffs de alta velocidad y técnicas inauditas, provocando moshpits en el público y erizando el cabello de la nuca. Para Dark Funeral, lo importante de su música es observar cómo hay una deconstrucción mental que lleva a replantear las creencias e ideas. Mediante «Open the Gates» y «Atrum Regina», el público no era consciente de sus acciones, pues cualquier baquetazo de Jalomaah era una orden a acatar.
Su batería repicaba en los confines del recinto, agrietando los pilares y quebrando la metodología común de un doble bombo. También hay que mencionar el porte figural de Adra-Melek, cuyo bajo era otra una tercera guitarra lista para reventar oídos y cerebros por doquier. A pesar de las melodías modernas de «Let the Devil In» que muestran la cara compositiva más sosegada del grupo, la imposición de la icónica «Where Shadows Forever Reign» en el cierre provocó una oleada de vítores que evidenció el alto grado de compenetración que hay entre Dark Funeral y las horas nacionales, que no pierden la oportunidad de apoyar a las leyendas musicales de generaciones.
Nanowar of Steel
Si había una forma perfecta de poner el broche de oro al Z! Live, ésa era con Nanowar of Steel. Los italianos llegaron para demostrar que el metal puede ser épico y cachondo a partes iguales, ¡y vaya si lo consiguieron! Desde que salieron al escenario, dejaron claro que la seriedad se quedaba fuera del recinto. Allí dentro sólo cabían las risas, el desmadre y el metal pasado por su filtro absurdo y absolutamente genial. El público, que ya venía con ganas de fiesta tras todo el festival, se entregó sin reservas. Cada tema era una festejo en sí mismo, pues «Pasadena 1994» nos llevó a cantar a la épica de una manera diferente y divertida. Entre canción y canción, no faltaron sus bromas ni sus disfraces. Con «Wall of Love» la gente se fundió en abrazos y en muestras cariño; fue un momento de mucho amor y «Disco Metal» puso a bailar a un público metalero, viviéndose una improvisada fiebre del sábado noche.
El buen rollo entre los miembros de la banda era contagioso, entre bromas, chascarrillos, expresaron su buen rollo y humor a un público totalmente entregado. La explosión llegaba con ese gran himno del verano que se convirtió el tema «Norwegian Reggaeton» que nos puso a todos a bailar como si se acabara el mundo. La locura nocturna era palpable, parecía que la gente no quería acabar, aun así con «Valhalleluja» llegó un cierre tan grandioso como delirante, con todo el festival cantando el estribillo como el gran himno que es. Fue la forma ideal de cerrar un Z! Live lleno de sentido del humor sin perder el virtuosismo musical del heavy metal.
Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S. y Geles M.R.



















































































































































































































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