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Conciertos Crónicas

Crónica: Zurbarán Rock de Burgos

11/09/2024 0 Comments
1 año atrás
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Ya son varias ediciones las que lleva a sus espaldas, ¡y las que quedan aún! En Burgos, el festival gratuito del Zurbarán sigue apostado por un crecimiento exponencial de categoría. Con la inclusión de actividades para todo tipo de público y acústicos frente a la Real Catedral, lo que comenzó como un sueño de varios compañeros se ha convertido en un singular fenómeno castellano que congregó a un gran número de asistentes en pleno verano. Mediante un surtido elenco de artistas nacionales e internacionales, lo mejor del metal/rock se da cita con los fans y amantes de la música extrema en directo con denominación de origen burgalés; ¡una cita obligada que no desmereció a nadie!

 

Heavy Pettin


Debido a inclemencias laborales y llegada tardía al festival, perderse a Lépoka no posee excusa alguna, pero sí diremos que, de seguro, dieron un concierto folclórico digno de la historia española circundante. La apertura internacional del evento corrió a cargo de una banda veterana en el heavy metal británico de los años ochenta, Heavy Pettin. Quizás seamos muy directos al decir que se trató de la mejor actuación en toda la jornada, pero es que el quinteto se ganó, muy a pulso, la ovación y beneplácito del público de principio a fin. Con sólo tres álbumes en su palmarés y una reunión previa hace poco tiempo, es imposible negar la potencia y ánimos vividos en sólo una hora de intenso metal/rock clásico. Rodeados de un tiempo agradable (muy extraño en estos tiempos actuales) Heavy Pettin descargó su arsenal musical ante el interés de múltiples facetas, fueran jóvenes, adultas o avanzadas, lo cual indicó la calidad que había en el festival casi desde el comienzo.


El quinteto cuenta con dos miembros originales, el guitarrista Gordon y el cantante Steve, quienes supusieron gran parte del éxito cosechado. Realizando un repertorio casi completo a la discografía de estudio, ambos no cesaron en el afán de envalentonar a los asistentes y generar un vínculo social irrompible. A base de coros continuos, buen hacer musical y un sonido puro y nítido, Heavy Pettin otorgó un plus de ilusión y esperanza en el metal/rock moderno haciendo que la gente saltase, cantase a pleno pulmón y se dejase el alma en dar vida a temas como «Roll the Dice», «Rock Me» o la relativa balada de «In and Out of Love». No hay que desmerecer el trabajo del resto de compañeros, pues entre graves y redobles percusionistas de alta gama, «Shout It Out» y «Break It Down» retumbaron por el recinto mientras el público pedía más y más junto a los pertinentes bises. Haber dado algo de tiempo extra a Heavy Pettin después de «Throw a Party» (¡ojalá, de verdad!) hubiera sido un acierto, porque entre el derroche de carisma y las ganas de disfrutar al aire libre, el ambiente generado en el Zurbarán no se volvió a ver en el resto del día.


Nightmare


Al acabar la actuación de Nightmare con el ocaso en el horizonte, sólo se escuchaban opiniones negativas y bastante críticas hacia la formación francesa. Cierto es que no dieron el mejor concierto de su vida, pero tampoco merecían convertirse en el coco del Zurbarán, como se escuchaba por ahí. En primer lugar, decir que Nightmare venía a España con un nuevo álbum, «Encrypted» y la consolidación de su reciente cantante, Barbara. Por ello, el repertorio fue un doblete encaminado a dar salida al disco y a la vez, repasar los grandes temas que marcaron a la banda pionera del heavy/power galo. Por desgracia, la combinación elegida no pareció convencer al exigente público presente, y una de las causas era bastante evidente. Heavy Pettin había alzado, más de la cuenta, el listón cualitativo en directo y seguirlo supondría una tarea titánica. Aun así, el intento de igualarse a los predecesores es un mérito a tener en cuenta. Fuera por el cansancio o las ganas de comer, la gente aprovechó la oportunidad de saciar la nutrición orgánica rodeados del enigmático y penetrante estilo musical de nuestros vecinos. A opinión personal, sólo se necesitó un poco más de apoyo social para que la velada tuviera un gran reconocimiento.


Una mayoría de las críticas hacia Nightmare en el Zurbarán se fundamentaron en el caos sonoro que se gestó durante el show, donde distinguir los instrumentos era una tarea de titanes. La mezcla homogénea de Matt y Franck a las guitarras (junto a su personalidad extrovertida) sólo se separaba en la ejecución solista, y aunque sus roles eran dignos de admirar en el empeño y voluntad de hacer una actuación memorable, pecaron en el exceso técnico, hecho que el público se percató a priori. Como miembro original de la banda, Yves guio las líneas bajistas en el acompañamiento de Niels, quien se llevó el palmarés protagonista en la batería, pues fue el único instrumento nivelado en el sonido externo. Para los duchos en Nightmare, reconocer las canciones (de inmediato) fue posible gracias a él, mencionando los casos de «Ikarus» «Downfall of a Tyrant» y ese himno galo de «Eternal Winter» que se coreó al unísono bajo la comandancia del quinteto al completo. No podemos dejar de lado a Barbara, la prolífica cantante que intentó, de muchas maneras y casi a la desesperada, recabar la atención de un público que ya daba la espalda al show debido a los motivos mencionados. Intensa y muy motivada, hizo que los temas de los álbumes «Encrypted» y «Aeternam» cambiasen la melodía por la crudeza, un hecho reseñable y que le hace ganar más popularidad como líder de Nightmare. Sin embargo, el desdén y desinterés provocaron que el frenesí heavy se rompiese en añicos. No obstante, servidor sí que prestó atención a Nightmare en su concierto, creyendo en el old school francés que marcó a generaciones de bandas vecinas.


 

Ronnie Atkins


Los proyectos en solitario están al alza, aunque no todos triunfan; depende mucho de la trayectoria con otros grupos, marketing, presencia, fama… Antes de hablar de Ronnie Atkins, hay que felicitarle por haber superado exitosamente el proceso oncológico pulmonar que nos tuvo en vilo durante 2019, lo que le dio la idea de empezar una carrera musical propia. Recuperado del todo y dispuesto a seguir con su música en solitario, aparte de Pretty Maids, acudió al Zurbarán como uno de los cabezas del cartel junto a Sonata Arctica. Sin embargo, servidor sigue sin estar muy convencido de la actuación que dio Ronnie en Burgos. Todavía recodamos las palabras que dijo el artista tras acabar la primera canción en vivo: “Aquí no habrá Pretty Maids, sino temas míos que vais a disfrutar mucho”. Después de tres doritos bien recibidos, suena «We Came to Rock». ¡Nadie se tragó el trolleo, tío! Lo único que tocar algunos regalos de Pretty Maids con Laney, Allan y Morten… Suerte que no se interpretó «Back to Back» porque se nos habría caído un mito clásico (¡al menos, para mí!). Es verdad que Ronnie ya no es el de hace décadas, ¡y se entiende! La cuestión radica en vivir de la gran fama conseguida con Pretty Maids y que la gente acuda al show sólo por él en vez de la banda entera que formó. El sonido fue genial, hubo hurtos vocales de los asistentes en los estribillos y las líricas quedaron contundentes… ¿Era necesario acabar un buen concierto bajo la música de tu magnífica banda principal? ¡Pues no, así de simple!


A ojo personal, dio la sensación de que Ronnie estaba un poco cansado al principio, pues se le veía jadear y respirar de continuo. Sin embargo, el malestar desapareció de su cuerpo y dio un repertorio centrado en presentar sus tres álbumes, con cortes como «Make It Count» «Paper Tiger» y «One Shot». Mucho mérito tiene el surtido elenco de artistas que le acompañan, quitando a Laney, a quien ya conocemos de Pretty Maids con sus increíbles dotes en los teclados y guitarras (fue quien se encargó de dar vida extra al show). El resto no estuvo ahí de monigotes al servicio del señor Atkins; al revés, casi ganaron le ganaron en protagonismo mediante solos perfectos, graves briosos que hacían temblar el escenario y una batería estable que hacía disfrutar la música en una mayor solvencia. La voz de Ronnie sigue teniendo un especial toque de atención que resulta exquisita a la escucha, sea en directo o en estéreo, pues con casi sesenta años y el percance oncológico, no se le puede negar un respeto a su fuerza de voluntad. Sustentado en el férreo apoyo social de un entregado público, el artista se deshizo en halagos y gratitud tras cada ejecución, llegando incluso a ser dignificado como un héroe. En esa definición también entra servidor, ya que Ronnie es una figura a tener en cuenta, pero todavía estamos esperando a ver qué pasa con Pretty Maids. Los múltiples guiños y covers del setlist nos pueden dar una idea de entrenamiento para el futuro… Por ahora, nos quedamos con un directo bastante formal en el Zurbarán y que sirvió de motivación para mantener la atmósfera caldeada en The New Roses.


 

The New Roses


“¿Ver a The Warning en el Zurbarán de forma gratuita estando el MadCool de Madrid en las mismas fechas a precios bastante cuestionables para sacar más beneficio? ¡Poderoso caballero es Don Dinero!” No es una cita literal, sino el (puto) pensamiento lógico del agente, manager o promotor de las hermanas Villarreal, puesto que la exitosa banda mexicana decidió cancelar su show casi a última hora. Por suerte para el festival burgalés, el hard rock germánico de The New Roses estaba disponible para cubrir la importante (y muy criticada) ausencia. Aunque la gran mayoría quería ver a The Warning (servidor incluido) las ganas del trío femenino se disiparon cuando el quinteto rockero apareció en la escena, ofreciendo un concierto de calidad inigualable en todos los aspectos. Poca cabida tiene el rock liviano y melódico en este cuerpo escombro y ruinoso, pero cuando un grupo se marca una actuación capaz de hacer olvidar el odio y desidia hacia The Warning por su jugada maestra, lo mejor es quitarse el sombrero y presentar respetos hacia The New Roses, así como darles las gracias por sacudir las caderas del público y hacer bailar con ese repertorio tan variado y repleto de música creativa. Como previa al Leyendas del Rock, podríamos decir que The New Roses tanteó el terreno español y les encantó en demasía.


El punto más fuerte y especial de The New Roses fue, de sobra, la genial mezcla sonora que les acompañó en el directo. Se distinguía todo desde cualquier punto del recinto, la breve respiración de Timmy, los coros en los estribillos, los platillos de la batería… Pocas homogeneizaciones hemos visto tan sutiles y cuidadas como la que se presenció en una hora de concierto. Aparte de ello, el setlist escogido fue a conciencia para que la gente supiese cómo se hace buen hard rock moderno y original. Era imposible resistir la tentación de bailar en solitario o dar pasos en compañía, porque cada ritmo, solo, graves, bombos… ¡Es que The New Roses vino a triunfar sin tonterías ni soberbia! Con motivo de que Timmy se luciese como un cantante dedicado a establecer un fuerte vínculo social (¡lo logró y con creces!) una guitarra adicional (aparte de Norman) dio más consistencia a los temas, relegando al bajo a un segundo plano que dominó sin problema gracias a la excelente labor técnica. Hasta la versión realizada de Neil Young nos enterneció el alma, ya que la banda apostó por sorprender hasta el último momento del show, dejando caer una lluvia musical bella y significativa en el panorama artístico alemán. Después de «Thirsty», los asistentes no tenían intención de dejar marchar a The New Roses a través de un apoyo incondicional y alabanzas.  Si las peticiones de bises se hubiesen sumado a un incremento del tiempo de actuación, la banda habría registrado una victoria difícil de repetir. ¡Y sí, nadie se acordó de The Warning nunca más en el Zurbarán!


 

Mort Subite


Tras perdernos el show de Dark Embrace en el cierre del día anterior por motivos de malestar corporal y cierto frío nocturno, la continuación del Zurbarán fue de la mano de Mort Subite, un poderoso sexteto local que supo estremecer al poco público de principio a fin. Con su inconfundible estilo death/core, consiguieron mantener la atención general con el poder sonoro de sus canciones en base al repaso discográfico de su trayectoria profesional. Llamó mucho el interés por la presencia de dos vocalistas, quienes dieron un registro versátil de los tonos guturales mientras ambas guitarras quedaron en la retaguardia en compañía del telón estructural. Éste último tuvo un gran un protagonismo en desgastar a los fanáticos extremos del festival, quienes no dejaron pasar la oportunidad de vibrar por todo lo alto a través de la crudeza y pesadez de una banda que está haciéndose un nombre en el mundo del metal/rock underground castellano. Quien quiera darle una escucha a Mort Subite, que esté preparado para una descarga frenética de modernidad, porque a muchos les pilló por sorpresa con la comida recién tomada. A decir verdad, fue un inicio explosivo el que se vivió en la segunda jornada y trató de estar a la altura en la medida que se pudo.


Temple Balls


Un aire finés arremetió en la tarde burgalesa, el cual trajo varios soplos de frescor rockero poco visto en las tierras escandinavas. El quinteto Temple Balls hizo su aparición en España con un show centrado en presentar su reciente álbum, «Avalanche», así como dar un espectáculo digno de los años dorados del hard rock/aor mundial. Ese ligero toque heavy de las composiciones hizo sacar el lado más pegadizo y divertido del público, quien no dudó en unirse a la fiesta con una banda sorprendente. Aunque el cantante Arde trató de ser el mejor frontman del evento, quedó claro que el alma carismática de Temple Balls fue el dúo guitarrista de Jiri y Niko, quienes dieron ritmos y sonrisas por doquier. Verlos tocar a cada lado del escenario era una garantía de disfrute, el cual también se apoyó en el éxito bajista de Jimi en su rol de sostén musical. Contra todo pronóstico de la actuación, los coros provocaron un aluvión de unísonos vocales en temas icónicos, mencionando la increíble experiencia de «Bad Bad Bad» y las potentes líricas que incitaban a la insanidad capilar. Quienes conocían la capacidad llamativa de Temple Balls no dejaron de rogar por más tiempo de show, y eso que tras «Thunder From the North» se esperaron unos bises durante varios minutos de expectación hasta que la retirada se hizo oficial. Para servidor, un poco más de intensidad sonora los habría elevado al olimpo del Zurbarán, incluso con el empeño grupal y la vistosa conexión social de entrega en el concierto.


 

Skiltron


Esa misma mañana del sábado, la mítica catedral urbana acogió un evento acústico único. Hermanada a España por sus raíces argentinas, el poderoso grupo Skiltron quiso honrar a la historia nacional con dos shows en Burgos, haciendo frente al tremendo calor con una exhibición corporal digna de admirar. Los cambios en la formación han causado un cúmulo de artistas internacionales que, por donde pisa, la gente no puede olvidar la calidad escénica en la duración del show. Si tuviéramos que escoger a un miembro honorífico de Skiltron, todos coincidirían en el portentoso Pereg, cuya gaita era el centro máximo de atención. Decorada con parches y sonando cual himno social, cautivó a diestro y siniestro al mediodía y al atardecer. Con sinceridad, el estilo folclórico de la banda perdería toda su esencia si Pereg desapareciese, ¡y toda la calidad interpretativa también! Desafiando a las frescas corrientes ambientales, los cuerpos serranos y pechos lobos se hicieron con el poder del Zurbarán a golpe de fuerza, intensidad descomunal y una actitud directa muy imponente.


El único fallo que se le puede reprochar a Skiltron es la poca varianza de temas en su setlist, el cual quedó enclavado en presentar el último disco «Bruadarach». No se niega que «As We Fight» y «Proud to Defend» envalentonaron al público cual ejército en pie de guerra; quienes conocíamos, de antemano, al quinteto en vivo, caíamos en la férrea llamada de himnos como «Hate of my Life» o «Lion Rampant», las cuales se llevaron nuestro cuello, corazón, alma y voz. Cantar junto a Martín es un honor muy importante, tanto que la propia ciudad se dejó la piel en apoyar a la banda a cada ritmo, estribillo y golpe de batería. El carisma de Ignacio en sus graves hacía crecer la hierba gracias a su impecable rol de bajista, del mismo modo que la guitarra de Emilio, cuyo sonido era tan nítido que los solos no refrenaban el frenesí de un público extasiado (¡su ejecución artística rompió las barreras de la puesta en escena¡). Por último, y siendo la pieza clave en el sostén estructural, Joonas remarcó la potencia de «Skiltron» para que la gente siguiese el brutal camino de la predecesora «Bagpipes of War», el feudo indiscutible de Pereg donde éste se empapó del cariño burgalés en la adornación  musical y manejo maestro de la gaita, flautas y cualquier instrumento de viento. Seamos hombres, mujeres o géneros existentes, el metal/rock moderno celta sabe que, sin Skiltron y su varonilidad, estaría en decadencia, porque la banda vale mucho más que el oro.


 

Vhaldemar


En menos de seis meses, ver tres veces a Vhäldemar ya se hace algo cansino (¡y no lo decimos para mal!). Que se trata de una banda revelación en el panorama nacional no se duda, al igual que su trascendencia en la escena vasca y norteña. El grito “¡A Muerte!” siempre tiene una connotación ilusionante que cala muy hondo en el espíritu de jóvenes y mayores, así como el éxito del nuevo álbum «Sanctuary of Death». Sin embargo, contemplar las mismas canciones (o cambiadas de lugar un poquito) en el festival de Burgos supuso mucho riesgo innecesario cuando la innovación es un factor a tener en cuenta en los directos. El fuego es precioso y suerte que nadie del foso perdió mechones de cabello, pero para servidor, Vhaldemar se volvió a currar otro gran concierto carente de sorpresas u originalidad a excepción de la música (lo cual se entiende en plena gira de presentación del reciente trabajo de estudio). Por nuestra parte, Escudero sigue estando el podio de cantantes más magnánimos de España, ya que su voz, ruda y directa, no hacer el acto de cantar, sino de obligar al público a dar el visto bueno al metal/rock. Una actitud loable que muy poca gente sabe demostrar continuamente en la ganancia de adeptos y fans mediante un sólo chasquido.


Claro está que Escudero, siendo la figura central de Vhaldemar, necesita de sus compañeros para que el público le guiase los coros y líricas al son de las melodías. Anclado a su teclado y en una genial interpretación, Jonkol se llevó aplausos con cada pulsación y mantenimiento de la calidad musical. Muy arraigado a él y en la contraparte guitarrista, Pedro volvió a enseñar sus pulidas técnicas en unos solos intrincados que evidencian su afán de superación conforme gana experiencia en contra del tiempo (¡una lección de maestría absoluta!). Muy sonriente detrás de su frondosa y cuidada barba, los graves de Raúl escapaban de los monitores en favor de un público que no le quitaba el ojo de encima, pues su alegría no se disipó en ningún momento. La verdad que Vhaldemar podrá gusta o no a la gente en cierta medida, pero la coincidencia social acerca de sus integrantes es unánime. El quinteto vasco está hecho para dar metal/rock a raudales, y así se vivió (una vez más) con los saltos del público, los coros a los cuatro vientos, la vistosa conexión social de Escudero (¡bajó a cantar en mitad de la muchedumbre!) y el genial estilo heavy/power metal que, poco a poco, va creciendo en su objetivo de mover masas más allá de las fronteras nacionales.


 

Crashdiet


No quiero ser un tío afligido, pero eché de menos (aunque luego diga que no…) a mi ex-novia en el genial show de Crashdiet. Ella es, y creo que lo sigue siendo, una fanática viva del conjunto sueco de glam/sleaze metal a pesar de los altibajos que ha sufrido la banda en su historia (es difícil olvidar a Dave y su trágica muerte). Tras los vaivenes de la vida, Crashdiet supo mantenerse en lo alto de la fama europea y ya tocaba verlos de nuevo por España, que se llevaba pidiendo durante años a las agencias y promotoras. El sueño se cumplió para cientos de “relativos” jóvenes (incluido servidor) puesto que regresar a principios de milenio siempre es de buen gusto y agrado. Desde una iluminación candente para la especial ocasión con su logo entre vivas llamas, el cuarteto glammer ejecutó un show que no decepcionó al Zurbarán en ningún sentido. Lo más importante era dar a la gente un espectáculo que hiciese revivir el auge del particular estilo musical, así que catorce canciones, repartidas por toda la discografía, lograron estar a la altura de las expectativas de fans y nuevos oyentes. Tras la repentina salida de Keyes al frente de la voz a principios de año, reseñar el esfuerzo de John Elliot (Confess) en el poco tiempo que lleva en la banda es un hecho a tener muy en cuenta, pues bordó su rol con calidad y sin fallos apreciables.


Haciendo gala de su versatilidad y genial puesta en escena, Crashdiet volvió a honrar la memoria de Dave con la ejecución de varios cortes míticos de su primer álbum «Rest in Sleaze» como fue la apertura con «Knokk ‘em Down» y «Riot in Everyone». Esa decisión hizo meterse al público en el bolsillo y guitarlo al son de unos ritmos vanguardistas con una conexión social al alza y sin decaer la intensidad sonora. La ejecución vocal de John gustó mucho en el directo, aunque eso sí, el resto del grupo no se quedó atrás en revivir la locura musical gracias a «Cocaine Cowboys» o ese pelotazo melódico de «Native Nature» (¡el tema con el cual conocí a Crashdiet!). Encaminados a registrar otro éxito sin precedentes, el trío original sueco montó un repaso histórico que se nos cayeron los pantalones de la emoción. En primer lugar, la alegría y monería de Martin Sweet, cuya guitarra brilló en cualquier sentido interpretativo y movimiento personal. Al lado, y mucho más duro en su rol bajista, Peter increpó al público a ser partícipes del evento mientras sus graves hacían vibrar los monitores y corazones a la vez; el caso más evidente quedó plasmado en «In the Raw» y «Falling Rain», del segundo álbum «The Unactractive Revolution» y que marcó la etapa rebelde de la banda. Por último, pilar baterista como ninguno, Eric puso el toque especial a los temas con su depurada técnica que sólo nos hacía llorar en una sensación única de disfrute. Cerrar con los coros de «Generation Wild» al unísono fue mucho más que recordar la celebrada decisión de seguir la actividad de Crashdiet en 2010, marcando un hito en el Zurbarán que difícilmente se puede igualar.


 

Sonata Arctica


Antes del Zurbarán de este año, sólo habíamos visto a Sonata Arctica una vez, en el Sonisphere de 2012 teloneando a Within Temptation para dar paso a Slayer y Metallica. No nos importa decirlo alto y claro, fue un show de mierda con un sonido desastroso que me hizo dejar de escuchar a Sonata Arctica hasta ahora. No negaremos que hubo algo de reticencia personal cuando las luces se apagaron en la introducción ambiental de la banda finesa, pero la redención fue inmediata cuando cada artista fue saliendo al escenario con la puesta del último álbum, «Clear Cold Beyond». Junto a «Talviyö», la esperanza en el power metal de Tommy y Tony avivó la pasión de regresar a los tiempos clásicos de la banda, donde el cambio de milenio marcó la juventud de mucha gente, incluyendo a servidor. Creíamos que el setlist se centraría en los tiempos modernos; ¡volvimos a errar! Un majestuoso repaso a la discografía (que bastante extensa es) se convirtió en una de las sorpresas que el quinteto tenía reservado para el exigente público de la noche burgalesa. Ataviados como señores de alto standing, la sensación de metal/rock transmitida en una hora y media nos dejó boquiabiertos. El increíble sonido que escapaba de los altavoces tocaba el alma y, al contrario del gélido tiempo norteño, calentó las emociones para llevarlas a un punto de no retorno, porque el inicio con «First in Line» y «Dark Empath» provocaron más lágrimas de gozo que coros en la oscuridad (para nosotros, el trío clásico terminal de «Tallulah» «Replica» y «FullMoon» fue más que suficiente para arrodillarnos ante el grupo y suplicar su perdón).


No tocar ningún tema de «Talviyö» podría ser un acto imperdonable, ¡aunque se lo dejamos pasar! Con la mano en el pecho y sin despegarse del micrófono, la sutil voz de Tony captó la atención social y azuzó el fuego interior de los presentes, empatizando con él en los versos y sintiendo un cúmulo emocional sensible a cualquier ser vivo. En la retaguardia, la batería de Tommy era liviana cual pluma de ave, sonando muy bien en su interpretación general. A decir verdad, fue objeto de interés junto a Elias, pues no hay que esconder al artífice guitarrista de temas tan perfectos como «I Have a Right» o «The Wolves Die Young». Sus solos fueron una muestra de genial creatividad que sólo se logra a base de muchos ensayos y horas de rutina. Se echó de menos algo de sociabilidad por parte de él y Henrik, pues el teclista apenas se movió de su sitio y sólo nos brindó gestos de satisfacción y sonrisas en detracción del esperado dinamismo corporal (¡estaba muy concentrado!). Por contraparte, Pasi se paseó por el escenario con su particular carisma que impregnaba graves por doquier, pues no cortó su alegría durante la actuación. Quizás fuera el más versátil del grupo junto a Tony, y eso que «Angel Defiled» nos erizó el cabello cuando el bajo potenció su presencia de improviso (no era necesario, pero se agradeció). En un juego de unísono coral con los asistentes, «The Cage» casi nos despidió de Sonata Arctica, aunque la terminación recayó en «Don’t Say a Word» y un efluvio finés con la tradicional canción «Vodka» que, entre risas y ovaciones, estalló en un agradecimiento más allá de lo imaginable.


 

Jenner


Un festival, sea el que sea, sin thrash metal, sería menos que una verbena de pueblo (¡y ya es decir!). El Zurbarán Rock se guardó el as de oros para el final, pues el revelador grupo femenino de Jenner hizo aparecer los ansiados moshpits y movimientos de masas que ya se creían extinguidos para siempre. Venidas de un núcleo familiar en la capital serbia, Belgrado, tres chicas están removiendo los pilares del metal/rock del este europeo mediante un estilo intenso, veloz y repleto de elementos old school (¡lo que queremos, joder!). Dispuestas a vacunar al público contra la asquerosa música comercial actual, dos álbumes son suficientes para que la crítica general les haya echado el ojo encima. Ya se les compara con otros fenómenos surgidos hace años, como las suizas Burning Witches o el conjunto brasileño Nervosa. Sin embargo, Jenner demostró que, en Burgos, estaban hechas de otra pasta y su solidez compositiva arremetería contra los estándares de la industria extrema. Influenciadas por la thrashería clásica y en combinación de un toque speed de lujo, las hermanas Stamenkovic, junto a la bajista Anja, sacaron todo su arsenal para que su primera actuación en España marcase un antes y un después en la historia de la banda. A pesar de las horas y la embriaguez alcohólica, la gente no dejó de lado a Jenner y las arropó en cualquier aspecto. Tras el escueto paso de «To Live is to Suffer» en el mundo musical de 2017, la grandeza arreció de improviso con el segundo álbum, «Prove Them Wrong». Apareciendo en múltiples medios de comunicación y prensa, la incipiente fama no ha infectado a Jenner, así que su show se centró en presentar todos los trabajos que la banda posee en su discografía.


Agradecidas de contar con ellas en directo, la música se hizo eco del azogue manual de Aleksandra, cuya guitarra no dejó de tronar en la madrugada con riffs veloces, muy pesados y enérgicos, como si se tratase de su último concierto antes de morir. Su habilidad de tocar y cantar a la vez impresionó bastante, pues mantener la concentración no es fácil en el debut en un país extranjero. Aun así, se le vio cómoda y animada, dejándose la laringe para enrabietar al público y obligar a desatar la furia social. Doblegando el bajo a su voluntad, Anja dejó su faceta de muñeca de porcelana y adoptó la personalidad de una bestia desatada, realizando graves penetrantes, cortantes y ante todo, sosteniendo la base rítmica con celeridad mientras los solos escupían distorsión a raudales. Sin duda, Anja se ganó el respeto del festival sin apenas esfuerzo. La hermana mayor de la familia, Marija, tenía mucho más que una batería a su alrededor. Tras los bombos y kits, se le veía rechinar los dientes de agresividad a la vez que las baquetas no resistían la brutalidad percusionista que nadie imaginaría en ella. En pocas palabras, las tres serbias no fueron una cara bonita de poses y sensualidad, sino que vibraron al Zurbarán de múltiples maneras. La más bruta fue, sin duda alguna, la ejecución del sencillo «Never Say Die» al final y ese coro del estribillo tan pegadizo como especial. El público no se cortó en establecer las mutuas peleas de los moshpits durante la actuación y a favor de Jenner, algunos se atrevieron a volar entre los asistentes. El acierto de dejar a Jenner en último lugar supuso el tremendo cierre del Zurbarán por todo lo alto y esto no lo volveremos a ver hasta que el trío serbio nos deleite con futuras visitas.


Crónica y Fotografía realizada por Redacción MetalTrip

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