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Dream Theater y la catatonia introspectiva de “Parasomnia”
Críticas

Dream Theater y la catatonia introspectiva de “Parasomnia”

13/02/2025 0 Comments
1 año atrás
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¿Un sueño tan explícito como la realidad? ¿La simulación que hace despertar la conciencia dormida? No podría ser nada del más allá, donde en el retorno de la entropía, se repliega sobre sí mismo… ¿Acaso Dream Theater es capaz de reinventar las teorías del subconsciente que el Dr. Freud intentó desenmascarar en su totalidad? El quinteto lleva cuarenta años mostrando la veracidad que se esconde en los confines de la imaginación, la cual pierde sus límites en favor de una faceta que puede ser de una naturaleza dual en oposición. Alegre y triste, emocionante y anodina, sensible e inexorable… Cualquier forma de evocar un pleno estado de perfección absoluto se evidencia en «Parasomnia», el álbum que marca el regreso del virtuoso baterista Mike Portnoy a la banda. Sin lugar a dudas, es el único protagonista de un estado inaudito capaz de conectar el interés de una sociedad vacía, la cual da la espalda a la búsqueda de una disociación artística, justo donde la inspiración se encuentra pura y dispuesta a ser descrita como es.

En un sueño, donde las divinidades hipnóticas invitan a degustar las más increíbles fantasías que la realidad jamás podría realizar, «In the Arms of Morpheus» abre la mente de la sociedad para que la acústica de la banda vaya entrando en una progresía arpística de arpegios que se doblega a la voluntad de un sonido crudo y tétrico, característico de una pesadilla. Las excelsas dotes bateristas de Portnoy van enseñando el camino a seguir hasta que Petrucci lanza sus riffs de diversa índole teórica, pasando por estructuras heavies, groovies e incluso, de alternancia enigmática. Myung le imita, dentro de su graves, la base junto a Rudess, creador de una magia musical capaz de trascender las barreras creativas. El aspecto melódico final es la cola que abre a la ya conocida «Night of Terror», de modo que la introducción instrumental es un despliegue de virtuosismo previo al miedo que se esconde detrás del arte progresivo. En un sonido aprensivo y que incita a los instintos más básicos de la razón, la brutal colección de ritmos y solos se fusiona en un frenesí que cada artista va desgranando cual despiece. De inmediato, LaBrie aparece con su impecable voz que, sin mucho toque tecnócrata, mantiene la serenidad en el tornado emocional que provoca cada riff y línea armónica, ya sea de Petrucci, Rudess o Myung. Fácil es corear el estribillo, al igual que analizar los puentes de ruptura, que siguen una alternancia del tempo a gusto personal. Aunque el bajo queda eclipsado en las zonas líricas, se puede dar fe de su importancia en directo. No se puede negar que el regreso de Portnoy a Dream Theater no es una mera casualidad, sino que ha renovado la profundidad dimensional que comenzó hace unos cuarenta años. En cuanto a calidad artística de ámbito intrínseco, Rudess y Petrucci se rifan el protagonismo solista con escuetas pruebas percusionistas que explican la grandeza de Portnoy.

Comenzar un tema a lo bestia y sin miramientos no es propio del quinteto americano. Por eso, «A Broken Man» es una explosión en toda la cara que va mermando la agresividad hasta caer en un abismo de muteados y un trasfondo enigmático. Los acordes se hacen más raros, se utilizan cadencias inusuales y hay una tendencia a desvariar el ritmo siempre que se pueda. El único que se salva de la genial locura es LaBrie, cuya voz se desdobla, de diversas maneras, con motivo de infundir personalidad a las líricas, evitando caer en la multiplicidad tonal. Cual espejo que se rompe en pedazos y enseña distintas imágenes sobre una misma temática, un hecho parecido ocurre aquí. En el brillo del reflejo, los artistas utilizan una vía distinta que va desarrollando un cinemática espiritual que lleva una empatía musical en el oyente. ¡Quizás ésa sea la idea de un alma fragmentada por decisiones erráticas! Once minutos se hacen muy llevaderos cuando «Dead Asleep» irrumpe en la mitad del álbum para que el público entienda el significado del metal/rock progresivo moderno. Si hay alguien que necesite sentirse completo en autoestima o parecido, la amplitud de sonidos clásicos conseguirá saciarle y aun así, el empacho le será insuficiente. Breaks inesperados, presencia de violines y pianos que suavizan el temor al futuro, el desarraigo melódico entre zonas musicales, la preciosa voz de LaBrie (¡dentro de sus posibilidades, claro está!)… Decenas de solos, por parte del quinteto, evidencia la inagotable fuente de inspiración que corona el podio del virtuosismo actual. Para aliviar la tensión de un álbum que no deja de incrementar la intensidad surrealista, «Midnight Messiah» acoge una elaborada estructura gregoriana con influencias eclesiásticas. Sin contar a Portnoy, quien está en otro nivel de conciencia simulada, Petrucci y Myung recrean unos ritmos pegadizos que ayudan a la modulación de LaBrie, guiando los sutiles cambios de tempo hacia un estribillo de unísonos superiores. A decir verdad, ya habría una preferencia personal aquí, pues hay una concordancia histórica con análogos, mencionando «As I Am» sin llegar a ser un reciclaje como tal. Además, hay que contar el sobresaliente solo dual de Petrucci y Rudess, un florecimiento sincronizado imposible de creer, pero fácil de disfrutar.

De vuelta en la ideología somnífera que nos rodea, «Are We Dreaming?» expresa el testigo de la ambientación psíquica en comunión con la realidad. Sin nada más que un órgano y una simple secuencia de notas embebidas de tenues voces, hace que «Bend the Clock» muestre el poder más emotivo de LaBrie. Simulando ser una balada que conmueve todo aquello que se le acerque, el resto de la banda va entrando en la línea armónica. Afilando el sonido con un mínima distorsión accesoria, Dream Theater hace que el mundo adopte miles de texturas coloridas, incluyendo el monocromo. Como en la física teórica, cada ritmo y solo de este tema tiene una aplicación utópica, tanto que resultaría imprescindible deleitarse con ella una vez en directo, ¡porque Petrucci ejecuta su mejor versión al final! Los brazos en alto, ligeros cabeceos de psicodelia y un mar de soledad mental mientras el quinteto se figura en el horizonte del tiempo… ¡El idealismo debe decir su última palabra, que falta «The Shadow Man Incident»! De un estilo casi idéntico a «Octavarium», el final del sueño se establece cual recuerdo que vaga por inmensidad cerebral en busca de una estimulación biopsicosocial. Varios actos se entrelazan con motivo de un viaje eterno hacia el inevitable despertar. Aunque los artistas se esfuerzan en destacar según los roles instrumentales, el mérito se lo lleva, sin duda alguna, la magnificencia de una batería que, entre todo el kit accesorio, cajas y bombos, se guía bajo la imponente batuta de Portnoy. Versátiles zonas de composición aberrante con una belleza inigualable, un LaBrie relajado que transmite las líricas bajo un manto sentimental, el único acompañamiento de Rudess que no deja ningún puente abandonado al azar, Petrucci usando la teoría musical a voluntad, los graves que Myung expele allá donde se necesite un aporte extra de potencia (¡es lo de menos en comparación a su destreza!)… Es imposible superar a la icónica «Octavarium», pero no se queda lejos este tema que demuestra el fanatismo que tiene la banda por romper los esquemas de la industria extrema. Con o sin Portnoy, Dream Theater sigue reinventado un género que no tiene fin, aunque la energía del reputado baterista es una reminiscencia imprescindible que provoca un aluvión emocional y racional inesperado en quien pierde la noción de la realidad en este nuevo álbum. Cada uno de los artistas plasma su ideología solista al máximo nivel, pues ésa es la esencia que el metal/rock progresivo necesita dar al mundo musical.

TrackList

  1. In the Arms of Morpheus
  2. Night Terror
  3. A Broken Man
  4. Dead Asleep
  5. Midnight Messiah
  6. Are We Dreaming?
  7. Bend the Clock
  8. The Shadow Man Incident

Nota Final = 10/10

Reseña realizada por Redacción MetalTrip

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