Yo soy un hombre de ciencia. No me habléis de milagros, de dioses, del tarot, de mensajes del más allá… Pero sin embargo sí creo en la magia. En una muy concreta. Una que el sábado 6 de marzo de 2022 volvió a demostrarme su existencia.
Ocho de la tarde de un domingo que amenazaba a lluvia (y que finalmente cumplió lo que prometía), no parecía el mejor momento para iniciar un concierto, pero con esas condiciones comenzaron Arenia en la sala Rockville de Madrid. No, la verdad es que no prometía ese ambiente que puede requerir una velada como la que se nos avecinaba.
No era la primera vez que me encontraba con la agrupación asturiana, esta vez con una formación más pequeña por la ausencia de teclista y con el pluriempleado Javy González de Monasthyr, Last Days of Eden o Thormënt al bajo. Hace cuatro años en Mon no terminé muy contento por problemas de sonido varios además de que su vocalista Fran tampoco pudo estar al 100%. Pese a que la batería no tuvo el mejor sonido posible, fue diferente.
No voy a entrar en odas a su música o no, creo que no es lo que toca. Simplemente vi a una banda con muchísimas ganas de darlo todo, de pasárselo bien y de imprimir ese sentimiento en los demás. Y lo consiguieron. A lo largo de las nueve canciones que interpretaron Arenia fueron de menos a más, en consonancia con los asistentes a la sala, que para el final de su actuación estaba a rebosar. Además pudieron contar en tres canciones, “El último aliento”, y las dos finales, “Ganar o perder” y “Sigue la leyenda”, con la voz Dani G., ahora en Last Days of Eden, pero que en su día estuvo al frente de Darksun, y que no ha perdido facultad alguna.
¿Gran concierto? Gran concierto. Tres cuartos de hora que se esfumaron.
Y poco antes de las 21:30 irrumpieron Firewind, esta vez con Herbie Langhans a las voces, a quien pude ver hace la friolera de casi ocho años en varias colaboraciones durante Wacken con Beyond the Black y el show Rock Meets Classic. Ahora pude disfrutar de su talento durante más de unos minutos y a pesar de que Henning Basse, frontman con el que los pude ver hace cuatro años, es un portento, Herbie sabe de sobra lo que se hace.
Con un sonido más nítido, aunque no lo calificaría de perfecto, Firewind no solamente presentaban su disco homónimo, publicado en uno de los momentos más crudos de la pandemia, mayo de 2020, sino que también celebraban los 20 años desde su debut, “Between Heaven and Hell”, así que el set recorrió toda su carrera, desde la pista que da nombre a este a varias piezas de “Firewind”, como la inicial “Welcome to the Empire”, el himno “Overdrive” o “Break Away”, que presentaron mostrando su desaprobación a la guerra entre Rusia y Ucrania.
El escenario de Rockville no da para demasiado en el momento en el que la banda está compuesta por cuatro personas, pero aún así la actitud de todos, respaldada por un recinto abarrotado y con ganas de entregarse, hizo que eso no fuera impedimento para meterse en actuación. Durante hora y media no hubo nada más en el mundo. No puedo hablar por todos, pero en mi caso, lo único en lo que pensé durante esos 90 minutos fue en lo feliz que me hacía su música.
Solos de batería, bailes en su versión de “Maniac” de Michael Sembello, con dos chicas sobre el escenario, o la guitarra de Gus G. echando humo mientras recorría clásicos griegos a la vez que tocaba “The Fire and the Fury” fueron parte de una experiencia que podría considerar catártica, algo que necesitaba. Así, sin dudarlo un instante, no toqué el suelo en la final “Falling to Pieces”, con Gus G. tocando entre público, ya que la ocasión lo merecía. Ya lo dije, creo en cierto tipo de magia.
Quizá fue la nostalgia de tiempos más sencillos (o sin horrores tan cercanos), o que habían pasado 25 meses de mi último concierto de metal propiamente dicho. Sinceramente, me importa muy poco lo que fuera. Lo que Firewind y Arenia desplegaron en el escenario llegó, muy dentro. Y sí, ahondando en lo que decía antes, estas palabras sólo me representan a mí, pero las caras, aún con mascarilla muchas de ellas, reflejaban felicidad genuina y eso no se consigue porque sí.
Crónica: Alejandro Sanz
Fotos: gema@metaltrip.com












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