La génesis de bandas de metal/rock moderno continúa imparable en el este del hemisferio sur, más en concreto, en Oceanía. Dispuesta a que el mundo tenga más consideración hacia la cuarta isla continental más grande del planeta, Australia se abre paso por el mundo de la industria musical extrema mediante notables proyectos que atraen la atención de quienes buscan algo diferente e innovador. La discográfica Reigning Phoenix (RPM) decidió reclutar al naciente grupo Ghostseeker, el cual ya venía debutando con varios EP y era el momento de apostar por el primer álbum de estudio, «Divergence». Sin duda, un descubrimiento que va a dar mucho que hablar de ahora en adelante, porque las nuevas generaciones vienen pisando muy fuerte.
Desde el inicio hasta el fin de «Divergence», lo primero que llama la atención es la marcada presencia de una programación grave, es decir, la ausencia de un bajo físico y sustitución por la tecnocracia de los tiempos actuales. No es algo a tener en cuenta en demasía, pues cada vez son más las bandas que optan por rehusar de un bajo. Mediante un uso adecuado de las ambientaciones y orquestaciones futuristas, Ghostseeker muestra un sonido de pura e intensa ganancia general que no desmerece la ocasión de rugir a los cuatro vientos y sobresaturar los altavoces y/o monitores de audición. En todo el repertorio, la batería de Daniel G. no se queda atrás en la visión panorámica, pues ejecutando golpes enérgicos y una amplia diversidad en su kit percusionista, se erige como el único sostén estructural de unos temas breves y muy enérgicos, encaminados a romper la razón y el análisis meticuloso de la crítica cotidiana. Algunos ejemplos son la caótica “The Looking Glass” o el huracán social que podría convertirse «Metemphychoses» en un show de directo. Algunas muestras de estilo groove, en confluencia a la temática metalcore, se reparten por las canciones, haciendo que el grupo no quede enclavado en la misma dinámica. Tanto Cory como Tim, artífices de los brutales ritmos y melodías guitarristas, despliegan un amplio abanico de riffs embebidos de una acusado abuso de breaks y rupturas inesperadas. Este contraste queda bastante bien cuando se acompaña de rellenos ambientales donde otros protagonistas se apoyan en una línea armónica de sorprendente sincronización. En cualquier canción se pueden hallar trazas de una intención dirigida a revolucionar al oyente hacia un estado de catatonia que provoque el favor exclusivo hacia la banda. Se podría decir que el quinteto australiano desea mostrar su talento en cada riff, compás o sonido; todos los temas son importantes y ninguno hay por encima del otro.
No todo es enloquecer al personal, sino que también se pueden hallar bellezas melódicas y de cierto toque bailable, como la inteligente progresión que se enseña en “Glow in Decay”, mencionando también el enérgico juego que se continúa en “Dissension”. Sin embargo, el núcleo de Ghostseeker radica en el contrastado dueto vocal que se establece entre la dura actitud de Daniel B. y la divinidad etérea de Celeste, cantante de dulce voz capaz de cautivar el corazón. La forma de dividirse el trabajo lírico se entiende cual siembra de una tierra. Mientras Daniel machaca las zanjas con la azada (hay excepciones, siendo “A Reverie in Atonement” un claro ejemplo de canto limpio masculino), ella se encarga de plantar los brotes con mucho mimo. La ternura laríngea que expresa lleva el interés acústico hacia otro nivel, pues realiza un trabajo impecable que, junto a su contraparte gutural, hacen a la banda sobresalir de la muchedumbre musical australiana. También hay que reseñar la enigmática moda alternativa que se desgrana por las composiciones. Desde que comenzó, el grupo ha tratado de dar una imagen de misterio en vivo y en el estudio, lo cual se traduce en la oscura aura que envuelve al sonido e impregna personalidad a los continuos breaks. Nadie se esperaría que “Beta War”, cuyo encanto creativo es una delicia, terminase de una forma tan abrupta después de una gradual descarga melódica importante. En resumen, Ghostseeker ha asomado la cabeza por Australia y lo único que queda para despegar hacia el estrellato, sería darle la oportunidad de quebrar la razón por el resto de mundo. El público debería ser consciente de la constante evolución del metal/rock y dar fe a “The Prototype”, el cual siendo el tema que cierra el álbum, casi se hubiera preferido dejarlo el primero por su facilidad de enganche en el estribillo y la polifonía coral que Celeste y Daniel B. se reparten en una concordancia exquisita.

TrackList
- Internment
- The Looking Glass
- Wake Up (Imposter)
- Mmetemphychoses
- Cursed Till the End
- Glow in Decay
- Dissension
- A Reverie in Atonement
- Beta War
- The Protoype
Nota Final = 8,5/10
Reseña realizada por Redacción MetalTrip




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