Treinta monedas de plata, tan insignificantes como piedras, recibió Judas por entregar a Jesucristo a la “justicia” judía y farisea. Una miseria que, de seguro, no le habría dado para vivir más de un mes en caso de no haberse ahorcado por la traición a su maestro. De este acto se pueden derivar cientos de posibilidades, al igual que paradojas que, en nuestros tiempos, no tienen una respuesta certera. Desde Países Bajos, después de conformar una alienación digna del legado musical que le respalda, God Dethroned también quiso ofrecer su opinión respecto a ese hecho que la teología no alcanza a comprender. Soportar la pandemia de la Covid19 ha sido el tiempo suficiente para que el cuarteto extremo lance su esperado nuevo álbum, «The Judas Paradox», dejando entrever que el futuro del metal/rock más oscuro de la realidad seguirá vigente mientras haya quien se interese por él.
Entre una distorsión suave de la guitarra y el kit baterista de Frank dando pie al ocultismo musical, el tema homónimo da la primera pista de la paradoja. ¿Acaso fue otro Judas el culpable de la infamia cometida? Para Henri, otra explicación sería fútil, ni siquiera rodeada de esos coros eclesiásticos del estribillo. La calma ambiental precede al cortante solo de Dave, quien arroja luz a la lectura interpretativa en una destreza sin igual. Este black/death misterioso es un arma de doble filo, pues «Rat King» parecería seguir la intención de la línea inicial. No obstante, el radical cambio a tempos intrépidos y abuso de notas por segundo coloca a God Dethroned donde tiene que estar, repartiendo leña y evocando moshpits sin abandonar la temática enigmática y voces rasgadas que difieren de los guturales habituales. La voluntad que pone Dave a cada armónico y torsión del mismo es la rabia contenida dentro de su ser. A través de riffs algo más definidos, la relativa velocidad sigue patente en «The Hanged Man» con la venia de Jeroen, cuyo bajo sobresale en la progresión musical en texturas distónicas. Aunque el break medial es el dominio del solo guitarrista, hay que ver el trasfondo de doble bombo que ejecuta Frank y su apoyo a la crudeza artística. Tras darse cuenta que las monedas no le sirven de mucho, Judas las arroja a un templo, lo que se traduce en la genial evocación interior de «Black Heart» que God Dethroned compuso para que «Asmodeus» viera la luz con la intensidad y soltura digna de un tema icónico que trascienda al paso del tiempo. Dentro de una iglesia, la blasfemia sonora es única en la ruptura del aspecto moderno y recuperando una esencia old school sobrevenida de una producción nivelada y muy nítida.
En un meollo de distorsión y acordes arpegiados, «Kashmir Princess» evidencia un acto interesante que pocos darían crédito. Ambas guitarras, dentro de la rítmica lírica, son eclipsadas por Jeroen de fondo, cuyos graves van matizando la teoría musical en una potencia de ultratumba. Si no fuera porque queda análisis de sobra, la preferencia se quedaría fija aquí por ese solo bajista que copa el cambio estructural previo a la zona solista del término final. Cosas así, capaces de erizar el cabello en el suspense, ¡no se oyen todos los días! En la necesidad insalvable de salvajería, «Hubris Anorexia» complace los oídos más exigentes con unas guitarras desbocadas y la batería llevando el doble pedal al extremo de sus posibilidades. Poco duró la alegría de los moshpits, porque la depleción sonora que rodea al break del solo tarda en recuperarse cual bache en el suelo. El enigma de la paradoja bíblica retoma su efluvio inspirativo cuando «The Eye of Providence» continúa la línea de la obertura con la inclusión adicional de escalas, progresiones de acordes y técnicas varias como los galopes o las notas continuas. La pelea que tiene Jeroen contra sus compañeros cordófonos es mutua, pues mientras él sustenta los versos, enmudece en el dueto solista. Suerte que Frank se mantiene al margen, ya que es un pilar básico en la rectitud de God Dethroned. «Hailing Death» se conforma como otra prueba de lo que el cuarteto neerlandés puede crear en honor de los fans y público en general. Acumulando lo analizado hasta ahora, decenas de ritmos se expelen por los instrumentos con un hedor de reciclado que, aún siendo perfecto en la práctica, la sensación creativa desaparece por momentos. No se trata del peor tema del álbum, más bien dicho, es muy dilatada la composición en líneas erráticas con una duración extensa.

Un doblete de pura maldad y reincidencia en la realidad más oculta de la sociedad da fin al intento de explicación del hecho ilógico. Comenzando por la aberrante «Broken Bloodlines», Henri adecúa su tono desarraigado para unos ritmos breves y frenéticos de graves, donde unas líneas melódicas adornan la repetición musical del estribillo. A expensas de la batería, la cual no da más abasto en rellenar las pausas sincopadas, el efecto disolvente de las guitarras se compensa con Jeroen. Justo lo mismo ocurre en «War Machine» aunque de una forma más ordenada que no requiere de una detención analítica. Henri y Dave no se fusionan a lo loco, sino que utilizan múltiples efectos de distorsión rompiendo la estática de otros grupos similares. Saber juntar el extremismo musical de modo que sea agradable a la escucha hace que este tema suponga el mejor cierre a un álbum que apenas defrauda salvo en pequeños rastros de redundancia, dando una mención especial a los coros presentes y el bajo, artífice de momentos increíbles. ¿De verdad mereció la pena recibir treinta míseras monedas por un tío carente de divinidad salvo la que el mundo le otorgó? Otra paradoja más sin resolver…
TrackList
- The Judas Paradox
- Rat Kingdom
- The Hanged Man
- Black Heart
- Asmodeus
- Kashmir Princess
- Hubris Anorexia
- The Eye of Providence
- Hailing Death
- Broken Bloodlines
- War Machine
Nota Final = 8,7/10
Reseña realizada por Redacción MetalTrip




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