Kurt Cobain. Un muchacho con el cabello rubio y unos ojos azules inmensos y un gorrito de lana de color oscuro. Un muchacho que eligió a los 14 años una guitarra en vez de una bicicleta, que pasó noches bajo puentes, como la canción de “Something in the Way”. Que era hiperactivo, sensible, con un claro talento artístico, también violento, que se vuelve autodestructivo cuando no sabe cómo enfrentar el dolor físico y espiritual. Y la fama de un modo que puede enloquecer a cualquiera, así lo expresó él mismo y muchos miembros de su banda. Que se rebelaba contra una masculinidad que abusaba de mujeres y de niños, que sabía existía desde su adolescencia, mostrar las tripas corrompidas de América, como un profeta loco, no es un oficio agradable.
Que buscó en el amor con la mujer más imperfecta que pudo encontrar pero a la que él amaba profundamente, manifestando ser un hombre chapado a la antigua y monógamo, que se casó con ella ya embarazada, llevando un traje de Frances Farmer, actriz de la que se decía había sido lobotomizada para aplacar su rebeldía. Curiosamente la hija de ambos se llama Frances. No era un santo, eso es seguro, pero es lo más parecido a un santo que mucha gente puede entender en estos tiempos. Porque ya no está entre nosotros y solo, cuando ya no está hemos podido entender su sufrimiento. ¿Es un santo el que sufre? ¿Nos hace santos ese sufrimiento?.
Cuando es auto infligido se puede llegar a pensar incluso que es parte de la estupidez, pero sabemos que no. Si estamos lejos de Dios estamos en peligro, y estamos a veces tan lejos de Dios que el peligro se hace real. No sabemos lo oscuro que pudo llegar y qué pudo despertar, ya lo hablamos una vez. Pero lo que es seguro es que luchó con todas sus fuerzas, y que su fondo era noble. No podía soportar el sufrimiento de los débiles, y lo expresó en múltiples entrevistas. Su enfrentamiento con Axl Roses por ejemplo era porque veía en él un machista, fruto completo del desconocimiento. Si se hubieran sentado juntos, hubieran encontrado muchas cosas en común solo que cada uno luchaba de un modo diferente contra ello.
Musicalmente incluso, Axl amaba lo que Kurt hacia artísticamente pero hasta que no pasó tiempo, como persona no podía soportar la falsa apología de las drogas y el desenfreno con que los medios mostraban su vida. Para Axl, Kurt era un drogata casado con una pija drogata e inconsciente, para Kurt, Axl era un machista rockero y trasnochado enganchado a las modelos. Ambas cosas eran verdad, pero ambos eran niños, y se trataron como niños de patio de colegio, enfrentándose de un modo estúpido. Pero también alentados por ello. El último día de Kurt Cobain pasó sus últimas horas con Duff McGahan, bajista de Guns and Roses, que también era de Seattle, lo que demuestra que no era una rivalidad entre personas y artistas, solo de bandas, como en un juego. Estuvo con Duff horas antes de volver a la casa familiar y al invernadero donde apareció muerto. La rosa se perdió para siempre.

Chris Cornell tuvo quizá algunas similitudes con Kurt. Un niño de padres separados, que se escondía en su habitación y prefería pasar tiempo con sus amigos, haciendo música, el mayor ruido posible, pasando de una banda a otra y haciendo amigos entre ellas. Su banda se enteró de su muerte por las redes sociales, ellos iban en autobús porque él no descansaba bien en ruta y solía dormir en un hotel y luego desplazarse en avión. En el último bolo ya no fue posible.
Dicen que le encontraron con más de seis barbitúricos distintos en el cuerpo prescritos por el médico y que el cóctel pudo ser el que provocaría instintos suicidas, también se dice que tenía algunas costillas rotas, apareció muerto sin más, solo, como dice la canción de “Like a Stone”, esa canción está dedicada a otro amigo, que murió de sobredosis y al que quería mucho. Cuando Chris falleció, su viuda contrató a los mismos abogados que la familia Jackson para ir contra el médico que había prescrito la medicación a Chris, otro enlace con Michael Jackson.
Chris Cornell era un ángel también, en cierto modo, sensible al extremo y tremendamente generoso, quizá aquel con más talento y arte de toda su generación, junto con Eddie Vedder, de Pearl Jam, que al menos aún sigue entre nosotros, pero porque creo ha sabido alejarse a tiempo de todo el circo mediático y ha pasado a una vida más familiar y de menos conciertos, más reducidos y menos enloquecidos. La madurez que a otros no pudo llegar. Tengo un recuerdo muy especial y personal para él, ya que fuimos a un concierto y llegamos pronto, y estando en la grada más alta y alejada , y una persona de producción se nos acercó y preguntó «eh, ¿queréis venir a primera fila?«, por supuesto aceptamos. fue un concierto maravilloso, intimo.
Al finalizar, pasó algo extraño, solo un segundo; desde el escenario, apoyándose en la valla, iba saludando a todos los que se acercaron, dándonos la mano, y de pronto se cortó la mano, en un saliente que tenía la valla, una torpeza de la producción sin duda. Recuerdo que se miró la pequeña herida, suspiró de modo grave mientras comenzaba a sangrar levemente y siguió saludando como sin más a aquellos que ni se percataron del incidente. Compartimos la sangre de un artista como la de un trabajador más que tiene un pequeño accidente de trabajo y sigue adelante, me conmovió realmente.

Chester Bennington y su historia es todavía más conmovedora porque fue el último superviviente, y que apareció también muerto y solo. Con un padre policía del departamento de abusos infantiles, él también sufrió abusos a los trece años, por parte de un compañero, al que eximió de culpa durante el juicio tras cuatro años de silencio, porque se demostró que también éste había sufrido lo mismo de pequeño. Quizá con ese perdón y no repitiendo el mismo patrón, quiso cortar el interminable cuento de monstruos del abusador que fue abusado.
Chester fue precoz en todo, en una vida llena de música, y esfuerzo por mejorar, pero también de abuso de sustancias y depresión, logró superarlo, mientras confesaba que necesitaba salir de sí mismo para poder avanzar, porque dentro de su cabeza no era un bonito lugar donde estar. Que hacer música, compartir con los demás era su modo de mejorar y esforzarse, de construir un mundo mejor que el que había. Cantó el “Haleluyah” de Cohen en el funeral de su amigo. Y al año de morir Chris Cornell, justo el que hubiera sido el primer cumpleaños sin él, sin explicación apareció muerto. La muerte de Chester era la más inexplicable puesto que acababa de sacar un álbum con su banda nuevamente, se auguraba gira, pero nunca pudo ser. Estas son las rosas perdidas de nuestra generación, supongo, como de las que habla el musical de los Miserables.
- By: Mónica Ylla

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