Alucinante que en el plazo de doce días se haya podido disfrutar en Madrid de Ufo por un lado y de Michael Schenker por otro, con lo que conlleva de temas en común que ambas bandas tocan en directo. Pero vayamos por partes.
Concierto, según la entrada, con apertura de puertas a las siete de la tarde, con Golden Grahams, el grupo telonero, empezando a las ocho y Michael Schenker a las nueve y cuarto. Pues nada, sin haberse anunciado en ningún sitio, o al menos sin percatarme yo de ello, me planté poco antes de las ocho de la tarde en la sala, y cuando entro en la sala, me encuentro con que el grupo ya está tocando. Vale, hasta ahí bien, te puedes retrasar un poco, blá, blá, blá…, pero es que resulta que estaban empezando el último tema. Es decir, me quedé bocas. Con lo que poco y nada puedo decir del trío catalán. Únicamente que el público estaba bastante paradete, pero no puedo juzgar nada, pues nada vi. Tan solo despedirse girando el bajista su bajo, en el que ponía ‘Thank you’. Espero tener otra ocasión en la que verles.
Hombre, lo normal debería ser empezar a su hora, aunque se acepta los pequeños retrasos, pero que se adelante el horario media hora sin aviso previo, pues no sé yo… De hecho, con Michael Schenker sucedió lo mismo, pues pasadas las nueve menos cuarto se apagaron las luces. En fin, ya no hay nada que hacer.
Tuvo bastante éxito el puesto de merchandising, donde en Madrid se agotaron las púas y las fotos firmadas, y eso que no eran nada baratas, a veinte euros la foto firmada. Para mi un robo en toda regla.
Sin embargo, lo que cuenta es el concierto y ahí no se puede poner pega alguna. Bueno si, que llegara al final, pues de buena gana hubiéramos estado allí otras dos horas más.
Siempre he creído que la reunión con Francis Buchholz y Herman Rarebell sería algo temporal, pero con la tontería, Temple of rock ya tiene tres discos en el mercado. Y el concierto de Madrid iba a servir además para quedar inmortalizado en un dvd. Ya solo por eso, la expectación era máxima, si bien el precio de la entrada no acompañaba en absoluto. Aún así, yo diría que si no se vendió todo el papel, estuvo muy cerca. De hecho, no veía la Joy Slava con tanta gente desde aquel concierto que hicieron Stryper, donde aquella noche diría que incluso se sobrepasó el límite de aforo. Esta noche no éramos tantos, pero si se puede decir que la sala estaba a rebosar. También hay que añadir que el público era muy heterogéneo, pues había mucha gente que habitualmente no la ves en otros conciertos. En cualquier caso, allí estábamos todos para disfrutar. Y disfrutamos. Vaya que si.
Poco a poco los miembros de la banda hicieron su aparición en el escenario. Y Schenker, que a estas alturas no tiene que demostrar nada a nadie, se permitió el lujo de empezar con Doctor doctor. Curioso que apenas unos días antes Ufo utilizara el mismo tema para casi cerrar su concierto. Schenker, con una enorme sonrisa y prefiero pensar que sincera, ya desde el primero momento, no dejaba de saludar a la gente de las primeras filas ante la algarabía del personal.
Mi miedo era Doogie White, quien cuando le vi en el 2012 no respondió muy bien, pero esta noche no puedo hacer menos que reconocer que lo hizo de auténtico lujo y me gustó llevarme la grata sorpresa. Por lo que sé de otras fechas, lo de su buen hacer en Madrid no fue una excepción. Me alegro y mucho.
Salto de nada menos que cuarenta y un años para seguir con la primera pincelada de su nuevo disco Spirit on a mission y el tema Live and let live, título que viene al pelo en estos días. El público no se amilanó por ser un nuevo tema y lo gozaron como clásico, bueno… un poco menos.
A partir de ahí fue una continua fiesta. Temas de Ufo, Lights out, combinados con los de su etapa más reciente, Where the wild winds blow, oscura que se transforma en festiva en su coro, dando las gracias White por primera vez tras este cuarto tema. Natural thing no necesitaba presentación, y Before the devil knows you’re dead estuvo dedicada a Dio, pidiendo a todos los clásicos cuernos, que obedientes respondimos a la petición.
Como no podía ser de otra manera, también sonaron temas de Michael Schenker Group, con Victim of illusion como el primero de ellos, donde White explicó que se estaba grabando la actuación para el dvd, pidiendo para ellos treinta segundos de “locura” para que gritara el personal. Ya llevábamos un tercio de concierto y no había nada malo que decir. Si Schenker no perdía la sonrisa y White cantaba como tiene que cantar, ¿qué decir del resto de la banda?, con un Wayne Findlay que contagia ese optimismo que lleva fuera y dentro del escenario, y los sempiternos Francis Buchholz en el bajo, pelín más serio que la última vez en Arena, y un Herman Rarebell con sus particulares gestos en la batería, mas respondiendo más que sobradamente, y eso que ya son sesenta y seis años a sus espaldas. Los cinco disfrutaban, y ese disfrute se transmitía a todos los presentes.
Afortunadamente, esta gira no tenía como marco de fondo los temas de Scorpions como sucedió la anterior vez que les vi (no porque sean malos ni mucho menos, pero es que la carrera de Michael Schenker abarca muchas cosas), y aunque cuatro sonaron, como digo, no acapararon buena parte del set list. Lovedrive se enlazó con Coast to coast, esta evidentemente sin Doogie White en el escenario, dejándonos envolver con esa maravillosa melodía.
Vigilante man, para políticos, ladrones y banqueros, dio paso a Rock my nights away, canción que normalmente no está tocando en esta gira, con lo que para mi fue una grata sorpresa y que sirvió también para un cambio de guitarra por parte de Schenker. Para Saviour machine, White presentó a Findlay y Schenker sacó su guitarra de doble mastil, con la que también estuvo durante Too hot to handle, y esa magia del 77 volvió a volar por la sala. White anunció a bombo y platillo otra canción de rock, y de nuevo me sorprendieron con Only you can rock me, pues tampoco la esperaba. Me gusta y mucho ver que no llevan un setlist prefijado durante todas las noches.
Lord of the lost and lonely y su pegadiza melodía se encadenó con el trallazo Rock you like a Hurricane, tema que nunca me cansaré de escuchar, pero que siendo sinceros, no entiendo en el setlist sino como concesión a los días más gloriosos de los clásicos Scorpions ahora que Buchholz y Rarebel están con Michael Schenker. Aún así, para mi nunca sobrará. Aquí Rarebell tuvo su momento protagonista cuando con micrófono en mano pidió al público repetir el coro. Rock Bottom puso fin al setlist antes de los bises, Ufo para empezar y Ufo para terminar, y aquello era un no parar, pues además, el sonido acompañaba muy bien.
De vuelta en el escenario, de nuevo sorprendieron con Lost Horizons de 1980, y siguieron con Attack of the mad axeman, de 1981. Pero si la gente pensaba que se iban a quedar en esa época para los bises, se equivocaban, pues una soberbia Comunnion les volvió a traer a sus más recientes composiciones, con una gran Findlay a los coros. El fin de fiesta lo puso Blackout y con ella la vuelta al mundo real, pues las vueltas se encendieron y llegó el momento de irse.
Habían pasado una hora y cincuenta y cinco minutos absolutamente soberbios en los que no se enredaron en solos ni en alargamientos innecesarios. Veintiún temas desde 1974 a este 2015. Cuarenta y un años de margen en los que seguro que todos habríamos cambiado y metido alguna otra, pero que nos sirvió para salir de allí con una sonrisa de oreja a oreja. Magnífico concierto.
Setlist:
- Doctor doctor
- Live and let live
- Lights out
- Where the wild winds blow
- Natural thing
- Before the devil knows you’re dead
- Victim of illusion
- Lovedrive
- Coast to coast
- Vigilante man
- Rock my nights away
- Saviour machine
- Too hot to handle
- Only you can rock me
- Lord of the lost and lonely
- Rock you like a hurricane
- Rock Bottom
Bises
- Lost horizons
- Attack of the mad aceman
- Communion
- Blackout
Crónica y fotos: Fernando Leal Vielsa









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